Este capítulo se dedica exclusivamente a Theodore Nott, si no deseas leerlo puedes ir directamente hasta el asterisco, leer las líneas de Pansy y pasar al capítulo siguiente.
Aquel día el sol luchaba contra las nubes.
Baja del carruaje y pisa el césped húmedo, sus zapatos impecables se llenan de fango. Se acomoda el sobre todo y mira el cielo, tiene demasiado tiempo sin ver sol. Hace frío. Respira profundo y exhala con un sonoro suspiro, no siente el palpitar de su corazón. Se pasea una mano por el cabello. Un mozo que cojea, sale de una reluciente residencia que parece cubierta por un enredadera que amenaza con tragársela.
— Bienvenido, amo Nott —dice aquel y hace una reverencia. El chico responde asintiendo con una media sonrisa que se borra de inmediato. El mozo se dirige al carruaje y apunta al equipaje con su varita, los maletines en el carro flotan y lo siguen por una puerta de servicio a la casa.
Él permanece de pie, hasta que una mujer de cabellos canos y un mechón castaño oscuro se acerca. Tiene un peinado recogido y algunos cabellos se desbordan por su frente, su rostro es hermoso, aunque severo; tiene la barbilla partida y los ojos almendrados, Trae puestos aretes de rábano. El chico aspira profundo… No quiere pensar en Luna.
Theodore junta los talones y hace una reverencia— Madame —dice al inclinarse.
Ella sonríe— Los Nott, siempre tan formales —extiende los brazos y lo rodea— ¡Dale un abrazo a tu abuela!
Las manos del chico se quedan en el aire, aquella mujer lo suelta, lo mira a los ojos y le sostiene el rostro con ambas manos— Tienes los ojos de tu abuelo —sonríe y suspira— Que en paz descanse. Ven, vamos adentro.
Algunos elfos con ropas caminan por la casa, adentro está tan lleno de plantas y criaturas que revolotean como afuera, por algún motivo todo aquello solo reaviva con fuerza el recuerdo de Luna, es un lugar que está hecho para ella.
— No creí que tendrían Elfos domésticos...
Su abuela se detiene y lo mira aún sonriendo— No son "domésticos", querido… Son amigos.
Llegan a unas escaleras que parecen estar hechas de un árbol que aun está vivo, como parte del encanto natural de aquella residencia, lo conducen hasta un tercer piso en el que las paredes son de cristal y puede ver perfectamente el horizonte, el atardecer, cada ángulo de la casa y los jardines, tiene césped en lugar de suelo y hay una sola puerta que conduce a la que será su habitación.
— Nunca estuvimos acostumbrados a los invitados, así que condicioné el viejo estudio de tu abuelo para que te quedes… Muchas de sus cosas siguen ahí, pero nada peligroso —dice mientras da vueltas a la puerta con una vieja llave, algunos engranes que parecen parte de la moldura se mueven y esta se abre hacia un lado, no hacia adentro como lo haría una puerta normal.
El rostro de Theo refleja incredulidad ¿Cómo es posible que haya estado emparentado con gente así y nunca lo supo?
— Veo que te sorprende… —dice en medio de una carcajada— Bueno, a tu madre tampoco le gustó mucho nuestra forma de vida… Supongo que por eso se caso con alguien como Nott ¿cierto? —Le acaricia el rostro—. Descansa querido, serviremos la cena en una hora. Tu equipaje ya está acomodado. Si necesitas algo llama a Fergus, es el mayordomo y conoce esta casa mejor que nadie.
— Lo agradezco, madame —responde Theo mirando el suelo.
Ella suspira con resignación y sale. La puerta se cierra, aunque aquellos engranajes ya no se mueven. Las paredes de los costados de aquella habitación son de cristal, en el resto hay repisas repletas de libros y objetos. A su lado hay una maceta pequeña con lo que parece un brote de césped que se agita de un lado a otro, se sienta al borde de la cama. Todo parece estar hecho con árboles vivos. Traga saliva y se lleva las manos al rostro, todo su cuerpo como un adicto tiene la necesidad de tocar a Luna, escucharla, verla. Tensa la mandíbula, lo enferma desearla así.
Se recuesta...
— ¿Qué ocurre mi cielo? A penas tocaste el pudín de bienvenida que te prepare
Niega con la cabeza, sus ojos están hinchados y rojos, aún contiene las lágrimas. Aquel hombre de cabello largo y despeinado que viste con una túnica violeta se acerca a ella y la toma entre sus brazos. La chica llora.
— Luna —dice— ¿Qué ha pasado? ¿Que tienes?
