Capitulo XXI
Habían pasado dos días desde aquel incidente, Nami se había refugiado en su antiguo camarote, y se había negado a establecer contacto con cualquier persona dentro del submarino, menos Bepo; el oso hacia varias visitas al día a la habitación de la navegante, llevándole comida, e invitándola a salir y conversar con los chicos, pero ella negaba cualquier cosa que implicara salir de su camarote a menos que fuese para tomar presado el baño del mink. Su cabeza era un lio enorme, con recuerdos de personas que jamás había visto en su vida, que la hacían pensar que todo era un juego donde su propia existencia era solo una alucinación.
-"Por qué no tomas un baño el camarote del capitán"- Bepo estaba sentado en una pequeña silla al lado de la cama –"es más amplio que el mío, además ahí dejaste todas tus sales y perfumes para relajarte"-.
-"No"- dijo la pelirroja antes de sorber la sopa.
-"¡Pero yo sé que adoras los baños largos!"- sus garras le sostuvieron la babilla para que lo mirara –"Law no estará esta noche, estará de turno"- explico –"ve a su habitación, yo te aseguro que el no ira en toda la noche"-.
-"No tengo muchas ganas de un baño"- mintió quitando de su rostro la garra del oso –"preferiría no despertar hasta mañana que salimos a la superficie de nuevo"-.
-"Aun así necesitas darte un buen baño, y creo que el mío no es de tu agrado, ya que solo ahí agua fría"- se puso de pie y se estiro bostezando –"ve a la habitación del capitán te aseguro que el no estará en toda la noche"-.
El mink se dispuso a salir del camarote, puso la silla en su lugar, y llevaba la bandeja del desayuno en sus patas, regresaría a la hora de la cena para llevarse la charola de la comida, y por supuesto traerle algo liguero a la navegante.
-"¿Seguro que no va estar?"- dijo Nami sin siquiera mirarlo.
-"Te lo aseguro"- respondió Bepo antes de salir.
La habitación de nuevo quedo sola, la insípida presencia de Nami, no era tomada en cuenta por ella misma; sus maletas ya estaban hechas y lo que una vez fue su armario ahora era una caja con instrucciones de armado para el mueble. Todo terminaría al dentro de media semana, regresaría a ser un sombrero de paja y su vida divertida y despreocupada le pondría los pelos de punta.
-"Luffy"- susurro apartando la charola de su regazo.
Ella quería regresar, quería jugar con su familia, reír con sus ocurrencias, llorar con sus pesares, y robar mucho dinero de los incautos hombres que se descuidaran en el camino, pero algo en ella la llamaba, le grita, le suplicaba que tomara otra ruta solo para ver lo que en algún momento fue el lugar donde nació. Sin pensarlo mucho salto de la cama y saco de su bolso, aquel mapa de bolsillo que cargaba consigo todo el tiempo.
-"Salimos mañana a medio día, y ellos nos esperaran en una cordillera de islas a solo unos días de ahí"- señalo la Red Line con el índice izquierdo, mientras se mordía la uña del pulgar derecho –"una simple desviación de 45 grados nos dejaría a solo un día de la primera isla de la cordillera de la luna"-.
De su bolso que no había lanzado muy lejos tomo un mini den-den mushi que le había robado a Law con su consentimiento y comenzó a jugar con él, debatiéndose si llamar a su equipo, o salir a encarar el cirujano de la Muerte para contarle sus planes. Claro que podía llamar primero y después salir a tratar con Torao. Fue un minuto robado, donde no supo ni siquiera como había llamado, solo de un instante a otro el caracol comenzó a sonar.
Purupurupuru, Purupurupuru, Purupurupuru
"Habla con el grandioso rey de los piratas" Luffy dijo con entusiasmo del otro lado del caracol.
-"Luffy"- Nami saludo aguantándose la risa –"hola ¿Cómo han estado?"-.
"¡Nami!" grito "nosotros bien, Robín ha tenido pequeños dolores pero está bien".
-"Pensé que su parto estaba programado para el diez de diciembre"- la felicidad de la navegante disminuyo al oír tal noticia.
"Ella estará bien, Chopper dice que solo son contracciones falsas, que toda mujer los padece a días o semanas de dar a luz" explico el capitán.
