¿Corto?...¿El capitulo anterior se les hizo… CORTO?...¡Fueron 20 páginas!...Rainhard tiene razón... Para los lectores nada es suficiente, ¿verdad? ;)

Confieso que para mi tampoco es suficiente. Sus reviews nunca me parecen muchas o muy largas, así que estamos a mano. Muchas gracias a todos leer, por sus reviews y comentarios, aprecio mucho que esta historia les guste y me lo digan. Y pues ya estamos en el final…. Este capitulo no será tan corto…pero tampoco quizá sea nunca tan largo como ustedes hubieran querido…

¡Al menos tienen que reconocer que no me tarde tanto como la vez anterior!

ADVERTENCIA: Este fic es Fate-Nanoha y está clasificado M, por contenidos y situaciones fuertes y/o violentas, así como escenas íntimas de carácter sexual entre dos mujeres. Si este tipo de contenido, no es de su agrado, por favor no lo lean.

DISCLAIMER: Los personajes de Magical Girl Lyrical Nanoha no me pertenecen y son propiedad de sus respectivos autores. Todas las situaciones y personajes presentados en esta historia son ficticios, cualquier parecido con situaciones o personajes reales, históricos o presentes, no es en absoluto intencional.


"Ahora y para Siempre" por Aleksei Volken

Capítulo 20. Final.


-X-

La oscuridad era casi total. Salvo por el tenue reflejo de una antorcha, la luz no tenía cabida en ese lugar.

O la calidez.

El frío era aun peor que exterior porque era diferente. No te mataba rápidamente como el frío del implacable invierno de Dinsmark. Era insidioso y lento, se colaba por los poros hasta anidarse dolorosamente en los huesos.

"Y pensar que Nanoha estuvo varios días aquí," pensó Fate.

Por si estar en la celda fría, oscura y maloliente no fuera suficiente. Fortis había ordenado que la mantuvieran encadenada. "No es alguien a quien podamos subestimar," había dicho el otrora consejero de confianza de su madre.

Fate escuchó que alguien tosía y como pudo, se irguió lo suficiente para preguntar, -¿Madre?...¿Tía Olivie?...-

Poco más de tres días habían transcurrido desde que la Torre había caído. Desde el momento en que los Huckebein habían tomado control de ella; Fate, Precia y Olivie habían sido encerradas en las celdas reservadas para los presos más indignos. Tanto que hacía mucho tiempo que no eran usadas. El olor a moho, podredumbre y muerte en ellas era tan intenso, que al principio Fate no había podido respirar.

Pero, tras varias horas encadenada en la oscuridad, su sentido del olfato había terminado por atrofiarse.

Al igual que sus músculos ateridos por el frío y la falta de alimento.

Pese a ello, una furia tan fría e implacable como el frío que la rodeaba la mantenía susurrando el nombre de Veyron y sus hermanos. Ninguna debilidad le impediría levantar su espada a la primera oportunidad que tuviera para hacerles pagar por lo que le estaban haciendo a su familia.

Su único consuelo era que Alicia no había aparecido. Fortis y Veyron simplemente continuaban ignorando sus reiteradas preguntas al paradero de su hermana y al menos eso, hacía pensar a Fate que no la tenían.

Tampoco sabía nada de Saber, Micaiah o Victoria….tenían que tenerlas en otra parte de la torre o en otro lugar.

-Fate…- respondió una voz a su llamado.

"Olivie," pensó Fate con el corazón encogido. Hasta el momento, ella era quien había llevado la peor parte.

Los Huckebein había instalado a Fate y a Olivie en celdas cercanas, una frente a la otra, pero con la oscuridad del profundo sótano de las catacumbas, no podía ni siquiera verse pese a estar cerca. Precia estaba un poco más lejos, en la última celda del pasillo. Fate no podía verla. Y tampoco podía escucharla porque no había dicho una palabra desde que las habían encerrado.

-Tienes que resistir, Fate….no importa lo que pase aquí….Debes resistir….- le decía Olivie con una voz tan baja y desgastada que Fate apenas podía escucharla.

Al escuchar a su tía, Fate temió lo peor. Olivie estaba más débil con cada hora que pasaban en ese lugar. Y el silencio de Precia en la situación en la que se encontraba, era lo que lo que más lastimaba a Olivie. Fate lo sabía, y no podía hacer nada para aliviar ni la situación de su tía, ni su dolor.

La guerrera se esforzaba para encontrar al menos alguna palabra de aliento, alguna frase que le permitiera a Olivie mantener la esperanza, soportar hasta que pudieran hacer algo; que le permitiera a ella misma mantener la esperanza, cuando los escuchó.

Pasos se acercaban.

Olivie gimió involuntariamente.

-….debes resistir Fate…- volvió a decir.

Los pasos están aún más cerca.

Fate se revolvió con impotencia en las cadenas que la apresaban.

Tras varios segundos, la luz dorada de antorchas ilumino el pasillo de piedra de las catacumbas donde se encontraban las celdas de los condenados.

Fate vio su larga sombra antes de verlo a él.

Zest Grangaitz, ataviado ya con ropas de caballero y no de pordiosero como cuando Fate lo había conocido, se detuvo frente a su celda con un porte erguido y orgulloso. De su cinto colgaba la espada del padre de Fate.

-¿Te gusta?- le preguntó Zest a Fate, -Era una lastima que la mantuvieras colgada en el salón del trono. La bruja de tu madre jamás le daría el uso que merece.-

Como Fate no dijera una palabra y solo lo mirara con infinito desprecio desde el fondo de su celda, Zest continuó en el mismo tono burlón.

-Una espada como esta se alimenta de sangre, Fate. Tú deberías saberlo. Enzo segó muchas vidas con ellas. Estaba viva en aquel entonces. Necesita resucitar. Pero yo me hare cargo de ello.-

Zest hizo una seña a uno de los hombres que lo acompañaban con las antorchas y el tipo se aproximó para abrir la celda de la tía de Fate.

-¡No!...- gritó Fate con todas sus fuerzas, -Eres…un…maldito…. ¿Es que acaso no tienes el más mínimo honor?... ¿Y tu pretendes ser el próximo Hegemon?-

Zest rio por lo bajo mientras entraba a la celda de Olivie.

-No pretendo ser, Fate….SERE el próximo Hegemon…y esto,- dijo señalando a Olivie acurrucada en un rincón, -No tiene nada que ver con el honor. La he extrañado ¿sabes?...Diez años es mucho tiempo…-

Zest hizo una seña a dos de los hombres que lo acompañaban para que entraran a la celda.

-Déjame demostrártelo…Ustedes,- llamó a sus acompañantes, - Iluminen bien esta pocilga, no quiero que la ex-heredera se pierda ni un solo detalle. Tiene un asiento privilegiado después de todo….-

Los hombres obedecieron las indicaciones de Zest, e iluminaron la celda con sus antorchas. Desde donde estaba encadenada en la pared de su propia celda, Fate pudo ver claramente a Olivie acurrucada en un rincón pero mirando desafiantemente a Zest y tuvo que morderse los labios hasta hacerlos sangrar para no gritar de rabia.

-Oh…no has perdido tu espíritu,- dijo Zest mirando a Olivie, -Eso es lo que siempre me ha gustado de ti.-

Con movimientos lentos, se quitó la capa oscura que vestía. Después, con un cambio violento de actitud se inclinó para tomar a Olivie del brazo y arrojarla al suelo al centro de la celda.

La ropa de Olivie, ya desgarrada por los días anteriores, era prácticamente solo jirones. Había estado apenas cubriéndose con lo que quedaba de ellas y una manta maloliente, que era todo lo que le habían dado para cubrirse.

A pesar de ello, Zest no se detuvo y arrancó la ya desvencijada ropa de Olivie sin miramientos. Ella se resistió, trató de arañarlo, de golpearlo, de alejarlo, pero no gritó. No gritó cuando él le arrancó finalmente lo último de tela que le quedaba para cubrirse, ni cuando la abofeteó, ni cuando le aplastó el cuello con el antebrazo para someterla.

La diferencia de tamaño y de poder entre ambos era tan aplastante, que Zest se veía como un oscuro gigante sometiendo a una niña pequeña aunque la diferencia de edad entre ellos era mínima.

Olivie tampoco gritó cuando el comenzó a moverse sobre ella.

Pero Fate no pudo evitar que las lágrimas rodaran por sus mejillas.

-¿Te gusta el espectáculo…Fate?- preguntó Zest entre jadeos apartado su mirada del rostro de Olivie para mirar a Fate, -A tu tía le encanta….especialmente después de tanto años de no tener algo como "esto"…. ¿Verdad,… Olive?...-

Las embestidas de Zest sobre Olivie se hicieron cada vez más y más salvajes mientras hablaba, hasta que un grito involuntario de dolor escapó de sus labios pese a los esfuerzos por contenerlos.

-¿Has escuchado Fate…?...- y después gritó, -¿Has escuchado Precia?...Esto… ¡ESTO es lo que tu puta realmente había deseado… todos esos años que se revolcó contigo!-

Desde la celda de Precia al fondo del pasillo no llegó ningún sonido, ni ninguna respuesta.

Fate deseaba apartar la mirada de lo que estaba pasando frente a ella, pero se obligó a no hacerlo. Se obligó a no cerrar los ojos. Se obligo a no gritar. Zest la torturaba, torturando a Olivie. Pero era Olivie quien sufría la terrible vejación. Al menos, Fate tenía que tener el valor soportar y mirar.

Zest deseaba que ella abandonara a su tía. Deseaba que perdieran toda su esperanza. Pero Fate no iba a darle esa satisfacción.

Pese a las lágrimas que corrían por sus mejillas, que no podía ni siquiera limpiar y dejaban surcos en la suciedad de su rostro; Fate se endureció y aguantó la mirada de Zest. Olivie se lo había pedido. Olivie estaba resistiendo y estaba luchando.

Ella, tenía que resistir.

-X-

-De ninguna manera Veyron, ¿eres estúpido o que?...Pensé que te habían cortado la verga pero al parecer te cortaron también el cerebro, imbécil….-

Veyron estaba pálido de furia, de pie frente a Fortis, soportando la retahíla de insultos que Cypha dirigía hacía el.

Esa mañana, Fortis había llamado a todos sus hermanos a la que otrora fuera la sala de reuniones privada de la Hegemon. Un inconveniente con el que no habían contado en absoluto había surgido.

Un inconveniente extremadamente peligroso.

-¡No me hables de esa forma!,- gritó Veyron, -¡Te las das de guerrera pero eres solo una puta glorificada...!

-¡Al menos, gracias a mis habilidades guerreras no me han cortado las tetas como a "otros," idiotas, les cortaron los huevos…!-

Arnage miró a sus hermanos con repugnancia.

Deville se mantuvo, como siempre, inalterable y distante como si nada le importara.

-¡BASTA YA!-

Un silencio sepulcral se extendió por la habitación tras el potente grito de Karen Huckebein.

Para todo el mundo, Fortis Huckebein era el líder y más influyente miembro de la Familia Huckebein. Pero en la realidad, no era así.

Para fines prácticos, era mucho más conveniente que todos pensaran eso, pero la verdadera estratega, la líder, la protectora del clan y auténtica autora intelectual de sus planes, era la hermana mayor de la familia…Karen.

Y era implacable.

-Si hubieras hecho lo que te dije y usado lo que te di en el momento oportuno….no estarías en la situación que te encuentras en este momento, Veyron…Da gracias que todavía estas vivo y mantente callado,- dijo Karen mirando con extrema seriedad a su hermano.

Cypha sonrió de medio lado.

-Y tu…- dijo Karen volviéndose hacía su hermana con lo cual la sonrisa de Cypha se desvaneció como por arte de magia, -Vas a ser la consorte del próximo Hegemon… Una… Esposa… Imperial... ¡Deja de tirarte al primer pordiosero con falo que se te cruza en el camino!...¡Dioses!...¡Tu y Fortis deben haber acabado con todos los hombres de Dinsmark y cincuenta kilómetros a la redonda!-

Fortis que como niño bueno no había dicho una palabra, se volvió hacia su hermana mayor un poco indignado pero no alcanzó ni siquiera a abrir la boca. La mirada de Karen que lo detuvo no hacía concesiones.

