18

Lips of an Angel

El sol estaba muriendo tras las colinas, el viento azotaba cruel sobre la piel del rostro de Harry, su respiración era violenta; cerró fuertemente los ojos, tratando de contener la rabia que sentía…

Pero apenas sus párpados descendieron cuando en su mente comenzaron a aparecer las imágenes de todo lo que acababa de ocurrir… Se dejó caer de rodillas y golpeó con sus puños sobre el suelo arenoso, entre sus dientes ahogó un grito de furia y frustración; de pronto las escenas se detuvieron en el instante que sus labios se unieron con los de Hermione, y su corazón comenzó a latir más de prisa, la sangre en sus venas se aceleró… entonces él abrió bruscamente sus ojos para frenar el pensamiento, y evitar revivir lo que había sentido en aquel momento.

No, él no podía permitirse recordarlo, porque no había nada que rescatar de aquel suceso, simplemente había sido un beso, y nada más. Ahora lo que único que importaba era London…

Regresó a ver hacia la casa, ahí dentro todos lo aguardaban pero él quería estar solo, no tenía deseos de volver a su "fiesta de compromiso", y continuar fingiendo una felicidad que no sentía por aquel acontecimiento… Ni mucho menos creía poder soportar a Ginny; esto en el fondo le hizo sentir remordimientos, sin embargo en este instante no le daba la gana ser considerado con nadie.

Se apareció en su departamento, caminó hacia la sala y se dejó caer en el sofá… volvió a cerrar los ojos, porque en su mente estaba tratando de revivir esa mañana, cuando London llegó a La Madriguera; sus hermosos ojos esmeralda mirándole, su preciosa sonrisa dedicada a él, y su angelical voz pronunciando su nombre… Cómo había cruzado corriendo la habitación y se le había lanzado a los brazos… y el tiempo se detuvo - esta vez en sus labios se dibujó una sonrisa de felicidad infinita.

En cuanto Hermione vio que London salía corriendo soltó instintivamente a Draco y fue tras de ella… La niña había corrido escaleras abajo, y cuando llegó al salón buscó apresuradamente un lugar donde esconderse…

¡London…! - llamó su madre, buscándola ansiosamente con la mirada en la sala que se encontraba en penumbras; el fuego de la chimenea proyectó la sombra de Hermione en la alfombra, y la pequeña castaña se escondió más tras uno de los tres sofá que estaban en la estancia.

Nena, necesitamos hablar… por favor… Dime, ¿qué escuchaste arriba? – comenzó, tratando de localizar a su hija por medio del sonido de su respiración.

Que Harry Potter es… mi verdadero papá… - balbuceó la niña, saliendo por fin de su escondite.

Oh, London… no… - Hermione se acercó al sillón y se inclinó para estar a la altura de su hija, el fuego de la chimenea le mostró que los ojitos esmeraldas estaban irritados por el llanto que estaba conteniendo y la castaña sintió un vuelco al corazón.

No me vayas a decir que no escuché bien… Ya te lo dije, soy pequeña, pero puedo comprender perfectamente… Y sé muy bien lo que oí – advirtió, entornando su mirada; Hermione abrió grandemente los ojos al ver la determinación que había en aquella expresión, y ella no tuvo el valor para mentirle.

Sí, es cierto… Harry es tu padre – confirmó, mordiéndose los labios porque de pronto sintió ganas de llorar.

¿Y por qué no crecí con él a mi lado como mi papá? – preguntó, y sus pupilas esmeraldas la observaban con confusión. Los labios de Hermione temblaron y por fin las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos marrón; por años había temido tanto este momento y ahora su hija le pedía la verdad de su origen, y no podía decírsela, pero tampoco podía mentirle... La castaña se quedó hiperventilando, mientras London la miraba aguardando su respuesta. Pero Draco intervino, él había escuchado lo que hasta ahora habían hablado…

Por tu bien, Potter no te merecía… ¡Él no te quiere! – exclamó con rencor.

¡¿Harry no me quiere? – respingó la pequeña ojiverde, con un gritito de dolor, y viendo a su madre con los ojos llenos de lágrimas.

