Capítulo 20
Hizo falta que pasara un mes para que un Jace atento y al mismo tiempo en la negación se terminara de convencer de que Magnus estaba tramando algo, y si pudiera apostar, diría que se trataba de un amante.
A medida que pasaban los días, Magnus pareció lograr sobrellevar la muerte de su padre, tanto que volvió a ser ese ser alegre y lleno de vida que sonreía con cada cosa que Alec le decía. Luego de que ambos volvieron a la "normalidad" retomaron los planes para su boda, y ahora solo faltaba un mes más para el gran evento.
Sin embargo, a diferencia de Alec e Isabelle, Jace no estaba increíblemente ciego por la fecha de la boda aproximándose, por lo que empezó a notar ciertas cosas.
Todo comenzó con aquel primer día en el que siguió a Magnus para evitar que se perdiera. Ahí nació una ligera sospecha, pero decidió descartarla ya que una vez se había equivocado con Magnus y no quería cometer los mismos errores de nuevo. La siguiente vez, fue exactamente tres días después de eso.
Alec y Magnus estaban sentados en el sofá, con sus cuerpos totalmente juntos y una revista de cocina en sus manos en la que miraban diferentes tipos de postres. Jace bajaba por las escaleras cuando los vió.
—Esto es un esponjado de fresa—comentó Magnus, y luego miró a Alec— ¿Te gusta la fresa?
—Sí, aunque no tanto como la naranja.
—La naranja es deliciosa—concordó—¿Crees que nuestro pastel podría llevar naranja? —Alec le sonrió.
—Todo lo que quieras, considéralo hecho.
Jace rodó los ojos, la situación eran tan adorablemente intima que le resultaba incómoda. Pasó a los chicos sin siquiera advertirles de su presencia, y se dirigió a la cocina para robarle el bote de chocolate derretido a Maia. Estaba saliendo de la cocina con los dedos llenos de chocolate cuando, frente a él, Magnus se puso de pie con el celular en sus manos.
—¿Qué pasa? —le preguntó Alec ligeramente extrañado. Era claro que antes estaban tan apretujados que debió ser calientito y agradable, ahora Magnus lo había dejado solo.
—Voy a salir— respondió—¿Te molesta si seguimos viendo la revista después?
—Claro que no, pero ¿A dónde vas? ¿Quieres que vaya contigo?
—No es necesario— Magnus guardó el celular en su bolsillo— Me he dado cuenta de que caminar me ayuda a despejar la mente—el moreno se acercó a Alec y depositó un beso en sus labios— Vuelvo en unos momentos—Alec asintió hacia él, y una vez que Magnus se fue, continuó viendo la revista. Jace observó toda la escena curioso, preguntándose por qué demonios Magnus no había dejado esa caminata para después, y en su lugar hubiera aprovechado para pasar un cómodo momento al lado de su prometido.
Después de ese día, las "caminatas" de Magnus empezaron a hacerse bastante frecuentes, y nunca llegaba con apariencia de tener una mente despejada. Isabelle, cuando no estaba en la empresa, estaba enloqueciéndose con la boda, por lo que era entendible que no se diera cuenta. Jace pensó que Alec sí que debería notarlo, y un día le preguntó.
Jace entró al estudio de su hermano para dejar sobre el escritorio la carpeta con uno de los contratos con Ragnor y Catarina. Finalmente, después de semanas de trabajo duro, la sucursal en Inglaterra ya se estaba construyendo.
—Alec, Tessa me pidió que te trajera esto—le dijo, y soltó la carpeta sobre el escritorio. Alec le dio una mirada antes de volver a su computador.
—¿Y qué es?
—Uno de los contratos con Catarina y Ragnor—Alec asintió, dejó de teclear, y tomó la carpeta con las manos.
—Gracias—le dijo, y luego lo miró— ¿Dónde está Izzy?
—Se quedó en la empresa. Yo, por el contrario, muero de hambre—Alec rió.
—Si quieres ve y dile a Maia que ya puede empezar a servir dos almuerzos, en un minuto voy. Solo tengo que archivar esto.
—¿Dos? —preguntó Jace confundido— ¿Dónde está Magnus? ¿No va a comer con nosotros?
—Él comerá más tarde. Salió a caminar—Jace frunció el ceño y, sin pedir permiso, se sentó en la silla frente al escritorio de Alec.
