Capitulo 21:
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-Alec.
La castaña abrió sus ojos de par en par después de la pesadilla que la estaba incomodando.
Miró a su alrededor y se vio acostada en una cama de una plaza. Las paredes de la habitación eran celestes y tenía apenas una ventana. Eso le recordó la habitación que ocupaba en Newport.
-Ya despertaste.
No era una pregunta, definitivamente.
Masen observaba a su chica dormir tranquilamente, pensando en todo lo ocurrido hace meses y agradeciéndole a Dios y a los demonios por proteger de ella y de su hijo.
Habían llegado hace 6 horas de Fredericktown hasta Price, Utah, tiempo que Bella durmió hasta ahora.
-¿Dónde estamos, Edward?
-En Price, en la base militar. –la chica de inmediato llevó su mano a su vientre y miró un poco escandalizada a su Oficial.
-¿Estamos a salvo? –el sonrió mientras se levantaba de la silla donde estaba y se sentaba en el borde la cama.
-Por supuesto que sí. ¿Crees que te traería a un lugar donde no lo estuvieses?
Su mano acarició el delicado rostro de ella quien suspiró tranquilizándose.
-Gracias, Edward.
-¿Gracias por qué, princesa?
-Por salvarnos.
Bella agachó la cabeza y vio como la mano de su novio se dirigía lentamente hasta posarse sobre su plano vientre.
-¿Por qué no me lo dijiste, Bella? –ella se estremeció. Tarde o temprano tendrían que hablar sobre ello.
-No quería que me dejaras en la base. No iba a permitir que te marcharas sin nosotros… No iba a permitir que te mataran sin yo haber luchado por ti antes.
Edward tensó su mandíbula.
-Pusiste en riesgo tu vida y la de nuestro hijo, Isabella.
-Lo sé, y sé que fue una verdadera estupidez. Pero si no iba contigo… Stefan no hubiese dudado un segundo en llenarte el pecho de plomo. Cuando yo aparecí por ahí, los planes cambiaron y decidieron dejarte con vida.
El oficial se levantó de golpe, mirándola con rabia.
-¿Te das cuenta de lo que me estás diciendo, Isabella? ¡Hubiese mil veces preferido morir en manos de ese bastardo a sufrir estos malditos meses creyendo que esos imbéciles estaban torturándote!
Cerró sus castaños ojos con fuerza y sintió un temblor que le recorrió la columna. Sus ojos comenzaban a picar a pesar de estar fuertemente cerrados. No esperaba que Edward le gritara.
-Esos hijos de puta lo único que querían era tenerme a mí en sus asquerosas mano, ¡No a tí!
-Edward yo…
-¡No digas nada, Isabella! ¡Expusiste tu vida junto a la de nuestro hijo, sólo por capricho!
Ella abrió sus ojos y sintió las lagrimas caer por sus mejillas.
Miró a Masen con rabia; él no podía estar hablándole de esa forma, no a ella quien sufrió lo mismo que él durante exactamente el mismo tiempo.
El cobrizo la miró con la misma rabia que ella irradiaba. Esta vez no iba a ceder, claro que no…
-¿Te das cuenta tú de las estupideces que me estás diciendo, Masen? –dijo entre dientes apretando la sábana que le cubría las piernas.- ¡Eres un bastardo insensible! –gritó.
-¿Qué? -sus oídos no daban crédito. ¿Ella le estaba reclamando ahora?
-¡Que eres un maldito, Edward Masen! ¡Un maldito malagradecido! ¡Hice de todo para salvar tu miserable pellejo y mira como me tratas! ¿Es esa forma de tratar a tú mujer embarazada?
Edward ahora estaba confundido. La rabia se disipó casi en un segundo cuando un marcado puchero, las gruesas lágrimas de su castaña y la palabra embarazada daba vueltas en su cabeza.
Esa no era manera de hablarle, no cuando ella dio tanto por salvarle su jodido insensible y malnacido pellejo.
Isabella le dio la espalda a Edward, acostándose de nuevo, cubriéndose con las sábanas hasta la coronilla de su cabeza.
-Bella…
-Cállate, Edward. Sólo vete.
-No me iré, no los dejaré solo, no de nuevo…
-Bonita forma de demostrarlo, ahora vete. –sollozó de nuevo.