-Y pensar que todos ustedes se jactan de su noble y añeja cuna,- dijo Karen con voz baja y fría. -¡Compórtense a la altura de su apellido!...Al menos en eso Testarossa los supera con creces.-

Todos los Huckebein se quedaron silenciosos y sombríos tras el regaño de Karen.

-Karen tiene razón,- dijo Arnage al cabo de un rato, -¿Tienen que estar todos obsesionados con el sexo todo el tiempo?...Deberían tener otros intereses, como la buena comida por ejemplo… Por cierto, ¿No hay nada de comer? Tanta discusión me ha dado un hambre voraz…-

Karen meneó la cabeza con resignación e inspiró profundamente.

Por mucho que le molestara la actitud de su familia, tenían otras preocupaciones mucho más apremiantes en ese momento.

Karen se dirigió a la solida mesa de madera y señaló el pergamino que acababan de entregarles.

-Uther Pendragon.-

Fue todo lo que dijo.

-¿Pero como es posible?,- preguntó Fortis aproximándose a su hermana, -No ha pasado ni siquiera una semana completa desde que nos hicimos con el control de la ciudad. Y hemos mantenido un control férreo de todos los mensajes y las comunicaciones. Los arqueros han abatido cualquier ave que ha parecido sospechosa de llevar mensajes...-

Los demás miembros del clan Huckebein se aproximaron a la mesa con Fortis y Karen.

El mensaje de Uther Pendragón era críptico pero preocupante. Estaba dirigido a la honorable Hegemon regente del Imperio Belka con todas las formalidades de rigor, solicitando amablemente noticias sobre su noble caballero, Saber de Albión.

Pero no estaba expresamente dirigido a Precia Testarossa. Ni marcaba fechas.

-La maldita guerrera se olvido de reportar a su amo y por eso ahora la están buscando como locos,- dijo Cypha con desprecio.

-O ha estado reportado sin que nos enteremos,- apuntó Karen, -Albión esta mucho más lejos que Nihon. El mensaje tiene que haber salido del Reino desde antes que iniciáramos la toma de Dinsmark.-

-Entonces, no tenemos de que preocuparnos,- dijo Veyron, -Solo tenemos que esperar un poco y mandarles a su querida guerrera de leyenda envuelta en una linda caja…Durante eventos tan lamentables como el estamos viviendo, pérdidas lamentables ocurren.-

Todos los Huckebein miraron a Veyron con desaprobación.

-¿Ves porque digo que es un estúpido?- dijo Cypha mirando a Karen pero la severa mirada de ésta la disuadió de hacer más comentarios.

-Si hacemos semejante estupidez, no tardaríamos mucho en sufrir un asedio directo del Reino de Albión para el que no estamos preparados,- dijo Karen mirando a Veyron con enojo.

-Oh vamos querida hermana, es solo una perra al servicio del rey de Albión…no es como si fuera alguien de noble cuna…-

Veyron no pudo terminar su argumento.

-¡Es la mejor guerrera de Uther Pendragón!... ¡No importa si es de noble cuna o no!...Vino hasta aquí para ponerse al servicio de la Hegemon Precia Testarossa en nombre y representación del Rey. Y sucede que Uther, era amigo personal de Enzo Testarossa….- dijo Karen, -¿Tienes idea de lo que va a hacer el Rey de Albión si se entera de cómo está la familia de su amigo? ¿Mas aún, si le enviamos a su adorada guerrera en pedacitos?-

Veyron tuvo el buen tino de mantenerse en silencio pero Fortis no estaba convencido del argumento de Karen.

-El invierno esta comenzando Karen, ni Uther Pendragón, ni nadie en su sano juicio, se embarcaría en una guerra contra Dinsmark durante el invierno.-

Karen miró a su hermano. Fortis era un chico brillante pero demasiado confiado a veces de su superioridad.

-Ni siquiera Precia Testarossa, que estaba loca; se atrevió a pensar que podía ganar en un enfrentamiento frontal contra el reino de Albión, Fortis,- dijo para después mirar con detenimiento a todos sus hermanos, -El invierno no solo sería duro para los atacantes sino también para nosotros. Después de que el ejército salió para Nihon, a ese magno ataque que nosotros planeamos, tenemos recursos apenas suficientes para sobrellevar el invierno, pero no para sobrevivir un asedio durante una guerra.-

Ninguno de los demás dijo nada.

-Además… ¿necesito recordarles que no tenemos ejército? Todos los generales están en el frente de Nihon o en alguna otra parte; cuidando los dominios Belka que Precia Testarossa nos hizo favor de engrandecer en los últimos diez años, también por nuestro consejo. ¿Cómo nos defenderíamos ante un ejército de cientos o miles?... ¿Con los valientes guerreros mercenarios de Tredia y Zest?-

Tras varios minutos de silencio, Cypha preguntó.

-¿Qué hacemos entonces?-

Karen inspiró nuevamente y comenzó a caminar con pasos lentos alrededor de la mesa. Un gesto que solía hacer cuando algo la preocupaba mucho y necesitaba pensar.

-No hemos encontrado ni a la hermana, ni a los malditos guerreros Wolkenritter de Fate Testarossa. Ninguno de ellos,- dijo Karen, -Tenemos que asumir el peor escenario, que es que hayan salido de la ciudad y estén buscando algún medio para liberar a su señora.-

-Los rastreadores de Tredia no han parado de buscar alguna pista en los alrededores, pero la nieve de los últimos días lo ha complicado bastante. Eso nos perjudica pero también debe haberlos retrasado,- dijo Fortis tratando de complacer a su hermana, -Además nuestros hombres están buscando casa por casa en la ciudad. Si todavía están aquí, escondidos como ratas, los encontraremos.-

-No podemos contar con lo que no tenemos Fortis,- dijo Karen pese al entusiasmo de su hermano, -Nuestra principal preocupación ahora es Uther. Necesitamos saber que sabe y ganar tiempo, debemos consolidar nuestra nueva posición, que Zest sea ungido como Hegemon con Cypha como su esposa y especialmente, que Albión no tenga ningún motivo para declarar una guerra para la que no estamos preparados.-

Todos los Huckebein asintieron mostrando su acuerdo con su hermana.

-No podemos permitir que Uther envíe una comitiva en estos momentos así que enviaremos un tranquilizador mensaje a Albión…y tendremos que llegar a algún tipo de acuerdo con la guerrera cuando sea apropiado.-

-¡Karen!...insistió Veyron, -¡No podemos hacer eso!

Karen lo cortó de tajo.

-Por muy guerrera que sea, esta es una situación política…y Saber debe saber cual es el lugar que le corresponde. Lo único que tenemos que garantizar, de momento... es su seguridad. Así que Veyron, no puedes tocar uno solo de sus dorados cabellos,- ordenó Karen mirando a su hermano, -Es más, no va a quedarse más tiempo en la Torre. Tráela a las celdas de Stier Castle hasta que decidamos el siguiente paso.-

Veyron fue el único que trató de protestar pero sus argumentos no duraron demasiado.

Pero que le gustó menos aun, a él y a todos los demás, fue que Karen ordenara tampoco tocar a Fate.

-Ella es la hija del amigo del Rey Uther. Seguramente el rey no se pondrá del lado de Precia cuando sepa que ha sido castigada por traición, pero Fate Testarossa será una cuestión diferente. No te engañes Veyron, ella será una carta de negociación importante para nosotros. Al igual que Alicia, cuando consigamos encontrarla. Así que aunque de momento, aceptaré que la dejes en la Torre, no puedes hacerle nada…. ¿Has entendido?-

Veyron se retorció de rabia pero cedió.

Esa tarde, mientras Karen y Fortis arreglaban diversas reuniones con las familias nobles que estaban de su lado y con las que no, así como planeando los siguientes movimientos con Tredia y Zest; Veyron se la pasó ideando alguna forma para cumplir las instrucciones de Karen…sin hacerlo.

Su hermana había ordenado que él no podía hacerle nada a Fate.

Pero no había dicho nada respecto a la posibilidad que otra persona lo hiciera.

Tal y como Karen había dicho, durante las guerras ocurrían a veces situaciones muy lamentables.

-X-

Atípicamente para la estación, esa tarde el cielo despejó sobre Dinsmark y tuvieron un atardecer teñido de fuego anaranjado, purpura y dorado.

La vista de Dinsmark sobre el risco en el que se encontraban era tan espectacular que Nanoha sentía que el pecho le dolía.

Todavía recordaba como había utilizado un antiquísimo túnel para salir de Dinsmark a mitad de la noche, a la nieve y el frío. Parecía que muchísimo tiempo había pasado aunque en realidad habían sido solo unos pocos días.

Días en los que había cabalgado frenéticamente hasta Nihon y regresado a Dinsmark.

Aunque uno y otro momento habían sido muy diferentes.

Había salido huyendo, atemorizada y horrorizada por lo que estaba pasando; y había dejado a su esposa a merced de mercenarios despiadados y nobles ambiciosos. Había salido solo con sus dos consejeras, acompañada por una capitán de élite y dos prisioneras.

Su regreso esta siendo un poco diferente.

Para empezar, ya no estaba atemorizada, ni horrorizada. Ya no se sentía vulnerable.

Y tenía una razón muy importante para estar ahí.

Tenía que regresar al lado de su esposa.

Y tampoco estaba sola en esa misión.

Les llevó dos largos días, planear y arreglar todo lo que necesitaban de Heian-Kyo para el rescate de Fate. Días que se le habían hecho interminables a Nanoha. Pero cuando finalmente salieron, sintió que volaba a lomos de su caballo.

Signum y el general Graham habían conseguido detener efectivamente el ataque y conseguir el apoyo del ejército. La estrategia de Graham había sido muy práctica. Mientras él retenía a todos los oficiales en una reunión donde les informaba el estado de la situación en Dinsmark, Signum se dirigió a todos los soldados.

Muchos de ellos, escuadras completas, habían luchado al lado de Fate y la adoraban.

Los otros, simplemente la adoraban.

No había ninguna otra heredera posible al trono Belka.

Cuando Graham terminó su reunión con los oficiales, en la cual identificó a más de un par de leales al plan de los Huckebein, la parte más significativa del ejército Belka estaban listos para regresar y destruir a aquellos que se habían atrevido a atentar contra el trono y la Hegemon regente.

Pero Signum no se quedó con ellos.

El ejército regresaría a paso veloz, estaba segura. Pero ella, al igual que Nanoha no estaba segura de que Fate tuviera tanto tiempo. Además de que Dinsmark era inexpugnable. La ciudad había sido construida para ello. Al mismo ejército Belka, le costaría recuperarla en un ataque frontal.

Y bajo un asedio así muchas cosas podían pasar.

Signum simplemente no podía correr el riesgo.

Así que se unió al grupo de Nihon con Nanoha y sus hermanos.

A petición de Nanoha, Shiro Takamachi había ordenado a diez de sus mejores guerreros que se pusieran a las órdenes de su hija menor y futura regente.

Arf había conseguido a otros tantos ninja.

Junto con Zafira y Signum, el grupo que lideraba Nanoha apenas llegaba a treinta elementos. Signum estimaba que podía haber doscientos guerreros negros en Dinsmark. Probablemente ya eran más desde que habían huido. No tanto como para ser considerado un ejercito, pero si mucho mas de lo que ellos tenían.

Pero su plan no era un enfrentamiento frontal.

De eso se encargaría el ejército. Lo único que tenían que hacer era abrir el camino para ellos.

Y Nanoha abriría el camino hasta el mismo infierno si era necesario.

Signum se aproximó a ella. Habían hecho el camino de regreso de Nihon nuevamente en dos días y medio. La capitana sabía que la joven tenía que estar agotada, pero no lo demostraba.

Eran un grupo grande pero se las habían ingeniado para despistar a posibles ojos indiscretos durante su viaje de regreso. Nanoha junto con sus hermanos y Signum habían llegado primero y ese era su punto de encuentro. Zafira no debería tardar en llegar con los demás.

-Este es un sitio seguro para que acampemos, Lady Nanoha- le dijo Signum, -Debe descansar y prepararse para mañana.-

Nanoha continuó mirando hacia el horizonte.

