Disclaimer: El nombre de los personajes pertenece a Stephenie Meyer, la historia es mía. :)
Hola chicas! Aquí les traigo el nuevo capi, actualizando tal cual habíamos quedado mi Beta y yo! Espero esten pasando genial! y quería agradecerles a todas! por los follows, favorites y reviews! Los aprecio mucho! Muah! :*
Un beso y abrazo especial a mi beta Estephany por ayudarme con la historia! Aunq no tengas internet cumples con lo propuesto lo cual me hace sentir bien y mal a la vez jajajaa xq sé que tienes cosas que hacer, créeme que entenderé , todas entederemos Estephyta! jajajaja Gracias! :*
Especialmente GRACIAS a las chicas que se toman un pocotón de su tiempo para dejarme reviews! me alegra leerlas, en serio! GRacias chicas! :') Yolabertay, Cath Robsteniana, Soledad Cullen, Jupy, Steph V17, Majito Ortiz, Cecy Araujo, Carmen Cullen, AnaMa9507, Anilu-belikov (bienvenidas chicas :*)
Capítulo beteado por Estephany Twilighter, Betas FFAD.
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Capítulo 21
POV Bella
Era increíble cómo pudimos pasar de acariciarnos a pelear. Me quedé con las ganas de sacarle el dedo medio, pero ya habría de tener oportunidad. Subí hasta mi departamento. Y como si no fuera suficiente la lucha mental interna por el acontecimiento anterior… tenía a Emmett esperándome con un gesto lleno de preguntas.
—No me mires así, no te diré nada; recuerda que estoy molesta contigo por desobedecerme.
— ¿Por qué no le aceptas Bella? Se ve que es un buen chico.
—No lo conoces, Emmett.
—Ah, ¿y tú sí? Él tampoco te conoce del todo y, sin embargo, está apostando por ti —refunfuñó.
— ¡Eh! ¡Soy tu hermana! ¿Del lado de quién estás?
—Ese no es el caso. Yo quiero que sea mi cuñado.
— ¡Vaya mi suerte! Ahora me escogen esposo.
—Como sea. Me invitó a que lo acompañara mañana a una sesión de fotos en D&G. ¿Me dejarás ir o tengo que pedirle permiso a papá? —Me dio una sonrisita, a la cual yo solo hice un mohín.
—No te atreverías —dije amenazándolo.
—Claro que sí lo haría —sostuvo—. Permíteme acompañarlo o le explico a papá el porqué de tu negativa a dejarme ir.
—Te pasas, Emmett. —Fui a la cocina.
— ¿Por qué lo mantienes oculto? ¿Sabes? Hoy, él me dijo que le gustaría que conocieras a su hermano mayor, pero, como vive en otra ciudad con su esposa e hija, no se ha podido.
—Humh… —Puse los ojos en blanco mientras tomaba un sorbo del vaso con agua—. ¿Y tú le creíste?
— ¿Por qué no habría de hacerlo? Se veía muy sincero, hasta me mostró unas fotos de su familia que tiene en la billetera. Si te casas con él, tendré sobrinos guapos para jugar baseball.
Boté el agua por la boca. Este niño loco apenas lo conoce y ya me imaginó con hijos de él. Pobre mi hermano, le lavaron el cerebro.
—De verdad, Emmett… tengo miedo contigo; te dejas convencer muy rápido por la gente.
— ¡Qué miedo ni qué nada! Soy hombre, Bella; yo sé cuándo mienten, y tu Edward hablaba en serio. Las clases policiacas de Charlie me han servido mucho, créeme. Es más, él me pidió que analizara bien a cualquier chico que se te acercara. Él piensa que, después del problema que hubo con Caius, tú ya no ibas a contar nada sobre novios. Y como estás lejos de Forks, pues… tuvo razón, ¿no?
Mi Charlie… pensando que le había perdido la confianza después de lo de Caius… Lo cierto era que no le comenté nunca acerca de James y Marcus, porque no las vi como relaciones serias. No quería decepcionarlo presentando a tantos chicos con los cuales no llegaría a ningún lado más que a una cama. A estas alturas no podría imaginarse que yo fuese virgen; al menos no después de Caius…
—Si no le he dicho nada es porque tengo motivos, mas no por desconfianza. Y bueno, el tema "Edward Cullen" se acaba aquí. —Me fui a tomar un baño de agua caliente.
Cuando salí, Emmett estaba en la cocina; preparando la merienda.
Tenía la radio encendida y la música recorría con joviales tonadas todo el departamento.
La ira que momentos atrás me invadía se había esfumado, y ver cocinar a mi hermano me causó ternura. Siempre lo había visto tan pequeño. ¡Vamos! ¡Yo le cambié los pañales! Y ahora estaba más alto que yo, y con músculos fornidos.
