Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer. Yo sólo juego con sus personajes.

Advertencias: Rated M, historia para mayores de edad. Si eres menor y lees, es bajo tu responsabilidad. Si no te gustan los Lemmons, no lo leas por favor.


No lo pienses. No lo pienses.

Es lo que trataba de decirme mentalmente para anirmarme. Un sudor frío recorría mi espalda a causa de mis nervios.

No me creía lo que estaba a punto de hacer.

Recorrí el pasillo del hospital buscando la habitación con el número 176, el número que él me había apuntado. Los molestos tacones que llevaba tampoco es que me dejaran avanzar mucho, y la vergüenza me incapacitaba ver las cosas con claridad.

"Señorita, ¿necesita algo?" preguntó una suave voz a mis espaldas.

Me giré con cuidado, intentando que mi cara no estuviera lo suficiente roja como para evidenciarme.

"Estoy buscando la habitación 176, gracias," balbuceé atropelladamente. La enfermera frunció sus cejas rubias, extrañada, pero no dijo nada al respecto.

"¿El despacho del señor Cullen?" Asentí con la cabeza.

¿El despacho de su padre? ¿En serio?

"Sigue hasta el fondo, a la derecha," contestó con una pequeña sonrisa después de evaluarme unos segundos, avanzando por su camino.

Tierra trágame.

Me dirigí hacia donde me había dicho la enfermera, colocándome bien el abrigo y soltando mi labio inferior de la prisión de mis dientes, que dolía de la fuerza con la que lo había sometido .

Suspiré mientras tocaba con mis nudillos la puerta. Estaba muy nerviosa, eso era evidente, pero sabía que iba a merecer la pena todo este apuro y las miradas raras que me había dado parte del personal.

"Adelante," dijo una profunda voz. La voz que podía darme la mayor alegría o el mayor tormento.

Abrí la puerta con cuidado, intentando prolongar el momento para que la vergüenza disipara. Cosa, por supuesto, imposible. Aún con los ojos pegados al suelo, entré en la habitación después de encargarme de cerrar la puerta.

"Puede sentarse," murmuró. Me acerqué a la silla cuidando mis pasos y me acomodé en ella.

Sólo fue ahí cuando me atreví a levantar la cabeza para mirarlo.

"Gracias," respondí casi sin respiración al hacerlo finalmente, haciendo que levantara su mirada de los folios que sostenía. No sabía ni siquiera si me había mirado antes, pero igualmente ahora mismo lo hizo sorprendido y con hambre.

Nunca me acostumbraría a los estragos que dejaba este hombre en mi sistema. ¿Cómo se podía ser tan puramente guapo y atractivo? ¡Debería estar prohibido!

La bata blanca había sido diseñada para estar colocada en su cuerpo, porque como apretaba sus fuertes brazos y sus amplios hombros, de manera que debería ser ilegal. Se podía entrever un poco el cuello de su camisa azul debajo, que daban más ganas de arrancar que otra cosa. Había intentado arreglarse el cabello, que había quedado en eso, un intento, porque dominarlo era imposible y seguía bastante despeinado. Tenía la mandíbula apretada mientras me miraba, creando un charco entre mis piernas junto con sus ojos. Verdes, brillantes de deseo, me miraban a mi como fuera la mejor comida del mundo. Si me quería comer, que lo hiciera; yo moriría la más feliz del mundo. Me mordí el labio por la intensidad con la que sus ojos se posaban en mí.

Se aclaró la garganta, sacándonos de la burbuja a ambos. Sonrió de lado, provocando al instante mi sonrojo imparable.

"Y bien, ¿usted es?" preguntó, mirándome divertido a la vez que agarraba un boli de la mesa. Había estado tan pendiente de él, tan hipnotizada, que no me había dado cuenta de lo grande que era la habitación y que había una camilla justo a unos pocos pasos de mí con algunos utensilios que nunca iba a ser capaz ni de pronunciar ni de utilizar.

"Isabella Swan," respondí, lo más tranquila que pude e intentado que mis nervios no hicieran de los suyos. Él sonrió, asintiendo con la cabeza a la vez que apuntaba algo en el folio. "Puede llamarme Bella si quiere, doctor," sonreí, desviando la mirada cuando la suya se hacía más grande a la vez que pasaba la lengua por sus dulces y tentadores labios.

"Llaméme Edward a mí, entonces," rió suave, captando mi atención de nuevo. Intentaba relajarme, lo sabía y se lo agradecía profundamente.

¿Cómo pretendía que aquí, delante de todo el mundo...?

"¿Isabella?" preguntó, confuso y divertido.

"¿Perdón?" dije sonrojándome de nuevo, al darme cuenta de que había vuelto de nuevo a mi mundo.