-"Si leí sobre eso"- sus pálidas manos viajaron hasta su estómago, imaginando poder acariciar el vientre de su mejor amiga –"necesito hablar con Franky"- cambio el tema de repente –"he encontrado una isla muy divertida"- mintió –"pero a la vez segura, a unos días de donde se encuentran"- eso no era del todo mentira.
"Si entiendo" Luffy se separó de la bocina pero aún se podían oír sus gritos llamando al cyborg.
"Pequeña hermanita el súper orgulloso futuro padre al habla" Franky dijo cuándo tomo el caracol.
-"Franky"- la pelirroja saludo antes de tomar entre sus manos su mapa –"le he mencionado una isla a Luffy, es segura y está a solo unos días de donde se encuentran"- sus dedos viajaban el papel.
"¿Una islas segura?" el hombre de pelo azul dudo un poco "dime las coordenadas".
-"Cuarenta y cinco grados al noreste en su posición actual"- dijo sin parar de ver el mapa –"llegaran a una codillera de islas, son en su totalidad desiertas"-.
"En el mapa no hay nada, tampoco el Log Pose marca una isla"- Franky dijo algo desconcertado.
-"Lo sé pero sé que una isla está en esas coordenadas, porque lo he leído, también sé que hay algo más que palmeras y arena"- suspiro pesadamente –"¿puedes confiar en mí?"-.
"Mi querida pequeña hermanita" aquel hombre soltó una risita "claramente confió en la mejor navegante del mundo".
Nami sonrió, no solo por las palabras dichas del carpintero, sino también por la horda de buenos deseos que sus amigos le mandaban desde el otro lado de la bocina; Sanji prometía recibirla con una deliciosa comida, mientras Usopp presumía de las nuevas mejoras de su nueva arma. Chopper y Luffy cantaban mientas le animaban a regresar con bien. Robín soltaba una risita sin decir más, mientras Rebeca mandaba sus saludos.
-"Los veré pronto chicos"- dijo antes de que la llamada terminara.
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No tuvo el valor de salir de la habitación a encarar a Law, pero si tuvo el coraje de salir para tomar su baño prestado. En ese momento su piel agradecía el baño caliente, después de dos días de asearse con agua realmente helada; el espejo estaba empañado gracias al vapor, y el olor a mandarinas inundo todo el lugar. Había asaltado la reserva personal de Trafalgar y tomo una botella de vino tinto del North Blue.
-"Excelente cosecha"- se dijo a si misma después del primer sorbo.
Sin duda extrañaría el fino sentido del gusto que Law tenía para ese tipo de bebidas, a veces la sorprendía con licores que jamás había probado; era un hombre de mundo, conocedor muchas cosas, pero imprudente, impulsivo y un completo patán cuando menos uno lo esperaba. Aun así lo quería, pero no tanto como para abandonar sus sueños, u obligarlo a dejar los suyos, lo quería libre y sin ataduras, porque así el siempre regresaría a ella si la quería como el predicaba en sus noches de pación.
Su copa fue dejada en el piso para poder hundirse en la tina, para que su piel y su pelo absorbieran ese dulce aroma que la caracterizaba desde niña. Mandarinas, dinero, pergaminos y tinta, aunque también le decían que tenía un ligero olor a sal, por todo el tiempo que pasaba en el mar. Su madre se lo decía, su hermana se lo recordaba, y ella seguía siempre oliendo a eso mismo a pesar de todo.
Cuando sus pulmones pidieron oxígeno y las burbujas de aire habían acabado de emerger, Nami salió encontrándose unos ojos grises que a pesar de ser fríos, ese día eran más bien cálidos y dulces. La palabra traidor señalo al oso, con el cual tendría una charla después.
-"No pensabas decirme nada"- dijo el moreno levantando la copa del piso para darle un sorbo.
-"Lo pensaba hacer en la mañana"- mintió, ella quería usar al mink como su "ve y dile" personal.
-"No mientas"- espeto, meneando el vino.
-"No lo hago"- volvió a mentir –"simplemente no sabía cómo decirlo"-.
-"Tal y como es"- dijo el –"oí todo, ya está marcado el rumbo para después de salir de este lugar"-.
