¡Hola a todos!
Espero que no se hayan cansado de esperar. Sí, sé que estoy llegando algo tarde pero muchas cosas impidieron que actualizara. Primero rendir, después visitas... No podía ni escribir ni publicar lo que ya tenía. Espero que sepan perdonar.
Como verán, ya nos encontramos en el 2015. ¡Feliz año nuevo! Los típicos deseos que se dan para estas situaciones vienen a continuación: paz, prosperidad y salud. Pero también espero que la imaginación no los abandone nunca, que puedan lee mucho, disfrutar de la vida por completo. Quiero que en este 2015 sonrían más y lloren menos. Que abracen mucho, que disfruten del amor, del romance. Que besen mucho. (ok, ya dejé en claro con eso lo romántica que suelo ser).
¡Disfruten de la vida, lectores!
Ninguno de los personajes de Harry Potter me pertenece.
Aigo: Espero que sigas con vida.
UchihaNai: Dime que ya te has recuperado por completo. Realmente deseo que sea así. ¡Muchas gracias por leer! Me alegra que te guste la historia y el adelanto que dejé al final.
Cat C. F: Me dirás después si estuvo interesante o no este capítulo.
CAPÍTULO VEINTIUNO
Remus contempló a Hermione inclinada sobre un montón de libros. Tenía tantos abiertos sobre la pequeña mesa que era imposible decir cuál era el que estaba leyendo. Quizás el grandote azul o todos a la vez. Sus risos estaban mucho más incontrolables que de costumbre porque a pesar de que se había hecho un rodete cientos de risos individuales salían desprendidos en todas direcciones. Él estaba seguro que ni siquiera se había peinado esa mañana después de despertarse (y no es que hubiera dormido mucho porque la había sentido dar vueltas y vueltas en la cama hasta la madrugada) ni tampoco después de tomar una ducha. Estaba preocupado por ella. No sólo porque no podía hablar sino porque estaba tan desesperada por encontrar una solución para su dilema que apenas había probado bocado.
Estaban en la librería, revisando en los volúmenes que tenían sobre pociones ya que en los de su casa no habían descubierto absolutamente nada. Habían pasado dos días desde que su querida esposa había dejado de hablar y no parecía estar cerca de encontrar algo útil. Harry y él habían entrevistado a Tom para averiguar quién le había pedido que le llevase esos vasos de cerveza de mantequilla pero con disgusto habían descubierto que no el tabernero no sabía nada porque no lo recordaba: alguien se había encargado de borrarle parte de sus recuerdos. Él sólo les había llevado las bebidas porque el instinto le decía que debía hacerlo. Ginny, mientras tanto, se había encargado de llevar consigo a Hermione y a Teddy a la casa para después comunicarse inmediatamente con Albus Dumbledore y contarle lo sucedido. También había sido inteligente como para tomar una muestra de la copa del líquido que había ingerido su amiga para intentar averiguar qué contenía; no obstante nadie supo identificar de qué se trataba. Si era una poción, quizás la habrían inventado recientemente, lo que quería decir que había pocas oportunidades de conseguir con la cura.
—Hermione, ¿quieres almorzar algo?
Ella no alzó la vista de los libros pero negó con la cabeza. Era casi irónico que con simples miradas o gestos pudiera comunicarse tan bien con él.
—Debes comer algo—insistió—Anoche no cenaste por quedarte leyendo y en el almuerzo sólo comiste dos bocados de tarta de calabaza.
La vio encogerse de hombros levemente, restándole importancia al asunto.
—Harry y Albus también están investigando—añadió—Debes tomarte un respiro para poder comer algo y dormir… y por favor, mírame cuando te hablo.
La vio alzar el rostro a regañadientes y contemplarlo con molestia por haberla interrumpido.
—Hablo enserio—dijo con el mismo tono represor que usaba con Teddy cuando tenía un berrinche o no quería hacerle caso—Vamos a regresar a casa ahora mismo, comerás, tomarás una ducha con agua tibia y luego te irás a dormir.
Los labios de su esposa se volvieron una delgada línea que demostraba su enojo. Ella tomó la varita con sus manos y comenzó a escribir con ella en el aire. Las letras se trazaban de un color azul que permitía que las leyera con claridad.
"No soy una niña"
—Entonces no te comportes como una.
La trajo a la casa a pesar de sus protestas silenciosas y la obligó a sentarse en la mesa mientras él improvisaba una comida lo suficientemente nutritiva como para que recuperarse las vitaminas y minerales que no había ingerido. Ayudándose con su varita hizo sopa de vegetales, carne asada, ensalada y una jarra de jugo de naranja. Cuando lo llevó todo a la mesa levitando, Hermione abrió los ojos sorprendida de la cantidad.
—Comerás un poco de todo—le ordenó mientras ponía un tazón humeante de sopa delante de ella—No quiero ver que te levantes hasta que no veas el fondo del plato.
Al principio, notó que comía con desgana, dando diminutos sorbos, pero finalmente bebió todo, comió bastante carne y ensalada y tomó un medio vaso de jugo. Conforme, le permitió ir al piso superior pero con la advertencia de que él iría a comprobar que no estuviera con un libro en las manos.
—Toma mejor un baño, en vez de una ducha—le aconsejó cuando estaba subiendo las escaleras.
Ella asintió distraídamente antes de desaparecer en el piso superior.
