Aunque parezca mentira sigo viva. Y deseando más que nunca continuar con la historia, aunque entendería que me bombardeases y amenazaseis… Me lo tengo bien merecido. Pero ahora eso no importa. Aquí va la retrasadísima actualización del fic. Que la disfrutéis.
Recuerden:
Párrafos en cursiva: pensamientos de Kiki.
Las barras: cambio de escena
Ni los personajes ni la historia de Saint Seiya me pertenecen, son de Kurumada- Sensei
Truco y trato
Se dice que rompen el suelo, sus puños desgarran el sol, sus piernas parten la tierra y el cosmos en dos… Son guerreros, guardianes y protectores del Santuario. Darían gustosamente su vida por la de Atenea. Se dice que están acostumbrados al sufrimiento y al dolor, pero, ¿cuan cierto es eso?.
¿ Acaso debajo de esas formidables armaduras no late un corazón humano?, ¿ acaso sus pulmones no se llenan del mismo oxigeno?, ¿sus venas no son recorridas por sangre tan roja como la de cualquier otra persona?…
Guerrero, guardián, protector… , humano, mortal, racional.
Eso es un Caballero de Atenea, eso es ser un protector de la paz… pero, ¿ quien los protege a ellos, quien su corazón?…
Guerrero, guardián, protector… Humano, mortal, sentimental… racional… no siempre…
¿Pero, quien puede culparlos por ser tan "humanos"?…
Yo desde luego no.
Apoyado contra una colosal estatua de piedra monolítica, Mu de Aries esperaba pacientemente a que su compañero descendiese la colina en la que habían aparecido, después de que el lemuriano los teletrasportase a la Isla de Pascua quince minutos antes, o al menos esa era la impresión que deseaba dar a todo aquel que estuviese observándolo. En realidad el joven carnero se encontraba sumergido en un difícil dilema, pues no sabía si incinerar, descuartizar o pulverizar a unos cuantos miembros del Santuario, empezando por su propio alumno cabe añadir, puesto que para ser sincero, le atraía bastante cualquiera de las tres opciones, e incluso, estaba por apostar, que era capaz de poner de moda alguna de las torturas medievales que había estudiado siendo niño.
- Espero que ese ceño fruncido no se deba a mi retraso. Recuerda que ya estoy mayor y no me muevo a la misma velocidad que vosotros los jóvenes, Mu.- Dohko descendía con ligereza el último tramo del sendero natural que recorría la colina, desmintiendo de esa forma la afirmación que él mismo acababa de hacer. Llevaba cargada al hombro su pesada Caja de Pandora, la que guardaba en su interior aquella magnífica armadura de oro, la misma que portaba desde hacía más de doscientos años. Su sombrero de paja cubría su rostro, pero el tono de su voz fue indicativo suficiente para el lemuriano de que se encontraba de un excelente buen humor.
¡ Pero claro, es que él tenía un alumno que confiaba en él!
- Bueno maestro, tal vez si dejase de espiar entre los arbustos, se encontraría menos cansado para moverse a más velocidad.- Replicó socarrón Mu.
- ¿ Y perderme esos magníficos espectáculos con los que a veces nos alegras el día?.-
- Supongo que no hace falta decir que era usted el que se ocultaba entre los matorrales ¿ verdad?.- El rejuvenecido santo se limitó a encogerse de hombros y seguir caminando. No estaba muy seguro de que iban a encontrar, pero esperaba que la lectura astral de Shion fuese correcta y pudiesen hallar… bueno aquello que tuviesen que hallar, si es que había algo.
Según los antiguos escritos del Santuario, la tierra perdida de Lemuria se había extendido por gran parte del Océano Índico y el Océano Pacífico, lo que significaba que muy probablemente, las Islas Polinesias fuesen parte del desaparecido continente… o, con suerte, alguna de ellas, de hecho, la Isla de la Reina Muerte, se contaba como parte del antiguo reino de Lemuria, y si Shion llevaba razón en su suposición, tal vez los lemurianos exiliados se refugiasen en alguna de esas islas para proteger la litografía, algo que de ser así, tal vez inclinase la balanza hacia Atenea y su Santuario…
Quizás…
- Dime Mu, ¿ te suena algo de todo esto?.- La expresión que se reflejó en el rostro del ariano, no pasó desapercibida para Dohko.- Lo que quiero decir es que si recuerdas a ver pasado por aquí cuando encontrarte a Kiki. Según tu mismo dijiste, lo hallaste cerca de aquí, ¿ no es así?.-
- Creo que la isla donde lo encontré está a unos pocos kilómetros de aquí, relativamente cerca de la Isla de la Reina Muerte, de hecho, creo que debe andar muy cerca, pues recuerdo que en una de las ocasiones que me paré a inspeccionar la zona, pude ver en la distancia varios moáis (1).-
- Eso es una buena noticia. No podemos estar muy lejos ya.- Mu dejó escapar un lento suspiro. No entendía porqué, pero estaba convencido de que no le iba a gustar lo que fuesen a descubrir allí. La extraña presión en el pecho que lo había estado persiguiendo desde que pusiese los pies en la isla, se estaba acentuando con cada paso que daba, comenzando a creer que explotaría de un momento a otro si seguía avanzando. Algo que en otro momento hubiese considerado completamente ridículo, pero que, en aquellas circunstancias, con tantos enigmas rodeando a su pequeño discípulo, no estaba seguro de que no fuese a ser veraz.