-"Lo siento sé que debí de consultártelo pero simplemente"- sus manos jugaban con la espuma de la bañera sin volver a mirar aquellos ojos.
-"¿Qué paso?"- pregunto sujetándola de las manos.
-"Solo son mis pesadillas"- respondió –"no creo que deba agobiarte con eso"- sonrió.
-"Como no agobiarme si tú, la única mujer que se me ha podido revelar, no eres tú en estos momentos"-.
-"Law"- dijo lanzando se a él sin importarle que estaba desnuda, ni que lo fuese a mojar.
La noche fue larga, después del baño, ambos se acurrucaron en la cama, arrullados con la dulce voz de Nami mientras le contaba todo lo que pasaba por su mente, sin olvidar ningún detalle. Ella quiera desahogarse, y el solo quería apoyarla.
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Cuando el sol estuvo en su punto máximo el submarino emergió creando unas cuantas olas que desaparecieron a unos cuantos metros. La puerta se abrió de golpe dejando caer a un oso agotado en busca de un poco de aire fresco, pero no había brisa, ni señales de nubes, todo era tan calmo; era una desventaja de Calm Belt, jamás, de los jamás se vería una nube en su cielo, ya que carecía de corrientes de aire.
-"Odio esto"- dijo Bepo con la lengua de fuera.
-"Aprovéchalo"- dijo Shachi con una silla pagable en las manos –"Nami-san tomara el sol"-.
-"Que ni se te ocurra decir eso frente al capitán"- agrego Pinguin cargando una mesita.
-"No me mal interpretes colega"- el pelirrojo se dedicó abrir la silla –"que Nami salga a tomar el sol es una ventaja"- se estiro antes de colocar sus manos en la nuca –"nosotros podemos andar en paños menores dentro"-.
-"Sucio"- mascullo el moreno.
Una pequeña batalla por aquel tonto comentario empezó, Shachi estaba feliz de poder caminar por los pasillos en ropa interior, mientras que Pinguin se quejaba de las miserias que tendría que ver. Así con su discusión de casados se adentraron de nuevo al submarino.
Nami no tardo en salir con su diminuto bikini y una bebida fría; su pelo estaba atado en un moño despeinado y llevaba unos lentes de corazón color negro, que lucían muy bien ya que el color de su traje de baño era amarillo. Su toalla estaba en su cuello tapando un poco el escote de su sujetador, y el bloqueador le daba un brillo suculento a su cremosa piel.
-"Nop"- dijo ella tomando asiento en su silla recién acomodada.
-"Dime por qué"- exiguo Law detrás de ella con su típica sudadera negra con amarillo.
-"No soy tan buena ¿sabes?"- dijo encogiéndose de hombros –"mi tesoro es basto, pero no cambiaría nada solo porque tú lo habías estado buscando desde que eras un crio"-.
-"Puedes tomar algo del mío"- ofreció sentándose en la orilla del camastro –"la perla arcoíris es un objeto preciado, no pienso venderlo, sino más bien coleccionarlo"- sus dedos viajaban sin pudor en las piernas de la navegante –"tú tienes dos, y yo tengo tres perlas negras, cuatro rosadas, y creo que diez amarillas ¿Qué te parece un trueque?"-.
Nami sujeto los cordones de la sudadera de Law para acercarlo hacia ella, se relamió los labios y lo miro como si se tratase del más jugoso y basto tesoro que en la vida pudiera ver. Su mano libre camino desde la rodilla del hombre hasta su perilla recién acomodada, y con un suave jalón hizo que sus narices se rozaran.
-"Puedes convencerme de una manera diferente"- dijo jadeando junto a su boca.
-"¡Consigan un cuarto!"- el oso que había visto todo se puso de un color rosado por completo.
-"Bepo"- dijo el capitán recobrando la compostura.
-"Lo siento"- dijo con un aura depresiva.
El mink parecía juguete de feria, estaba recargado en el barandal de la nave con su cabeza baja y con el pequeño color rosado que le había quedado después de ver esa escena. Bepo había visto muchas cosas, cosas que nadie debía saber, pero jamás vio a su capitán con las mejillas un tanto coloradas por ser descubierto en un cotilleo un tanto cachondo.
