Capítulo 20: El oscuro
Emma pasó toda la tarde siguiendo a una de sus marcas hasta que logró atraparla. Sinceramente estaba cansada y tenía ganas de ir a dormir, pero había quedado en cenar con sus padres y Killian, así que se dirigió al departamento donde sabía que la estaban esperando. Antes de abrir la puerta tuvo la sensación de que algo andaba mal. Como sus instintos casi nunca fallaban, preparó el arma en su mano y entró con cuidado. Al hacerlo pudo ver que los tres estaban atados a las sillas que había alrededor de la mesa del comedor.
- Si no quieres que ninguno de ellos salga lastimado baja el arma. – Dijo la voz de un hombre desconocido.
Se volteó hacia al costado de donde provenía la voz para poder ver a aquel desconocido. Era un hombre mayor que sus padres, tenía el cabello canoso y lacio, y unos ojos oscuros penetrantes. Lo observó por un instante, pero decidió no bajar el arma ya que consideraba que ella podía ganarle en una pelea.
- ¿Quién eres? – Exigió saber al intruso.
- Mi nombre es Robert Gold. – Informó él. – Pero todos me conocen como… - Comenzó a decir.
- Rumpelstiltskin. – Terminó ella por él, y al saber quien era pudo verlo por un momento con aspecto de espectro.
- Llegó la hora de que me devuelvas mi final feliz así puedo regresar a mi mundo. – Dijo él con convicción.
- ¿Qué te hace pensar que te voy a ayudar? – Preguntó ella soltando una pequeña risa irónica, él había sido el motivo por el cual ella había crecido sola en el mundo sin magia y eso hacia que no sienta ninguna simpatía. Además él había sido quien dejó a Killian sin su primer amor y sin su mano izquierda, y saber lo difícil que era para él volver a ver a ese monstruo le causaba dolor.
- Eres la salvadora, es tu misión. – Justificó él. – Si yo no vuelvo al mundo de los cuentos, el portal nunca se terminará de cerrar y todas las personas que están allí correrán peligro. – Continuó argumentando para convencerla. – Si no me ayudas… - Empezó a idear una amenaza en su mente.
- Sin amenazas, tu magia no funciona en este mundo así que no hay nada que puedas decir para asustarme. – Lo interrumpió ella. – Yo soy capaz de proteger a las personas que me importan. – Dijo con convicción.
- ¿Pero qué hay de cuándo todos regresemos a nuestro mundo? – Preguntó él con una sonrisa maligna. – Quizás sea hora de hacer un trato, ¿No te parece? – Propuso suponiendo que finalmente había encontrado el punto límite de la otra.
- ¿Qué clase de trato? – Cuestionó Emma, evitando mirar a sus padres y Killian porque sabía que todos iban a estar negando con sus cabezas para rogarle que no aceptará nada de parte de aquel hombre que tanto mal les había hecho.
- Yo prometo nunca lastimar a tus padres, ni a su Reino, y a cambio tu me ayudas a encontrar a mi hijo. – Expusó él sus condiciones.
- Y a Killian, a él tampoco lo lastimarás. – Agregó ella al notar que el otro había evitado nombrar al hombre que de a poco se había ganado su corazón.
- Bien, tampoco lastimaré a ese tonto pirata. – Aceptó él, después de tomarse un instante para pensarlo.
- No quiero nada de trucos, ni engaños, estas condiciones son la única manera de que acepte el trato. – Advirtió ella.
- Yo siempre cumplo mis tratos, te doy mi palabra. – Aseguró él.
Emma finalmente bajó su arma y caminó hacia aquel hombre para estrecharle la mano. Cuando lo hicieron sintió un escalofrío en todo su cuerpo, como si su magia le estuviera advirtiendo que el alma del otro era muy oscura y peligrosa. Una vez que cerraron el trato Rumpelstiltskin le dejó una carpeta con información sobre su hijo y se fue del departamento. Antes de prestar atención a esos papeles, lo primero que hizo fue desatar a sus padres y a Killian.
- No deberías haber hecho un trato con él. – Dijo Killian con preocupación.
