Todos, alumnos y profesores, salieron de la Death Room con una sonrisa -leve a veces, de oreja a oreja otras veces-. Todos menos Kim, que paró a Lene de camino a la enfermería y la llevó a un pasillo alejado del revuelo para hablar con ella a solas.

-¿Qué pasa? -preguntó Lene, antes de caer en que había mencionado algo de "cosas que sabía y no le había dicho".

Kim se mordió el labio inferior, sin saber muy bien las palabras que escoger.

-Verás, Lene, respecto a lo de antes...

-Me da igual -cortó la joven con indiferencia-. Ya es agua pasada. No le des más importancia.

-¡No, déjame disculparme como es debido! -insistió Kim.

Lene se encogió de hombros, y le indicó que prosiguiera. Ella tomó aire y comenzó a relatar la historia de la joven.

-Cuando llegaste al palacio de Mabaa, yo no había desarrollado mi magia, y aún me aceptaban allí. Por eso, fui testigo de cómo las brujas utilizaron la Máquina de Manipulación de la Moralidad para borrar todos tus recuerdos y las emociones que te traían con ellos.

-Espera -interrumpió Lene, perpleja-, ¿cuando llegué? -Estaba empezando a creer que aquel sueño en el que vio a su madre biológica morir y a la bruja que la había criado ofreciéndole su mano era de verdad parte de su pasado. Estaba confundida ahora.

-Sí. Te trajeron y, tras "lavarte" el cerebro, te criaron como a una más. Más tarde, cuando cumpliste los once años, pasó algo que no entendí del todo: tu madre desapareció y a ti te hicieron algo raro, que no averigüé hasta que Azusa se puso con la investigación.

-Sí, me cargué a mi madre y me inyectaron a la Pica -cortó ella sin darle la más mínima importancia-. Un momento -dijo, después de un pequeño silencio-, ¿durante cuánto tiempo llevaba Azusa investigándome?

-Desde que percibió unas irregularidades en el área de Death City algunas noches, según lo que me ha contado. Fue cuando sospechó de las brujas y acudió a mí. Hasta entonces, yo no había caído en quien eras; ya sabes, las coletitas, la altura -y Kim no lo dijo, pero pensó que también la ingenuidad de su sonrisa y su mirada-, muchas cosas han cambiado en ti. A partir de los datos que le proporcioné del pasado que conocía de ti, que tampoco era mucho, continuó analizando datos, buscando referencias... Y llegó al perfil de una persona: Nicole Evans, madre tuya y de Soul. Bruja. Fue una de las pocas que consiguió infiltrarse en Death City y establecerse como un ciudadano más, incluso formando una familia -Kim esperó encontrar alguna reacción en Lene, pero lo único que halló fue plena indiferencia-. Partiendo de ese dato, sólo nos quedó confirmar nuestras sospechas... y verificamos que tu sangre no era de bruja pura.

El silencio de adueñó del pasillo durante unos momentos eternos para Kim. Lene se limitó a mirarla fijamente, aunque sin mucho interés.

Apoyada en la pared, y con los brazos cruzados, se limitó a contestar:

-Vale. ¿Y?

Kim apartó la mirada y la dirigió a sus pies.

-Nada, sólo eso. Me sentía mal por no habértelo dicho en estos dos meses de investigación. Además, me siento estúpida por no haberte reconocido. Perdóname.

Lene se incorporó y le regaló una sonrisa que hizo cambiar de expresión a la chica.

-No tienes por qué disculparte. Soy yo la que ha traicionado aquí a todo el mundo. Además, es agua pasada. No vuelvas a mencionarlo, ¿de acuerdo?

Kim no pudo contenerse. Se aferró a la joven en un abrazo que sobresaltó a la rubia.

-Gracias -susurró, ahogando las palabras entre las ropas de Lene.

-No hay de qué -le contestó, respondiéndole al abrazo.

Pese a lo que pudiera parecer, a Lene aún le estaba costando asimilar lo que Kim le había revelado. Habían estado siguiendo sus pasos cada vez que había acudido a la llamada de la Pica... Podrían haberla descubierto. Y eso que había dicho Kim, eso de la máquina... Ahora le cuadraba todo. Por eso no recordaba su niñez junto a las brujas.

