Genial, mi día no podía dejar de mejorar, era la segunda vez que discutía con mi hermana y para colmo toda la situación con Jean no ayudaba, pues sólo conseguía que mi estado de nervios aumentara.

A penas le había dirigido la palabra, bueno más bien tenía la sensación de que él estaba huyendo de mi, pues cada vez que teníamos que estar juntos se distanciaba, ni si quiera me miraba, aunque si éramos sinceros, lo agradecía, pues eso implicaba no tener que tratar de explicarme. Sin embargo, todo esto me estaba destrozando, añadiendo el hecho de que mi hermana no confiase en mi, que no fuese capaz de permitir que fuese sola a casa, por lo que a pesar de que me había amenazado para que esperase a Alex, no iba a hacerlo, no pensaba hacerlo.

Avancé a paso rápido, queriendo llegar cuanto antes al apartamento para que no pudiese echarme más la bronca, sin embargo, me fui retenida a la entrada del bloque, topándome a un hombre de frente, consiguiendo que me echase hacia atrás en un intento de huir de allí, siendo agarrada por otros dos hombres.

-Kaelah Danvers, ¿verdad?- me preguntó, si recibir ningún tipo de respuesta por mi parte, pues no me atrevía a pronunciar palabra- Cielo no creo que quieras empezar así, mintiendo, sin responderme- comentó acercándose, haciendo que quisiese retroceder, viéndome completamente obligada a permanecer en el sitio a consecuencia del agarre.

Le miré aterrada, siendo consciente de que conocía la existencia de mi hermana, que esa era la razón por la que había venido a buscarme, por la cual iba a torturarme hasta que consiguiese lo que quería de ella.

Traté de deshacerme del agarre, pero era completamente imposible, puesto que la fuerza que ejercían sobre mi era suficiente como para que quisiese echarme al suelo. Sin embargo, no me moví, permanecí en la misma posición, sintiendo como las lágrimas amenazaban con salir de mis ojos, hecho al que no tuve tiempo, pues en apenas un segundo caí inconsciente.


-¿Segura? Kara, aquí no está- apuntó tras observar todos los alrededores del instituto, preocupada- Te ha dicho que se iba a casa, lo mismo está allí.

-No, puede, no lo sé- suspiró su hermana al otro lado de la línea- Jamás a hecho antes, me preocupa que le haya pasado algo- comunicó alterada.

-Lo sé, sé que te preocupa- la respondió mientras volvía repasar para asegurarse de que, efectivamente, no se encontraba allí- Voy a ir al apartamento, ahora te llamo con lo que sea, ¿vale?

-Esta bien- colgó el teléfono.

Avanzó hacia el apartamento sin poder liberarse de la sensación de que había sucedido algo, de que Kaelah no iba a estar en casa, por mucho que la costase creerlo, que quisiese afirmar que no era cierto.

Fue a abrir la puerta del portal, deteniéndose tras localizar una mochila en el suelo, observándola con detenimiento, negando con la cabeza, sin querer pensar que era cierto. Pero no podía negarlo, esa mochila pertenecía a Kaelah, era la suya, no tenía ninguna duda de ello, por lo que cerró los ojos tratando de tranquilizarse, pensando como iba a comunicarle aquello a su hermana. Aún así, trató de tragarse sus propios pensamientos, aquellos que no dejaban de indicarla que la joven se encontraba en peligro, antes de marcar el número de teléfono.

- ¿Está contigo?- fue lo primero que la preguntó nada más descolgar.

- Kara...- se quedó callada, no sabía cómo continuar.

- Alex, ¿dónde está? ¿Qué ha pasado? ¿Qué le ha pasado?- las preguntas se agolpaban, haciendo que se bloquease aún más y no pudiese encontrar una respuesta para ninguna.

- No sé dónde está, alguien se la ha llevado, su..., su mochila está aquí tirada- explicó lo mejor que pudo, escuchando como su hermana respiraba fuertemente, quedándose en completo silencio- Kara...

- Voy...voy al DEO- escuchó como susurraba poco antes de colgar, sin ni siquiera darle tiempo a responder.