- Aunque no me guste decirlo, Killian tiene razón. – Coincidió Encantador, llamando por primera vez al novio de su hija por su nombre y no por su apodo de Capitán Garfio o por "pirata".
- Rumpelstiltskin es peligroso y poderoso, siempre busca la manera de no cumplir la parte de sus tratos. – Agregó Blancanieves caminando de un extremo a otro de la mesa para calmar sus nervios.
- Pero mientras tanto puede funcionar, y siempre que sea algo para protegerlos estoy dispuesta a hacerlo. – Concluyó Emma. – Aparte tiene razón, él tiene que regresar a su mundo para que todos estén a salvo. – Sumó con seguridad.
Y así es como todos se pusieron a investigar sobre Bealfire. El niño había ido hacia el mundo sin magia cuando tenía nueve años, así que solamente podían sacar pequeñas conclusiones sobre como él se vería en el presente. Emma se preguntó como habría sido para ese niño caer en un mundo desconocido y tener que arreglárselas solo. También se preguntó si algún día se habría enterado de la existencia de ella y de la maldición.
- ¿Estás bien? – Preguntó ella a Killian al notarlo en un estado fuera de si mismo, como muy perdido en sus recuerdos y pensamientos.
- Eso creo. – Asistió él dando un pequeño suspiro.
- Sé que no deber haber sido fácil para ti volver a verlo por todo lo que te hizo y por tu venganza… - Expresó ella empáticamente.
- Emma a mi ya no me importa mi venganza. – Aseguró él volviéndose hacia ella y mirándola profundamente a los ojos para que pueda ver su sinceridad en ellos. – Lo único que me importa es que estés bien y que él no pueda lastimarte. – Dijo acariciando suavemente una de sus mejillas.
- Killian, yo… - Comenzó a decir ella, descansado su frente contra la de él.
Ahí estaba, finalmente había llegado el momento de decirle que lo amaba. Ver el amor que siempre estaba tan profundamente expresado en los ojos azules de él, le dio finalmente el coraje que necesitaba para poder decirle que lo amaba. Estaba lista; le iba a decir que lo amaba porque eso era lo que sentía en cada parte de su ser, de su corazón, de su alma, de su mente, de su existencia…
- Emma, creo que encontramos algo. – Los interrumpió Blancanieves.
El momento quedo perdido para poder ver si las pistas que Rumpelstiltskin les había dejado servían para poder encontrar a Bealfire. Pero a partir de ese entonces Emma no se iba a olvidar de que estaba lista para confesar su amor, lo iba a tener presente en ella para poder decírselo en el momento que sienta que puedan estar tranquilos sin interrupciones. Seguir haciendo lo que estaban haciendo con la certeza de que ya estaba lista para decirle que lo amaba, la hacia sentir sorprendentemente confiada y feliz.
Pero los siguientes días pasaron cargados de cosas y más cosas, y aunque Emma no se olvidaba que ya estaba lista para decirle que lo amaba, no había avanzado en decírselo. Estaban siempre tan ocupados y compenetrados en la misión, que no les quedaba un tiempo para estar en paz. Quizás una vez que Rumpelstiltskin volviera a su mundo podrían volver a tener unos días de serenidad para que puedan confesar ese amor que hace tiempo sabían que existía entre ellos.
- ¿Segura que este es el lugar? – Preguntó Encantador mirando el edificio viejo que parecía estar en mal estado.
- Si, hasta aquí nos trajo su prenda, así que Bealfire debería estar en uno de estos departamentos. – Respondió Emma con convicción.
- Bien, que empiece el recorrido entonces. – Indicó Killian, señalando con su garfio al edificio.
Después de un par de días finalmente habían logrado rastrear a Bealfire a la Ciudad de Nueva York. La prenda que Rumpelstiltskin tenía de su hijo más la magia de Emma, había dado como resultado la ubicación donde se encontraban. Entraron al edificio y empezaron a recorrer piso por piso, preguntando departamento por departamento si alguien conocía a Bealfire. Cuando llegaron al cuarto piso, el primer departamento al que llamaron la puerta no hubo respuesta. Emma presintió que el usar el nombre Bealfire antes de que abran la puerta quizás no era la mejor idea, así que intentó abrir la puerta. Como esta se abrió, entraron al departamento.