Remus estaba dispuesto a hacer lo que había dicho. Le daría un momento para que se relajara a solas antes de subir y comprobar que no estuviera leyendo alguna otra cosa. Mientras tanto, él ordenaría la cocina y limpiaría los platos. Quería que, al menos por un momento, no estuviera pensando en lo que le había sucedido. Sabía que sería difícil puesto que no podría olvidarse de que no podía hablar pero tanta preocupación y mal descanso no serían buenos para su cuerpo. Ella, como medimaga, debía de saberlo.
Terminó rápidamente pero aún así se tomó su tiempo antes de dirigirse a las escaleras. Pero antes de que pudiera subir más de tres escalones, el timbre de la puerta sonó. Se preguntó quién sería a esa hora. Cuando abrió la puerta se sorprendió al descubrir a una extraña pareja.
—Hola, Remus… —lo saludó Luna con su usual mirada ensoñadora antes de fruncir su ceño y ladear la cabeza para contemplarlo con curiosidad—Tienes muchos torposoplos alrededor de tu cabeza y confunden tus pensamientos. Deberías tener cuidado…
Con sólo doce años, ella había demostrado ser una alumna muy inteligente y particular y a pesar de que había crecido, no había cambiado su personalidad. Neville, por otro lado, sí lo había hecho. Ya no era el muchachito nervioso y tímido de antaño. Ahora era profesor y eso le había otorgado cierta confianza en sí mismo.
—¡Hola, Remus!—lo saludó el chico con una sonrisa amable—Albus nos ha contado lo que le sucede a Hermione y creo que puedo tener una solución.
—¿En serio?—preguntó sorprendido y esperanzado—¡Adelante, por favor!
Los hizo pasar a la sala y les ofreció algo de beber pero como ambos se negaron, decidió subir inmediatamente a la habitación para buscar a Hermione. Le había dicho que descansara pero si Neville había encontrado una cura para su mutismo esto era algo que querría saber inmediatamente. Subió las escaleras con prisa, caminó por el pasillo y abrió la puerta de un solo y amplio movimiento. Quizás no debía de haberse asombrado descubrir a su mujer allí, aún vestida con la misma ropa, con el mismo cabello revuelto y sin peinar; sentada sobre la cama con un libro grueso sobre sus piernas mientras que otro flotaba, gracias a un hechizo de levitación, a un lado, abierto a la mitad.
—Hermione, ¿Qué se supone que estás haciendo?—le preguntó con molestia—Te mandé a bañarte y dormir, no a seguir leyendo.
La chica apartó los ojos del libro para mirarlo con molestia.
—¡A la ducha, ahora!—ordenó, no importándole tener que usar su tono de enojo que usaba con Teddy cuando se portaba mal.
Ella no le hizo caso y volvió a leer. No le dejó otra opción: con grandes zancadas se acercó a ella y, antes de que pudiera hacer cualquier cosa o entender qué estaba a punto de suceder, le arrebató la varita de la mano. El libro cayó al suelo provocando un ruido seco. Hermione lo contempló sorprendida y disgustada al mismo tiempo.
Si hubiera podido pronunciar algún tipo de sonido hubiese gritado cuando él la tomó entre sus brazos sin demasiados cuidado y la cargó como si se tratara de alguien que no pudiera caminar por su cuenta. Intentó desprenderse de su agarre y golpearlo en el pecho pero Remus hizo como si no notara nada de esto. La aferró mejor para que no se cayera y la apretó contra su pecho, impidiéndole tener mucha movilidad. No la miró a la cara pero sabía perfectamente lo que encontraría allí. Ella estaba furiosa. Pero no le importaba. Los dos últimos meses, los días que seguían a la luna llena, su esposa se ocupaba de él con dedicación, aún si él se negaba. Ahora era el turno de ella de ser cuidada.
El trayecto que había desde la habitación hasta el baño no era largo pero aún así lo recorrió con prisa, temiendo que si se tomaba más tiempo ella podría revelarse con más intensidad y escaparse.
Murmuró un hechizo que hizo que la puerta se abriera e ingresó con ella aún en sus brazos. La puerta se volvió a cerrar mediante magia mientras la depositaba en la tina y, antes de que pudiera hacer algo más, giró la manilla e hizo que la ducha comenzara a caer con fuerza sobre la cabeza de Hermione.
—¡Te quedarás aquí!—le ordenó.
Esta vez sí la observó. Tenía la cara completamente roja de la furia que sentía. Sus manos estaba apretadas en puños y todo su cuerpo estaba tenso. Respiraba con profundidad, aunque más que respiraciones eran bufidos rabiosos. Él no se dejó intimidar por esta imagen. Especialmente ahora que estaba mojándose completamente, pareciéndose demasiado a un pequeño gatito rebelde y malhumorado que no quiere tomar su baño.
—Quítate la roma—dijo con intención de salir de allí inmediatamente para dejarla sola pero al notar que no movía ni un músculo le lanzó una mirada de advertencia—Quítate la ropa y báñate o juro por Merlín que lo haré yo.
Quizás ella pensaba que su amenaza era infundada porque, contrariamente a lo que su esposo le había dicho, se cruzó de brazos y sus ojos adquirieron un brillo de reto que decía claramente: "atrévete"
No por nada él en su juventud había sido uno de los Merodeadores. Cuando alguien lanzaba un reto tan claro no podía hacer otra cosa más que aceptar, no importaba que segundos antes él mismo se arrepintiera de haberle dicho que la bañaría.