"Le había preguntado que que le ocurría, porque viene," repitió, riéndose entre dientes. Apoyó su cara en su brazo, que a su vez estaba apoyado en la mesa. Su miraba no dejaba ese brillo, y sólo hacía que me pusiera nerviosa e impaciente por lo que iba pasar.

"La garganta," improvisé, aclarándola. Intentó guardarse una sonrisa, pero la vi antes de que pudiera ocultarla del todo. Debía de sonar más convincente, él estaba haciendo su papel perfectamente fueran como fueran sus miradas. "Aunque ya que estoy aquí, debo confesarle que no sé que me está pasando últimamente. No sé, son varias cosas, doctor. Me entran sudores muy raros, a veces unas especies de mareos, me sube un calor al cuerpo y me duele el pecho," expliqué, suspirando.
Tenía que haber visto una película erótica de ésto antes. Eso seguro que había ayudado y mucho a lo que tenía que decir.

Siguió apuntando en el papel con el ceño fruncido, pero no hizo ningún comentario. Volvió a mirarme, alzando a la ceja y sonriendo de lado. Volví a desviar la mirada.

Yo también iba a tener que jugar.

"¿Sin una causa aparente? Son síntomas bastante raros," juzgó, mirándome serio.

"Completamente de acuerdo," concordé, volviendo a suspirar y tratando de parecer cansada y creíble. "Por eso estoy aquí," rió.

"¿Le importa si le hago una revisión?" cuestionó, dejando el folio a un lado y levantándose de su asiento, dándome una invitación silenciosa para que me sentara en la camilla con su brazo, volviendo a atrapar el folio. Asentí con la cabeza, levantándome torpemente del asiento y obligando a mis piernas a que actuaran correctamente y me dejaran tener la diversión que había venido a buscar.

"Siéntese en la camilla," pidió, esperando a que me sentara para moverse a él. Hice como me indicó, quedándome a unos centímetros del suelo aún con los tacones puestos.

Se acercó a mí con su andar felino característico, ese que hacía que cualquiera tuviera un orgasmo sólo con verlo. Se colocó a pocos centímetros de entre mis piernas, trayendo consigo su olor que me excitaba al máximo.

"Por lo que me has indicado, algunos síntomas concuerdan con la anemia," explicó en un tono completamente profesional. Alcé algo el rostro para poderlo bien. "¿Sabe usted lo que es?" asentí de nuevo tímidamente con la cabeza.

¿Ya está? ¿Me da la resolución y ya está? Yo mato a éste hombre...

"¿Ah, si?" la decepción en mi voz fue bastante clara, y él sonrió ladinamente sin cortarse.

"Así es, por lo que le voy a hacer unas preguntas, te hago una revisión y si todo apunta a que es eso, tendrás que hacerte unos análisis de sangre, ¿de acuerdo?"

¿Análisis de sangre? Quería ponerme mala pero de verdad, no había cosa a la que le tuviera más pánico que a la sangre. Puse una mueca rara y él se rió entre dientes, haciendo que quisiera darle un puñetazo a su hermoso rostro.

"De acuerdo, aunque espero que no sea éso. Odio completamente las agujas," volví a hacer la mueca, y ésta vez Edward se rió más abiertamente. Su nuez se marcaba diciéndome 'muérdeme' pero yo me contuve lo mejor que pude.

"Esperemos que no." estuvo de acuerdo. "Veamos Isabella... ¿sigue usted la pirámide de alimentos?" inquirió, su aliento llegando a mi olfato. Aspiré, concentrándome en responder.

"Puede llamarme Bella," gruñí bajito, "sí, así es. Hay veces que me lo salto, pero normalmente..." me mordí el labio, como si hubiera dicho una blasfemia muy grande.

Sabía que le encantaba verme inocente.

"Bien, bien," dijo mientras apuntaba en el folio, "¿Se marea us-Bella cuando hace ejercicio?" se corrigió, sonriéndome y esperando mi respuesta.

Mucho. Sobretodo cuando estás encima mía haciéndome gritar. Marearme es poco...

Me mordí el labio.

"Hago poco ejercicio," admití, sólo que sólo era así últimamente. Era mi único y deporte favorito, hacer el amor con él. "Pero las veces que lo he hecho últimamente sí."

"Eso es uno de los síntomas," explicó, mientras lo apuntaba, con su sonrisa ladina. "¿Cómo son los dolores en el pecho?"

"Depende. A veces son más internos," cuando muero porque me toques, "y a veces más externos," cuando me tocas y no quiero que pares de hacerlo. "Es como un ardor, no sé explicarlo, " suspiré, con sus esmeraldas a tan pocos centímetros. Nunca me cansaría de mirarlo.

"Puedo revisarte, si quieres. Eso es bastante raro; la parte de los dolores externos, quiero decir," frunció de nuevo el ceño, mirándome serio y completamente inocente.

"Me parece bien," admití, y Edward asintió con la cabeza mientras se alejaba.

