- Hasta luego, Ayumi. Te vamos a extrañar – se despidió emotivamente Matsuda, dándole un fuerte abrazo.

- Adiós, Matsui – sonrió Hanni. L gruñó por lo bajo.

Todos los agentes estaban en fila para despedirse de la chica antes de que Watari se la llevara al aeropuerto.

Los japoneses no acostumbraban ser tan afectuosos, pero ignoró esas costumbres y abrazó a cada uno de ellos, deseándoles suerte en el caso, esperando que cuando regresara viera al mismo número de agentes en ese momento. Ese gesto también fue porque creyó que así podría abrazar a Ryuzaki sin levantar sospecha, pero éste no le dio la oportunidad.

- Hasta luego – se despidió fríamente, sin siquiera darle la mano, ya que las tenía muy ocupadas por su cuchara y su plato de pastel – Nos veremos en Marzo.

Hanni asintió y se dio media vuelta, tratando de ocultar su decepción, mientras L les ordenaba a todos que cada uno tomara una maleta y la escoltaran hasta la entrada del hotel. A todos les pareció extraño aquello, ya que Ryuzaki siempre les pedía que llegaran a diferentes tiempos para no levantar sospechas, pero ahora todos aquellos hombres de traje escoltarían a una señorita hasta el auto al mismo tiempo. Aun así nadie dijo nada y obedecieron.

- Ryuzaki fue muy considerado al dejarte ir a ver a tu sobrino enfermo – comentaba Matsuda mientras recorrían el lobby – No sabía que tenías hermanas.

- Sí, además de que no le pesará mucho. No soy lo que se dice útil para esta investigación – soltó una risita, tratando de restarle amargura a esa oración.

- No digas eso – negó Matsuda, frunciendo el seño – siempre estás cuidándonos y cocinando para nosotros. Eres siempre muy amable – se sonrojó levemente – y…eso siempre ayuda a levantar fuerzas y ánimo.

Ayumi le sonrió, e iba a agradecerle cuando fue interrumpida por Aizawa, quién guardaba su celular en el bolsillo.

- Acaba de llamarme Ryuzaki. Dice que olvidaste algo y que subas de inmediato – informó el agente, repitiendo exactamente las palabras del detective.

Hanni asintió y corrió al elevador, mientras los demás se encargaban de subir sus maletas al auto.

- Lo siento, pensé que llevaba todo – decía, entrando al cuarto - ¿Qué es lo que olvidé?

- Lo dejaste en el sofá – respondió L, sin despegar la vista de su ordenador.

Hanni se dirigió al sofá, algo herida y molesta con L por esa fría actitud con ella, ya que después de salir por esa puerta no se volverían a ver en semanas, pero ese enojo desapareció por completo al ver una bonita caja de regalo sobre el sofá.

La abrió emocionada, desgarrando el papel y lanzándolo por los aires hasta poder abrir la caja, encontrándose con un hermoso suéter azul cielo.

- Perdón si te queda grande. Estoy acostumbrado a elegir la ropa mal – dijo L, quién apareció de repente detrás de ella – seguro que hace frío en Wichester, así que eso te servirá.

Hanni observó un momento más el suéter. L y esa clase de detalles suyos le hacían temblar de ternura.

Dejó la prenda en el mueble y se giró, dirigiendo sus brazos al abdomen de Ryuzaki para abrazarle con fuerza, hundiendo la cabeza en su pecho. Él le devolvió el abrazo con el doble de fuerza, apoyando la mejilla sobre la cabeza de Hanni.

Ahora que lo pensaba, hubiera sido más fácil despedirse seca y fríamente. Ahora Ayumi sólo sentía muchas ganas de llorar y no quería separarse de él.

- Dos meses…es mucho – susurró, con la esperanza de que reflexionara y cambiara de opinión, dejándola quedarse.

- Sí, es demasiado…pero te harán bien otros aires, Ayumi – le respondió, acariciándole el cabello – además no es cosa mía. Watari lo ha decidido así.

- ¿Ayumi? – se sobresaltaron, pero al contrario de lo que le ordenaron a sus mentes se abrazaron con más fuerza en vez de separarse – Ayumi, perderás el vuelo – advertía Aizawa desde el otro lado de la puerta, golpeándola para que le abrieran.

Hanni le dirigió una última sonrisa al detective antes de tomar su suéter y salir de esa habitación por última vez.