Se arremangó las mangas de su camisa sin mucho cuidado, dio unos pasos hacia adelante y de un movimiento hizo que ella descruzara sus brazos. Tomó con un puño la base de su blusa y la tiró hacia arriba, obligándola a alzar los brazos para sacársela por su cabeza. Los ojos de Hermione se abrieron como platos, sorprendida del atrevimiento de él. Remus no le hizo caso. Se acuclilló y sin perder tiempo alguno desprendió los botones de su pantalón y luego se los bajó hasta los tubillos. Las puntas de sus dedos tocaron todo el camino de sus piernas aunque interiormente él se dijo que esto fue sólo un accidente. Volvió a ponerse derecho para tomarla por su cintura y alzarla lo suficiente como para conseguir apartarla de la prenda. Luego, sin siquiera ponerse a pensarlo, la volteó, quedando así frente a él su espalda para poder desprender su sostén con una eficacia digna de un maestro, y así deslizar sus tiras por sus hombros. Como ella ya no tenía los brazos cruzados sobre su pecho, éste terminó en el suelo de la tina.
Se giró, buscó la esponja vegetal que sabía siempre usaba puesto que tenía el aroma de su jabón y la humedeció con el agua antes de enjabonarla. Después de esto, procedió a fregar con firmeza sobre la piel de su espalda pero sin perder la suavidad del toque.
Tal vez fue el hecho de que ella sólo lo dejaba hacer o quizás porque se detuvo un momento a admirar la curva de su cintura que poco a poco iba ensanchándose para formar unas caderas hermosas… Sea cual fuese el motivo, cuando se dio cuenta de lo que estaba haciendo, ¡De lo que estaba haciéndole a Hermione!, soltó la esponja bruscamente y retrocedió rápidamente para pegarse a la puerta del baño, queriendo escapar de allí inmediatamente.
¡¿Cómo diablos se había atrevido?! ¿A caso no estaba pensando? ¡No, definitivamente no! Si a duras penas podía mirar a Hermione a la cara después de lo que había sucedido aquel día que la había marcado, definitivamente ahora quería que la tierra se lo tragara para así desaparecer de la faz de la tierra.
Por la mente de Hermione, mientras tanto, aún no podía pasar ningún pensamiento lo suficientemente coherente que pudiera explicar qué rayos había sucedido. Había estado furiosa desde que Remus la trajo de regreso a la casa, diciéndole que debía descansar que lo único que pensaba era en poder deshacerse de él para volver a leer. Y eso había hecho. Comió velozmente y subió las escaleras como un rayo para buscar alguna idea en dos libros que ya había visto pero que temía haber dejado pasar algo por alto. Había sabido que tenía que ducharse para contentar un poco a su esposo pero el tiempo vuela cuando ella lee así que no se dio cuenta de su distracción sino hasta que él abrió la puerta del cuarto.
Después de eso, todo se salió de control. Nunca hubiera imaginado que Remus actuara así. Mucho menos que, en ese loco sucedo dónde sólo sentía deseos de matarlo, pudiera estremecerse del modo en que lo hizo cuando sus dedos rozaron con suavidad la piel de sus piernas, deslizándose por ella haciéndole desear arrastrarlo dentro de la ducha con ella y devorarle la boca. Y cuando la volteó y desprendió el sostén, dejándola sólo con sus bragas… ¡Merlín! ¡¿Cómo pensar en una situación así cuando el hombre que siempre quiso estaba desnudándola?!
Pero ahora él parecía haber vuelto a la realidad. Lo había oído soltar un jadeo de sorpresa, como si él mismo no creyera lo que acaba de hacer. Ya no lo sentía tocándola ni siquiera cerca suyo. Giró el rostro por encima de su hombro para verlo agazapado contra la puerta como si fuera un animal capturado que buscaba con desesperación una salida. Quiso decirle algo, cualquier cosa, pero no podía aún pronunciar aún ni una maldita palabra.
—¡Por Merlín, no te voltees!—lo oyó decir.
¿Voltearse? La idea ni siquiera se le había cruzado por la cabeza. Ser tan descarada no formaba parte de su naturaleza y la simple idea de pensar en hacerlo conseguía que sus mejillas ardieran. Negó con su cabeza para darle a entender el mensaje.
Lo vio tirar la cabeza hacia atrás para hacerla chocar con la puerta. Seguramente ahora no sólo estaba avergonzado sino también arrepentido. Deseaba tener el valor de decirle que ella no pensaba igual, que esta podía ser otra situación que dejarían pasar y que ambos actuarían como si nada hubiera sucedido. Pero no podía confesarle que sentirlo tocándola le había gustado. Y aunque quisiese decirle, no podría. Aún estaba muda.
—Hermione perdóname…—rogó con los ojos cerrados—¡Perdóname! Esto jamás volverá a suceder. Me excedí. Sé que debes estar furiosa conmigo y que no tengo perdón… Yo… ni siquiera sé qué me pasó. No actúo con impulsividad desde que era un adolescente… ¡Maldita sea, sólo estaba preocupado por ti! Sólo quería que te ducharas, que durmieras y descansaras… Quería encargarme de ti, quería cuidarte… No ultrajarte de este modo.
Ella no se sentía ultrajada.
—Sé que éstas no son excusas para mi comportamiento pero no puedo encontrar una mejor… aunque ninguna sería la correcta dado lo que hice. Entiendo que no quieras perdonarme si…
Hermione suspiró, algo agobiada por todas las tonterías que estaba diciendo. Le hubiera importado si ella se sintiera molesta pero no lo estaba. Remus siempre había actuado como un caballero con ella y ahora, sinceramente, no había hecho nada más que preocuparse por ella. Lo contempló y oyó que volvía a disculparse pero sin mirarla y que tenía todo el rostro de color rojo furioso. Se miró a sí misma y comprendió el motivo: la única prenda que le quedaba encima era sus bragas y en ese momento, gracias al agua de la ducha que seguía cayendo, se le pegaba a su piel y trasparentaba, dejando poco a la imaginación. ¿Cabía la posibilidad de que le gustara lo que viera? Ciertamente ella no era de las desvergonzadas que se voltearían para que él la viera desnuda pero si eso significaba cierto avance en su "relación" quizás tuviera el valor de intentarlo… ¿A quién quería engañar? No, no lo tenía.
