Tela de araña

Capítulo 21-Encuentros

-Potter.- musitó muy suavemente.- No llores. No voy a perdonarte.- El aliento se quebró dentro de los labios del hombre moreno.- Pero…-musitó casi en silencio.- Yo también te necesito.

Draco soltó suavemente a Potter, apartándose apenas para coger de nuevo la taza de té, y tomar un trago caliente. El bebedizo fue un bálsamo contra la intensidad de los últimos minutos, de todo lo que había escuchado, y que todavía necesitaba digerir.

Poco a poco la tensión empezó a abandonarle.

Mientras, a su lado, Potter también parecía más tranquilo, parpadeando rápidamente para eliminar la humedad todavía prendida a sus pestañas (aunque no había derramado lágrima alguna).

Por un momento se hizo un silencio extraño, amable, casi tranquilo, después de todo lo que se habían dicho. Como la calma después de una tormenta.

Hasta que Harry decidió preguntar.

-Draco…-

El espía le devolvió la mirada inquisitivamente.

-¿Si?- había una sombra en la comisura de su boca, y en el gris de sus ojos. Como si las palabras que habían intercambiado hubieran dejado un aura palpable en él.

Harry tragó saliva, intentando deshacer el nudo que se le había hecho en la garganta. Sabiendo que no podía esperar ofrecerle alivio, pero aun así…

Suspiró para sus adentros. Debería estar agradecido de que aun estuviera dispuesto a hablarle.

-Estaba pensando- dijo suavemente. -Que podríamos volver al bosque Oscuro. Es un lugar seguro, alejado del mundo mágico…

-No.- le interrumpió Malfoy sin permitirle terminar la frase.- Si Severus ha sobrevivido vendrà aquí.

Potter cogió aire, queriendo insistir. No sabía cuán segura podía ser esta casa, y después de la caída de Hogwarts no estaba dispuesto a esperar a averiguarlo. No cuando podía llevar a Draco al bosque, a refugio… y a donde era mas necesitado. Pero antes de llegar a hablar, Raksa le detuvo. "Déjalo estar, podemos esperar unos pocos días si eso le tranquiliza."

Harry frunció los labios, terco, discutiendo internamente. "No sabemos si este sitio es seguro."

"Draco no habría venido aquí si no creyera que lo es." Insistió el Guardián.

"Hogwarts también parecía seguro…"

"¡Por el amor de Dios, Harry! ¿Es que no ves que necesita tiempo? ¡Está exhausto! Snape era importante para él. Y si le presionas sólo conseguirás herirle. ¿Es eso lo que quieres?"

El antiguo Gryffindor bajó la mirada, de golpe consciente de la situación. ¿Si Snape hubiera sido una de sus acromántulas, no habría querido Harry también esperar?

-De acuerdo, esperaremos.-dijo al final.

Pero no tuvieron que esperar mucho.

-¿Es aquí?- Lucius recorrió con la mirada el parco edificio que acababa de aparecer ante él. Habia estado muy bien guardado, pero una vez al descubierto dejaba mucho que desear; la pintura desconchada y purulenta, de un marrón ceniza, el ladrillo ajado, la madera carcomida de puertas y persianas…

La antigua casa de Severus Snape seguía tan austera y sucia como siempre, solo algo más vieja que la última vez en que había visitado el lugar, más de diez años atrás. Cuando las barreras todavía le habían aceptado.

-Debería haberlo sabido.-frunció el gesto con ligero disgusto, escudándose tras la flema aristocrática, para no dejar ver la tensión agarrada a sus entrañas.

Severus se limitó a adelantarse para abrir la puerta. Los hombros tensos bajo la túnica prestada por Lucius, y el paso renqueante, todavía no recuperado de sus heridas, a pesar de los conjuros sanadores recibidos. Demasiado consciente de lo que podía aguardar dentro, para lanzar una de sus hirientes respuestas.

No sabía si Draco y el dominante habían logrado escapar, ni si, de haberlo hecho, habrían venido aquí, a pesar de las últimas palabras que le había ofrecido.

Lucius estaría furioso si su hijo resultaba no estar presente, pero su reacción si lo estaba… podría ser peor.

¿Cómo respondería al saber a su hijo encinta? (El ritual de contención aplicado hacía tantos años, roto.) ¿Y al descubrir que el dominante responsable provenía del bosque? No sería de forma positiva. No con la historia pasada de sus especies.

Por esa razón Severus había elegido callar, hasta que Lord Malfoy pudiera ver con sus propios ojos lo sucedido.

