¡Otra vez de vuelta!

Gracias por los RW! Son los que hacen que escribir valga la pena!

Habéis preguntado por la reacción de Lucius…pero me temo que va a tener que esperar un poquitito más!

REGRESO A MALFOY MANOR

Casi cuatro meses después de la inesperada reunión familiar, un serio, aparentemente impasible, pero interiormente ansioso e inusualmente impaciente Draco Malfoy aguardaba en plena noche en la casi desierta terminal de Luton la llegada de su jet privado procedente de Suiza. Mucho había sucedido desde su visita al aislado y solitario chalet de montaña.

Draco acarició lentamente el negro terciopelo del pelaje de Jaws y la negra pantera de ojos verdes ronroneó como un pequeño gatito, frotando mimoso su maciza cabezota en su rodilla. Claws rugió juguetonamente a su otro costado, agitando la larga cola con impaciencia y Draco hundió los dedos en el cremoso pelaje detrás de sus orejas, calmando al nervioso leopardo de delicado color crema y brillantes ojos plata acerados.

-Yo también les echo de menos…especialmente a él…

Finalmente las puertas de la sala de recogida de equipajes se abrieron, y revelaron a Narcissa Malfoy, vestida de negro de pies a cabeza – incluso las joyas que lucía esa noche eran del más negro azabache-, acompañada de una elegante joven de larga, larguísima melena negra y profundos ojos zafiro, impecablemente vestida en un igualmente enlutado y solemne atuendo, y de un caballero de mediana edad, enfundado en un largo abrigo negro de astracán que ofrecía un brazo a cada dama. Por todo equipaje de mano, la rubia dama llevaba entre sus dedos la elegante correa de seda verde de un tigre de Amur, también denominado tigre siberiano, el mayor felino vivo. Y menudo ejemplar: un imponente y vigoroso tigre claramente adulto, de un metro diez de alzada, tres metros y medio de hocico a punta de cola y 400 Kg de puro músculo. Un gigante entre "gatos" gigantes, un macho de espectacular manto blanco con pálidas rayas grises, nariz rosada e impactantes ojos entre azul hielo y grises. Con un rugido de irritada frustración, el gran tigre blanco sacudió la poderosa cabeza y Narcisa murmuró acariciando su poderosa testa:

-Ice, compórtate…ya hemos llegado.

Rezongando, y azotando el aire con la larga cola, Ice erizó los largos bigotes y enseñó malhumorado los colmillos al más que muy desafortunado guardia de seguridad muggle que vigilaba la zona, que tras tragar visible y audiblemente, retrocedió unos pasos y fue a inspeccionar el extremo opuesto de la estancia. Ice tiró suavemente de la correa y asintiendo con un gesto, Narcissa soltó la misma. Ice saltó hacia adelante, con un rezongante hin hing brotando de su garganta y en dos saltos cruzó el espacio que le separaba de Draco. El tigre se enroscó reiteradamente en sus piernas, apartando sin miramientos a los dos leopardos, que bufaron indignados, pero que cedieron el puesto al enorme felino rayado. Ni siquiera Jaws, con sus magníficos 80 cm de alzada y casi 100 kgs de peso, era más que un cachorro al lado del tigre. En un rincón del vestíbulo terminal un mago, vestido con lo que parecía un pantalón de chándal de un sucio gris jaspeado cubierto por una enorme y larga gabardina del más desagradable color verde-amarronado que se pudiera imaginar, revisaba nerviosamente una carpeta de documentos, dando frecuentes miraditas recelosas a los tres felinos, mientras una paciente y elegantemente vestida Hermione puntualizaba que era cada uno de los papeles: los pasaportes e identificaciones mágicas de los recién llegados y la documentación muggle de la adquisición de la nueva mascota, sus certificados veterinarios en ambos mundos…y la montaña de documentación muggle y mágica para la repatriación del cadáver del difunto Lucius Abraxas Malfoy, sellado en un enorme porta-féretro metálico de evidente factura no mágica, colocado sobre una plataforma mecanizada con ruedas que unos fieles empleados disfrazados en el uniforme de una funeraria muggle empujaban por el pulido suelo, creando un cavernoso eco en el casi desierto lugar.