Extendió su mano hacia un lado y cerró la ducha. Buscó a tientas la toalla y, cuando la tomó, rápidamente se envolvió con ella antes de que voltearse y enfrentar a Remus. Él seguía sin mirarla, como si ella representara todo lo que él detestaba en ese instante. Salió de la tina teniendo cuidado de no resbalarse en el suelo por sus pies mojados. Caminó hasta quedar frente a él.
Remus no necesitó abrir los ojos ni que ella lo tocara para darse cuenta de su proximidad y Hermione lo sabía. Sus capacidades de hombre lobo le permitían sentir el aroma que desprendía su piel húmeda. Pero como él parecía decidido a no mirarla, no le quedó otro modo de llamar su atención más que tocar su mejilla con su mano húmeda. Él suspiró ante su toque. Fue un suspiro lleno de resignación, como si supiera que no había otras opciones en aquel espacio reducido. Enderezó su cabeza y abrió los ojos. Ella notó que hacía grandes esfuerzos para no bajar la vista hacia su cuerpo y tuvo que ocultar la sonrisa que pronto impulsó las comisuras de sus labios hacia arriba.
Así que su querido esposo no le era tan indiferente después de todo… Quiso saltar sobre él y besarlo hasta dejarlo sin aliento, estaba llena de una felicidad explosiva, pero se abstuvo. Podía haber descubierto que sentía cierta atracción pero eso no quería decir que él podría apartarla rápidamente si quería. Debía encontrar el momento oportuno para hacer un avance. Pero, sin lugar a dudas, este conocimiento era valioso, muy valioso.
—¿Me perdonas?—murmuró él.
Hermione asintió.
—Puedes abofetearme si quieres—siguió diciendo.
Ella simuló meditarlo hasta que al final, notando que su desesperación era sincera, negó con la cabeza, obsequiándole una linda sonrisa que a Remus le aceleró el corazón. Eso, sumado a tenerla casi desnuda delante de él hacían que su autocontrol peligrara.
—Gracias… Aunque sé que no merezco tu perdón, gracias—se acercó a ella con intención de abrazarla pero se detuvo de repente. La miró con una nueva clase de angustia, una mucho más primitiva, hasta que al final se alejó volvió a su posición anterior—Termina aquí… Tómate tu tiempo… Sólo subí con la intención de despertarte si estabas dormida para avisarte que Luna y Neville están aquí. Él dice que puede que haya encontrado la solución para tu mutismo.
Los ojos de Hermione se abrieron, sorprendida por esto.
—Parece convencido así que… será interesante oírlo… Yo…eh… yo iré con ellos. Te esperaré abajo.
Aún sin querer acercarse demasiado a ella, abrió la puerta y salió de allí a toda velocidad.
…
Luna tarareaba suavemente mientras esperaba que Hermione apareciera. Cuando había bajado Remus, había notado en su mirada un brillo particular que antes no estaba allí y que sólo podía significar una cosa. Quizás ya era tiempo de que él se enterara del secreto de Hermione. Estaba segura que a su antiguo profesor no se le cruzaba siquiera por la cabeza que ella lo amaba.
Su amiga no tardó mucho en bajar y saludarlos. Parecía que acababa de bañarse y su cabello estaba peinado en una trenza francesa. Bajo sus ojos había manchas oscuras que indicaban claramente que no había estado durmiendo bien.
Ella los abrazó a ambos con afecto y les sonrió. Se sentó ansiosa a escuchar lo que Neville tenía para decirles. Se notaba que tenía muchas preguntas que hacerles y que sentía la frustración de no poder pronunciarlas. Giró su rostro hacia un lado, buscando algo, hasta que finalmente miró a Remus y frunció el ceño. Sin siquiera preguntar, tomó la varita de su esposo para invocar la suya propia. Él pareció avergonzado por algo aunque Luna no pudo deducir precisamente la razón. La varita mágica de Hermione vino volando desde el piso superior y terminó en sus manos. Le devolvió la suya a Remus.
—¿Qué has averiguado?—preguntó el hombre tras aclararse la garganta—¿La solución?
—No quiero dar falsas esperanzas… sólo creo saber qué puede haber ocasionado la incapacidad que tiene Hermione para hablar—comenzó a decir Neville—Aunque puede que esté equivocado.
—No estás equivocado—dijo Luna—Estoy segura que tienes razón.
El muchacho se ruborizó mucho al recibir el apoyo de su novia. Se lo agradeció y siguió con su teoría.
—Cuando el profesor Dumbledore nos contó lo que había sucedido se me ocurrió que tal vez habías ingerido Agnatea parale.
—¿Qué es eso? ¿Una poción?—inquirió Remus.
—No. Es una planta. De la familia de las Asphodelaceae.— les informó—Son bastante extrañas pero esta clase en específico es muy tóxica. Tiene una toxina que paraliza las cuerdas vocales, imposibilitando al que la ingiere la posibilidad de realizar cualquier sonido.
Hermione se quedó pensando un minuto en eso. Jamás había oído nada sobre la Agnatea Parale pero no dudaba de las palabras de Neville. Si alguien sabía de herbología era él. Lo que le extrañaba era que nunca lo había estudiado en sus años de colegio. Neville pareció comprender su mirada de desconcierto a la perfección.
