Disclaimer: Esta historia no me pertenece, los personajes son de S. Meyer y la autora es chocaholic123, yo sólo traduzco.
Disclaimer: This story doesn't belong to me, the characters are property of S. Meyer and the author is chocaholic123, I just translate.
Barely Breathing
Capítulo 21
CATASTROFE
La cocina para empleados es una pequeñísima habitación del tamaño de un armario, metida entre la última oficina y la pared exterior como una idea que llegó después. El linóleo que alguna vez fue blanco ahora es gris, se despega de las esquinas como para revelar un forro más oscuro y manchado. Tazas sucias yacen supurantes en el fregadero, charcos de bebidas que hace mucho fueron olvidadas decoloran el acero que alguna vez estuvo brillante con manchas café oscuro. Si enfocas la vista, parecen manchas de sangre.
Bella no enfoca la vista.
En lugar de eso, lava todas las tazas abandonadas, las seca bien, y las ordena cada una de nuevo en las repisas. Luego limpia los mostradores hasta que quedan limpios de granos de azúcar y gránulos de café, enjuagando a fondo el limpiador.
Después del desorden que es la oficina del profesor Cullen, esta sala es el paraíso. No hay libros tirados, no hay papeles hechos bola. No hay recuerdos de esposas muertas.
Porque ella asecha en la oficina. Sus palabras se curvean a través de las páginas de cada uno de los libros, trazos negros contando historias de una vibrante personalidad. Incluso muerta parece ser más grande que la vida misma. Bella se pregunta qué tanto de eso ha leído el profesor Cullen. Su esposa no sólo anotaba; hay bromas en los márgenes, pequeñas exclamaciones, y grandes críticas. Es como si ella les estuviera diciendo algo, pero Bella no tiene idea de lo que intenta transmitir.
Dos cafés. Uno del cálido color del roble, un vapor blanco se alza de la orilla. El otro negro como el carbón. Ella limpia la cuchara, agarra las tazas, y se gira para salir.
Un hombre rubio le bloquea el paso, haciéndola saltar. El líquido hirviendo salpica su mano y su pecho. Ella grita tanto por la sorpresa como por el dolor, tiembla al poner las tazas de nuevo en el mostrador.
El hombre no se ha movido. Se queda ahí parado, viéndola con ojos como platos, con la cara pálida. Por un momento, parece como si fuera a desmayarse. Ella intenta hablar, pero el palpitante dolor en su mano le roba todas las palabras. Ella se acuna la muñeca, inclinándose para pasarla bajo la calmante agua helada.
Pasan unos momentos antes de que él hable. Incluso entonces su voz tiene un toque de vibrato, baja y sube con cada palabra.
—Lo siento mucho… Cristo… no quería…
Tiene la mirada de un hombre que ha visto un fantasma.
—Está bien; no debí haber llenado tanto las tazas. Sólo estoy un poco escaldada, es todo. No es una catástrofe. —Bella aparta su mano del chorro de agua helada y le enseña la pequeña área roja—. Creo que tú estás más sorprendido que yo.
—No te equivocas en eso. —Él comienza a reír—. Por un minuto pensé que eras alguien más. —Toma su mano, revisando su quemada—. Madre de Dios, te ves idéntica a ella.
Bella frunce el ceño.
—¿A quién?
Su respuesta se ve ahogada por unas pisadas que se acercan.