- Maestro Dohko… ¿ qué cree usted que vamos a descubrir?… Yo… me siento tan turbado… Todo esto se me escapa de las manos. Atenea, Hera, esta ridícula guerra, esos idiotas del Santuario… Kiki… No se cual debe ser mi siguiente movimiento… Temo que haga lo que haga, Kiki está condenado… ¡ Y no soporto esa sensación!. Algo que resulta aún más absurdo, pues él no tiene nada que ver con esto ¡ nada!… Al menos eso es lo que me repito una y otra vez para convencerme a mi mismo de ello, pero… en cambio, no dejo de recordar como fue capaz Kiki de descifrar aquel maldito texto. Un texto escrito en una lengua harta olvidada que ni el maestro, con todos sus bastos conocimientos, pudo comprender… Noto como una fina red se está entretejiendo a su alrededor. Noto que antes de acabar esta guerra él sufrirá un gran dolor, y yo no podré hacer nada para evitarlo…- Sus últimas palabras fueron dichas con tanta vehemencia que un grupo de conejos salieron espantados por la llanura.
Dohko se había parado en seco para observar mejor a su joven compañero. Mu siempre había sido un muchacho sensato, seguro de si mismo y tranquilo, cualidades por las que se había ganado rápidamente la confianza de Dohko. Jamás había demostrado debilidad o congoja, y el verlo en ese estado tan alterado, perturbó por completo al rejuvenecido santo, pues aunque siempre se olvidaba de ellos, aquellos jóvenes que se hacían llamar Santos de Oro, seguían siendo apenas unos muchachos que a veces perdían el rumbo de sus vidas, y necesitaban de la voz de la experiencia para encauzar sus pasos a buen puerto.
Era obvio que el chico necesitaba hablar de sus inquietudes con alguien. Soltar todo lo que llevaba dentro para poder focalizar el centro de sus problemas y seguir adelante… Necesitaba desahogarse.
Desde que ese muchacho había resucitado, se había encontrado con un sinfín de problemas que estaban empezando hacer mella en su estado anímico… Y lo que más le afectaba era todo lo relacionado con su joven discípulo, algo que se debía probablemente a ese amor paterno-filial que había crecido entre ellos durante todos aquellos años de entrenamiento en Jamir.
Un vínculo difícil de evitar entre un maestro y su alumno, o al menos entre un maestro y un alumno del Santuario Ateniense, claro.
Además, el pelirrojo se había convertido un discípulo que parecía haberle cogido cierto gusto al protagonismo, ciertamente.
- No estoy seguro de lo que podría ser, Mu, pero creo que será importante no solo para el Santuario, sino también para ti y Kiki, que lo descubramos… Tal vez tengas razón y no tenga nada que ver con el muchacho. Tal vez el que tú lo hallases aquí, que parezca hablar una lengua harta olvidada, sean solo meras casualidades… Aunque, debes admitir que son muchas casualidades.- Dohko tomó aire después de una breve pausa y continuó.- Y como he aprendido por experiencia propia, las casualidades no se dan juntas Mu.- Por la mueca que hizo su compañero, pudo comprender que él joven compartía su opinión, y era obvio que no le agradada tal hecho.
No podía culparlo por ello…
- O tal vez sea solo que me he vuelto muy quisquilloso con la edad y todo me parece más de lo que es en realidad.- Añadió a la carrera tratando de aliviar la tensión, aunque ninguno de los dos creyó en sus palabras…
Algo sumamente trascendente se había puesto en marcha, y los dos sabían que para bien o para mal Kiki tenía un papel importante que jugar en todo aquello…
La cuestión era, si estaría él dispuesto a ejercer tal papel…
La llamas estaban a punto de alcanzar su cuerpo, sus pies, ágiles como los de un gato, se movieron deprisa por el maderamen de la desafortunada casa, que caía víctima de las lenguas de fuego que consumían el pueblo entero en su avance. La madera crujía a cada paso del caballero, advirtiendo de que en cualquier momento cedería ante su peso. El pesado travesaño que recorría lo que en otros tiempos hubiese pasado por una cocina, se desplomó con estruendo, bloqueando la salida. Un sonido, parecido a un gruñido, salió de los labios del santo. Se acomodó de nuevo aquel pesado "saco inconsciente" que cargaba al hombro, y refunfuñó frustrado.
Era injusto que él tuviese que contenerse de tener una fantástica pelea por proteger a la pequeña bruja que pendía sobre su espalda, mientras ella, sumida en la inconsciencia, permanecía inmune a todo cuanto la rodeaba…
¡ Qué asco ser un santo!
El sonido de unos pasos que se acercaban le sacaron de su ensimismamiento.
Una ráfaga de luz atravesó la pared, logrando que los inestables cimientos de la maltrecha casa comenzaran a derrumbarse. Con un rápido salto logró evitar que el techo les aplastase a él y a su pesada carga, y poniendo cierta distancia entre ellos y su persistente perseguidor.
- ¡ Tch! Si no fuera por ti. Podría hacerle frente apropiadamente.- Le dijo Máscara de reojo a la joven que colgaba con muy poca dignidad sobre su hombro, con lo que sus añiles ojos se posaron en el trasero de la muchacha.- ¡ Hump!… Incluso inconsciente resultas molesta….- Refunfuñó para si.
- Vamos "caballerete". ¿ por qué intentas proteger a esa mujer?. Ella no tiene nada que ver con vosotros. Tan solo es una pieza reemplazable en este juego. Nosotros solo queremos deshacernos de las piezas inútiles que ya no sirven.- Una sonrisa macabra asomaba a su rostro mientras decía aquellas palabras.
