BAILANDO BAJO LAS ESTRELLAS
(To Dance Beneath the Diamond Sky)
Por Kristen Elizabeth
Traducido por Inuhanya
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21.- Rescátame
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"Esta cosa nunca se quita?"
La pregunta de Heero rebotó en los bloques de cemento que lo rodeaban. No había nadie compartiendo la celda que pudiera responderle. Con un suspiro, bajó sus manos con sus dedos manchados de tinta a sus costados. Tenía que quitarse. En menos de veinticuatro horas iba a bailar en frente de dos mil personas. El Príncipe Siegfried no podía llevar rastros de haber sido arrestado, fichado y manchado por el DPNY (Departamento de Policía de New York).
Se recostó contra una fría pared. Todo era válido para protegerla. Tener un expediente criminal, arriesgar su carrera… no había estado mintiendo cuando dijo que lo haría de nuevo. Alertar al mundo del comportamiento del bastardo francés hacia Relena era suficiente recompensa para enmendar cualquier castigo. Ver la mirada en su rostro al ser golpeado había sido refrescante.
El problema ahora era que no podía proteger a Relena tras las rejas. Y si el hombre tenía en su cabeza desquitar su rabia hacia Heero con ella… cerró su puño. "Por favor, que estés a salvo," dijo en voz alta. "No lo dejes…"
"Heero Yuy." Los dedos de Heero se relajaron mientras el guardia que lo había metido en la celda una hora antes se acercaba a su celda. Sacando un juego de llaves, abrió la puerta. "Vamos. Tu fianza ha sido pagada."
"Quién…" Heero parpadeó cuando un muy conocido rostro apareció detrás del guardia. "Relena." Se movió hacia la puerta.
El guardia sacudió su cabeza mientras los dos adolescentes se abrazaban. "Háganlo en otro lugar," les dijo, cerrando la puerta de la celda ahora vacía. "Puedes recoger tus cosas en el mostrador, Yuy, y luego irte."
Cuando el malhumorado hombre se alejó, Relena se detuvo ligeramente. "Heero, qué pasó?"
"Lo golpeé," le dijo con gran simplicidad.
"Oh, Heero…" Los rastros más leves de preocupación y exasperación cruzaron sus lindos rasgos. "Lo sé. Milliardo me dijo. Sólo no entiendo por qué estás aquí."
Heero levantó sus hombros. "Supongo que no le gustó."
"Por favor, no bromees. Esto podría afectar todo tu futuro!"
"En verdad no puedo preocuparme por eso en este momento," respondió Heero. "Estoy mucho más ocupado manteniéndote a salvo de él."
Relena miró los tormentosos ojos de los que se había enamorado. "No puedes protegerme de todo, Heero."
"Puedo intentarlo."
Un momento pasó. "Te amo." Su fría manó cubrió su mejilla mientras sus labios rozaban los suyos. "Cómo se siente tu mano, peleador?"
Él levantó una. "Manchada."
Relena sonrió suavemente. "Un poco de agua y… um… trementina debería ocuparse de eso."
"Ambas cosas las tengo en mi casa." Heero titubeó. "Tienes algún problema en dormir con un hombre que tiene un expediente criminal?"
"Bromeas?" Su mano bajó para asentarse en su musculoso pecho. "Las chicas no pueden resistirse a un chico malo." El tono ligero dejó su voz. "Y no puedo ir a casa. No estoy segura de lo que podría hacer si lo veo en este momento. Pero no sería bueno."
Él cubrió sus dedos con los suyos manchados. "Aléjate de él, Relena. Estará ahí mañana…" Una rápida mirada al reloj le dijo que eran pasadas las doce a.m. "…esta noche e intentará intimidarnos. No podemos dejarlo. No me importa lo que trate de hacerme. No me importa. Pero si lo veo cerca de ti… será afortunado de irse con sólo una nariz rota."
Un pequeño escalofrío bajó por su espina. Había mucha intensidad en sus palabras. "Salgamos de aquí," susurró ella. "Creo que ambos necesitamos dormir."
