Diario: periódico.

Polleruda: sometida, calzonuda, dominada, etc.

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Emma estaba echada hacia atrás en la silla con las manos sobre la panza, tras comer dos platos de lasagna y dos porciones de cheesecake. Sabía que no debió aceptar el postre con todo lo que había almorzado, pero de nada servía llorar sobre la leche derramada. Estuvo muy tentada de desabrocharse el botón del pantalón, pero sabía que no era algo de buen gusto y no quería que Regina tuviera que reprocharle algo con lo bien que venía el fin de semana.

El sábado había empezado con la nueva desilusión que le había propinado su madre, pero había continuado con la sorpresa de Regina al darle un cuarto para hacer de él lo que ella quisiera, después lo habían amueblado y como broche de oro, había pasado la tarde con su hijo y su otra madre mirando películas y comiendo porquerías.

Pero lo mejor había ocurrido a la noche, bastante después de que Henry se hubiera ido a acostar y sus padres se hubieran despedido. Cuando Emma y Regina se dirigían cada una a su cuarto, la rubia pensaba que no quería dormir sola, en realidad, no quería dormir sin Regina y, no estaba hablando de sexo es decir, ¡claro que quería tener sexo con Regina! Pero estaría igual de feliz con acostarse a su lado y, ¡ni hablar si pudiera abrazarla! Las dos se habían detenido delante del dormitorio de la reina, quien parecía como abstraída, mientras Emma no se decidía entre despedirse o pedirle dormir con ella.

Regina vio que la mujer abría la boca y, dejando sus dudas de lado, cubrió de un paso la distancia que las separaba y la besó con avidez. Emma sintió el fuego recorrer su cuerpo en una milésima de segundo para terminar explotando en su sexo, mojándolo, haciéndolo latir dolorosamente. Rodeó a la reina con los brazos y la levantó contra sí, la respuesta de la mujer fue la deseada, le abrazó la cintura con las piernas y ondeó las caderas contra su pelvis.

Emma despegó la boca de Regina y jadeó. "Mierda. Tu habitación." Moviéndose con torpeza, casi sin ver por tener la cabeza enterrada en el cuello de la mujer, logró entrar al cuarto y cerrar tras de sí. Llevó a su majestad a la cama y la dejó en ella con suavidad, inmediatamente la siguió acostándose sobre ella, pero antes que pudiera acercarse, la mujer la detuvo con un gesto.

Para su enorme sorpresa, alegría y excitación, Regina las desnudó con un movimiento e hizo aparecer en su mano un strapless strap-on negro, con una sonrisa que haría llorar de envidia a la reina malvada y mirándola a los ojos, la penetró lentamente con la parte más corta. Emma soltó un gemido y cerró los ojos unos segundos para recuperar el control, cuando los abrió, los clavó en Regina y, sin desviar la vista tomó el dildo y ubicó la cabeza en la deseosa entrada de la mujer. Regina se mordió el labio inferior. Esa fue toda la señal que Emma necesitó, con un movimiento de cadera la penetró hasta quedar pegada a su pelvis, volvió a salir casi por completo para volver a penetrarla inmediatamente.

"¡Oh sí, Emma!" Jadeó Regina alzando la cadera para recibir las acometidas de su rubia. "¡Así!" Tres penetraciones más fue todo lo que necesitó la morocha para tener un orgasmo explosivo. "¡Aaahhh!" Ver a la reina acabar, fue todo lo que precisó la rubia para dejarse ir, la penetró una vez más con fuerza, arqueó la espalda despegándose unos centímetros de Regina, dejó caer la cabeza hacia atrás y abrió la boca en un grito mudo. Unos segundos después, su cuerpo tenso se relajó y se abrazó a la morocha, acomodando la cabeza en el hueco entre el hombro y el cuello.

"Quedate a dormir." Susurró Regina con inusitada timidez. "Si querés."

"Sí." Suspiró Emma encantada. "Siempre."

"Siempre." Murmuró Regina cerrando los ojos y relajándose.

Regina carraspeó para atraer la mirada de la Sheriff, quién pestañó para alejar los recuerdos de la noche anterior. "Cuando creas que vas a poder moverte sin vomitar mi piso, te toca retirar la mesa, lavar los platos y sacar la basura. Yo voy a estar en la oficina viendo unos papeles que tengo que terminar para la reunión de mañana del Consejo." Sin esperar respuesta, se levantó, le dio un beso en la coronilla a Henry y salió del comedor.

