Disclaimer: La trama es de mi propiedad, todo lo relacionado a Crepúsculo le pertenece a la señora Meyer, desgraciadamente, aunque tenemos un acuerdo donde me presta a Jasper por las noches, ¿cierto, Steph?


Forks Ink: tatuajes y perforaciones.

Summary: "Forks Ink: tatuajes y perforaciones. Grizzly es un maestro con los retratos y tatuajes en 3D. Tink es la mejor cuando se trata de frases, nombres y/o textos. Y luego estoy yo, me llaman B, y prometo que puedo perforar tu verga sin que sueltes una lágrima… pero si eres el padre de mi bebé, mejor te lo piensas dos veces" OoC. TH. AU. Bella&Edward


Muchas gracias a Roxana Elizabeth, Beta de FFAD (www .facebook groups / betasffaddiction) quien es la que ahora me ayudará con el beteo de los capítulos de la historia, ya que esta floja no pudo más con el doble trabajo por eso... por floja.


Capítulo 19: Fielmente sigo siendo tuyo.


Faithfully – Journey.


Mierda.

Fue todo lo que salió de mis labios luego de que Grizz soltara la bomba.

—Yo no quiero ser una perra pero… ¿Estás seguro de que es tuyo? —Tink tenía el ceño fruncido a más no poder, movía su pie rítmicamente contra el pavimento mientras esperaba la respuesta de Emmett.

Este día no podía ir malditamente mejor. La lluvia seguía cayendo como si el puto mundo fuera a acabarse de un momento a otro. Bueno, algo así estaba pasando, de todos modos. Al menos… Al menos Emmett lucía devastado. No, Grizz lucía jodidamente desorientado, como si su vida no tuviera un punto fijo en estos momentos. ¿Ahora me entendía el cabrón cuando me enteré de Floyd siendo una mocosa?, bueno, hombre, ¿dónde estaban sus cojones? Le di una calada a mi cigarrillo sin quitar mis ojos de él, era mi amigo, demonios, mi hermano, ¿qué debía decirle? ¿Felicitaciones? Ah, puto cabrón, ¡le habíamos advertido un sinfín de veces que no fuera tercera rueda!, pero no, el muy imbécil se tomaba el concepto de "solo se vive una vez" muy enserio y la bola de músculos necesitaba la adrenalina que el ser el maldito amante le proporcionaba.

Bueno, amigo, le salió el tiro por la culata.

—El cabrón de Royce no puede tener mocosos… Ellos intentaron por años —murmuró Cobain, desordenando su cabello furiosamente—. Joder, Grizz, te acabas de meter en un lío jodidamente grande. Cuando papá… No, que va, cuando mi tío sepa que Rose… Santa mierda, vas a ser padre.

—Yo… —Grizz frunció el ceño y luego asintió medio perdido—. Voy a ser padre —sus ojos, que anteriormente estaban pegados al asfalto, volvieron al frente, esta vez quedando prendados de los míos. Alcé una de mis cejas, Grizz sonrió levemente—. Joder, ¡voy a tener un mocoso!

—Bájale ahí campeón —le di la última calda a mi cigarrillo y lo tiré a la lluvia. Me acerqué a Grizz, quedando frente a frente con él, me sacaba unos cuantos centímetros pero de todas maneras vi como tragó saliva por la proximidad y bueno, porque me encontraba jodidamente cabreada—, serás padre, felicitaciones —sonrió dulcemente—, pero se te olvida un detalle.

—¿Un detalle? ¿Qué detalle?

—La mujer que lleva a tu renacuajo está casada —Emmett hizo una mueca con sus labios y se encogió de hombros—, esa mujer que lleva a tu bebé es de otro hombre, Grizz, ¿entiendes esa mierda? ¿Entiendes que todo esto no será tan fácil como lo piensas? ¿Crees que Rosalie dejará a Royce por ti? —Grizz frunció el ceño por mis palabras. La mano de Tink se posó sobre mi brazo y me hizo girar bruscamente.

—Cuida tus malditas palabras, B —me advirtió, observándome fijamente a los ojos—. Creo que Grizz sabe mejor que nadie lo que pasa entre él y la rubia…

—¿Por qué carajos Rose no dejaría a Royce por mí? —El ceño de Emmett seguía fruncido, sus ojos estaban sobre mí, imperativos, esperando una jodida respuesta—, responde, B, ¿por qué no lo haría?

—Yo no quise decir… Agh, estúpido, ¡no quise menospreciarte! Solo quiero que te plantees esa posibilidad, no quiero que te hagan daño… Te quiero, Grizzly, eres mi hermano, ¡joder me estás haciendo llorar! —oh santa mierda, ¿desde cuándo era una sentimental? El gesto de furia en el rostro de Emmett se suavizó, se acercó a mí y me envolvió en sus brazos—. Un bebé es una responsabilidad muy grande, campeón.

—Lo sé —enrollé mis brazos entornó a su cintura y escondí mi rostro en su pecho—, te vi criar al mocoso, ¿recuerdas? Si una chiquilla como tú pudo hacerlo, ¿por qué demonios no podré yo? —Entorné mis ojos y reí, golpeando su pecho con mi puño—. Me gusta Rosalie, pero si ella decide seguir con el panzón de mierda puede hacerlo, la dejaré hacerlo… Pero no podrá separarme de ese bebé, porque es mío, joder.

—Un pequeño osito… —ambos reímos.

—Puede ser una pequeña osita, ¡y háganme espacio ahí, demonios! —Tink se unió a nuestro abrazo—. Sea la mierda que sea, siempre estaremos juntos, siempre vamos a apoyarte grandote… Y si hay que pelear, joder, sabemos que B tiene un gancho de puta madre.

Nos quedamos abrazados los tres por un largo tiempo, la lluvia como música de fondo, Cobain haciendo mal cuarteto en la foto. Cuando nos separamos era como si un peso hubiera abandonado nuestros cuerpos y Grizz lucía feliz. Estaba bien. Todo iba a estar bien. Un niño es sinónimo de alegría, después pensaríamos en toda la mierda que se nos vendría encima. Como dicen, "pueblo chico, infierno grande". Era cuestión de tiempo para que la gente comenzara a especular cuando la panza de Rosalie se hiciera visible, era cuestión de tiempo para que La Cosa supiera que su esposa le ponía los cuernos y que surgió un bebé de esa historia… Yo solo pedía a los cielos que alguien tuviera una cámara para grabar el rostro de Royce en ese momento.

—¿Isabella?

Los chicos miraron sobre mi hombro a la persona que pronunció mi nombre. Era minino, por supuesto, él me llamaba Isabella, él tenía ese maldito tono de voz, él, maldita sea. Me di vuelta con resignación y lo enfrenté, nunca lo había visto luciendo su bata de doctor, se veía más maduro de lo que ya era y eso es decir mucho. Sus ojos estaban cansados y tenía una triste mueca en sus labios. Hizo el ademán de acercarse a mí pero luego se retractó, cruzó sus brazos tras su espalda y carraspeó.

—Grizz será papá —solté, sin saber qué coño decir. Los ojos de Edward se abrieron de dos en dos y se posaron sobre mi amigo, minino abrió la boca un par de veces sin saber qué decir—, deberías felicitarlo, minino.

—Y-Yo, claro, claro… Felicitaciones, Emmett, un niño siempre es una bendición —Grizz asintió a sus palabras sonriente. Edward suspiró—. No quiero preguntar quién es la futura madre porque me hago una leve idea… —al decir esas palabras su vista se posó en Jasper, quien asintió rápidamente—. Lo supuse… Dios…

—Esto se está saliendo de nuestras jodidas manos… Ustedes —Cobain nos apuntó a Tink, Grizz y a mí—, son problema —luego sonrió divertido por la situación—, ¡al fin algo de maldita diversión a Forks!

—¡No somos tus malditos bufones, rubiales!

—Tranquila, hadita —le guiñó un ojo—, tú serás mucho más que eso.

Y las cosas volvían así de fácil a la normalidad, con las peleas de estos dos cabronazos. Entorné mis ojos cuando Tink comenzó hasta a inventar groserías para referirse a Cobain quien solo la miraba con diversión y un brillo más profundo en sus ojos. Estábamos todos perdidos. Llegamos a este pueblo y adiós, nos fuimos a la mismísima mierda. Heme aquí con una familia, Grizz engendrando un renacuajo y Tink hasta las jodidas patas por Cobain. Si nos vieran los chicos y chicas que conocimos en nuestro viaje por carretera se mearían de la risa en nuestras caras. Nosotros. Los tres mosqueteros. Las almas libres. Nosotros estábamos malditamente amarrados a Forks.

