Capítulo 21
Al mismo tiempo que Atem está siendo atendido en la fortaleza de Bakura
En lo más profundo del palacio, en la parte más escondida de la residencia real, un hombre de la tercera edad llamado Aknadin observaba las riquezas acumuladas a lo largo de los años. El dinero era suficiente para alimentar a todo el pueblo pero para Aknadin lo más importante no eran las riquezas, sino el poder. El poder era lo que más le interesaba, estaba obsesionado con el poder. Llevaba años deseando obtener más y más. Cuando su hermano Aknankanom lo nombró como el consejero de Atem, él se enloqueció por la emoción, en especial porque el rey anterior dejó en claro que Atem no tendría el poder de gobernar, sino Aknadin. Todo fue porque nadie deseaba que se descubriera el gran secreto que guardaba la familia real, era muy importante que nadie supiera lo que había pasado años atrás. Por ese motivo fue que el faraón Aknankanom dejó todo el gobierno a su hermano menor en vez de a su hijo Atem como correspondía, sólo los que sabían del secreto podían apoyar para guardarlo, el soberano Atem no debía enterarse nunca de eso.
Akanadin estaba muy pensativo, tenía sospechas sobre lo que pasaba con el faraón, el comportamiento raro que estaba teniendo en los últimos días. No podía asegurar nada pero tenía un presentimiento.
¿Dónde había visto ese rostro antes? Esa cara dulce no era del faraón, pero estaba convencido de que en alguna parte la había visto. Estaba sorprendido de que no se hubiera percatado desde antes.
Entonces, pasó por su mente.
2 años atrás un mendigo de cabellos tricolores fue llevado ante su presencia para que lo sentenciara por haber cometido una infracción a la ley, pero al verlo decidió no hacerlo. Lo que lo llenó de pánico cuando lo vio fue que ese mendigo…
-¡No puede ser!
Aknadin se levantó violentamente de la silla donde estaba tirando un jarrón lleno de agua. Fijó su mirada en el jarrón y recordó que el chico tricolor iba a ser castigado por tener un negocio de venta de jarrones en un lugar prohibido.
-En esa ocasión vi un mendigo parecido al faraón Atem.
La puerta se abrió dando paso a Seto que se arrodilló haciendo reverencia al sacerdote mayor.
-Padre, tengo información que darle.
-¿Sobre qué?
-Fui al pueblo como me ordenó y encontré a un joven de cabello tricolor. Según lo que me enteré se declaró ser el faraón y sacó la sortija de la familia real mostrándola a los guardias.
El cuerpo de Aknadin tembló; ya sabía lo que sucedía.
-¿Se encuentra bien, padre?
-Estoy mejor que nunca.
Un júbilo curioso y extraño llenó el alma de Aknadin que comenzó a reír quedamente, su hijo estaba confundido y más cuando su padre se rió ruidosamente sin parar.
-Esto es mejor de lo que esperaba. Estoy a un paso de obtener el poder supremo.
-¿Qué ha pasado?
-El destino está a nuestro favor, Seto. Mi meta de conseguir el poder más grande sobre Egipto está por volverse real. Creí que nunca vería esto con mis propios ojos.
La risa de Aknadin era fuerte y ruidosa, Seto sólo le sonrió pero no estaba seguro de sí estaba haciendo lo correcto.
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La luna brillaba intensamente en la fortaleza iluminando los rostros del faraón y la mendiga que estaban completamente inmóviles mirándose fijamente.
-Dime quien eres.
Atem no respondió, no tenía escapatoria más que revelar sobre el cambio de identidad.
-Mana…
Ella se dedicó a mirarlo esperando que hablara. Atem bajó la cabeza con cierta tristeza, ese era el momento.
-Te diré todo, a los dos.
-¿Los dos?
-A ti y Bakura, son las personas a las que más les debo todo.
-¿Puedo confiar en tu palabra?
-Sí, te lo aseguro.
-¿Cómo estaré segura de eso?
-Sé que confiarás en mí.
Sin esperar la respuesta de la joven, Atem se fue directo a la parte de abajo para buscar a Bakura, una mano lo agarró del brazo y al voltear vio que se trataba de Mana.
-¿Crees que pienso dejarte ir y que huyas?
-No me iré, te lo prometo.
En los ojos verdes de la chica se veía reflejada la furia y la desconfianza.
-No me mires así. Te diré todo, pero Bakura debe de escuchar también.
Mana no suavizó su agarre pero sí se acercó a él.
-Iré pegada a ti.
Ambos bajaron al piso donde Bakura descansaba, entraron despertando a su amigo de cabello blanco.
-Yugi, Mana ¿qué hacen?