Más que bien...

"Le dejo un poco de espacio para que se quite el abrigo," explicó, acercándose a la puerta y colocándole el pestillo.

Si claro, para darme espacio...

Lo miré divertida, colocando mis piernas en el suelo de nuevo. Se apoyó en la puerta cruzando sus brazos, dándome el aspecto de chico malo. Suspiré desabrochando mi abrigo, impaciente por ver su cara cuando viera lo que había debajo.

Su cara superó mis expectativas, como siempre.

Me había puesto una pequeña falda negra de tiro alto pegada, bastante encima de mis muslos. Una falda que por supuesto no sería capaz de ponerme a no ser que Alice me obligara. Bajo ésta, una camisa azul a juego con mis altos tacones, con algunos botones desabrochados que dejaban a ver mi escote y un poco de mi sujetador de encaje negro. Pero su mirada se quedó, por más tiempo, en mis piernas. Yo sabía por qué.

Me había atrevido a ponerme unas ligas de color negro, que quedaban un poco por debajo de mi falda. Ésto si que no me lo pondría a no ser que fuera para Edward, como en éste momento. Y, por la mirada que le estaba echando, lo iba a agradecer eternamente.

"¿Dónde puedo colocar el abrigo?" pregunté inocentemente, mordiéndome el labio y sacándolo de su embobamiento gracias a mí. Nunca me iba a acostumbrar a las reacciones que era capaz de causarle.

Pasó su apetistosa lengua por sus labios antes de contestar.

"En la silla, mismo," contestó con la voz ligeramente ronca, no dejando de mirarme ningún momento y siguiendo mis pasos mientras hacía lo que me había dicho.

"¿Te importaría si me quito la bata? Es que tengo bastante calor y así estaría más cómodo. Además, la revisión será un momento," explicó, pasándose la mano por su desastre cobrizo.

¿Sólo un momento? Más te vale que no.

Asentí con la cabeza, colocándome un mechón de pelo detrás de la oreja que se había soltado. Me había hecho un moño improvisado con un lápiz, por lo que no se iba a mantener por mucho tiempo.

Me volví a sentar en la camilla, esperando a que se acercara.

Demasiado lento para mi gusto, fue desabrochándose la bata blanca que le sentaba tan putamente bien.

Mi garganta se quedó seca cuando vi el enorme bulto de sus pantalones. Parecía que mi imagen si que le había gustado, pensé, mordiéndome el labio.

Puso la bata en su asiento, colocándose bien la erección bajo sus vaqueros. Me tragué el gemido que estaba apunto de salir y desvié la mirada para que no me pillara mirándolo así. Seguro que lo había hecho queriendo, para provocarme.

Se volvió hacia mí de nuevo, quedándose en la misma distancia que antes.

"¿Puede desabrocharse un par de botones de la camisa? Siento las molestias," suspiró, volviendo a pasar la mano por su cabello. Asentí, con las mejillas rojas aún, mientras lo hacía lentamente.

"¿Cómo son los calores exactamente?" cuestionó, su mirada siguiendo mis manos y cada botón que iba desabrochando.

"Raros," admití, "suelen pasar cuando pienso en algo, y en unas partes de mi cuerpo es más intenso que en otras. Luego está el mareo, que suele ocurrir cuando hago algo de ejercicio."

Mi mirada fue ahora la que se desvió. ¿Pero cómo no se iba a desviar? Su polla estaba a pocos centímetros de mí, completamente erecta, deseosa por salir a jugar y que no se ocultaba nada en ésos pantalones.

Jadeé al imaginarme su miembro dentro de mí, quemándome como siempre.

"Es muy raro, cierto. A ver..." se remangó las mangas de la camisa, dejando parte de su piel visible para mi satisfacción. Cualquier cosa me estaba poniendo, y seguramente se debía al juego previo que estábamos manteniendo los dos.

Sus grandes manos rozaron la parte descubierta de mi camisa, el nacimiento de mis pechos. Sus manos estaban calientes y ardían sobre mi piel. Me dio un escalofrío como en una ráfaga y me encogí, inflando un poco su ego por la sonrisa que ponía. Respiré tranquilamente por la boca para mantenerme en compostura.

"Siento incomodarte," se disculpó, aunque sus ojos decían todo menos 'lo siento'. Empezó a palpar mis pechos de forma suave, no separando la mirada de ellos y con una cara inescrutable que le daba un aire muy profesional.

Pero yo quería ser mala.

Sentí su respiración más pesada cuando bajó un poco más sus manos y éstas hicieron contacto con mis pezones, endurecidos por la excitación y el sobrecalientamiento que estaba sufriendo mi cuerpo por su culpa. Lo oí maldecir bajo y sonreí abiertamente.

