Cuarta parte


Capítulo veinte: Pritzuo y Hachimenroppi


En algún lugar desconocido 1

3 de agosto, mañana

Tsugaru dejó de captar lo que acontecía en torno suyo. Como si hubiese activado algún mecanismo de protección, paró de escuchar los gritos de Psyche, la risa del torturador, el latir de su corazón y también lo demás. Todo transcurría demasiado rápido o quizá el mundo se hubiera congelado. No estaba muy seguro. Hasta hacia poco, seguían llegándole los sonidos y los olores con demasiada intensidad, incluido el desagradable aroma que despedía la sangre de Psyche. También había logrado captar la propia tras morderse la mejilla y lengua. Tragó la sangre con pesadez.

Solo hasta que Psyche dio un grito diferente al resto, Tsugaru se volvió con brusquedad a la puerta, ahora abierta de par en par. Psy también lo imitó, pero no logró decir nada. El recién llegado se mostró sumamente sorprendido por la espantosa escena que encontró delante, pero al ver la expresión de Tsugaru (una mezcla de asombro y alivio), no lo dudó ni un momento más. Disparó el arma que llevaba en mano y Psy se desplomó en el suelo. Sus rasgos mostraron una total confusión. Confusión que compartieron los cuatro.

Aunque Psyche, que se estremecía de cuerpo entero, no apartó su atención de Psy que yacía a su lado, a Tsugaru no pudo haberle importado menos. Se abalanzó a Psyche y lo acomodó entre sus brazos. Lo quiso sentir junto a él, de modo que pasó sus manos por su rostro y cuello. Sin saber que decir, siguió manteniendo el abrazo al tiempo que evitaba mirarle a los ojos. Prefirió mirar la mano de Psyche, pero éste la apartó y la llevó a su pecho. A su parecer no tenía demasiada importancia.

Shizuka se había deslizado por la pared hasta caer sentada. Al juzgar su expresión, Tsugaru pensó que aquella mujer no terminaba por creerse lo que había hecho. La clon se miró las manos con las que, segundos antes, había sostenido y disparado el arma que no había usado sino hasta ese día.

Tsugaru se giró a Psy. Pensó que le vería completamente inmóvil, pero se equivocó; con el pecho pegado al suelo, Psy estaba murmurando entre dientes. Dejaba escapar murmullos que eran alternados por quejidos.

–Lo siento… Perdón… –creyó que decía Psy por lo bajo. Tsugaru no entendió aquellas palabras sino hasta que le vio llevarse una mano a los audífonos que aún mantenía puestos. Entonces se decidió por intentar hacer algo.

–¿Eres Shizuka? –le preguntó a la clon que pareció salir de su estupor. Ella asintió con la cabeza y, viendo el apremio que destilaba Tsugaru por el tono empleado, se acercó para tomar a Psyche en brazos.

–Sácalo de aquí, por favor –dijo el Alterno. Le pareció que su voz salió descompuesta y también notó que requirió cierto esfuerzo apartarse de Psyche.

–¿Tsugaru-chan? –le llamó Psyche.

–Todo está bien, Psyche. Espérame, ¿vale? –le dijo, pasando sus manos cariñosamente por el cabello del otro–. No tardare. ¿De acuerdo?

Psyche se preguntó si, de negarse, Tsugaru no le apartaría de su lado. No quiso cavilar sobre ese punto. Fingió que estaba bien quedarse fuera, sin saber que haría Tsugaru. Éste no insistió, pero captó la mirada herida de Psyche.

Cuando Shizuka se alejó con Psyche, el Alterno se giró a su "hermano". Psy seguía murmurando y gimiendo, pero apenas se movía. Únicamente respiraba trabajosamente.

Tsugaru se acercó al hombre y le dio la vuelta, hasta que quedaron viéndose cara a cara. El Alterno advirtió que Shizuka había logrado herirle de gravedad. Con reservas, Tsugaru aplicó presión sobre el pecho del otro, de modo que la sangre dejó de salir. Psy gimió pero clavó su salvaje mirada en el Alterno.

–¿Con quién hablas? –le preguntó Tsugaru.

Psy sonrió con burla.

–¿Y por qué tendría que decírtelo? –escupió sangre.

–¿Amas a esa persona? ¿Te importa? ¿Por qué le pides perdón de esa manera?

El herido quiso incorporarse pero la pesada mano de Tsugaru se lo impidió.

–Te han herido cerca del corazón; estás desangrándote. Muy rápido además. ¿Cuánto crees que te quede? No seas imbécil, dime con quién hablas –le dijo Tsugaru muy serio–, si guardas silencio, fingiré que no podía hacerse nada para salvar tu vida. Cuéntame, ¿qué hizo Shitsuo?

Los ojos de Psy se anegaron en lágrimas. Y le contó lo que sabía.

