¡¡¡Hemos vueltooooooooo!!! Tras tanto tiempo, por fin podemos subir este cap! La verdad es que es un poco corto (más que los anteriores) pero si lo hubiéramos alargado más, habríais tenido que esperar más tiempo para leerlo.
Y ya nada más.
-¡Lestat¡¡¡¡Lestat, despierta!!!!
El vampiro rubio se removió un poco en su ataúd y aferró el osito de peluche que le había regalado su madre hacía tantos años. Sabía que era un poco infantil dormir con algo así a sus 11 años pero... ¿quién iba a saberlo? Para eso tenía una habitación especial y...
-¡¡¡LESTAAAAAAAT!!!
Unos golpes secos fueron dados desde el exterior de la puerta. Lestat esta vez sí que los oyó y se incorporó de un salto.
-¡Au!- exclamó llevándose la mano a la cabeza. Se había golpeado con algo.
-¡¡¡¡Despieeeeeeeeertaaaaaaaa!!!!
Los golpes siguieron retumbando rítmicamente en la madera, de seguir así, tiraría la puerta abajo.
-Ya voy- murmuró Lestat soñoliento. A tientas buscó su capa negra y se la echó por encima, no fuera que al abrir se encontrara con la luz del sol (algo bastante improbable, ya que era la zona más oscura del castillo, pero recordemos que Lestat va grogui).
Por fin abrió la puerta.
Henry dejó de aporrear y de berrear y se lanzó al cuello del vampiro sin que este pudiese siquiera decir una palabra. Lestat abrió mucho los ojos de la impresión. ¿A qué venía eso?
-Disculpa... oye, me asfixias...- dijo el vampiro lo más educadamente posible dadas las circunstancias.
Henry se separó un poco de él con lágrimas en los ojos.
-¡¡Mírame!!
Lestat lo hizo. Alzó una ceja.
-¿Quién eres?
Henry hizo un pucherito.
-¿No lo sabes?- dijo con un hilo de voz. Si su amigo no le había reconocido entonces sí que estaba perdido. Había ido allí con la esperanza de que el espejo estuviera trucado, que fuese una broma, pero no. El gesto de sorpresa de Lestat confirmó a Henry lo que se temía: que ya no era él.
Lestat escrutó al chico que se aferraba a él detenidamente. Pelo negro lacio, piel pálida, nariz ganchuda... y unos ojos grises que le miraban de una forma familiar. La luz se hizo en el cerebro de Lestat.
-¿Henry?
Henry lanzó un grito de júbilo y abrazó a Lestat con fuerza. ¡Su amigo le había reconocido!
-¡Suéltame de una vez, que no puedo respirar!- exclamaba Lestat. Por fin, consiguió apartarle del todo. El vampiro se reajustó la capa, tenía frío. Dejó a Henry entrar y le vio abarcar con la mirada todo lo que podía.
-Oye, Lestat- dijo Henry al fin mirando hacia la habitación.- Nunca había estado en tu cuarto. ¿Ahí es donde duermes?- dijo señalando un sillón.
Lestat se giró hacia Henry con una sonrisa. Nadie más podría haber dicho algo así excepto Henry. Sobre todo alguien que, como Henry, hubiera visto el ataúd abierto con sábanas y el osito de peluche.
-No, duermo ahí- dijo señalándole el ataúd.
Henry se giró hacia donde señalaba su amigo y su expresión cambió. El vampiro vio como el moreno fue corriendo a meterse en su "cama".
-¡Oye¡Fuera de ahí!
-¡Qué cama más rara¡Mira, soy Lestat!- Y cruzando los brazos sobre el pecho puso una expresión solemne y seria y entrecerró los ojos.
-¡Sal de ahí, pesado!- Lestat se dirigió hacia el ataúd y tiró de un brazo de Henry para sacarle a la fuerza.
Henry abrió los ojos y empezó a reírse. Con el brazo que le quedaba libre alcanzó la almohada y la estampó contra la cara del vampiro. Lestat soltó el brazo de Henry por el impacto y se cayó al suelo de culo.
-Ahora verás.- Y saltando en el aire (medio volando) hizo una pirueta y aterrizó sobre el ataúd con su mejor pose de vampiro. Sus colmillos centellearon a la luz de las velas que iluminaban la estancia.