"¿Algún problema, doctor?" pregunté, alzando una ceja mientras lo miraba directamente a los ojos. Si miraba donde estaban sus manos y lo erótico que resultaba, sabía que iba a perder el hilo del pensamiento y del habla, y no, yo también quería jugar.

"Ninguno," murmuró, con la voz algo ronca y entrecortada. Jadeé bajito; era el tono de voz que utilizaba cuando practicábamos sexo, esa que me encendía como si fuera el mayor explosivo al contacto con ella.

"¿Ve la raíz del problema?" pregunté inocentemente, tratando de mostrar la confusión en mis ojos. Era una pésima mentirosa, pero al menos había que intentarlo.

Elevó su labio superior un poco para sonreír mientras se pasaba la lengua por los labios.

"Creo que sí. Déjame ver..." susurró abriendo un poco más mi camisa. Mi sujetador negro de encaje quedó al descubierto del todo, provocando que gruñera bajito y me humedeciera más. Bajó un poco la copa de éstos y los dejó al descubierto.

"¿Cómo te sientes ahora?" cuestionó jadeante, llevando sus manos a mis montículos duros. Gemí al instante sin pudor, ése mínimo toque me hacía que quisiera follármelo encima de la mesa. La situación me ponía muchísimo.

"Mucho mejor," reconocí, echando un poco la cabeza atrás mientras el los apretaba un poco. Miré su rostro, y apretaba los dientes con fuerza para intentar no asaltarme tampoco.

Asáltame, por favor...

"¿Te están entrando esos calores? ¿Estás mareada?" siguió preguntando, pellizcándolos despacio.

"Ah... mucho. Mucho calor," contesté como pude, aferrándome a los picos de la mesa. Mis piernas estaban muy cerca de las suyas, así que decidí ser un poco mala y abrir más mis piernas, rodeando de ésta manera su cintura con ellas, dejando poca distancia en ambos. El calor de su cuerpo fue recibido gratamente en el mío, y su miembro estaba tan peligrosamente cerca del mío que sería capaz de violarlo de un momento a otro.

"Dices que es cuando piensas... ¿En que piensas exactamente para que te pase eso? Tienes los pezones duros, y no creo que sea del frío..." gimió, mordiendo mi clavícula. Chillé un poco al no esperarmelo, aferrándome a su dura y ancha espalda.

El papel se nos estaba saliendo un poco de las manos...

"Pienso en ti, doctor," contesté sin rodeos, "sólo me pasa cuando pienso en usted," sonrió complacido, masajeando con más esmero mis pechos necesitados de sus mimos.

"¿Puedo saber que piensas?" preguntó, su aliento chocando en mi cuello y provocando escalofríos junto a su cuerpo tan malditamente cerca.

"Son bastante... personales, me da vergüenza," admití, porque en parte era verdad. Otra cosa era que 'lo personal' fuera compartido con él.

"¿No puede hacer ni un intento? Eso podría ayudar," chasqueó la lengua, muy, muy cerca de mi boca. Si me moviera un poco, podría alcanzarla y probar sus labios.

"Me da vergüenza," repetí jadeando, apretándome por inconsciencia un poco más a su cuerpo. Sus manos siguieron torturando mis pechos de forma deliciosa, mi cuerpo se removía debajo de él.

"Bueno, ¿qué crees que podría hacer para alejar ese calor y dolor en tus pechos?" cuestionó, rozándolos con suavidad para luego apretarlos.

Gemí bajito antes de contestar.

"Mm... no lo sé," balbuceé, echando la cabeza hacia atrás cuando sus labios empezaron a repartir besos por la piel de mi cuello, haciendo que hormigueara cada porción de piel que él estaba tocando.

Su húmeda boca llenaba mi clavícula, y su respiración me daba escalofríos. Todo ésto sin contar su piel en mis pechos... Mi cuerpo estaba alerta de cualquier sensación, débil y vulnerable por su culpa.

"¿Seguro?" murmuró, soplando mis pechos, poniéndolos más duros. Jadeé, mordiéndome los labios, apretando con más fuerza la mesa para no agarrar su pelo y aplastar su cabeza contra mis pechos para que los besara.

"Creo que... tu boca podría funcionar," sugerí, aunque mi voz sonaba tan desesperada que parecía más bien un ruego. Escuché su risa ronca y se separó un poco de mi cuerpo para mirarme con una sonrisa.

"Probaremos a ver si funciona, no puedes estar así," explicó, aunque parecía que lo estaba meditando para él mismo.

A los pocos segundos, su dulce y ansiada boca estaba rodeando mi pezón, haciéndome gemir con fuerza.

¿Y yo odiaba ir al médico de pequeña? Eso porque no tenía a uno como Edward Cullen...

No desatendió mi otro pecho, si no que lo acariciaba a la vez que besaba el otro. Apretó sus labios sobre el, succionándolo, de manera que una corriente de lava creciera en mi espina dorsal y la cruzara muriendo en mi sexo.