Las dos se separaron. Y Kim se despidió de ella, ya con una mejor cara. Ambas salieron en direcciones opuestas de aquel pasillo.

Ahora era a ella a la que le había decaído el ánimo, pese a lucir todavía una sonrisa en el rostro. Toda su vida había sido una mentira, algo utilizado, a merced siempre de las brujas.

Y ahora pensaba eliminarlas de su vida. Pero entonces, ¿qué quedaría de ella?

-¡Leeeeene! -Chilló Maka junto a Soul, que aún necesitaba sujetarse de ella para mantenerse en pie-. ¡Por aquí!

Lene acudió a la carrera a su lado. Los tres juntos se encaminaron hacia la enfermería, donde Tsubaki se recuperaba lentamente. Por desgracia, no podría ir a la fiesta.

-¿Estás bien, Soul? -le preguntó Maka a su arma, la cual asintió levemente, con el cansancio reflejado en la mirada.

-No es nada. Como ya ha dicho Nygus, sólo necesito dormir...

-No comprendo -interrumpió Lene, que se había sumido en sus cavilaciones-. Ya no me queda nada. Mis madres están muertas, las dos. Me he liberado de la Pica, pero he traicionado al Shibusen. Nunca nadie podrá confiar en mí plenamente. ¿Qué me queda ahora? ¿Adónde pertenezco? ¿Quién soy yo a partir de hoy?

Los ojos habían comenzado a lagrimearle. Maka no dijo nada. No sabía qué responder a eso.

-Cállate si lo que vas a soltar son estupideces -intervino Soul de forma nada delicada-. Lene, eres mi hermana, eres una Evans, y estás en la Academia. Tú perteneces a mi familia, y el Shibusen es lo que debes proteger a partir de ahora. Somos tu gente, y también lo eres tú para nosotros. Te protegeremos y ayudaremos en lo que haga falta, sin importar lo que nos cueste.

Lene miró a Soul, que ahora esbozaba una sonrisa que parecía dolerle. Se secó las lágrimas con el dorso de la mano y asintió con energía.

-Gracias, hermano.

-No sabes lo bien que suena eso -le contestó, deleitándose con la palabra "hermano".

Lene rió. Hacía mucho tiempo que no sentía la plenitud que esas palabras le habían dado.

-Y ahora... ¡a descansar para la fiesta de esta noche! -añadió Maka antes de cruzar las puertas de la enfermería, donde Black*Star esperaba a que Tsubaki despertase con la cabeza gacha y las manos entre las piernas. Ni siquiera alzó la vista cuando entraron sus amigos.

Maka tumbó a Soul en la camilla y lo arropó hasta los hombros.

-Intenta dormir, Soul. Debes reponerte pronto -le dijo Maka en un susurro.

Antes de que se alejara de él, la llamó suavemente, con cuidado de no molestar a los demás.

-¿Qué pasa?

-Ven, acércate -la apremió Soul con un gesto de la mano. Ella hizo caso, y se agachó levemente sobre él -. No, no, un poco más cerca...

Maka descendió un tanto más la cabeza, y acercó el oído a su oreja. Pero Soul ignoró el gesto para alzar la cabeza y sellarle los labios con un suave beso. Después de eso, cayó dormido sobre la almohada.

Maka, aún estupefacta, se rozó con manos temblorosas los labios. ¿Había eso sido real, o la mente le había jugado una mala pasada?

"Soul me ha besado", era lo único que ocupaba su mente.

Se mantuvo unos instantes contemplándole, viendo cómo su pecho subía y bajaba con su acompasada respiración. Había sido un beso tímido y corto, pero ahora lo atesoraba en su mente como el mayor de los regalos.

"Espero que no haya sido por la fiebre", se dijo mientras salía de la enfermería para acudir al último periodo de clases.

.