- Hmp… hmp… Ja… ja… ¡ Jajajajajaja!.- La risa de Máscara inundó el lugar.- ¡ Jajajaja!… ¿ De verdad pretendes coaccionarme para que te entregue a esta mujer?… Jajajaja… Me parece, niño, que has errado tu objetivo, porque mi conciencia y depravación son peores que la tuya.- Los ojos del santo se estrecharon peligrosamente.- A mi lo que le suceda a esta arpía me importa una ¡ soberana mierda, capullo!… ¡ Jajajajajajajaja!. Si por mi hubiese sido, ya la habría enviado al hades yo mismo hace tiempo, pero por desgracia esa decisión no depende de mi… ¡Tsk, lástima!… por lo visto ella puede tener información importante referente a tu deidad… ¿ Por qué sino, iba Hera a enviar a tres guerreros a eliminar a una pieza inútil y reemplazable?…- La sonrisa de satisfacción del italiano, logró sacar de su casillas al muchacho frente a él.- La próxima vez que quieras jugar con los adultos, asegúrate de conocer bien las reglas, pequeño.-
- ¡ Bastardo!.-
La fría y desconcertante lógica de Máscara, unida a su hiriente humor, flageló el volátil carácter de Zakariel, que se lanzó contra él en un ataque repentino que estuvo a punto de hacerle perder el equilibrio y soltar a la estúpida mujer que llevaba consigo.
- Bueno, creo que al menos este va ha ser un combate interesante…- Comentó mientras con un trozo de tela del vestido de la joven, se la aseguraba a la espalda a modo de fardo…
- Ya estoy listo pequeño, es hora de jugar…- Añadió mientras se lanzaba a la carrera contra el molesto chico. Su intención no era atacarle de frente, eso seria una locura en su estado actual, estando agotado por los combates anteriores y sin haberse recuperado aún de las heridas producidas por los licántropos, además, no podía olvidarse de la estúpida mujer que llevaba a la espalda. No, su intención no era esa, sino la de desestabilizar al chico que le bloqueaba la puerta y salir al exterior, donde tendría más posibilidades de movimientos. Por suerte su treta funcionó y Zakariel se vio obligado a apartarse para no recibir un golpe en pleno pecho ante el sorpresivo ataque.
- Bueno, al menos he conseguido salir de ese maldito horno. El humo me estaba empezando a picar los ojos.- Se dijo así mismo el italiano.
- Tal vez no deberías haber salido, al menos ahí dentro habrías tenido una muerte tranquila, ahora en cambio me obligas a matarte con mis propias manos, y te aseguro que no será una muerte agradable.- El brillo en los ojos del chico le dijo a Máscara que no mentía…
¡ Mejor, así no le podrían acusar de crueldad cuando descuartizase al mocoso!
- Vamos cachorro, te estoy esperando.-
Nubes de polvo y arena envolvían su cuerpo. Una sólida pared de hormigón se derrumbó a sus espaldas cuando algo pesado chocó contra ella. Su hermano Kanon sin duda tendría dolores un par de días después de ese brutal golpe. Por el rabillo de ojo vio como este se levantaba con un movimiento rápido y evitaba un segundo golpe de se adversario, que no le daba tregua ni descanso.
De no ser por el dolor de sus costillas, y por el enemigo frente a él, habría ido a ayudar a su hermano, pero él ya tenía sus propios problemas, unos que además estaba seguro le iban a costar superar en su estado actual, aunque no por ellos iba a rendirse sin luchar, el era Saga de Géminis, y nunca se doblegaba ante la adversidad.
Nunca.
Sus iris se clavaron en los de su oponente, de un luminoso y límpido turquesa, unos ojos en los que no había atisbo de maldad o crueldad, en ellos solo se reflejaba una inmensa y absoluta lealtad. Algo por lo que a nadie se le podía condenar. El era leal a su señora, igual que Saga lo era a Atenea.
En un movimiento moderado, sus pupilas descendieron hacia el cuerpo inconsciente de la pequeña que el guerrero de Hera sostenía con sorprendente cuidado. La pequeña permanecía tendida en sus brazos, con un corte que recorría su frente haciendo que su sangre se derramase sobre el infantil rostro, como una máscara funeraria que cubría sus rasgos con un aspecto fantasmal. Lúcian siguió la dirección de sus ojos hasta el rostro de la pequeña, y este comprendió al instante que lo que en un principio creyó que eran suciedad y cenizas del incendio que arrasaba el pueblo, era en realidad la sangre que se escapaba de ella por las numerosas heridas que había recibido probablemente al intentar huir de la muerte.
En un arrebato protector, arrancó un trazo de tela del ajado vestido de la pequeña, y extendió rápidamente su mano a la herida para limpiarla con cuidado tratando de frenar la hemorragia. Lúcian suspiró aliviado cuando comprobó que en realidad el corte no era profundo, pero como era normal en estos casos, las heridas en la cabeza siempre resultaban muy escandalosas.
- No te preocupes pequeña, todo va ha salir bien.-
- ¿ Estás tratando de aliviar a la niña, o solo tu conciencia por haber aniquilado a su pueblo?.- No era una pregunta hecha con malicia, sino nacida de la propia curiosidad que aquel guerrero despertaba en Saga, pues, parecía inaudito que alguien que había masacrado a un todo un inocente pueblo, mostrase verdadera preocupación por una criatura tan humilde cómo una niña pequeña.