—Isabella… ¿Podemos hablar?

—Tengo que ir por los chicos —apunté hacia la dirección del colegio. Minino suspiró y dio un paso hacia adelante.

—Por favor —murmuró.

Mordí mi labio inferior y rasqué mi nuca con nerviosismo.

Joder.

—Yo realmente debo ir por los enanos —iba a volver a insistir pero seguí hablando—. Edward… —él frunció el ceño y cualquier rastro de titubeo desapareció de su cuerpo cuando se acercó completamente a mí, tomó mi barbilla con delicadeza entre sus dedos y me obligó a dar la cara—. Whoa, tranquilo león, ¿qué demonios?

—Deja de llamarme Edward —murmuró entre dientes, sus labios a milímetros de los míos.

—Es tu maldito nombre —murmuré de vuelta, sin dar mi brazo a torcer—. Debo ir a buscar a los niños, Edward.

—No me tientes, Isabella —su lengua apareció fugazmente entre sus labios, la muy maldita. Mis ojos se quedaron ahí sobre su boca, esperando ver a esa perra que me tentaba. Una pequeña sonrisita se formó en los labios de minino—. Estas molesta conmigo, no me gusta eso, yo puedo explicarte todo. ¿Me dejarías hacerlo?, por una vez en tu vida, ¿dejarías de ser impulsiva y me escucharías sin interrupciones?

—Tengo que ir por los renacuajos —minino suspiró con pesadez y soltó mi barbilla, dando dos pasos hacia atrás.

—¿Lista, bebé? —asentí a las palabras de Tink.

Grizz y Cobain se habían alejado de nosotros cuando me había enfrascado en la conversación, o intento de, con Edward, nos esperaban unos pasos más allá. Di media vuelta e iba a comenzar a seguir los pasos de Tink hacia los chicos cuando la voz de minino me hizo detenerme una vez más, Lo miré sobre mi hombro. Odiaba hacerle daño y sé que se lo estoy haciendo al comportarme de este modo, había olvidado el tema estúpido del castigo, Esto era mucho más. Era Charlotte, la madre biológica de mi princesa, la zorra que quería tener contacto con mi pequeña Weasley luego de que la dejó como si de una puta muñeca de trapo se tratara.

—Yo te amo —me dijo minino, mientras escondía sus manos dentro de los bolsillos de su bata.

—Yo sé eso —sonreí levemente y seguí mi camino hacia Tink—, lo sé muy bien.

Pero a veces el maldito amor no era suficiente.

Cobain iba manejando la Van, mientras que Tink y Grizz iban en la parte trasera jugueteando con los mocosos. Podía escuchar la risa de mis dos enanos porque mis maduros amigos habían tenido la genial idea de jugar a la guerra de cosquillas. Sonreí, acurrucándome más en el asiento de copiloto. Los renacuajos no tenían idea de lo que pasaba, quien fuera niño nuevamente, para no tener preocupaciones y simplemente reír, jugar y tontear. Suspiré mientras subía la capucha de mi chaqueta y me escondía tras ella.

—¿Sabes?, mi hermanito realmente está jodido.

—¿De qué coño hablas? —Ni siquiera me di el trabajo de mirarlo, podía sentir sus ojos sobre los míos—. Ojos al frente, Jasper —soltó una pequeña risita—, ¿por qué dices que minino está jodido?

—Porque el pobre diablo está malditamente enamorado de ti.

—¿A qué quieres llegar con toda esta mierda?

—A que estás siendo una perra —me saqué el capuchón y lo miré fijamente. Él, por supuesto, estaba con los ojos fijos en la carretera mientras manejaba la Van—, deberías dejarlo ser. Es un idiota grande, puede tomar sus propias decisiones… Y no es estúpido, si es lo que crees, él ha criado a su hija estos cinco años por si solo… Joder, creo que Eddie sabe perfectamente qué está bien para ella y que no.

—Yo lo sé, carajo, lo sé —resoplé y desordené mi cabello—. El problema no es ese, el problema es que tu hermano es demasiado… Bueno —hice una mueca con mis labios—. Y yo sé que esa perra de mierda lo sabe. Y acuérdate de mí cuando te digo que sacará provecho de eso, ella sabe cómo manejarlo, joder, lo hizo en sus tiempos de universitario, ¿quién dice que minino no caerá de nuevo en sus garras?

—Pues yo —comentó, encogiéndose de hombros.

—¿Cómo puedes tú asegurar eso?

—Porque es mi hermano, B —Cobain sonrió fugazmente—. Es mi hermanito y está loco por ti. Créeme cuando te digo que no volverá a caer en las manos de esa fulana porque él ya te tiene a ti —me removí incómoda en mi asiento—. O debería decirlo al revés, para que entiendas lo que trato de apuntar… —Jasper suspiró y me dio una mirada de reojo—. Tú lo tienes a él, lo sabes.

—Lo sé, él simplemente no se cansa de decirme cuanto me ama.

—Exacto, tú sabes que tienes al jodido de mi hermano en la palma de tu puta mano… —sonaba asquerosamente grotesco decirlo de ese modo, pero era verdad, asentí—. ¿Cuántas veces al día le dices que lo amas?

—¿Sirven los "te quiero"?

—De eso estoy hablando —él sonrió como su fuera un puto genio.

—No entiendo ni mierda.

—Estás molesta por toda la mierda que está pasando, por el tema de Charlotte, por todo, pero sabes que pase lo que pase Edward estará a tu lado quieras o no, porque el cabrón te ama —fruncí el ceño profundamente—, ¿qué hay sobre él?

—Cobain, no sigo la mierda que estás tratando…

—¿Quién le asegura a Eddie que tú estarás junto a él aunque la mierda se haga más profunda? ¿Cómo crees que se debe sentir él en estos momentos donde tú estás siendo una vil zorra con él y existe la posibilidad de que la madre de su nena complique todo? Súmale a esa basura, que él, decida lo que decida, no tiene la garantía de que te mantendrás a su lado.

—¿Pero qué demonios? ¿Dónde coño dejaste a Jasper, tú, psicólogo de mierda?

—Tú sabes que él te ama, Eddie solo tiene la noción de que, joder, no sé, al menos le tienes cariño.

—Eres un puto… No sé qué decir respecto a esto, creo que estoy en un jodido estado de shock.

—Te sorprendí, ¿eh? —Movió sus cejas con sugestión—. Para que veas, B, no solo soy una puta cara bonita.

—¿M-Mami? —giré mi cabeza ante el llamado de Grace. Ella estaba de pie tras mi asiento, observándome con vergüenza en sus ojitos.

—¿Qué pasa muñeca? —sus ojitos se cristalizaron y me preocupé como la puta madre—. Bebé, ¿te duele algo? ¿Estás bien? ¿Quieres que vayamos a que papá te revise? —Ella asintió lentamente, unas lágrimas cayendo libremente por sus mejillas—. Dios, bebé, ¿qué es lo que te duele? ¡Hey, Grizz, ayúdame aquí! —mi amigo dejó de tontear con Floyd y Tink y se arrastró hacia mí.

—Demonios, dulce, ¿estás bien? —Ella negó con su cabecita a las palabras de Grizz—. Ven aquí —Emmett la tomo entre sus brazos para ayudarme a acomodarla en el asiento delantero conmigo. La acomodó sobre mi regazo, donde mi muñeca se acurrucó, afirmando su panza fervientemente.

—¿Es tu barriguita? —ella asintió a duras penas. Besé el tope de su cabeza y la atraje más hacia mí—. Cobain…

—Al hospital, copiado —el bruto de mierda cambió de carril en plena vía, en una sección donde no podías simplemente doblar y pasarte al otro lado porque se te dio la puta gana. Agarré a Grace fuertemente entre mis brazos, sin hacer mucha presión—. Oops, lo siento.

—¡Solo conduce maldita sea!