Apenas dos semanas ahí y eso parecía ya una eternidad.

Abrió su maleta y sacó aquel suéter azul. No había encontrado oportunidad de usarlo, pero ese Jueves libre era perfecto.

Las predicciones de L habían sido ciertas: le quedó bastante grande. Le llegaba un poco arriba de las rodillas y sus manos se escondían, pero la tela era suave, cómoda y cálida…Era perfecto.

Tenía tanta pereza que tan sólo se metió el primer pantalón arrugado que encontró y unas botas de invierno, además de un gorro para tan sólo cepillar su cabello y no tener que arreglarlo.

Abrió la puerta de la habitación, pero apenas unos centímetros y algo se interpuso.

- ¡AUCH! – escuchó del otro lado.

- ¿Matt? – inquirió Hanni, reconociendo aquella voz, mientras el pelirrojo se ponía de pie y le cedía el paso.

- Bu-buenos días – sonrió, presionando su cabeza con la mano, en donde la puerta le había golpeado y despertado bruscamente.

- ¿Has dormido aquí fuera? – preguntó Ayumi, aunque fuera bastante obvio. Había dos almohadas y varias sábanas en el suelo, frente a la puerta.

- Ese tal Mathew andaba rondado por aquí cuado te fuiste a dormir – explicaba Matt - Desde tu anterior visita sé que tiene algo contigo y estoy seguro de que tiene intenciones sucias. No dejaré por ningún motivo que se te acerque.

– Mi héroe – sonrió Hanni, desordenándole el cabello cariñosamente. Matt se sonrojó y ambos caminaron juntos hasta la habitación del muchacho para dejar la cama improvisada de Matt y bajar a desayunar.

¿Mathew había estado asechando por su habitación? ¿Qué demonios pretendía?

Un escalofrío recorrió la espalda de Hanni de sólo pensar lo peor, sintiéndose al mismo tiempo enteramente agradecida con Matt y su protección. De ahora en adelante tendría que andarse con cuidado, ya que a diferencia de cuando eran pequeños Mathew ya no era de fiar.

Las manos de Matt en sus muñecas la sacaron de sus pensamientos, y levantó la mirada para encontrarse con unos ojos llenos de angustia.

- Por favor, duerme conmigo – soltó Matt, pero se encargó de aclarar rápidamente al ver la expresión de ella – Es decir, aquí. Puedes dormir en mi cama, y con Mello y yo aquí no podrá tocarte ni un pelo.

- Matt…

- No voy a permitir que ese pervertido te toque – concluyó Matt, muy serio.

- Muchas gracias, Matt - Hanni le sonrió con ternura y le revolvió el pelo cariñosamente. A pesar de ella ser mayor, era tan alto que estaban de la misma altura – pero sabes que Roger no me permitirá dormir aquí. Veremos la manera de solucionarlo…o al menos espero que no haya nada que resolver y Mathew no tenga intenciones malas.

Matt asintió. No se quedaba tranquilo, pero asintió, y ambos se dispusieron a bajar a desayunar. Ya era tarde, así que seguramente les tocarías sobras.


Sus pasos eran sigilosos y lentos. El cuchillo en su mano se balanceaba ligeramente, mientras la chica de cabellos color café corría a toda velocidad hasta poder encontrar un lugar donde refugiarse de aquella niña…o más bien, monstruo.

La niña, con ojos blancos y vacíos, levantó su cuchillo y lo llevó con fuerza hasta la espalda de la muchacha….

- ¡APAGA ESO YA, MIERDA, APAGALO! – gritaba Hanni, completamente aterrada, escondiéndose detrás del hombro de Matt. Él, nervioso y sonrojado, le acariciaba el cabello tratando de tranquilizarla mientras Mello saboreaba otra victoria más; la operación "veamos una película de terror para que Hanni encuentre refugio en Matt" había sido todo un éxito.

Ese pelirrojo le debía ya muchas barras de chocolate de calidad.

- Ya apágalo, Mello, tendrá pesadillas – susurró Matt sin soltarla, mientras el rubio oprimía el botón del control remoto.

- ¿Ustedes no se asustaron? – Levantó la mirada Hanni, avergonzada - ¿Soy la única cobarde aquí?

- Al parecer sí – rió Mello.