- Que vaya acompañado por aquellos que afirman ser siervos leales a Hera, no significa que apruebe sus métodos. Yo soy un guerrero que se enorgullece de llevar dicho sobrenombre… igual que tú.-
Vaya, un asesino con conciencia de moralidad… Eso si que resultaba interesante.
- ¿Sabes que para algunas personas, y también algunos dioses, tus palabras podrían tomarse como insurrectas?.-
- No trato de aparentar ser algo que no soy, solo trato de hacerte entender, que aunque nos encontremos en bandos distintos, compartimos puntos en común. En una guerra no hay buenos ni malos, solo vencedores y vencidos, y ninguno de los dos está en posesión de afirmar que su "verdad" es la "verdad" definitiva.-
A pesar de que el esfuerzo le destrozaba las costillas, Saga se mantenía firme frente a este singular oponente. Cuando se le presentaba una batalla jamás se planteaba la naturaleza de su adversario. En la única verdad que se centraba era que él era un Santo de Atenea y su contrario una amenaza contra ella. Pero este guerrero era distinto a los demás, mostraba una templanza, dignidad y voluntad, digna de los más bellos relatos épicos a los que un guerrero pudiese aspirar jamás.
De haberse conocido bajo otras circunstancias, Saga estaba convencido de que se habrían llevado bien. Lástima que los eventos que los envolvían se hubiesen desarrollado de tal forma que estuviesen destinados a enfrentarse en un combate singular.
- Dime, Gran Guerrero, a estas alturas ya debes de haberte dado cuento de que mi cuerpo se encuentra en tal lastimero estado que a duras penas me sostengo en pie. ¿ No vas ha aprovechar esta genuina oportunidad?. No creo que vayas a tener otra ocasión como esta.-
- Probablemente tengas razón.- Digo Lúcian con un sonrisa.- No creo que una oportunidad así se me vuelva a presentar, y lo más seguro es que en cuanto regrese al lado de mi señora, me gane una buena reprimenda por no haber acabado con uno de los distinguidos Caballeros de Oro de Atenea , aunque, también te digo esto caballero, si esta situación se repitiese de nuevo, volvería actuar de igual modo, aún ha sabiendas de que mi señora volvería a castigarme.- Saga lo miró entre receloso e intrigado.
- Siempre he dirigido mi vida bajo unas normas muy estrictas de conducta.- Añadió Lúcian al presentir la confusión del santo.- En cualquier sitio, en cualquier situación, sigo siendo un guerrero de honor, que prefiere mil veces morir en combate contra un guerrero de igual valía, a salir victorioso en un combate contra un lisiado. No hay honor alguno en eso.-
En ese mismo momento los sonidos de la batalla que se estaba desarrollando a su alrededor se intensificaron, otro sólido muro de ladrillos se desplomó con estrépito, levantando una intensa polvareda que envolvió a los dos guerreros. Cuando la nube se disipó por fin, Saga pude ver que el que había recibido el golpe esta vez era el guerrero de Hera y no su hermano.
No lejos de allí, Máscara acababa de hacer su reaparición en escena, con aquella mujer a sus espaldas y un sangrante corte que le recorría el brazo izquierdo desde el hombro hasta el codo, y que sin duda le dejarían inutilizado el brazo durante un par de semanas.
- Se acabaron las contemplaciones. Entregadnos a la mujer y la llave, y prometo daros una muerte rápida e indolora. De lo contrario… disfrutaré mucho destruyendo vuestro espíritu combativo… así como desmembrando vuestros cuerpos pieza a pieza, jajajaja.- Los ojos de Zakariel eran dos orbes desenfocados que irradiaban tanta maldad y sed de sangre, que el geminiano tuvo la sensación de estar viendo de nuevo su reflejo en un espejo siendo poseído por Ares.
Desde luego aquella visión no resultaba agradable.
- La vida es una e indivisible; aunque sus formas, sean innumerables y perecederas. En realidad no hay muerte, aunque cada forma deba morir. Del entendimiento de la unidad de la vida nace la compasión, el sentido de identidad con la vida en otras formas. La compasión se describe como "la Ley de las leyes", la armonía eterna, y aquel que rompa esta armonía, sufrirá en consecuencia y retrasará su propia Iluminación.- Una suave y profunda voz llegó a la aldea desde todos los puntos. El inmenso cosmos que la siguió, albergaba todo el área, logrando con su presencia acallar a todos los presentes. Una intensa y luminosa esfera flotante levitó sobre sus cabezas hasta que se posó con suavidad y elegancia en medio de los combatientes. Cuando por fin la luz que envolvía la esfera fue descendiendo, pudieron ver quien había en su interior protegido por un campo de fuerza, permaneciendo impasible en la "Posición del Loto" (2).
Shaka de Virgo acababa de llegar.
El valle que se extendía más allá de su posición, se mantenía en una falsa quietud, siendo acariciado por la brisa fresca que hacía bailar la hierba con suavidad, pero allí, oculto bajo el manto divino de Hefesto, permanecía oculto un pequeño contingente dispuestos a invadir el Santuario Ateniense para secuestras a un niño…
Aunque tal vez pequeño no fuese la palabra apropiada para definir aquello, pensó el guerrero al recordar a la media docena de gigantes ardorosos que se mantenían unos metros más atrás de sus hombres, haciendo estúpidas apuestas acerca de cuantos santos de Atenea iban a matar.
Pobres estúpidos, si solo supiesen que formaban parte de un ardid para atraer a los santos y así dejarles el paso libre a él y a sus hombres… si es que la maldita orden llegaba en algún momento. Aquella espera se estaba haciendo interminable…
¿ Por qué se retrasaba tanto Iris?.