Pero dormir fue lo último en sus mentes cuando regresaron al vacío apartamento de Heero media hora después. Relena no podía recordar muchos de los detalles; los minutos pasaron juntos, amoldándose en un largo momento de éxtasis. Estar en los brazos de Heero, sentir la cálida presión de su cuerpo sobre el suyo, su aliento cálido contra su garganta, su cuerpo duro entre sus muslos… fue placer más allá de la comprensión.
Ella subía y bajaba sus manos por su sudoroso cuerpo mientras él recuperaba el control sobre sí. Su propio pecho aún subía y caía bajo él. Desenvolviendo sus piernas de alrededor de su cintura, Relena miró hacia el techo de la habitación de Heero. Quería quedarse en el momento; parecía bien que pudiera, viendo cómo sus cuerpos aún estaban unidos.
Pero la realidad colgaba al fondo de sus pensamientos. Ahora que sus defensas estaban bajas, no podía evitar sino pensar en los eventos de la noche. Y la preocupación de lo que estaba por venir.
Milliardo, al principio, se había rehusado a decirle a Relena lo que estaba pasando arriba en las oficinas de la compañía… o por qué había un carro de la policía llegando a la puerta del escenario mientras la apresuraba a entrar en la limosina. Fue sólo cuando llegaron al apartamento y que hubiese amenazado con gritar que él le contó todo.
Luego le había hecho la pregunta que no había podido responder. *Dónde encajas tú en todo, Relena?* Mientras la respiración de Heero regresaba a la normalidad, Relena mordió su labio en frustración y rabia. Estaba atrapada entre la espada y la pared. Salir contra Jean-Paul podría ayudar al caso de Heero. Al mismo tiempo, no tenía más pruebas para respaldar su declaración.
Heero levantó su cabeza de la gentil curva de su cuello. "Te amo, Relena," susurró él, sus ojos encapirotados con placer.
Lágrimas bajaron por sus sienes, humedeciendo su enredado cabello y su almohada. Después de retirarse gentilmente de su cuerpo, Heero la besó suavemente y se levantó para disponer del obligado condón. Cuando regresó de su baño un momento después, se deslizó en la cama y alcanzó por ella. Relena envolvió sus brazos alrededor de su novio, abrazándolo con repentina urgencia. Las palabras no eran necesarias.
Con una sonrisa en su hermoso rostro, Heero se durmió unos minutos después. Relena dejó que sus dedos jugaran con la suave piel de su brazo. Era tan fuerte; podía elevarla sobre su cabeza sin sudar. Sus manos habían golpeado dos hombres en un día por ella. Aún, cuando los mismo brazos y manos la sostenían, no eran nada sino gentiles y amorosos.
Protegerla era primero en su agenda. De lo que no se había dado cuenta era que protegerlo estaba en la cima de la suya.
Justo como lo había hecho la primera vez que hicieron el amor, Relena se retiró del calor de su cama mientras él dormía y regresó a casa.
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Milliardo se paseaba de un lado a otro por la gruesa alfombra oriental que se extendía bajo la cama de cuatro postes que compartía con Lucrezia. Estaba recogida entre sus sábanas borgoña, una mano sostenía su cabeza, la otra cubría su plano vientre. "Qué vas a hacer?" preguntó ella gentil.
Él sacudió su cabeza. "Realmente no tengo opción. El idiota conoce a mucha gente. Y esas personas son quienes mantienen la compañía con una seguridad financiera. Si quiere… y creo que sí… Chevalier podría destruir a Heero Yuy. Y si él baila para nosotros, también nos hundiríamos."
"Qué si lo metes en otra compañía?"
"Sería la misma historia. Y tomaría mover muchos hilos para meterlo en otra compañía, teniendo un expediente criminal contra Jean-Paul Chevalier." Milliardo se detuvo en seco. "El chico merece llegar a la compañía, Lu. Pero no puedo correr el riesgo de ponerla en peligro sólo por él. Está mal?"
Ella lamió su labio inferior, pensando. "Siempre tienes en el corazón el mejor interés para la compañía, amor. Pero en este caso… creo que debes echar la precaución al viento. Heero merece esto. Ha trabajado tan duro por tanto tiempo para lograrlo. No creo que algo así… así de trivial deba terminar con todo."