Lene se había tirado de mala manera sobre la camilla, y ahora reposaba mirando al blanco techo, con las manos entrelazadas sobre su estómago. Ahora pertenecía allí, sí, pero le faltaba algo...

...Algo que cruzó el umbral de la puerta un segundo después.

-Sabía que estarías aquí -la voz de Kid la hizo girar automáticamente la cabeza en su dirección.

Al verle, recordó lo que había dicho en la Death Room: estaba enamorado de ella.

La amaba.

-Kid -le dijo, incórporándose. Él se sentó a su lado y la miró con tanta intensidad que a Lene le costó matener la mirada.

-Lo siento de veras -dijo ella.

-Deja ya de disculparte, tonta -cortó el con una sonrisa-. Lo que cuenta ahora es que nada impide que esté yo aquí y ahora.

Lene sonrió, agradeciendo así a Kid todo lo que había hecho por ella. Y no habían sido pocas cosas.

El ámbar de sus ojos volvió a embriagarla. Sintió de repente que volvía al momento en que se conocieron, tan abruptamente y de forma tan borde. Ahora aquella enemistad se había convertido en algo totalmente distinto.

Algo que se manifestó en un beso lleno de ternura y sinceridad.

Lene se abandonó a aquella snsación de plenitud completa que acababa de manifestarse en su pecho. Juntó sus manos con las de Kid y entrelazaron uno a uno sus dedos, convirtiendo en uno el calor de sus corazones. Dejó que el tiempo se detuviera, haciendo aquel momento eterno y grabando a fuego su primer amor en su pecho.

Sus labios se separaron, y Kid envolvió a su chica entre sus brazos suavemente, y haciéndola apoyar la barbilla sobre su hombro.

-Te amo -le susurró al oído Lene con suma ternura.

-No sabes lo bien que suena eso -le respondió, estrechándola más contra su pecho.

Ahora lo entendía todo. Lene debía proteger a Kid, a Soul, a todos los que la necesitaban. Y, a cambio, ella sería protegida por ellos. Su sitio estaba donde estaban los suyos.

Fuera donde fuese.

Una lágrima agradecida manó de sus ojos. Aquello era ahora el paraíso.

Su paraíso.


En la mansión de Kid se escuchaban risas descontroladas y voces alocadas al más puro estilo quinceañero, sobre todo de la cotilla Liz. Habían quedado todas las chicas -excepto Tsubaki, que aún se encontraba en la enfermería del Shibusen- para recibir una "sesión de belleza Made in Liz" para la fiesta de aquella noche. Cada una había traído el vestido que se iba a poner, y ahora era el turno de la pistola de darles el toque maestro a los lienzos en blanco que tenían por rostros. Iba a hacer arte con ellas.

Y el primer turno era para Maka.

-Veamos, Maka-chan... ¿qué vestido te vas a poner? -Le preguntó la maquilladora.

-Pues mi vestido color vino de siempre.

-Oh, en ese caso habrá que sacarle partido al color de tus ojos. Te los marcaré bien con el eyeliner negro y la sombra de ojos...

Se puso manos a la obra. Mientras tanto, Kim, Patti, Jacqueline y Lene observaban la maestría con la que deslizaba los pinceles sobre el rostro de la maestra de guadaña. En poco menos de quince minutos, Maka parecía otra.

-Y, por último, el pelo. Jacqueline, ¿me ayudarías con la plancha? -se dirigió Liz a la chica.

-¡De acuerdo! -Asintió ella, y Maka pasó a sus manos.

-¿La siguiente? -Preguntó Liz con un brillo calculador en los ojos.

-Yo misma... -susurró Lene.

La chica se sentó delante del tocador, y Liz la contempló unos instantes con los dedos corazón e índice sosteniendo su barbilla.

-¿Cómo quieres que te pinte? ¿Quizá unos ojos ahumados pegarían bien con tu vestido?

-Esto... -Lene bajó la mirada, un poco avergonzada-, es que yo... no-no tengo nada preparado para la fiesta...

Todas parecieron quedarse en shock.

-Nunca había ido a una, al menos desde que tengo conciencia.