Edward suspiró y se tomó el puente de su nariz.
Despacio rodeó la cama de Isabella, y cuando estuvo a sentarse en el borde la misma, la castaña rodó debajo de las sábanas y le dio la espalda nuevamente.
-No seas infantil… -susurró mientras caía en su juego y volvía a rodear la cama.
Isabella repitió la acción.
Masen suspiró cansado y se acostó en la cama bajo las sábanas, atrapando en un rápido abrazo la cintura de su castaña para impedirle una huida.
-Sueltame… -hipó.
-Nunca.
Isabella se rindió. Se dio la vuelta en los brazos de su oficial y escondió su rostro en su pecho.
Lo extrañó demasiado para estar enojada con él.
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EPOV
Cuatro días después de nuestro regreso, Isabella fue premiada con una medalla que representaba su valor como soldado. Algo realmente estúpido a mi parecer: ella se merecía algo mucho mejor que una tonta medalla.
Por otro lado, junto a Emmett, Jasper y Rosalie estábamos trabajando un plan que nos ayudaría a terminar con esta guerra de una vez por todas.
Vulturi quería una dictadura. Quería que los rojos, los comunistas, los que velábamos por el pueblo, nos rindiéramos así como así y entregáramos los estados que estaban de nuestro lado.
Quería poder, una mafia donde los empresarios como él lucraran hasta por respirar, haciéndose cada vez más rico y aplastando al pobre en lo más profundo de la miseria.
No teníamos muchos caminos que nos ayudarán, pero todos ellos apuntaban a un solo lugar: Matar a Aro Vulturi.
Suspiré cansado.
Ese hombre era tan escurridizo como un pez fuera del agua.
No nos quedaba más remedio que seguir tomándonos ciudades, bases y estados. Lograríamos dar con él fuese como fuese.
Las noticias que se transmitían por la radio nos informaban de cómo se encontraban las regiones, nos pedían ayuda de vez en cuando o también nos pedían no de manera muy sutil que nos fuéramos al carajo.
Esto me estaba cansando. Más ahora que Isabella extrañamente no toleraba otra cosa que no fueran frutas y yogur.
-Edward, ¿estás escuchando? –preguntó Jasper y entonces salí de mis pensamientos.
-No, disculpa. ¿Qué decías? –los tres presentes me miraron preocupados.
-Eddy, querido, si necesitas estar con Isabella en estos momentos, te recomiendo que lo hagas, sabemos que ni ella ni tu están bien. –Rosalie me miraba con algo de lástima, lo cual no iba a tolerar.
-No me mires, así, Rosalie, y no, estoy bien, ahora prosigan, por favor.
Emmet comenzó a explicar un par de cosas cuando de pronto la puerta se abrió de par en par dejándonos ver a un pálido y sudoroso soldado Ateara.
-Oficial Masen, la sargento Swan… -jadeo y sus ojos se pusieron vidriosos de un segundo a otro.
Sentí un nudo en mi pecho.
-¿Qué le pasó a Isabella? –casi le grité.
-La soldado Denali… Tanya Denali la ha empujado de las escaleras.
-¿Qué? –escuché a mis tres amigos decir tras de mí. No alcancé a decir palabra cuando de pronto me encontraba a medio camino de las escaleras más cercanas.
En un maldito nanosegundo mil imágenes atravesaron mi mente como si fuesen miles de dagas perforándome el corazón. El momento en que se llevaban a Isabella, como la golpeaban, como me enteré que iba a ser padre. Y ahora, mi pecho dolía al imaginarla rodar escaleras abajo perdiendo a nuestro hijo.
-¡Todo es por tu maldita culpa! –escuché gritar cerca de mí a Tanya. - ¡Primero viniste y me robaste a Edward! ¡Después te vas con un Vulturi, te encamas con él, te haces la mosca muerta y pides que vayamos a rescatarte! ¡Mataron a mi hermana por ir a en tu ayuda, estúpida!
Llegué junto a Tanya y enfoqué mi miraba en donde ella la tenía.
Abajo estaba Isabella, tirada en el piso con su cabello alborotado. Afirmaba su vientre con sus ojos fuertemente cerrados. Había un pequeño bol tirado y regado de fruta picada junto a una mancha de yogur a unos pasos de mi castaña. En cosa de segundos estaba bajando las escaleras para ir en su ayuda.