Henry abrió mucho los ojos. Su amigo le habría dado miedo de no ser porque le conocía muy bien. Pero no se dejó impresionar, se puso de pie e imitó la pose de Lestat, abriendo la boca de una manera que el consideraba fiera.
Henry hizo como que tenía zarpas y gruñó. A Lestat le dio la risa y Henry no pudo contenerse.
-¿Ey¿de qué te ríes¡¡Soy un vampiro temible!! Grrr, Grrr- siguió gruñendo, agitando la "garra".
Lestat se bajó del ataúd con la risa floja.
-¿No te doy miedo?- preguntó Henry un poco apenado.
-Bueno... no.- dijo Lestat cuando pudo dejar de reírse.
-¿Por qué no?
-Hombre... es que con esa cara... digamos que por un momento me ha venido a la cabeza la imagen del profesor Snape haciendo de oso.
Henry empezó a reírse.
-Jajaja, tienes razón. ¡Me acabo de dar cuenta! Ahora me parezco mucho a mi padre¿verdad?
Lestat asintió, pensando que cada vez era más extraño ver a Henry en ese cuerpo tan parecido al del profesor y además llamándole "padre".
Vio a Henry mirando por toda su habitación.
-¿Buscas algo?
-Sí¿no tienes un espejo por aquí?
Lestat sonrió.
-No¿por qué iba a tener uno si no puedo mirarme?
-Ah, claro.- Henry se encogió de hombros.- Bueno, pues vamos a buscar uno... creo que en el baño los hay.
-Vale, pero espera a que me vista.
Henry miró su propio pijama.
-Presumido.- dijo en voz baja pero lo suficientemente alta para que Lestat le oyese.
Lestat le echó una mirada airada en broma y fue a buscar su ropa. Después de vestirse ambos fueron al baño.
Cuando por fin Henry vio de nuevo su reflejo, no pudo evitar quedarse un rato estudiándose.
-¿Por qué tengo los ojos grises? Papá...- Henry pareció avergonzarse- mi padre los tiene negros.
Lestat se acercó a él y miró el reflejo de Henry, ya que no podía ver el suyo propio.
-Bueno... recuerda que tienes sangre de los Malfoy.
Henry se encogió de hombros. El Lucius le había dicho que él no era un Malfoy, pero Lestat tenía razón, si Narcissa había sido algo así como su madre, entonces tenía sangre Malfoy. Se iba a divertir mucho con su medio hermano Draco, aunque no le contaría su secreto, claro que no.
Henry se fijó de nuevo en el reflejo y esta vez jugó a mirarse la nariz. Ladeó la cabeza para verse el perfil de refilón y entonces dijo.
-Si no puedo dar miedo como vampiro¿qué te parece así?- Y mirándose de nuevo, adoptó a la perfección la pose de Snape. Lestat abrió mucho los ojos¡ahora sí que era clavado! La única diferencia estaba en los ojos, que a pesar de ser los fríos ojos grises de Draco, transmitían una calidez que los de Snape nunca habrían podido dar.
A Lestat le recorrió un escalofrío y luego se rió de su propia reacción.
-¡Henry¡Es impresionante!- Henry esbozó una gran sonrisa. Evidentemente la fila de dientes perfectamente ordenados y blanquísimos también eran Malfoy.- Ahora prométeme una cosa.
Henry dejó de sonreír y prestó atención a Lestat.
-Qué.
-Que te laves el pelo con frecuencia.
Henry frunció el ceño (acentuando de nuevo el parecido Snape) y le lanzó una pastilla de jabón que había en el lavabo.
Lestat huyó de ahí riéndose a carcajadas y Henry lo siguió. Al final, los dos fueron aminorando el paso.
-Tengo hambre.
-Pues vamos al comedor.- dijo Henry.
Lestat miró el cuello de su amigo. Había que admitir que esa vena de ahí ahora se veía muchísimo más con el nuevo cuello de Henry. Intentó apartar de su mente la asociación Henry-comida y aceleró el paso para llegar al Gran Comedor. Se moría por una buena taza de sangre calentita.
Henry todavía iba en pijama cuando los dos entraron en el Gran Comedor.
Como todavía estaban en vacaciones de Navidad, en las mesas apenas había alumnos, pero eso no evitó que las caras se volvieran hacia los nuevos comensales y que un murmullo brotase al entrar los dos. ¿Quién era el chico que acompañaba a Lestat y que iba en pijama?