- Deberías calmar tu ánimo joven guerrero. El soldado más fuerte puede ser derribado fácilmente por no saber esperar el momento oportuno para atacar.- Keito se sobresaltó al escuchar tras de sí la dulce voz de una mujer de una belleza marmoleña, de piel suave y tersa, con una espesa melena rubia que caía en delicados rizos por su espalda y vestida tan solo por una vaporosa túnica clara, que sujeta con un delicado broche de bronce en su hombro izquierdo, dejaba al descubierto casi en su totalidad el pecho derecho de la joven diosa. De tras de ella se podían apreciar dos esplendidas alas doradas que nacían de sus espaldas.
- No te he oído llegar Iris.- Dijo el joven tratando de alejar sus pensamientos del terso pezón que se intuía bajo la escasa túnica.
- He sido la diosa mensajera de Hera desde tiempos inmemoriales. Cuando deseo que los mortales me vean, lo hacen, cuando no… les pillo cuestionando mi eficacia como mensajera.- Dijo la hermosa joven con aire de fingida inocencia.
- Hmp… Bueno… He de suponer que si estás aquí es para darnos carta blanca, ¿no?.- La diosa mensajera se limitó a fulminar al humano con la mirada.- Bien, en ese caso que empiece la incursión al Santuario…- Y gritando a todo pulmón añadió:
- ¡ Gigantes al ataque!. ¡ Qué la sangre de nuestros enemigos tiñan de rojo la tierraaaa!.-
Al momento de decir aquello, seis inmensas montañas, que hasta entonces habían permanecido estáticas, se elevaron por encima de todos ellos en un violento movimiento que estremeció los cimientos del mundo. El manto invisible que cubría al ejercito de Hera desapareció, y los soldados resguardados bajo él, iniciaron la invasión a las sagradas tierras de Atenea.
- Tú, por tu parte.- Dijo Iris.- Deberías recordar cual es tu verdadero cometido. Hera perdona los errores, una vez… Harías bien en recordarlo.- Añadió mientras su presencia se difuminaba en un luminoso haz de luz que se alejaba.
Keito maldijo por lo bajo a la entrometida diosa, pero en seguida recordó cuales serían las consecuencias si fracasaba en su misión.
Era mejor no provocar la ira de un dios.
O de una diosa.
Keito se reprendió a si mismo por su actitud. Tenía otros planes en la cabeza que exigían su inmediata atención. Debía encontrar al joven lemuriano pelirrojo.
Todo ocurrió muy deprisa, en un momento había un extenso valle repleto de flores, y al momento siguiente, seis inmensas montañas, grandes como titanes, se alzaban a las puertas del Santuario, destrozándolo todo a su paso.
Soldados y Santos, se preparaban para el inminente ataque, corriendo desesperados para poner a salvo a niños y heridos. Sus pasos se notaban inseguros cuando resignados se encaminaban a lo que consideraban una dura y cruel batalla, pero, de entre todos ellos solo uno permanecía firme, con los brazos cruzados sobre el pecho y una sonrisa en el rostro. Solo uno se dirigía con firmeza al combate. Solo uno no dudaba.
Con la fuerza de un toro y los brazos cruzados Aldebarán de Tauro se encaminaba a la batalla.
Explosiones, explosiones surrealista abarcaban toda la explanada hasta los lindes del Santuario. Gritos, dolor, agonía, sangre de los caballeros caídos. Los inmensos gigantes hacían bien su labor. Arrasaban, machacaban y destrozaban todo lo que se ponía en su camino, árboles, montañas, santos… Con sus fuertes manos desgarraban la tierra, lanzando contra los caballeros de Atenea gigantescos riscos que los aplastaban como gusanos.
Los guerreros de Hera, que los acompañaban, aprovechaban la ocasión para eliminar a los caballeros y soldados heridos por sus ataques.
- Maldita sea, nos están machacando.- Blasfemó un caballero.
- Nuestros golpes no les hacen ni cosquillas.- Añadió otro.
- Hay que impedir que esos soldados atraviesen nuestras líneas. ¡ En posición!.- Los valientes guerreros atenienses se dispusieron una vez más para entablar combate con esa fuerza superior que estaba abriendo brecha en sus defensas.
- ¡¿ Es que entre esta escoria no hay nadie que pueda hacernos frente?.- La voz gutural del gigante rasgaba el aire con tono hiriente, compartiendo con sus hermanos el disfrute de sus violentas acciones. Tanto los Santos de Atenea, como los soldados de Hera, temblaron ante ese feroz rugido.
Una manaza enorme se hundió en el suelo desgarrando la tierra y extrayendo de sus entrañas más profundas un descomunal peñasco, que no tardó en salir volando por el cielo con una fuerza extraordinaria, pero, contrariamente a lo que cabía esperar, aquel trozo de roca nunca llegó a rozar siquiera el suelo, pues una fuerza descomunal lo había alcanzado, transformando la inmensa piedra en diminutos guijarros.
- Si lo que deseáis es un adversario, yo soy el hombre indicado. No podéis venir aquí, a nuestro pueblo y hacer lo que os de la gana. Voy a enseñaros buenos modales, gigantes.- La grave voz de Tauro resonó con fuerza por el llano.