- Será mejor que nos durmamos ya, o Roger bajará – advirtió Matt, metiéndose en su saco de dormir, al igual que Mello.

- Buenas noches, muchachos – susurró Hanni.

- Buenas noches, Hanni – contestaron al unísono antes de apagar las luces y quedar completamente a oscuras.

La chica no había podido convencer a Matt que se quedara tranquilo, por lo que terminó en aceptar que la acompañaran mientras dormía. Se había instalado en el sofá de la sala común y ellos enfrente en bolsas de dormir.

Sentía cierto remordimiento por hacerlos dormir en el suelo, pero fueron ellos los que habían insistido, y a decir verdad se sentía mucho más tranquila con esos dos chicos cuidándole, porque además de Mathew ahora sentía como si una niña diabólica con un enorme cuchillo le estuviera observando.

No era buena idea hacerla ver películas de terror en la noche.

Se tapó completamente con las mantas, como si eso fuera a protegerle de cualquier criatura sobrenatural o espíritu (las cuales sólo estaban en su mente en esos momentos) y cuando se llevó la mano a su muñeca derecha se le aceleró el corazón más que con cualquier niña fantasma o acosador….

La pulsera de medallitas de pasteles no estaba.

Se paró rápidamente de la cama, con cuidado de no pisar a los chicos – los cuales dormían ya profundamente y hasta roncando - y prendió una de las lámparas, buscando y tratando de recordar donde demonios la había dejado.

- La biblioteca.

¡Claro! Se la había quitado porque le estorbaba para escribir mientras ayudaba a una de las chicas con sus deberes. ¿Cómo había sido tan torpe de dejarla ahí?

Caminó por los oscuros pasillos tan rápido como podía, tratando de no tropezar con nada. Estaba nerviosa y su corazón latía rápido. Su paranoia e imaginación no paraban de gritarle que había alguien malévolo siguiéndola.

- No es real, no es real, esas cosas no son reales – se repetía a si misma sin resultado alguno.

Abrió la puerta de la biblioteca y prendió la luz rápidamente, aliviada de por fin deshacerse de la oscuridad.

Se dirigió hasta el mostrador, por si la bibliotecaria la había tomado y la había puesto en la caja de cosas perdidas, buscando sin éxito.

- ¿Buscabas esto?

Al escuchar esa voz a su espalda se estremeció y se giró de inmediato. Ahí estaba aquel rubio, con una sonrisa torcida en el rostro y la pulsera colgando de sus manos. ¿En qué momento se había puesto en frente de la puerta?

- Mathew.

- Te estaba esperando, ¿sabes? Tardaste menos de lo que esperaba.

- Dámela por favor – le pidió, acercándose lentamente con la mano estirada.

- Es toda tuya – cuando Hanni estaba por tomarla, Mathew levantó el brazo. Es sus intentos por tomarla, él le tomó por la cintura con fuerza – por algo a cambio, por supuesto.

¿Por qué había sido tan ingenua? Aunque algo así ya se lo olía. Esa sonrisa tan desagradable no podía ocultar nada bueno.

Lanzó la pulsera a una mesa y utilizó sus dos manos para acorralarle contra la pared. Con un brazo le abrazó por la cintura con fuerza, pegándoles por completo, y la le acariciaba las mejillas.

- Mathew, suéltame – ordenó Hanni sin poder zafarse.

- Oh, vamos, encontré tu pulsera. Me lo debes.

- Buscaré tu collar de perro. Ahora suéltame ya.

Ese comentario burlón sólo molestó a Mathew, y como venganza besó salvajemente el cuello de Hanni. Los gritos de auxilio de esta sólo le daban risa. La biblioteca era el lugar más alejado a los dormitorios, además de sus gruesas paredes aprueba de ruidos.

- ¡SUELTAME YA, IMBÉCIL! – chillaba, tratando de dar patadas, pero apenas podía moverse del agarre del rubio.

Él soltaba risas entre sus besos, acariciando descaradamente por debajo de la playera de su pijama.

En cuanto subió y se propuso besarle en los labios, ella giró la cara.

- ¡POR FAVOR, NO!

Pero a ese muchacho sin corazón sus lágrimas no le importaron. Le tomó la cara con su mano libre y le besó con brusquedad.