Snape posó la mirada fijamente en Henry. Debía ser él, no cabía duda alguna. Por fin podía ver sus verdaderas facciones a la luz. No cabía duda de que era hijo suyo. Si no se llevasen tantos años, cualquiera habría podido decir que era su hermanito pequeño.
Henry le saludó con la mano y una gran sonrisa blanca. Snape sintió deseos de esconderse debajo de la mesa, sobre todo cuando la mirada inquisitiva de Albus Dumbledore se dirigió directamente hacia él. Snape se hallaba atrapado. Podía haberle borrado la memoria al chico y todo habría resultado más fácil, sin embargo, había tomado el camino difícil. Bueno, después de todo era su responsabilidad y Snape no era de esos que eludían sus compromisos¡no era un Gryffindor! Así que en vez de esconderse bajo la mesa o huir del Gran Comedor (cosa que había estado tentado de hacer) esperó a que Henry se sentara en la mesa de Slytherin, carraspeó y antes de que Albus pudiera hacerle alguna pregunta o que pudiera lanzarle una de aquellas miradas por encima de sus gafas de media luna, se levantó y esperó a que todos los murmullos cesaran.
Snape tomó aire y adoptó su expresión más ceñuda.
-Quiero presentarles, antes de que sus cabezas huecas exploten intentando hacer suposiciones, a Henry Snape. Mi...- frunció aún más el ceño- hijo.
Un silencio tenso de la variedad "no me lo puedo creer" se apoderó de la sala. Snape se sentó y aguantó las miradas de todo el mundo que iban de él a Henry. Snape tenía que agradecer que no hubiese muchos alumnos, seguramente la noticia iría de unos a otros una vez llegasen los que faltaba. Así sería más fácil. Agradecía especialmente que faltasen el trío de oro (con Potter a la cabeza), la niña Skeeter y Draco.
Lo único que esperaba es que el chico no contase a todo el mundo cómo fue concebido. Tendría que hablar con él. De hecho, tenía que hacerlo cuanto antes. ¿Pero qué le iba a decir? Bueno, tendría que establecer unas normas. Sí, eso haría.
Una mano que se apoyó contra la suya le sacó de sus cavilaciones.
-¿Severus?- interrogó Albus.
-Se lo contaré más tarde, señor Director.- dijo Snape levantándose bruscamente y dirigiéndose hacia su hij... hacia Henry.
Henry levantó la mirada hacia su padre y Snape se estremeció al ver aquellos ojos grises. Había esperado que fueran sus mismos pozos negros insondables. Había que reconocer que Henry era mucho más guapo de lo que él había sido y sería nunca.
-Tenemos que hablar.- susurró Snape.
-¡Hola, PAP...!- Snape le tapó la boca con la mano antes de que Henry pudiese terminar de pronunciar aquella temida palabra.
-Esta tarde te espero en mi despacho. Y no le cuentes a nadie lo que sabes.- gruñó Snape.
Henry asintió y Snape le quitó la mano de la boca. Todos en el comedor le vieron irse a zancadas. Fue entonces cuando los murmullos comenzaron de nuevo, y puesto que ya no había ningún Slytherin para impedirlo (ni Snape ni Draco) Henry se levantó y se sentó al lado de Lestat en Ravenclaw, haciendo caso omiso de todas las miradas que se fijaban en él.
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Después de desayunar con Lestat en pijama y reírse un rato con él (apostaron a ver si Lestat podía expulsar la "comida" por la nariz y el resultado fue que parecía un hemofílico desangrado. Aunque lo de Henry con los huevos revueltos fue peor) la gente, (después de la sorpresa inicial) empezó a acercarse a Henry como si fuera un bicho raro (y tenían toda la razón del mundo) y a preguntarle cosas sobre su reciente y nueva imagen. Primero con miedo, pues, se mirara por donde se mirara, era clavadito a Snape, pero luego con emoción y risa, pues Henry accedía encantado cuando le pedían que imitase a su padre. (Menos mal que Severus se había ido ya del Gan Comedor a hablar con Dumbledore a su despacho)
-Henry, haz otra vez lo del ceño fruncido.-pidió uno de los de Ravenclaw a quien Snape le daba bastante miedo.