-¿No deberíamos aprovechar la noche y entrar?... ¿Justo como lo hicieron ellos?- preguntó Nanoha volviéndose para mirar a la capitana de Fate.

-Lo sería,- aceptó Signum pero agregó, -Si tuviéramos más fuerzas o si el ejército estuviera mas próximo a llegar, esa sería una buena opción. Pero en estas condiciones tenemos que esperar y obtener un poco mas de información. Tan pronto lleguen los ninjas de Arf, iré con ellos a indagar. No sabemos como están las cosas en la ciudad Lady Nanoha y por la seguridad de Testarossa, no podemos lanzarnos a ciegas.-

Kyoya y Miyuki, que al escuchar hablar a su hermana se habían aproximado a ella, coincidieron con Signum.

-La capitana tiene razón Nanoha. Solo tendremos una oportunidad. Tenemos que ser certeros y letales,- dijo Kyoya.

Miyuki se acercó aún más a Nanoha y puso una mano sobre su hombro.

-Estoy segura que Testarossa-san esta resistiendo como me han dicho que prometió hacer hermana…Lo mejor que podemos hacer ahora es agrupar nuestras fuerzas, reunir información y llegar con una buena estrategia.-

Nanoha, apesadumbrada asintió.

El sonido repentino de cascos cercanos y rumor de arbustos, los puso a los cuatro en alerta.

Singum, Kyoya y Miyuki tomaron sus armas y se alistaron.

Pero se relajaron de inmediato cuando divisaron la figura de Zafira que se aproximaba caminando con las riendas de su caballo en la mano.

-Muy buen tiempo Zafira,- dijo Signum, -Llegan justo a tiempo.-

En ese momento, la capitana se percató que Zafira no llegaba solo con los hombres de Nihon y se puso de inmediato en guardia.

-No Signum, espera,- la detuvo Zafira. –Parece que tendremos una ayuda…adicional.-

Signum y los hermanos Takamachi miraron entonces con más detenimiento a sus nuevos acompañantes. Tres guerreros, tan altos como Zafira se adelantaron e inclinaron levemente la cabeza a manera de saludo.

Para los oriundos de Nihon, sus atuendos resultaban extraños y desconocidos. Brillantes armaduras bajo las gruesas capas negras, cotas de malla y magníficas espadas. Uno de ellos, portaba además una larga lanza que lo superaba en estatura.

Los guerreros eran sin duda desconocidos, pero el escudo de armas que portaban era inconfundible cualquiera, pero especialmente para Nanoha.

-Del Reino de… ¿Albión?- susurró Nanoha con sorpresa para nadie en particular.

Hasta ese momento notó Nanoha que de los tres guerreros, uno era en realidad una mujer.

La guerrera, de piel muy blanca y ojos claros y fríos, portaba una larguísima capa de color muy claro; su cabello, muy largo y lacio, y de un color tan rubio que era prácticamente blanco, parecía fundirse con nieve que los rodeaba como una entidad etérea y fantasmal.

Ante la mirada asombrada de Nanoha, la guerrera se adelantó y apoyando una rodilla en el suelo, se inclinó ante ella, saludándola formalmente por su nombre.

-Mi Lady Nanoha…Es un honor encontrarme con usted. Lamento profundamente que sea en estas circunstancias injustas por las que atraviesa. En el nombre de Reino de Albión, mi espada y la de mis acompañantes esta a su servicio, tal y como lo ha estado la espada y el honor de nuestra valiente guerrera Saber….Soy Sir Bedivere y estoy a su servicio.-

Nanoha estaba impactada. ¿Cómo podía saber esa guerrera extranjera su nombre?

La voz de Miyuki, respondiendo por ella, la regresó a la realidad.

-Es un gran honor, por favor disculpe a mi hermana, honorable guerrera de Albión…Su llegada ha sido muy sorpresiva pero no ha podido ser más oportuna.-

Nanoha se apresuró a disculparse y agradecer el ofrecimiento de la guerrera.

-Sir Bedivere,- dijo Nanoha. Saber le había mencionado algo respecto a ese nombre en alguna de sus conversaciones pero hasta ese momento, jamás imagino que se tratara de una mujer.

-Mis acompañantes,- dijo Sir Bedivere haciendo un gesto hacia los otros dos guerreros, -Son guerreros del Reino de Albión al igual que Saber…Sir Gawain y Sir Lancelot.-

Ambos hombres se inclinaron ante Nanoha.

-Agradezco mucho…su presencia,- dijo Nanoha cuando se recupero lo suficiente de la sorpresa, Saber le había platicado brevemente acerca de su hogar natal y sabía que la caballero no era un "simple" caballero sino uno miembros de la corte de más confianza de Uther Pendragón. -Pero, ¿Cómo es posible que estén aquí? Albión esta mucho más lejos de Dinsmark que Nihon… Saber me platicó su viaje hasta aquí y el tiempo que le tomó realizarlo….-

Los tres guerreros se miraron y sonrieron.

Conforme la noche caía y la oscuridad los rodeaba, los tres recién llegados de Albión le relataron a Nanoha el mensaje que Saber había enviado con extrema urgencia después del atentado contra Alicia Testarossa y las sospechas de la guerrera respecto a lo que estaba ocurriendo. Nanoha se encontró a si misma sorprendida por la decisión de Saber y el apoyo que recibía la familia Testarossa por parte del Reino de Albión.

En su fuero interno, eso aliviaba un poco la preocupación que sentía por lo que tenían que hacer a la mañana siguiente. Nanoha a duras penas podía esperar el nuevo día para lanzarse al rescate de Fate, pero reconocía que Miyuki y Signum tenían razón. Debían hacer los últimos ajustes a su plan para que sus posibilidades de éxito fueran mayores.

Tras ponerse a cubierto para pasar la noche y compartir una frugal cena, Signum y Zafira se dividieron junto con Arf y Kyoya para inspeccionar el terreno y estimar la situación en Dinsmark, mientras los demás se dividían las guardias y se preparaban para el asalto del día siguiente.

Pese a las recomendaciones de su hermana, Nanoha apenas pudo dormir. Su mente colaba a cada momento hacía Fate, pensado cómo y donde estaría, si estaría bien…si estaría…

"¡No!", pensaba Nanoha cerrando los ojos y apretando los puños con fuerza mientras trataba de descansar recostada contra una dura y fría superficie de piedra, "Fate tiene que estar bien…Tiene que estar bien…"

Miyuki solo la observaba a ratos en silencio, ponderando lo mucho que había cambiado su hermana en los meses que había pasado en Dinsmark y casada con Fate Testarossa. Ni una sola vez durante el tiempo que había pasado con ella desde que había llegado a Nihon y durante el frenético regreso a Dinsmark, Nanoha había despotricado en contra de los Belka…o en contra de Fate.

Al contrario, se veía genuinamente preocupada por la seguridad de su esposa y completamente decidida a enfrentar cualquier cosa para rescatarla y estar junto a ella.

Miyuki, miró nuevamente a su hermana y una oleada de calidez se extendió por su corazón. Nanoha, ya no parecía aquella niña que había abandonado el hogar familiar para enfrentar un oscuro destino, sino una mujer convencida de lo que tenía que realizar.

Ver ese cambio en su hermana era sorpresivo…pero agradable.

Y no fue el único cambio que Miyuki pudo ver.

Cuando comenzó a clarear y se reunieron para ajustar los últimos detalles su plan, que ahora también incluía a los guerreros recién llegados de Albión; Nanoha miró muy seriamente a sus hermanos con una solicitud que los dejó a ambos helados.

-Necesito una espada.-

Kyoya y Miyuki se miraron desconcertados.

Hasta cierto punto esperaban que Nanoha demandara participar en el plan. Miyuki estaba segura que no habría poder humano que lograra convencer a su hermana de quedarse atrás esperando mientras ellos rescataran a su esposa.

Pero jamás se imaginó que le pediría una espada.

-¿Una espada?...- preguntó la mayor de las Takamachi, -¿Y que piensas hacer con ella?-

La mirada de Nanoha se endureció como nunca antes en su vida y cuando respondió con voz fría y cortante como el hielo, Miyuki comprendió finalmente la magnitud del cambio que se había operado en su hermana menor…con una sola palabra.

-Usarla…-

-X

Arnage Huckebein bostezó ostentosamente desde la almena de vigilancia del muro exterior de Dinsmark. Hacía mucho frío, especialmente después de haber tenido a su cargo la vigilancia de la última guardia en la que Karen insistía.

Y para hacer la situación más apremiante, se moría de hambre.

"Demonios, porque Karen tiene que ser tan inflexible a veces…Nadie va a venir justo en estos momentos…" pensaba mientras se imaginaba un pan recién horneado con miel, manteca, queso y huevos frescos.

Pero no tuvo mucho tiempo de deleitarse en la visión de su próximo desayuno.

-Jinetes se aproximan,- dijo en voz alta uno de los guerreros de la guardia, -¡El estandarte no es Belka pero son muy pocos!-

Los mercenarios disfrazados de guerreros contratados por los cómplices de Fortis y Karen eran muy eficientes para el trabajo sucios, pero poco versados en las tareas estratégicas.

Antes de que Arnage tomada por sorpresa por la noticia, se asomara por la abertura de la almena y pudiera identificar el estandarte o la filiación de los jinetes que se aproximaban, varios arqueros dispararon en dirección a los recién llegados.

-¡No!- gritó Arnage de dirección de los hombres y saliendo de la almena, se aproximó al que identificaba como el líder de esa sección, -¡No disparen, ni siquiera sabemos quienes son, maldita sea!-

-Ordenes de Lord Graze,- le respondió el hombre desafiante, antes de que el siseo una flecha rasgara el aire y le atravesara limpiamente el cuello.

Arnage, que para ese momento ya había reconocido el estandarte que portaban los jinetes, maldijo interiormente mientras se ponía a cubierta y ordenaba, gritando a todo pulmón, que todo ataque se detuviera.

Les tomó varios segundos a los mercenarios obedecer. Razón por la cual, un par más de ellos se unió a su capitán, con flechas clavadas en sus cuellos.

Quien quiera que fuera el arquero que estaba ahí abajo, era efectivo y letal. Tres flechas, tres hombres. Y ni siquiera habían pasado diez segundos.

Todos se quedaron a cubierto, en silencio y expectantes esperando las indicaciones de Arnage.

-¡¿Es así como el honorable Imperio Belka da la bienvenida a su aliado, el Reino de Albión?- preguntó una voz masculina, profunda y potente. Tanto que Arnage podía escucharla con claridad pese a la distancia al marcado acento extranjero de su poseedor.

Tentativamente, la chica asomó la cabeza por el borde del grueso muro para encontrarse con cinco jinetes ataviados con el estandarte y los colores del Reino de Albión.

"Maldita sea…maldita sea….maldita sea…." Pensó Arnage con desesperación. Karen iba a estar furiosa de saber quienes eran los visitantes. Pero aun más de saber que los estúpidos esbirros de Tredia los había atacado sin saber quienes eran y sin mediar provocación.

Inspirando profundamente, Arnage salió a descubierto.

-Reciban nuestras disculpas, honorables caballeros de Albión,- dijo juntando las manos frente así y poniendo su mejor sonrisa, -Este ha sido un lamentable mal entendido que pronto será explicado….Por favor, aguarden un momento….-

Los jinetes que quedaron inmutables en su sitio, en guardia.

Detrás de ellos, escondidos en los frondosos arboles, varias personas contenían el aliento.

-Tu….- llamó Arnage desesperada a uno de los mercenarios, -Pronto, avisa a mis hermanos de esta situación….rápido…yo entretendré a los guerreros mientras tanto.-

Con toda la rapidez que le fue posible pero maldiciendo la suerte que la había puesto en ese momento y en ese lugar, se dirigió hasta la entrada donde una enorme y pesadísima reja de hierro forjado, impedía el paso hacia Dinsmark.

Durante ese tiempo, los jinetes se habían aproximado con cautela, por lo que cuando Arnage llegó hasta la reja se encontró con cinco jinetes escrutándola con recelo.