—¿Mami? ¿Qué le pasa a Grace? —Floyd observaba a la pequeña con curiosidad, juntando sus cejas con preocupación cuando mi muñeca hacía muecas de dolor con su rostro—, ¿le duele la pancita?

—Sí, bebé, le duele la pancita… ¿Quieres sentarte con nosotras aquí? —mi renacuajo asintió repetidas veces. Grizz lo ayudó a acomodarse junto a mí en el asiento. Floyd se pegó a mi costado, él observaba fijamente a Grace y viceversa.

—Dijiste que papá curaba a los niños cuando se rompían —Grace asintió débilmente a las palabras de Floyd—, entonces papá te curará ahora, no llores, ¿sí? —Juro que morí de ternura cuando mi pequeño hombrecito limpió las lágrimas de las mejillas de mi nena—. Mami y yo cuidaremos de ti.

—Todos cuidaremos de ti, hermosa, así que aguanta un tantito más —ella volvió a asentir—. Te amo, ¿sí? Ya llegaremos donde papá y él podrá saber qué es lo que pasa.

Cuando llegamos al hospital me bajé de un jodido salto de la camioneta. Sostenía a Grace firmemente contra mi pecho al momento en el que entré a la sala de emergencias. Ahí estaba ella, Charlotte, saliendo de las puertas corredizas junto a Kate, sosteniendo el alta entre sus manos. Se quedó de piedra cuando me vio sosteniendo a Grace entre mis brazos, sus ojos pasaban de mi rostro al contorsionado rostro de mi muñeca. Ella hizo el ademán de acercarse y juro por todos los cielos que no estaba para su mierda, dejé de prestarle atención y me acerqué al mesón para pedir por Edward.

—¿Puedo ayudarla en algo? —la chica frente a mí era una de mis tantas compañeras en secundaria. Creo que su nombre era Claire, me importaba una verdadera verga ahora mismo.

—Necesito que llames a Edward, es urgente.

—Lo siento, no puedo…

—Ella no te ha preguntado si puedes o no, joder, llama a Cullen ahora mismo o te sacaré la mierda a golpes —la rubia muchacha abrió sus ojos asustados de dos en dos y tomó rápidamente el comunicador. Cuadré mi mandíbula y me enfrenté a Charlotte, que estaba junto a mi apoyada sobre el mesón—, ¿unas gracias?

—Vete a la mierda.

Sus ojos estaban pegados sobre el cuerpecito de mi princesa, podía ver la fascinación en su mirada, el maldito reconocimiento y la puta envidia que sentía de mi cuando me miró. Ahí estaba, brillando en sus ojos, envidia porque yo era la que estaba llevando a su muñeca, envidia porque era a mí a quien recorría Grace y no a ella. ¿Y sabe dónde se podía meter esa envidia? En el jodido culo.

—El doctor Cullen viene inmediatamente, señorita…

—Swan —el reconocimiento fue instantáneo en los ojos de la recepcionista.

—¿Isabella?

—La misma —sonreí a medias, mientras acunaba a Grace entre mis brazos.

—Mami, me duele —murmuró mi pequeña, encogiéndose aún más.

—Ya va a pasar bebé, ya va a pasar —besé su mejilla y seguí meciéndola—. Papá está en camino, ya va a pasar.

—Bueno, creo que Rachel ganó la apuesta —murmuró Claire, sonriendo—, ¿quién iba a pensar que Isabella Swan resultaría ser la madre de la bebita del doctor Cullen?

—¡Ella no es la jodida madre!

Justo en ese momento los chicos entraron al hospital y se acercaron a mí. Floyd se agarró de mi pierna y observó a Charlotte con el ceño fruncido, apretándose más a mi costado. Yo veía todo rojo, quería partir su rostro una vez más, quería simplemente acabar con ella. Cobain tomó a Grace entre sus brazos cuando le pedí el favor, sin saber qué demonios sucedía. Floyd se apartó de mi cuando comencé a caminar, me acerqué a Charlie con tranquilidad, escondiendo mis manos dentro de los bolsillos de mi chaqueta. No pude evitar soltar una risa al ver su rostro desfigurado por la rabia. Bueno, que se joda.

—Tengo unas ganas inmensas de romper tu rostro nuevamente y con toda esa mierda que suelta tu asquerosa boca te lo estás ganando. Yo soy su madre, tú —apunté su pecho con mi dedo índice—, no eres más que una zorra. Vete, Charlotte, sal de aquí y no vuelvas a abrir esa boca tuya porque te juro que volverás a la camilla.

Todo aquello se lo dije en un volumen de voz apropiado, para que nadie más escuchara aparte de ella.

—Charlie, vamos, ¿sí? Ya la hemos cagado mucho por estos lugares —Kate, su amiga, le rogaba mientras jalaba repetidas veces de su brazo—. Deja al niño pijo en paz, joder, ya le arruinaste la vida una vez, no vuelvas a hacerlo —la castaña se zafó del agarre de la otra chica y sus ojos volvieron a posarse en mí.

—No tengo miedo de ti, joder, si te duele la verdad no es mi maldita culpa.

—Estás pidiendo a gritos que te golpeen, lo estás pidiendo.

—Atrévete.

Me retó.

Me estaba desafiando y yo no podía pasar por alto eso.

—¡Emmett! —el grito de minino impidió que volviera a romper el rostro de ese intento de mujer.

Grizz me encerró en sus brazos, sin darme oportunidad alguna para hacerle daño. Comencé a patalear tratando de zafarme de su agarre para borrar la maldita sonrisa de suficiencia que bailaba en los labios de esa puta. Hija de perra, como la odiaba. Edward le dio indicaciones a unos guardias para que escoltaran a Charlotte y Kate hacia la salida, la muy cabrona se despidió de mí, lanzándome un beso a través del aire. Solté un puto gruñido y volví a removerme en los brazos de Grizz.

—Yo voy a acabar con ella, ¡suéltame con un demonio!

—¡Isabella! —la ronca voz de minino me hizo desistir. Lo observé desde la cárcel de los brazos de Grizz. Él tenía a Grace entre sus brazos y la nenita me observaba un tanto renuente. Me relajé por completo cuando vi esa mirada en su rostro de niña—. Estamos en un hospital —asentí a sus secas palabras. Gente enferma, yo haciendo un alboroto de mierda como una loca. Vale, él tenía razón esta vez—. Floyd, ven aquí —él estiró la mano hacia mi renacuajo, quien no la pensó ni dos veces y corrió hacia él.

Me sentía jodidamente avergonzada, infiernos.

—Ah, la cagué una vez más… —susurré, viendo como caminaban hacia las puertas. Minino, igual de serio que al inicio, se detuvo justo frente a las puertas y habló dándome la espalda.

—¿Vienes o no?

Y entro por las puertas en compañía de los enanos.

—Grizz, puedes soltarme, joder, no haré nada —mi amigo dudó antes de soltarme lentamente. Acomodé la chaqueta sobre mi cuerpo y resoplé—. Estoy… Cobain, tu teoría de mierda no es muy correcta, minino me odia en estos momentos.

—Sí, bueno, parecías una jodida mujer de las cavernas —se encogió de hombros—, ni siquiera puedes controlarte mujer.

—Cierra el pico, esa idiota… —empuñé mis manos y cerré mis ojos para calmarme—. Ella dijo que Grace era suya, ¡ella lo grito junto a mí cuando mi muñeca estaba en mis brazos! —Abrí los ojos y caminé hacia la puerta doble—. Odio esto, odio toda esta mierda…

Edward y los niños iban casi llegando al fondo del pasillo, Grace iba aun en los brazos de Simba. Me apresuré para llegar a su lado, una vez con ellos permanecí en silencio. ¿Qué carajos iba a hacer?, agachar la maldita cabeza y caminar hasta donde estaba la consulta de minino. Los cuatro entramos a la oficina sin hacer ruido, era un cuarto blanco con una camilla en el medio. Había algunos dibujos de niños pegados en las paredes y motivos de colores, como también juguetes. Sonreí, era una salita bien infantil, para que los mocosos se sintieran a gusto. Edward dejó a Grace suavemente sobre la camilla, la pequeña respiraba de manera agitada y tenía sus cachetitos rojos.