Henry frunció el ceño y le miró exactamente igual que Snape.
-Cien puntos menos para Ravenclaw por decir eso- dijo entonando la voz de su padre.
Todos se rieron a carcajadas. Henry era la atracción del día y los alumnos de todas las mesas lo rodeaban para verlo mejor. Una miniatura de Snape, con su apellido, en pijama de ositos y ridiculizando al profesor más temido de Hogwarts. Después de eso, miles de lechuzas volaron aquel día y esa tarde todos los alumnos de Hogwarts ya sabrían la nueva noticia.
Pero el desayuno se acabó y Henry tenía que cambiarse de ropa, así que, a regañadientes, se despidió de todos los chicos haciendo que se envolvía con su capa (una servilleta de tela) como Severus y se fue hacia las mazmorras, seguido de Lestat, quien no quería quedarse solo para que le frieran a preguntas sobre por qué Henry estaba así (Henry les había dicho que se trataba de un hechizo fallido que le echó Severus de pequeño y que acababa de desaparecer) y le acompañó hasta la sala de Slytherin, donde quiso despedirse, pero Henry alegó que él había visto la habitación de Lestat, así que el vampiro tenía derecho a entrar en la suya.
Así que entraron. Por supuesto, lo de "habitación" era un decir, pues Henry dormía con los demás Slytherin en un pasillo común lleno de camas decoradas con motivos serpentiles.
-¿Qué crees que debería ponerme ahora que me parezco a mi padre? Alo mejor debería llevar ropas oscuras todo el rato, túnicas largas, ya sabes.
Lestat parpadeó.
-Pero si es lo que llevamos todos.
Henry le miró.
-Sí, bueno, ya me entiendes. Más oscuras. Que den miedo. Largas y que te puedas arropar con ellas como...como una capa de vampiro, sí, eso.
-No creo que debas preocuparte por eso. Ya te pareces bastante a Snape.
-Um. Cierto. ¿Y si...?¿Y si en vez de eso hago todo lo contrario?
-¿Qué quieres decir?
-Espera un momento- dijo Henry con una sonrisa y un brillo en los ojos. Cogió un montón de cosas y se fue al baño, cerrando la puerta tras de sí. Lestat se quedó solo en la cama unos minutos. Los chicos que entraban de vez en cuando a la habitación, parecían recordar que tenían asuntos más importantes que hacer al ver al vampiro y salían corriendo de allí.
Por fin Henry salió. Y Lestat se quedó de piedra. Pero sólo al principio, porque después empezó a reírse a carcajadas.
Henry se había disfrazado de tal modo, que el boggart que conjuró Neville Longbottom de Severus Snape con ropa de su abuela no tenía ni punto de comparación con el de ahora. Delante de Lestat se encontraba una miniatura de Severus Snape, con coleta, unos pantalones vaqueros desteñidos, sandalias cangrejeras, una camiseta rosa y collares hippie. Henry le hizo una seña de OK con el pulgar y eso ayudó a que Lestat se cayera de la cama de risa.
-Con esto podría ayudar a mi padre a tener una mejor apariencia¿no crees? Así los alumnos no tendrían tanto miedo.
-Sí, por supuesto, porque pasaría de atormentar a los alumnos a intentar matarte en cuanto te viera.
Henry sonrió. Estaba decidido. Iba a hacer una mejor imagen de su padre. Seguro que Severus se lo agradecía.
Severus estaba en ese momento explicándole a Albus lo que había ocurrido en casa de los Malfoy y contándole su decisión de quedarse con el chico...como su hijo. Aunque en realidad no estaba muy convencido de ello. En realidad se sentía como una mujer con un embarazo no deseado y sin saber muy bien qué hacer. Tanto se le debió notar al hablar que Albus le invitó a caramelos de limón y él aceptó.
-Vaya, suponía que tendría algo que ver contigo, pero no esperaba que tanto. Bueno, Severus, si es tu hijo y te haces cargo de él, no veo qué problema puede haber. Estoy seguro de que Henry sabrá mantener en secreto sus orígenes.- hizo una pausa, pensando en la supuesta utilidad para lo que había sido concebido el chico- No creo que el señor Snape tenga motivos algunos para enfrentarse a Harry Potter, más bien creo que lo adora. ¿No se disfrazó del señor Potter una vez? Eso fue muy gracioso, por cierto- dijo el director sonriendo.- Pero bueno, quiero que sepas que estoy muy orgulloso de ti, Severus. Y por supuesto, que sepas que, mientras esté en Hogwarts, o si necesitas ayuda, yo personalmente me encargaré de la seguridad de tu hijo y creo que el profesorado también...