Aunque no podría culparle si respondía violentamente. Él también habría hecho algo al respecto de haber tenido menos control sobre sí mismo, màs tiempo, y medios. Pero lo único que había podido ofrecer, había sido una vaga advertencia acerca del bosque, y la orden de venir aquí.

Ahora solo podía confiar en que Draco le hubiera escuchado. Y que Lucius supiera mantener el control el tiempo suficiente para averiguar cómo había llegado a suceder esto.

Abrió la puerta.

Al penetrar en el vestíbulo el perfume de la casa se les abrazó como un sudario de polvo, aire mucho tiempo estanco..., y el aroma dulce, casi empalagoso, de un submisivo en cinta.

Lucius sintió el encuentro como un golpe en el plexo. Sus pupilas se contrajeron violentamente de forma instintiva, mientras sus fosas nasales se dilataban para captar cada matiz del olor, cada pequeño detalle que pudiera aportarle algún conocimiento sobre el otro…

Todo él se estremecía por un segundo con la quitina flexionandose bajo la epidermis, al reconocer al submisivo.

-Draco...

(Draco, Harry)

El abrirse de las barreras màgicas en torno a la casa hizo que los dos se levantarán en la acto del sofà, el te olvidado.

Un segundo después Draco ya se movía hacía la entrada.

-¡Draco, espera! Deja que vaya yo delante, no es seguro que sea Snape.- llamó Harry agarrándole el brazo, pero el rubio se lo sacó de encima con un gesto brusco, claramente irritado

-Sólo él podría saber cómo entrar además de mi.-le cortó de forma hiriente, buscando acabar ya con la conversación para poder ir al encuentro de la única familia que le quedaba. Aunque no fuera tan tonto para no tomar precauciones. La varita firmemente ya en la mano. (Porque a pesar de saber que solo podía ser su tío, quizás alguien podría haberle seguido… o haberle obligado a traerlo aquí.)- Y aunque no fuera él, Potter, -puntualizó férreamente- tampoco me habría escondido detrás de ti.

Le dio la espalda sin esperar respuesta, y siguió andando con el dominante solo unos pasos por detrás.

Salieron al pasillo que daba a la entrada, preparados para encontrar enemigos, a Snape… pero no para Lucius.

Fue un segundo extraño; los cuatro hombres en el mugriento pasillo de muebles viejos y papel de pared ajado, mirándose dos a cada extremo. Como dos bandos de una contienda.

Un hombre de cabello plata, y otro de mechones tinta, acompañándose y observando a la pareja gemela a solo unos pasos.

Draco tragó saliva, contemplandolos a ambos; Su tío, a salvo, algo ajado por el combate de anoche… pero vivo y entero. Y su padre… ese hombre al que había creído que no volvería a ver, salvo quizás si era capturado, para presenciar su ejecución.

Siempre frío, hastiado… Porque los recuerdos que tenía de su infancia, y que eran de un hombre diferente y cálido, amable y tierno, aunque solo fueran en la privacidad de su casa para con su familia y un único amigo que había sido como un hermano, hacía mucho que se habían difuminado, deslavado y enterrado en los años que habían venido después.

La traición de Severus solo había sido la última gota que colma el vaso, y que demostraba más claramente que ninguna otra cosa, cuanto había tenido que cambiar Lucius Malfoy, para que él le abandonara.

Unirse a Severus en la traición había sido sólo lo correcto y necesario. Para recuperar el mundo que había sido devorado por las tinieblas, para enmendar los actos de su padre… al menos al principio, cuando todavía tenía un resquicio de esperanza para él.

Pero los horrores que había presenciado de sus manos, la rabia tras la marcha del que otrora fuera como un hermano, su crueldad… habían terminado por apagarla.

Y sin embargo, ahora que volvían a encontrarse después de haberse descubierto su propia traición, no podía creer lo que veía.

La máscara helada de Lucius Malfoy yacía rota y abierta, para dejarle ver al hombre. Y quien le observaba no era otro que el padre que recordaba de su niñez. La mirada limpia y dolorida, llena de cariño e incertidumbre mientras le observaba. Una mano apenas extendida como queriendo tocarle, sin atreverse.

Draco tragó saliva.

-Draco…- le llamó su padre.

Lucius se sintió estremecerse de forma incontrolable, cuando su hijo apareció al final del pasillo;. Vivo, entero… encinta.

En el instante en que le vió ya no tuvo ojos para nadie más, para nada más que él. Estaba evidentemente cansado, ojeroso y desarrapado. Casi al borde del colapso, y sin embargo, la delicada palidez translúcida de su piel hablaba de un Viuda Blanca sano y floreciente. El perfume que emanaba tan limpio y puro…

Nunca había creído que volvería a percibir a uno de los suyos encinta. No desde que tuviera que sellar su araña para salvarle la vida. Y sin embargo, aquí estaba… no solo había sobrevivido, había prosperado, cambiado, florecido en lo que debería haber sido, si la sangre humana de su madre no le hubiera hecho tan débil.