—Isabella, podrías… ¿P-Podrías ayudarme, por favor? —hasta ese momento no me había dado cuenta de que Edward estaba más preocupado de lo que aparentaba, su mano que sostenía la punta del estetoscopio temblaba tenuemente. Me acerqué a él—. T-Tengo que quitarle la ropa…

—Déjamelo a mí, ella se pondrá bien, amor, ya verás —él me miró por un momento y luego asintió despacio. Le quité rápidamente la chaqueta a Grace y lo demás que traía, dejándola solo con una delgada playera de manga corta y sus pantaloncitos—. Nuestra nena es fuerte.

—¿Papá? —los ojos de Edward fueron donde Floyd, que estaba sentado tranquilamente en la silla tras su escritorio—, tú sanarás a Grace, ¿cierto?, porque ella dijo que tu arreglabas a los niños.

—Yo sanaré a Grace, campeón, claro que sí —Floyd asintió, sonriente.

Edward trabajó lentamente en nuestra pequeña, verificando su estado, sus signos vitales y esas mierdas que los doctores hacen cuando usan su estetoscopio en las personas. Grace se notaba decaída y sus mejillas estaban demasiado rojas debido a la fiebre que se había apoderado de ella súbitamente. Nunca había visto a Edward trabajar en su especialidad, o como doctor en sí. Era algo hermoso de ver, aun cuando estaba siendo el doctor de su propia hija. Él era completamente delicado y de vez en cuando le decía dulces palabras a nuestra nena para alentarla. Podía ver las marcas de preocupación que surcaban su rostro, o como sus manos temblaban tenuemente al igual que antaño, en aquellos tiempos de secundaria cuando alguna situación lo superaba.

—Mami, ¿saldremos a pedir dulces?

—Bueno, renacuajo, no creo que podamos hacerlo con Gracie enferma —Floyd hizo un puchero y asintió—. Nos quedan muchos Halloween más, enano, no te pongas triste, ¿sí? —el volvió a asentir, recargándose contra mi pecho. Había tomado su asiento, que era el asiento de Edward respectivamente, ambos esperábamos el veredicto del doctor.

—Es un virus estomacal —sentenció Edward, suspirando aliviado—, es… Debe haber sido por la cantidad de waffles que comió esta mañana… Yo… Es solo un maldito virus…

Acomodé a Floyd nuevamente en la silla y me acerqué a minino, quien escondía su rostro entre sus manos. Él estaba sentado en un banco junto a la camilla donde reposaba Grace. Edward le había dado unos medicamentos de momento para aliviar el dolor en su pancita, la niña había caído rendida luego, un efecto secundario de las gotitas que le administró. Me paré frente a Simba y acaricié su cabello mientras lo sentía removerse bajo mi toque. Estaba llorando, por todo lo santo. Yo lo entendía, completamente, amaba a Grace con todo mi corazón y este maldito músculo se estrujó ante la posibilidad de que algo malo estuviera pasándole.

—Minino… —tomé sus manos entre las mías y la separé de su rostro. Ante su atónita mirada me senté sin previo aviso sobre su regazo, rodeándolo con mis brazos—. Ella estará bien, te lo dije, ¿no? No es nada grave, podemos llevarla a casa, no te me pongas marica y deja de llorar —él soltó una risita y enterró su rostro en la curvatura de mi cuello, inhalando fuertemente a la vez que rodeaba mi cintura con sus brazos en un férreo abrazo.

—Gracias —murmuró, acariciando mi cuello suavemente con la punta de su nariz.

—Aún estoy molesta contigo.

—Lo sé, por eso te agradezco el estar aquí conmigo aunque no quieras hacerlo.

—No es que no quiera estar contigo —entorné mis ojos y lo obligué a que saliera de su escondite, cuando su rostro estuvo frente al mío lo tomé entre mis manos y lo acerqué a mí—, idiota. Yo quiero estar contigo, tú eres mío —alcé mis cejas a lo que él sonrió—, el problema es que eres demasiado bueno para dejárselo en claro a esa puta de mierda… —entrecerré mis ojos esperando a que dijera algo por haber insultado a su maldita Charlie.

—No me mires así —suspiró—. Ella tiene razón, es su madre.

—No lo es, ella la dejó, minino, la dejó.

—Yo lo sé, Isabella, pero todas las personas merecemos segundas oportunidades… —sé que él no lo dijo haciendo alusión a mí, pero de todas maneras lo sentí como una jodida indirecta. Yo estaba tomando mi segunda oportunidad con él, ¿es que era justo eso también?—. Mira, amor, no pretendo que ella tenga algún tipo de contacto con Grace. Conozco a Charlotte, sé que ella puede querer esto ahora, pero es una mujer voluble, Grace no está para juegos de nadie, mi muñeca no va a sufrir por su culpa… Pero creo que le daré una fotografía.

—¿Por qué?

—Porque quiero que reflexione acerca de lo que ha perdido, porque quiero que la próxima vez lo piense dos veces antes de cometer semejante estupidez. Siempre quedará en su persona el remordimiento de lo que hizo, Isabella, pero puede enmendarlo… Tal vez en un futuro si tiene otro hijo, sabrá valorarlo —se encogió de hombros restándole importancia y creo que en ese momento me enamoré incluso más.

¿Cómo podía él ser capaz de perdonar?, ¿es que acaso existía persona más perfecta en este mundo?

Joder, no, si el papá de Floyd apareciera yo lo mandaría a la mismísima mierda.

Ni que fotos ni contacto ni nada, vete a la mierda, pene del demonio.

No dije nada más, creo que no era necesario. Sonreí y junté sus labios con los míos, deleitándome con uno de sus deliciosos besos.

—Puedes darle una fotografía de Grace solo si salgo yo en ella —él sonrió y negó con su cabeza lentamente—, es la condición, o prepárate para que patee tu culo.

—Lo que quieras, hermosa.

—Estas siendo complaciente solo para que deje de estar molesta contigo, ¿no es así?

—Bueno… —frunció el ceño y asintió— Sí, te extraño, te extraño a horrores.

—Vale, minino, yo también te extraño —volví a besar sus labios—, perdón por haber sido una perra, pero lo volvería a ser si la veo tocándote una vez más. Ella tenía su mano sobre tu maldita rodilla, la distancia de tu rodilla a tu polla es mínima y, amigo, esa herramienta ahora me pertenece sólo a mí —me removí sobre su regazo y le guiñé un ojo.

Edward frunció sus labios y tragó saliva.

—Amor… Floyd está a sólo unos pasos de nosotros.

Oops. —solté una risita.

Nos perdimos la misa de Carli que era en la tarde ya que debíamos cuidar de nuestra bebé. Desgraciadamente minino tuvo la brillante idea de pedirles a Cobain, Tink y Grizz que fueran en nuestro nombre, no sé por qué pensó que esa podía ser una buena idea, ¿es que se había tomado las gotitas de Grace o que mierda? Incluso Floyd estaba siendo atento con ella, actuando como su fiel mayordomo. Grace estaba acostadita en su cama de princesa y mi renacuajo permanecía junto a ella en todo momento, si la nenita quería algo, el enano bajaba la escalera corriendo para hacernos saber el pedido de nuestra princesa, era una imagen bastante graciosa, porque Floyd le insistía a Grace en que le hiciera cualquier pedido que quisiera, ya que mamá y papá se encargarían de eso, Pero la pequeña Weasley se avergonzaba incluso de pedir un vaso de agua.

—¡Mamá! ¡Grace quiere agua pero no quiere agua!

Suspiré por enésima vez de lo que llevaba la tarde.

—¿Cómo demonios es eso, renacuajo?

—Bueno, ella quiere agua, pero no quiere molestar o algo así —Floyd se encogió de hombros—. Ella también dijo que quiere estar con papá un rato —asentí, desordenando el cabello de mi enano con una de mis manos.

—Le llevarás el agua, ¿sí?, papá salió porque necesitaba hacer algo. Apenas ponga un maldito pie en casa le diré que suba a verla, díselo a tu hermana porque… —abrí mis ojos cuando me di cuenta de cómo la había llamado, carraspeé y seguí hablando como si nada cuando Floyd no hizo comentario al respecto—. Uh, ten, aquí está —le entregué el vaso con motivos de princesa a mi renacuajo. Él sonrió y asintió con su cabecita repetidas veces.

—¿Mami? —me llamó cuando ya estaba al pie de la escalera.

—¿Qué?

—¡Grace y yo nos decíamos hermanos en secleto! —chilló, antes de subir corriendo la escalera.