— ¿Estabas en un gimnasio en Forks?
— ¿Ah?... Por fin se te pasó… No, Charlie compró unas pesas porque disque iba a hacer ejercicio, pero terminé usándolas yo. —Sonreí por mi Charlie.
—Charlie… Charlie… —canturrié.
—Sí, nuestro viejo ya no avanza.
— ¿Y cómo así le dio por hacer ejercicio? —Emmett volvió a mirarme sonriendo.
—Por mamá. Tú sabes que Charlie es un poco celoso.
— ¿Por mamá? ¡Charlie, cuándo cambiarás! Pero si sabe que Leah lo ama solo a él.
—Pero ahí está. Creo que se puso así desde que tenemos vecinos nuevos. Es que un hombre solo se mudó a la casa más próxima; la de los Brigde. Y, como mamá siempre va a hacer las compras; de ley tiene que pasar por allí. Y bueno… no sé qué pasa por la mente loca de Charlie.
—Voy a hablar con él; tengo que burlarme de ello. —Sonreí.
—No, ni le digas nada. Eso ya fue tiempo atrás. No sé qué hizo mamá, pero se le quitaron las ganas de ser celoso.
Leah… Leah… Leah… Mi mamita. Solo puedo imaginar dos cosas que pudo haber hecho para convencer a papá sobre su amor hacia él.
— ¡Qué risa! Este viejito bello. Ya va entrando a la andropausia. —Emmett sonrió por mi comentario.
—Bella…
—Dime. —Fui a preparar la mesa.
— ¿Ya no me vas a dar mi sorpresa? —Me detuve un momento y pensé si debía dársela.
—Si prometes no hablar más sobre mi relación con Edward Cullen… —Soltó el cucharón con el que removía el arroz.
—Qué mala.
— ¿Lo tomas o lo dejas?
—Lo dejo.
— ¡Emmett!
—Al contrario de ustedes, las chicas, nosotros no nos vendemos. Eso es lealtad de hombres.
—Emmett, yo soy tu hermana —le dije sarcásticamente.
—Bueno, vamos a comer. —Y comenzó a servir la comida, evadiendo mis palabras.
Pronto estuvimos merendando y poco a poco empezó nuevamente a charlar sobre Edward Cullen.
—Sabes, hoy Edward me llevó a algunas sesiones fotográficas. Es increíble ver cómo las hacen. Las chicas son guapísimas. Me hice amigo de una californiana, se llama Lissy; es súper guapa y más que todo, amigable…
Y así siguió casi toda la noche; hablándome de su mini-tour con Edward. De lo bien que se había portado, lo que almorzaron, la cafetería de su amigo Collin, de la familia de Edward… Cada vez que me hablaba de él, lo hacía como si fuese su ídolo. Me di cuenta de que Emmett realmente lo admiraba. De alguna forma, Edward se había ganado el corazón de Emmett. Y no era que no lo hubiese intentado conmigo. Es más, le daba crédito porque cuando quería podía ser muy útil, pero, no entendía por qué yo era tan fría. Últimamente, no lo había visto con chicas, y cada vez que lo veía estaba trabajando u observándome…
Y recién allí, solo allí, me di cuenta de que Edward realmente estaba tratando de cambiar. Pero, lo que no podía creer era que fuese por mí. Lo que esta noche me dijo… Parecía sincero, y nunca vi a Edward tan molesto como hoy…
No era que me dejaba convencer por Emmett; pero, creía que sí estaba siendo un poco dura con Edward.
Y así, como un rayo que caía en la lejanía de un estado poblado, que asustaba a los más pequeños por su caída espontánea y sonora; mi mente, no mi corazón, se atrevió a imaginar una escena en donde Edward y yo éramos pareja.
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.
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Me levanté con dolor de cabeza.
Tontas rosas, odio su aroma, me producen nauseas…
Me puse de pie para ir hacia la sala y abrir la ventana. No me gustaba el olor, pero el color era bonito. Eran unas rosas de un rojo tan vivo, que inclusive vi unos cuantos botones abriéndose. Al parecer, él había comprado un mezclado entre rosas muy jóvenes y unas maduras, para que duraran más tiempo. Lo malo era que yo no soportaba el olor.
El frío era bueno aplacando aromas, y tan pronto como abrí la ventana, el olor se fue disipando. Fui al cuarto de visitas a revisar que tal estaba Emmett y lo encontré bien dormido, acurrucado con las cobijas. Cerré la puerta para que el frío no calara del todo en su habitación.