-"Piénsalo"- Law se cubrió el rostro con su gorra antes de volver adentro de la nave.
Nami suspiro regresando a lo suyo, puso sus manos en la nuca y dejo que los rayos del sol hicieran su trabajo. Sus piernas se movían de vez en cuando haciendo crujir el viejo camastro, y la leve brisa que se creaba mientras avanzaba el submarino era algo refrescante.
-"¿Estas segura de querer ver a tus amigos?"- el osos pregunto mientras caía de pansa en busca de menguan su calor.
-"Realmente no"- confeso Nami soltando un ligero suspiro.
-"A menos de tres días los volverás a ver ¿qué crees que pase?"- pregunto el mink con la lengua de fuera.
-"Nos abrazaremos, lloraremos por la separación y todo seguirá su curso"- respondió –"Law se ira de inmediato a buscar nuevas aventuras, al igual que nosotros"-.
-"¿Y porque no te quedas?"- Bepo andaba ese día demasiado parlanchín.
-"Law y yo apenas somos amantes, tal vez algo pasajero, que se olvida con los días en el mar, ambos lo sabíamos, y lo sabemos, nunca podre dejar mi familia, y el jamás los dejara a ustedes"- se quitó los lentes para mirar bien al navegante peludo y poder brindarle una leve sonrisa –"el no ve una familia conmigo, tampoco piensa despedirse de su fiel amante, así que es mejor seguir cada quien por su lado, y esperar que el tiempo no borre las noches que estuvimos juntos"-.
Nami volvió a bajar sus gafas y siguió mirando hacia el inmenso mar que estaba en frente de ella; tan calmo, tan majestuoso, un amante realmente celoso que se cobraba con creses cada desaire de los piratas hacia él. Suspiro profundamente para llenar sus pulmones de ese aire salino que enloquecía a marines y a piratas por igual. Realmente los echaría de menos.
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Todo se fue en un abrir y cerrar de ojos, dejando vagar fantasmas de aquella mujer por muchos de los pasillos del submarino, y caras largas al tener que subir sus pertenencias a la cubierta. Su risa contagiosa, su incesante taconeo, sus riñas con el capitán se quedarían en el fondo de sus pensamientos para no traer consigo la nostalgia que causaba verla partir. Su peculiar aroma no inundaría cada lugar donde se encontraba, ni tampoco habría juegos de apostar donde todos terminarían si ni un quinto.
El Sunny se vio a lo lejos, como un barco fantasma entrando a una densa neblina que rodeaba la primera isla de la cordillera. Los gritos del cocinero y el espadachín, rompían el silencio de la mañana, con una pelea absurda sobre servir pez o cordero para la llegada de la navegante.
-"Nami"- dijo Shachi con una sonrisa melancólica –"espero que este de regreso con nosotros en poco tiempo"-.
-"Los caminos del nuevo mundo siempre nos juntaran a veces para el bien, y otras para el mal"- abraso a su compinche pelirrojo y sin cuidado sustrajo su cartera.
-"Jamás cambiaras"- reprocho el pirata extendiendo su mano para que su cartera fuera de vuelta.
-"No"- respondió estirando las manos para llamar la atención de su barco –"¡Luffy, chicos!"- grito a todo pulmón.
Los gritos del Sunny pararon, y como un rayo una mano de goma se enredó en la cintura de la pelirroja, ella no pudo despedirse, y con solo una sonrisa de disculpa por parte de ella, se dejó jalar hacia el navío que consideraba su hogar.
-"¡Ladrón!"- grito Bepo recargándose en la barandilla.
-"Técnicamente fue jalada a su hogar, él no puede ser un ladrón Bepo"- Law dijo desde la entrada del sub.
-"Pero ella ni siquiera se despidió"- agrego el osos triste.
-"En un momento los alcanzaremos, ella no se iría sin todas sus cosas"-.
Todos volvieron afijar su vista en el enorme barco, de donde las risas provenían junto con el llanto de alegría por volverse a reunir. La neblina se fue despejando y una punzada de melancolía se instaló en los corazones de los pobres piratas Hearts, serían los últimos días con la gata ladrona a su lado.