—Alec ¿Qué opinas de esas caminatas? ¿No crees que son demasiadas? —el ojiazul lo miró y soltó un suspiro.
—Sí creo que son demasiadas—aceptó— Claro que me gustaría tener a Magnus aquí todo el tiempo conmigo, pero no puedo ser tan egoísta. Yo tengo mi trabajo, pero él no tiene nada, entiendo que necesita distraerse. Además, las caminatas le hacen bien, creo que ha logrado superar lo de su padre, y ningún capricho mío será más importante que su bienestar— Jace estuvo tentado de decirle que las caminatas no servían para nada, que el Magnus alegre volvió gracias al cariño de Alec, y que el Magnus que regresa de caminar nunca está sonriendo.
—Pues yo lo veo mucho mejor—comentó— Quizás, ahora que está bien, deberías pedirle que dejara de hacer esas caminatas porque lo quieres tener aquí contigo.
—No puedo hacer eso—replicó el ojiazul— Él es libre, y si quiere salir a caminar, entonces no soy nadie para negárselo. Sólo quiero que esté feliz, lo merece— Jace torció la boca, esas cosas cursis eran la razón por las que él no se enamoraba.
—De acuerdo— se puso de pie— Iré a decirle a Maia, no tardes— y salió del estudio.
Su hermano aprobaba las caminatas, Isabelle estaba ciega, Jordan solo tenía ojos para la boca de Maia, Maia solo tenía ojos para la boca de Jordan, y Simón solo tenía ojos para el trasero de Isabelle. Técnicamente, el único en esa casa que realmente pensaba con claridad era Jace.
Pero que Magnus saliera en las tardes, que volviera antes de las cinco, que siempre se duchara, y que luego cayera profundamente dormido sin siquiera decirle algo a Alec, su prometido, quizás no eran razón suficiente para sospechar de un amante. Y quizás Jace aún intentaba convencerse a sí mismo de que estaba siendo paranoico, pero luego tuvo otra sospecha más cuando, intentando ilusamente convencerse de que eran ideas suyas, decidió esperar a Magnus sentado cerca de la puerta de entrada de la mansión.
Eran las 4:30, y Jace sabía que el prometido de su hermano no debería tardar mucho en volver. A veces salía en las mañanas y otra en las tardes, pero cuando el caso era como esas últimas, siempre volvía antes de las cinco por lo de su horario de sueño.
Aburrido, empezó a tamborilear sobre su rodilla. No estaba espiando, y eso no era una "atrapada in fraganti", lo único que quería era hablar un poco con Magnus, intentar calmar un poco su cabeza para que dejara de pensar estupideces y ver cosas que no son.
La puerta de la entrada se abrió, y Magnus entró por ella. Jace se puso de pie y se acercó para saludar, pero sus palabras murieron en su garganta cuando vio sangrar el cuello del chico.
—¡Por dios! ¿Qué te pasó? —Magnus llevó una mano a su cuello, y al retirarla hizo una mueca al ver la sangre.
—Intentaron asaltarme. Corrí, pero no creí que la herida fuera a sangrar—Jace observó atentamente su cuello. La sangre salía de una pequeña línea sobre la piel, parecía un rasguño.
El rubio observó más detenidamente a Magnus. El moreno no estaba sonriendo, algo común considerando que acababa de llegar. Su cabello estaba despeinado, y su camisa arrugada. Realmente parecía como si hubiera corrido.
—¿Otra vez? No puedes seguir saliendo, Nueva York es peligrosa—Magnus frunció el ceño.
—No dejaré de salir, estoy bien. Solo fue un pequeño rasguño.
—Veremos si Alec opina lo mismo— Jace empezó a girarse. Se recordó que supuestamente quería llevar las cosas bien con Magnus, pero la tentación de acusarlo para molestarlo era arrolladora.
—Jace—llamó Magnus, haciendo que el rubio lo mirara por sobre su hombro— Por favor, no le digas nada. No quiero que se preocupe.
—Ya van dos veces que intentan asaltarte—le recordó— Afortunadamente no ha pasado nada grave, pero si en el futuro algo llega a sucederte, Alec nunca me lo perdonará.