¡Draco, no…! - Hermione regresó a verlo con reprobación, se incorporaba y poniendo sus manos sobre su pecho lo apartaba para detenerlo. – ¡No quiero que le envenenes el alma a mi hija en contra de él!

¿Vas a defenderlo? ¡Después de lo que te hizo…! - reclamó indignado, y sus miradas se mantuvieron. London se había ocultado nuevamente tras el sofá.

¿Mami, es cierto… mi… papá no me quiere? - se atrevió a preguntar la niña castaña, asomándose pero sin salir del todo de su refugio. Draco exhaló un sonido de rabia, se acercó al sillón y tomándola por las muñecas atrajo a la niña, ella lo miró asustada.

¡London, yo soy tu papá…! ¡Yo! ¡No ese imbécil! - gritó con desesperación, pero la pequeña se zafó y corrió a esconderse nuevamente.

¡Draco por favor! – exclamó la ojimarrón, tratando de calmarlo; aunque ella también estaba alterada.

Vamos Hermione, si él le hubiera dicho que es su padre ¿De verdad crees que no la hubiese puesto en tu contra? – terció con frialdad.

¡Draco, suficiente! Necesito hablar con ella – lo tomó por los brazos para hacer que la viera y comprendiera.

Los dos lo haremos – rotundizó el rubio.

¡No! – atajó la castaña, porque sabía que como estaba Draco no dudaría en continuar diciéndole cosas en contra de Harry; y ella no quería que su hija fuese alcanzada por aquel odio.

Hermione no me dejes fuera de esto… ¡Aunque no lleve mi sangre ella es mi hija! – protestó, y sus ojos grises se dilataron con ira.

¡Déjanos solas, por favor…! – exigió con tono de súplica, empujándolo.

Draco la miró con decepción y dolor, Hermione se mordió los labios y agachó la mirada, la cual continuaba llena de lágrimas… El ojigris se apartó bruscamente de ella, se dio la vuelta y salió cerrando violentamente la puerta del salón tras de él. En el vestíbulo se encontró con Theodore y Lina, los dos lo observaban y estuvo seguro que se habían enterado de lo que estaba pasando… Pudo saberlo por la expresión presuntuosa que tenía la rubia; era como si ella estuviese feliz porque él pudiese estar sufriendo. Aún así los ignoró, se quedó allí afuera, tratando de escuchar lo que hablaba Hermione con London; sin embargo en ese momento su hija lo llamó desde el rellano de la escalera…

¡Papi…! ¿dónde están todos…? – preguntó con una vocecita asustada.

Draco la regresó a ver - París… - dijo con la mandíbula tensa, incluso pudo sentir que su ira aumentaba por el hecho de que la niña hubiese llegado a interrumpir su intento de enterarse lo que la castaña le diría a London.

Tuve una pesadilla – gimoteó, y él notó que sus ojitos grises estaban llenos de lagrimitas; de pronto sintió que en su garganta se formaba un nudo y la ira se apaciguó.

Entonces se dirigió hacia la pequeña rubia, pasando entre Theodore y Lina, quien le había lanzado una gélida mirada pero él la ignoró.

Llegó hasta su hija y la cargó, acomodándola sobre su pecho, besó su cabecita. – Todo está bien, hermosa… - le susurró con tono tranquilizador, llevándola de vuelta al piso superior.

Hermione se arrodilló a lado del sillón, se limpió las lágrimas, y cerrando sus ojos respiró profundamente…

London... lo primero que tienes que saber es que tu verdadero padre te ama… Él siempre te ha amado…- pronunció cada letra, y no pudo evitar que la piel se le erizara al recordar aquél primer instante que Harry puso su mano sobre su abultado vientre; que el corazón se acelerara por volver a pensar en cómo la miró antes de enfrentarse a Voldemort. Las lágrimas se volvieron a escapar y resbalar por sus mejillas, pero ella se las limpió antes de que London se diera cuenta.

Y si me ama… ¿por qué no estuvo conmigo desde que yo era bebé? ¿Por qué no es tu esposo? – preguntó la niña, mostrando su carita, pestañeando de esa forma en que solía hacerlo cuando estaba muy triste. Hermione abrió los ojos mirándole impactada.

