Holis! Que tal? Mis sexis lectores! Espero que les este gustando la historia y la sigan dia a dia!
Sin más aquí está el nuevo capítulo de "volver a amar"
Capitulo 21
Amu lo miró a los ojos y lo que vio en ellos la dolió. Detrás de aquella filosofía y rudeza, Ikuto se estaba muriendo lentamente por dentro. Y ella, que se moría por poder consolarle, era impotente. Tan impotente como él mismo.
Por fin él suspiró y dijo:―Me costó mucho tiempo aceptar que había algo ante lo cual yo no podía hacer nada, pero supongo que lo estoy consiguiendo. ¿Está dormida ya?
―Debería estarlo, pero creo que estará despierta esperando que tú vayas a darle el beso de buenas noches.
―De acuerdo. Subiré en un minuto. ¡Ah, café! Estupendo ―se sirvió una taza y miró el documento que ella tenía todavía en la mano―. ¿Qué piensas de eso?
―Lo siento ―se disculpó ella con rapidez―. No quería curiosear. Es que me fijé en el nombre de Cosway y me pregunté cómo habría salido el contrato.
―No muy bien. Todavía sigue poniendo dificultades. No te disculpes. No me importa que mires. No lo he olvidado.
―¿Olvidar el qué?
―Nuestro trato. Te prometí una oportunidad profesional a cambio del tiempo que dure este matrimonio.
―Ya me estás pagando un buen salario.
―Pero quiero darte más, que eso. Tienes cualidades para convertirte en asistente de primera categoría. Para mí, quizá.
Amu apretó los puños fuera de la vista. ¿Cómo podría hablar de trabajar juntos como si nada hubiera ocurrido?
―No creo que eso fuera una buena idea ―dijo.
―¿No? Quizá no. Sólo quería que supieras que soy un hombre de palabra. Tenías razón en recordármelo.
―No lo he hecho. Sólo...
―No, ya sé que no ha sido a propósito. Pero sigues interesada en los negocios, ¿verdad? Te dejaré algunos libros para que los leas. Los encontrarás de mucha ayuda.
―Gracias ―dijo Amu
La dulce camaradería de un momento antes había desaparecido. Para poner peor el asunto, Ikuto se dio la vuelta inmediatamente hacia la estantería a sus espaldas y sacó un volumen.
―Aspectos de la Dirección de Empresas ―leyó―. Empieza con esto. Ahora subiré arriba a dar las buenas noches a Alice.
Un extraño que hubiera entrado a la casa de los Tsukiyomi hubiera pensado que eran la familia perfecta. El amor que unía a ambos padres al hijo era casi una cosa tangible, que infundía a la casa de su atmósfera. Amu se dedicaba en exclusiva al cuidado deAlice, la iba a buscar a la escuela, vigilaba su descanso y hablaba con ella. Ikuto llegaba a casa cada día lo antes posible y, si llevaba trabajo consigo, nunca lo hacía antes de que Alice se hubiera acostado.
A menudo picaba algo en su estudio y trabajaba hasta avanzada la noche. A veces, cenaba con su mujer y hablaba con su hija. Normalmente, ella se acostaba antes mientras él hacía llamadas telefónicas trasatlánticas y por fin trabajaba en silencio en la habitación sin encender la luz para no despertarla.
Lo cierto era que ella nunca estaba dormida, aunque lo aparentara. Bajo la fachada de sus vidas,Amu estaba tensa de ansiedad, tristeza y añoranza.
Su amor insatisfecho la atormentaba. Al principio, le había bastado con ver a Ikuto todos los días. Sentía júbilo en amarlo y en estar constantemente en su compañía y eso sólo le había bastado por una temporada, pero poco a poco la necesidad de más se había vuelto insoportable.
Si quería hablar de Alice, él dejaba todo lo demás a un lado. Sus oscuros ojos se fijaban intensamente en Amu y ella sonreía a veces. Durante un breve momento, ella intentaba creer que era ella la que le tenía absorto. Pero la realidad siempre aparecía para destruir la ilusión, y ella se encontraba a sí misma sola de nuevo en un lugar que cada vez se le parecía más a un desierto.