—Por favor—repitió el moreno, y realmente lucía desesperado. Jace no creía que unas simples caminatas requirieran tantas súplicas— Te prometo que de ahora en adelante tendré más cuidado, pero no le digas nada. Hazlo por lo que me hiciste pasar con Maryse—Jace frunció el ceño.
—¿Nunca lo vas a olvidar? Ya me disculpé por eso.
—Y te perdoné, por eso creo que eres una buena persona y me guardaras éste secreto— el rubio frunció aún más el ceño.
—¿Eso fue psicología inversa? No soy un niño.
—No, eres un adulto hecho y derecho que sabrá qué no decir nada es la decisión más madura—Jace gruñó.
—¡Eres un manipulador! No entiendo cómo te soporta Alec— Magnus le sonrió sabiendo que lo había logrado— Tú ganas, no diré nada. Pero ten más cuidado, y ve a lavarte esa sangre.
—Iré a ducharme—aclaró Magnus, y pasó a Jace para dirigirse a las escaleras.
Jace lo siguió con la mirada, y por un momento desarrolló la teoría de que quizás Magnus se había unido a una de esas pandillas ilegales que se la pasan en los callejones de Nueva York, porque ¿Cuánta mala suerte debe tener una persona para que la atraquen dos veces por solo salir a caminar?
El moreno al menos cumplió su promesa y nunca volvió a llegar sangrando, y Jace cumplió la suya al no decirle a Alec. Después del atraco, Jace estuvo más pendiente de Magnus. Ahora sabía que escondía algo, pero no sabía a ciencia cierta qué era, y planeaba descubrirlo.
Poco a poco empezó a notar el factor en común: el celular. Cada vez que Magnus se iba a caminar, era justo después de revisar su celular. Quizás miraba la hora, quizás recibiera un mensaje, o quizás leyera el horario de algo en línea, pero lo seguro era que el celular era una pieza importante en el rompecabezas, así que Jace supo que debía poner sus manos sobre él, aunque en realidad no consiguió mucho.
Isabelle estaba en la portería coqueteando con Simón, y Alec estaba en el comedor esperando a que Magnus, quien se estaba bañando, bajara para desayunar. Aún era muy temprano, y Jace rogaba porque el frío hiciera que Magnus quisiera pasar más tiempo bajo el agua caliente.
Sabía lo que iba a hacer, y estaba decidido, por lo que entró a hurtadillas a la habitación de Alec y cerró la puerta a su espalda. Podía escuchar el agua en el baño, pero aun así sabía que tenía que apresurarse. Buscó con la mirada el celular, pero a simple vista no pudo dar con él. Maldijo su suerte y empezó a buscar dentro de los cajones, en medio del librero y en los bolsillos de los pantalones. Pensó en que quizás Magnus lo había metido al baño con él, pero afortunadamente se le ocurrió mirar bajo las almohadas y bingo. El aparato negro estaba a su disposición.
Lo desbloqueó, y para su mala suerte tenía contraseña. Pensó en infinidad de posibilidades, quizás el barrio donde nació Magnus o el nombre de su bisabuela, y se desanimó al saber que nunca lograría hallar la clave; pero solo por si acaso, empezó con lo más básico.
Alexander
Cuando el aparato se desbloqueó, Jace quiso soltar una carcajada, pero se abstuvo de hacerlo para no alertar a Magnus de su presencia. Inmediatamente entró a mensajes, y se encontró con un montón de textos abiertos enviados del mismo número desconocido. Que un desconocido te envíe un mensaje era normal, que te envíe dos mensajes era una coincidencia, que te envíe tres ya era extraño, pero que te envíe toda esa cantidad era terriblemente sospechoso.
Frunció el ceño. Estuvo a punto de abrir uno de los mensajes, pero escuchó al agua dejar de caer, por lo que tuvo que volver al inicio, bloquear el aparato, dejarlo donde estaba, y volver a salir a hurtadillas.
Una vez que estuvo en el corredor, sabía que su corazonada era cierta. Magnus ocultaba algo, y todos esos mensajes solo podían significar un amante. Quizás Alec le había pedido que no se metiera en su vida, pero esto ya era demasiado. No permitiría que Magnus le rompiera el corazón a su hermano, aunque esta vez haría el plan más prudente: primero confirmaría los hechos con sus propios ojos, y luego iría con Alec una vez tuviera pruebas.