-¡¿Qué?! No, Albus, no quiero que...Lupin y los demás se enteren de esto. Vale que sepan que es mi hijo, pero...
-Pero Severus, deben saber los planes que tenía Voldemort para el chico. Sólo por si acaso.
Snape negó con la cabeza furioso.
-No. Nadie debe saberlo. No quiero que todo el mundo mire a mi hijo como si fuera un conejillo de indias, con...con compasión. No quiero que se sepa, Albus. Por favor.
Albus Dumbledore escrutó largo rato a Severus. Nunca había tenido secretos para la Orden del Fénix, aunque, bien mirado y como él mismo había dicho, el chico no parecía ninguna amenaza. Además intuía que lo que quería proteger Severus no era sólo a Henry sino también a sí mismo. El hombre que tenía enfrente había tenido una infancia infeliz y le remordía la conciencia cada vez que se lo recordaba alguien. Era normal que no quisiese lo mismo para el chico. Y Henry parecía tan feliz...
Albus tomó una decisión.
-Está bien. No se lo diremos.- Severus pareció suspirar de alivio.- Pero con una condición, Severus. Alguien tiene que saberlo, sólo por si acaso, si a mí me pasara algo. ¿De acuerdo? Imagínate que tú o yo caemos y Voldemort se alza con el poder. Nadie sabría nada y es posible que Henry fuera de ayuda. ¿Entiendes a qué me refiero?
-Si, señor director, pero...me gustaría tener tiempo para pensarlo.
Albus asintió con la cabeza. Después de un rato, Severus se marchó.
Tenía que pensar.
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Esa tarde, después de comer, Henry fue al despacho de Severus. Había estado todo el día con Lestat, probándose ropa rara para ver qué imagen quería dar y al final había optado por usar la magia y cambiarse las túnicas de color. Cuando entró en el despacho, Severus, por un momento, creyó que Lockhart había vuelto a Hogwarts.
-¿Qué demonios hace vestido así?- logró articular Severus.
-He pensado en dar una nueva imagen de ti.
-¿Y crees que ridiculizándome lo lograrás?
-¡No estoy ridículo!- Henry frunció el ceño y Severus tuvo que reprimir un gruñido al verse a sí mismo vestido con túnicas de colorines. Alzó la varita y le vistió con túnicas negras de nuevo. Henry hizo una mueca de disgusto.- Así estoy aburrido.
-Oh, tranquilo, puedo hacer que no te aburras el resto de tu vida. Tal vez limpiando calderos durante el resto del curso.
Severus estaba furioso y Henry no sabía por qué.
-¿Qué ocurre, papá?
-¡No me llames así!- Severus estaba de los nervios. Necesitaba una tila.
-Pero es que eres mi padre...- Henry hizo un puchero y miró con tristeza a Severus y en ese momento, Snape sintió un escalofrío. Ya no podía odiar a Henry porque se pareciese a Potter, porque ahora era igual que él y en ese momento se recordaba a sí mismo, su infancia, su casa, y él escondido en un cuarto oscuro escuchando los gritos de su padre. Severus se dio la vuelta, incapaz de soportar esa mirada triste, que era la suya y la de Henry a la vez.
-Sólo te he llamado para recordarte que no debes hablar de lo que pasó con nadie. Excepto Albus Dumbledore, nadie debe saber cómo...cómo fuiste concebido y...ya está. Invéntate algo, lo que sea¿de acuerdo?
-Severus...
-Puedes irte, no tengo nada más que decir.- Severus hojeó nervioso unos pergaminos, sin darse la vuelta y esperó a que Henry se fuera. Cuando la puerta se cerró, se sentó en una silla, derrotado y se sacó los pensamientos de la cabeza, para depositarlos en el pensadero y cerrarlo con llave. ¿Había hecho bien dejándole recordar y deshaciendo ese hechizo¿Podría soportarlo?
Kaworu & Snape White
Trust Severus