-"¿Está bien capitán?"- Jean Bart susurro al lado de su superior.
-"Si"- respondió fijando su vista en la mujer que ahora reía con su verdadera tripulación.
Solo unos cuantos minutos tardaron en darle alcance al barco, sus tripulantes en ese momento tenían fiesta, el nombre de la navegante se gritaba con emoción y ternura; solo el cocinero se dio cuenta de la presencia de los aliados cuando una cuerda fue arrojada para amarrar las dos naves. En ese momento todo quedo en silencio.
-"¡Torao!"- grito el capitán de goma –"¡muchas gracias por traernos a Nami de regreso!"-.
-"No fue nada"- dijo indiferente el cirujano de la muerte –"Sombreros de paja"- saludo con una simple inclinación de cabeza a todos los que estaban presentes.
Todos corrieron a saludar a sus aliados, a invitarles un trago y también de mala agana a desayunar. Todo se convirtió en una fiesta que aseguraba continuar una vez tocaran tierra; llegarían a la isla poco después del almuerzo, así que Sanji no salió de la cocina hasta que el reloj marcara las once, para proporcionarles a las dulces damas y a los demás adefesios un bocadillo ligera para resistir hasta estar en la playa.
-"Mis dulces princesas en espera de más dulces princesas"- dijo el rubio ofreciendo un vasto coctel de frutas a las dos mujeres embarazadas de la nave.
-"Gracias Sanji-san"- dijo Rebeca tomando su plato.
-"Seria mucha molestia un poco de te Sanji"- Robín pidió dejando de lado su lectura.
-"Todo por ustedes mis dulces princesas"- el cocinero hizo una reverencia ante las mujeres para después gritar –"¡perros sarnosos ahí un poco de fruta podrida en la cocina, siéntase libres de tomar solo un tazón!"-.
-"¡Oh si comida!"- grito Luffy arrastrando a su aliado hacia la cocina.
Ajena a todo Nami estaba sentada en la cabeza del león, ella sabía que ese lugar solo era para el capitán, y la mujer del capitán, pero por su regreso, Luffy le había permitido ver todo desde ahí. Los gritos los escuchaba tan lejanos que ni siquiera cuando gritaron su nombre volteo a ver a Sanji.
"Nami" el viento susurraba su nombre "Nami".
Al principio la pelirroja no presto mucha atención, creyó que era el escándalo que tenían a sus espaldas donde más de uno le gritaban. Pero a medida que la isla se iba acercando la voz en su cabeza se hacía más y más fuerte. Fue por mera curiosidad que se asomó a ver el agua cristalina del Calm Belt, y noto el peculiar color de una manada de orcas que llevaban el ritmo del Sunny.
"Nami" de nuevo la voz de una mujer es su cabeza.
Se giró a ver a todos sus compañeros que estaban ajenos a lo que le pasaba, Robín y Rebeca conversaban, tal vez algo de sus embarazos, mientras Luffy y los chicos se habían reunido en la cocina. Ella estaba sola, con esa dulce voz que la animaba a comer algo tan estúpido muy al estilo de Luffy.
-"¿Qué quieres de mí?"- miro al cielo en busca de una respuesta.
Una corriente de aire que había salido de la nada la empujo solo un poco hacia el mar, su corazón se aceleró y sin dejar de decirse mentalmente que eso era un error, se deshizo de su short y sus sandalias, para quedar solo en bañador. Sus pies la guiaron hasta que su espalda topo con la melena del Sunny para desde ahí tomar impulso y saltar del barco.
El sonido que causo cuando cayó fue escuchado por todos, Rebeca y Robín pararon su charla y comenzaron a buscar con la vista aquello que causo el ruido, los chicos salieron de inmediato preguntándose lo ocurrido, y solo se dieron cuanta cuando Brook grito el nombre de la navegante y señalo hacia el mar.
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Holis!
(Sale de su escondite como un fantasma pálido y con ojeras)
Sé que dirán que me he retrasado mucho, y que tal vez es muy corto, pero créame cando les digo que mi cerebro no dio para más, y lo siento.
Pero díganme que les pareció?
Les gusto?
Soy pésima escritora?
Levánteme un poco el ánimo
POR FAVORE
(manita estilo italiano)