—La profesora Sprout creía que era algo demasiado peligroso para darlo en clases.
—¿Y tú?—inquirió Remus.
—Creo lo mismo. Hemos trabajado con otros elementos peligrosos pero creo que las facetas venenosas se las dejo para la clase de Pociones. Además, la paralización de las cuerdas vocales sólo se produce cuando es ingerida en dosis pequeñas. Mientras más se consume, más nocivo para el cuerpo es—explicó—Por eso creo que el que se la dio a Hermione tiene conocimientos amplios en herbología o pociones…
—¿Se la utiliza para alguna poción?
—Sí, pero tampoco se enseña esa clase de pociones en el colegio. La Agnatea es una planta extraña que no crece en el país por lo que es muy costosa. No cualquiera podría comprar las hojas. Así que quién la puso ahí debe tener muchos galeones en su bóveda.
—¿Hay algún modo de contradecir sus efectos?
Neville sonrió y asintió con la cabeza, consiguiendo que Remus suspirara aliviado.
—Lo hay pero… hay que hacer una poción—dijo preocupado—Soy terrible en eso. Puedo darte los ingredientes y los pasos a seguir pero jamás podría hacerlo yo.
Hermione se señaló a sí misma, queriendo decirles que ella podría pero Neville negó con la cabeza.
—No puede elaborarla la persona afectada. Tiene que ser alguien más—dijo—Le dije al profesor Dumbledore que lo haga Slughorn pero se negó. Dijo que mientras menos personas se enteran de lo sucedido, mejor.
—¿Entonces quién será?—preguntó Remus—Yo tampoco soy bueno con pociones.
—Yo puedo hacerlo—dijo Luna.
Durante unos momentos todos quedaron en completo silencio, contemplándola. Ni Neville ni Hermione habían compartido clases con Luna por lo que desconocían completamente la capacidad de la chica en esa área. Remus también tenía sus dudas.
—Es complicado. ¿Crees que podrás hacerlo?—preguntó con cuidado Neville, no queriendo herir los sentimientos de su novia.
—Sí—respondió con firmeza.
Él miró a Hermione, esperando que diera algún indicio de aceptar o no el ofrecimiento hasta que finalmente asintió. Luna podía ser un poco excéntrica pero recordaba que sus notas no habían sido precisamente malas. Además, el sombrero seleccionador la había colocado en la casa de las águilas, donde se encontraban los más inteligentes. Confiaba en su amiga y le dejaría preparar la poción para ella.
—Iré a hacerla ahora mismo—dijo Luna poniéndose de pie, dispuesta a marcharse inmediatamente—Los nargles están extrañamente calmos hoy y debemos aprovechar esto. Nunca se sabe cuándo puede comenzar a alborotarse de nuevo.
Hermione pensó por unos momentos que quizás había tomado una decisión de manera precipitada pero tras ver la determinación en la mirada de su amiga se volvió a repetir que confiaba en ella.
—¿Necesitas algo en particular que podamos conseguirte?—preguntó Remus.
Neville negó.
—Cuando le dije al profesor Dumbledore sobre esto me dijo que cualquier cosa que necesite él se haría cargo de conseguir. Creo que ya lo hizo…—indicó—Incluso nos prestó un salón en desuso para realizar la poción. Si todo sale bien la tendremos lista mañana a primera hora.
A Hermione eso le pareció una eternidad. Ella no era parlanchina, o al menos le gustaba pensar que no, pero estar incapacitada para hablar y comunicarse con cualquier persona era tan frustrante. Sin embargo, sabía que no le quedaba otra opción más que ser paciente.
—¿Puedo usar su baño?—preguntó Luna justo cuando su novio se ponía de pie para marcharse.
—Claro—dijo Remus.
—¿Me muestras dónde queda, Hermione?—preguntó la rubia mirándola con significación.
Ella no entendía qué quería decirle con aquella expresión pero quería descubrirlo. Asintió e hizo una señal con su mano para indicar que la siguiera. Luna caminó detrás de ella tarareando suavemente. Subieron las escaleras y, cuando llegaron al baño, Hermione le abrió la puerta.
—Sólo quería hablar contigo a solas—explicó Luna—¿Sabes que Remus ya no piensa en ti como una hija?
La pregunta fue dicha con ese tono soñador y tan despreocupado que siempre utilizaba su amiga. Hermione quiso poder decirle que no entendía a lo que se refería y se encogió levemente de hombros.
—¿Se ducharon juntos? Cuando llegamos él no olía a jabón pero después de que bajó sí lo hacía. Es el mismo ahora que tienes tú.
Esta vez, sintiendo que sus mejillas ardían furiosamente, negó con la cabeza una y otra vez. Lo que había sucedido en el baño no era precisamente lo que podía estar pasando por la cabeza de su amiga.
—Pero aún así, algo cambió—insistió—El modo en que te mira es muy diferente al que semanas atrás. Parece más íntimo, más especial…
¿Especial? Le gustaría pensar que así era pero no tenía nada que validara esa idea. Había descubierto que la deseaba pero eso no implicaba que albergara cualquier sentimiento hacia ella.
—Creo que él está listo para avanzar—comentó—Debes darle a entender que lo deseas.
¿Lo que deseaba? Quizás confesarle eso tan abiertamente no era una buena idea. Podría asustarle saber todos los pensamientos que tenía sobre él, todas las fantasías. A ella misma la avergonzaba y sorprendía la intensidad de su deseo y lo vigorosa que era su imaginación.
—Si nunca haces nada, él tampoco lo hará. Sabes que él nunca se permitirá dejarse llevar sin antes tener tu consentimiento.