Porque… - balbuceó, tratando de encontrar las palabras adecuadas y pensando muy bien cómo explicarle algo tan difícil para ella, a su hija. – Porque él no pudo quedarse contigo… con nosotras – soltó con dificultad, agachando la mirada y luchando con las lágrimas que insistían en escapar.

¿Nos dejó por Ginny? Por eso mi pa… Draco dijo que Harry no me merecía – respingó con la vocecita llena de temor, trabándose al mencionar al que hasta hace un par de minutos creía que era su verdadero papá. Hermione alzó la mirada, y haciendo un esfuerzo sobrenatural suprimió las lágrimas, esta vez eran lágrimas de rencor.

No, no es por ella – se apresuró a desmentir, aunque en su interior ella sentía que eso era la verdad. London soltó un suspiro que se asemejó más a un sollozo. Hermione se atrevió a tomarla de la mejilla y se la acarició, mientras buscaba las palabras más ligeras para hablarle del pasado…

¿Recuerdas esa guerra de la que te habló tu tío Remus…? – le preguntó, la niña asintió. – Verás, la vida de todos corría peligro… - comenzó, pero repentinamente los ojos esmeralda de London se dilataron mucho.

¡Voldemort! Él quería… matar a Harry – exclamó con su vocecita horrorizada. - Y entonces a mí también, porque yo soy su hija – concluyó, respirando agitadamente y lanzándose a los brazos de su madre.

London… - Hermione soltó un jadeo, el que su pequeña hubiese llegado a aquella conclusión la había dejado sin aliento y le había congelado la sangre en las venas. Pero tuvo que recuperarse, y tomar aquella justificación para poder explicarle lo demás.

No nena, Voldemort no supo de tu existencia… tú estabas aún en mi vientre… Pero sí tuve que irme para ponerte a salvo… Porque para mí, y para Harry… lo que más importaba eras tú – mintió para tranquilizarla, acariciándole la espalda pues la niña estaba temblando.

Y él se quedó solo… - musitó, separándose de su mamá lentamente, viéndola con sus ojitos muy angustiados.

Él era el único que podía vencer a Voldemort – señaló, en su interior sus emociones estaban siendo tempestuosas, y más escalofriante era que London pronunciara el nombre de Voldemort cuando en realidad ese monstruo sí había querido hacerle daño; y si la sangre que corría por sus venas no la hubiese estado protegiendo quizás habría conseguido asesinarla junto con ella.

Sí… ¡Porque Harry es un héroe, igual que Superman! – exclamó con la voz llena de fervor. Hermione esbozó una triste sonrisa.

Nena, yo lo amaba… nunca lo hubiera dejado solo de no ser necesario – quiso aclararle, aunque en verdad ella no lo dejó.

Lo dejaste por mí… - murmuró bajando la mirada, sintiéndose culpable.

London… - Hermione negó, ella era lo que más amaba en la vida y sentía que sus padres no habían podido quedarse juntos por su culpa.

Eso lo entiendo… Pero mami, el tío Remus dijo que Harry venció a Voldemort, y que eso fue hace cinco años… Y yo tengo cinco años… ¿Entonces Harry no fue a buscarnos? – de pronto la niña alzó su mirada.

Él no sabía dónde encontrarnos – soltó Hermione sin pensar.

¿Y por qué nosotras no volvimos? – la niña entornó sus ojos, y aunque continuaban cristalinos había un brillo claro de reclamo en ellos. Las pupilas marrones se dilataron, y la respiración de Hermione se volvió irregular, habían llegado a un punto de la conversación donde ya no sabía cómo explicarle aquella ausencia, dijera lo que dijera todo estaría mal.

No podía volver… London… yo… perdóname – exclamó respirando violentamente, y las lágrimas que ella estaba luchando por detener estaban ganando la batalla. London la observó por unos segundos, pero entonces la niña encontró su propia conclusión y sus ojitos esmeralda la miraron con sorpresa…

Oh… tú… te quedaste con mi pa… con Draco – balbuceó, y de sus ojitos esmeralda escaparon lágrimas. Hermione agachó la mirada, y también ella comenzó a llorar.