"Retirar la mesa y lavar los platos después de comer era tarea mía." Meditó Henry en voz alta.

Emma lo miró preocupada, no quería que su hijo creyera que su presencia en la casa alteraría su rutina. "Lo podés seguir haciendo, si querés hablo con ella…" Ofreció preocupada.

El chico hizo un gesto con la mano. "No seas tonta, ¡odio lavar los platos! Además, ¿no te diste cuenta?"

"¿De qué?" Preguntó la rubia con el ceño fruncido.

"De que te está incluyendo." Emma lo miró con unos ojos azules acuosos y enormes. "Te dio un lugar propio, te asignó una tarea…por ahora, seguro que va a ir agregando otras. Quiere que sientas que es tu casa, sin tener que decirlo." Henry la miró especulativamente, finalmente tomó una decisión. "Emma, vas a tener que ser vos la que le digas que estás enamorada de ella, mamá nunca va a dar ese paso primero, por más que te lo demuestre en todo lo que haga."

Emma casi se traga la lengua del susto. Se levantó de un salto. "¿¡Qué!? ¿Qué decís, chico? Me parece que estás viendo mucha televisión, Regina no está enamorada de mí." Declaró con voz incrédula. "Además, ¿quién dijo que estoy enamorada de ella?"

Henry bufó. "Por favor, es tan obvio." Al ver que su madre lo iba a negar levantó una mano de forma tan regia que fue imposible no pensar en quién lo había criado. "No gastes saliva, hasta un idiota es capaz de ver que mamá y vos están enamoradas." Sin darle tiempo a nada, añadió. "No creas que no sé que anoche durmieron juntas." Dirigiéndole una sonrisa idéntica a las de la Reina Malvada, salió de la habitación con rapidez.

Cuando terminó de secar el último trasto y dejó la cocina lo más parecido posible a como la dejaba su dueña, Emma se dio cuenta que ya habían pasado casi dos horas desde que Regina se había puesto a trabajar. Esa mujer no conocía el concepto de tomarse las cosas con calma, ¡era domingo! Decidida, se dirigió a la oficina y se apoyó en el marco de la puerta unos instantes para disfrutar de la vista.

La Alcaldesa estaba sentada en el sofá centrada en el papel que tenía en la mano con los lentes de montura negra a mitad de nariz. Emma se mordió el labio inferior y se removió incómoda ante el golpe de deseo que recibió al ver a la mujer con lentes. ¡Dios! ¿Cómo puede ser tan sexy sin siquiera intentarlo? Se preguntó embelesada. Al sentirse observada, desvió la vista hacia el escritorio y descubrió a su hijo que la mirada burlonamente con una ceja arqueada.

¡No estoy enamorada! Quiso gritarle, pero la voz de Rumpelstiltskin irrumpió en su cerebro con la fuerza de una explosión: 'Que sean amor verdadero. Que tengan magia, pero que además su magia esté entrelazada de tal forma que juntas sean la perfección misma, capaz de trascender mundos, de mover planetas. El resultado sería el embarazo.' Estoy enamorada de Regina. Pensó, y sintió cómo se le aflojaban las rodillas.

"Emma, ¿estás bien?" Preguntó Henry levantándose de un salto a verla tambalearse.

Regina giró la cabeza con la rapidez de la luz al escuchar las palabras preocupadas de Henry. "¿Emma?" Dejó la hoja que tenía en la mano sobre uno de los montones de papeles dispersos en la mesita ratona y se levantó para acercarse a toda marcha a la rubia.

"Estoy bien, estoy bien." Respondió Emma recuperándose lo suficiente para responder. "Regina, de verdad…" Protestó cuando la reina la tomó de la barbilla para inmovilizarle la cara y le puso la otra mano en la frente.

"Shhh. Cierre la boca Miss. Swan, se ve un poco acalorada, quiero ver si tiene fiebre."

"¡No empieces con Miss. Swan de nuevo!" Protestó Emma y murmuró sólo para que Regina la oyera. "Estás a distancia de beso, eso me acalora." La rubia observó con satisfacción y abrumador deseo cómo se le dilataron las pupilas y se le oscurecieron los ojos al oír sus palabras, si hasta desvió la mirada a sus labios durante unos deliciosos segundos.