Nunca se había sentido tan orgulloso… ni aterrado.

-Draco… - le llamó casi sin voz.

Draco dio un paso hacia su padre, indeciso. Había querido por tanto tiempo ser llamado de nuevo con ese cariño… pero…

La mano de Harry se cerró sobre su brazo reteniéndolo.

Y fue en ese momento cuando Lucius finalmente reparó en él.

A su espalda, Severus que había permanecido en silencio observando el reencuentro de padre e hijo, emitió un sonido estrangulado, al salir el acompañante de Draco a la luz macilenta de la única lámpara de la entrada.

-Potter.

Harry se quedó helado, solo ahora recordando que seguía en su forma humana, reconocible…. Vulnerable.

-¡Maldición!- aprovechando el agarre que ya tenía en torno al brazo de Draco, tiró de él para ponerlo a su espalda, a salvo de los otros dos.

Draco trastabilló al ser arrastrado, de repente inestable, el corazón en un puño.

Lucius emitió un Gruñido bajo, amenazante. Y dió un paso adelante, mientras su piel iba adquiriendo el tono blanco hueso de la armadura quitinosa de la araña.

Harry respondió mostrando los colmillos agresivamente, empezando ya a mutar a su forma híbrida. Pero más rápido de lo que había creído posible, Lord Malfoy le agarraba por el cuello aplastàndolo contra la pared con un golpe sordo y desagradable, que hizo crujir su cráneo.

El siseo que surgió de los labios rojo sangre del aristócrata, apenas tenía nada de humano;

-¿Como te atreves a mostrarme los colmillos en mi propio territorio, muchacho? -

Harry agarró el brazo que le sujetaba y levantó la mirada para contestarle con desprecio, esperando otro viuda dominante. Pero el rostro del otro hombre se había transformado en una máscara de pesadilla que apenas tenía un parecido con lo que eran él, o Draco…

En vez de dos ojos, cuatro pares de ellos le contemplaban con odio gris bruñido, encajados en una máscara de quitina gruesa como esmalte de hueso, donde el único rastro de color eran unos labios finos, retorcidos en una mueca violenta, de un rojo intenso y húmedo como el de la sangre recién vertida. Entre ellos, dos pares de colmillos arácnidos empapados de veneno, se habían extendido posados para atacar.

Acostumbrado a su propio reflejó monstruoso, Harry apenas llegó a impresionarse, pero nunca había visto una cosa semejante.

-...¿Que… eres?...- jadeó. No podía ser un viuda. No con ese aspecto inhumano en una fase de cambio tan temprana.

Lucius no pudo evitar reírse amargamente.

-El último Viuda puro que queda, Potter.

-... ¿Qu..?-

-Parece que tenemos mucho que hablar… los cuatro.- interrumpió finalmente Severus, rompiendo la tensión.- Serà difícil conversar con Potter si lo matas, Lucius.

-Padre.- apoyó Draco, sintiéndose incapaz de decir nada más.

Apenas acababa de congraciarse con Potter no hacía una hora, presenciado la caída de Hogwarts sólo unas pocas horas antes… Ahora ver a su padre transformarse…

Sus nervios estaban ya demasiado desgarrados para soportar además un arranque de violencia, y seguir manteniemdo una fachada de compostura… o cordura.

Lucius volvió la mirada de sus ocho ojos a su hijo, y vio en el sutil temblor de sus dedos, la expresión desgarrada de su rostro…

Soltó a Potter, apartándose de él para acercarse a su pequeño.

-Draco...- musitó suavemente, no sabiendo qué decir, cómo comunicar el tifón de sus propios sentimientos. La culpa, el amor, la rabia u el orgullo. Tan ardientes que parecían estar disolviéndole como ácido las entrañas.

Severus, siempre práctico e imperturbable, tomó las riendas del momento, antes de que Potter recuperara el aliento suficiente para pensar en atacar a Lucius.

-Pasemos al salón. Haré algo de té.-

Continuarà

Nota: Y aquí a ido el nuevo capítulo, espero que os haya gustado tanto como a mi escribirlo por fin. El siguiente serà el desvelo de la mayor parte de la trama, ya por fin. No sé si será lo que os esperabais. Algo anticlimatico quizás después de tanto tiempo. ^-^u Estaré deseando saber vuestra opinión.