Muy buenas tardes a tods! ^^

felizdelavida()!

Te debo una respuesta de uno de los capis anteriores, olvidé mencionarte XD. Me habría encantado que la Liga de los Hombres Extraordinarios hubiera aparecido en
la ventana de mi habitación (¿quién no querría recibir en su cuarto a Dorian Gray y a Mr. Invisible, por dios? XD), aunque me parece que Hulk tendría que haberse conformado con mirar desde fuera XD. Me alegro de que te guste la historia *^^*

Otra cosita! Hubo un fallo del comprimidor de texto de FFiction y en uno de los últimos párrafos del capítulo anterior aparecía una frase cortada (gracias, SunaRen XD), no es que se me haya ido la pinza escribiendo, es k se ve k la pagina se volvió loca, pero lo arreglaré ^^.

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Mentira nº 21: La risa es el lenguaje del alma, el beso es el lenguaje del amor y el sexo, el lenguaje de la lujuria.

-¡Marco! ¡Hemos organizado una excursión para ir mañana al lago a pescar esturiones de agua dulce! Va a ser genial y vamos a…

-Espera, Ace, dame un minuto.

El primer comandante no levantó la vista de los papeles que tenía en la mano a pesar del considerable escándalo que se traía el chico con pecas que acababa de invadir su habitación. Marco tenía un safari completo de papeles disperso a su alrededor sobre la colcha de la cama y era evidente que estaba bastante harto de leer. Eran tantas las cosas con las que se tenía que poner al día que se había puesto de una mala hostia increíble cuando simplemente más y más archivos e informes parecían salir de la nada. Ace echó un vistazo a su escritorio, extrañado de que Marco no estuviera trabajando en él. La visión de cinco pilas perfectamente alineadas ocupándole toda la mesa respondió a su pregunta silenciosa. Vale, así que por eso había estado desaparecido en combate todo el día salvo el desayuno y la cena. Se ve que el trabajo acumulado de tres meses no era precisamente moco de pavo.

-… ¿Quieres que te eche una mano?

-No. Bueno, sí. Hazme el favor de llevarte esto… y esto otro. Ponlo todo en la montaña del extremo izquierdo de la mesa… ¡Espera, y ésta también! – Ace arqueó una ceja cuando el primer comandante le encasquetó un nuevo montón sobre los demás que ya tenía en brazos.

-Claro… ¿Y quiere el señor que le traiga un café ahora o mejor luego?

El comentario hizo que Marco pestañease al darse cuenta de que desde que había llegado no le había dedicado ni una sola palabra amable. Se quitó las gafas de leer y las dejó a un lado masajeándose el caballete de la nariz antes de ponerse en pie y cogerle la montaña que sostenía en las manos.

-Lo siento, Ace. Me has pillado un poco harto – sin que se lo esperase se ladeó hacia él para besar fugazmente sus labios antes de morderlos suavemente -. Me falta un poco, quédate y en un minuto estoy contigo.

-Vale…

Ace hizo un mohín y se encaminó hacia la cama quedándose allí de pie un momento antes de sentarse en un lado sin descalzarse. Marco dejó la pila de papeles en la mesa y cambió otras de sitio para que las inestables montañas de documentos no se vinieran abajo. Ace estuvo mirándole unos segundos antes de volver a hablar.

-Creo que… prácticamente eres nuestro capitán en funciones, Marco. Aunque eso es algo que seguro que ya sabes– el rubio levantó la mirada hacia él, encontrando al chico moreno con una expresión inusualmente seria, aunque triste -. Así que entonces también sabrás que todos están esperando a que tomes unas cuantas decisiones importantes.

-Yo no soy… – Ace arqueó una ceja y Marco optó con cambiar la frase -. No he podido todavía. Y preferiría hacerlo cuando esté al día con todo esto.

-Suena a excusa, pero me parece un buen motivo– se encogió de hombros y una satisfecha sonrisa apareció en su rostro –. Y menos mal, porque les había prometido que te daría una buena tunda si te me ponías tonto.

-¿Ah, sí? – Marco volvió de nuevo a la cama con un par de carpetas y se sentó a su lado fingiéndose profundamente sorprendido -. No sé cómo has podido venderme así.

-Bueno, dicho así suena fatal. Pareces ganado…

-¿Qué te han dicho las enfermeras? – preguntó Marco cambiándole radicalmente de tema sin tan siquiera levantar la vista del papel. La sonrisa que adornaba el rostro de Ace desapareció para ser sustituida por un incipiente sonrojo al adivinar la línea de pensamientos del primer comandante. Marco le sonrió, victorioso -. ¿Creías que se me iba a olvidar que hoy te daban el alta oficial?

-No…

-Porque tarde o temprano me iba a enterar.

"Ya, bueno, a la vista está". Refunfuñó para sí. Estaba comenzando a mosquearle que Marco tuviera tanta facilidad para hacerle avergonzarse. Se estaba convirtiendo en un hobby suyo y lo peor es que últimamente lo estaba empezando a combinar con alguna que otra salida de tono aprovechando el jaleo del resto de piratas y que Ace no podía hacer nada por impedírselo. Más de una vez le habían preguntado por qué estaba más rojo que una puta cereza y las excusas que se había tenido que marcar habían sido a cada cual más ridícula… y el muy cabrón lo disfrutaba. Como ahora.