-Esto es un caso de alerta roja -chilló Liz, revoloteando por todo el cuarto-. A ver si tengo algo que te pueda sentar de M-U-E-R-T-E para conquistar a cierto Shinigami...

-¡Eh! -se mosqueó la joven, completamente roja.

Liz abrió las puertas de su armario "especial fiestas" de par en par. Al menos una treintena de conjuntos de noche salieron a la luz, debidamente colgados en perchas.

-Impresionante -declaró Maka, mientras el resto se dedicaban a sujetar con los dos brazos los vestidos que Liz lanzaba por los aires, histérica.

-¡No, no, no! -Susurraba, hurgando en lo más hondo de los cajones.

Lene fijó la vista en uno de los vestidos que Liz había descartado, y los ojos le brillaron. Era un vestido vintage de encaje de color azul marino con detalles negros en el filo de la falda y las mangas, y una cinta del mismo color rodeaba la cintura acabando en un lazo en el lateral derecho. Lene lo alzó de los brazos de Kim y lo admiró como si del David de Miguel Angel se tratara.

-¡Eh, mira Lene, este te podría...! -Voceó Liz con un vestido ajustado rosa fucsia en la mano.

-Éste -musitó, deslumbrada por lo perfecto que lo encontraba.

Lene pasó al vestidor y se cambió de ropa rápidamente. Era precioso. Totalmente de su estilo.

cuando salió, con el pelo ligeramente alborotado y una sonrisa tímida en el rostro, las chicas se cayeron de culo.

-Madre mía, chica -fue lo que dijo Jackie.

-Pareces una muñequita -añadio Patti.

Sí que lo parecía. El color oscuro del vestido contrastaba con el pálido de su piel y melena, que parecían de porcelana. Y sus ojos... de color violeta cristalino, eran la guinda del pastel.

Liz cerró su puño con decisión.

-Deja que aproveche esas delicias que tienes por ojos, bellezón.

Lene se sonrojó un tanto, halagada. No se ponía un vestido desde... Bueno, desde que mató a su madre y dejó atrás la infancia.

La chica tomó asiento de nuevo y Liz comenzó a maquillarla. Al acabar, Lene presentaba un perfecto ahumado de color azul oscuro degradado en sus párpados. Era increíble; no se reconocía.

-Ah, por último -intervino Liz-: ¿Recogido perfecto o melena al viento?

-Melena, pese a la poca que me queda...

-En ese caso, tengo el complemento perfecto -dijo la estilista, yendo a por una caja que contenía todo tipo de horquillas, diademas y pulseras, y sacó una pequeña florecilla de plástico negra adherida a una horquilla para el pelo; de un movimiento de muñeca le recogió el flequillo con ella.

-¡Hum, terminada! -Pregonó Liz, orgullosa.

-¿Qué flor es? -Preguntó Lene mirándose al espejo.

-Es un alhelí. Lo que me sorpendió fue el color... Los alhelíes suelen ser claros o de colores pastel, mientras que esta réplica era negra... Completamente contraria al orden. Me gustó la metáfora. Además, ¡pega con todo!

Lene parpadeó varias veces. En cierto modo, le recordaba a ella. Distinta y oscura, y aun así con la oportunidad de parecerle bella a alguien...

Temía rozarse los ojos o el pelo y fastidiar el gran trabajo de su amiga.

-En fin, ahora iré yo -sentenció Kim, envidiosa de Maka y Lene.

La bruja había elegido para la ocasión un vestido casual magenta con una hebilla a la cintura. "Lo simple es lo mejor", había dicho al llegar. Por su parte, Jacqueline, fuera de todo pronóstico, se había decantado por unos pantalones capri blancos con una blusa de chiffon verde menta. Patti iba en conjunto con su hermana -para la salud mental de Kid-, con unas faldas circulares de color naranja quemado y unas blusas blancas con pequeños encajes alrededor de los botones.

Todas eran un regalo para la vista.

Cuando estuvieron listas, salieron de la gran casa y se encaminaron de nuevo a la academia -aunque ni lo hubieran notado, habían echado la tarde con los preparativos-. En pocos minutos llegaron a las puertas del Shibusen, donde los alumnos se empezaban a acumular.