"Si tan sólo pudiera averiguar por qué fue todo!" Su quijada se apretó. "Yuy no dirá nada. Relena no dirá nada. Chevalier estaba muy ocupado llamando a la Embajada Francesa. Todo lo que sé es que algo realmente grande está pasando y si nadie habla de eso, perderé a un futuro galán para mi compañía y él perderá toda su carrera antes de haber comenzado."
Ella bajó su cabeza a la almohada que llevaba el maravilloso aroma de la colonia de su prometido. "Si está destinado, todo se resolverá."
Milliardo suspiró. "Deseo poder dejarlo así, Lu, pero obviamente es demasiado grande para hacerlo. Tengo que llegar al fondo de todo. Tengo que…"
"Milliardo!" Lucrezia gritó su nombre, su voz fuerte con repentino dolor y miedo. La mano que simplemente había descansado en su vientre ahora lo sujetaba. "Algo está mal. El bebé…" Trató de sentarse, pero el fuerte dolor la hizo caer bajo las cobijas. "Duele."
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Relena se dejó entrar en el apartamento con movimientos lentos y deliberados. Insertó la llave, giró la cerradura, abrió la puerta. Movimientos simples, conducidos por su solemne humor. No estaba ahí para dormir, o bañarse o incluso tomar unas cosas antes de regresar a la cama de su novio. Estaba ahí por un propósito y sólo un propósito.
Afortunadamente, el propósito estaba sentado en la sala, mirando al fuego que parecía fuera de lugar en medio de la primavera, tomando una copa de vino y esperando por ella.
"Dónde has estado, ma cher?"
Relena entró en la sala y depositó su bolsa en la silla victoriana. Su espalda estaba erguida, su mentón nivelado mientras respondía en francés sin responder del todo. "Qué quieres de mí?"
Jean-Paul se levantó y se giró para encararla. El sofá más grande estaba entre ellos como un pequeño muro, pero Relena no sintió protección de él. La estudió por un momento antes de mirar su copa a medio llenar. "El mejor vino en el mundo no puede saber mejor que tus labios." Con un fluido movimiento, tiró su bebida en la chimenea, creando una fuente de calor y luz. "Y se los das a otro."
"Ellos nunca han sido para ti." Relena mordió el interior de su mejilla para contener sus lágrimas de temor. Estaba verdadera y completamente loco. "Y nunca lo serán." Jean-Paul hizo un movimiento hacia ella, pero levantó una mano. "Te acercas más, y gritaré por mi hermano."
"Hazlo hasta que te duela la garganta, cher." El francés sonrió malvadamente. "No está aquí."
Frío temor se acumuló en su corazón, llenándolo con pánico ciego. "Dónde está?" demandó Relena. Dónde estaba su única salvación?
Jean-Paul hizo a un lado la pregunta tan elegantemente como pasó el sofá entre ellos. "El que me golpeó, sí? Él es el hombre que prefieres a mí?" Resopló. "Escasamente un hombre. Sólo un muchacho. Un joven con un temperamento muy caliente." Alcanzando, sus dedos rozaron su mejilla de piedra. "Me ocuparé de él."
"Déjalo en paz," dijo Relena, apenas capaz de mantener su voz estable. "Te estoy pidiendo… retirar los cargos contra él."
"Por qué lo haría, ma cher?"
"Porque te lo pedí?" Sus ojos se desviaron hacia la derecha, hacia el resto de la casa. "Dónde está Milliardo?"
"Si fuera a dejar libre al chico…" Jean-Paul dejó que su perversa mirada bajara por su esbelto cuerpo. "… vendrías a mí con los brazos abiertos?"
Relena tragó. "No estoy segura de enten…"
"No juegues, cherie," espetó él. Rápidamente, recuperó la compostura. "Olvidaré todo sobre mi pobre rostro que tu Heero lastimó, si me dejas tenerte. Toda."
Largos minutos de silencio pasaron, pero en su mente, un recuerdo sobresalió. La imagen de Heero en su primer día en la clase de ballet. Tan enfocado… frío… distante. Tan diferente al Heero cuyos brazos apenas había dejado. Los muchos lados de él… los protegería todos sin importar qué. Finalmente, Relena hizo su elección.
"Hecho."
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Continuará…