Marco soltó una carcajada de buena gana y le revolvió el pelo antes de empezar a organizar y guardar los papeles que aún quedaban por allí en las carpetas que había traído. Ace le observó distraídamente un par de minutos antes de acabar por aburrirse y dejarse resbalar por el cabecero hasta tumbarse en el lecho cuan largo era. Aunque no se lo había dicho, se sentía aliviado de que Marco estuviera dispuesto a tomar las riendas y volver a sacarles a todos a delante. En aquella isla se estaba bien, pero tener tan presente la memoria de su capitán no acababa de ayudar. Ellos eran piratas. Necesitaban navegar, estar en mar abierto, mantenerse activos, con un rumbo… La vida sedentaria sencillamente no estaba hecha a su medida. Él mismo apenas llevaba allí tres semanas largas y aquella inactividad le estaba matando. Echó un vistazo a Marco sólo para comprobar que todavía estaba leyendo una de las últimas hojas. Sus ojos se movían por la hoja con asombrosa velocidad. Siempre había tenido una capacidad de comprensión increíble. Y multitarea. Resopló. Puff… Cómo tardaba… ¿Cómo era capaz de estar tanto tiempo atareado con informes y papeleo? Él sencillamente no los soportaba, era una persona demasiado activa y nerviosa para dedicarse a algo tan monótono y, sobretodo, aburridísimo.

Bostezó ampliamente, Marco le ignoró. Infló los carrillos y su vista revoloteó sobre el perfecto pecho del primer comandante. Era una tontería, pero aunque siempre llevaba camisas abiertas, era sólo cuando no tenía nada encima cuando se quedaba mirándole medio embobado. Ace no concebía un Marco sin aquel tatuaje azul marino cruzándole el pecho. Sencillamente le fascinaba. En ese momento se rascó un costado con la mano libre y después la dejó apoyada sobre su abdomen mientras leía, ajeno a cómo los ojos de Ace estaban recorriendo su cuerpo. El chico con pecas sonrió con picardía. Rodó un poco hacia él y tomó su mano entreteniéndose en juguetear con sus dedos. Por el rabillo del ojo vio cómo Marco se sonreía sin apartarla, todavía leyendo. Ace unió sus palmas, comprobando cómo los elegantes y largos dedos de Marco sobresalían por encima de los de él apenas un centímetro más. Las manos de Ace eran juveniles y fuertes, de puños grandes, pero las de Marco se veían engañosamente algo más finas, capaces de disimular la impresionante fuerza que eran capaces de ejercer. Justo como un ave de presa. O como un fénix.

En ese momento en las yemas de los dedos de Marco surgieron unas pequeñas lenguas de fuego azul, sin duda pensando en sorprenderle, pero Ace no se dio por aludido. Con una traviesa sonrisa se llevó su mano hacia sus labios y le besó las puntas de los dedos para después morderlos suavemente sin perder de vista la expresión facial del primer comandante. Los ojos de Marco se entreabrieron y sus pupilas se dilataron ligeramente, pero siguió sin mirarle. Ace cambió de táctica. Su lengua se deslizó entre sus falanges, probando el contacto tibio de su piel y el ligerísimo toque de sal marina impregnado en ella. Acto seguido se llevó uno de sus dedos a la boca, mordisqueándolo un instante antes de empezar a lamerlo. Fue entonces cuando las llamas azules se extinguieron por fin y Marco dejó lo que estaba haciendo, girándose hacia él al tiempo que se quitaba las gafas mostrándole el profundo azul de sus orbes.

-Vaya, por fin me haces caso – se quejó con una sonrisa. El primer comandante no dijo nada. Le dio la espalda un instante cogiéndolo todo y dejándolo en el suelo junto a la cama antes de tenderse hacia él. Así y sin venir a cuento, Marco empezó a seguirle el juego comenzando a darle pequeños lengüetazos consiguiendo que estallase en carcajadas.

-¡Aha-ahahaha…! ¡Mar-Marco! ¡Suéltame! ¡A…Ahahah! ¡Tu barba me hace cosquillas! – Ace empezó a reírse cuando el primer comandante comenzó a lamerle las mejillas como si fuera un cachorro –. ¡Hehehehe…! ¡S-suéltame, Marco!

-¡Nop!

-¡Venga, va! ¡Marco!

-No pienso soltarte – ésa vez su tono no fue juguetón, interrumpiendo abruptamente la risa de Ace, que le miró confuso -. Has estado gravemente herido y muy convaleciente. Apenas he podido tocarte, pero… esto se acaba aquí – los oscuros y atrayentes ojos de Marco capturaron su mirada robándole el aliento un instante -. Ya eres mío.