Los chicos llegaron detrás de ellas, ataviados con elegantes trajes y camisas. Black*Star no había ido; estaría aún con su arma en la enfermería.

Lene vio cómo Kid la buscaba con la mirada, y alzó el brazo para que la viera.

Él se acercó deprisa, pero creyó haberse confundido de persona cuando se fijó un poco más. Nunca la había visto tan... perfectamente hermosa.

Cuando salió de su asombro, susurró:

-Estás preciosa.

-Gracias -le respondió ella, con las mejillas encendidas.

-Guau, hermana -Soul los había alcanzado, y ahora la miraba varias veces de arriba a abajo-. ¿Quién me ha cambiado a mi Lene?

Una risilla, a oídos de Lene muy infantil, se escapó de sus labios. nunca habían sido tan corteses con ella.

Las puertas se abrieron y todos entraron al gran salón. Allí, el Señor de la Muerte aguardaba, micrófono en mano.

Cuando todos hubieron entrado, comenzó a hablar.

-Bienvenidos, chicoos -canturreó-, esta noche os he reunido para poneros al corriente de los acontecimientos que sucedieron la pasada madrugada. Algunos de vuestros compañeros se vieron involucrados en una pelea contra Medusa, la cual tenía a vuestra compañera Lene Evans bajo su orden por ciertos motivos que no vienen ahora a cuento -Shinigami no venía conveniente entrar en demasiados detalles y crearle mala fama a Lene-. Gracias a las abilidades de todos ellos, hoy contamos con una bruja menos por Death City... que era Eileen -los susurros alterados se adueñaron de la estancia-. Además, y gracias a este último hecho, ¡se ha formado una nueva Death Scythe, Tsubaki Nakatsukasa! Aunque hoy no pueda estar aquí, celebremos por ella. ¡Adelante música!

La fiesta comenzó. Soul proporcionó unos de sus discos funk, que dieron al salón un ambiente mucho más marchoso. Todos charlaron con todos, Lene fue acosada por los alumnos y alumnas más "interesados" en lo que sucedió aquella noche y Soul fue acosado por sus admiradoras y sus bocas babeantes por su traje negro rayado.

-Estos Evans -le comentó Stein a Shinigami-sama-; siempre llamando la atención.

El dios asintió, y no pudieron evitar las risas.

Las horas fueron pasando, y la diversión no cesó. Mientras Lene se lo pasaba bien con las chicas, un pensamiento cruzó su mente: Black*Star continuaba con Tsubaki, y probablemente hubiera pasado allí toda la tarde.

Tenía que ir a verlo.

Interrumpió la conversacion que estaba llevando para acudir al lado de sus dos amigos, cuando Kid la agarró del brazo justo antes de que desapareciera por la puerta trasera.

-¿Adónde vas?

-A la enfermería. Estoy preocupada por Black.

-Voy contigo -respondió en milésimas de segundo.

Los dos juntos se encaminaron hacia allí. Abrieron la puerta con sigilo, temiendo que estuvieran dormidos. Y allí estaba Black*Star, que había caído rendido sobre el regazo de Tsubaki esperando a que se despertase. Su mano reposaba sobre la de ella, levemente aferrada.

-Pobre... -susurró Lene.

De repente, la mano de Tsubaki se cerró en torno a la palma de Black*Star lentamente, dedo a dedo. Lene contuvo la respiración. La chica acababa de abrir los ojos.

El chico notó la presión en su palma, y abrió los ojos lentamente. Se encontró con las pupilas de Tsubaki, y la cara le cambió por completo.

-Black*Star... Estás aquí... -susurró lentamente el filo demoníaco.

No pudo articular ninguna otra palabra. De un momento a otro, se vio envuelta en los cálidos brazos de su maestro de armas, y no necesitaron más palabras. Eran capaces de decírselo todo con ese abrazo.

-Vámonos -le susurró Kid a Lene, que aún se mantenía al margen de la situación apoyada ligeramente en el quicio de la puerta-. Démosles algo de intimidad.

