-Iván... ¡Iván! -tocando su frente-: ¡IVÁN BRAGINSKI! ¡ESTÁS ARDIENDO!
-Ka-Katyusha... no es necesario que te preocupes tanto...
-¡Idiota!
-He-hermana...
-¡No seas tan masoquista!... ¿No comprendes que no servirá de nada que tú sufras por algo que ya pasó?... ¡Tu sufrimiento no te devolverá nada! sólo te llevará a más sufrimiento...
-Katyusha... -con lágrimas en los ojos-: Yo no sabría que hacer si no estuvieras a mi lado...
-Por lo mismo... -tomándole las manos-: No me dejes sola... ¡Quédate conmigo por favor!
-Ver como todo se desploma a tu alrededor, te destruye interiormente, pero ver como alguien puede lograr que todo aquello que te hizo sufrir te haga sonreír nuevamente... es hermoso... ¡No lo hubiera hecho sin ti, Kat!
-Iván... -poniendo un paño en su frente-: no hables más, trata de descansar, yo bajaré...
-No... -agarrándola del brazo-: no me dejes...
-Iván... -se sienta en la cama-: nunca lo haría... -sonríe.
-Katyusha... -tos, tos-: lo siento... yo no quiero preocuparte, pero...
-Iván... nos criamos juntos, te cuidé desde pequeño, te extrañaba cuando te ibas a tus viajes largos, te recibía cuando llegabas, te daba la comida, te cuidaba cuando te enfermabas y cuando eras más pequeño, hasta te bañaba... Te conozco demasiado bien... como a mi misma... -sonríe.
-Kat... -le toma las manos-: Te conozco tanto como tu me conoces a mi... Aunque... ¿Cuándo me bañaste? -nervioso.
-Cuando eras un pequeño... je je... -sonrojada.
-Dios mío... -sonrojado-: está bien... Pero no era eso lo que quería decir...
-Prosigue... je je...
-Bueno... me conoces tan bien, como yo a ti... Así tal cual como eres, me encantas, te amo y, no sabría que hacer si no estás conmigo... tanto así, que yo moriría sin ti...
-Dios mío, Iván... no digas eso... -se aflige.
-Kat... -la coloca sobre él y la abraza fuerte-: Nunca te dejaré... ¡NUNCA!
-Iván... -se aferra al albino-: Yo nunca te dejaré, no podría dejar...
-A la persona que amo... -dijeron los dos a coro.
Cuando Iván se durmió profundamente, Katyusha fue por más agua, preparó un remedio y subió, el albino dormía algo inquieto, pero cuando las manos de la ucraniana se acercaron a él, fue una tranquilidad grande la que lo invadió. Cuando ya era de noche, la ucraniana llevó todo lo necesario al cuarto, se acostó al lado del albino y no lo dejó de cuidar en toda la noche, durmiendo a ratos y sin dejar de estar con él. Katyusha estaba asustada, porque la fiebre, disminuía muy poco, y no pasaba, la ojiazul decidió usar su última táctica: Pedazos de papa...
El albino dormía, pero de pronto sintió algo frío en su cuerpo y que le causaba algo extraño que no había sentido nunca... esto era, cosquillas...
-Ay... ¡Katyusha! ¿qué es eso eh? -pequeñas risas.
-Papa... en trozos, he escuchado que sirve para la fiebre...
-Pero, Kat... -se sigue riendo-: ¡Es incomodo lo que estoy sintiendo!
-¿Cosquillas?... nunca se me había ocurrido en que tenías cosquillas... -mirada maliciosa.
-¿Por qué pones esa cara eh? -asustado (que raro, pero si...).
-No, por nada amor... -se ríe-: ya, ya... -sigue poniendo trozos de papa en el cuerpo de Iván.
-Ay... ¡Kat! -sigue riendo-: ¡Espero que sirva al menos!
-Creo que lo hará... logró que te rieras...
-Quien logra eso, no es una simple papa...
-¿Eh?
-Eres tú... -sonríe sonrojado.
La fiebre de Iván no paraba, cada día estaba mas palido, Katyusha sabía que algo no estaba muy bien, entonces, quiso llamar a un médico:
-Hay algo que no me entra en la cabeza ¡Pero tengo que hacer que él esté bien! -decía la ucraniana marcando el teléfono.
Cuando por fin llegó el médico, le abrió la bielorrusa, con una cara de preocupación muy grande, a su lado Toris, con una cara de igual magnitud. Edwar y Raivis estaban en el cuarto muy preocupados, todos pendientes del albino.
-Y, señor médico... ¿qué es lo que tiene mi her... esposo?