Ace no le había tomado en serio, pero ahora estaba sofocado y las aletas de la nariz le temblaban ligeramente al respirar. Le costó un trabajo inmenso no estremecerse cuando Marco le cogió por la cintura y le atrajo hacia él para abrazarle. Entonces se fue echando sobre él hasta que le tumbó por completo en la cama. Sus pies seguían en el suelo igual que cuando había estado sentado, pero de repente no podía sentir la madera bajo sus pesadas botas. Estaba como en una nube, tumbado en la cama de Marco, embriagado por su olor impregnado en las sábanas… y su dueño allí, con él, sobre él. Ace se sonrojó levemente. Sabía lo que iba a pasar. Marco estaba más que decidido a dar el paso, lo sabía por la forma en que le miraba, desviando la mirada entre sus ojos y sus labios… Estaba llena de deseo.

-Estamos solos, Ace – le susurró al oído. El chico con pecas tragó saliva ruidosamente antes de contestarle.

-Lo sé.

-Si no quieres, dímelo ahora. No quiero que te sientas obligado a…

-No.

A Marco le temblaron las manos. La cortante respuesta le detuvo el aliento en seco y el corazón le empezó a latir a una velocidad desmesurada sin que pudiera controlarlo.

-¿No…? – de repente se ruborizó -… ¿No me deseas?

Había indecisión en sus ojos. Ace sonrió sintiendo que le inundaba una extraña calidez. Nunca había esperado de Marco el temor de verse rechazado. Era muy tierno verle así, muy… excitante.

-…No me siento obligado – terminó. Lo dijo despacio, como si le molestara.

El rostro del primer comandante recuperó una expresión tranquila y el brillo del deseo resplandeció de nuevo en su mirada, recordándole lo nervioso que estaba. El peso de Marco sobre sí mismo fue aumentando de nuevo, y la distancia entre sus rostros se acortó hasta lo inexistente. Entornó los ojos pensando que iba a besarle, pero sus labios pasaron de largo para apoderarse de su cuello y empezar a torturarle con suaves mordiscos y besos húmedos al tiempo que sentía sus manos deslizarse bajo su camisa para acariciarle el abdomen y el pecho. Después de un momento Ace buscó su cintura, rodeándola con los brazos cuando Marco empezó a aventurarse con caricias más atrevidas al comprobar que empezaba a corresponderle. Cuando se detuvo un instante para recuperar el aliento después de un beso especialmente largo, Ace le llamó con vacilación.

-Marco…

-Dime.

-¿Tú has… has estado con muchos hombres? – el tono azorado y abochornado de la pregunta le hizo sonreír con dulzura. Antes siempre se le había mostrado bastante seguro y confiado, tal vez porque tenía la confianza de que a causa de su herida nada de lo que hicieran podía ir a mayores, pero ahora que no tenía aquella excusa se le veía vacilante, indefenso… y a Marco le encantaba aquella visión.

-Algunos – contestó con suavidad antes de morderle suavemente la barbilla -. ¿Por qué me lo preguntas?

-¿Y-yo? Yo por nada. Era… curiosidad. No es que me importe ni nada de eso – replicó desviando la mirada. Marco se le quedó mirando sin disimular su cada vez más amplia sonrisa. Por mucho que le esquivase, no tenía dónde esconderse. Era tierno que inventara excusas así… y muy provocador.

-Estás nervioso – afirmó más que preguntó.

-Tché, d-de eso nada – el tono supuestamente convincente de su voz se fue apagando para su desesperación apenas las palabras salieron de sus labios. Tragó saliva y cerró los ojos un segundo intentando serenarse -. Es sólo que… es la primera vez que… – Dios. Admitir aquello le incomodaba demasiado. Marco unió su cuerpo aún más estrechamente contra él, acercando su rostro hasta estar a un palmo del suyo.

-¿Te pongo nervioso, hmn~? – Ace enrojeció hasta las orejas al sentir la hombría del rubio contra la suya. Jadeó.

-Ahh… Mar-Marco…

-¿Por qué estás nervioso, Ace? – ronroneó sin ocultar la picardía de su voz.

-¿De verdad hace… falta que te lo diga? – Marco sonrió con un brillo travieso en la mirada.

-…No – ladeó la cabeza para mordisquear el lóbulo de su oreja antes de susurrarle al oído -… pero yo deseo oírlo.

-Y-yo no… a-ah… lo he hecho nunca… con un hombre…

Ace jadeó roncamente cuando sus propias palabras desataron una palpitación en su pantalón y la cintura de Marco se ajustó mejor sobre la de él con un sensual movimiento aprovechando su espasmo. Levantó la vista hacia los oscuros ojos azules que parecían sonreírle deliberadamente. Quizás la mente de Marco que era un tanto perversa después de todo. Ace se intentó echar hacia atrás, pero en ese momento las manos de Marco buscaron su pelo y sus dedos se hundieron en él al tiempo que salvaba la mínima distancia que separaba sus labios de los de Ace y le besó hasta dejarle jadeando sin aliento. Sólo entonces se separó para dejarle respirar y mirarle como si quisiera retener aquella imagen eternamente en su memoria.

-Eres adorable – murmuró dándole un segundo y pequeño beso en los labios. Ace tardó apenas un instante en ponerse rojo otra vez y sentarse de golpe en la cama mirándole con indignación.

-¡No me trates como si fuera un niño, Marco! ¿Pero cómo te lo voy a decir? ¡Soy un hombre! ¡Hoooombree! ¿Comprendes? ¡A lo mejor a ti no te importa pero a mí no me hace ni puta gracia que…!