Rápidamente, preparé un batido de papaya y le llevé un vaso a Emmett. Leah, nuestra madre, siempre hacía eso con nosotros, por lo que, cuando me mudé a vivir sola, seguí la tradición porque ya no podía vivir sin ella; estaba acostumbrada a beber jugo muy temprano en la mañana.
—Emmett, despierta, toma el jugo.
—Mmm… —dijo somnoliento y se sentó en la cama—. ¿De qué es? —preguntó.
—Tú solo bébelo.
—Podría ser veneno… Bulma —habló dormido.
¿Bulma? ¿Quién es Bul...? Ah… la esposa de Vegeta.
—Puff. —Y me reí de él—. Es de papaya, bobo. Y soy Bella, no Bulma. — Me seguí riendo.
Dormido, bebió todo el jugo, me dio las gracias y se acostó nuevamente diciendo:
—Me dejarás arroz, ¿verdad?
Me seguí riendo. Él verdaderamente estaba dormido. Yo pensaba que eso se le había pasado con la edad, pero ya vi que no.
— ¿Arroz? Si te refieres al desayuno, te dejaré colada, tú te preparas el pan.
— ¿Pan? ¿Y Milk?, ¿dónde está? —Esto me empezó a preocupar. Creo que debo controlar sus horas para ver Gokú…
—Emmett. —Lo meneé—. ¡Emmett! —Lo meneé más fuerte para que despertara—. Escúchame: para salir de la habitación tienes que ponerte abrigo porque abrí la ventana. ¿Entiendes?
—Sí, sí… Abrigo —murmuró. Tiene el sueño pesado.
Tan pronto como terminé con él me fui a preparar la colada; mientras ésta hervía me lavé los dientes y preparé la ropa con la que iría a trabajar. Una vez que se terminó de hacer, tomé un baño de agua caliente y me vestí como un bólido porque estaba atrasada.
"Tin, tin", sonó el timbre de mi departamento.
Con el blazer a medio poner, fui a abrir la puerta y encontré a un joven con una bufanda enredada en su cuello.
—Buenos días. ¿Es el departamento de la Señorita Swan?
—Sí, esa soy yo. ¿Se le ofrece algo? —pregunté a su vez.
—Sí, vengo a recoger unas rosas.
Me quedé mirándolo sin comprender muy bien lo que había escuchado.
Edward…
—Son unas rosas rojas que traje el día de ayer —comentó ante mi reacción.
—Sí, ya se las traigo. —Me fui riendo por lo bajo al ver las rosas.
Es increíble que me esté sucediendo esto, me las regala y luego me las quita por la pelea que tuvimos.
Mientras las recogía de la mesita, no paraba de burlarme de mi misma.
Esto es algo gracioso de contar. Michelle se reirá mucho con esto. Me pasa cada cosa…
Llegué hasta la puerta con ellas y se las entregué.
—Tome, son las que trajo ayer.
—Sí, pero el bol debe quedárselo —dijo y sacó el ramillete de un jalón; se agachó hacia la izquierda y mientras yo estaba anonadada porque no entendía sus acciones, puso ante mis ojos otro arreglo floral, uno de orquídeas. Era simplemente mágico ver los pétalos rosados abrirse para mostrar el tierno color; los sépalos rociados de pequeños puntos color morado y, tras de ellos, un fondo blanco se difuminaba para llegar al labelo de color magenta combinado con bordes naranjas. Era una orquídea con una gama de colores vivos, demasiado hermosa. Me quedé sin habla.
—Es una Phalaenopsis. Le aconsejo que no la ponga muy cerca de la ventana; trate de colocarla tras una cortina no muy pesada que filtre los rayos directos del sol, y evite que reciba demasiado frío.
Me hizo una seña. Puse el antiguo bol que contenía las rosas en el suelo y tomé el decorado de orquídeas. Estaba sobre un macetero de porcelana con forma de cisne color blanco, decorado a sus costados con relieves en tono plata que formaban unas bellas estructuras curvilíneas semejantes a unas elegantes plumas que constituían las alas.
—Es todo, señorita. Que pase buen día —se despidió el muchacho.
Cerré la puerta y me dirigí a cerrar la ventana para ponerlas en el mismo lugar donde se encontraban anteriormente las rosas; me senté en el sillón contiguo y me quedé observando la majestuosidad del macetero. Mientras tocaba la orquídea noté que entre sus hojas había una nota que decía:
"Observar este ramo es ver un pedacito de lo que eres y representas para mí. Espero que algún día me permitas llegar a ti. Edward Cullen."
"Swan"… significa cisne… Por eso me ha regalado esto. Qué detallista.
Me sentí mal por recibir el regalo, debía habérselo devuelto al repartidor, pero me quedé helada al ver semejante obsequio.