- No hay nadie, mejor sigamos. – Dijo Blancanieves volviendo de la habitación al comedor al encontrarla vacía.
- Si, la cocina también está vacía. – Aseguró Encantador. – Vamos que nos quedan tres pisos más que recorrer todavía. – Indicó dirigiéndose hacia al pasillo.
- Sshhh. – Indicó Emma pidiendo que hagan silencio.
Emma escuchó un ruido que le llamó la atención. Sacando conclusiones sobre lo que aquel rastro había dejado en ella, concluyó que venía del placard. Hizo señas a Killian para que le siguiera la corriente, y él entendiéndola a la perfección abrió la puerta. Dentro del placard había un hombre que al ver que la puerta se abrió dejándolo expuesto intentó salir corriendo, pero Emma lo detuvo acorralándolo contra la pared. Los ojos de Emma se encontraron con los de aquel extraño, pero al verlo se dio cuenta que no era un extraño. Al no poder asimilar lo que sus ojos veían, al no poder comprender como ese tipo de casualidad era posible, reaccionó descargando su bronca. Hizo lo que había querido hacer desde que ese hombre la había dejado en prisión, le pegó una fuerte y dura piña en medio de la cara.
- ¿Emma qué haces? – Preguntó Blancanieves sorprendida, mientras encantador sujetaba a Emma para que no pueda volver a abalanzarse sobre Bealfire.
- Él es Neal. – Informó Emma.
Aquella información no tenía ningún sentido para sus padres porque ellos no sabían la historia que había entre Neal y ella. Pero para Killian si tuvo sentido, y al escuchar eso hizo lo mismo que ella había hecho, le pegó un fuerte golpe en la cara a Neal. Emma sabía que no estaba bien sentirse satisfecha ante eso, pero no pudo evitar sonreír. Dos golpes en la cara eran apenas un mínimo de dolor en comparación a lo que aquel hombre le había hecho sufrir. Blancanieves sujetó a Killian para que no pueda volver a golpear a Bealfire. Al encontrarse nuevamente libre, Bealfire intentó escapar una vez más, pero Emma reaccionó velozmente saliéndose del agarre de su padre y cortando el camino del primer novio que había tenido.
- ¿Todo este tiempo supiste quien era? ¿Por eso estuviste conmigo? ¿Por eso me dejaste en prisión? – Cuestionó ella con bronca y dolor.
- Si habría sabido quien eras jamás habría estado contigo. – Respondió él con sinceridad.
- Cuando salí de prisión fui tan tonta que te busqué, quería una explicación. Al no poder encontrarte pude seguir perfectamente con mi vida, pero ahora que estamos frente a frente de nuevo me parece que lo merezco. – Dijo ella intentando no perder la compostura.
- No hay explicación. – Negó él. – Yo estaba en problemas y vos fuiste mi solución para salir de ellos. – Agregó al notar la mirada furiosa de ella.
- ¡¿Y por eso me dejaste pagando tus crímenes?! ¡¿Eso te parece justo?! – Gritó ella, explotando de la frustración que sentía, sin poder creer como en algún momento podía haber estado enamorada de él.
- Ninguna vida, ni ningún mundo son justos. – Contestó él, como si eso justificará y explicará todo.
- Quizás tengas razón en eso. – Dijo ella, dando un suspiro para poder calmarse. – Pero hoy llegó tu momento de redimir un poco del mal que me haz hecho. – Expresó el plan que empezaba a formarse en su mente.
- ¿Cómo? – Preguntó él sintiéndose atrapado al notar las miradas fulminantes de las personas que habían venido con ella.
- Vas a venir a Bostón con nosotros, vas a reencontrarte con tu padre y vas a regresar a tu mundo. – Expusó ella.
- No, yo no quiero volver a ver a ese hombre nunca más. – Negó él.
- Lo lamento, pero esta vez elijo yo y como hice un trato con él vas a venir con nosotros. – Concluyó ella con determinación.