Sorteadas finalmente todas las formalidades de ambos mundos, la extraña comitiva formada por dos limousines, un coche fúnebre y un camión de carga, abandonó el recinto del aeropuerto de Luton y enfiló a toda velocidad hacia Malfoy Manor. Draco apenas pudo esperar a que la portezuela del vehículo se cerrara para besar apasionadamente a Harry, aun bajo la forma de Miraje Black, murmurando mentalmente, los labios y la lengua demasiado "ocupados" en fundirse con Harry:

"Estas realmente espectacular, amor mío"

Claws y Jaws bostezaron en el asiento de enfrente, la pantera lamiendo suavemente la mejilla del otro leopardo, acurrucándose el uno contra el otro. Las muestras de afecto de sus amos no les molestaban en absoluto y cerraron los ojos para dormitar, satisfechos de tenerles a ambos de nuevo con ellos. Pese a la ansiedad de la situación, Harry se aferró con vigor a los hombros de Draco, hundiendo los dedos en su suave cabello de platino, apretándose contra el añorado cuerpo de su amado, fluctuando entre la necesidad de ser él por completo o dejar que su amante disfrutase de esta versión de su cuerpo, el que hubiese tenido de ser verdaderamente una mujer. Finalmente, la mano de Draco deslizándose entre sus muslos para colarse en su ropa interior fue demasiado y Harry – o Mirage – se enarcó con un ronco jadeo contra los diestros dedos que resbalaban entre los pliegues de su húmedo sexo. Era…diferente. Las sensaciones eran diferentes, igualmente placenteras, ardientes y devoradoras, y Harry alzó las caderas, impotente y consumido por la necesidad. El conductor de la limousine estaba tan solo al otro lado de un cristal que Draco había cerrado con un golpe seco y un mascullado hechizo de privacidad…pero eso solo lo hacía más excitante. El calor se extendía por su sangre con cada latido, con cada movimiento, mientras Draco murmuraba inteligiblemente, mordisqueando su cuello ocasionalmente, besándole como si no hubiese mañana, apresándole y restregando su rígida virilidad contra su muslo y mano, todo eso sin dejar de manosearle ávidamente. Con un ronco gemido, Harry se tensó, retorciéndose y moviéndose contra esos fantásticos dedos, su propio confuso, desconocido pero evidente placer enviando a Draco al orgasmo compartido, las sensaciones multiplicadas y reflejadas una y otra vez en la dualidad de una mente con dos consciencias y dividida entre dos cuerpos.

Jadeando, sudorosos, pegajosos y deslizándose por las sucesivas oleadas de placer hasta que los ecos de la pasión compartida se calmaron, los jóvenes amantes permanecieron acurrucados en el amplio asiento trasero, notando los desenfrenados latidos de ambos desbocados corazones. Esta era una excelente manera para ambos de lidiar con la impaciencia y la tensión del momento…y al mismo tiempo borrar el dolor de la forzada aunque necesaria separación. Habían pasado demasiado tiempo apartados…y había sido…horrible, terrible y deprimente para ambos. Como si les hubiesen arrancando el alma… Pero finalmente regresaban a Malfoy Manor, juntos. Y esta vez nada iba a separarlos.

HP&DM...

En la otra limousine, Narcissa contemplaba con inquisitivos ojos a la elegante joven de cabello castaño, que parecía sumida en una pensativa contemplación, los ojos fijos en la ventanilla, la mano cerrada en torno a la cartera repleta de documentación. Ice, el tigre ronroneaba bajo las lentas caricias de su ama, los ojos cerrados en puro y lujurioso deleite gatuno, y a su otro costado, Arsenius Archibald Jigger –el alter ego de Severus, aunque también podría verse a la inversa- miraba alternativamente a una y otra mujer. Todos estaban ansiosamente nerviosos por llegar a su destino, pero mantenían una casi perfecta compostura.

Pese a la pasmosa velocidad de los vehículos mejorados por la magia, que se deslizaban completamente inadvertidos entre el tráfico muggle ignorando cualquier norma de circulación, era ya muy tarde o quizás muy temprano cuando finalmente la comitiva cruzó las verjas de la antigua mansión y se detuvieron ante una arcada de piedra. El camión se encaminó hacia la puerta de servicio, donde los elfos de la mansión se encargarían del equipaje y las limousines y el coche fúnebre rodaron hacia los campos por un serpenteante sendero lateral. Con cuidado, dos magos descargaron un féretro blanco, y lo depositaron junto al antiguo arco de entrada al mausoleo familiar. Nadie excepto un Malfoy por sangre, alianza o matrimonio podía rebasar ese punto. Una vez que los vehículos se alejaron, con Hermione en una de las limousines para supervisar el traspaso de los equipajes a los elfos y acomodar a las cansadas mascotas, el grupo restante entró al subterráneo, el féretro levitando delante de ellos, tras un par de gruñidos de descontento de Severus. Ningún hechizo de limpieza podía deshacerse del sutil aunque persistente residuo a sexo que envolvía a los dos jóvenes y su fino olfato le obligaba a sufrir las consecuencias. En fin, era preferible que estuviesen…centrados en la presente tarea. Tras descender a las criptas, y subir, bajar y girar por numerosos corredores de laberintico diseño, alcanzaron una gran cámara ornamentada con el escudo familiar e iluminada por cuatro enormes velas eternas. Depositaron el féretro sobre un altar de mármol en el centro y Draco murmuró un encantamiento, para romper los sellos físicos y mágicos que lo cerraban. Dentro, pálido como la cera y envuelto en una mortaja de lino, reposaba Lucius, los agrietados labios levemente azulados y los parpados amoratados, la piel tirante y seca.