-¡Yo no iría por ella, Edward! ¡Ese hijo podría siquiera ser tuyo! –la escuché gritar tras de mí mientras me lanzaba de rodillas al piso y acomodaba a mi castaña entre mis brazos.
-¡Cállate de una vez, Tanya! –fue lo último que escuché a mis espaldas.
Isabella abrió sus ojos llenos de lágrimas y su labio inferior temblaba con desesperación.
-No quiero perder a nuestro bebé, Edward, no lo permitas por favor.
-No, no, no lo perderemos. ¡Jasper! ¡Emmett! ¡Quien sea! ¡Necesito una maldita camilla! –grité desesperado sintiendo las manos de mi chica aferrarse a mi chaqueta.
Los pasos rápidos de algunos soldados abriendo puertas buscando una camilla era lo único que importaba en estos momentos.
Jasper había corrido hasta la enfermería para preparar lo necesario y Emmet estaba detrás de mí vociferando a los soldados que se apresuraran.
-¡Eres una estúpida, Tanya! En esos momentos hablo con mi General para que te den de baja. ¡Como te atreviste a atentar contra la vida del propio nieto de nuestro General! –escuché gritar a una furiosa Rosalie.
-¡Eso es lo que se merece! ¡Perder a ese bastardo! ¡Por su culpa mataron a mi hermana, Rosalie! –sus palabras hicieron que mi sangre hierviera.
Si no tuviera a Bella sangrando entre mis brazos ya habría ido a meterle sus palabras en el…
-Edward, Bella está sangrando.
-Mierda.
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BPOV
Imágenes y sonidos en mi mente fueron los responsables de que despertara.
-¡Eso es lo que se merece! ¡Perder a ese bastardo!
-Edward, Bella está sangrando.
-No, no, no lo perderemos. ¡Jasper! ¡Emmett!
Los gritos y ajetreos de los soldados en mi mente hicieron que mi cabeza doliera.
Apreté fuertemente los ojos al notar que había una fuerte luz sobre mi cabeza y una sombra aparecía justo por la derecha hablando cosas que para mi no tenían sentido.
Mi bebé.
¿Había perdido a mi bebé?
-¿Bella?
-Jasper.
Reaccioné al escucharlo llamarme por séptima u octava vez
-Bella, ¿te sientes mejor?
-¿A qué te refieres? ¿Cómo está mi bebé? ¿Edward? ¿Qué pasó con Tanya? –el suspiró casi aliviado.
-Está bien. –dijo más para sí que para mí.
-¿Está? ¿Quién? –no entendía nada.
-Bella, cálmate por favor. Déjame llamar a Edward… Él te lo explicará mejor. –sin decir más, salió rápidamente del cuarto.
Fue en ese momento que tomé conciencia de donde me encontraba.
En la enfermería de la base. Claro, ¿dónde más?
Recordé entonces que iba camino a la sala de reuniones picoteando un poco de fruta cuando Tanya se cruza en mi camino y comenzó a gritarme cosas que realmente no recuerdo.
Lo que si recuerdo es que sentí sus fuertes manos empujarme de espalda escaleras abajo, donde rodé hasta caer sobre mi costado izquierdo.
Lo próximo que recuerdo fueron los brazos de Edward y mucho, mucho movimiento.
Cuando intenté sentarme noté un pinchazo en mi brazo y noté que tenía una vía intravenosa conectada a un suero y un sobre más pequeño que identifique como un analgésico.
Ya no llevaba mi chaqueta militar, tan solo llevaba mi camiseta blanca que se ajustaba a mi cuerpo, que hacia un par de días había decidido que era hora de tener un pequeño vientre abultado.
Era más como una hinchazón que un embarazo de casi cinco meses… Vaya. ¿Será que mi bebé será pequeño? Pues con el padre que tiene lo dudo… Al menos ahora me quedaba claro que después de ese maldito incidente, mi bebé seguía conmigo… ¿Verdad?
-Isabella, ¿te sientes bien, mi amor?
Las palabras de mi cobrizo oficial y sus pasos rápidos hacía mi me distrajeron y caí en cuenta que mi mano no conectada a intravenosa estaba sobre mi pequeño vientre.
Su rostro me demostraba que estaba abatido, demasiado para la situación y sus ojos estaban rojos e hinchados. ¿De qué me había perdido?