Encantador y Killian agarraron a Bealifre para que no pueda escaparte y lo llevaron hacia el auto. El camino hacia Bostón fue silencioso e incómodo. Las únicas palabras que se escucharon en el trayecto fueron las de Bealifre comentando como ella se había quedado con su auto y seguía usándolo, pero ante la mirada amenazadora de Encantador no volvió a abrir la boca.
Una vez que estuvieron de vuelta en el departamento informaron a Rumpelstiltskin que habían encontrado a su hijo, y se sentaron a esperar. Al rato El Oscuro pidió que Emma y su hijo se encuentren con él en las afueras de la ciudad.
- ¿Estás segura que es buena idea que vayas sola? – Preguntó Killian preocupado, disgustado con lo que Rumpelstiltskin había pedido.
- Es lo que él pidió y debo hacer para que cumpla nuestro trato. – Respondió ella lo que en verdad pensaba.
- ¿Y si es una trampa? – Continuó él con su cuestionamiento, porque no quería dejarla ir sola.
- No lo es, todos sabemos que ellos necesitan regresar a su mundo, y que se reencuentren es la forma. – Contestó ella razonando con él para tranquilizarlo.
- No me gusta la idea de que vayas sola. – Protestó él.
- Lo sé. – Asistió ella. – Pero, voy a estar bien, confía en mi. – Pidió ella uniendo su mano con la de él. – Aparte creo que me va a venir bien dar un cierre a esa historia. – Dijo haciendo una pequeña seña hacia donde estaba Bealfire.
- Bien. – Aceptó él, sabiendo que a pesar que a nadie le agradaba la idea era la única opción que tenían. – Prométeme que cualquier cosa llamarás a alguno de nosotros. – Pidió de modo suplicante.
- Lo prometo. – Aseguró ella y le dio un pequeño beso en los labios.
Emma llevó a Bealfire a la dirección que Rumpelstiltskin le había pedido, y allí se encontraron con él. Emma vio perfectamente todo lo que sucedió. El reencuentro estuvo lleno de estados variados y contradictorios. Hubo lágrimas, gritos, reproches, disculpas, risas, y hasta un abrazo. Pero el reencuentro logró lo que tenía que hacer, les dio paz, y eso les permitió ver el portal que los llevaba de regreso a su mundo.
- Lo siento Emma, en verdad te amé y no fue mi intención lastimarte con todo lo que sucedió. – Se disculpó Bealfire sintiendo remordimiento ante el mal que le había causado.
- Entiendo. – Aceptó ella al notar su sinceridad. – Pero no puedo perdonarte por ahora, ni sé si algún día podré hacerlo. – Admitió.
- Hora de regresar a nuestro mundo y no te preocupes que voy a cumplir mi promesa. – Aseguró Rumpelstiltskin. – Todo lo que quería era volver a tener a mi hijo, y tú lograste devolvérmelo. – Dijo a modo de agradecimiento una vez que su hijo había cruzado el portal.
- De nada. – Dijo ella sin saber bien que responder.
- Antes de irme, creo que hay algo que deberías saber. Garfio, o Killian como te gusta llamarlo, él puede ver el portal y por lo que sospecho lo ha podido ver desde hace mucho tiempo. – Informó y luego desapareció tras el portar que lo llevaba a su mundo.
¿Killian podía ver el portal? ¿Sería verdad o mentira? ¿Si era verdad cómo era posible que ella no lo supiera, que él no se lo haya dicho? ¿Si era mentira, de qué le servía a Rumpelstiltskin mentir con eso? Emma sintió su corazón partirse ante la idea de aquella traición. Si Killian podía regresar a su mundo, a ella le habría gustado saberlo por él. Y de hecho también le habría gustado que él vuelva a su mundo desde el momento que fue capaz de ver el portal, porque a pesar de que la mataba la idea de separarse de él, ella lo quería a salvo. Y en su mundo él no corría el riesgo de dejar de existir, en su mundo los hombres de "La sombra" no podían alcanzarlo. Emma realmente esperaba que Rumpelstiltskin estuviera equivocado, pero por algún motivo sospechaba que estaba en lo cierto.