Esta mujer me va a matar. – De deseo te va a matar. – ¡No digas pavadas! – ¿Acaso no das vueltas en la cama todas las noches deseando tenerla a tu lado…o debajo o…? - ¡Suficiente! Regina sacudió la cabeza, no estaba segura si para despejarse del deseo o de su dilema interno. "Deberías acostarte un rato y descansar, estás un poco pálida." Le dijo con preocupación, obviando la insinuación que le había hecho.

"¿Recién no estaba acalorada?" Preguntó Henry con curiosidad.

Sus madres lo ignoraron olímpicamente. "Voy a descansar si vos también lo hacés." Declaró la rubia con decisión.

Regina iba a protestar, pero encogiéndose de hombros asintió con la cabeza, lo cierto era que no podía resistirse a las órdenes que le daba la Sheriff, la hacían sentir cuidada cuando nadie en su vida la cuidó, ni siquiera su padre. Además, le encantaba dormirse entre los brazos de Emma, cosa que no admitiría ni bajo tortura. Porque iban a dormir juntas, ¿no?

"Vamos a mi cueva, vas a ver lo cómodo que es ése sofá, es un camino de ida, te lo aseguro." Proclamó la rubia con entusiasmo. 'Que sean amor verdadero.' Un momento. Se detuvo en seco ante un inusitado pensamiento. ¡Eso quiere decir que ella también me ama! Al intentar dar un paso, se tropezó con sus propias piernas y cayó al suelo.

"¡Emma!" Gritó Regina preocupada.

La Rubia se levantó de un salto. "Estoy bien, estoy bien, falsa alarma."

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El lunes a la tarde, Regina se encontraba acomodando las cosas de su escritorio para dar por finalizada su jornada cuando la voz de su secretaria por el intercomunicador la sorprendió.

"Alcaldesa, Robin de Locksley solicita verla." Regina consideró negarle la entrada, pero decidió que lo mejor era cerrar esa historia de una buena vez.

"Que pase. Jasmine, ¿no tendrías que haberte ido hace 10 minutos? ¡Aladdin va a llegar antes que vos y tu sorpresa se va a arruinar!"

Por el intercomunicador se escuchó una risita. "Me avisó que iba a salir una hora más tarde, así que no hay problema Regina, igual ya me estaba yendo. Hasta mañana."

Regina respondió al saludo y se preparó mentalmente para recibir la visita del hombre que por, ¿dos días?, creyó que era su alma gemela.

Robin abrió la puerta con timidez y entró a la oficina con pasos dubitativos. "Regina." Dijo a modo de saludo. La mujer asintió una vez y lo miró con frialdad y una ceja arqueada.

¿Cómo se me ocurrió alguna vez que este hombre podría ser mi final feliz? – Desesperación, querida. Se podrían escribir millones de libros si contáramos la historia de cada mujer que cometió la idiotez de casarse con el primer infeliz que le pidió casamiento con tal de no quedarse sola. Sufrimos de un miedo terrible a no tener un hombre al lado, como si el tener uno nos diera validez como mujer. Por una vez, Regina no discutió con su…¿otro yo?

"¿Y bien? ¿A qué debo la visita?" Preguntó con impaciencia. Quería llegar a su casa en donde seguro ya la esperaban Henry y Emma.

Hood carraspeó y la miró a los ojos, cosa que había evitado hacer hasta el momento. "Primero quería disculparme por la escena que hice la última vez que nos vimos. No fue honorable ni justo para vos o para mi esposa." Regina arqueó una ceja. "Sí, le conté a Marian lo nuestro… ¿lo que casi tuvimos?" Preguntó más que declaró ante el bufido de la Alcaldesa.

"Está bien, ya pasó. Mientras nunca vuelvas a repetir un acto semejante, podemos hacer borrón y cuenta nueva." Declaró la mujer magnánima. "¿Algo más?"

"Sí, el segundo motivo que me trajo a vos es despedirme, Marian y yo queremos empezar de nuevo, dejar todo atrás y darnos otra oportunidad de ser una familia, pero creemos que acá será demasiado complicado." Robin tomó aire. "Nos vamos de Storybrooke, ahora que ya no está la barrera que nos haría perder la memoria es el momento justo, lo que queremos saber es si la protección que puso Gold nos afectaría en algo."