Estos mocosos me sorprendían todos los días.

Entorné mis ojos y me senté en uno de los taburetes de la cocina, Edward había ido a terminar con todo de una buena vez. De mala gana no había hecho comentario alguno cuando, al llegar a casa, me avisó que había quedado con Charlotte para juntarse a las afueras de la iglesia y ella se iría finalmente del pueblo, no daría marcha atrás una vez minino le entregara la maldita fotografía. Yo la había elegido, salíamos Grace, Floyd y yo, en el paseo hacia La Push que había organizado la clase de los niños. Era la única fotografía que iba a obtener de mi pequeña mocosa y sí, cada vez que la mirara iba a ver mi maldito rostro sonriente como plus. Sonreí de tan solo pensar en su rostro al verme cada vez que quisiera apreciar lo que por idiota había perdido.

—¿Qué es lo que puso esa sonrisa tan macabra en tu hermoso rostro?

Alcé la vista y me encontré con mi gatito completamente empapado. Se quitó la gorra de lana que se había puesto y caminó lentamente hacia mi lugar, hasta sentarse sobre uno de los taburetes que estaban a mi costado. Sus verdes ojos estaban fijos en sus húmedos zapatos, mientras jugaba con sus dedos, los cuales se encontraban entrelazados sobre su regazo.

—Oh, sólo estaba pensando en cosas —me encogí de hombros—. ¿Y?, ¿ladró mucho la perra al verme en la maldita fotografía? —sonreí tensamente tratando de aligerar el ambiente entre los dos. Minino suspiró y negó con la cabeza lentamente.

—Se echó a reír —sus ojos se posaron en los míos—, ella dijo que lo esperaba.

—Mierda —murmuré con pesar, realmente deseaba arruinar su vida con esa foto—. Tu hija quiere hablar contigo, hace sólo unos minutos Floyd bajó dando el mensaje —me puse de pie y me crucé de brazos, caminando por la cocina, alejándome de él.

—¿Estás enojada conmigo aún?

—¿Por qué te reías con ella? —Tenía el ceño fruncido, era simple curiosidad—, ¿por qué siquiera la escuchaste y te apiadaste de ella? ¿Por qué demonios te molestaste conmigo cuando ella fue la que arruinó mi maldita tienda en un principio?, joder, sólo… No logro entenderte, quiero saber por qué dices amarme si al final…

Calla, maldita sea.

—Al final, ¿qué?

—Olvídalo.

—Quiero saber lo que tienes que decir, Isabella, por favor.

—Olvidé lo que iba a decir, minino, déjalo —no me creyó, pero lo dejó pasar.

—Digo que te amo porque es lo que siento —murmuró, poniéndose de pie y dando unos pasos a mi encuentro—. Te he amado desde que era un adolescente, te amé incluso en ese tiempo en el que no supe nada de ti, te amé por largos siete años en los que ni siquiera sabía si seguías viva. Por eso digo que te amo, porque lo siento, porque es verdad y está aquí —colocó su mano sobre su pecho, a su lado izquierdo—, en mi corazón, en ese maldito músculo que vive un sinfín de emociones con el sólo hecho de contemplar tus ojos.

Él me había dejado sin palabras una vez más.

—Pero… Charlotte…

—Charlotte fue quien hizo posible la estancia de Grace en este mundo, es lo único por lo que podría apreciarla —tragué saliva y asentí. Edward suspiró e hizo un gesto con su mano, indicándome la sala de estar—. ¿Recuerdas cuando papá hablo sobre que algo sucedió cuando dejaste Forks? —asentí, rememorando ese día en el que me había reencontrado con Carli—. Puedo hablarte sobre eso, si quieres, claro —asentí a sus palabras nuevamente—. Bien, vamos a sentarnos.

Caminamos hacia la sala de estar, él se sentó con cuidado sobre el sofá mientras yo me desparramaba como un saco de papas, esperando impacientemente a que comenzara a revelarme aquel secreto del que no me había hablado.

—Bien, habla, te escucharé y no joderé mientras me cuentas todo esto.

—En realidad es una cosa absurda —soltó una risita y sus mejillas se tiñeron de rojo—. Bueno, fuiste mi primera mujer en todo —sonreí por eso—, y yo no estaba preparado realmente para dejarte ir. Pero no lo dije. No quería seguir insistiéndote, ya me habías rechazado un sinfín de veces… —minino soltó una risita por lo bajo—. La primera semana que te fuiste… Yo estaba en piloto automático, mis vacaciones llegarían pronto a su fin y tendría que volver a Connecticut. Yale me esperaba para otro año y no te tenía a ti… No iba a tenerte nunca porque te habías ido.

—Eventualmente iba a regresar, de todos modos, papá y Ness estaban acá y… —alzó una de sus cejas entretenido por mi súbita interrupción—. Sin joder, lo siento, lo olvidé. Continúa.

—No quiero que creas que te estoy culpando de algo —se precipitó, asentí sonriendo. No lo había creído ni por un segundo, él no era así. Pero de todos modos la culpa estaba ahí—. Yo… Estaba bastante triste, apenas y hablaba con la gente, uh, en esos días me gustaba ir al bosque. No lo sé, me gustaba la tranquilidad que emanaba y como estaba solitario. Igual que yo. —Edward rascó su nuca—. En uno de mis viajes llegué a un acantilado, cerca de La Push, no lo sé realmente, no lo recuerdo muy bien…

—¿De qué demonios estás hablando?

—Vi a unos chicos ahí —prosiguió ignorando mi pregunta—, ellos estaban haciendo salto de acantilado. ¿Has oído hablar de eso?

—Joder, sí, Lobo nos llevó a hacer algo de eso cuando andábamos por California… —fruncí el ceño sin entender a donde quería llegar—. ¿A dónde quieres llegar con esto minino? ¿Es que acaso hiciste salto de acantilado?

—Uh, sí —asintió y desvió la mirada—. Recuerdo perfectamente el cielo nublado ese día, un ventarrón que corría sin piedad y como las olas rompían con fuerza a los pies del acantilado. Estaba solo. Tú eras esa pizca de energía que me sacaba de la monotonía en este pueblo… Yo… No pensé… sólo lo hice.

—¿Hicistequé?

—Yo me tiré del acantilado… —minino volvió a tragar saliva y esta vez desordenó su cabello—. Si no hubiera sido por el señor Clearwater yo no estaría aquí realmente…

Okay.

Paremos la mierda.

—¿E-Estás tratando de decirme que intentaste suicidarte por mí? ¡¿Pero qué demonios Edward?!

Abrí mis ojos de par en par y cubrí mi boca sin saber que decir a todos esto. ¿Estaba loco? ¿Qué clase de emo depresivo era para haber atentado con su vida? ¿Qué tan destructiva había sido yo para él? Oh santa mierda, ¡con razón Carli me odiaba en un principio! ¡Casi había matado a su hijo! Creo que comencé a hiperventilar como una estúpida, no podía creer la historia que me había contado. Demonios, no quería creer que él había sido tan idiota para hacer una cosa así, ¿es que no pensó en su familia? ¿Qué diablos? Iba a besar al oficial Clearwater la próxima vez que lo viera, estaba segura de eso.

—Hey, Bella, respira… —fruncí el ceño y comencé a respirar con tranquilidad, tratando de igualar la respiración de minino. Él sonrió… ¡Sonrió!—, así está bien amor, respira —acarició mi mejilla dulcemente—. Papá tuvo una reacción similar a la tuya cuando me ingresaron al hospital ese día —Edward rio, yo aún estaba en shock—, yo no intenté quitarme la vida, ¡solo quería algo de diversión! Cuando los chicos de La Push estaban haciéndolo ellos reían, estaban pasando un rato agradable, eso quería. La energía que te proporcionaba… ¿Qué iba a saber yo, que ese era un pésimo día para hacerlo?, no tenía idea de nada, solo pensé que era saltar y listo.

—No querías matarte.

—No, Isabella, no estoy loco, me gusta la vida.