Él era mi amigo, y me ayudó a ponerte a salvo… - dijo, agarrándose de aquella conclusión para no tener que decirle más, era preferible echarse la culpa que complicar más las cosas; negárselo sería aceptar que Harry prefirió a Ginny en vez de a ellas. Aún a costa de su propio dolor no iba causarle ese sufrimiento a su hija.

No importa… pero ahora que volvimos yo tenía que saber que Harry es mi papá. Pero tú y miDraco, no querían que él me lo dijera ¡Yo los oí! – alzó la voz.

No podíamos decírtelo… nadie debía decírtelo, no era tiempo… Eres aún muy pequeña… no lo ibas a entender – exclamó, alterándose de nuevo, con lágrimas amargas resbalando por sus mejillas, pero esta vez ella no hizo nada por detenerlas.

Todo el mundo dice que soy muy inteligente… sobre todo tú. También me has dicho que es malo decir mentiras… ¡Y tú me has dicho muchas! – gritó con reclamo.

London… - Hermione sentía que miles de filosos cristales se habían clavado en su corazón al mismo tiempo; estar siendo juzgada por su hija era el dolor que siempre había temido sufrir.

Ahora entiendo de verdad porqué cuando te hablé de mi amigo del parque te pusiste muy nerviosa, por el pañuelo que me puso en mi rodilla supiste de inmediato que era Harry, y que él me había encontrado… ¡Y luego me prohibiste que fuéramos amigos, igual que hoy! Porque no lo quieres cerca de mí, pero él es mi papá… Y yo… ¡quiero hablar con él! – sentenció, y sus pupilas esmeraldas se dilataron mostrando que ella misma se había sorprendido de sus propios deseos. Los ojos de Hermione también se abrieron desmesuradamente, y casi pudo sentir que todo a su alrededor dio vueltas…

Estaba recordando cada minuto a lado de London… Cuando habló con ella sobre sus gustos… y descubrir que tenían tanto en común. Ahora entendía lo que Hermione le había echado en cara la primera vez que se volvieron a ver; lo mucho que a ella le irritaba que ellos dos fuesen muy parecidos, y no sólo físicamente.

Esto le hizo recordar la satisfacción que sintió al hacer rabiar a Hermione porque ella se dio cuenta de la conexión que entre ellos había. Algo único, que London defendió… y fue realmente grandioso haber escuchado gritarles: ¡Yo quiero a Harry!, y sentir cómo sus brazos se aferraban a él. Dejó que el sentimiento le diera calidez a su alma… Pero sus agradables pensamientos fueron interrumpidos cuando llamaron a la puerta, casi como si quisieran tirarla.

Harry, enfurecido por el hecho, abrió la puerta igual de agresivo…

Ginny… ¿Qué haces aquí? – inquirió brusco al verla plantada en el umbral de su puerta.

¿Qué hago aquí…?- terció, y soltó una risilla con sarcasmo. - Tú eres el que debería responder eso – subrayó con ironía, abriéndose paso hacia la sala.

¡Quería estar solo! – atajó, cerrando de un portazo tras de sí, alcanzándola en la sala. Ginny miraba alrededor, como si se cerciorara que nadie más estuviese allí.

¿Ah sí? Pues debiste siquiera comunicármelo… ¡No que me dejaste abandonada en nuestra fiesta de compromiso, con todos los invitados preguntándome dónde estabas! – se dio la vuelta para encararlo, y le gritó su enojo. - Posiblemente si los dos hubiéramos desaparecido no se hubieran cuestionado tanto – señaló, sus mejillas estaban rojas de ira y sus ojos cristalinos por la rabia contenida.

Vamos Ginevra, no quiero discutir. Ya te lo dije… ¡Quiero estar solo! no me siento bien – exclamó el ojiverde, apretando los puños y los dientes, conteniéndose al máximo para no perder la paciencia y gritarle de una vez por todas la verdad; terminar con ese absurdo compromiso. Pero entonces la pelirroja, cuya respiración era brusca, lo abrazó, desconcertándolo.