-¿Desde cuando las rejas de la Ciudad más poderosa del Imperio están cerradas para sus visitantes y se los recibe con ataques mortales?- preguntó con voz suave pero de extraordinaria autoridad uno de los jinetes. Por la tesitura de su voz, Arnage se percató en ese momento de que el jinete era en realidad una mujer, muy alta y con el cabello muy largo.

Arnage rio con nerviosismo, rezando a todas la deidades que alguno de sus hermanos llegara pronto a rescatarla de esa situación. No podía dejarlos entrar hasta que sus hermanos no supieran quienes eran y seguramente, los enviados de Albión estaban cada vez más y más recelosos de la situación.

El peor escenario que Karen se hubiera podido imaginar estaba pasando y ella lo tenía entre manos.

-Oh….lo sentimos muchísimo, honorable caballero….Ha sido un terrible y lamentable error- empezó a decir Arnage meciéndose sobre si misma mientras estrujaba sus manos,- Hemos tenido una…situación…extremadamente…difícil, se podría decir últimamente…Y dadas las circunstancias hemos tenido que…. aumentar….la seguridad,…Si, eso… la seguridad….Yo…yo debo rogarle que se identifique…por favor…-

La jinete se irguió sobre su caballo y frunció el ceño con preocupación.

-Mis disculpas, soy Sir Bedivere del Reino de Albión y vengo en representación del Rey Uther Pendragón. Me acompañan los nobles caballeros Sir Gawain y Sir Lancelot. Si lo que comentas es cierto, es aun más imperioso que podamos ver a la Hegemon Testarossa. Podemos comprobar fehacientemente nuestra misión,- dijo Sir Bedivere levantando en su mano un cilindro con el sello real de Albión.

Arnage tragó nuevamente con dificultad y pese a su nerviosismo, miró por primera vez a los hombres frente a ella.

Quien se había presentado, Sir Bedivere parecía ser quien estaba a cargo de la representación. Ligeramente detrás de ella, dos hombres, altísimos y fornidos, ataviados con armaduras y espadas. Uno de ellos el fuerte pero esbelto, con un rostro fino y hermoso. El otro, el más fornido y barbudo, llevaba además un arco formidable y era seguramente quien había abatido a los hombres que habían osado atacarlos.

Finalmente, un poco más atrás dos jóvenes, delgados y de mucha menor estatura que los otros, pero también ataviados con espadas y los colores de Albión. Probablemente, los escuderos de los caballeros pero con una actitud firme e imperturbable como los otros. Era difícil decir la edad de estos últimos, ya que llevaban la cabeza cubierta con la capucha de sus capas.

Arnage carraspeó luchando por encontrar que más decir. Los guerreros ya se habían presentado. Le habían enseñado el sello del Rey de Albión. Estrictamente hablando, no había una razón de peso para impedirles la entrada.

Pero ella no sabia que hacer.

Con alivio, escuchó el galope de caballos a lo lejos, y se volvió para ver un caballo negro que se aproximaba a toda velocidad.

Por un momento temió que se tratara de Veyron y suspiró cuando divisó el rostro de Fortis.

-Esperen un momento…., por favor….- dijo y se adelantó para recibir a su hermano.

Fortis desmontó antes de llegar a la reja de manera que Arnage pudo ponerlo rápidamente al tanto de la situación.

Con un gesto, Fortis ordenó abrir la reja.

Los caballeros de Albión miraron al Huckebein recién llegado y esperaron todavía varios segundos antes de entrar.

Fortis se inclinó en una reverencia y los saludó, -Sean bienvenidos a Dinsmark, nobles caballeros…Fortis Huckebein a su servicio.-

Sir Bedivere y los demás jinetes desmontaron y la alta mujer se aproximó a Fortis.

-Sir Bedivere….Lord Huckebein….Aunque no me dio la impresión de que fuésemos bienvenido hace unos momentos….- dijo la mujer que le sacaba fácilmente treinta centímetros a Fortis, inclinando la cabeza ligeramente, -Disculpe mi rudeza, pero no es común recibir a los aliados con ataques.-

Fortis contuvo un rictus de enojo.

-Todo será explicado apropiadamente…Sir Bedivere…- respondió Fortis tratando de sonreír y ofreció, -Acompáñenme por favor a Stier Castle.

Sin demostrar ninguna emoción, Sir Bedivere tomó nuevamente su caballo. Fortis y Arnage montaron también. Una escolta de hombres a caballo había llegado junto poco después de Fortis pero ninguno de los hombres de Albión hizo ningún comentario respecto a que ninguno de ellos vestía el uniforme de la guardia imperial o del ejército Belka.

Antes de espolear a su caballo para seguir a los Huckebein hasta Stier Castle, Sir Bedivere lanzo una rápida mirada hacia el exterior a través de la pesada reja de hierro que se había cerrado inmediatamente después que entraron.

El plan se había puesto en movimiento, la primera parte estaba hecha y ya no había vuelta atrás.

Pasara lo que pasara, a partir de ese momento, todos los demás se moverían de acuerdo a lo planeado. Actuarían en celulas independientes y sin poder saber cómo les iría a los demás. Cada uno esperando tener éxito y poder rencontrarse al final de ese desigual enfrentamiento.

Sobre su montura, cabalgando a paso lento hacia Stier Castle, Sir Bedivere sonrió casi imperceptiblemente.

Hacia mucho tiempo que no estaba en una batalla y no vivía un desafío a la altura de su espada.

-X-

Karen golpeó la mesa de madera de su recién adquirida habitación en Stier Castle con fuerza, un gesto de enojo e impaciencia completamente inusual en ella que siempre estaba bajo control.

Veyron y Deville estaban con ella. El primero despotricando en contra de Saber, Uther Pendragón y el Reino de Albión mientras el segundo solo se mantenía con lo brazos cruzados sobre el pecho, imperturbable, esperando las ordenes de Karen.

-¿Ya lo saben Tredia y Zest?- preguntó Karen.

-Cypha fue a avisarle a Grangaitz en cuanto el mensajero de Arnage nos dijo,- respondió Deville.

-Vayan y asegúrense que estén en el Salón del Trono lo más pronto posible,- ordenó mientras se dirigía hasta el mueble de madera donde guardaba su ropa para terminar de vestirse, -No tenemos mucho tiempo.-

No muy lejos de ahí, mientras los Huckebein se preparaban para un encuentro incomodo e inesperado, dos grupos de guerreros se escabullían para entrar a Dinsmark por las entradas secretas a la red de túneles que corría bajo la ciudad.

Debido a que solo los guerreros de confianza de Fate sabían como moverse en la compleja red, Signum guiaba a uno de los grupos de infiltrados mientras que Zafira guiaba al segundo.

Uno se dirigiría a Stier Castle. El segundo a la Torre de Dinsmark.

Nanoha, caminado detrás de Signum dentro del oscuro túnel, ya no vestía los elegantes vestidos que había usado en la corte de Dinsmark sino un atuendo guerrero típico de Nihon. A diferencia de las armaduras de los guerreros de Albión o las armaduras Belka, los atuendos guerreros de Nihon, utilizaban muy poco metal. Casi todas las protecciones en los antebrazos, codos, muñecas, caderas y pantorrillas eran de cuero curtido, resistente pero flexible. La camisa y los pantalones afianzaban los músculos en los lugares apropiados pero permitían una sorprendente libertad de movimiento. La pelirroja estaba sorprendida de que nunca antes hubiera querido probarse una de esas prendas que sus hermanos tanto usaban, al menos por curiosidad.

Las que usaba en esos momentos, se las había dado Miyuki y Nanoha todavía estaba tratando de acostumbrarse a ellas y a la espada que colgaba bajo su cinto.

Su corazón latía apresurado dentro de su pecho. Tanto de expectación como de nervios.

Tuvo el alma en un hilo hasta que al grupo liderado por Sir Bedivere cruzar el umbral de Dinsmark.

En ese momento, Signum dio la señal y todos se movieron hacia el siguiente paso.

Infiltrarse en la ciudad.

-X-

Sir Bedivere había estado en Dinsmark en el pasado, hacía muchos años. De pie en el elegante salón del Trono del Hegemon, esperando a sus anfitriones, la mujer pensó que había una gran diferencia entre su última visita y la actual.

Aquella visita había sido poco después del matrimonio de Enzo Testarossa con Precia de la familia Segbrecht. Sir Bedivere recordaba la alegría de los habitantes, el colorido y animosidad de la ciudad.

Durante su breve recorrido a caballo de esa mañana apenas había visto a algunas personas y todas, sin excepción, se habían encerrado en sus casas a su paso.

Por las calles desoladas solo se veían restos carbonizados parcialmente cubiertos por nieve, basura y guerreros vestidos de negro patrullando con actitud amenazadora. En todo en camino, no había visto a uno solo de los vistosos uniformes de la guardia Imperial. Dinsmark, la que era llamada la ciudad más poderosa del Imperio Belka se veía como una ciudad fantasma.

La mujer se moría por escuchar la explicación que sus anfitriones tendrían para ella.

Fortis Huckebein no había proporcionado ninguna y de acuerdo a la información que Saber había confirmado reiteradamente en sus mensajes, él era el consejero de más confianza de Precia Testarossa.

Unos golpes en el piso anunciaron que alguien importante entraba al gran salón del trono.

Sir Bedivere, de pie a una prudente distancia del trono con sus acompañantes de pie tras ella, vio como un hombre alto, fornido y elegantemente ataviado, entraba por una de las entradas laterales con una hermosa y exuberante mujer tomada de su brazo.

El hombre no portaba ningún distintivo Imperial pero se sentó con extrema confianza y seguridad en el Trono del Hegemon.

-Bienvenidos,- dijo Zest con una sonrisa. Cypha se quedó de pie a su lado apoyando las manos sobre su hombre, también sonriendo hacia los visitantes, -Es una visita inesperada, pero son bienvenidos caballeros de Albión.-

Sir Bedivere con el rostro inmutable, inclinó tan ligeramente la cabeza que apenas podía contar como una inclinación. Era la forma como uno saludaba a un noble. No a un Hegemon. La sonrisa de Zest desapareció.

-Gracias….- dijo Sir Bedivere ignorando la señal de molestia en el rostro de Zest, -Temo que no nos conocemos mi señor…Soy Sir Bedivere, hablando en representación de Uther Pendragon y quisiera solicitar una audiencia urgente con la Hegemon, Precia Testarossa.-

Zest no pudo evitar que una sonrisa torcida aflorara a sus labios.

-Temo que no el Reino de Albión no ha recibido todavía las buenas nuevas, Sir Bedivere….La mujer que menciona no es mas la Hegemon del Imperio, Belka,- dijo Zest recargándose en el Trono y adoptando una posición más cómoda, -Su inesperada visita ha llegado en un momento de transición. Yo soy el nuevo Hegemon del Imperio Belka. Será un honor reunirme con Uther en el futuro y hacer remembranza de los viejos tiempos.-

Al ver a Zest en esa posición, Sir Bedivere recordó.

Ella había visto anteriormente al hombre frente a ella. Muchos años antes de aquella última visita a Dinsmark. Durante una de las guerras que Enzo Testarossa había peleado antes de ser Hegemon del Imperio, ese hombre había estado ahí luchando al lado del futuro Hegemon.

Desde esos días, lo que más había llamado la atención de Sir Bedivere y que había hecho que lo recordara en ese momento, era la forma como un joven Zest Grangaitz miraba a Enzo Testarossa. No con admiración y respeto como casi todos sus soldados y amigos.

Sino con envidia.

La actitud de satisfacción que Zest ostentaba en esos momentos indicaba que había esperado mucho tiempo para ese momento, pero finalmente lo había conseguido.

Sir Bedivere se preparó.

-Realmente una noticia sorpresiva, Lord Grangaitz,- dijo y Zest arqueó una ceja ante la mención de su apellido que no había mencionado, -¿Qué ha pasado con la Hegemon Testarossa?-

Zest casi se puso de pie abruptamente pero las manos de Cypha sobre su hombro lo detuvieron apenas a tiempo.

-Sir Bedivere,- dijo Cypha avanzando un poco hacia el frente, -¿Se da cuenta de que se dirige de manera inapropiada al Hegemon del Imperio Belka?-

La guerrera de Albión no se inmutó.