No pudo seguir. El primer comandante se inclinó sobre él y le devolvió a la cama acallándole con un beso lento y largo.

-¡M-mierda, Marco! – el otro soltó una risita.

-Eres realmente adorable.

-¡Te he dicho que no, joder!

-Ace…

Se cernió sobre él ignorándole de nuevo, mordisqueándole el labio inferior hasta que consiguió hacerle suspirar. Cuando se separó, le sonrió y se giró arrastrando a Ace consigo hasta quedar debajo de él.

-Bésame, Ace… Haz lo que quieras conmigo.

Un brutal estremecimiento le recorrió la espalda por el tono sensual e insinuante de la voz de Marco. Ace tosió, atragantándose de golpe al escucharle como si fuera imbécil. No es que no quisiera, es que aquel giro de la situación... ¿Qué pretendía?

-¿P-por qué?

-Porque quiero… – Marco levantó la vista hacia Ace, que parpadeó perplejo todavía inmóvil sobre él -. ¿No quieres?

-Psé – se hizo el indignado –. Qué tonterías dices.

Ace se inclinó sobre él y tomó sus labios notando la complacida sonrisa de Marco todavía dibujada en ellos. Sin intención de dejarse avasallar más, exploró su boca como si fuera la primera vez, intentando no pensar en lo que el primer comandante pudiera estar pensando de él. No le hacía ninguna gracia que le viese vacilar, más aún si era él mismo quien le pinchaba. Empezó a besarle con una mezcla de picardía, provocación… y una incipiente excitación. Marco no hizo nada, no le devolvía los besos, y eso le fue poniendo poco a poco muy, muy nervioso. Ace se separó para coger aire, aunque no tardó demasiado en volver a atacar la boca de Marco con anhelo. Estaba dispuesto a explorar de nuevo el tentador interior de sus labios cuando de repente volvió a estar debajo de él. Parpadeó, confuso. Apenas le dio tiempo a recuperar el aliento cuando los carnosos labios de Marco devorando su boca se lo robaron implacablemente y fue incapaz de resistirse.

Marco le cubrió con su cuerpo sin pensarlo, sin poder soportarlo un minuto más. Pensaba que podría esperar un poco más, pero no había sido así. Le deseaba con demasiada urgencia. Ace no se lo había esperado, así que cuando tomó su boca con vehemencia explorándola y saboreándola con un ansia animal y desesperada, no supo qué hacer. Enredó sus manos en su pelo negro azabache uniendo sus cuerpos aún más estrechamente, calentándose de forma insoportable. Le oyó jadear cuando abandonó su boca un momento para tomar aire, pero en cuanto lo recuperó le besó todavía con más intensidad, profundizando mucho más. Sintió que iba a perder la razón al notar que le correspondía anhelante, siguiéndole con inseguridad. Ace gimió cuando las manos de Marco se afincaron en su pecho acariciándolo urgentemente, estimulándole al tiempo que pasaba a morderle los nervios tiernos del cuello. La respiración de Ace se enganchó al sentir la suave y sensual fricción de sus cinturas y cómo su cuerpo había empezado a responder intensamente a las caricias implacables y los besos hambrientos que Marco derrababa sobre su garganta y sus labios.

-Mar… Marco – le llamó casi sin voz cuando el rubio se separó de nuevo para permitirle recuperar el aliento -. No… a-ah… No puedo… respirar…

Marco bajó la mirada hacia Ace al oírle decir su nombre entre jadeos. Entonces sintió un latigazo de excitación recorrerle por entero… y la visión del chico que tenía entregado a él bajo su cuerpo lo convirtió en un brutal estremecimiento que le cortó el aliento. El vientre de Ace subía y bajaba desacompasadamente. Sus pupilas estaban tan dilatadas que sus ojos negros parecían a punto de derretirse y se le habían subido los colores. Un finísimo hilo de saliva se deslizaba de la comisura derecha de sus hinchados y enrojecidos labios por la pasión y fuerza con la que los había besado y mordido. Estaba irresistible. Se dio cuenta de que él también estaba sin aliento, pero no le importó. Marco no había deseado a nadie con tanta desesperación en su vida como en ese momento. Notaba su piel arder y tenía calor. Calor y unas ganas tremendas de…

"Despacio". Se ordenó. Ace tenía la mirada turbia y el aliento agitado, estaba totalmente descolocado y le miraba con evidente confusión. "No lo asustes, Marco. ¿En qué estás pensando?" Le sonrió ligeramente intentando tranquilizarse a sí mismo antes de hablar. Inspiró hondo.

-Si quieres que me detenga… éste es el momento. No puedo prometerte que después sea capaz de parar.

-Estás… loco si crees que… voy a pedirte… que pares – jadeó Ace con la voz entrecortada a causa de la excitación.