¿Harry qué pasa…? ¿Por qué estás así…? – lo bombardeó con preguntas, y tomándolo por el rostro hizo que la viera a los ojos, su mirada era insistente. Él se sintió culpable por no acabar con aquella mentira de una buena vez. La tomó de las muñecas y retiró sus manos de su cara; alejándose unos pasos de ella.

Harry, estamos a punto de casarnos… se supone que en una pareja debe existir la confianza de compartir los problemas, dejar que el otro lo apoye y lo ayude a buscar cómo remediarlos… - pero ella se acercó de nuevo, y lo tomó de las manos, a pesar de que él se rehusaba.

Ginny, de verdad… - se zafó y le dio la espalda; quizás este era el momento indicado para dar por terminado su noviazgo.

De verdad Harry, déjame saber qué te está haciendo daño…- lo abrazó por la espalda, él se giró tratando de desasirse de sus brazos.

Ginny… - iba a hablar cuando se vio atrapado por los labios de la chica, se sintió obligado a corresponder a aquel beso; igual que aquella tarde, igual que los últimos cinco años. Las manos de la pelirroja trazaban caricias por su piel, buscando una reacción, él aturdido por sus pensamientos no se fijó en qué momento cayeron sobre el sofá; y cuando dejaron de besarse se dio cuenta que Ginny le desabotonaba la camisa.

He deseado hacer esto desde hace tanto… - exhaló ella, con la respiración irregular. Harry quiso detenerla, pero cómo hacerlo sin herirla. Ginny no le dio tiempo de continuar pensándolo porque volvió a besarlo, esta vez consiguiendo deshacerse de todos los botones y acariciándolo en el abdomen. Tal vez si él no respondía a sus caricias, quizás ella podría parar, como la otra vez que intentó que se diera aquella situación. Pero justo en ese momento el celular que traía consigo para desenvolverse en el mundo no mágico, sonó… y él sintió alivio al verse rescatado por aquel artefacto muggle. Dejó de besarla e intentó incorporarse.

No contestes – pidió la chica, aunque su voz fue más de orden.

Tengo que hacerlo – contradijo, observando que el número era de la casa de Remus; y aunque fuese quien fuese él iba a contestar con tal de salvarse de aquella incómoda circunstancia.

Harry – insistió la chica, y esta vez su voz sonó más dócil.

Él negó, tomando su camisa y dirigiéndose hacia su habitación, tan apresurado que ni siquiera pudo ver que la pelirroja se cruzó de brazos y le lanzó una mirada asesina…

Cerró la puerta antes de contestar, por si Ginny lo seguía él pudiese advertir su presencia. Cuando tomó la llamada ni siquiera tuvo tiempo de preguntar quién era, una voz agitada pronunció su nombre… - ¿Harry? – titubeó la voz que reconoció de inmediato, una voz que le hizo sentir que la sangre en sus venas se detenía.

¿Hermione? – respingó, al otro lado de la línea se escuchaba un resuello irregular y él supo que ella estaba llorando.

¿Qué pasa, por qué lloras? ¿Le pasó algo a London? – se apresuró a preguntar, con el corazón oprimido.

No, London está bien… pero sí tiene que ver con ella… - negó, y se detuvo; él sintió un poco de alivio pero los segundos que tardó en decirle qué sucedía fueron inquietantes.

Harry… London ya sabe que eres su padre – soltó, con un sollozo.

¡¿Qué? – inhaló aire bruscamente.

Y quiere hablar contigo – añadió, como si aquellas palabras fuesen difíciles de pronunciar. Pero para Harry fueron más difíciles de escuchar, porque impactaron fuertemente en sus emociones… y su cerebro comenzó a ser invadido por un ensordecedor pánico.

¡¿Harry…? – llamó la castaña, y él parpadeó para recuperarse.

Voy para allá – resolvió, aunque su voz se escuchó brusca.

No, yo la voy a llevar tu casa… Snape sabe la dirección – determinó Hermione. El ojiverde continuaba tratando de asimilar la noticia; si en el momento que escuchó la voz de Hermione su sangre se detuvo, ahora recorría sus venas de una forma precipitada, y los latidos de su corazón eran frenéticos, London pronto estaría con él.