-Sí, Edward, lo estoy. Jasper no me ha respondido. ¿Mi bebé como está? ¿Qué ha pasado?
Edward tragó en seco y su mirada se alternaba entre mi vientre y mis ojos. Fruncí el ceño y luego enarqué una ceja exigiendo respuesta.
-Bella… no te alteres por favor.
-Me estoy alterando porque no me dices lo que pasa, Edward. Ya suéltalo.
-Bella, mi amor… -llenó sus pulmones de aire y luego soltó esas palabras que me cayeron como balde de agua fría- Hemos perdido a uno de nuestros bebés.
Hemos perdido a uno de nuestros bebés. Hemos perdido…. Nuestros bebés.
-¿Q-Qué? -sus ojos se aguaron y tensó su mandíbula.
Se sentó con cuidado en el borde de mi cama y apretó fuertemente mi mano.
-Esperabas mellizos, Bella… El golpe ha hecho que el más pequeño se desprendiera de tu útero y de esa forma… La hemos perdido… -susurró y trató de esconder su rostro agachándolo.
Vi sus lágrimas correr por sus mejillas como si fuesen verdaderos ríos. Edward estaba llorando. Llorando por la pérdida de nuestro bebé. Y yo…
Yo estaba en shock.
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EPOV
Isabella no respondía.
Estaba con sus ojos abiertos a más no poder mientras la mano que antes acariciaba su vientre, caía lentamente hasta chocar con el colchón.
Era nuestra hija… habíamos perdido a nuestra pequeña Elizabeth.
Flash Back
-¡Edward! ¡Bella está sangrando demasiado, temo que sea una perdida! –gritó Jasper después de poner a mi castaña sobre el colchón de la enfería.
-Emmett, tráeme el monitor, necesito hacer una ecografía.
Jasper quitó de un tirón los pantalones de Isabella. En otra ocasión lo hubiese golpeado hasta dejarlo medio muerto, pero esta vez era necesario, Bella estaba perdiendo a nuestro hijo o hija.
Emmett trajo la maquina que se encontraba en una esquina y la enchufó a la corriente. Encendió el monitor y me entregó la sonda para hacer la ecografía.
-Todo listo, Masen.
Mordí mi lengua al ver la ropa interior de Isabella manchada en sangre, manchando además las blancas sábanas de la cama, lo que hacía que todo se viera aun más grave.
Jasper ya había levantado un poco la camiseta de Isabella y había aplicado gel, por lo cual solo tuve que poner la sonda y la imagen que vimos era realmente grotesta, por lo cual Emmett tuvo que calibrar la imagen y los tres quedamos realmente sorprendidos al ver lo que vimos.
Dos sacos amnióticos.
Eso significaba sólo una cosa…
-Mellizos. –sentenció Emmett.
-No puede ser… -susurré más para mí que para ellos.
-Edward, el saco de la derecha es casi la mitad del tamaño que el otro.
El útero de Isabella estaba sufriendo contracciones por lo cual la imagen se movia bruscamente de un lugar a otro, mostrándome claramente que hubo un desprendimiento de matriz de mi hijo más pequeño.
-Maldita sea.
Jasper fue hacia las gabinas y sacó una bolsa de suero y analgésicos. No tardó mucho en conectarlo al brazo de Isabella, quien se encontraba inmóvil y pálida sobre la cama.
-Edward, debes proceder pronto, Isabella puede morir, está perdiendo mucha sangre.
-Maldita sea, Jasper, ¡Se trata de la vida de mi hijo!
-¡Y se trata también de la vida de tu mujer y de tu otro hijo, imbécil! ¡El saco amniótico se ha desprendido, Edward, si no lo sacas ahora, ese feto morirá dentro de Isabella y por consiguiente ella podría morir junto a tu otro hijo!
-Jasper, maldición…
-Amigo –murmuró Emmett- Debes hacerlo… Ese niño morirá dentro de unas horas de todas formas…
Era la decisión más difícil de toda mi carrera.
Tenía claro que cuando un feto de desprendía, ya no había forma de salvarlo.
Pero si podía salvar a Bella y nuestro otro bebé…
-Jasper… -dudé y mordí mi lengua para no tibutear en lo que tenía que decir.- Trae el espéculo y las pinzas ginecológicas…
Obligué a mis malditos lagrimales contenerse de soltar toda la rabia y tristeza que sentía al hacer todo lo que hice.