Ella levanta su rostro para verlo y se abraza a él con fuerza, llora. Por alguna manera él sonríe con dulzura.
La varita de la chica descansa sobre la mesita de noche a su lado, Xenophiilius se la entrega— Muéstrame.
La rubia se seca el rostro con el dorso de la mano, suspira con dificultad— Expecto patronum.
Al principio surge un hilo de luz débil, sin embargo pronto se transforma en una bella grulla con las alas abiertas que la rodea con gracia.
El Señor Lovegood se frota la barbilla y observa mientras el ave se esfuma— Ya veo… —vuelve a abrazarla— A todos nos pasa, mi cielo.
— Lo amo…
Lo amo.
Lo amo.
Su voz retumba en su cabeza, un destello le cruza por los ojos aún cerrados y se incorpora de golpe. Ya no hay luz afuera. El recuerdo de aquello parecido a un sueño está fresco en su cabeza. Se frota la frente y gruñe mientras golpea el colchón… Observa que la planta pequeña a su lado se sacude, como si temblara y hace un sonido casi imperceptible…
— Ya empecé a volverme loco —se dice. Sin embargo escucha aquella cosa de nuevo. La toma con ambas manos y la observa de cerca… Ahí, casi imperceptibles, puede ver dos puntos negros que… ¿Parpadean?
Fergus se asoma tímidamente deslizando la puerta— La cena está servida, amo.
Theodore se levanta— Gracias —antes de que el mozo vuelva a cerrar la puerta, lo detiene con aquella planta en la mano— ¿Qué es esto?
— No estoy familiarizado con los nombres de todo lo que habita aquí, amo… Pero Madame Porpentina seguramente le encantará responderle —sonríe y lo toma del brazo—, venga conmigo.
Se deja guiar. Ahora parece que cada criatura y planta que vive en aquel lugar duerme. En el primer piso, una de las habitaciones al fondo es un hermoso comedor, alumbrado con hadas en lugar de antorchas o velas, los muebles sigue el mismo prototipo de toda la casa. Toca el borde de la silla con la mano libre.
— ¿Es maravilloso verdad? —su abuela entra en el comedor, trae un lechón horneado flotando mientras ella lo dirige con su varita hasta la mesa— Todo lo que vez está hecho con un árbol que aún vive… Nosotros pedimos y él nos regala. Es como un trato —Se sienta a la cabeza de la mesa.
El slytherin deja la extraña planta de su habitación sobre la mesa.
— ¡Oh, veo que ya hiciste un amigo!
Mira a aquella mujer ataviada en un largo vestido de terciopelo azul y el cabello suelto con un gesto de extrañeza— Lo encontré en mi habitación, Madame.
— ¡Por Merlín, Theodore! ¿Por qué no me llamas abuela? ¿O Nani? —se coloca una servilleta en las rodillas.
— Falta de costumbre… Supongo —sus mejillas enrojecen.
— ¿Que tal, Tina? —propone ella,él sonríe— ¿Te gusta? ¡Abuela Tina!
Él asiente.
— Espero que te guste el lechón querido —dos cuchillos empiezan a cortar la carne, que flota hasta los platos—. El pobre animal murió y sólo comemos la carne de aquellos que entregan su cuerpo por voluntad. A tu pobre abuelo no le gustaba cazar, como sabrás.
El chico la mira, es insoportable ver a alguien que le recuerda tanto a Luna— No sé mucho de ustedes.
Tina corta su carne— Evidentemente, seguramente tu padre nunca te dio nuestras postales, cartas, mucho menos los libros que te enviamos —suspira y sonríe— No me sorprende.
— Encontré las postales, por eso vine —da un sorbo al extraño jugo verde— ¿Qué es esto?
— Es un filtro. Está hecho con menta y otras hierbas… ¿No te agrada?
Theodore ríe— Es… Extraño —suspira— Me hace sentir...
— ¿Alegre? —el chico asiente. Tina continúa— Es un bálsamo digestivo, lo invento tu abuelo, siempre odió las discusiones en la mesa. El bálsamo las evita… Pero supongo que después de tomarlo durante años, el efecto es más suave para mi. Además no tengo nadie con quien discutir.
— Tina… Yo he venido porque...
— Necesitas ocultarte y cambiar tu nombre. Lo sé.
El slytherin guarda silencio, deja los cubiertos en la mesa y la mira. Antes de poder hablar de nuevo, Fergus irrumpe en el comedor, está pálido y agitado.
— ¡Madame, Madame! ¡Pronto! ¡Muere!