Sabía que tenía razón pero aún así, demostrarle libremente que quería tener algo más que un "acuerdo" o una amistad era un gran paso. Debía encontrar el momento adecuado.
—Hazlo esta noche.
¡¿Qué?! Esa misma noche no sería jamás el momento adecuado. Era demasiado pronto.
—Tienes que aprovechar esta oportunidad, Hermione. No podrás decirle nada.
Ella rodó los ojos dando a entender que esa era la cuestión del problema.
Luna siguió insistiendo.
—Pero eso es bueno. Quizás no puedas encontrar las palabras adecuadas nunca pero puedes demostrar lo que sientes con tus acciones. Acércate a él, demuéstrale lo que quieres. Y si tu temor es que te rechace estoy segura que no lo hará y, si lo hace, es porque tiene un sentido equivocado de nobleza. ¿Qué puedes perder?
Hermione no hizo más que mirarla, sabiendo perfectamente lo que iba a perder si él llegaba a demostrar que no estaba interesado.
…
Remus notaba que Hermione estaba actuando de un modo diferente desde que Luna y Neville se marcharon. Había llevado un libro a la sala pero no lo había leído en ningún momento. Sus ojos se posaban sobre un punto de la pared y su mente, sin lugar a dudas, estaba a cientos de kilómetros de allí. No sabía si era porque estaba aliviada de saber que habían encontrado una posible solución o porque, aunque lo había negado, aún no lo perdonaba por lo sucedido en el baño. Él podía apostar que eran un poco de ambas.
La contempló sin cuidado de ser descubierto porque ella ni siquiera parpadeaba, completamente ajena a lo que la rodeaba. Al final, se había terminado de duchar por sí misma después de que él la dejó sola. Le hubiera gustado decirle que se fuera a dormir unas horas antes de la cena pero temía que ella se negara y que la situación se repitiera. Sólo le quedaba esperar que esa noche sí descansara como se debía.
Durante la cena mantuvo la misma actitud y sólo probó unos cuantos bocados rápidos.
—¿No te gusta lo que preparé?—le preguntó.
Hermione había estado tan distraída que él no se había atrevido a romper el hilo de sus pensamientos por lo que había cocinado una cena rápida de pastas y vegetales. Él siempre prefería la carne pero admitía que variar un poco con su dieta no era malo. Por lo general, siempre compraban el almuerzo en el Caldero Chorreante cuando trabajan en la librería y la cena la preparaban juntos.
Su esposa parpadeó varias veces antes de enfocar la mirada en su plato y darse cuenta que había estado revolviendo de un lado para el otro el contenido con la punta de su tenedor. Alzó la vista hacia Remus mientras pinchaba un trozo de zanahoria y se lo llevó a la boca.
—¿Qué sucede?—preguntó sin querer dar rodeos con el tema.
Si ella aún estaba enfadada iba a aceptarlo pero si había algo más que preocupaba su linda cabecita quería saber qué era.
Ella negó con la cabeza suavemente y con falsa despreocupación.
—¿Crees que la poción no va a funcionar? ¿Eso es lo que te preocupa?
Hermione negó otra vez.
—¿Es…?—tragó saliva y la miró con cierta vergüenza—¿Es lo que sucedió en el baño?
Vio con claridad como las mejillas de Hermione se volvían rojas y supo que era eso antes de que ella asintiera lentamente.
—Sé que ya me disculpé, Hermione, pero volvería a hacerlo con tal de conseguir tu perdón…
Ella alzó las manos y las agitó, dándole a entender que detuviera sus palabras. Él la miró con confusión.
—No volverá a ocurrir—insistió.
Hermione sacó su varita y transfiguró su servilleta en un cuaderno pequeño y su tenedor en una pluma. La vio inclinarse sobre el papel y escribir unas palabras. Pensó que se lo iba a tender por encima de la mesa para que lo pudiera leer pero en vez de hacerlo se puso de pie y caminó hasta su lado.
Lo siguiente que sucedió fue algo que no creyó nunca que realmente pudiera suceder porque pertenecía simplemente a sus más ridículos sueños. Ella lo obligó a recostarse en el respaldar de su silla y, cuando más confundido estaba por sus acciones, tomó su rostro entre sus manos con dulzura y se inclinó para capturar sus labios en un beso que nadie consideraría jamás casto. No se parecía a nada a los dos besos pequeños que habían compartido antes. Hermione movió su boca encima de la suya, mordisqueó su labio inferior con una exquisitez enloquecedora y luego pasó la punta de su lengua húmeda por encima. Todo sucedió tan rápidamente y fue tan sorpresivo que él no tuvo tiempo ni siquiera de procesar la información necesaria para poder responder o apartarla. Cuando ella se alejó, dejó caer el cuaderno frente a él antes de alejarse a toda velocidad de allí.
Aún desconcertado e incapaz de poder pensar con coherencia, lo tomó y leyó algo que lo hizo gemir en voz alta.
Me preocupa que no quieras volver a desnudarme.
…
Bien. Ahora que ya había cometido la locura de escribir algo tan osado como aquello y dejar que él lo leyera podía cavar su propia tumba, meterse dentro y enterrarse por el resto de la eternidad. ¿Con qué cara podría mirarlo después de esto? No sólo lo había besado sino que también le había dejado en claro que lo que deseaba era que él la desnudara nuevamente y que le hiciera cosas indecorosas. ¿Qué pensaría de ella ahora? ¡Seguramente que se comportaba como una cualquiera! Y no se equivocaría. ¡Merlín! Eso le pasaba por hacerle caso a Luna. Aunque no podía culpar a su amiga por eso. Ella solita había tomado la decisión de hacer aquello, de expresarse con esas palabras.