- ¿ Tú vas a enseñarnos modales?. ¿Un despreciable humano raquítico?. No nos hagas reír. Nosotros descendemos de Eurimedonte (3), hijo de Gea(4), y ningún mortal puede hacernos frente sin la ayuda de un dios.- Y diciendo esto, el colosal gigante levantó uno de sus pesados pies, dispuesto a aplastar a Aldebarán, como si de una hormiga se tratase. Este sin inmutarse, permaneció en el mismo sitio, con los brazos cruzados y su larga melena negra, como ala de cuervo, mecida por el aire.
- ¡ Gran Cuernooooooooo!.- Una poderosísima onda de choque salió rauda en dirección al gigante, que recibió el impacto con toda su fuerza, cayendo este como un castillo de naipes al suelo. La tremenda caída del coloso, provocó un gigantesco cráter que ocasionó con todo el Santuario se estremeciese con temor.
- Con que un mortal solo no puede dañaros ¿eh?… aunque debo reconocer que yo no lucho solo… Yo soy Aldebarán de Tauro, y Atenea siempre está conmigo. ¡ Gran cuernooooooooo!.-
Otro gigante, el más cercano a él, cayó con estrépito, originando un segundo temblor de tierra, y derribando a su paso al primer gigante caído que ya se levantaba. La inmediata respuesta de los colosos, fue lanzarse contra el santo con intenciones claras de aplastar su cuerpo en una tunda de golpes que acabarían con su vida.
Aldebarán no se alteró. Sus brazos seguían cruzados y su sonrisa en el rostro.
Dos enormes puños llegaron desde arriba, otro desde la izquierda, y el último dibujando una diagonal perfecta desde la derecha. El choque fue monumental, terrible y bestial. La tierra se sacudió con violencia, y un silencio sepulcral reino durante un minuto. Los santos de plata y bronce que observaban la escena, se quedaron atónitos ante tal magnitud de fuerza, no obstante, su asombro fue mayor, cuando la nube de polvo que se había elevado varios metros, cubriendo casi por completo a los colosos, se fue difuminando, dejando ver un intenso resplandor dorado justo en el centro de aquel ataque. El soberbio Santo de Tauro continuaba en el mismo sitio, sin haber cedido ni un milímetro de terreno, y con los ojos fijos en sus enemigos. Su comos dorado, tan brillante como el sol de verano, se había elevado a tal punto, que logró frenar los puños de los gigantes en pleno choque, quedando estos a escasos centímetros del santo, impidiendo rozarle siquiera.
- ¿ Pero quien demonios eres tú?. Es imposible que un simple humano pueda detener nuestros puños.- El grupo de gigantes miraba anonadado al guerrero que les hacia frente sin salir de su asombro, al igual que tampoco salían de su asombro los soldados, santos y amazonas que contemplaban la escena.
- Como ya he dicho.- Dijo con calma.- Soy un humilde mortal, cuyo mayor deseo es proteger a Atenea y a sus gentes.-
- ¡ Maldito!. Vas ha pagar por tu osadía. ¡ Hermanos, matémosle!.- Un grito de guerra que hubiese helado la sangre del propio Hades, se elevó entre los ruidos de la refriega que se habían vuelto a intensificar, mientras los caballeros del Santuario, intentaban refrenar el asedio de sus enemigos
- ¡ Luchad compañeros, luchad!. Demostrar a esos alfeñiques cual es la verdadera valía de un Santo de Atenea. No desfallezcáis.- El grito de ánimo de Aldebarán inflamó de nuevo el coraje de sus camaradas, que con gritos de guerra, al más puro estilo espartano se lanzó al ataque de las tropas de Hera.
- Y ahora, para subir más el arrojo de mis compatriotas. Acabaré con vosotros seis de una vez y para siempre.- Con su cosmos aún brillando intensamente, el Caballero de Tauro, al fin liberó sus brazos, clavando con furia su brazo derecho en el suelo al grito de:
- ¡ Nova de Titanes! (5).- La explosión que precedió al ataque de Aldebarán, hizo temblar los cimientos de la Tierra, allí donde antes había seis gigantes amenazadores, ahora solo había seis trozos de carne infecta retorciéndose de dolor, derramando sangre como ríos.
- N… no puede… ser…- Dijo uno de ellos mientras la vida se escapaba de su cuerpo.- Un mortal solo, no puede… vencernos…- Logró decir antes de desplomarse sobre los restos calcinados de sus cinco hermanos.
- Como creo haber dicho ya. Yo no lucho solo. Mi diosa siempre me acompaña allí donde yo esté.- Y diciendo esto, el Santo de Tauro, el magnífico y valeroso protector de Atenea, se encaminó hacía la refriega que sus camaradas de plata y bronce mantenían con los aliados de aquella diosa cruel, que se había aliado con el mal.
Mientras su avance le acercaba a sus enemigos, estos se preguntaban cual sería su destino, pues, si había logrado aniquilar a seis gigantes de un solo y magnífico golpe… ¿ qué sería capaz de hacerles a ellos?…
No cabía sombra de duda de que el insensato que se atraviese a menospreciar el poder de Tauro, estaría condenado…
… Lo que nadie notó debido al fragor de la batalla, fue como una escurridiza y veloz sombra se alejaba del epicentro de la escaramuza, en busca de la verdadera razón de aquella pantomima.
Era hora de encontrar al joven Aries…
-¡ Khan!.- Aquella simple palabra, logró que el ataque de Zakariel, se viese rebotado contra él una vez más.
- ¡ Maldición!.- Gritó este frustrado al ver que todos sus golpes eran repelidos fácilmente por el campo de energía de virgoniano.