"Edward..." gemí, a la vez que el cambiaba de pecho. Sin pensar, mis caderas se movieron de la camilla por la necesidad de fricción, haciendo que nuestras caderas chocaran y que su duro miembro se clavara en mi coño, por lo que ahora fuimos ambos los que gemimos. Lo sentía ardiendo, aún con sus vaqueros de por medio y la fina tela de mis braguitas de encaje...

"¿Te sientes mejor?" inquirió, separándose un poco de mis pechos. Sus labios estaba más oscuros, y su cabello algo más desordenado.

"Sí," afirmé, mirándole con los ojos perezosos a causa del placer que él me estaba otorgando. El ambiente de la habitación estaba completamente cargado de sexo, y sería mucha suerte si nadie se preguntaba que pasaba aquí.

Esperaba que nadie interrumpiera, si no, me daría un ataque al corazón.

"¿Hay algún sitio donde también sientas ese calor?" volvió a preguntar, mirando mis labios. Pasé la lengua por los míos, para resecarlos por su culpa, y él siguió atentamente el curso de mi lengua.

Era tan excitante saber que tenía ese poder sobre él también...

"Más abajo," expliqué, sin dejar de mirar los suyos. Estaban entreabiertos, mostrando un poco de sus blancos y perfectos dientes. Suspiré con más fuerza por las ganas que tenía de besarlo.

Sus manos bajaron repartiendo caricias por mi estómago, en esa zona tan sensible de mi cuerpo que hacía que tuviera cosquillas.

"¿Más abajo?" dijo extrañado, acercándome aún más. Su polla chocó directamente con mi sexo, y, desesperado como yo, acto seguido pegó sus labios por completo a los míos.

Por fin.

Batallamos por un tiempo, llenando la habitación del sonido de nuestras bocas moviéndose, de nuestras lenguas luchando, de nuestros labios probando, además de nuestros jadeos. Su boca se sentía como el paraíso, y mis manos se fueron hacia su cabello para tirar de él.

Edward se separó para reírse entre mis labios.

"Cómo no, mi pelo..." bromeó, volviéndome a besar. Succioné con fuerza su labio superior, y él bajó sus manos hasta mi culo para apretarme a él con fuerza. La necesidad de sentir su polla pegada a mi sexo sin ninguna barrera dolía, dolía tanto que no sabía cuanto más iba a soportar.

Bajó sus manos a mis muslos, subiendo mi falda lo suficiente para dejar al descubierto mis braguitas. Gimió cuando rozó mis ligas y gruñó cuando vio mi ropa interior.

"¿Así vas a mi consulta?" volvió a gruñir, mordiéndome el cuello con algo de más fuerza. Hice lo propio con su pelo.

"Doctor, le dije que me dolía más abajo..." le recordé, para que así no se desviara del tema.

Necesitaba sus manos ahí, las necesitaba... y ya.

"De acuerdo, señorita," rió bajito, haciendo cosquillas en mi cuello.

Puse los ojos en blanco cuando sentí como su mano rozaba mi sexo sobre la tela. Gruñó cuando vio el estado de mis bragas, completamente mojadas por su culpa, y de un tirón me las rompió.

"¡Edward!" regañé, intentando mirarlo mal.

Se rió entre dientes mientras las guardaba en el bolsillo.

"Tu culpa es, por provocar," me guiñó el ojo, rozando mis resbaladizos pliegues. Me sostuve agarrándome a sus amplios hombros, para así no caerme y porque no se burlara porque agarrara su cabello. El pulso me aumentó y se volvió frenético cuando separo mis labios íntimos.

Me sentía enfebrecida.

"Estás tan mojada..." suspiró, rozando en círculos mi capullo del placer. Enterré mis uñas en su espalda, echando la cabeza hacia atrás por el fuego que corría por mi cuerpo imposible de soportar. Sus labios volvieron a atacar sin piedad mi mandíbula y mi cuello.

"¿Ves, doctor? No sé porque me pasa..." intenté seguir con el personaje, sintiendo su sonrisa en mi cuello. Apretó con un poco más de fuerza mi clítoris, y juro que vi las estrellas.

No quería ni imaginarme que me iba a pasar cuando su polla estuviera dentro de mí...

Gemí con un poco más de fuerza, y lo vi apretar sus dientes.

Su miembro debería de dolerle. Llevaba, al menos, desde que había entrado duro. Me compadecí de él, recogiendo un poco de coherencia y con mis manos torpes desabroché rápidamente su pantalón, sacando su camisa que estaba por dentro. Suspiró, creo que de alivio y de placer, cuando bajé su cremallera. Me dediqué a desabrochar los botones de la camisa para conseguir ver su pecho, y relajarme de la obsesión que tenía con el.

"Todo porque usted se sienta bien, llegaremos hasta el fondo, el raíz del problema," explicó, chupando el lóbulo de mi oreja y cerré los ojos, suspirando.