-Futuro Hegemon,- aclaró Sir Bedivere, -Me dirijo a Lord Grangaitz de acuerdo a su condición actual y dado que tanto nosotros como Sir Saber fuimos designados por el Rey de Albión para servir a su alteza, la Hegemon Testarossa es justo que pregunte, en nombre de mi Rey que ha pasado con la señora del Imperio Belka que ha motivado esta abrupta situación.-

Antes de que Zest o alguno de los Huckebein pudiera responder la interjección de Sir Bedivere, ella agregó un poco más de leña al fuego que comenzaba a arder en los ojos en los Belka.

-Disculpen, pero no puedo dejar de notar que no hay ningún miembro de la Guardia Imperial Belka presente,- tras una breve pausa, preguntó directamente, -Así que respetuosamente solicito saber sobre la Hegemon Testarossa y su familia, así como sobre la noble caballero, Saber de Albión.-

Cypha estaba tratando de argumentar algo a la pregunta de Sir Bedivere cuando Zest, harto de la representación y el protocolo se puso de pie para atronar, -¡Traición!...Eso es lo que ha pasado con Precia Testarossa…-

Los cinco caballeros de Albión se pusieron en tensión. Estaban llegando al punto de ruptura mucho más rápido de lo que habían previsto.

Tras ponerse de pie, rojo de furia, Zest descendió las escaleras que ponían el Trono de Hegemon a mayor altura que el nivel regular del piso y se plantó frente a Sir Bedivere. Para su extrema molestia, no era más alto que la mujer de Albión. Sus ojos estaban exactamente a la misma altura y Zest apretó los puños con rabia.

La mujer lo miraba directamente, sin bajar la mirada. De igual a igual.

Eso era completamente inapropiado y pronto, pagaría por ello.

-Esa maldita mujer cometió el crimen máximo en contra del Imperio Belka por el cual será castigada, severamente,- dijo Zest con rabia casi escupiendo en el rostro de Sir Bedivere. –El pueblo Belka merece tener un Hegemon a la altura de su nobleza y yo ocuparé ese lugar. Yo debí ocuparlo desde hace muchos años…no esa mujer que ni siquiera merecía al hombre que fue su esposo.-

-¿Dónde está Sir Saber?- preguntó Sir Bedivere sin inmutarse por la actitud amenazante de Zest.

Bufando, Zest hizo una seña hacia Deville Huckebein quien durante el encuentro de Zest y los caballeros de Albión había entrado silenciosamente junto con Arnage y Karen al salón del Trono. Tredia Graze había entrado junto con ellos y hasta el momento se había mantenido en expectante silencio.

Tras ver a Deville salir, Sir Bedivere hizo una nueva pregunta.

-¿Fate y Alicia Testarossa?- fue lo único que dijo. No había necesidad de decir nada más. Ella entendía a la perfección lo que estaba pasando en Dinsmark y silenciosamente, sintió pena por las herederas Testarossa. Ella las había visto cuando eran apenas unas niñas.

La respuesta que esperaba llegó.

-Traición,- dijo Zest con los dientes apretados.

Sir Bedivere aguantó la mirada oscura de Zest.

-¿Cuáles con las pruebas que tienen de la traición de la familia Testarossa?- preguntó Sir Bedivere a continuación para ganar tiempo.

En ese momento, Zest se relajó, se dio la vuelta y regresó al Trono del Hegemon dejando que fuera Fortis quien le explicara a la enviada de Uther cómo Precia Testarossa había maquinado una rebelión donde no existía ninguna, simplemente para afianzar a su familia en el poder; dañando con ello a nobles familias Belka, como los Jeremiah que habían sido injustamente acusados y ejecutado por traición.

-Es terriblemente vergonzoso admitirlo, pero estamos en confianza con ustedes,- terminó Fortis con rostro fehacientemente compungido, -Pero el ansia de poder de la Hegemon llegó al extremo de hacerla olvidarse de sus deberes para con el pueblo Belka, para solo preocuparse por sus…ambiciones.-

-Fate y Alicia Testarossa participaron en la maquinación junto con ella,- dijo Cypha completando lo que Fortis había dicho ya.

Sir Bedivere no dijo nada durante varios segundos ponderando los argumentado presentados. Las puertas del salón se abrieron en ese momento para dar paso a Deville.

Frente a el caminaba una Saber con la frente en alto pero con las manos encadenadas a la espada y con todos los signos de haber pasado por una cruenta batalla…hacía varios días.

-¿Pero que significa esto?- preguntó Sir Bedivere sorprendida e indignada por primera vez. Tanto ella como Lancelot y Gawain se lanzaron hacia Saber.

-Significa…- dijo Zest instalado nuevamente en su posición de poder y magnificencia, -Que la ilustre caballero Saber escogió el lado equivocado…Espero que el Reino de Albión tenga el buen sentido común de no aliarse con traidores.-

Saber, en medio de los tres caballeros de Albión se veía menuda y frágil pero la determinación de su rostro decía otra cosa. Tras una rápida ojeada sobre la caballero para asegurarse que estaba bien pese a la suciedad y la sangre seca, Sir Bedivere exigió que fuera liberada de las cadenas y estaba alzando ya una protesta por el estado en el que Saber se encontraba pero Zest no la dejó continuar.

-De gracias…Sir Bedivere,… gracias al respeto que tengo por Uther Pendragon, no consideramos a Sir Saber una traidora por sus acciones.-

Durante los breves momentos que tuvieron después de recibir el anuncio de la llegada de los caballeros de Albión, Zest desestimó todas las preocupaciones de Karen y anunció cual sería el plan a seguir. De acuerdo con él, por muy poderoso que fuera Albión, este no podía interferir en los asuntos del Imperio Belka. Por muy legendaria que fuera, Saber era solamente un caballero al servicio del Rey.

No importaba lo que Saber dijera, siempre terminaría siendo su palabra contra la de ellos. Y ellos no solo eran nobles de añejo abolengo Belka, sino que además Zest sería el próximo Hegemon. Ya todas las familias Belka habían aceptado o se habían visto obligadas a hacerlo.

Solo faltaba la oficialización por parte de la gran Sacerdotisa…Carim Gracia o quien la sustituyera ya que no habían podido encontrarla pese a todos los esfuerzos de los hombres de Fortis al respecto.

Albión no podría hacer nada.

O eso pensaba Zest.

Mientras este se jactaba de su posición, Karen Huckebein más previsora que él, se adelantó y ordenó a algunos de sus hombres, no a los mercenarios de Tredia y Zest, liberar a Saber como Sir Bedivere solicitaba.

Hasta ese momento, Saber no había dicho una palabra.

No le había pasado desapercibido que dos hombres más de los que ella había solicitado habían llegado con Sir Bedivere. Hombres a los que no conocía en absoluto pero por la mirada que Sir Bedivere le dirigió y sus rasgos físicos, tuvo la certeza que eran de absoluta confianza.

"Así que Lady Nanoha si llegó a su destino," pensó Saber y tras una mirada a Zest Grangaitz en el Trono de Precia Testarossa, "Falta ver si fue a tiempo."

-Fate Testarossa,- dijo Saber pese a la amenaza nada velada que Zest había dirigido hacia ella. No era un pregunta pero todos entendían su intención.

Veyron Huckebein se revolvió de ira desde donde estaba de pie, a uno de los costados.

Ya cuando él y Deville Huckebein habían trasladado a Saber de la Torre de Dinsmark a Stier Castle, Veyron le había advertido que no valía la pena confrontar al Reino de Albión con el poderoso Imperio Belka por una nadería.

Era un asunto Belka y los Belka lo arreglarían.

-Fate Testarossa está acusada de traición y se encuentra en el lugar que le corresponde,- respondió Cypha con serenidad.

Zest se puso nuevamente de pie.

-Ya tiene a su caballero legendaria Sir Bedivere, lamento que su visita haya sido tan corta pero como puede ver, tenemos muchos asuntos Belka,- dijo Zest haciendo énfasis en la ultima palabra, -que resolver. De por favor mis saludos a Uther.-

-Mi espada,- pidió Saber con el mismo tono a nadie en particular.

Zest enarcó una ceja. Esperaba que la pequeña rubia se resistiera. Casi lo deseaba. No imaginaba que iba a rendirse tan pronto. Aunque se sintió un poco decepcionado, internamente también se sintió satisfecho e hizo un gesto a Deville para que entregara la espada que la caballero solicitaba.

El aludido recibió la portentosa espada de Saber de uno de los soldados de la casa Huckebein y la entregó como Zest le había indicado.

Saber se colocó la espada en el cinto pero contra a lo que todos esperaban, no se retiro.

-Todos los miembros de la Familia imperial Testarossa, así como los de la Guardia Imperial que han sido apresados, deben ser liberados,- pidió Saber, serena e inmutable.

Reinó el silencio en el recinto por varios segundos hasta que fue roto abruptamente por las carcajadas de Zest.

Karen Huckebein no reía y miraba con preocupación a su alrededor.

-Retírense ahora…- dijo Zest ya que pudo hablar nuevamente, -…que todavía pueden hacerlo, caballeros de Albión.-

Saber caminó varios pasos hacia el frente adelantándose a Sir Bedivere, yendo incluso un poco más allá de lo que el protocolo marcaba como la distancia apropiada para dirigirse al Hegemon.

-En el nombre del Reino de Albión denuncio que las acusaciones de traición hacia la familia Testarossa son falsas, por lo que demando que Fate Testarossa y su familia sean liberadas.-

Zest no daba crédito al atrevimiento de la caballero de Albión. Había estado prisionera en la Torre por tres días pero tenía el descaro de retarlo…en su propio salón del Trono.

-¡¿Quién diablos te crees que eres para denunciar y exigir nada al Hegemon?- gritó Zest con voz atronadora.

Cuando respondió, Saber no gritaba como Zest pero su afirmación sonó mucho más firme y poderosa de que la de él.

-Arturia Pendragón, hija de Uther Pendragón y heredera real del Reino de Albión. Mi alianza es con Precia y Fate Testarossa… la legítima familia Imperial Belka. Mi lealtad y la del Reino de Albión están con ella, y únicamente con ella.-

Nanoha, escondida junto con Signum en uno de los retablos superiores del salón, casi no podía creer lo que acababa de escuchar. Tras entrar a la red de túneles, Signum guio al grupo de ninjas de Arf junto con Nanoha hasta Stier Castle mientras Zafira, Arf y los hombres designados por el padre de Nanoha se dirigían a la Torre de Dinsmark.

Cómo resultado de su incursión la noche anterior, el grupo de rescate ya sabía que la Torre había caído. Sin embargo, dado que no tenían certeza del paradero o situación de Fate, decidieron que su plan incluiría las dos ubicaciones más estratégicas de Dinsmark.

El plan iniciaría en Stier Castle y la segunda parte del mismo dependería de la señal de Sir Bedivere por lo que Nanoha, Signum y su grupo tenían que infiltrarse en el castillo a tiempo para estar en posición cuando esa señal llegara.

Sin embargo, nadie, ni siquiera ellos, esperaban ese giro en los acontecimientos. Sir Bedivere no les había dicho nada acerca de la verdadera identidad de Saber. Signum y los hermanos de Nanoha esperaban que Sir Bedivere consiguiera que llevaran a Saber y a Fate juntas al salón del Trono para hacer el movimiento final.

Pero tras el repentino anuncio de Saber, Nanoha se encontró de pronto preocupada de lo que iba a suceder a continuación.

Signum a su lado, sabía perfectamente lo que pasaría y preparó su arco…

Veyron fue el primero en desenfundar su espada y se lanzó contra Saber con un grito de guerra…

Los dos caballeros jóvenes que acompañaban a los caballeros de Albión se despojaron de sus capas y Nanoha vió como sus hermanos desenfundaban sus katanas…

No era exactamente la señal que habían esperado pero las circunstancias decidieron por ellos.

El pandemónium se desató en el Gran Salón del Trono Belka.

-X-

-Debí desayunar más esta mañana,- susurró Arf recostada en la pared del oscuro nicho donde esperaba junto con Zafira, la señal para la siguiente parte del plan.

Mientras el grupo de Signum, se dirigía hacia Stier Castle, Zafira los había guiado por la red de túneles hasta la Torre. Después de dejar a los guerreros de Nihon listos y en posición en la misma entrada del sótano por donde habían salido. Arf y Zafira se habían escurrido hasta uno de los pisos superiores por donde podía verse Stier Castle.