De eso ya había pasado una semana. Magnus no había vuelto a salir, se le veía más alegre, tranquilo, besando a Alec cada que podía mientras ambos comentaban lo emocionados que estaban por lo cerca que estaba el día de su boda. Jace, al verlos tan felices, pensó en abandonar su plan, pero entonces Magnus volvió a salir.
La pareja de prometidos se encontraban acostados sobre la hierba del jardín, con sus manos entrelazadas y sus cabezas hacia el cielo. Jace no quería espiarlos, simplemente los había buscado para comprobar si pasaba un día más sin que Magnus saliera, y al verlos juntos, sonrió. Quizás lo que sea que hubiera estado haciendo Magnus, ya se había terminado. Estuvo a punto de girarse para volver a entrar a la mansión cuando se dio cuenta de que el moreno llevó su mano a su bolsillo y se puso de pie.
—¿Vas a salir? —le preguntó Alec desanimado, y Magnus asintió hacia él—Entiendo.
—Alec, quisiera quedarme todo el tiempo contigo, no sabes cuánto lo deseo. Pero…
—Caminar te hace bien—completó Alec—Ahora sonríes de nuevo.
—No— Magnus se agachó y puso sus manos sobre las mejillas de Alec— Tú eres el que me hace sonreír de nuevo, tú eres el que me hace bien. Caminar… es solo para no asfixiarme por el encierro.
—¿Quieres viajar a algún lado? —preguntó Alec— Sabes que cualquier cosa que quieras, solo tienes que decirme—Magnus le sonrió conmovido.
—Quiero que me beses ahora mismo— pero antes de que Alec lo hiciera, Magnus se acercó y probó los labios de su prometido casi que con urgencia. Luego se apartó— Tengo que irme. Nos vemos en la noche.
—¿Llegarás un poco más temprano esta vez? Siempre llegas para dormir y me gusta cenar contigo— Magnus acarició la mejilla de Alec.
—Sí, llegaré más temprano esta vez —y con eso, volvió a ponerse de pie y a salir del jardín. Jace dirigió la mirada hacia su hermano, quien parecía no encontrarle sentido a quedarse en el jardín sin Magnus a su lado, por lo que se puso de pie y empezó a dirigirse a la mansión. Jace frunció el ceño y se dirigió al garaje para sacar su convertible. Ésta vez si iba a seguir a Magnus, y de una vez por todas iba a averiguar qué era lo que estaba pasando.
Tenía prisa ya que no quería perderle el rastro a Magnus, pero para su mala suerte salir de la mansión requería pasar por la portería, por lo que inevitablemente se encontró topándose con su hermana.
—Jace— habló la pelinegra y se acercó a él para poner sus codos sobre el vidrio del auto— ¿A dónde vas?
—Tengo cosas que hacer. ¿Qué quieres?
—Estábamos pensando en algo, y queríamos saber tu opinión al respecto.
—¿Estábamos? —preguntó Jace, y la chica no tuvo tiempo para responder antes de que Simón se asomara por detrás de ella.
—Hola, Jace.
—Hola, Simón. Mira, Izzy, tengo algo de prisa ¿Te parece si dejamos esta conversación para después?
—No, solo te tomará un segundo—dijo ella—¿Qué opinas de organizarles una despedida de solteros a los chicos? Podríamos emborracharlos y con un poco de suerte adelantar la noche de bodas ¿Qué dices? —Jace frunció el ceño.
—No puede ser juntos, tendría que ser una celebración para cada uno.
—La cosa es—intervino Simón— Que Alec los tiene a ustedes y a sus trabajadores y amigos. Pero Magnus no—Jace sabía que eso era verdad, pero se negaba a sentir pena por el moreno estando a solo un paso de descubrirlo con las manos en la masa.
—En ese caso, tenemos que pensarlo, pero en otro momento. Ahora enserio me tengo que ir— Jace dirigió la mirada al frente y se encontró con la reja cerrada— Simón ¿Podrías dejarme salir, o es mucho pedir? —el chico de gafas murmuró unas disculpas y se fue a abrir. Isabelle se quedó junto al auto con los brazos cruzados y apariencia molesta.
—¿Por qué actúas como si no te importara?
—No empieces.
—¡Si empiezo! Por un poco de tu parte, Alec y Magnus están felices por esto—Jace la miró.