En algún lugar desconocido 2

3 de agosto, mañana

–Me gustaría entender el por qué quiso arriesgarse a morir… –dijo Vi, con total sinceridad. Se acercó a Roppi que permaneció en su sitio. Odiaba al maestro lo suficiente como para pensar lo peor. ¿El hombre que tenía a escasos pasos le odiaría tanto como él? Compartir el odio sin duda debía ser una sensación agradable.

–Es un monstruo. ¿Qué más? ¡Me dejó vivir! ¡Era evidente que sabía que esto iba a suceder…! Él siempre busca herir a los demás si sospecha que disfrutará de sus reacciones.

–Mira que también eres retorcido –dijo Vi jocosamente–, ¿le odias aun cuando te salvó la vida? Claro, el gusto solo le durará poco, no importa que haya pretendido con eso. ¡Ya sé! ¡Voy a compensarte lo mucho que te ha lastimado el maestro!

Roppi alzó la mirada, sin comprender todavía.

–¡Voy a dispararte! Es la única bala que me queda! Me aseguré de tener solo dos; una para ti, otra para Orihara. ¿Sabes por qué? Porque Psy siempre me dice que solemos esforzamos más cuando tenemos una sola oportunidad de ganar…

Roppi estaba atento a cada palabra, a cada gesto del virus que no se percató de la llegada de Tsukishima. Vi si lo hizo, de modo que elevó el tono de su voz.

–¡Si te mueves eres una basura, un hipócrita que no ha hecho más que hacer perder el tiempo a los que te rodean! Ah, pero si te quedas inmóvil, yo mismo enterrare tu cuerpo y llorare en la tumba. Diría algo así como "aquí yace el más sincero de todos. ¡No parpadeó siquiera!" ¿Qué eres, Roppi?

Ninguno de los Alternos tuvo tiempo de protestar o siquiera abrir la boca. Vi fue quien lo hizo. Su previa calma se convirtió en ira, que no lograban explicarse Tsukishima ni Roppi.

–¿Quién eres? ¿Dónde está…? ¡Maldito seas! –Vi dijo aquellas palabras de tal modo que la cólera le hizo daño–. ¡Voy a matarte!

La expresión del rostro de Vi cambió por completo cuando no fue Tsugaru quien le habló.

–¿Psy? Oh, cielo… No pasa nada, nada. No, amor. Puedo perder esto, la alternativa es impensable… Yo soy quien lo siente. Déjame hablar con él.

Tsukishima miró con aprehensión como la mano del virus que sostenía el arma temblaba. Solo un segundo se requería para acabar con Roppi.

–Como le dejes morir, masacrare a todos los demás –le rugió el virus a su nuevo interlocutor–, te probare lo compasivos que hemos sido.

Vi encaró a Tsukishima y le mostró como dejaba caer el arma al suelo. Tsukishima se apresuró en llegar hasta donde Roppi permanecía encogido.

Vi parecía desear con todas sus fuerzas estrangularle, tanto a él como a Roppi, pero le tendió los audífonos. Tsukishima los tomó y luego le explicó a Tsugaru la situación. Con recelo le devolvió los audífonos a su dueño que no tardó en hablar con total docilidad. Tsukishima no pudo hacer más sino pensar que en aquel virus habitaban dos personas totalmente distintas. Pasó por alto el escalofrío que le recorrió la columna y levantó a Roppi del suelo.

–Tsuki… –le llamó éste, como si se hubiera olvidado de que el virus seguía frente a ellos–, Tsuki, ¿qué estás haciendo? Déjame. ¿No te das cuenta? Ya no puedo hacerte esto. Yo sé que… sé que no me habría movido. ¡No permitas que siga causándote tanto dolor!

Tsukishima no interrumpió a Roppi, pero su corazón siguió estrujándose.

–¿Por qué? No tienes ninguna obligación. No mereces esto.

–¿Estás seguro?

–Eh…

–¿Estás seguro? Si yo volviera a poner frente a ti el arma, ¿te quedarías quieto? ¿Puedes jurar que eso pasaría…? –Tsukishima le miró como nunca antes lo había hecho. Roppi no supo que debía sentir.

–S-sí. Eso pasaría. No hay nada que cambie eso.

–Déjame mostrarte que eres mucho más valiente de lo que dices.

Roppi no entendió lo que hacía Tsuki. Captó que Vi seguía hablando, pero no entendió nada de lo que decía, salvo el tono suave con el que murmuraba.

–Hare lo mismo que él pensaba –dijo Tsuki, señalando con un movimiento de la cabeza a Vi–, si no te mueves, lo acepto. Quizá no me ames como pienso, pero aun así te seguiré. Los monstruos pueden morir. Pero si pasa lo contrario, entonces, nos iremos a casa. Iremos a nuestra casa.

–¿Tsuki? ¿Pero qué…?