¿Harry? – llamó la pelirroja desde el pasillo, y sus pasos indicaban que se dirigía hacia la habitación. El ojiverde de inmediato se dirigió hacia la terraza.

¿Ginny está ahí? – preguntó Hermione, de una forma recelosa.

Sí… - confirmó, y en su interior intervino su maldito ego, ese que le insistía que esto podía ser un golpe bajo para Hermione, demostrarle que él también podía estar con alguien más; pero a su rescate llegó su conciencia remarcándole que en estos momentos era absurdo pensar en eso. Hermione guardó silencio, solamente su irregular respiración se oía en el auricular…

¡Harry, te estoy hablando! – exclamó irritada la pelirroja, y en el segundo que ella entró en la habitación él cerró la puerta que daba a la terraza.

Entonces London y yo no podemos ir ahora – negó Hermione.

Claro que pueden –rotundizó.

¿Se lo dirás…? – respingó alarmada.

Hermione en este momento lo único que quiero es hablar con London… ¡Lo demás no me importa! – aseveró.

¡No debes, le vas a hacer daño! Y no sólo a ella… - exclamó angustiada.

Ella ya se va, no te preocupes – la tranquilizó; para él era tan extraño estar manteniendo aquella conversación casi civilizada después de que en sus últimos encuentros se habían gritado y dedicado a verse con odio y rencor.

Harry, no… - quiso objetar la castaña.

Sí… Hermione, he estado esperando este momento por cinco años… No pienso continuar agonizando – sentenció gritando entre dientes.

Harry… - Hermione balbuceó, y él casi pudo jurar que ella estaba sintiendo remordimientos.

¿Hermione, Draco lo sabe? – preguntó, aunque estaba seguro de lo contrario.

Hablamos en tu casa – cortó la castaña, y colgó. Harry se quedó observando por unos segundos el celular, y respirando entrecortadamente.

¿Quién era? – fue la demandante pregunta de su novia quien lo hizo voltear a ver y darse cuenta que la chica lo había seguido hasta la terraza. Ella no se dio cuenta pero los ojos esmeraldas la fulminaban.

Ginny, tienes que regresar a tu casa – dijo brusco, caminando a zancadas de vuelta a su habitación.

¿Qué…? Yo no quiero – refutó siguiéndolo. - Yo quiero pasar la noche contigo – exclamó, y tomándolo del brazo lo volvió a besar, pero él no le correspondió, ni qué decir que su piel expuesta no reaccionó al contacto.

Era Nymphadora… - dijo tomándola por los hombros, apartándola de él. - Tu madre está muy preocupada – añadió con voz seria.

Mamá sabía perfectamente que yo venía para acá… -desmintió. - Me estás rechazando de nuevo – concluyó, mirándole glacial. Harry cerró los ojos y guardó silencio.

Bien, esta vez tampoco voy a rogarte – zanjó, apretando los dientes. Pasó a lado de él hecha una furia, el ojiverde sintió la ráfaga de aire que ocasionó por la violencia con la que salió, oyó el portazo y luego otro indicando que se había ido del departamento.

Harry se dejó caer al pie de la cama, sabía que la había herido, sin embargo por ahora no iba a detenerse a sentirse mal por eso. En estos momentos lo único en que podía pensar era en la emoción y a la vez desesperación que tenía por ver a London; porque ahora ella ya sabía que él era su padre… Aunque esto lo invadía de miedo y dolor de sólo pensar que ella no lo llegara a querer nunca como tal.

Todos los derechos reservados de los personajes y nombres de la marca HARRY POTTER, son marcas registradas de Warner Bros. JKR

¡Protego!

Ahora sí… lo sé he vuelto a desaparecer por más de dos meses… pero para qué hablar de tiempo… Hola espero que me disculpen por subir el capítulo hasta ahora, en serio ojalá haya valido la espera y aprovecho para agradecerles mucho su infinita paciencia. Les prometo que mientras tenga la oportunidad aquí nos estaremos leyendo…

Isagel, Krasni, NT de Lupin, Joselyn, Jarolanne, firedarkness, deli: No saben cuánto les agradezco sus comentarios, de verdad me animan mucho gracias ^^

Anyeli Potter Granger