Tras meditar unos instantes, respondió con lentitud. "No, lo que Rumpel hizo fue levantar una barrera para que la gente de afuera no encuentre el pueblo, nada más."

"Excelente. Entonces supongo que esta es nuestra despedida." Sonrió apenas.

Regina correspondió a su sonrisa. "Así parece. ¿Cuándo se van?"

"Mañana." Robin se rascó la barbilla y se dio vuelta para marcharse.

"Robin." El hombre se dio vuelta, Regina se acercó a él y, poniéndose en puntas de pie, le dio un beso en la mejilla. "Espero que seas muy feliz."

El hombre respondió rozándole la barbilla con los nudillos. "Y yo espero que no dejes escapar el amor que encontraste, Regina." Se dio la vuelta y salió del cuarto, dejando tras de sí a un boquiabierta Alcaldesa.

"¿Amor? ¿Quién habló de amor?" Le preguntó a la oficina vacía. Meneando la cabeza, controló que todo estuviera en orden y con un gesto, desapareció en una nube.

Se sorprendió al aparecer en la puerta de su casa, cuando lo que quiso fue aparecer en su cuarto, pero más se sorprendió al escuchar en su mente la voz de Tinker y lo que le dijo una vez, hacía ya mucho tiempo. 'Dentro se encuentra el principio de tu felicidad. Todo el dolor de tu pasado será sólo eso, pasado. Esta es tu oportunidad con el amor y la felicidad. De comenzar de nuevo, dejando todo atrás. Podés dejar ir toda la ira que llevás con vos.'

Esta vez, Regina dio un paso adelante y entró en la mansión sin dudar.

"¡Regina! ¿¡Podés decirle a tu hijo que está mal hacer trampas?!" Emma salió del living haciendo puchero y señalado a su espalda.

"¡No hice trampas!" Exclamó Henry, miró a su madre con suficiencia y declaró. "No sabe perder."

Regina sonrió de oreja a oreja. "Chicos, chicos, no peleen…"

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Al final, juntar coraje para salir le llevó más tiempo del que creyó. Bah, en realidad, lo que le llevó mucho tiempo fue concientizarse en que no iba a congelar a nadie al primer ruido raro. Porque una cosa era pensarlo y otra creerlo y, ahí estaba el problema que arrastraba desde que tenía memoria, Elsa no creía que pudiera dominar su…don.

Pero tras varias semanas repitiéndose una y otra vez que ella tenía el control, que lo único que tenía que hacer era no sentir, esconderlo, no pensar. Una y otra vez se repitió lo mismo hasta sentirse segura y, como última prueba, los últimos tres días salió a dar una vuelta para corroborar que no iba a perder el control si la rozaba el viento. Satisfecha, decidió que ése era el día en que iba a completar su misión de búsqueda de forma satisfactoria: encontrando a quien llevaba buscando desde que había abandonado Arendelle.

Muy segura de sí, Elsa salió de su guardia con la cabeza en alto y a paso firme, tras sopesar sus opciones un instante, decidió empezar por un parque que alcanzó a ver en una de sus anteriores salidas. El día era soleado y frío, si su respiración dibujándose en el aire era un indicio, pero Elsa no tenía problema con el frío, todo lo contrario.

A medida que se iba acercando al parque comenzó a ver gente, se sintió muy orgullosa de no haberse sobresaltado ni un poquito cuando oyó el grito de una mujer que le pedía a su marido que no se olvidara de comprar el diario. La joven dejó escapar una risita y apuró el paso con nuevo entusiasmo.

Llegó a su destino con una sonrisa de oreja a oreja. Nadie la había detenido, no había congelado nada, no llamó la atención…mucho. Se había cruzado con dos o tres personas que la miraron de reojo por llevar sólo un vestido cuando todo el mundo llevaba abrigo para combatir el frío. La chica se encogió de hombros mentalmente y se detuvo unos minutos para observar a su alrededor.

Unos metros a su izquierda había dos niñitas y un niño jugando con arena, parecían tener unos dos o tres años y que la estaban pasando en grande. Más allá de ellos, sentada en un banco había una rubia hablando con una castaña, en un momento, la rubia levantó la cabeza y le pidió a una de las niñas que no se comiera la arena, la criatura la ignoró.