"Estoy de acuerdo," afirmé, rozándolo por encima de los calzoncillos. Cerró los ojos con fuerza, y más aún cuando se los bajé y lo dejé entero a mi vista. Me mordí el labio con fuerza ante la imagen, la cual siempre me dejaba tan impactada como lo hacía ahora.

"Hasta el fondo," rió entre dientes mientras seguía dejando besos a lo largo de el, "acabarás gimiendo, pero verás que las molestias pasarán,"

¿Las molestias? ¿Qué molestias? ¿Que me besara, que me tocara, tenerlo cerca de mí? Estaba completamente loco...

"Llegué hasta el fondo entonces," concluí, apretándosela un poco con mi mano derecha. Gimió, y utilicé mi otra mano para abarcarla del todo, ya que entre que el era muy grande y mi mano muy pequeña era difícil conseguirlo.

Su respiración era más costosa, pero sus manos siguieron trazando mi sexo y hacerme gemir con fuerza, cada vez más y más húmeda.

"Eso quería oír," susurró en mi oído, después de dejar besos por el. Aceleré un poco el movimiento de mi mano, y bajé la otra para llegar a sus testículos y apretarlos un poco, consiguiendo el efecto deseado al oírlo gruñir.

Nuestras bocas se volvieron a reunir por un tiempo, pero nuestras manos no paraban en ningún momento. Sabía que, si seguía así, me iba a correr en su mano. Además, él debía de saberlo, porque sentía a mi clítoris palpitar con fuerza. Sin embargo, él no estaba mejor que yo; mis manos se movían con más rapidez, tanto que hasta mis muñecas quemaban algo por el esfuerzo, pero sentir el tacto de su miembro bajo mis manos, oír sus gemidos y escuchar su errática respiración a la vez que lo veía hacía que el ardor se olvidara.

"Edward..." me quejé, sintiendo como un dedo se abría paso en mi interior haciendo que pusiera los ojos en blanco. Entre eso y su pulgar rozando mi punto sensible no ayudaban, así que me vengué apretándosela con un poco más de fuerza.

"Si estás tan húmeda con ésto, no quiero imaginar cuando..." susurró, pero no terminó su frase ya que estaba burlándome de él. De igual forma, sus palabras hicieron el efecto deseado, sobretodo cuando encima añadió un segundo dedo.

"¡Edward!" gemí, y empecé a masturbarlo con una rapidez que no creía que fuera capaz. Dos podían jugar a este juego, aunque yo siempre estuviera en clara desventaja.

"Bella, para, para..." advirtió, agarrando mi muñeca con sus manos. No iba a desistir, pero sus ojos mirándome de forma suplicante me hicieron apiadarme de él. "Ni se te ocurra hacer eso," ordenó, mordiéndome el labio, "para que me corro. Y cuando me corra lo voy a hacer dentro de ti, ¿comprendes?"

Gemí alto, asintiendo con la cabeza a la vez que rozaba su glande.

Puso los ojos en blanco.

"Tú lo has querido," susurró, y volvió a mover sus dedos con rapidez. Volví a gemir con fuerza, y, cuando apretó mi clítoris entre sus dedos, me corrí con fuerza sin esperarlo. Comencé a temblar entre sus brazos a la vez que veía estrellitas de colores, y no me sentía dueña de mi cuerpo, sólo flotar.

Jadeé con fuerza mientras volvía a la realidad, viendo su sonrisa burlona a la vez que apartaba la mano de mi coño, la palma totalmente mojada por mi culpa. Me sonrojé un poco, haciéndolo reír.

"Siempre tienes que hacer lo que te manda tu médico," dijo ronco en mi oído, después de llevarse la boca y chupara sus dedos.

Sus pupilas estaban dilatadas, presas de la excitación mientras lo hacía, y sabía que, pese a haber llegado al orgasmo hace unos segundos, volvía a estar excitada.

Llevó su mano a mis labios, para que fuera yo la que probara. Accedí, me encantaba ver la cara de placer que ponía cuando lo hacía, nunca me defraudaba.

"Te haré caso, doctor," murmuré, sonriendo traviesa. Apretó mi culo entre sus manos, gruñendo, después de dejar un beso en mi cuello.

Agarró su miembro entre sus manos, suspirando. Debía de estar cachondísimo... y eso sólo me ponía más. Lo acercó a mis pliegues, y mordí con fuerza su hombro tras la sacudida de placer que azotó mi cuerpo.

"Edward..." susurré, aunque más bien era un ruego. Sus ojos estaban completamente cerrados, intentando contenerse, pero sabía que estaba peor que yo. Sin embargo, alzó un poco mi trasero, y su glande empezó a rozar mi clítoris.