Se había ido a refugiar en la habitación y se había acostado en la cama lista para dormir o intentar hacerlo. O, en todo caso, simular estar profundamente perdida entre sueños cuando él entrara… si es que iba. Quizás estaba tan horrorizado por su comportamiento que ya no querría dormir a su lado. ¡¿Y si incluso quería divorciarse de ella?! ¡Por Circe! ¿Por qué no había pensado aún más antes de actuar?
Justo cuando estaba maldiciéndose a sí misma, oyó que la puerta de la habitación se abría. Cerró los ojos con fuerza y contuvo la respiración. Rogaba interiormente que él se fuera directamente a dormir y que no dijera ninguna palabra pero debía de haber sospechado que la suerte no estaría de su lado.
—Hermione… Sé que estás despierta.
No quería verlo. Estaba demasiado avergonzada. Se giró, cobardemente, y apoyó su rostro contra la almohada. Quizás podía hundirse en el colchón y desaparecer. No quería oír cómo él la rechazaba. No necesitaba que le rompiera aún más el corazón. Sintió sus ojos arder en su intento de controlar sus ganas de llorar. Lo sintió sentarse en el borde de la cama, a su lado. ¿Por qué no podía entender que quería que la dejara en paz? No podía hablar pero el mensaje había sido bastante claro.
—Hermione… cariño, por favor… mírame.
Quiso gruñir. ¡Merlín! Este no era momento de hablarle con esa dulzura ni tampoco de llamarla "cariño".
Se tensó cuando él le tocó suavemente el cabello. Lo sintió acariciar sus rizos con cuidado, casi disfrutando de ello. Molesta, giró la cabeza y apartó la mano de su esposo con brusquedad. Sabía lo que él vería en su rostro: sus ojos brillantes de lágrimas no derramadas, su frente fruncida, sus labios rígidos y la angustia que taladraba su alma y su corazón.
—¿Por qué has hecho eso?—lo oyó murmurar la pregunta—¿Por qué me haces esto?
¡Porque lo deseaba, porque lo amaba! ¿A caso ya no lo había dejado en claro? Quizás Luna tenía razón. Esta había sido una buena ocasión porque no podía confesarle la verdad con palabras. Y aunque pudiera hablar, tampoco tendría el valor. Él podría esperar una respuesta que nunca llegaría.
—¿A caso no te das cuenta de cómo sufro?—siguió diciendo—¿Por qué quieres burlarte de mí? ¿Esta es tu forma de vengarte por lo que te hice en la ducha?
Ella lo contempló desconcertada. Por unos instantes se olvidó de su propio orgullo herido y se concentró en lo que su esposo acababa de decir. ¿Vengarse? ¿De qué rayos estaba hablando?
—Sé que merezco tu enojo pero esto me parece hiriente—indicó—¿Cómo puedes querer hacerme creer que puedo tenerte cuando no es así? ¡Por Circe! ¡Si nada más me gustaría que desnudarte ahora mismo, tirarte en la cama y aprovecharme de tu cuerpo!
Hermione enrojeció desde la punta de sus pies hasta la cima de su cabeza. ¡Él la deseaba! ¿Pero por qué rayos creía que se trataba de una venganza?
—¡Pero sé que no puedo! Y tú vienes y me dices que eso es justamente lo que deseas… ¿Por qué…?
Antes de dejarlo continuar decir estupideces se lanzó sobre sus brazos y buscó sus labios.
Remus se dijo que estaba en la dimensión desconocida porque no podía creer que por segunda vez en la noche su joven esposa estuviera ansiando sus besos. Él intentó apartarla, no queriendo soportar más ese suplicio. Si ella quería vengarse le rogaría que buscase otra forma. Pero Hermione rodeó con sus brazos su cuello y se pegó a su cuerpo sin dejar de insistir en sus labios. Sería tan fácil dejarse llevar.
—Hermione… espera… no… ¡Detente!
La orden la hizo saltar y alejarse un poco de él. Aunque no lo suficiente como para evitar que la tentación fuera grande.
—No insistas… ¿Quieres que me acabe aprovechando de ti?
Para su sorpresa, ella sonrió y asintió con la cabeza.
—¡¿Qué?! ¡No puedes estar hablando en serio!
La miró como si le hubiera crecido una segunda cabeza. Ella se ruborizó adorablemente y se mordió el labio inferior mientras volvía a asentir.
Quizás él estaba soñando, pensó Remus. Esa debía ser una explicación lógica para tal suceso. Porque en su mente racional no cabía la idea de que Hermione estuviera confesándole que deseaba que le hiciera todas esas ideas pecaminosas que pasaban en ese instante por su cabeza. Desnudarla, tirarla sobre la cama y admirar su cuerpo como si se tratara de una de las obras de arte más maravillosas del mundo. Tocarla con cuidado. Acariciarla con las yemas de sus dedos. Trazar caminos invisibles con su lengua.
Ella acercó de nuevo su rostro al suyo pero esta vez dándole la oportunidad de rechazarla si lo deseaba. Sin embargo, él se encontraba tan anonadado en ese instante que se sentía incapaz de pensar en eso. Por lo tanto, cuando Hermione acercó sus labios a los suyos con una lentitud abrumadora fue él quien terminó de acortar las distancias para besarla como era debido por no poder contener ni un segundo más sus ansias. La sintió estremecerse contra suyo cuando la rodeó con sus brazos y él la imitó cuando sintió sus dedos jugar con su cabello.