A él le gustaba ella, le estaba agradecido y demostraba aquella gratitud con generosidad. Y después de aquella explosión que había terminado en su compromiso, se había mostrado cortés y considerado. Pero no había nada más. Tenía que enfrentarse a eso.
Al principio apenas le había importado estar viviendo en la casa de Nagisa. Pero, cuando se desvaneció la excitación de la boda, cada vez pensaba más que aquél era el sitio adonde Ikuto había llevado a su mujer diez años atrás, el hogar que habían levantado juntos. En un momento de distracción, Akane había revelado que no se permitía ningún cambio. Si la decoración se desgastaba, se re-emplazaba exactamente por lo mismo. Habían modernizado la cocina, pero aparte de eso, todo estaba como Nagisa lo había escogido. Y Amu se preguntaba cuánto habría amado aquel hombre a aquella mujer para detener el reloj el día de su muerte.
Una vez, buscando un bolígrafo que él le había prestado, se aventuró a abrir los cajones del despacho. Y entonces encontró algo que hubiera preferido no ver. Era una fotografía deNagisa, con su bebé en los brazos, tomada, Amu lo sabía, por el mismo Ikuto. Parecía frágil y cercana a la muerte, pero todavía estaba bonita. Amu había visto esa misma foto en la mesilla de Ikuto, pero él la había retirado con cortesía antes de su matrimonio. Ahora ella sabía que él la había escondido allí para poderla ver en privado.
Bajo la foto, había un álbum. Amu luchó con la tentación, pero al final ningún poder en la tierra impidió que sus celos le obligaran a abrir las páginas.
Había foto de Ikuto y de Nagisa en el día de su boda, las caras radiantes mirándose el uno al otro. En otra estaban de vacaciones, Nagisa en bikini, alzada en sus brazos mientras él se preparaba para lanzarla con una carcajada.
Era difícil reconocer a Ikuto . El autócrata de lengua afilada en que se había convertido no era en aquel tiempo más que un chico joven, con una cara radiante y cándida, ojos azules vivos e intensos sin ser tocados por el dolor. Amu sintió que podía leer en su mente. Era joven, con talento, apasionadamente enamorado y con sus deseos de amor cumplido. Creía que el mundo era suyo y que siempre lo sería. No tenía ni idea entonces de que su felicidad iba a verse truncada de forma trágica. Con tristeza, Amu apartó las fotografías.
Una noche, como tantas otras antes, se quedó despierta mucho tiempo después de que Ikuto se durmiera. La cama, que desde fuera parecía bastante grande, era muy pequeña ahora que la compartían.
Era imposible no ser consciente de su gran cuerpo tan cerca del de ella, cubierto sólo por el pijama y compartiendo el mismo calor que ella.
La luz de la luna le dio una visión clara de su cara, tan tensa como por el día, tan vulnerable en el sueño.
Tuvo que luchar contra la tentación de posar suavemente sus labios en ella y robarle un beso prohibido. Mientras observaba la forma de su boca, inesperadamente curvada en contraste con sus rasgos duros, la pudo sentir contra la de ella como el día de la boda. El recuerdo la acosó, encendiendo su cuerpo de deseo. En otro momento, ella se hubiera adelantado y él le hubiera rozado los labios con los suyos...
Amu apretó los puños y se obligó a salir de la cama. Debía apartarse de Ikuto hasta que se le pasara aquel peligroso estado de ánimo. Moviéndose en silencio, agarró la bata y salió de la habitación. Una vez abajo, recogió el libro Aspectos de la dirección de empresas y se fue a la cocina. Allí se preparó una taza de leche caliente y empezó a hojear el libro hasta que comprendió que había leído la misma página cuatro veces sin enterarse de nada. Las palabras bailaban delante de ella; eran agudas, como pequeñas flechas que se clavaban en su corazón. El mundo estaba lleno de tormento y no podía hacer nada para que remitiera.
―¿Qué haces aquí abajo a estas horas?
;-)
;-)
;-)
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;-0
Fin del capitulo 21
Holiiis!
No se olviden de comentar eh!
Review=capitulo
Y ah! Pequeñas sensualonas en el próximo cap les voy a dar un poquito de lo que quieren e.e…..amu e Ikuto se "soltaran" un poco…asi que comenten y espérenlo!