Cuando la acción empezara a desarrollarse ahí, Nanoha usaría una de las luces pirotécnicas que se usaban en Nihon durante las celebraciones para avisarles que debían iniciar la toma de la Torre.

El objetivo era que pudieran recuperar esas dos posiciones estratégicas, liberar a las Testarossa y los miembros de la Guardia Imperial mientras descabezaban al grupo de los traidores. Una vez que esas posiciones estuvieran aseguradas, el resto de los mercenarios no tendría opción. No eran un ejercito, ni tenían generales que les indicaran que hacer.

Y antes de que encontraran que hacer, la primera avanzada del ejército Belka llegaría para terminar de aplastar la rebelión. Ellos desde adentro, solo tenían que abatir las defensas suficientes y abrir las puertas.

Era temerario pero Signum, Zafira, Kyoya y Miyuki habían coincidido en que ese, era el mejor curso de acción para recuperar el control, lo más rápido posible.

-Comiste muchísimo,- dijo Zafira en un susurro igual sin apartar la vista de la cúpula principal que marcaba la ubicación del gran salón del Trono. De acuerdo a los planes, desde ahí darían la señal, -¿Es que tienes hambre?-

-Ahora no,- respondió Arf, -Pero solo los dioses saben cuanto tiempo nos llevara esta operación de rescate y cuando…podremos volver a comer.-

En el encapotado y gris cielo Belka, una luz multicolor se expandió sin explotar. Los artesanos pirotécnicos de Nihon eran maestros de su arte y sus luces podían estallar sin explotar, cubriendo el cielo nocturno de brillantes luces multicolores en los días de celebración.

En ese caso, sus luces marcaban el inicio de una arriesgada operación. El éxito de su maniobra dependía de que el grueso de los mercenarios que se mantenían en las calles, no notaran lo que estaba pasando en la Torre y en Stier Castle hasta que fuera demasiado tarde.

-Tienes razón,- dijo Zafira, -Pero ahora ya no podemos hacer nada al respecto. Vamos…ha comenzado.-

-X-

La batalla que se había desatado en el gran salón del Trono fue sangrienta pero rápida.

Los ninjas de Arf cayeron inesperadamente sobre los mercenarios y los desafortunados hombres de los Huckebein y muchos estuvieron muertos antes de darse cuenta de lo que estaba pasando.

Los hermanos de Nanoha y los caballeros de Albión, como maestros de sus diversas técnicas, no dieron ninguna oportunidad a sus oponentes y Signum pronto se unió a ellos.

Mucho más rápido de lo que esperaban, el salón del Trono se recuperó para sus legítimos ocupantes. Y algunos de los traidores fueron asegurados…pero no todos.

Veyron, reconociendo su desventaja ante Arturia Pendragon, sin esperar a ver cual era la suerte de sus hermanos, decidió dejar a algunos de los hombres de su hermana enfrentándose a Guerrera de Albión para poder dar la voz de alarma y encargarse algo más importante que matar a Sir Saber.

Matar a Fate.

Signum se enfrentaba a Deville Huckebein cuando vio a Nanoha correr detrás un Veyron que se apresuraba a escapar.

-¡Vayan con ella!.- le gritó Signum a Miyuki y a Kyoya olvidados ya todos los protocolos y títulos nobiliarios, -Nosotros nos encargaremos aquí.-

Arturia, quien finalmente había podido despachar a los tres hombres que Veyron le había lanzado, se apresuró a correr detrás de Cypha y Zest Grangaitz que habían sido de los primeros en aprovechar la confusión para salir del salón y escapar, dejando a todos los demás atrás.

Desafortunadamente, Arturia no pudo avanzar mucho sin que un grupo de mercenarios le saliera al paso.

En su huida, Zest y Cypha iban dando la alerta de lo que pasaba en el castillo.

-¿Muchos oponentes para usted, Sir Saber?- preguntó una voz jovial voz masculina detrás de Arturia. Una voz que ella conocía muy bien.

-Nunca son suficientes…Lancelot,- dijo antes de lanzarse con su espada desenvainada a segar un atacante tras otro.

Tal y como le había pasado a Fate durante el ataque a Glatisan, no importaba cuantas veces la viera hacer lo mismo, a Lancelot siempre le parecía que Arturia danzaba en sus enfrentamientos con la espada, blandiendo a Excalibur letalmente en giros amplios y poderosos.

Y sus enemigos caían como espigas lanzadas al viento.

-X-

Nanoha alcanzó a Veyron, casi al llegar al patio exterior.

Varios guerreros negros entraban corriendo en ese momento y por un momento Nanoha pensó que Veyron los utilizaría para someterla pero en lugar de eso, los envío a todos hacia el salón del Trono.

-Vaya, vaya….pero mira quien esta aquí…Nada mas y nada menos que la gatita de Fate,- dijo Veyron con sorna, -No puedo creer que hayas regresado para esta locura suicida, con tanto trabajo que le costó a mi querida amiga liberarte.-

-No soy yo quien ha corrido huyendo,- dijo Nanoha levantando la espada que sus hermanos le habían dado frente a ella.

Veyron se puso serio de pronto.

-No tienes ninguna posibilidad frente a mi estúpida…Cómo tampoco la ha tenido tu amada esposa,- antes la mirada enojada de Nanoha, Veyron continuo, -Oh si, he pasado mucho tiempo estos últimos días con Fate… Dado que tu no estabas, he tenido que hacerle a ella, todo lo que tenía planeado hacerte a ti.-

Nanoha se esforzó por controlar su ira.

-Lo dudo mucho,- dijo con voz gélida, -No al menos lo que planeabas hacerme antes…No tienes con que, ¿no es así? Al menos, ese es un placer que nunca más tendrás…-

Tal y cómo había hecho con Saber, Veyron se lanzó sobre Nanoha.

A diferencia de la última vez que se habían visto, cuando Veyron había tratado de violarla, en esta ocasión Nanoha no estaba desprevenida. Ni desarmada. Ni vulnerable.

Los parar los primeros golpes fue lo más difícil pero haciendo acopio de todo su valor y gracias a lo que Saber y Vita le habían enseñado los meses anteriores, Nanoha pudo defenderse de los embates de Veyron.

Este, acostumbrado al estilo de esgrima Belka, se sorprendió al darse de frente con la técnica de defensa y ataque que Saber le había enseñado a Nanoha.

Veyron tenía mucha más experiencia blandiendo una espada, matando con ella; Nanoha apenas tenía unos meses practicando, pero su maestra había sido excepcional. Y mientras Nanoha estaba guiada por el intenso deseo de proteger y rescatar a Fate, Veyron estaba dominado por la furia y la impotencia.

Menospreciando a su oponente, las estocadas de Veyron eran burdas y descuidadas. Nanoha, pese a su inexperiencia, se esforzaba por hacerlo como Saber le había enseñado, cómo lo había hecho con ella tantas y tantas veces.

"Hasta que sea tan natural para usted como respirar, Lady Nanoha" le había dicho Saber en alguna ocasión respecto a cuantas veces debía practicar los diferentes movimientos con la espada, "La espada debe ser una extensión natural de usted misma, no un aditamento, sino parte de su ser."

Nanoha se dejó llevar por sus sensaciones y sentimientos, dejó sus temores a un lado y permitió que su cuerpo se moviera con su espada.

Uno tras otro, bloqueó todos los ataques de Veyron. Con cada bloqueo, con cada fallo, la furia de este aumentaba aún más. Y poco a poco, entre bloqueo y bloqueo, comenzó a atacar. No se movía ni de cerca, de manera letal como Saber, brutalmente fuerte Signum o ágil como sus hermanos, pero Nanoha atacaba con sencilla elegancia, con efectividad.

Y Veyron se encontró de pronto, rechazando los ataques de la mujer que deseaba y despreciaba al mismo tiempo.

Furioso, decidió que era tiempo de dejar de jugar.

Hubo un tiempo en que hubiera dado cualquier cosa por poseer a esa mujer que se enfrentaba a él con tanto descaro. Y ya que no podía poseerla de la forma que deseaba, al menos la sometería y la atravesaría con su espada.

Usando su mayor estatura y alcance, Veyron aprovecho el empuje de uno de sus ataques para además patear a Nanoha en el estómago. La pared detuvo dolorosamente el empellón que Veyron le había propinado y Nanoha se desplomó al suelo luchando por recuperar el aliento.

De muy lejos escuchó Nanoha su nombre en un grito de Miyuki.

La pelirroja levantó la mirada desde donde estaba para ver a Veyron dejarse caer sobre ella sosteniendo su espada con ambas manos en un movimiento descendente y mortal.

Un movimiento que Saber ya le había enseñado muchas veces. En un acto casi reflejo, Nanoha se irguió y levantó su espada con todas sus fuerzas.

En su afán de someterla, Veyron se olvidó un poco que Nanoha también tenía una espada y de que no había podido todavía, descolocar su defensa. Su espada cortó dolorosamente a través de la tela, mordiendo la carne del hombro y el costado Nanoha…pero no la alcanzó por completo.

La espada de Nanoha por otra parte, se enterró profundamente en el pecho de Veyron y aprovechando el impulso de ambos, lo atravesó como él había pensado que podría hacer con ella.

Veyron miró a Nanoha con los ojos desorbitados, sin entender, sin creer lo que le estaba sucediendo, antes de desplomarse.

-¡Nanoha!...¡Nanoha!...-

Los guerreros que Veyron había enviado al interior del castillo, retrasaron a Miyuki y a Kyoya lo suficiente para evitar que llegaran a ayudarla, pero Miyuki logro finalmente esquivarlos y había llegado a tiempo para ver a Veyron lanzarse salvajemente contra su hermana.

Cuando Miyuki llegó al lado de Nanoha, esta jadeando, había conseguido empujar el cuerpo inerte sobre ella.

Nanoha y Miyuki se miraron. Nanoha respiraba agitadamente y temblaba, en parte por la descarga de emociones, el temor, la furia, El hecho de que fuera Veyron no lo hacía más fácil.

Era la primera vez que Nanoha mataba a alguien.

Entonces Nanoha pensó en Fate y se dio cuenta de que lo volvería hacer….todas las veces que fuera necesario hasta llegar a Fate.

-X-

Fate escuchó el alboroto antes de poder verlo siquiera y se irguió en su celda.

-Tía Olive…- llamó Fate, -¿Escuchas eso? Algo esta pasando arriba.-

Al principio solo silencio le respondió.

-¿Tu crees….?- Olivie no pudo continuar. Terminar la frase significaba tener una esperanza que no sabía si podía albergar.

Fate no quiso responder. Ella misma no estaba segura de lo que estaba escuchando. Se miró a si misma encadenada a la pared y nuevamente se sintió invadida por la impotencia. No le gustaba tener que depender de nadie…pero ahora necesitaba que alguien la liberara de esas cadenas para poder hacer algo, algo que hiciera la diferencia para ella, para Olivie y para su madre.

Conforme el lejano alboroto se escuchaba más cercano, Fate escuchó unos pasos apresurados dirigirse hacia ellas.

El pasillo donde estaban sus celdas era el más profundo del sótano. El más aislado. Ese donde ni la luz natural, ni el aire fresco llegaban nunca.

Quien quiera que se acercara tenía que estar buscándolas frenéticamente o simplemente era alguien que ya sabía quienes estaban ahí.

Silenciosamente, Fate rezó porque fuera la primera alternativa. Deseó con todo su corazón que el rostro que se asomara por los barrotes de su celda fuera el de Signum, o el Victoria o Micaiah….cualquiera de los hombres y mujeres de su guardia…Alguno de los hombres del general Graham.

Cualquiera menos…

La puerta del pasillo que daba a sus celdas se abrió con estruendo y Fate escuchó el particular tintineo de la armadura provocado por avanzar a largas zancadas.

Cerró los ojos y cuando el tintineo de la armadura se detuvo frente a ella, lo abrió.

Cypha Huckebein respirando larga y profundamente estaba de pie frente a su celda con la mano en la empuñadura de su espada. Fate se percató de su mirada nerviosa y acorralada y algo se encogió en su pecho.