Suspiró, ¿dónde estaba? ¿Quién iba a hacerle daño ahora?

Sacudió la cabeza mientras recogía la mochila del suelo para después encaminarse hacia el DEO, sin saber si iba a ser capaz de enfrentarse a su hermana a la cara.


Abrí los ojos dolorida, pero sobretodo cansada, con ganas de volver a dormirme, pero no podía, pues la presencia de aquel hombre me alteraba lo suficiente como para que no pudiese cerrar los ojos.

- Kaelah Danvers, vaya, tienes dos hermanas muy poderosas, ¿lo sabías?- comentó sonriendo- Una de ellas ha estado aquí está mañana, la otra supongo que estaría trabajando o jugando a ser una superheroína- continuó empezando a ponerme mucho más nerviosa- ¿Y tú? ¿A quién de las dos te pareces más?- preguntó acariciando mi pelo.

- No me toques- dije girando la cabeza.

- Vaya, por lo que veo de Supergirl conservas el físico y, bueno, el hecho de que eres un alien- empezó observándome- Sin embargo, pareces haberte contagiado del carácter de la agente Danvers- terminó.

Le miré durante un par de segundos tratando de descubrir hasta dónde sabía de nosotras, ¿Desde cuándo llevaba vigilándonos?

- Cielo, vamos a jugar a un juego, ¿vale?- me miró fijamente consiguiendo que me estremeciera- Quiero que me respondas sinceramente, ¿cómo es tu hermana?- preguntó.

- Buena, salva gente- respondí en apenas un susurro.

Observé como negaba con la cabeza poco antes de que una descarga eléctrica recorriera todo mi cuerpo, consiguiendo que gritase al no esperarmelo, sintiendo como las lágrimas empezaban a hacerse dueñas de mis ojos.

Las preguntas continuaron una detrás de otra, recibiendo descargas a consecuencia de mis respuestas, hasta que mi cuerpo no lo soportó más, consiguiendo que terminase por desmayarme.


Abrí los ojos entre lágrimas tratando de contener mis sollozos, intentando comprender por qué me estaban haciendo pasar por esto. Una nueva descarga recorrió mi cuerpo ante mi último pensamiento, ¿tan malo era pensar aquello?, ya que no comprendía el interés que había en ese hombre por hacerme callar, cambiar mi opinión, mis decisiones, por volverme en contra de lo que más me importaba, mi familia.

Escuché como realizaba una nueva pregunta, consiguiendo que permaneciese en silencio, pues no iba a hacerlo, no iba a responder, no tenía ganas de descubrir que sucedería después de que lo hiciese. Sin embargo, la insistencia de aquel tipo terminó por romper la pequeña y frágil coraza que tenía, respondiendo sinceramente, recibiendo una nueva descarga mientras mis lágrimas volvían a agolparse de nuevo, está vez consiguiendo su objetivo, salir al exterior.

No quería mostrarme débil, darle ventaja, pues era consciente de que de esa forma hacerme cambiar de opinión iba a ser mucho más sencillo. Pero esto cada vez era más complicado, cada vez conllevaba más riesgos, ya que una parte de mí estaba empezando a renegar de todos aquellos conceptos que tuviesen que ver con mi familia, principalmente con mi hermana, hecho que me aterraba, pues sabía que podría ser utilizada en su contra, lo que implicaba hacerle daño a una de las personas que más quería, significaba y necesitaba en mi vida.

A pesar de mi lucha interna, cada descarga que recibía conseguía llevarse una pequeña parte de mí, haciéndome creer que aquello que aquel hombre decía y corregía en mis respuestas era cierto, terminando por destrozarme.

- Bien, una última vez- acarició mi pelo- ¿Cómo es tu hermana?

- Bue...- vacilé durante un par de segundos- Mala- respondí finalmente, aterrada por que una nueva descarga pudiese alcanzarme.

Esperé durante un par de segundos mi castigo, el cual no llegó, haciendo que suspirase aliviada.

Había encontrado la respuesta, mi hermana era mala y, por lo tanto, debía ser destruida.


Gracias por leer,

Ayrin