—¿Tienes una idea…? —golpeé su hombro con mi puño una vez—. ¡Eres un idiota! ¿Sabes todas las cosas que pensé? ¡Joder! ¿Y si el oficial no hubiera estado cerca, qué? ¡No estarías aquí! —Golpeé su hombro otra vez—. Oh Dios mío, no estarías aquí Edward… Esto —nos apunté—, no habría pasado, porque una vez yo llegara al pueblo me habría enterado de tu muerte… ¡Yo lo habría sabido siete años después! —las lágrimas aparecieron en mis ojos. Minino frunció el ceño y limpió una de ellas que había caído por mi mejilla—. Y tú hubieras muerto sin saber que te amo, maldita sea. ¡No sé porque demonios estoy llorando!

—¿Me amas?

—¡Pues claro que lo hago, idiota! ¡Te amo! ¿Es que acaso crees que aguantaría toda tu mierda esa con Charlotte si no lo hiciera? Y además te perdono jodidamente rápido, ¡te perdono todo! —entorné mis ojos y limpié mis lágrimas rudamente con mi antebrazo. Me puse de pie y carraspeé—. Entonces ese es el maldito abandono y esas cosas que habla tu padre, él aun piensa que intentaste quitarte la vida… Por mí.

—Él… Sí. —Se encogió de hombros avergonzado—. Luego de eso volví a la Universidad, conocí a Charlotte… Encontré nuevamente la pizca de energía que necesitaba, un reemplazo… No duró mucho realmente, sólo fueron unas cuantas noches… Y el milagro llegó —minino sonrió dulcemente a la vez que se ponía de pie—. Llegó mi muñeca… No necesité nada más, hasta que nuevamente apareciste aquí —tomó mi barbilla entre sus dedos, manteniéndome fija en mi lugar—. ¿Así que me amas?

—Como el infierno —susurré.

Estaba perdida.

Y todo era su puta culpa.

Yo estaba malditamente enamorada de este hombre.

—Yo te amo mucho más —sus labios se apoderaron de los míos y que Dios lo ayude.

—Podemos discutir eso, minino…

Él aún tenía puesta la bufanda alrededor de su cuello, cosa que me facilitó enormemente el mantenerlo pegado junto a mí, jalé de las puntas y luego lo empujé ligeramente, haciendo que volviera a caer sentado en el sofá. Sin pensarlo dos veces me subí sobre su regazo, a horcajadas. Lo besé como si no hubiera un mañana, lo besé por todos esos malditos siete años que estuve sin sus besos, Lo besé porque yo no era ningún bien para él. Lo besé simplemente porque, joder, lo amaba, lo amaba tanto que mi corazón sangró al pensar en que por una estupidez de niños estuve a punto de perderlo. La sola idea se me hacía una mierda, yo no podía perderlo, no ahora que había vuelto para quedarme con lo que era mío, porque él era mío al igual que su mocosa, el pack completo me pertenecía y joder si alguien se atreviera a tratar de quitármelos.

—Me encanta… M-Me encanta lo que le estás haciendo a mi cuello, amor… —soltó un gemido por lo bajo cuando me restregué inocentemente contra su ingle mientras seguía besando su cuello—. Los niños están arriba…

—Lo sé, no hagas ruido —murmuré, sin despegar mis labios de su cuello.

Subí lentamente con mis besos, desde la curvatura que conectaba el cuello y su hombro hasta aquel punto que lo hacía ronronear tras su oreja, era un pequeño ronroneo que resonaba por su pecho, un sonido malditamente caliente. Agarré el lóbulo de su oreja entre mis dientes y le di una pequeña mordida, las manos de Edward que estaban sobre mis caderas afianzaron su agarre, esta vez fue él quien causó fricción entre nuestros sexos. Volví a besar sus labios, mis manos delineaban lentamente sus pómulos, como si quisiera retener su imagen grabada a fuego en mi memoria, por mis ojos, por mi tacto, por todo, unos ruidos en el segundo piso hicieron que minino cortara nuevamente nuestro beso.

—Bella, amor, los niños…

—Están arriba, escucharemos si bajan… —tiré de su labio inferior levemente con mis dientes—. Deja de ser un remilgado, puedes guardar silencio si yo puedo hacerlo, joder —Simba volvió a sonreír, esta vez sus manos iban subiendo por el costado de mi cuerpo lentamente.

Sus manos se colaron debajo de mi playera, estaban frías, un pequeño escalofrío recorrió mi cuerpo cuando sus largos dedos hicieron contacto con mis pechos. El sujetador que llevaba se abrochaba al frente, ¿cómo demonios sabía él eso? No tenía ni puta idea y poco me importaba. Mis pechos quedaron libres en un abrir y cerrar de ojos, aun llevaba la remera puesta. Sus dedos tocaron superficialmente mis erectos pezones, era desgarrador, el contraste entre lo frío de sus manos y lo caliente que se encontraba mi cuerpo. Solté un pequeño gemido cuando comenzó a trazar círculos entorno a mi aureola. Mientras minino se entretenía con mis pechos, mis manos se apoderaron rápidamente del botón de su pantalón.

—Te amo —murmuró, su rostro peligrosamente cerca de mi torso. Me observó entre sus pestañas a la vez que tomaba mis pechos entre sus manos. Juro por todo lo divino que estuve a punto de venirme en el instante en que, sin quitar sus ojos de mí, tomó uno de mis pezones entre su boca.

La playera era un maldito obstáculo.

Pero sabía que él no quería quitármela por si bajaban los niños.

—Joder, yo amo que hagas eso —me aferré a su cabello, instándolo a seguir. Con mi otra mano seguía tratando de desabrochar su pantalón.

Cuando finalmente pude liberar el cierre, mi mano se escabulló entre sus ropas, llegando finalmente a mi preciado tesoro. Oh, como mierda había extrañado su polla, yo era una mujer con necesidades varias, pero el sexo con minino… El sexo con minino era mucho más que una necesidad. Tomé su miembro erecto en mi mano y comencé a masajearlo, al mismo ritmo en el que él devoraba mis pechos como si la vida se le fuera en ello. Su miembro estaba malditamente duro, listo para mí. Lo quería ahora, fuerte y rápido, me temblaba todo de tan sólo pensarlo.

—Bella… —gimió, guiando una de sus manos hacia mi sexo.

Oh, como anhelaba su toque en esa parte de mi anatomía.

Desabrochó magistralmente mis jeans, sus dedos se colaron con premura entre mi ropa, cuando finalmente alcanzó aquel maldito lugar que me hacía ver las estrellas, no pude evitar soltar un bajo gemido de placer. Amaba sus malditos dedos mágicos, eran tan largos y finos, perfectos, joder, perfectos para llegar a lugares que otros no podían…

Pero, para nuestra desgracia, teníamos dos mocosos en casa que demandaban nuestra atención.

Los ruidos en el segundo piso se hicieron más fuertes, Edward detuvo todo lo que estaba haciendo, retirando su mano rápidamente de entre mi ropa interior, obligándome a parar el trabajo manual que estaba ejecutando y se quedó escuchando sin más.

—Creo que no podremos seguir con esto, los niños…

—¡Agh!, ¡joder! ¿Es que no has escuchado que el sexo de reconciliación es lo mejor? —le pregunté un tanto exasperada por la interrupción. Estaba caliente, con un demonio, lo necesitaba ahora.

—¿Qué es sexo?

Genial, simplemente genial.

Gemí y dejé caer mi cabeza contra el hombro de Edward, quien rió suavemente y acarició mi espalda. Floyd había articulado esa pregunta. Él nos observaba con genuina curiosidad, sin saber que mami tenía prácticamente las tetas al aire gracias a que su sujetador estaba desabrochado y papi estaba como si nada con la verga afuera. Claro, porque el muy infeliz sabía que yo cubría su parcial desnudez con mi cuerpo. Floyd seguía mirándonos con su cabeza ladeada y su… ¿Por qué demonios tenía el cabello naranja? ¿Y qué carajos que había hecho él en el rostro? Fruncí el ceño y me enderecé en mi lugar, aún estaba sentada sobre Edward, aún podía sentir que no era la única cachonda en esta situación, pero que me parta un rayo… ¿Qué demonios sucedía con mi hijo?

—Bebé… ¿Qué le hiciste a tu cabello?

—¡Tempera! —chilló, olvidando gracias a todo lo divino su pregunta anterior—. Y estos son plumones —murmuró, apuntando las "cicatriz" que adornaban su rostro—, ¡Grace los hizo! Yo venía a pedirte que nos ayudaras, mamá, ¿puedes ayudarnos?