- Ya he dicho, que mientras permanezca en esta posición, ninguno de vuestros ataques podrá rozarme. Deja de intentarlo muchacho.- El virtuoso Shaka de Virgo, había mantenido la mismo postura desde que diez minutos antes hiciese acto de presencia en la aldea. Su aura no desprendía ni odio, ni compasión, no emitía sentimiento alguno, solo se mantenía ahí, en un perfecto equilibrio, como si en realidad el caballero allí sentado en medio de aquel escenario dantesco, con las casas ardiendo en un fuego infernal e imparable, y los cadáveres calcinándose con macabra lentitud, no estuviese allí con ellos sino en un lugar lejos, aislado del mundo, solo accesible a unos pocos elegidos.
- ¡ Shaka!, ¿ qué narices estás haciendo aquí?. No necesitábamos tu ayuda.- Gritó enfurecido Máscara, que desde que había llegado el santo de la sexta casa, se había visto relegado a un segundo plano, algo inadmisible para un temperamento como el suyo.
- Yo soy un mero instrumento de la Señora Atenea. Si deseas reclamar mi presencia en este lugar, tendrás que hacerlo frente a ella. La joven señora ha sido la primera en notar la presencia de tres cosmos enemigos cerca del Santuario, y preocupada como estaba por vosotros no ha dudado en enviar refuerzos. Para tu desgracia, y la mía, ese he sido yo. - El rubio permanecía quieto y con los ojos cerrados mientras seguía hablando.
- En cuanto a la estúpida afirmación de que no necesitabais ayuda…- Shaka se limitó a dejar la frase a medio acabar dando a entender al italiano lo que opinaba sobre eso, puesto que hasta un observador poco diestro, se habría percatado de las dificultades por las que pasaban los tres santos; malheridos, magullados y cansados por los combates que hacía menos de veinticuatro horas habían librado contra una horda de licántropos.
- Pero tranquilo cangrejo, mi cometido aquí, es otro. Nunca me interpondría en un combate de uno contra uno, sería poco noble por mi parte, a menos claro que uno de los dos me obligue a tomar medidas serias.- Y haciendo caso omiso de las blasfemias, por otra parte bastante originales, de Máscara contra su persona, añadió:
- Es preciso y necesario poner a buen seguro la llave que con tantos esfuerzos ha conseguido el Santuario.-
- Si crees que vamos a dejar que te lleves esa llave sin luchar, muñeca, estás muy confundido.-
- ¿ Muñeca?… mmm… Hace mucho que nadie se atrevía ha llamarme así. Supongo que se debe a que al último que me llamó de ese modo lo deje sin sus sentidos una semana… mmm.. ¡ Qué recuerdos!.- De no haber sido por su expresión seria y serena, y por el hecho de que dos de los tres santos presentes, sabían a quien se refería Shaka, podría haber resultado hasta divertido.
Por desgracia a ese santo en concreto no se lo pareció en su momento… y hasta la fecha, seguía sin parecérselo…
- Ahora verás engreído. ¡ Llamas Explosivas de la Corrupción!.- Zakariel, dejándose llevar por su furia ciega, invocó a unas gigantescas e intimidantes llamas negras que salieron disparadas con violencia hacia Shaka, y que en su marcha hacia su objetivo, todo lo que era tocado por ellas, se pudría o malograba, convirtiendo todo lo que era hermoso en una parodia de lo que una vez fue en vida, siendo así mismo consumido por las lenguas de oscuro fuego hasta dejar sólo ceniza y polvo.
- No hay nada que mi fuego no pueda corromper, jajaja.- Reía con maligno placer Zakariel orgulloso de que su ataque fuese tan corrosivo.
- Bien hecho Zak, ese idiota no volverá a molestarnos. ¿ Tú que opinas?.- Añadió Rhys dirigiéndose a Lúcian, observando con malsano placer como las flamantes llamas envolvían al Santo de Virgo, en un abrazo mortal.
- Yo en vuestro lugar, me prepararía para un doloroso golpe.- Y sin preocuparse demasiado por el destino de sus alocados compañeros regresó la vista al rostro de la niña, que con suaves quejidos comenzaba a recuperar algo del color rosado que una vez debió teñir sus mejillas. Un color que, una vez su herida fuese atendida apropiadamente, volvería a lucir saludablemente en su pequeño y adorable rostro infantil.
- ¡ Khan!.- El escudo de fuerza que aislaba al santo del mundo que lo rodeaba vibró por la fuerza del impacto, pero una vez más, el ataque fue devuelto a su emisor con mayor fuerza que con la que fue lanzado, logrando que el joven soldado cayese de bruces al suelo, retorciéndose de dolor ante su propio ataque.
- Ya os he dicho que vuestros golpes no me afectan. ¿ Es que además de ser estúpidos sois sordo?. Vuestro cosmos no es más que una diminuta e ínfima mota de polvo en el inmenso universo, pero supongo que sois tan lentos, que tendré que haceros una demostración de lo que un verdadero guerrero, con un absoluto control de hasta el más mínimo fragmento de su cosmos, puede llegar hacer.-
Y por primera vez desde que hiciese acto de presencia, Shaka de Virgo se levantó de su posición sedentaria, dispuesto ha adoctrinar a esos insolentes guerreros sobre lo que realmente se podía llegar a lograr con un control férreo del cosmos.