Inclinándose sobre el cuerpo, Severus entreabrió los cuarteados labios y vertió entre ellos gota a gota una poción de aspecto lechoso. Pronto un hilillo de líquido comenzó a resbalar de la comisura de los labios inertes y Narcissa se mordió los labios, apretando el pañuelo de encaje que sujetaba en la mano hasta que sus nudillos se blanquearon. Cogiendo una intimidante jeringa de gran tamaño, el hombre la clavó con un violento golpe seco en el plexo solar, inyectando su coloreado contenido directamente en el corazón. Narcisa parecía a punto de llorar, y Draco estaba palidísimo, mientras Severus se afanaba con más inyecciones de menor tamaño en diversos puntos del cuerpo. Finalmente, a su señal, Harry usó su magia para devolver poco a poco la temperatura normal al helado cuerpo, mientras Draco inflaba y desinflaba muy suavemente los pulmones en un ritmo lento y movía la sangre dentro del cuerpo. Severus abrió la boca de Lucius y comprobó que su lengua no obstruyese el paso del aire y alzándole un poco la cabeza, le metió más pociones en la garganta. El maletín que descansaba a su lado estaba quedándose semivacío.

La extrema palidez y el aspecto cerúleo no había desaparecido, pero el tinte azulado de los labios si y por un brevísimo instante, los resecos párpados temblaron. Con rapidez, Severus se apartó e hizo un gesto y ambos muchachos aplicaron simultáneos enérvates, haciendo arquearse bajo su combinada potencia el cuerpo en un violento espasmo antes de caer de nuevo al ataúd. Con un ronco y prolongado jadeo, Lucius abrió brevemente los ojos, giró la cabeza…y se desmayó sin más preámbulo.

Largo rato después, y tras más pociones, tratamientos y diagnósticos miles, Harry depositó a un completamente vivo pero muy agotado y convaleciente Lucius Malfoy en su cama, en el dormitorio principal de Malfoy Manor, mientras su agradecidísima esposa le dedicaba una mirada de gratitud y Severus murmuraba, sacando pociones y redomas del fondo de su maletín y comenzando a colocarlas encima de una cómoda:

-En una semana o diez días estará perfectamente Narcissa, solo necesita descansar y recuperarse…después de todo, no se muere y resucita uno todos los días…Soy el mejor en esto, recuerdas?

Narcissa se acomodó en una butaca, asintiendo con ojos enrojecidos y aferrando la mano de su esposo entre las suyas como si fuesen a arrebatársela de entre los dedos, y su hijo la abrazó suavemente, sentándose el reposabrazo de la misma, junto a ella. Harry se deslizó en silencio fuera de la habitación y estaba a punto de alcanzar la puerta cuando la voz de la mujer pronunciando su nombre le hizo detenerse:

-Harry…gracias. Muchas gracias.

Inclinando la cabeza en salutación, y esbozando una leve sonrisa, el joven ojiverde murmuró:

-Era simplemente lo que debía hacer.

Lucius era un maldito hijo de puta, un bastardo mal nacido y egoísta, defensor de la pureza de sangre y un cabrón…Harry no podía olvidar otras cosas pero, ¿Cómo podía ignorar su estoica manera de sobrellevar las torturas y fingir delante de su hijo que todo iba bien, solo para protegerle? ¿Cómo olvidar que en aquella fatídica noche, en medio de la batalla y claramente muy lejos del favor del odiado tirano, Lucius había tentado valientemente la suerte, arriesgándose y suplicando a Voldemort por su hijo? ¿Cómo podía aferrarse al rencor y al pasado después de verle jugar con paciencia infinita con Draco, una sonrisa en los labios dirigida al bebé entre sus brazos?¿Cómo despreciar los grises ojos rebosantes de amor y orgullo por los primeros hechizos de su Draco? Lucius había entrado muy joven, justo la noche antes de cumplir 17, al servicio de Voldemort siguiendo los deseos –órdenes en realidad- de su padre Lord Abraxas Malfoy. Lucius no era un asesino, sus mejores habilidades eran políticas, aunque sus Imperius eran especialmente diestros. Y había aceptado y tragado con estoicismo con su papel, moralmente ni en un lado ni en el otro. Lord Abraxas quería un Malfoy en cada bando…eso garantizaba la supervivencia de la familia…y la familia lo era todo. Esa era su doctrina, su credo. La familia por encima de todo. Por eso, Harry podía si no olvidar, al menos respetar y entender el porqué de sus acciones…y perdonarle a regañadientes, porque definitivamente era un cabrón, pero era un cabrón muy muy afortunado. Porque también era un buen esposo y el padre más devoto que nadie pudiera imaginar, capaz de poner su propia vida en juego por su familia, leal hasta el extremo para con los suyos y eso era algo que Harry podía concebir y comprender perfectamente. La familia y los seres amados…por encima de todo.