Era un procedimiento más o menos fácil, pero juro que fue lo más difícil que pude hacer alguna vez en mi vida.
Matar, decapitar, desmembrar… Nada se comparaba a lo que sentía en estos momentos.
Tenía el pequeño saco amniótico sobre mis manos ya sin guantes quirúrgicos.
La intervención fue un éxito. Bella dejó de sangrar casi en el instante que retiré a nuestra hija de ella.
Porque sí. Era una niña. Una pequeña niña que era incluso más pequeña que la palma de mi mano.
Estaba en posición fetal chupando la punta de su dedo pulgar.
Debía pesar al menos unos 25 gramos… Era tan pequeña… Y era mi hija. Mi hija que no alcanzó a nacer.
Jasper y Emmett se encargaron de dejar a Bella como correspondía: en una cama limpia, con suero y analgésicos, dejando la máquina de monitoreo justo al lado de su cama en caso de emergencias.
-Edward. –Rosalie entró a la habitación y se quedó atónita al ver a su pequeña sobrina en mis manos.
Mis lágrimas corrian sin ningún reparo por mi rostro y cuello. Rosalie simplemente me abrazó por la espalda mientras ahogaba sus sollozos en mi cuello.
-Perdóname…
-No tengo nada que perdonarte, Rose.
-Si no la hubiese traído hasta aquí… Tú no hubieses perdido a tu hijo.
-Es una niña, Rose.
-Perdóname…
-No fue tu culpa. Nuestra pequeña… Elizabeth, habría muerto de todas formas… Su tamaño era deficiente para el tiempo que tenía, al igual que su peso. Su hermano u hermana le habría absorbido finalmente, y si no lo hacía, habría muerto al nacer.
-Oh, Edward, de verdad lo lamento tanto…
-No lo hagas Rose…
Dos golpes en la puerta me alertaron y Jasper entró con una pequeña caja de madera color rosa pálido.
No quise recibirla, pero Rosalie lo hizo por mí.
Cuando la abrió, puse ver que dentro de ella había una esponja cubierta de tela blanca. Era para depositar a mi pequeña hija.
-No quiero dejarla aún, Jasper. –susurré entre lágrimas.
-Deberás hacerlo en algún momento, Edward. Recuerda que tienes que decírselo a…
-¡Dejame pasar, Emmett! ¡Necesito ver a Edward!
-Ya te dije que no, Tanya, es mejor que te vayas.
Los gritos de la persona que menos quería ver en estos momentos hicieron que me tensara.
Por un momento pensé en dejar a Elizabeth en la pequeña caja, para darle su bien merecido a esa estúpida rubia.
Rosalie dio dos pasos y se puso delante de mí. Tanya apareció en el umbral de la puerta con Emmett detrás pidiendo disculpas.
Sólo vi que mi prima se acercó rápidamente a la soldado y le dio un derechazo que me obligo a cerrar a ojos.
Tanya estaba en el piso tomándose la nariz que sangraba copiosamente.
-¡Vete de aquí si no quieres que te mate en este instante!
-Rose, calmate amor.
Emmett tomó a Tanya de los hombros y la sacó de mi vista.
-Juro por la memoria de mi sobrina Elizabeth, que esa maldita rubia no va a vivir en paz por el resto de sus días.
Sonreí de medio lado mientras secaba las lágrimas de mis ojos con mi antebrazo.
Fin del Flash Back
Creanme que no tardo de mala nada más u.u La universidad me tiene loca. Son 7 asignaturas, ¡ 7 ! Para quienes estudien por el area de la salud sabrán que es un poco pesado... (sin menospreciar otras carreras, obvio, yo estudie también otra carrera, y eran cuatro asignaturas semestrales nada más). Uf.. Con decirles que 4 de los 5 días se la semana entro a las 8.30 AM y salgo a las 20.00 PM ... Son casi 12 horas metida en la universidad, y además, soy madre, se me hace bastante pesado, pero no abandonare. Amo escribir, y aunque no tengo el tiempo que me gustaría tener, escribo poco a poco para ustedes :)
Las adoro! ¿Un review insultandome de por qué los hago sufrir así? Ya queda poco...
HLNJRQR.