-Señorita Katyusha... Iván puede mejorarse, pero necesitará que le donen un poco de sangre... Parece que ha perdido mucha a lo largo de su vida...
Recuerdo súbito de la ucraniana:
El albino con alrededor de 15 años, se auto-flagelaba con una navaja, llega la ucraniana y se la quita de frentón:
-¡Miles de veces Braginski! ... ¡Miles de veces!
-¡Hermana!, ¡Lo siento! -con lágrimas en los ojos-: pero es que yo...
-Iván... mi amor... -curando su herida-: Cuantas veces te lo tengo que decir... No servirá de nada tu dolor... Todo lo que ocurrió no es culpa tuya...
-Hermana...
Fin del recuerdo.
-Creo saber perfectamente a que se debe...
-¿Hay alguien que sea su tipo de sangre?
Todos se miraron entre sí y miraron a la ucraniana.
-Yo soy el tipo de Iván... -dijo Kat con los ojos brillantes.
-¿Accede a hacerle la transfusión, señorita Braginskaya?
La ucraniana recordó otro momento de la infancia de ambos, cuando él se lastimó una vez la rodilla y ella lo tuvo que curar:
-¡Hermana! -lloraba el albino, con unos 7 años de edad-: ¡Lo siento mucho!
"Lo siento", la ucraniana vez que escuchaba eso de la boca de su hermano olvidaba la rabia que le podía causar que Iván fuera tan descuidado consigo mismo, esa frase, tan inocente y tierna, causaba que toda la bondad de la ucraniana floreciera de pronto:
-Hermanito... debes tener más cuidado -toma un pedazo de su ropa y empieza a curar su herida.
-Hermanita... tu siempre me cuidas... ¿por qué?
-¿Aún lo preguntas?... pues... soy mayor... y... -nerviosa-: te quiero mucho...
-Yo te amo hermanita... ¡TE AMO!
-Ay Braginski... -sonrojada-: ya vamos a casa, que se está poniendo muy helado...
Fin del recuerdo.
-Quíteme la sangre que sea necesaria...
-¡Katyusha! -gritó la bielorrusa angustiada-: ¡No seas tan arriesgada!
-No es ser arriesgada... yo me juré siempre cuidar del bienestar de Iván... y no romperé ese juramento...
-Está bien señorita Katyusha... ahora, vamos al hospital por favor...
-Vamos...
El médico se fue en la ambulancia con Katyusha e Iván, quien no estaba conforme con la decisión de la ucraniana y le dio su punto de vista de camino al hospital:
-No es necesario... ¡No lo es!
-No te agites... ¡necesitas descansar!
-P-pero... Katyusha... no tienes que hacer esto, si no me das la sangre, me recuperaré de otra forma... ¿no crees?
-Ni hablar... no importa lo que tenga que hacer... ¡No quiero perderte por ningún motivo! -caen lágrimas de sus ojos.
-Kat... -le toma la mano-: tú nunca me vas a perder... ni yo a ti, pero yo no quiero verte mal...
-Si no te recuperas... me verás muy mal... Lo haré y no se diga más del asunto...
-Está bien... -sonríe-: Te amo...
-Aún recuerdo la primera vez que me dijiste eso...
-¿Cuando me caí a los siete años?
-Exacto...
-Je je... lo dije en serio... siempre te he amado y siempre lo haré...
La ucraniana besó el rostro del ruso. Luego de un rato, ambos estaban en pabellón, se tomaron de las manos y les pusieron anestesia, antes de quedar completamente dormidos, ambos dijeron, como una sola voz:
-Pase lo que pase... ¡Yo me quedo contigo! -se agarran fuerte la mano.
Después de unas horas la ucraniana despertó, cuando miró al lado, estaba el albino con un poco más de color en su rostro, se miró, estaba en parte intacta, el doctor pasó afuera de la sala y esta le habló:
-¿Él está bien?
-La sangre es totalmente compatible... además... no fue mucho lo que tuvimos que sacar, parece que la sangre Braginski es fuerte... porque ambos quedaron con una cantidad ideal... -sonríe el médico.
-¿Seguro? ¡LO DICE EN SERIO! -se emociona.
-Claro, claro, claro que sí señorita Braginskaya...
-¡Genial! ¡Estupendo! -se alegra mucho y comienza a llorar.
-Hermana... -susurró el ruso mientras abría los ojos-: ¿estás bien?
-Sí, corazón... estoy bien y tú también lo estás...
-¿Estoy sano? -sorprendido.
-Muy sano señor Braginski... -dice el médico.
-Estupendo... no perderé a mi amada Kat... estaré con ella para siempre...
-Lo ideal, señor Braginski...