"Bella..." jadeó, apresando mis caderas y siendo él el que dictaba los movimientos, aunque mis caderas de igual manera se movían solas. Su polla empezó a mojarse a causa de mis jugos, y hacía que el roce, además de ser en un lugar tan sensible, fuera tan placentero.

Edward, con un autocontrol que no sabía que fuera posible, empezó burlándose de mí, dándole golpecitos a mi clítoris con su miembro.

"Edward, por favor, no puedo..." supliqué, y era verdad: no podía. Otro orgasmo se había acumulado en mi vientre, y sabía que no iba a ser capaz de retenerlo por mucho tiempo.

"Córrete, dame ese placer, corréte de nuevo," susurró bajito, mordiendo mi cuello. Chillé cuando volvió a darle golpecitos, y no pude más, mi orgasmo me volvió a llevar. Empecé a ver las cosas borrosas por los que, con la poca conciencia que me quedaba, obligué a mis ojos cerrarse mientras las olas de éste remitían.

Sin embargo, no me dejó mucho descanso. En nada que volví al mundo real, sentí como su miembro se abría paso dentro de mí en una encostada y volví a gemir su nombre.

Edward se quedó completamente quito después de eso.

"Nunca me acostumbraré a estar dentro de ti," confesó, apoyando su frente contra la mía.

"Ni yo tampoco," aparté algunos mechones de su frente, y él, como respuesta, quitó el lápiz que sostenía mi moño y mi cabello cayó por mi espalda.

"Así mejor," susurró, y yo me reí buscando sus labios. Nos volvimos a besar, y yo aproveché para rodear de nuevo sus caderas con mis piernas. Se sentía aún más dentro de ésta forma, y ambos nos tuvimos que separar para gemir con fuerza.

"¿Así mejor?" preguntó, rozando mis pechos.

"Mucho mejor, doctor. Aunque si fuese más rápido..." gruñó, agarrándome de los muslos y, haciéndome caso, comenzó a moverse con rapidez.

Gemí con fuerza, intentándome adaptar a sus exigencias y obligando a mis caderas que se movieran a su paz. Mi cuerpo hormigueaba por todas partes, sobretodo en mi sexo, en contacto completo con su polla que no me dejaba ningún respiro. La sentía palpitar dentro de mí, y mis paredes la apretaron con fuerza.

"Bella.." advirtió, moviéndose con fuerza. Acaricié su pecho, pero, al necesitar algún sustento, me aferré a su espalda y tuve que dejarlo tranquilo.

El sonido de nuestros cuerpos chocar, de nuestras respiraciones y de nuestros gemidos no creían que se pudieran pasar inadvertidos. Igualmente, eso no lo hacía a él pararse ni a mi gemir más bajo, porque aunque quisiera, no podría hacerlo.

"Más, más fuerte, más..." pedí incoherentemente, presa del deseo a la vez que arañaba su espalda. Edward gruñó, bajando su mano derecha a entre mis piernas y rozando mi botón en círculos a la vez que embestía. Mis gemidos se convirtieron en súplicas, y sus caderas no me daban ningún respiro.

Otro orgasmo se avecinaba. ¿Cómo podía conseguir éste hombre hacer éstas cosas con mi cuerpo?

"No voy a poder aguantar mucho más," jadeó, repartiendo besos por mi clavícula. La camilla se movía al compás de nuestros movimientos, y chocaba contra el suelo.

"Ni yo tampoco, córrete, cariño," le susurré, ya fuera del papel por completo. Suspiró aliviado, moviéndose aún más.

Fue más de lo que podía soportar. Mi límite del placer no llegaba hasta tanto. Me agarré con fuerza a su espalda a la vez que el orgasmo atravesaba nuevamente mi cuerpo, y no era consciente ni de lo que salía de mi boca, aunque creía oírme a lo lejos gritar su nombre. Cuando el orgasmo seguía azotándome pero ya con menos fuerza, sentí como él explotaba y me llenaba con su esencia. Ver su cara mientras se corría era algo más que hermoso. Sus ojos medios cerrados, su boca entreabierta...

Respiramos erráticamente, ya cuando sólo teníamos las secuelas del orgasmo. Mis piernas temblaban, aunque milagrosamente mis tacones se habían mantenido en mis pies.

Rió a la vez que apartaba algunos mechones de mi pelo.

"Hemos dejado ésto hecho un desastre," rió de nuevo, dándome besos pequeños en los labios. Me reí con él, intentando responder a sus besos cuando la respiración me lo permitía.

"Tu padre nos va a matar," advertí, entre risas. Él asintió con la cabeza, masajeando un poco mis muslos que había apretado con anterioridad. Dejó un último beso antes de salir de mí, haciéndome gemir en protesta.

"Casi me da un ataque al corazón cuando te he visto esa ropa," dijo, poniéndose bien los calzoncillos y abrochándose el pantalón.