-Debemos hablar contigo-dijo Mana sin soltar a Atem del brazo.
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En la habitación real, Yugi dormía plácidamente cuando un ruido lo despertó. Abrió los ojos poco a poco y alcanzó a divisar a unas personas. Trató de incorporarse cuando una mano aprisionó su boca impidiendo que articulara palabra. Alguien le sacó de la cama arrastras al tiempo que le vendaban los ojos y la boca con vendas para las momias, sus manos y pies fueron atados con cuerdas.
Hizo todo para zafarse pero le fue imposible, sólo sentía los movimientos de gente arrastrándolo por el piso pero no podía ver en donde se encontraba.
Finalmente alguien le destapó la boca y los ojos, estaba en un cuarto desconocido para él, aunque la apariencia indicada que se trataba de una cámara subterránea.
-¿Dónde estoy? ¿Por qué me hacen esto?
-Buenas noches, mi Faraón, o mejor dicho "impostor"
Yugi buscó con la mirada quién era el que le hablaba hasta que, de las sombras, salió Aknadin.
-¡Aknadin! ¿Qué estás haciendo?
-¿Creías que no me iba a dar cuenta del cambio?
Yugi se petrificó en su lugar; ya sabían todo.
-Desafortunadamente no eres buen actor.
Aknadin acercó su rostro al de Yugi.
-¿Recuerdas que nos hemos visto antes?
Yugi hizo memoria, estaba seguro que ya lo conocía pero no estaba seguro de dónde, Aknadin se le hacía conocido desde hacía poco tiempo.
-Debí de haberte matado en ese entonces en vez de perdonar tu falta con la venta de jarrones.
Entonces lo recordó. El hombre que le perdonó el fraude del local de jarrones.
-¡Usted!
-Vaya, por fin me recuerdas. Me da gusto, no soportó manipular a alguien que no me recuerda.
-¿Manipular?
Aknadin se levantó del suelo pero no le quitaba la miraba de encima a Yugi.
-Qué cosa tan curiosa es el destino. Aún no puedo creer que tú terminaras en este palacio cuando hicimos hasta lo imposible para que nunca terminaras aquí.
-¿De qué habla?
-Yugi, ese es tu nombre, si no me equivoco.
-¿Cómo sabe mi nombre?-ya no podía fingir que era Atem.
Aknadin se rió a carcajadas, Yugi comenzaba a sentir pánico.
-Yugi, Yugi, Yugi-tomó el rostro del pequeño entre sus manos arrugadas-Eres muy inocente.
La mano de Aknadin se deslizó por debajo de la ropa de Yugi y destapó el hombro izquierdo dejando ver una marca con el símbolo de Ra en el centro.
-Lo sabía, eres tú.
-No me toque.
Yugi empujó la mano del viejo con su cuerpo.
-Yugi, no te hagas el valiente conmigo. Yo sé todo sobre ti y puedo acabar con todo lo que conoces.
-Está loco.
-¿Loco? Sí, estoy loco de poder. Eres la oportunidad perfecta que tengo para lograr mis propósitos.
-Hable claro.
Aknadin se acercó nuevamente cara a cara con Yugi.
-Ha sido todo un gusto poder conocerte en persona, sobrino mío.
Los ojos amatistas de Yugi se abrieron como platos por la declaración.
-¿Sobrino?
-Pensé que nunca tendría la oportunidad de ver crecido al segundo hijo de mi hermano Aknankanom, el anterior rey.
Continuara...
Ya entramos al clímax de la historia; la parte intensa de la misma, XD. De nuevo gracias a todos los que leen y comentan. Sí que les causó mucha sorpresa esto último de Yami y Yugi, jijijiji.
Sheblunar: Muchas gracias por dejar siempre comentarios y leer la historia. Lamento no haber contestado antes. Será emocionante ver eso que mencionas sobre Mana.
Ayenlen Rock: Chan, chan, chaaaan, ¡Sorpresa! Me alegra que el suspenso crezca con cada capítulo. Creo que habrá más dosis de suspenso.
Cote Dark Dangerous Love: Créeme que no sabía como poner tanto Vaseshipping en un capítulo; ya está más que claro cuales son las parejas de la historia. Dentro de poco se sabrá más de eso, jijiji.
Magdalena: Mil gracias por comentar y leer; es la primera vez que te veo por aquí. Mejor espero a que leas los capítulos para que averigües sobre tus suposiciones, jijijiji, estamos por saber lo que sucedió en el pasado.
LinkZX: Parece que muchos lectores están sacando conclusiones, jijijijiji. Yo imagino todo antes de escribirlo, jijiji. Esos besos no pueden faltar en una historia así. Me alegra verte por aquí de nuevo.