—Y yo estoy feliz, pero por mi hermano. En cuanto a Magnus… no sé qué pensar de él, no sé si lo que siente por Alec es genuino—Isabelle levantó una ceja hacia él.
—Claro que lo es.
—Yo también lo creía—meditó el rubio— Cuando Magnus miraba a Alec… cuando los veía juntos… realmente creí que lo amaba. Pero ahora no estoy tan seguro—Jace acercó su rostro al de su hermana— No digas nada, pero estoy seguro que Magnus algo está ocultando, y yo voy a averiguar que es— contrario a lo que Jace creía, su hermana se interesó.
—¿Algo como qué?
—No lo sé—Jace se alejó— Pero cuando vuelva, te lo diré— ella asintió extrañada, y retrocedió para que Jace pudiera arrancar.
Jace dio con Magnus algunas cuadras más allá, y trató de mantener su distancia para no ser percibido. El moreno seguía caminando con la cabeza gacha pero con prisa, como si supiera exactamente a donde iba a llegar.
El rubio ya tenía en su cabeza la teoría de un amante, pero debió admitir que no estaba preparado para ver a Magnus, el amor de su hermano, su futuro cuñado, entrando a un motel. Apretó el timón con sus manos y buscó donde estacionar. Esto no se quedaba así, ahí aún no había acabado su trabajo.
Magnus llegó a un motel llamado "La tabaquera" en el que Woolsey lo había citado ya varias veces. La verdad, el lugar no era tan malo. Era cómodo y ligeramente elegante, a diferencia de otros moteles de mala muerte que sabía que existían, así que al menos estaba agradecido de que a Woolsey le gustara lo sofisticado. Además, ir a un motel siempre era mejor que ir a la misma casa de Woolsey, donde no podía sacarse de la cabeza que algún día, en el futuro, él podría volver a entrar ahí al lado de Alec, y temía que los recuerdos le dieran tanto remordimiento que no pudiera soportarlo.
Saludó a la mujer de la recepción, y continuó su camino hacia la habitación de siempre. Al entrar, se encontró a Woolsey usando una bata y disfrutando de una copa de licor sentado en la cama. Magnus entró a la habitación y cerró la puerta a su espalda sin seguro, después de todo aquello era un motel.
Woolsey, a penas lo vio, sonrió y abandonó la copa sobre una mesa.
—Tardaste demasiado—se quejó mientras se acercaba. Magnus no se alejó— ¿Estabas con Alec?
—Eso no es problema tuyo.
—Si estabas con él— aseguró burlándose— Lo lamento, pero yo soy más urgente. Mientras que Alec solo puede besarte, el resto de ti está bajo mi poder— Magnus frunció el ceño.
—¿Cómo sabes que no me he acostado con Alec?
—Porque te estás acostando conmigo—dijo el hombre como si fuera lo más obvio del mundo— Y si te llegaras a acostar con él, sentirías que Alec es uno más, y tú no quieres eso—Magnus guardó silencio— En fin, supongo que no viniste hasta aquí para hablarme de tus problemas maritales, por lo que vayamos al punto—antes de que Magnus pudiera reaccionar, Woolsey ya se había lanzado sobre él. El impacto ocasionó que pegara su espalda contra la pared, algo que no le gustaba porque lo hacía sentir acorralado y vulnerable, pero que al parecer a Woolsey le encantó ya que lo retuvo ahí.
Desde que le pidió a Woolsey que no lo hiciera sangrar de nuevo, el periodista había intentado ser más suave, sin embargo, aún aruñaba, solo que ahora en la espalda, el pecho y el abdomen; y Magnus ya no podía volver a quejarse ya que nadie vería esos lugares.
Woolsey devoraba su boca mientras Magnus se esforzaba en intentar seguirle el ritmo, con sus brazos sobre los hombros de Woolsey dispuesto a empujarlo en caso de que el periodista osara morderle los labios. De pronto Woolsey acomodó una rodilla dentro de las piernas de Magnus, justamente sobre su miembro. El aludido no pudo evitar soltar un gemido, y al periodista le gustó tanto que llevó una de sus manos a los pantalones de Magnus y empezó a luchar por desabrocharlos. Quería estar en la misma posición y darle la misma placentera experiencia, pero quería hacerlo con Magnus desnudo.