La expresión de Marco se volvió ardiente cuando tras aquellas palabras Ace entrelazó sus manos en su pelo rubio y se tendió hacia él para besarle, casi suplicando más de él. No necesitó que se lo dijera una segunda vez. Marco atrapó su boca con incontenible placer, acariciando su cuerpo al notar que él también centraba sus deseos en su boca, buscando vehementemente su cinturón para arrebatarle los pantalones. Ace se arqueó hacia él facilitándole el gesto, quitándose las pesadas botas a puntapiés con una exhalación. Entonces Marco se quedó unos segundos simplemente mirándole allí, tendido en su lecho totalmente desnudo. Con él. Para él. Dios, cómo le deseaba. Marco se inclinó de nuevo para volver a besarle, notando cómo Ace intentaba abrirse paso hacia su boca aprovechando que se distraía en quitarse sus propios pantalones. Pensó en resistírsele y torturarle un poco más, pero la boca de Ace era como una isla virgen que necesitaba explorar con su lengua al igual que todo su atlético cuerpo. Sencillamente no podía esperar.

Marco le acarició el cuello y los cabellos. Enterró el rostro en él e inspiró su aroma para luego comenzar a besar y morder sus pequeños pezones elevando poco a poco el sonido y la velocidad de los jadeos de Ace al mismo tiempo que las manos de éste volaron a su espalda. Los ojos de Marco se clavaron en él entonces. Todavía mirándole, dejó una de sus manos descender por su vientre y su abdomen hasta encontrar su hombría y empezar a acariciarla muy, muy despacio. La respiración del más joven se enganchó instantáneamente y en su rostro se grabó a fuego una expresión extasiada, febril, perdida en la vorágine de una lujuria insoportable. Finalmente los ojos negros de Ace se encontraron con los de él, descubriéndole allí mismo observando cada detalle de su expresión al tiempo que le acariciaba.

-¡A-ahnmh-h… M-mier…!

-Si apenas he empezado… – ronroneó sensualmente junto a su oído.

Un granate intenso cubrió a Ace por entero y se llevó la muñeca al rostro, ocultando aquella maravillosa visión. Entonces Marco se inclinó sobre él y le tomó el brazo apartándolo a un lado sin detener el movimiento de su otra mano más abajo. Ace cerró los ojos y ladeó el rostro jadeando roncamente en un vano intento de esconderse. Marco se quedó a centímetros de él, recibiendo el ardiente aliento del chico contra sus humedecidos labios. No pudo contener una sonrisa lasciva al comprobar cómo se sonrojaba aún más.

-¿Te da vergüenza que te mire? – en ese momento presionó su miembro con una caricia especialmente intensa, haciendo que el cuerpo de Ace se arquease irremediablemente y la mirada de sus dilatadas pupilas se enturbiase. Los oídos de Marco fueron recompensados al igual que sus ojos con un desesperado gemido -. Entonces – susurró a centímetros de sus labios – mírame tú a mí.

Ace notó cómo se le cortaba el aliento cuando la mirada de Marco terminó de echar a arder para sólo irradiar lujuria y su rostro comenzó a descender tentadoramente a través de su abdomen dejando un reguero de suaves mordiscos y húmedos besos. Quiso apartar la mirada, pero Marco no le dejó. Sus ojos estaban clavados en él asegurándose de ser contemplado… y le extasiaba. Le gustaba mirarle a pesar de la vergüenza y la incomodidad de su propio deseo.

-¡Aaah…! ¡Oh, Dios… M-Marco…!

Gimió sin poder reprimirse al sentir su lengua húmeda probando la sal de su erección. La respiración de Ace se cortó desde el primer momento, pero fue incapaz de apartar los ojos cuando su miembro empezó a desaparecer en su boca. Se sujetó de las sábanas y volvió a jadear, más fuerte, sin dejar de mirarle. Casi sollozó de éxtasis al sentir sus labios curvarse en una triunfante sonrisa sobre su palpitante erección antes de empezar a moverse. Oh Dios, Marco hacía maravillas allá abajo. La necesidad de convertir aquella lasciva tortura en algo más soportable y placentero le cegaba. Apenas podía resistir las ganas de embestir contra su boca o de tomar su cabeza con sus manos para guiar sus movimientos. No pasó mucho tiempo para que se sintiera completamente al límite y todo su ser se tensase en escalofríos. Marco le tenía totalmente a merced del indescriptible placer que llenaba de calor todo su cuerpo reduciendo su aliento a jadeantes sollozos. Antes de que pudiera advertir a Marco de cualquier manera, el éxtasis le devoró con fulminantes espasmos haciéndole arquearse. Los labios de Marco le abandonaron justo en aquel momento, dejando que su liberación se esparciese por su marcado abdomen. Ace se quedó tirado en la cama, jadeando inerte manchado con el fruto de su propia excitación.

El rubio levantó la cabeza hacia él un instante después y le sonrió de aquella manera tan sensual suya. De la comisura de sus labios escapaba un fino hilo de saliva ligeramente blanquecino a pesar de que Marco no le había dejado llegar correrse en su boca. Justo en el instante en que Ace se quedó con los ojos fijos en sus labios luchando por recuperar el aliento, el rubio fue deslizando la lengua sobre ellos hasta borrar aquel rastro, consiguiendo estremecerle por entero. Ace se sintió dominado por la vergüenza y enrojeció de golpe ante la imagen que le ofrecía. Aquellos ojos de ese azul tan increíble mirándole desde su vientre eran… eran… Insoportablemente sensuales. Marco se apoyó en los codos y subió a través de su pecho hasta estar de nuevo frente a su rostro e inclinarse sobre él rozando su boca con los labios, pidiéndole permiso. Cuando los labios de Ace se abrieron para él le besó despacio, permitiendo que recuperase el aliento y recreándose en la humedad de su boca. Marco volvió a sonreírle cuando se separó de él y entonces deslizó amorosamente su mano entre su pelo y su frente hasta llegar a sus mejillas, presionando sus dedos contra los labios del chico con pecas exigiéndole entrada.