—¿Ayudarlos en qué?

—¡A disfrazarnos! ¡Es Halloween! Y aunque no podamos pedir dulces, Grace quiere que nos disfracemos —Floyd sonrió. No pude evitar sonreírle de vuelta, vería luego como quitar la tempera de su cabello—. ¿Vienes, mami?

—Voy en un rato, sube renacuajo, ya los alcanzo.

—¡Yay! —Chilló subiendo la escalera, saltando los escalones de dos en dos—. ¡Mamá ya viene, hermana!

—¿Hermana?

—Ellos se llaman así en secreto, ¿puedes creerlo? —minino sonrió y besó mi nariz dulcemente—. Será mejor que vaya a ver el desastre que dejaron —acaricié rostro con la yema de mis dedos—. No quiero pelear otra vez contigo, ¿sí? Odié todo esto, así que… Si hay otra ex loca por ahí, por favor, dímelo para estar preparada.

—Hay una…

—Me estas jodiendo.

—Su nombre es Bella… Le gusta que le digan B, tiene unos hermosos ojos del color del chocolate y unos labios en forma de corazón que hacen pecar hasta al más santo —sus brazos rodearon mi cintura atrayéndome más a su cuerpo hasta que nuestros pechos estuvieron firmemente pegados—. Es hermosa, está un tanto loca —lo golpeé nuevamente—, pero la amo. Losamo a ella y a su hijo, ¿te dije que tenía un hermoso niño de cinco años? Es su viva imagen.

—Eres un cursi —lo besé por un prolongado tiempo—, una chica necesita escuchar algo cursi de vez en cuando.

—Cuando quieras, tengo un gran repertorio…

—Oh, joder, no sé por qué creo eso —solté una carcajada y luego suspiré. Sus ojos verdes volvían a brillar tanto como me gustaba, recargué mi frente contra la suya—. Te amo, minino, grábate eso aquí —toqué su sien con mi dedo índice, a la vez que Edward restregaba su nariz con la mía suavemente—. Y me debes un sexo de reconciliación.

—Todos los que quieras —sonrió contra mis labios cuando no pude aguantarme las ganas de tenerlo otra vez. Era adictivo, su sabor a menta, él en sí—. Soy tuyo, Isabella, puedes hacer de mi lo que quieras —luego de decir esa frase, minino sonrió coquetamente y, bajo mi perpleja mirada, llevó los dedos que había utilizado en mí a su boca.

Él malditamente lo hizo.

Yo creo que pude haber tenido un orgasmo ahí mismo.

—¿De dónde sacaron esta idea?

Tenía a los dos diablillos frente a mí tratando de lucir inocentes. La cama de Grace era un completo desastre por culpa de la pintura. Floyd tenía elcabello naranja chillón, a la vez que Grace había teñido el suyo de un amarillo patito. Agradecí al señor que ambos tuvieran el cabello corto ahora, iba a ser todo mucho más fácil cuando tuviera que limpiar el desastre.

—Tío Grizz nos dijo cuando íbamos en la camioneta y Grace se sintió mal de la pancita —mi niña asintió a las palabras de mi enano—, pero tío sólo dijo sobre el color de los cabellos de… De… —Floyd observó a Grace a la espera de su ayuda.

—¡Chucky! —Gritó Grace, alzando sus manitas al aire—, ¡y yo soy su novia! —su ceño se frunció—. Pero… Pero mejor soy la hermana, ¿sí? Porque papá y mamá son novios y los novios se besan… —ambos enanos se miraron e hicieron muecas de asco.

No pude evitar reír por sus ocurrencias.

—Vale, vamos a disfrazarlos… Vengan acá, mamá es experta… Además Chucky es nuestra película favorita —les guiñé un ojo—. Tink, Grizz y yo la veíamos para Halloween todos los años…

Busqué en sus ropas tratando de asemejarlos a la imagen de los muñecos diabólicos. Minino aún no veía a Grace, se caería de culo cuando viera los ojos de su muñeca pintados de un negro ocre al igual que sus labios y aquel peculiar lunar en su labio superior. Grace reía cada vez que pasaba el lápiz de ojo sobre su rostro para afinar detalles, al igual que Floyd cuando remarqué sus cicatrices. No teníamos la ropa exacta, pero, joder, mi mocoso llevaba una playera a rayas y una jardinera que habíamos hallado por ahí y Grace tenía tantos vestidos que entre esos habíamos encontrado uno blanco. Le calcé la chamarra de cuero que pertenecía a Floyd y observé mi obra de arte. Se veían exquisitos. Me agaché nuevamente frente a ellos y los atraje a mi cuerpo en un caluroso abrazo que fue deliciosamente respondido por sus pequeños bracitos.

—¿Dónde está papi?

—Papá salió por un momento, ya está por llegar —mealejé de ellos y besé ambas frentes—. Los amo, mis mocosos.

—También te amo mami, ¿podemos bajar a jugar ahora? —Floyd pestañeó rápidamente, poniendo esa cara de niño bueno que no lo salía muy bien cuando tenía unas cuantas marcas de guerra en su rostro.

—No, lo siento, pero no —ambos niños hicieron pucheros—. Tu hermana… —sonaba tan extraño decir eso, pero de algún modo me estaba acostumbrando ya que salía en los momentos menos pensados—. Tu hermana aún está enferma de su pancita y… —puse mi mano sobre la frente de Grace—. Lacalentura no baja del todo, estaremos en casa, veremos una película de monitos… No lo sé, pero nada de juegos bruscos.

—Sí, mamá —contestaron ambos un tanto alicaídos.

Bajamos la escalera con cuidado los tres. Los niños fueron a acomodarse en la sala de estar frente al televisor mientras yo preparaba unas chucherías. Lamentablemente Graceno podría comer dulces, Edward le había comprado unas galletas de agua camino a casa. Mi pobre pequeña, me apiadaba de ella porque esas mierdas eran asquerosas, ¡no tenían un puto sabor! Estaba acomodando los snacks cuando el timbre de la puerta de entrada sonó, sonreí pensando en niños pequeños disfrazados. Minino me había dicho que, después de todo, si celebraban esta fecha en el pueblo, pero los niños vestían de angelitos, princesitas y esas cosas blancas que existen en la faz de la tierra.

¡Yo voy ma'! —gritó mi enano. Escuché sus piececitos al correr por el pasillo y luego oí su voz otra vez—. ¡Tío Grizz, también estás disfrazado! —exclamó con alegría, lo que me hizo fruncir el ceño malditamente—. ¿De qué estás disfrazado?

Caminé hacia la puerta de entrada para salir de mi confusión.

Me detuve tras mi pequeño y negué lentamente con mi cabeza.

—Este año me disfracé de tampón —respondió Grizz, dándome una apenada mirada—, ¿no me ves?, ¡soy blanco y estoy cubierto de sangre!

—¿Cada vez que abra la puerta de esta maldita casa tendré que encontrarme con ustedes tres... Así?

Suspiré.

Cobain, Tink y Grizz estaban frente a mí luciendo jodidamente deplorables. ¿Qué había pasado?, no tenía la más mínima idea, pero era algo grande. Mi gran oso estaba todo machacado, él tenía razón acerca de lo blanco y cubierto de sangre. La playera blanca con el logo de Led Zeppelin estaba cubierta de sangre al igual que su rostro ypuños, tenía un corte en la ceja y en el labio… Tink igual, su cabello estaba enmarañado y uno de los tirantes de su remera estaba cortado. Ella no dejaba de sonreír, de todos modos. Cobain era el único que estaba ligeramente ileso, sólo tenía un corte en la frente, bien feo debo agregar, cargaba levemente el cuerpo de Grizz contra el suyo. El maldito estaba jodidamente golpeado, no podía creer lo que mis ojos veían. O había sido un cabrón más grande que él –cosa que veo imposible– o había sido una mariconada en grupo.

—¿Podemos escondernos aquí? —Me preguntó Tink—. Bebé, realmente quiero descansar, pateé muchos traseros esta tarde… Oh y, uh, puede que Carli esté un tanto cabreado… Puede que el cura buenote nos odie en este momento.

—¿Qué fue lo que hicieron?

—Una pequeña repartición de puños a domicilio… —Grizz se encogió de hombros y luego hizo una mueca con sus labios.