"Por eso lo hice," confesé la vez que yo me reía por sus palabras. Prefería verlo desvestirse, pero verlo vestirse también era un espectáculo.

Se acercó a mí al ver que necesitaba ayuda y me agarró para que me pusiera de pie. Me bajé con cuidado la falda, y él se dedicó a ponerme bien el sujetador y abrocharme la camisa mientras yo hacía lo propio con él.

"Otra vez voy sin bragas," me quejé, fulminándolo con la mirada. Él hizo caso omiso y se rió, dándome un beso. Agarré mi abrigo y me lo volví a abrochar, ocultando así mi vestimenta.

"No seas quejica, si ahora vamos el coche y nadie te verá. Yo me encargaré de eso," gruñó lo último, abrazándome con posesividad. Fue mi turno de reírme ahora, y le dejé un casto beso en los labios.

"Además, tu culpa es por venir vestida así," siguió gruñendo, y yo me reí más y le dejé muchos pequeños besos para conseguir que se callara. Se rindió, y me respondió a los besos con suavidad a la vez que seguíamos abrazándonos.

"La realidad ha superado de nuevo a la fantasía," murmuró, dejando un último beso después de alejarse.

"Me alegro de que sea así. Eso sí, como una paciente te haga algo de eso..." gruñí yo, apretando los puños con fuerza.

Que se le ocurriera alguna...

"Calma," susurró sonriendo, besando mi frente.

"¿Sólo yo?" pregunté, con voz ríduculamente infantil.

"Sólo tú," zanjó riéndose, dándome la mano para salir.

Y definitivamente, esas palabras conseguían el efecto deseado:

Relajarme.


¡Hola de nuevo! ¿Qué os ha parecido la fantasía?

Siento y muchísimo la tardanza. La semana siguente que actualicé, estuve llena de exámenes, además de que salí con mis amigos que me hicieron una fiesta de cumpleaños, llegué a los 18, a la mayoría de edad! T_T jajajaja.

La siguiente... ¿os acordáis de que os comenté que iba a hacer un intercambio a Italia? Pues la chica del intercambio vino y estuvo en mi casa toda la semana, apenas estuve en mi casa y siempre estuve con ella jajajaja. Y ésta, vuelta a exámenes otra vez, pero he conseguido tener tiempo. Gracias en parte a que aquí, en una parte de España, Andalucía, es fiesta porque mañana es el día de Andalucía, y he podido descansar algo *_* xDDD

La semana que viene haré todo por estar aquí, ¿vale? Odio salirme de lo acordado, y con el fin de semana yo creo que podré hacerlo. También quiero deciros que a ésta historia, lamentablemente, le falta muy poco.. un par de capitulos. Después creo que seguiré con Closer to the edge, el one-shot con el que participé, con el que nueva vez os doy las gracias. Si no he puesto algo en el es porque me da verguenza... jajaja

De nuevo, muchas gracias por todo, de verdad. Siempre serán pocas las veces que lo digo!

A las chicas sin cuenta:

Mary: jaja fui un poco mala al cortalo ahí, la verdad xD. Muchas gracias, para mi llegar al 3 puesto es... un honor. Muchas gracias por seguirme, y perdón la tardanza TT. Un beso guapísima!

Cary: guapa! Jajaja siento matarte con la espera, ha sido superior a mí, no he podido antes TT. Jajaja me alegro de haberos creado una nueva adicción entonces jajajaja. Ojalá fueran así los libros de la escuela.. seríamos todas de felices... jajajaja yo también quiero un Edward así, no aparece TT. Me alegro de alterarte entonces! Jajaja. Muchísimas gracias por el animo... no hay palabras para describir lo que me alegra! un gran beso!

Kenia: hola de nuevo *_*. Yo también quiero, ojalá existiera, fuerámos tan felices TT. Muchísimas gracias, siempre será poco decíroslo! Siento haber tardado T_T un besazo!

Eli: me alegro muchísimo! Si, calientes son un rato, demasiado diría yo jajajaja. Sí, estoy por hacer un team en plan 'Todas queremos un Edward así' jajajajaja. Gracias a ti, de verdad.

Miluskbm: Muchas gracias, de verdad. Edward como no, siempre tan mono como siempre jajaja. Perdón por la tardanza, de verdad, no he podido. Muchas gracias por leerme y comentar. Un beso!

Pame: hola guapa! Bienvenida, me alegro de que le hayas dado una oportunidad y hayas llegado hasta aquí! No me digas eso, que me sonrojas jajaja. A la historia le queda poco, desgraciadamente TT. Muchisimas gracias y un beso!

Belu: siento haber tardado mucho TT. Me alegro de que te haya emocionado tanto, para mi eso es un honor!. Gracias a ti por leerme y comentarme, de verdad!

Bueno, no me enrrollo más! Espero que os haya gustado y estaré pronto. Un beso!