Los ojos negros de Ace se abrieron de par en par cuando uno de sus dedos se deslizó entre sus labios para impregnarse con la húmeda saliva de su boca, pero la única respuesta de Marco fue aquella sonrisa cada vez más ardiente cuando con el mayor descaro del mundo introdujo un segundo dedo iniciando un lento movimiento de vaivén. Marco se quedó mirándole como hipnotizado unos segundos más hasta que la tensión fue tanta que finalmente buscó de nuevo sus labios para invadirle con su propia lengua, desesperado. Ace correspondió a su beso con un inexplicable sentimiento de expectación al comprobar cómo el rubio se volvía más y más atrevido, empezando a sentirse totalmente abrumado por su hambre. Entonces, los ensalivados dedos de Marco descendieron más abajo, presionando contra la entrada que tanto deseaba invadir. Ace dio un respingo cuando sintió sus falanges explorar aquella zona de su cuerpo y recordó lo que significaba.

-Marco… – el rubio dejó de besarle el cuello y se separó ligeramente para levantar la vista hacia él. Sus ojos ardían con aquellas llamas azules, derretidas por un deseo cada vez más apremiante. Sus dedos no dejaron de moverse a pesar de haberse apartado ligeramente.

-Te prometo que te gustará… – su aliento a escasos centímetros de los labios de Ace le hizo estremecer visiblemente -, pero no lo haré si tú no quieres.

-Yo… yo no… A-ahh

Marco tragó saliva. Dios, casi no podía esperar. Sin darse cuenta, uno de sus dedos pasó del borde y consiguió deslizarse dentro de él, explorando la piel mucho más suave y lisa de su interior. Era casi adictivo. El chico moreno frunció el ceño en señal de molestia y Marco resopló con dureza al sentir la cálida estrechez de Ace.

-Relájate… Deja que se dilate – le susurró con la voz ronca antes de morderle el oído sin detener el lento movimiento.

-L-lo dices como… si fuera… tan fácil – se defendió con los dientes apretados.

-Es verdad – reconoció con una sensual sonrisa nada inocente -. Casi se me olvida que es la primera vez que haces esto.

-¡Serás hijo de p-ahh-haa!Nghah– Marco se inclinó sobre él dejando que su sonrisa se ampliara aún más, aprovechando la distracción de Ace para hacer sus dedos ahondar y ensanchar aún más el camino hacia él. Ace se aferró a las sábanas mordiéndose el labio inferior y dedicándole una mirada asesina, conteniendo el aire.

-¿Hmm…? ¿Ibas a decir algo? – ronroneó. Metió los dedos aún más adentro y por fin un gemido de placer escapó de los labios de Ace. Largo, alto, apasionado. Inmediatamente se tapó la boca con la mano en un esfuerzo por dominarse. Miro confundido a Marco sin comprender muy bien lo que acababa de hacer.

-¿Q-qué…? ¿Qué has…? – intentó preguntar si apenas resuello, pero el rubio sólo sonrió y empezó a mover ambos dedos buscando aquella zona de nuevo, dispuesto a volver prácticamente loco de placer a Ace por mucho que era evidente que se estaba esforzando en no elevar tanto el sonido de sus jadeos -. ¡D-Dios, Marco…! – los dedos del rubio profundizaron más y Ace gimió con la voz quebrada. Sencillamente le era imposible contenerse. Fuera lo que fuese lo que Marco le estaba tocando le provocaba un placer completamente desconocido para él… Uno por el que estaba fascinado. Ronroneó y gimió un poco más fuerte, incitándole sin darse cuenta a que siguiera con el lento movimiento. No pasó mucho tiempo hasta que los gruñidos de Ace aumentaron de volumen y su respiración se agitase cada vez más. Finalmente arqueó su espalda tratando de profundizar el contacto y Marco vio cómo el control se le escapaba rápidamente de las manos. Estaba listo.

Ace gimió de frustración. Ahora que había empezado a disfrutar la sensación de aquellas hábiles y largas falanges tocando, explorando y rasguñando su ser, los indagadores dedos del rubio se retiraron. Entonces vio a Marco acomodándose entre sus piernas y sintió algo mucho más duro y grueso presionar su entrada, sin perder detalle de la expresión del chico con pecas. El cuerpo de Ace se tensó por entero con un gemido ahogado cuando el miembro de Marco comenzó a invadirle y sus manos aferraron la almohada y las sábanas al tiempo que se mordía el labio inferior esforzándose en dominar el lacerante dolor en crescendo. Siseó. Era como si le partieran por la mitad. Dolía como el infierno. Marco en cambio se quedó sin resuello y jadeó roncamente sintiéndose abrumado de placer. Cálido… El interior de su cuerpo era tan cálido… Ace era deliciosamente estrecho, abrasadoramente ardiente y devastadoramente sensual. Era tanto el deseo que le provocaba que se sentía al borde del hedonismo.