A Vi le habría encantado contemplar lo que resultaría de la oscura decisión de Tsukishima y lo que Roppi respondería, pero solo podía pensar en Psy. Y, por supuesto, pensó en lo que haría si se topaba con Shitsuo. El mismo Orihara lloraría y rogaría perdón si acaso lograba ponerle las manos encima al arquitecto.

No escuchó al arma ser disparada.

[ … ]

En algún lugar desconocido 1

3 de agosto, mañana

Tsugaru odió el sonido de la voz de Vi. Afortunadamente Psy le interrumpió.

–Por favor… –musitó Psy.

Tsugaru dudó unos instantes. Aun así, se quitó los audífonos y se los entregó al otro. Lo miró mientras le escuchaba hablar y siguió aplicando presión en la herida. Para ese momento las manos las tenía pegajosas, enguantadas en rojo. Tanto como para creer que vomitaría.

–Perdón. Perdón, Vi. No creo que llegue a cumplir la promesa… Fue mi culpa… No pude hacerlo… No pude aun después de todo este tiempo alejado de... Perdón…

Tsugaru no llegó a captar que le habría respondido Vi, pero el herido se limitó a dar muestras de asentimiento mientras se cubría el rostro.

–Gracias, amor…

Sé muy bien que no soportaría otro año sin saber de ti.

Tsugaru no supo el por qué, pero a él llegó el cansancio acumulado durante días. Se obligó a mantenerse de pie. Tras mirar de nuevo a Psy, el Alterno aceptó que sus acciones eran las correctas, sin importar lo que podría decirle el resto.

Pese a su resolución le pareció que, muy en el fondo, le haría sentir cierta felicidad apartar sus manos de Psy. ¿Acaso sería capaz de ignorar las amenazantes palabras del segundo virus? Lo que de verdad le hizo sentir repulsión hacía sí mismo fue el notar que incluso ese par de sádicos eran capaces de dar muestras de completa devoción el uno por el otro. ¿Qué había hecho él? Quizá había logrado salvar a Roppi, pero ¿y Psyche? ¿Y Delic e Hibiya?

¿No debería dejar morir a Psy e ir corriendo a buscar a quienes decía amar? ¿O acaso esa era la línea que no debía cruzar para evitar ser un monstruo?

-o-o-o-

Por fuera de aquella casa destartalada, Shizuka sintió a sus propios ojos escocer. Seguía rodeando a Psyche que había dejado de ocultar su dolor y ella se sintió en la necesidad de unírsele. Por unos momentos pensó que quizá fuera lógico suponer que siendo una clon de Shizuo podría ser igual de "monstruosa", pero se decidió por qué nada tenía que importar ese detalle con el que sintiera cierto remordimiento y, a la vez, desahogo por lo hecho.

Rio con suavidad al sentir que Ruby había llegado. El Alterno no le preguntó nada y mostrando cierto tacto, quizá por primera vez, se acomodó junto a ella y le pasó un brazo por los hombros. Con la mano libre empezó a pedir ayuda y luego aguardó en silencio.

[ … ]

En algún lugar de la ciudad de Ikebukuro

3 de agosto, madrugada

Hibiya era contemplado por Shitsuo de una forma que le hizo temblar. ¿Por qué no simplemente le mataba? ¿Qué necesitaba? Quizá Shitsuo estaba dudando. ¿Por qué otro motivo le habría llevado a lo alto de un edificio que permitía observar a lo lejos las farmacéuticas destruidas? ¿Requería revivir esos recuerdos para atreverse a cumplir su cometido? Shitsuo no había dicho gran cosa y tampoco lo hizo cuando vio a Delic llegar.

Hibiya le recorrió por completo. El que se hubiera vestido con su ropa habitual le hizo lucir más fuerte, pero viendo su rostro ensombrecido el principito supo que estaba al límite.

–Oye, Shitsuo, deja que te ayudemos, por favor –empezó a decir con tranquilidad–, yo puedo ayudarte. ¿Por qué no lo ves? Somos hermanos. Y no pienses ni por un instante que no sentimos lo que sucedió.

–¡Cállate! –Hibiya cerró los ojos pero luego los abrió y no apartó su atención de Delic.

–No. Me estoy muriendo. Pero no pienso dejar que uno más lo haga. Ni siquiera tú. ¿No sabes qué hacer? Yo puedo decírtelo.

Hibiya nunca antes había pensado que Delic pudiera lucir tan… imponente. Aunque fatigado, le pareció que incluso Shitsuo debería estar sopesando su manera de actuar. Hibiya no temió por su vida. Además a Pritzuo no se le veía por ningún sitio.

–La solución es simple. No es esto. Esto es algo que solo a Orihara-san se le hubiera ocurrido (puede que disfrute el saber lo que está sucediendo). ¡Es demasiado horrible! No, no. Lo que debes hacer requiere de mayor esfuerzo, pero seguramente es lo que necesitas.