Tina se levanta hondeando su vestido y corre tras él, Theodore toma su pequeña planta y la sigue. Salen al jardín trasero, es algo parecido a una jungla, un riachuelo cruza justo a su lado, al fondo hay lo que parece una casa de cristal.
— Con cuidado, cariño. Algunas plantas son muy traicioneras.
Entran en el cobertizo de cristal, por dentro está tan claro como si fuera pleno día, mira en todas direcciones, el mozo se dirige hasta lo que parece que fue un árbol y ahora sólo es una rama pálida.
— ¡Que desastre! —el grito es ensordecedor, está furiosa— ¡¿Qué pasó aquí, Fergus?!
Fergus se encoge— Un lazo del diablo, entró. Como la luz no es real no le hizo daño —sollozó— Cuando lo vimos ya era demasiado tarde, los elfos lo ahuyentaron y fueron a buscar la raíz pero...
— Pobrecito… —susurra Tina, mira a Theodore— Es un Prunus Dulcis —acaricia las tristes ramas que mueren—. Tarda ciento cincuenta años en madurar, este tiene setenta años.
El chico deja la maceta que carga en el suelo y se acerca— ¿Que hace?
— La semilla que produce cambia el estado del ánimo… Si comes una, todo lo que hagas saldrá bien por un periodo de tiempo —susurra.
Abre los ojos con fascinación— Nunca había visto uno… Es como un felix felicis
— Algo así… Pero los han cortado por años, por sus raíces, su madera también es especial. Trae buen humor a las casas… Creemos que este es uno de los pocos que quedan y ha sido el tesoro más grande de la familia...
Ve alrededor, como buscando algo. Se acerca a una planta de color morado que se asemeja a tentáculos y se mueve, arranca uno y dice "disculpa", luego toma una hoja de algo parecido a una sabila, la corta con una cuchilla y vuelve a disculparse.
— ¿Dónde puedo mezclar esto?
Fergus le entrega un mortero de piedra. vacía los ingredientes y empieza a mezclarlos, conjura un poco de agua. La mezcla se vuelve espumosa y azul, sonríe. Su abuela no dice nada, asiente y lo deja acercarse al árbol. Toma un poco de aquel brebaje espumoso con los dedos y los pasea por la planta, vierte el resto en la tierra alrededor de esta.
Observan.
Un luminoso destello dorado parece emerger de adentro del tronco y este va cerrando las heridas en el mismo. El color vuelve lentamente y brotes de hojas se hacen notar. Tina lagrimea y tapa su boca con ambas manos, no puede evitar reír. Abraza al muchacho.
— ¡Tienes un don maravilloso! —dice cuando el árbol está repuesto y mucho más grande de lo que ha crecido en tantas décadas.
Él también sonríe— Soy bueno en pociones, es todo.
— Pues yo creo que serías un maravilloso naturalista, como nosotros —limpia sus lágrimas— Vamos a terminar la cena.
Caminan de vuelta a la casa, Theo entrega el mortero y agradece, recoge su planta del suelo. Es extraño, ha salvado algo. Rumbo al comedor la boca se le seca.
— Si sabes que sólo vengo por tu apellido… ¿Por qué me recibiste? —pregunta el chico antes de sentarse a la mesa.
— Porque es el apellido de tu madre. Lo mereces tanto como cualquiera de nosotros —suspira de nuevo—. Has demostrado ser un heredero, no puedo negarle a nadie, algo que le pertenece.
Sonríe, observa que su plato ya no está y mira en todas direcciones— ¿Recogieron mi…?
— No, querido —lo interrumpe Tina, mientras el chico sorbe el brebaje—, son los Nargles...
Tose con fuerza, se golpea en el pecho y se obliga a beber más. El rubor más marcado que nunca se apodera de su rostro.
— ¿Estás bien?
Intenta respirar— Sí… Los ¿Q-qué?
— Los Nargles, cariño. No te preocupes, te traerán otro plato enseguida.
— Abuela… ¿Q-q-qué son los n-nargles?
Tina señala la maceta que Theo tiene a un lado suyo, lo que creyó que era una varita de césped larga— Ese pequeño bribón que tienes ahí es uno. Aunque claro, sólo es un bebé…. Pequeñas plantas traviesas, se puede camuflajear con casi cualquier yerba y les encanta hacer travesuras… Claro, cuando son silvestres, los que crecen en casa son mejor portados, como el tuyo.
— El… ¿mío? —Mira a su Nargle.
— Él te ha elegido, hoy es el primer día que abrió los ojos. Si no se queda contigo, se marchitaría.
Theodore vuelve a sorber— No creí que existieran… Los busqué en tantos...