-¿Qué… sientes? – consiguió preguntar con los dientes apretados -… ¿Te duele? – Ace le miró con los ojos nublados por la lacerante sensación que le atravesaba. Podía ver reflejada en los ojos de Marco la lujuria, el deseo y toda la fuerza de voluntad que estaba empleando para no dejarse arrastrar.

-Es… incómodo – le confesó.

Marco tembló ligeramente al sentir su aliento cálido contra el rostro. La lujuria le carcomía, le acosaba, apenas podía dominar la apremiante necesidad de moverse y empezar a embestirle sin control. Un estremecimiento de excitación le recorrió la espalda sólo de pensarlo, pero bajo aquel deseo seguía estando él, esperando a que se acostumbrase, dominándose, deseando con todo su ser hacerle disfrutar aquello. Marco comenzó a dejar caer suaves besos por el cuello y los hombros de Ace acariciando las suaves ondas de su pelo azabache con los dedos entrelazados en ellas, susurrando en su oído tiernas palabras esperando todavía un poco más. Las dilatadas pupilas del chico con pecas se abrieron de nuevo ante él después de un beso dulce y suave en los labios. Ace tragó saliva y asintió ligeramente con la cabeza.

-Sigue, Marco. No pares por mí – insistió con firmeza. El rubio sólo pudo besarle otra vez, con más pasión, empezando a despertar de nuevo el deseo en él.

Dominando su necesidad de follarle sin contemplaciones, Marco inició un ritmo lento esperando hasta que la presión y el dolor dejaran de ser las únicas sensaciones que le llegaban al muchacho con pecas que yacía bajo él. Hundió suavemente el rostro en su cuello moreno para besar y mordisquear la piel tierna de su garganta, buscando el ángulo adecuado una vez más intentando que aquella fase durara lo mínimo posible.

-Te quiero – murmuró contra su boca.

Ace esbozó una dolorida sonrisa en respuesta, inspirando hondo. Un dolor atroz le atravesaba el cuerpo, pero intentó dominar el gemido que hormigueaba en su garganta cuando aquel desagradable vaivén comenzó sabiendo que en algún momento aquel infierno tenía que acabarse. Trató de mantenerse a la par de los impulsos de Marco contra su cuerpo, esforzándose en acostumbrarse a la presencia de algo tan grande en su interior… y después de algunos minutos lo que al principio sólo eran un dolor y una presión insoportables empezó a desvanecerse lentamente en un torbellino de sensaciones encontradas en las que el placer fue poco a poco invadiéndole de nuevo. De repente le golpeó una oleada de un placer electrizante a través de todo aquel dolor que le hizo echar la cabeza hacia atrás y gemir roncamente entre sus jadeos. Un instante después la misma descarga le atravesó con la siguiente envestida de Marco, consiguiendo arrebatarle su nombre al tiempo que sus manos se aferraron a la espalda del otro hombre dejando ardientes marcas rojas con sus uñas.

-¡Ah! ¡J-joder! Mar… Ma-ahh¡Marco! – Ace se arqueó con un gemido cuando el rubio friccionó una parte en su interior que le hizo delirar -. A-ahh ¡Es-esohazlootravez!

Marco sonrió provocativamente cuando encontró aquella zona de terminaciones nerviosas dentro de él. Sintió satisfacción al ver en los ojos de Ace cómo el dolor se iba y el placer le nublaba la vista. Aumentó el ritmo y la fuerza con cada embestida, hundiéndose más en su carne una y otra vez al sentir los dedos temblorosos de Ace entrelazarse entre su pelo rubio. Su boca se entreabrió en un grito silencioso dejando escapar ardientes gemidos con el rostro extasiado. Desde ese momento se volcó en embestir una y otra vez contra aquel punto que le hacía delirar. Ace rodeó la cintura de Marco con las piernas por pura inercia, atrayéndole más hacia él y empujando su miembro aún más profundo, aumentando el contacto piel a piel. Ya no controlaba los jadeos y gemidos que salían de su boca ni tampoco parecía importarle. Estaba perdiendo el control. En ese instante Ace se aferró a su nuca rapada uniendo sus labios en un beso ardiente, apasionado y demandante. La suavidad y la ternura se habían esfumado. En aquel torbellino desesperado no había sitio para ellas.

-Ace…

Marco gimió en el beso. Sabía que tenía que calmarse, controlarse, asegurarse de hacerle disfrutar… pero la sensación de estar dentro de él le hacía perder la razón. Sabía que si no bajaba el ritmo iba a acabar haciendo que Ace se corriera a gritos, o podría hacerle daño, pero la lujuria le exigía enloquecer, tomarle sin control, hacerlo suyo de la forma más salvaje y pasional posible. Una y otra vez. Hasta caer exhausto. Justo en aquel el momento Ace tiró de él con una exhalación enredando sus dedos en el cabello de Marco reclamando un beso brusco y demandante, aumentando más aún la velocidad y friccionando su erección aprisionada contra los abdominales marcados de ambos cuerpos. Marco se quedó sin aliento. No se había esperado aquella respuesta, pero podía sentir su propio miembro acercándose al límite. Sin darse cuenta se fue dejando llevar cada vez más y más rápido, envistiendo a Ace de forma prácticamente frenética con tanta fuerza y tantas veces que sintió que se desmayaría del placer.