La joven asintió, y ambos se fueron pasillo a través en dirección al salón de nuevo.

Una idea cruzó por la cabeza del shinigami, y frenó en seco el paso.

-¿Qué pasa? -Le preguntó Lene.

-Ven, por aquí -Kid la agarró de la mano y tiró de ella por el pasillo que habían dejado hacía unos momentos a su derecha.

Aquello parecía un juego de niños. Parecía que estaban en plena partida del Escondite, y se estaban escondiendo del que la ligaba.

Al pensar eso, Lene no pudo evitar sonreír como una atontada.

Llegaron a una clase, y Kid y ella entraron rápidamente. A Lene apenas le había dado tiempo de leer el letrero de la pared: "Clase de Música".

El chico cerró la puerta a sus espaldas. La clase vacía parecía algo más tétrica de lo normal, y más siendo de noche.

Encontró el interruptor de la luz y la encendió. De inmediato, las sombras que formaban los platos de la batería y los numerosos atriles desaparecieron. Kid le echó el ojo a la guitarra acústica y la cogió de inmediato. Le indicó a la chica que se sentara con él en el suelo, apoyados contra la pared, y se acomodó el instrumento.

-¿Qué vas a tocar? ¿No deberíamos volver con el resto? -le preguntó Lene.

-Es un pequeño regalo -susurró el shinigami mientras afinaba las cuerdas.

Lene no dijo nada más. Evocó aquella vez en que tocó la guitarra en su cuarto, y un escalofrío le recorrió la espalda. La suavidad de la música, la ternura en cada palabra...

Kid no esperó un instante más. Rasgó el primer acorde, y Lene abandonó sus pensamientos para inundarse con la música de su amor.

*Jack Johnson - angel

I've got an angel.
She doesn't wear any wings.
She wears a heart that could melt my own.
She wears a smile that could make me want to sing.

She gives me presents.
With her presence alone.
She gives me everything I could wish for.
She gives me kisses on the lips just for coming home.

She can make angels.
I've seen it with my own eyes.
You've got to be careful if you've got good love.
Cause angels will just keep on multiplying.

You're so busy changing the world.
Just one smile and you could change all of mine.
We share the same soul.

Lene no aguantó más. Cuando el último susurró de la guitarra abandonó sus tímpanos, soltó las manos de Kid de la guitarra para alojarlas entre las suyas, y juntaron sus labios en otro delicado beso.

En ese momento sintió cómo el mundo giraba sólo para ellos. Todo era tan perfecto, aquel instante la hizo sentirse como una verdadera princesa.

Como una princesa alada que conseguía extender sus blancas alas por primera vez en mucho tiempo.

Pero lo que no sabía era que, en la sala oscura de su subconsciente, la marca de a Pica brillaba casi imperceptiblemente, y agitaba sus alas negras como las de un cuervo recordándole que seguía allí...

...De algún modo.


Hola, fieles seguidores de El alhelí negro:

Necesitaba dirigirme a vosotros esta vez para agradeceros de todo corazón que hayáis seguido ahí hasta el final, pese a los 21 capítulos que contiene esta serie -y el prólogo, que lo contaré como un OVA-.

Mi especial gratitud a Robin Evans, Nimbusmind, Andrea-chan Nyaan, Death Girl, Lorraine y Don'tTakeMySmile, por haberme animado con sus reviews y follows a darle vida a mi personaje dentro del gran mundo de Atsushi Ohkubo. Es un halago para mí la de cosas bonitas que les habéis dedicado en vuestros comentarios.

Espero que la historia de esta rebelde pero frágil chica no haya sido indiferente, y recordad que el amor es el motor de todas las cosas... así como el odio, sin embargo.

Pero esto no es una despedida; pienso crear alrededor de tres OVAs de la primera temporada, y una segunda temporada más adelante, cuando les haya dado un fin a mis series ¡Sira! El nombre del amor y Las Thompson. Hasta entonces...

¡Paz y amor!

-NoBreathe- (siempre a vuestro servicio :3)