-No has tenido suerte,- le dijo Cypha tratando que su voz sonara dura y fría, -Si las cosas se hubieran dado de otra forma tal vez hubieras sobrevivido…Ahora tendremos que jugárnosla solo con tu hermana.-

Tras decir eso, Cypha tomó un largo puñal de su cinto y avanzó hasta el final del pasillo.

Fate se puso de pie rebatiéndose en sus cadenas.

-¡Espera!...¡Si tanto honor Belka tienes…enfréntate a mi, espada contra espada!...¡Mátame primero si es que eres tan digna y honorable!- gritaba Fate sabiendo que Cypha iba camino hacia la celda de su madre.

-Nunca he dicho que sea digna y honorable, Fate Testarossa…Ese es un defecto que solo te corresponde a ti. Yo tomo lo que deseo cuando lo deseo, el honor me parece un estorbo. De nada te sirve el honor cuando estas muerto….¿No es así….Precia?-

Cypha había llegado hasta la celda de Precia, que estaba mucho más oscura que las de Olivie y Fate y la abrió.

Precia al igual que Olivie, no estaba encadenada como Fate y cuando Cypha entró a su celda, estaba de pie, más cerca a la pared del fondo que de la entrada.

Durante todos esos días, desde el momento mismo en que Cypha había irrumpido en sus habitaciones privadas con un grupo de guerreros negros para enfrentarse con los poquísimos guardias imperiales de su escolta, Precia Testarossa no había dicho una sola palabra.

No la dijo cuando Cypha y sus hombres masacraron a los guardias que la custodiaban. No la dijo cuando Zest Grangaitz la había golpeado y despojado del elegante atuendo guerrero de la Hegemon, ni cuando la había arrastrado vistiendo apenas unos harapos por las calles desiertas de Dinsmark y bajo la aterrada mirada de algunos ciudadanos.

A Cypha la enervaba que la mujer no hubiese gritado ni una sola vez. Ni siquiera cuando Zest bajaba para violar a Olivie frente a ella y Fate.

Karen había impedido que nadie las torturara. Al menos no como Veyron, Zest o el mismo Tredia querían. La líder del clan Huckebein pensaba que las Testarossa podrían ser una buena moneda de negociación. Pero después de la incursión que estaban siendo objeto, Zest no quería correr ningún riesgo.

Ni Precia, ni Fate eran piezas fáciles de manejar. Mientras cualquiera de las dos estuviera viva, especialmente Fate, la posición de Hegemon siempre seria cuestionada.

El ejército Belka, al menos la soldadesca, la adoraba.

Para como Zest y Cypha lo veían, todos aquellos que no se resignaban a perder a Fate como heredera al trono Belka tenían que enfrentarse al hecho consumado de encontrar su cabeza en una pica a la entrada de Dinsmark. Justo al lado de la cabeza de su madre.

Ese era el único escenario que concebían.

Por ello, tras escabullirse del Salón del Trono de Stier Castle cuando los guerreros de Albión habían desatado el caos en el castillo, Zest y Cypha se habían dirigido a toda prisa hasta la Torre donde la Testarossa todavía estaban prisioneras.

Lo que no esperaron fue encontrar a la Torre en las mismas condiciones que Stier Castle.

Sus guerreros negros, tomados por sorpresa desde adentro resistían como podían, pero tan pronto tuvieron oportunidad Arf y Zafira habían cerrado las puertas para que no pudieran entrar más refuerzos, aunque tampoco estaban llegando muchos.

Zest y Cypha, que hicieron el camino de Stier Castle hasta la Torre relativamente rápido a caballo, mandaron todos los refuerzos posibles con los que se encontraron de camino a la Torre, hacia Stier Castle para aplastar a los guerreros de Albión y a sus desconocidos aliados.

Y no tomaron a nadie con ellos hacia la Torre, error del que se percataron cuando ya era demasiado tarde y estaban en medio de otro caos en la Torre. La única alternativa que les quedaba era entrar y llegar a las Testarossa antes de que alguien más llegara a ellas.

La principal urgencia de Zest era acabar con las Testarossa, así que mientras él se concentraba en ayudar a sus sorprendidos guerreros, envío a Cypha a encargarse de las Testarossa lo más rápido posible.

Con ellas muertas, ya no tendría que preocuparse porque nadie cuestionara su posición en el trono.

Como en los viejos tiempos, cuando un antiguo proverbio Belka decía que algo te pertenecía, si eras lo suficientemente fuerte para tomarlo y conservarlo.

Zest ya había esperado demasiado para tomar un trono que le pertenecía desde hacía mucho.

Y Cypha se veía con el a su lado. Una pareja guerrera como nunca antes había existido.

-¿Sigues sin decir una palabra? Me sorprende,- dijo Cypha entrando más profundamente a la celda, con seguridad pero también con cautela, -Hasta hace algunos días era simplemente imposible que cerraras el pico….Dioses, me volvías loca…-

Precia no cedió a ninguna de las provocaciones, solo la miraba fijamente en la oscuridad y eso acicateó aun más a Cypha.

-Me encantaría quedarme contigo y arrancar esa mueca de autosuficiencia que tienes en la cara…pero temo que no tenemos tiempo…-

Cypha escuchaba todavía a Fate gritando desde su celda.

-No te preocupes Mariscal, ya viene tu turno…- y sin mayor preámbulo lanzó un tajo hacia la garganta de Precia que nunca llegó a su destino.

Tras días de encierro casi en la oscuridad absoluta los ojos de Precia estaban mucho más habituados que los de Cypha al entorno. Esquivar el primer golpe fue relativamente fácil pero la falta de alimento, el frío y el cansancio también habían cobrado su precio en la Hegemon.

El golpe que Precia le propinó a Cypha tras esquivar su ataque mortal no fue lo suficientemente fuerte. La sacó de balance pero no la tiro al suelo como Precia esperaba. Cypha se aferró a sus ropas y las dos rodaron por el piso.

Las dos mujeres forcejearon con el cuchillo entre ellas.

Cypha maldecía con los dientes apretados, había pensado que ultimar a la mujer madura iba a ser mucho más fácil. La bruja se veía acabada y devastada en su celda, ¿cómo era posible que estuviera peleando?

Precia, debajo de Cypha aguantado todo lo que podía, sentía que sus fuerzas para resistir se agotaban y comprendió que solo tenía una oportunidad.

Con una mueca de determinación soltó a Cypha y sintió el puñal hundirse hasta la empuñadura en su abdomen…el dolor mayor no llegó hasta unos segundos después, lo suficiente para permitirle alcanzar la espada de Cypha y agarrando la hoja directamente y no la empuñadura, la clavó con fuerza en el cuello de la mujer sobre ella.

Cypha abrió los ojos con sorpresa pero era demasiado tarde, Precia ya estaba empujando la espada para que atravesara por completo el cuello de la otra.

Las dos se quedaron tendidas en el piso. Precia jadeaba. El único sonido que producía Cypha era el de su sangre borboteando conforme agonizaba como un pez fuera del agua.

El resto era silencio.

Fate y Olivie no sabían quien había ganado y temían lo peor.

Precia sabía lo que pasaría si removía el cuchillo de su abdomen pero también sabía que no tenía otra alternativa.

Aguantado un grito de dolor, extrajo el cuchillo y se levantó, tambaleante.

Olivie estaba aferrada a los barrotes de su celda, expectante cuando la vio salir de su celda.

-¡Precia!- gritó casi con alegría, -Es tu madre Fate, ella…- Olivie iba a decir que Precia había derrotado a Cypha pero entonces la vio caminar tambaleante hacia ella, vio la mancha negra que se extendía en su vientre y algo dentro de ella se rompió.

Precia alcanzó a llegar hasta la celda de Olivie con la llave y se derrumbó de rodillas.

-Espera….Precia, aguanta…por favor….- decía Olive mientras con manos temblorosas y desesperadas trataba de abrir el cerrojo de su celda.

-¿Mamá?- preguntó Fate, quien desde donde estaba, podía ver a su madre y como se había tambaleado al llegar pero no había visto la mancha negra en su abdomen, -Olivie, ¿Qué pasa?-

-Tu madre esta herida Fate,- dijo Olivie quien finalmente pudo abrir la reja de su celda para salir casi desnuda y ayudar a Precia a recargarse contra el muro

-…Fate,- susurró Precia con un hilo de voz, -…Libera… a Fate…pronto…-

Olivie, que lo primero que había hecho era revisar la herida de la Hegemon, contuvo el aliento. La herida estaba en el costado derecho de su abdomen y sangraba profusamente, sin parar.

-Sostén aquí,- le dijo a Precia conteniendo su desesperación, -Con toda la fuerza que puedas.-

-…Fate…- volvió a decir Precia mientras Olivie se volvía para abrir a toda prisa la celda de su sobrina y liberarla de las cadenas de la pared.

Fate entumecida y adolorida, corrió hasta donde estaba apoyada su madre e hizo lo mismo que Olivie había hecho.

-Tenemos que conseguir ayuda,- dijo Fate, -Tía Olivie quédate aquí con ella y trata de detener el sangrado, yo….-

Fate de pronto se quedó muda, respirando entrecortadamente.

¿Qué? ¿Qué haría después?...Estaban prisioneras en la Torre, y algo, definitivamente algo grave había pasado desde que Cypha había bajado en persona para matarlas; pero no sabían que estaba pasando, ni porque. ¿Sería Graham que ya había regresado? ¿Dónde y como iba a Fate a encontrar y traer ayuda para su madre?

-No.-

La voz de Precia, por un segundo sonó nuevamente tan fuerte y atronadora, que Fate y Olivie se volvieron a mirarla como si de pronto notaran, que no estaba herida en realidad.

Pero fue solo un segundo.

Los ojos de Fate se encontraron con la mirada dorada de su madre.

-Ve…- dijo Precia con voz tan firme como le fue posible, -Y hazles pagar por lo que han hecho… Haz que Zest pague…por…-

En ese momento Precia no pudo continuar y Olivie tuvo que acercarse mas para sostenerla.

Fate se sintió desgarrada por dentro.

-…Ve…- le dijo nuevamente Precia, -…y sé la Hegemon… que el Imperio Belka realmente merece…-

Con un nudo en la garganta y los ojos llenos de lágrimas, Fate se arrodillo para abrazar a su madre y a su tía.

-Te lo prometo, madre….- susurró Fate y después se incorporó, corrió hasta donde estaba tendido el cuerpo de Cypha Huckebein y recuperó la espada y el cuchillo de esta.

Se obligó a ser dura y fuerte cuando paso nuevamente junto a Precia y Olivie, pero no pudo desprenderse completamente de la esperanza.

-Enviaré ayuda, resiste Madre…enviaré a alguien.-

Olivie sostenía a Precia con firmeza y delicadeza a la vez, manteniendo la cabeza de esta descansando sobre su pecho mientras sostenía los harapos sucios y cada vez más ensangrentados sobre su herida. Ninguna de ellas respondió nada a Fate.

No era necesario.

Fate se apresuró hacia el exterior pero se volvió una vez mas a mirarlas brevemente antes de salir del pasillo y a lo que sea que le esperara afuera.

Zest pagaría.

Todos pagarían.

Aferrando la espada de Cypha con fuerza, Fate corrió hacia los pisos superiores de la torre, hacía el exterior.

Olivie sostuvo a Precia en sus brazos, rogando a los dioses a los que hacía mucho tiempo no rezaba, que no fuera demasiado tarde.

Desde que Precia se había lanzado a su descabellado plan de ataque a Nihon, Olivie y ella casi no habían hablado. Su último encuentro había sido tenso y doloroso. Olivie, había hecho lo que nunca en su vida. Se había enfrentado a Precia y la había desafiado, Precia por su lado, la había amenazado con darle el trato de un traidor si continuaba oponiéndose a ella.

Peso en esos momentos, en la oscuridad de las celdas de la Torre, nada de eso le importaba ya a Olivie.

La voz de Precia ligeramente débil, la sorprendió con una pregunta, -¿Todavía… te acuerdas… de aquel día?-

Olivie no estaba segura de a que día se refería Precia, pero no importaba, ella los recordaba todos…los buenos y los malos.