El cabecero de la cama golpeaba una y otra vez contra la pared con una fuerza brutal por los furiosos empujes de Marco. Su boca se apoderó del cuello de Ace mordiéndolo ardientemente y su respiración agitada chocaba contra la piel del chico moreno al tiempo que Ace gemía con desesperación. Estaba bajo su cuerpo, retorciéndose de puro placer debajo de él siguiéndole el ritmo con cada embestida, haciendo el contacto aún más profundo y delicioso. Gemía su nombre y jadeaba cuando tocaba el lugar exacto, rogando por más con esa mirada de súplica en sus ojos que sencillamente le hacía endurecer aún más, listo para enterrarse en sus entrañas. Adoraba esa mirada, sus jadeos, su cuerpo, y…

-Aaaahhh ¡Dios, Marco, así!

No pudo más. Cuando le llamó de aquella forma tan desesperada Marco se abalanzó sobre él uniendo sus labios en el más ardiente de los besos. Invadió su boca sintiendo que cada milímetro de piel le pertenecía. También él empezaba a perder el control. Clamaba el nombre de Ace en voz baja junto a su oído dejando que esos sonidos tan placenteros se ahogaran contra su piel. Marco se tambaleó al borde del abismo. Tanta presión era insoportable. Necesitaba liberación, pero se resistía. Quería estar seguro de que Ace se corría primero. Todavía luchando contra su propia necesidad, una de sus manos descendió entre ellos acariciando su pecho hasta encontrar la necesitada erección de Ace.

-¡M-Marco, no!... Vas a hacer que me… voy a…

Ace se mordió los labios tensándose de repente y echando la cabeza totalmente hacia atrás. Su cuerpo se contrajo alrededor del miembro de Marco haciendo que el rubio sisease ásperamente de placer cuando finalmente envolvió su virilidad y empezó a masturbarle, rozando regularmente la cabeza con su pulgar y esparciendo el líquido que empezaba a brotar de ella por todo su miembro, facilitando la fricción. Ace gimió de nuevo debajo de él, más fuerte, haciéndole cada vez más difícil mantener la cordura hasta terminar por perderla y empezar a coordinar sus caricias con sus embestidas. Continuó bombeando hasta que sus propios gemidos aumentaron de volumen y terminaron de perder coherencia. Las descargas de placer que llegaban a su cerebro crecieron de intensidad haciéndole imposible juntar dos palabras que tuvieran sentido. Estaba al límite.

-Llámame...Ace – jadeó vehementemente contra su boca.

No tuvo que pedírselo dos veces. Una embestida más y gritó su nombre como si quisiera que todo el Moby Dick le escuchara llegar al orgasmo. Ace sintió el líquido cálido y viscoso de su propio ser derramarse en ondas sobre su vientre entre los dedos de Marco, que siguió acariciando su miembro con fuerza hasta que tras un par de deliciosas embestidas más y un largo gemido de placer, se entregó al estremecimiento delicioso del orgasmo. Marco se derrumbó sobre él igualmente exhausto. Era como si el mundo se hubiera acabado y sólo quedaran luz blanca y las débiles oleadas restantes del placer más insoportablemente puro y ardiente que había sentido nunca. Ambos siguieron jadeando un buen rato, incapaces de moverse después de aquello.

Lentamente sus sentidos fueron recuperándose y la visión enturbiada de Ace empezó a transformarse en la oscura habitación mientras sus respiraciones volvían a la normalidad. El peso del sudoroso y ardiente cuerpo de Marco aún sobre el suyo le resultaba extrañamente reconfortante y muy agradable, pudiendo sentir los firmes y agitados latidos de su corazón contra el de él al mismo tiempo que notaba la cálida respiración del rubio en el hueco de su cuello. Ladeó un poco la cabeza y besó el lóbulo de su oreja, demasiado cansado para hacer algo más. Marco alzó los ojos para mirarle a la cara y le dedicó una sincera y agotada sonrisa antes de devolverle el beso en los labios sin decir nada. Adormilado, Ace entreabrió los ojos al sentir que Marco se separaba de su pecho para tumbarse a su lado y tiraba de las sábanas para cubrirlos a ambos antes de atraerle contra él y abrazarle estrechamente. Sencillamente agotado, Ace se acomodó junto a su pecho y cayó fulminado en los brazos del sueño más reparador de su vida.

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Bueno… no sé si os está gustando este estilo de lemmon xk sólo dos personas me comentaron la semana pasada (k, x cierto, gracias MoraDTenshii y Suna XD, todavía os tengo pendiente las respuestas ^^) así que no sé qué decir, espero que haya estado a la altura de vuestras expectativas o.o

Saludos varios y buen finde! ^^ gracias x leer