—¿Cómo quedó el otro equipo?

Los tres guardaron silencio y se miraron entre ellos, para luego observarme fijamente a mí. Sus gigantescas sonrisas contestaron implícitamente a mi pregunta y no pude hacer más que sonreír. Sí, ellos estaban jodidos y algo me decía que Cobain y Grizz iban a necesitar suturas en las heridas que tenían en su rostro, al menos Cobain en el tajo que surcaba su frente, pero ellos habían ganado, ¿qué tan jodido estaría el otro equipo?

¿Y por qué había pasado esto?

—Bueno, ya veo porque me ha llamado papá diciendo que puede que en mi casa necesitaran de mis servicios —minino estaba tras el trío de oro, observándolos resignado. Sus verdes orbes estuvieron sobre mí y luego sobre Floyd—. Ten, campeón, abu Esme les envía dulces, ve a guardarlos, ¿sí? Podrán comer una vez Grace se sienta bien de su pancita —caminó entre los chicos y le entregó la bolsa de dulces a Floyd, quien sonrió y corrió dentro donde su hermana. Minino suspiró y se giró para enfrentarlos—. ¿Qué están esperando?, ¡entren!

Los chicos entraron en silencio, ayudándose entre sí.

—Juro que esta vez no tuve nada que ver en esto, estaba en casa contigo, tratando de obtener un poco de eso —apunté a sus pantalones—, ¡no fue mi puta culpa esta vez!

—Lo sé amor —él rio—. Floyd… ¿De qué estaba vestido?

—Chucky, el muñeco diabólico.

—Vaya… uh, un buen disfraz, ¿no?

—Oh sí, espera que veas a nuestra princesa...

Los ojos de minino se abrieron de par en par y entró de sopetón a la casa.

Esta era una casa de locos, definitivamente.


¡Buenas noches!

Les traigo nuevamente el capítulo sin betear, porque me acaban de dar una noticia horripilante (?) estaré una semana sin internet (igual andaré por ahí hinchando pelota porque aun me queda el celu) y por eso les subo el capítulo, o si no hubiera esperado a que Roxana me lo enviara, peeeero, como puede mandarmela en la semana, boee, no se puede subir del celu... creo, y... Ni siquiera sé si tendré el internet del celu XDDDD estaré pobre, así que ojalá y lo hayan disfrutado y perdón por los errores. Karen McCarthy Rebeldes Sin Causa es uno de los fics que dejé inconclusos en el pasado y aun no he tenido el timepo de seguir, hace un tiempo hice la encuesta para ver cual querían que siguiera primero, y ganó "Tres, dos, uno, ¡estamos al aire!" sobre ese, pretendo comenzar a subirlo nuevamente una vez acabe ese :)

Creo que eso es todo, jajaja, por cierto... Tengo una nueva idea de fic, ¿ven lo que hace que yo tenga demasiado tiempo libre? es un peligro para mis notas en la Universidad y para mi existencia, les dejaré aquí un pedacito de mi nuevo trabajo que espero avanzar mucho, mucho antes de subirlo. Algunas de las chicas que me tienen en face vieron la imagen que no pude aguantarme en hacer, jajaja:


"Reglas de la señorita Swan"

Summary:

"¿Desde cuándo los mocosos estaban tan buenos?, no, la pregunta sería, ¿en qué demonios estaba pensando cuando decidí sacar el título de profesora de literatura? Has cavado tu propia tumba, Swan, y recuerda que todos son menores de edad, incluido el cobrizo que te mira con cara de quiero-follarte-sobre-el-escritorio" Inkbella. Cougarella. OoC. TH. Bella&Edward.

...

— ¿Tú? —Mi querida amiga Tanya soltó una carcajada tan grande como un vendaval— ¿Tú ejerciendo como profesora?

—Situaciones desesperadas requieren medidas desesperadas, Tan.

—Lo sé, nena, lo sé… Pero piénsalo… ¿Tú ejerciendo de profesora?

Solté un bufido y entorné mis ojos, dándole un sorbo a la pajilla de mi frappé.

Vale, no era la mejor en la materia, lo sé. Saqué el título de profesora hace dos años y no había ejercido en esa profesión, eh, nunca. Nunca excepto en aquellos años de Universidad donde prácticamente era obligación ir a un maldito colegio, pararte en frente de un salón de cuarenta mocosos insoportables y tratar de impartir clases. La primera vez salí arrancando. La segunda vez los dejé hacer la mierda que quisieran. A la tercera supe que no estaba hecha para esta tarea, que mi deber en este mundo no era enseñar y cambiar el sistema… Pero, joder, ya llevaba metida de cabeza tres años en la carrera, ni de coña pensaba salirme cuando apenas y me quedaba un mísero año. Así que Bella Swan se afirmó bien los calzones y salió adelante, sin ningún sobresaliente y casi arrastrándose por el suelo, pero salió adelante.

Tenía el maldito título de Profesora de Lenguas bajo la manga.

En realidad estaba empolvándose en algún lugar de mi apartamento

—Tan, necesitamos el dinero, ¿no queremos abrir el maldito taller? Bueno, nena, con las propinas que recibimos en el lugar de Aro nos alcanzará solo para la chapa de la puerta, y eso, con suerte nos darán la llave. —Volví a tomar de mi café helado, observando los azules ojos de mi mejor amiga— Tengo un maldito título y sé cómo usarlo, eh.

—Profesora… Señorita Swan. —Tanya frunció sus labios, tratando de suprimir una sonrisita cargada de burla. Le mostré amigablemente mi dedo medio— Tendrás que teñir tu cabello —hice una mueca, acariciando mis puntas celeste—, tendrás que usar manga larga… —me encogí de hombros, y asentí a sus palabras. Tatuajes, fuera de la vista de los mocosos—, solo pídele al divino que no te cague.

¿Qué no me cague?, ¿es que se estaba escuchando? Iba a tener que actuar como una persona "normal" como dicta la sociedad, eso ya era bastante. Mi cabello castaño estaba combinado con celeste en las puntas porque, demonios, era tan aburrido el color chocolate, y como bien dijo Tanya, ¡adiós mechas de colores, hola aburrimiento! Y luego estaban mis marcas permanentes en los brazos, había comenzado en mi cumpleaños número dieciocho y aquí estoy, con veinticinco años y un brazo repleto de dibujos. Fácil, camisas manga larga para cubrir la evidencia. De eso nada más, iba a poder con esto, infiernos que si iba a poder.

— ¿Cómo podría hacerlo aún más?

—Bueno, que por esas casualidades de la vida te toque un alumno que este buenorro.

El colmo de un profesor.

La fantasía del profesor-alumno.

Yo había pensado en eso, fantaseado un poco, que va, sería anormal si no lo hubiera hecho. La típica porno donde está la profesora vistiendo una falda entubada con unas medias de media pierna y unas sensuales ligas de encaje. La profesora, una perra cachonda con lentes, que tiene de santa lo que yo de zorra, escribiendo algo en la pizarra mientras el alumno la mira de su asiento. Y ahí empieza la parafernalia, la tipa se da vuelta, el cabrón del alumno está ahí, con la pija afuera como si fuera de lo más normal mostrarle tus atributos a una vieja que podría ser tu hermana mayor. Al momento en que la profesora abre la boca por lo sorprendida que se encuentra, es cuando la perdimos. ¿Es que nadie le dijo que abrir la boca teniendo una polla cerca trae sus consecuencias? Bueno, y ahí es cuando comienza la porno.

—Crucemos los dedos, recemos a la virgencita de Guadalupe, hagamos todo lo posible para que todos sean unos adefesios de la naturaleza, Tan. —Mi pelirroja amiga asintió— Si tengo un alumno cachondo será mi fin —gemí, golpeando mi frente teatralmente con la mesa frente a mí—, no podré contenerme, lo haré quedarse después de clase como castigo y ¡boom! Seré una profanadora de menores.

—Que el divino te acompañe en esta travesía, hermana.

—Que el divino le diga a mi vagina como diferenciar a un hombre de un crío.


¡Essssso es todo!

MUUUUUUUUCHAS GRACIAS POR ESTOS MÁS DE MIL REVIEWS A LA HISTORIA, SON UNOS AMORES (L)

¡Les mando abracines por todos sus reviews, alertas y favoritos chicas!

Lamb.