A su derecha, unos chicos más grandes jugaban con una esfera de cuero, el objetivo parecía ser que todos tenían que correr tras ella y pegarle con el pie en cuanto la alcanzaban. A Elsa le pareció aburridísimo. La mujer respiró profundo, abrió los brazos y los levantó por sobre la cabeza mientras giraba sobre sí misma de alegría.

"¡Quieta, no des ni un paso más si no querés que te transforme en sapo!" Advirtió una voz grave a su espalda.

Elsa había bajado tanto la guardia que al oír la amenaza reaccionó antes de pensar, girando sobresaltada, puso sus manos ante sí y dejó escapar su magia. Lamentablemente, cuando se dio cuenta que esas palabras no iban dirigidas a ella, ya era demasiado tarde.

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"Mamá…sss" Corrigió Henry con picardía. "Nick me invitó a su casa a jugar a un nuevo juego que le regaló el padre, ¿puedo ir?

Emma y Regina intercambiaron una mirada y la última respondió. "Está bien, pero a la hora del almuerzo te quiero en casa, ¿entendido?"

"¡Sí!" Sonrió el chico despidiendo con un beso rápido a cada una.

Cuando ambas comenzaron a caminar de regreso a la mansión, las detuvo un chillido seguido de la voz de Snow. "¡Emma, Regina!" La Alcaldesa soltó un gruñido, Emma rio por lo bajo. "¿Qué hacen?" Preguntó la mujer al alcanzarlas.

Regina prefirió tomar a Neal en brazos antes que el bebé lograra zafarse de los brazos de su madre en su esfuerzo por alcanzar a su mujer preferida. Así que fue Emma la que respondió. "Terminamos de desayunar y volvíamos a casa."

"¿Por qué no nos acompañan a dar un paseo?" Inquirió Mary Margaret con una sonrisa esperanzada. Desde que había metido la pata el día que salieron de shopping, no había visto a su hija y quería pasar tiempo con ella para empezar a compensarla. Vio cómo Emma miraba inquisitivamente a Regina antes de aceptar. Snow ocultó una sonrisa al pensar que su hija era igual de polleruda que su padre.

Las tres mujeres comenzaron a caminar lentamente hacia el parque, Snow le preguntó a Emma si ya estaba acomodada y aparentemente fue la pregunta correcta, porque la rubia comenzó a contarle que Regina le había dado su ex mazmorra para reutilizar. La reina revoleó los ojos meneando la cabeza. Snow las miró sin entender, hasta que Emma le contó riendo que se refería al sótano. Desbordando entusiasmo, la Sheriff le dijo con lujo y detalles todo lo que habían comprado y cómo y dónde lo había puesto. Snow sonrió con alegría y alivio al ver a su hija feliz como nunca antes la había visto.

Emma terminó con su relato y desvió la vista hacia su hermanito, quien estaba embobado mirando a Regina. La escena era muy graciosa, la mujer llevaba al bebé con un brazo bajo el culito y con la otra mano en la espalda para evitar que se fuera para atrás ante un movimiento brusco. Pero Neal no tenía ningún interés de moverse, la criatura tenía los ojos clavados en la cara de la mujer y balbuceaba cuando ella le hablaba, como si le respondiera.

La rubia se acercó a ellos, le guiño el ojo a Regina y tomó al bebé en brazos anunciando mientras trotaba delante de las mujeres. "¡Si quieren ver al principito con vida, más vale que vayan juntando un rescate!" Neal soltó un gritito tan indignado que hizo reír a carcajadas a su madre.

Regina sonrió y sacando su voz de Reina Malvada amenazó: "¡Quieta, no des ni un paso más si no querés que te transforme en sapo!" Lo que pasó a continuación pareció ocurrir en cámara lenta, pero en realidad ocurrió en dos pestañeos.

Una chica rubia que estaba delante de Emma se dio vuelta sobresaltada y lanzó algo hacia ella, la Sheriff actuó por instinto y desapareció en una nube de humo para aparecer unos diez metros detrás de las mujeres. Lamentablemente, lo que sea que salió de las manos de la mujer, le dio a su madre en pleno pecho.

Snow jadeó llevándose las manos al corazón mientras caía. "¡Snow!"Gritó Regina atrapándola y sentándose en la nieve con la princesa en su regazo.