Hibiya no sintió que Shitsuo aflojara sus dedos, pero al menos pareció estar prestando atención. Delic esperó que lo hiciera.

–¿Y qué sería?

–Vive como si Sakuraya siguiera aquí. Él nos quería. Seguramente le dolería mucho verte así. A mí me duele. Por favor, devuélvemelo –Delic estiró su mano.

–¿Cómo te atreves? ¡Eso es algo que no puede hacerse!

–Hibiya lo hará.

El principito se vio así mismo soltando un sollozo.

–Díselo, Chibiya. ¿Vivirás como siempre aunque ya no esté?

–Sí, Delic. Lo prometo.

Estés o no, yo te querré.

–Por favor, Shitsuo. Demuéstrale a Sakuraya que también puedes hacerlo.

–¿Shitsuo? –Hibiya se atrevió a mirar al hombre.

Delic creyó que se rendiría; a Hibiya le pareció que había dejado de sujetarle tan fieramente, pero Pritzuo fue el único capaz de entender lo que realmente pensaba hacer. Apenas se mostró al resto, pero lo supo al instante. Depositó la enorme cruz metálica al lado de la puerta de acceso y supo que la mirada de Shitsuo era la de quien mira al vacío y sabe que no le queda nada más que recorrer.

Por esa razón arremetió contra Delic y lo tumbó en el suelo. Delic gimió al hacerse daño e Hibiya lo mismo. Shitsuo recobró la sonrisa inicial. A diferencia de los virus que precisaban causar males con palabras y acciones, a Shitsuo le bastaba con tan solo ver. Disfrutar de ver que no estaba solo en su desesperación.

Delic forcejeó pero Pritzuo era alguien fuera de ese mundo. No era humano. Hibiya le odió y para ello no tuvo que cuestionarse su naturaleza.

–¿Pero…? –ninguno entendió que había atisbado Shitsuo, aun con aquel barullo. Tuvo que preguntar en voz alta–: ¿Dónde diablos la dejaste?

–¿Eh? –Pritzuo supo que le miraba solamente a él, a su cuello y pechera. Reforzó el agarre de Delic.

–¡¿Dónde diablos está la cruz, maldito infeliz?!

–¿Pero qué dices? Está aquí mismo.

Ya no hubo mayores dudas en Shitsuo. ¡Así qué quisieron también traicionarle! Cuando trató de alcanzar a Hibiya, Pritzuo soltó a Delic. El Alterno, el arquitecto, no logró quitarse de encima al otro que, mucho más fuerte que él, lo empujó a la orilla del edificio. Para bien de Hibiya, Pritzuo logró tomarlo de la muñeca y tirarlo al centro de la azotea.

Delic supo que no sería lo suficientemente rápido como para ayudar a cualquiera de los dos. En efecto; lo intentó y falló. Hibiya repasó mentalmente lo que había sucedido pero no terminaba por aceptarlo. Permaneció inmóvil.

Delic apoyó sus manos en el borde y se atrevió a mirar hacia abajo. Después retrocedió con lentitud y se dejó caer sentado. Empezó a llorar. Y siguió llorando largo rato pero ahora en brazos de Hibiya. El aire helado que soplaba y también lo taladrante que resultó el desconsuelo del Alterno le permitió a Hibiya mantenerse calmo. Era lo que tenía que hacer. Le había llegado su turno.

–El tiempo que reste, será nuestro –le prometió el principito.

Con gestos, Delic le dio a entender que esperaba que le estrechara aún más.

–Sí, lo que reste es tuyo. Ya no me queda ninguna otra cosa que darte.

–Te quiero.

De todo lo dicho durante los días pasados, Hibiya sabía que esas dos palabras eran lo verdadero y perdurable.

En algún lugar desconocido 3

3 de agosto, mañana

Cuando despertó por la mañana, Izetsuki reparó en que se encontraba convaleciente pero que viviría. Luego, se llevó las manos a la cruz de plata que llevaba colgada al cuello.

Se conmovió.

[ … ]


Próximo capítulo: Toudaimoto y Ruby.

N. del A. (¿?) Ja, ja, ja, dentro de poco les publicó el último capítulo... (^w^) ¡Besos y abrazos!

Respuesta a los comentarios.

Karasu-shiro: Awww... Muchas gracias por tus palabras, linda. ¿Qué tal? ¿Bien? ¿mal? ¿Esperado? Ja, ja, ja. ¡Besos!

Ale baskerville: Qué amable, ¡gracias por leer! (n_n) Espero que te guste el final.

Uchihaberenice: ¡Hola, hola! Me parece que esa pulga es demasiado escurridiza... ¡Qué bien que ya tengas internet! ¡Te mando un gran abrazo!