De algún modo que no fue capaz de explicar, su esposa terminó sentada sobre sus piernas mientras él se dedicaba a devorarle la boca. Una de sus manos tomó con suavidad su mentón y lo presionó mientras que con su lengua acarició su labio inferior, tal como ella lo había hecho momentos atrás, para pedirle sin palabras que abriera la boca. Y lo hizo sin necesidad de insistir. Al profundizar el beso ella presionó sus dedos en su piel y gimió suavemente. ¡Merlín! Quería volver a oírla hacer ese sonido tan excitante.
La mano que tenía en su rostro se deslizó lentamente hasta su cuello hasta llegar a donde días atrás había dejado su marca. Ahora podía encontrar cierta explicación en lo que había sucedido aquella ocasión. Si le hubiera hecho el amor esa vez quizás no hubiese habido arrepentimientos por parte de ella como había pensado.
Siguió besándola incansablemente hasta que sintió que el aire de sus pulmones faltaba. Nunca pensó que besarla le causara tanto placer, tanta sensación de felicidad, de plenitud. Se separó un poco de sus labios, pero sólo un poco. Hermione respiraba pesadamente y tenía los párpados cerrados. Con una de sus manos se dedicó a seguir el contorno delicado de sus hombros y de su cuello, subiendo y bajando con lentitud. Su piel tersa y suave demostraba su juventud. Ella volvió a inclinarse hacia delante para besarlo de nuevo pero Remus se apartó.
—No, cariño… No podemos—dijo con un suspiro, apartando su mano para evitar la tentación.
La vio abrir los ojos rápidamente, extrañada, pidiéndole una explicación.
—Esto está mal… Soy mayor que tú. Mucho… Soy un hombre lobo. Si comenzáramos cualquier tipo de relación lo único que haría era arruinar tu vida.
Ella lo contemplaba con cierto desconcierto. Hasta que finalmente negó con la cabeza. Remus suspiró, agobiado.
—Te lo digo por experiencia—insistió—Conmigo, las relaciones no duran. Siempre hay conflictos. Cada luna llena me transformo en un lobo y los días siguientes sólo soy una carga para cualquiera. Apenas tengo dinero. No soy rico ni joven ni apuesto.
Ella quería decirle que podía discutir cada una de sus objeciones pero prefirió no hacerlo. No es que tuviera muchas opciones para darle a entender eso si aún no podía hablar. Pero no iba a presionarlo esa noche. Tenía el presentimiento de que si seguía insistiendo conseguiría hacerlo dejar de lado todas esas ridiculeces de lado pero que a la mañana siguiente se alejaría con brusquedad. No. Tenía que tomar las cosas con calma. Se alejó de sus piernas y se tendió en la cama. Le hizo un gesto para que él se acostara en su lado. Remus dudó por unos instantes pero, tras ir a colocarse su ropa para dormir, le hizo caso.
Hermione no dudó ni un minuto en girar sobre sí misma y apoyar su cabeza sobre el pecho de su esposo, abrazándolo. Lo sintió tensarse por unos momentos pero ella no se apartó. Todo era cuestión de costumbre. Dejaría que su cuerpo y su mente se adaptaran a la situación. Ahora que sabía que él la deseaba no iba a dejar pasar esa oportunidad. Cerró los ojos y se relajó contra él hasta que finalmente el sueño la alcanzó.
Remus, por su parte, tardó más en conciliar el sueño. Besarla había sido una de las cosas más tontas que había hecho en su vida. Y se arrepentía. O al menos, quería obligarse a arrepentirse de hacerlo. No quería que le gustase tanto el sabor de sus labios. No quería alegrarse al sentirla pegada a su cuerpo, como si confiara tan plenamente en él, como si… como si lo amara. Hace apenas unas cuantas horas pensaba que jamás tendría una oportunidad con ella e instantes atrás había descubierto cuán estaba equivocado. Dentro de su pecho, sus sentimientos eran conflictivos. Por un lado sentía en una alegría infinita, abrumadora que casi le resultaba difícil de aceptar y que le hacía dudar de que su mente no lo estuviera engañando. ¡Su Hermione lo había besado! Sin embargo, por otro lado, era consciente que, tal como se lo había dicho, nada podría suceder entre ambos. La diferencia de edad que había habido con Tonks había sido menor y aún así nada había funcionado. El lobo nunca la había aceptado a su esposa y en ese instante estaba dudando seriamente si él la había amado o simplemente la había usado como consuelo para intentar aplacar la soledad que rodeaba su vida. Habían sido momentos de guerra cuando la tomó como esposa y cuando la dejó embarazada. Esto último nunca pensó que ocurriría y recordaba con vergüenza el pánico que lo había invadido al enterarse y cómo cobardemente había querido escapar de la situación rogándole a Harry que le permitiera ir con ellos a la misión que le había encomendado Albus. Ahora no podía concebir su vida sin la existencia de Teddy. Si algo había salido de bueno de su relación con su ex esposa era su hijo.
Bajó sus ojos a donde se encontraba su esposa y vio unos risos sobre su rostro. Con cuidado de no despertarla, tomó esos mechones y los apartó, permitiéndose el placer de acariciar su cabello. ¡Por Circe, ella le parecía tan hermosa! Sus manos cosquillaban del deseo de tocar más pero se abstuvo de hacerlo.
No tenía idea alguna de cómo haría para sobrevivir el resto del tiempo que durara aquel matrimonio sin volver a besarla o sin dejarse llevar por sus deseos y simplemente hacerle el amor. No sabía cómo conseguiría controlarse pero debía hacerlo.