Edward… Edward… ¿Qué voy a hacer contigo?
Ésta era la razón por la que no me gustaba recibir obsequios. Apreciaba el detalle pero, siempre que recibía los obsequios, me embargaba una sensación de deuda, sí; me sentía en deuda con las personas que me regalaban algo.
Michelle me decía que los recibiera sin compromisos, pero no podía. Lo había intentado, pero no estaba en mí hacerlo.
Me puse nerviosa. No quería ir al trabajo porque sabía que vería a Edward; me di cuenta de mi inseguridad y me levanté rápidamente.
No. Bella Swan no se intimida por nadie.
Le di un último vistazo a la orquídea y me dirigí al trabajo.
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Llegué a Valenti y todo estaba callado; aún no había mucha gente dentro de la empresa. Bajé a mi oficina y me quedé sentada revisando e-mails. En la Tablet, que se me había olvidado llevar el día de ayer a casa, había un mensaje de Michael, en donde al parecer se retiraba por una temporada. Me dejó un mensaje vía Skype y era un tanto preocupante:
"Hoy 03:02 am.
Srta. Swan. Disculpe que no pueda llamarla para comunicarle, pero se me ha presentado un imprevisto familiar y debo viajar a Londres. Mi madre no está bien de salud y ha pedido mi presencia. Sé que mi salida causará problemas porque no hay un fotógrafo suplente, pero he charlado con un colega que llegará cerca de #Faltan textos#%%#%&$$#%#$%"
El mensaje no había sido enviado correctamente y no decía la hora exacta en que llegaría el suplente para recibirlo. No podía llamar a Michael porque aún debía estar viajando.
—Hola, buenos días Bella.
—Buenos días, Edward —dije mientras acariciaba mi frente, estresada por el mensaje de Michael.
— ¿Sucede algo? —preguntó preocupado.
—Más o menos. Eh… por cierto —carraspeé—. Gracias por el obsequio…
—De nada. Ayer Emmett me comentó que las rosas te causan nauseas también, así que decidí cambiarlas. Espero que te hayan gustado.
—Sí, me encantan. —Me levanté del asiento y caminé un poco hacia el archivador de la izquierda—. Pero, me temo que no puedo aceptarlas.
— ¿Por qué? No te gustaron, ¿verdad? —preguntó con un tono decepcionado.
—No, no es eso. Son realmente lindas. Es solo que…
Sentí que se acercaba y me senté en el filo del escritorio.
—Entonces, ¿qué? —me dijo arrimándose al archivador frente a mí.
—No soy muy buena recibiendo regalos —declaré acariciándome el brazo. Sonrió de lado por ello.
—Los regalos que te gustan no, pero los que no te interesan sí; creo que algo no está bien en esa cabecita —dijo burlonamente.
— ¿Qué?
—Por las rosas no pusiste tantas objeciones y es claro que no te gustaban. Es verdad, me diste un agradecimiento sarcástico pero, agradecimiento al final, y no las devolviste. —Sonreí y puse los ojos en blanco. Él sonrió abiertamente al ver mis gestos—. No me debes nada, si eso crees. Míralo de esta forma; me complace regalarte cosas, así que, me haces dichoso recibiéndolas. Si tú eres feliz yo también lo soy, ambos ganamos.
— ¿Edward Cullen diciendo palabras tiernas? Guao. —Lo miré risueña, más bien, me burlaba.
—Bueno, hay personas que saben sacar el lado bueno de la gente. —Me miró a los ojos y se acercó un poco frente a mí, por lo que tuve que observar hacia arriba, él era alto.
Solo sonreí por su respuesta, acercó su mano a mi cuello y con el dorso de sus dedos comenzó a acariciarlo desde el inicio hasta llegar al mentón, en donde su mano abarcaba mi mandíbula y con su pulgar acariciaba suavemente mi mejilla. Observaba esos ojos celestes, tan claros y, desconcertantemente, tan sinceros en ese momento, que por un minuto me permití estar embelesada. Con movimientos lentos fue bajando a poseer mis labios y…
— ¿Bella Swan? —preguntó una voz que reconocería en cualquier lugar, Edward retiró su mano y lo observó molesto mientras yo me esforzaba por formar una sonrisa en mis labios, me di vuelta.
—Sí, hola Marcus.
¿Qué creen que hizo Leah para convencer a Charlie? ¿Recuerdan a Marcus? ¿Qué piensan que sucederá con él? ¿Por qué Bella poco a poco se está permitiendo cosas? muchas preguntas y respuestas cortas que ustedes saben! jajaja o al menos imaginan, pero no se puede estar muy seguro con ellos, xq son algo volubles x3 Nos leemos! :*