- Capitulación del Demonio.- Las palabras salieron en un susurro de sus labios, casi tan bajas que en un principio no lo oyeron, aunque eso poco importaba, pues antes de que su cerebro pudiese descifrar las palabras, la esfera de energía que se concentró en sus manos, voló rauda contra Rhys y Zakariel con una fuerza destructiva titánica. El grito de dolor que soltaron estos dos, resonó con fuerza en los oídos de los presentes, haciéndoles creer que les romperían los tímpanos si no cesaban pronto.
- Eso si que ha sido una lección bien enseñada.- Dijo entre molesto y divertido Máscara, pues aún no había olvidado que la intromisión del Caballero de Virgo, le había privado de una buena pelea. Este estaba a punto de añadir algo más, un comentario socarrón que en otra ocasión tal vez hubiese sacado una sonrisa al rostro de algunas personas, pero este murió en sus labios antes siquiera de haber nacido, puesto que tanto aliados de Atenea como de Hera, notaron como un impresionante cosmos se elevaba en la distancia con una fuerza voraz, haciendo desaparecer a la vez seis poderosas energías.
- Ese era el cosmos de Aldebarán.-
- Están atacando el Santuario una vez más.- Ante esa afirmación, cuatro pares de ojos se giraron en seguida hacia los tres guerreros de Atenea que allí había, pero cual fue la sorpresa de la santos, que allí donde debían estar los guerreros, había en su lugar una hermosa joven de cabellos dorados que los observaba con insolencia, mientras albergaba con su energía a los tres soldados y a la niña.
- Vuestra misión aquí ha acabado. El truco ha dado resultado, ahora solo queda la resolución del "trato".- Dijo sin mirar a nadie, pero refiriéndose sin lugar a dudas a los guerreros de Hera. Estos sin atreverse a protestar. Asistieron sumisamente, y dejaron que el cosmos divino de Iris les envolviese el cuerpo hasta hacerlos desaparecer, pero antes de que él último guerrero desapareciese, Saga lanzó una pregunta al aire.
- Aún no me has dicho tu nombre "Gran Guerrero".-
- Soy Lúcian, Lúcian del Declive. ¿ Y tú?.-
- Saga de Géminis.-
- Es un placer Saga de Géminis. Estaré esperando nuestro reencuen…- La última palabra se perdió en el viento, pues el guerrero, no, Lúcian, había desaparecido, y se había llevado consigo a la niña.
- Sí, yo también lo estaré esperando.-
- ¡ Oooh que romántico!. ¿ Y ahora podemos ir a recoger a esos mocosos a los que habéis ocultado, y regresar al Santuario?. Este "molesto bulto" me está destrozando la espalda.
El "molesto bulto" en concreto, estaba despertando por fin de su inconsciencia, y acababa de clavarle las uñas en cierta parte blanda de la espalda.
- Y en cuanto a eso de que sería "poco noble" entrometerse en el combate de otra persona… Creo que deberías revisar tus valores morales.- Gruñó de mal talante Máscara, aunque ninguno de los tres estaba seguro si era por haber perdida la oportunidad de un enfrentamiento, o por el repentino y violento despertar de su presa.
- Creo que acabo de sufrir una apoplejía… Máscara de la Muerte dándome lecciones de moralidad… Curioso, muy curioso.- Si realmente Shaka de Virgo estaba curioso o no, es algo que nunca descubrieron pues su rostro no reflejaba emoción alguna, aunque al menos era un alivio descubrir que tenía sentido del humor…
El cielo, amplio pecho de Urano, se encontraba en una calma casi poética. La ligeras nubes flotaban sin preocupación sobre nuestras cabezas, decidiendo donde descargar su próxima lluvia. Era una escena tan relajante. Estar allí, contemplando el cielo azul, al resguardo del primer templo, que a penas tuve tiempo de reaccionar al sentir que no estaba solo.
De tras de mí, con su silueta amenazante, había un joven de pelo negro, con un extraño peinado que dibujaba relámpagos en sus cabellos, y unos tenebrosos ojos esmeralda, que helaban el alma.
Keito de la Desolación me había encontrado…
Continuará…
(1) Moáis: Un moái es una estatua de piedra monolítica que sólo se encuentra en la Isla de Pascua o Rapa Nui, frente a la costa de Chile. Parecen gigantes que tienen más de diez metros de altura, y a cierta distancia parece que están de pie asomando sus cabezas sobre los muros de una fortaleza.
(2) Posición del Loto: Es una postura sentada con las piernas difícilmente cruzadas: cada pie ubicado encima del muslo opuesto. En el hinduismo y el budismo está relacionada con la práctica de la meditación. ( Vamos que es la posición en la que casi siempre se encuentra Shaka).
Según sus practicantes, esta posición mejora la respiración y la estabilidad física.
(3) Eurimedonte: fue uno de los Gigantes que nacieron de Gea y de la sangre que brotaba de su esposo Urano cuando fue mutilado por su hijo el Titán Crono. Eran seres casi invencibles salvo que en su muerte colaboren un dios y un mortal.
(4) Gea: Es la diosa primordial que personifica la Tierra en la mitología griega. Es una deidad primordial y ctónica en el antiguo panteón griego, considerada la Tierra Madre
(5) Nova de Titanes: Titan's Nova o Nova del Titán, es el más poderoso ataque de Aldebarán en "Lost Canvas" el cual es capaz de barrer el área donde es detonado. Yo me he tomado una pequeña licencia y se lo he añadido al repertorio de ataques de "nuestro Aldebarán".
N/A: No hay excusa posible para mi inmenso retraso. En mi defensa solo diré que he tenido varios problemas familiares y profesionales que me han impedido actualizar antes. Por favor dejad reviews para comentar lo que queráis. Gracias.