— ¿Libros? —ríe sonoramente— Pocas personas hemos visto alguno. Ellos eligen quien los verá. Tu abuelo y yo creíamos que si no quieren ser descubiertos, tienen derecho a no serlo, preferimos no escribir de ellos —bebe— ¿Te apetece un poco de vino?
Asiente repetidamente— Me hace falta.
Era de madrugada cuando el carruaje de Pansy tocó tierra, se movió hasta una enorme reja negra que le dio pasó y prosiguió hasta la entrada.
La morena abre los ojos aún somnolienta, un elfo abre la puerta sin mirarla. Aquella mansión fría y oscura en total silencio se extiende ante ella. El elfo corre a abrir la puerta de la casa antes de que ella llegue. Entra. Todo está oscuro.
El sol lo despierta, ha dormido sólo con un pantalón largo, gris. A Luna le gustaba que él duerma así, han pasado dos días y aún no puede pensar en otra cosa que no sea su respiración, su risa, el olor de su cabello, sus ojos como agua clara. Cierra los ojos y se pasa una mano por el cabello, le desespera no poder vaciar su mente.
Decide vestirse de negro, como siempre.
En el piso de abajo, en una habitación con paredes de cristal que dan al hermoso Jardín, observa a aquella mujer de ropas extrañas y cabello suelto, está sentada observando un gran pergamino limpio que flota frente a ella. Entra con cautela, procura no hacer ruido
— Adelante, cariño… Pasa —dice ella sin inmutarse.
— No quise interrumpir Madame, abuela —se sonroja y respira profundo.
Ella suspira— Tu abuelo pensaba que la inspiración brotaba de las hojas en blanco —mira a su nieto y sonríe—, pero a mi no me pasa.
El slytherin se sienta a un lado de ella— ¿Lo extrañas?
— Por supuesto, pero creo que… Él siempre fue un espíritu libre —a pesar de que sus ojos se humedecen sigue sonriendo—, esta debe ser la más grande de sus aventuras —le acaricia el rostro al chico—, a veces dejar ir lo que amamos, demuestra cuanto nos importa.
La barbilla de Theo tiembla, intenta endurecer la quijada, se levanta y va hacia una de las ventanas, con las manos en la cintura intenta seguir respirando mientras mira el jardín, no está acostumbrado a ver el sol. Madame Porpentina se levanta, camina hasta donde él está, Theodore no la mira.
— La adversidad es un hermoso regalo —dice Tina, logra que su nieto la observe—. Si ya te concedí nuestro apellido, que desde luego era tuyo por derecho —lo mira— ¿Qué haces aún aquí?
Respira profundo— Quería… Conocerte...
— No te atrevas a mentirle a tu abuela, muchacho —sonríe. Él se sonroja. Le sostiene el rostro con ambas manos para que la mire, haciendo que se encorve ya que es más alto
Thedore mira al suelo— No quería mentirte —al levantar el rostro sus ojos están húmedos y tiene la mirada más severa que su abuela hubiese visto—. Hay una… ella es… —respira profundo— Se llama Luna Lovegood.
— ¿Lovegood? ¿Como Xenophilus?
Asiente— su hija es maravillosa, se convirtió en algo muy importante para mi.
Tina camina a la ventana— ¿Y entonces cuál es el problema, querido?
El slytherin no puede evitar que las lágrimas se deslicen por su rostro— Que estoy enamorado.
Para Popertina todo ocurre como una revelación, se acerca y lo abraza. Theo nunca había permitido que nadie lo abrazara, hasta Luna— ¿Crees que no tienes nada que ofrecerle? ¿Por eso buscas nuestro apellido? —lo toma del rostro con ambas manos— Theo, dejar de ser tú no es la solución.
— Después de dejar de ser Theodore Nott, pensaba ir a América, iba a desaparecer, empezar de nuevo y todo cambió cuando...
— Apareció la chica —sus palabras están cargadas de ternura—. Si necesitas cambiar, hazlo, cielo. Es parte de crecer. Sólo, no lo veas como desaparecer… Me gusta más la palabra Reinventar.
Theo sonríe— ¿Crees que está bien? ¿Dejar de ser lo que soy? ¿Por ella? —se dirige a la ventana y observa el campo verde y abierto que se extiende. Suspira con ambas manos en la cintura— Ella es fuera de lo común —sonríe con ironía—, nunca fui tan criticado en Hogwarts, como el momento en que decidí permanecer a su lado —se vira para encarar a su abuela—. Nada de lo que Luna es, encaja con lo que yo he sido hasta ahora.
— Theo… La vida es muy corta para enamorarse de lo común. Si la amas, búscala. Si te ama, te estará esperando.