-No te agotes,- dijo tratando de que su voz sonara serena y tranquila, -No hables ahora…guarda tus fuerzas… para esperar a que regrese Fate.-

Pero Precia pareció no escucharla.

-Yo…siempre…lo he recordado,- dijo Precia, -Fue…la última vez que lo dijiste…yo…pensé… que ya no lo sentías…de la misma forma….-

Entonces Olivie entendió a que se refería.

Cómo niñas y adolescentes habían hecho muchos planes, acerca de todas las cosas que harían, primero como amigas y después como amantes. Planes que se desvanecieron en el aire como si nunca hubieran existido cuando se supo que Precia se casaría con Enzo Testarossa.

Antes de la boda imperial, una Precia jovencísima se había escapado para pasar la que pensaban, sería su ultima tarde juntas. Ese día, aunque Precia no lo había pedido; Olivie había jurado que la amaría por siempre.

-Nunca…pensé que…lo hicieras…- continuó Precia, -Pensé que tarde…o temprano…te irías…Pero te quedaste...-

Olive la abrazó más estrechamente y conteniendo la emoción en su pecho, comenzó a rememorar ese día para Precia.

-Nos encontramos en los linderos del bosque sagrado…la celebración del solsticio de la muerte del sol apenas había pasado y todo tenía un color dorado bajo la luz del sol a nuestro alrededor. Tus ojos se veían casi dorados… Y te veías aun más hermosa vistiendo ese hermoso y femenino vestido azul,- Olivie sonrió ligeramente al recordarla, -Siempre has molestado un poco a Fate por no ser tan femenina y elegante como Alicia pero tú eras igual. Esa fue la primera vez que te vi portando decentemente un vestido…-

Olivie sintió como Precia la aferraba con fuerza.

-En ese momento decidí unir mi destino al tuyo,- dijo Olive abrazándola más estrechamente aun, -Aunque ninguna gran sacerdotisa lo avalara ante los dioses o ante nadie, en ese momento, como ahora…uní no solo mi destino y mi camino, sino todo lo que era y todo lo soy, a ti…Te amaba entonces antes de fueras Hegemon y lo sigo haciendo ahora…Siempre te he amado Precia, eso no ha cambiado nunca.-

La voz de Precia, cada vez más débil, se escuchó en el silencio de sótano más lúgubre de la Torre de Dinsmark.

-Yo….debí….haber dicho…ahora…y para siempre…..contigo…-

Olivie se separó ligeramente de ella para mirarla bajo la mortecina luz de las antorchas del pasillo.

No era la magnifica catedral Belka. Tampoco eran las dos chicas inocentes de hacía más de dos décadas. Tampoco había un futuro luminoso y brillante para ellas.

Pero no se puede ser exigente con los regalos de los dioses.

-Ahora lo has dicho…amor mío,- dijo Olivie sin poder impedir que una lágrima se deslizara por su mejilla, -…Ahora lo has dicho.-

Después se eso se mantuvieron en silencio.

Y Olivie abrazó cada vez con más fuerza a la única mujer que había amado toda su vida.

-X-

Fate avanzó por los corredores desiertos y oscuros de la Torre de Dinsmark aferrando la espada de Cypha con todas sus fuerzas. En su frenética carrera hacia el patio central de la Torre, se encontró con varios de los mercenarios de los Huckebein peleando contra unos hombres que jamás había visto en su vida y varios de ellos cayeron con el cuello cercenado antes siquiera de darse cuenta de donde había salido esa ráfaga de furia rubia.

-¡Fate!-

La rubia volteó sin pensar hacia las voces que al unísono la llamaron, unas voces que conocía muy bien.

Victoria y Micaiah se aproximaron corriendo hacia ella con sus uniformes de la guardia sucios y desgarrados, sin armaduras o yelmos.

-¡Gracias a todos los Dioses!...Zafira esta en buscándote…Todos hemos estado buscándote…-

Fate no se detuvo a explicarles mucho.

-Pronto, Victor….mi madre esta herida en los sótanos inferiores, en el ultimo pasillo, consigan ayuda rápido…- pidió Fate. Sus guerreras al ver la angustia en su mirada no esperaron mas.

Victoria corrió hacia donde Fate había indicado al momento pero Micaiah se detuvo un momento para explicarle a Fate la situación.

-Zafira ha regresado…con un grupo de hombres de Nihon, están tratando de recuperar el control de la Torre. La mayoría de los hombres ha salido ya, pero nosotros regresamos para buscarte…- explicó Micaiah caminando al lado de Fate.

-¿Nihon?- exclamó Fate con sorpresa. Micaiah asintió.

-Al parecer tu esposa armó un pequeño ejército con fuerzas de Nihon para rescatarte. Otro grupo esta recuperando el control de Stier Castle por lo poco que Zafira nos dijo.-

Fate apretó los puños.

"Así que ni siquiera era el ejército Belka el que había venido finalmente en nuestra ayuda," pensó con el corazón pesado recordando los planes que su madre tenía para Nihon.

Apretó el paso hacia el exterior.

-Espera Fate, afuera esta lo más duro del enfrentamiento. Los traidores están tratando con desesperación de enviar refuerzos. Los hombres de Nihon son muy buenos pero somos muy pocos…tienes que salir de aquí….-

-De ninguna manera,- dijo Fate pasando frente al desordenado vestíbulo de la Sala de Juicios donde se había dictado la sentencia del Racheakt.

Había demasiadas personas que tenían que pagar. Y Fate estaba segura de que Cypha no había llegado sola a la Torre simplemente para matarlas.

Fate ni siquiera escuchó ya las palabras de Micaiah y se apresuró al patio exterior de la Torre. Desde el interior del vestíbulo con las grandes puertas entreabiertas había visto a una de las personas que estaba buscando.

-¡Grangaitz!-

El grito de Fate resonó por todo el patio y aunque pocos hombres se detuvieron a ver quien lo emitía o quien era su destinatario. Uno de ellos si se volvió hacia Fate después de atravesar a uno de los hombres de Nihon contra el que se enfrentaba.

Zest miró a Fate, miró la espada que esta sostenía entre sus manos y un rictus de furia deformó sus facciones.

-Pagaras por eso Fate Testarossa,- dijo. No era que amara a Cypha Huckebein o que le interesara como persona en lo más mínimo, pero era conveniente y adecuada. –Ahora tendré que desposar solamente a tu hermana y eso será mucho menos divertido.-

Fate enrojeció de furia y se puso en posición de ataque para Zest.

Ambos se aproximaron, con lentitud a pesar del caos de hombres enfrentándose a su alrededor.

-No tienes ninguna oportunidad frente a mi niñita…Debiste dejar que Cypha cegara tu vida, hubieras sufrido menos.-

Fate trató de ignorar el hecho de que Cypha si había derramado sangre de su familia, aunque Grangaitz no lo sabía todavía.

-No me puedo imaginar como te las ingeniaste para derrotar a Cypha pero conmigo no tendrás tanta… ¡suerte!- Con esa ultima frase Zest lanzó un violento tajo con su enorme espada hacia Fate.

Zest usaba una espada muy larga y pesada, mucho más que la de Cypha Huckebein que usaba Fate; la fuerza del impacto casi engarrotó los brazos de Fate con un calambre pero lo aguantó y lo repelió para después, responder con una serie de veloces ataques que su oponente bloqueo apenas por segundos.

Fate notó que el agotamiento había mermado su velocidad; en cualquier otro momento, Zest no hubiera podido bloquear todos sus ataques. Su especialidad era la velocidad. Apretando los dientes, Fate se dijo que con velocidad o sin ella iba a arrancarle la cabeza a Zest Grangaitz en ese enfrentamiento.

Conforme sus espadas chocaban, pronto se olvidaron de cualquier otra cosa alrededor de ellos que no fuera su oponente.

Ambos atacaban y defendían por igual.

Zest nunca se había enfrentado a Fate y conforme su combate avanzaba, la sonrisa en su rostro se fue desvaneciendo. Se había exiliado cuando ella todavía era muy joven pero podía reconocer el sello de Enzo en ella.

El estilo elegante y efectivo, de estocadas largas y abiertas, veloces y precisas, hacía patente que Fate estaba acostumbrada a una espada mas larga de la que tenía en esos momentos, pero eso no mermaba su habilidad.

Lo único que detuvo por unos segundos su duelo fue un sonido a lo lejos. La cara de Zest se desencajó al escucharlo, la de Fate se mantuvo inmutable.

El cuerno de guerra Belka sonaba anunciado la llegada del ejército de Graham.

Fate y Zest no fueron los únicos que se detuvieron ante ese sonido. Alrededor de ellos, los mercenarios contratados por Zest y Tredia se miraron entre sí y miraron al hombre de los había contratado.

-Los que se rindan ahora tendrán posibilidades de conservar su vida,- dijo Fate con voz clara y fuerte, con el torso erguido y firme pese al cansancio. Su mano que sostenía la espada temblaba y la bajó momentáneamente para que no fuera evidente, -Aquellos que no lo hagan, habrán escogido también su destino.-

Zest se lanzó sobre ella sin previo aviso.

Fate bloqueó el ataque una vez más pero la fuerza del mismo la hizo apoyar una rodilla en el suelo.

-¡Ni siquiera lo sueñes!- gritó Zest mientras la atacaba con la espada y trataba de patearla en la posición vulnerable en que Fate se encontraba, -¡No van a arruinar mi posición!... ¡Tú menos que nadie y no ahora!-

Fate esquivo el golpe rodando y con el mismo movimiento cortó ágilmente la pierna de Zest que apuntaba a su pecho.

Zest Grangaitz era un gigante fuerte y pesado, sus golpes eran sacudidas brutales para Fate…pero ella todavía era mucho más rápida.

El oponente de Fate gritó cuando la espada mordió la carne de su muslo y terminó de rodillas apoyado en la tierra helada como Fate había estado. Esta, no le dio ni un segundo de respiro y lo atacó con fuerza.

Zest no solo bloqueó como Fate esperaba sino aun inclinado sobre el suelo levantó su espada para golpear con su espada en un movimiento de arco. Las espadas chocaron violentamente y Fate salió despedida hacía atrás con el impacto.

Agotados, los dos respirando entrecortadamente, Zest herido y sangrando profusamente del muslo y Fate deshidratada, hambrienta y torturada; se miraron desde la brecha que el golpe de Zest había abierto entre ellos.

A su alrededor, varios mercenarios habían huido, otros se habían rendido…los poquísimos hombres que habían resistido yacían muertos sobre el terreno. Fate notó que los muertos, no eran los mercenarios contratados por Tredia y Zest sino los hombres de la casa Huckebein que habían recibido la instrucción de proteger a Zest.

-No puedes pedirle a ningún hombre, sea mercenario, soldado o noble, que muera por un desconocido Grangaitz. Esa fue la primera cosa que mi padre me enseñó. La verdadera lealtad no puede comprarse. Tu primer error fue pensar que con estos hombres regirías un imperio,- dijo Fate desde la distancia levantando su espada y preparándose internamente para el que sabía, sería el ataque final de su oponente.

Zest estaba acorralado. No tenía nada que ganar ya. Y lo único que podía perder, lo había perdido mucho tiempo atrás. El hombre miró a su alrededor, miró a Fate y levantó su espada, sosteniéndola con ambas manos.

-Iré al infierno Fate Testarossa, muy seguramente…. ¡pero tú… irás conmigo!- gritó antes de lanzarse rugiendo en una carrera letal hacía Fate.

-X-


Gracias a todos de antemano. Si son buenos, el último capitulo y el epílogo vendrán muy pronto.

Esta historia al igual que "El Demonio de Ojos Azules" (que muchos siguen aunque no lo admitan públicamente) y "La Sombra" (que pronto retomaré) continuaran publicándose aquí en fanfiction. Sean pacientes por favor.

Además de estas, estoy por empezar una historia piloto en Mangateca donde pienso recopilar sus opiniones y comentarios.

Dense una vuelta por favor a la sección de fics de mangateca punto es. Además de los fics de varios autores, pueden ver las excelentes reseñas de anime que hace Sansker y también ver muchos otros tópicos de interés, desde luego sobre Mahou Shoujo Lyrical Nanoha y sus personajes que tanto nos gustan.

Nos leermos pronto.