Eso fue lo que le puso realmente furiosa. Tal vez era un pensamiento infantil o estúpido, pero sus labios eran de L. Sólo de L, y ahora ese idiota le estaba quitando toda la dulzura que el detective le había dejado, embarrándole con amargura. Sentía su lengua tratando de abrirse paso, completamente asqueada.

Los besos de L siempre eran tiernos, y si tuviéramos que compararlo con algo material, sería con un pequeño adorno de cristal. Siempre tan suaves y tan delicados.

Pero aquello no era nada parecido. Sentía que en cualquier momento vomitaría, aunque si eso pasara no se arrepentiría en lo absoluto.

Golpes en la puerta le hicieron detenerse por un momento, mientras se escuchaba como alguien gritaba del otro lado.

- ¡ABRE LA JODIDA PUERTA! – a pesar de que a través de esas paredes los gritos eran tan sólo murmullos, Hanni logró reconocer la voz de Matt, y se sintió al instante aliviada.

- Tranquila – le susurró Mathew, volviendo a clavarle la mirada – he cerrado con llave. No podrá interrumpirnos.

Pero vaya que no conocía bien las habilidades de ese chico, ya que apenas volvía a acercar sus bocas las puertas de la biblioteca se abrieron de par en par, abriéndole paso a la fiera de Matt, quién no le dio tiempo a Mathew ni de defenderse cuando ya le había jalado por la playera y le había tumbado en el suelo de un golpe.

- ¡Y QUE NO SE TE OCURRA VOLVER A RESPIRAR CERCA DE ELLA! – le espetó, echando chispas.

- ¡Matt! – La chica corrió hasta el pelirrojo y se lanzó a sus brazos, donde estalló y comenzó a llorar – Si no es por ti yo…él…

- Te asustaste. Pero sabes que no te pasará nada estando yo aquí…cariño – añadió tímidamente, devolviéndole el abrazo. Hanni no dijo nada. Sólo sonrió.

- Vaya crió idiota – escuchó Matt a su espalda, seguido por un fuerte tirón de su cabellera.

Y entonces empezó una pelea. Ambos se golpeaban con todas sus fuerzas, esquivaban y se defendían como podían. Se estrellaban contra muebles y tiraban libros de las estanterías.

Mathew llevaba ventaja. Era lógico que superara a Matt en fuerza por el simple hecho de altura y edad, y Hanni no sabía como intervenir. Les gritaba que pararan. Hubiera sido buena idea que fuera por ayuda, pero tenía miedo que si quitaba el ojo de encima y Mathew se sobrepasaba más pudiera matarlo a golpes y no tuviera a nadie para ayudarle. Simplemente se quedó petrificada en su lugar.

En ese momento una silla voló de las manos de Mathew dirigiéndose a la cara de Matt, quién no supo que hacer más que cubrirse con los brazos.

El pelirrojo sintió un cuerpo tirándole al suelo, quitándole del camino y abrazándole con fuerza.

Hanni había podido reaccionar más rápido y le había protegido, apenas recibiendo un ligero golpe en la cabeza.

- Quítate o te golpearé a ti también, perra – le advirtió Mathew, pero Hanni sólo se aferró más a Matt, tratando de proteger sobre todo su cabeza.

- ¡No voy a dejar que lo toques!

- ¡Quítate!

- Yo puedo con él, Hanni, por favor – le decía Matt, aunque sus heridas decían lo contrario, y ya ni siquiera tenía la fuerza para escaparse de entre sus brazos.

- ¡SI O QUIERES SALIR HERIDA QUITATE AHORA!

- ¡ALEJATE, MATHEW! ¡NO VOY A DEJAR QUE LO TOQUES!

Él, furioso, le dio una patada en el costado de la cintura, pero esto lo la quitó de encima de Matt. Sólo le hizo aferrarse aun más.

- ¡Maldita se-…- pero su frase fue interrumpida seguido por un fuerte ruido de algo cayendo al suelo.

Hanni por fin levantó la mirada y observó el cuerpo de Mathew tumbado boca arriba en el suelo, con una clase de dardo extraño clavado en su pierna.

- Jamás creí tener que usar esto – dijo Roger, analizando la pistola con la que había lanzado el dardo, sudando frío – mucho menos con un alumno.

Mello corrió del lado del director y ayudó a Hanni y Matt a ponerse de pie, para rodearlos a ambos con sus brazos.

- Maldita sea, me han pegado un susto. Eres un héroe, Matt – fue lo único que dijo antes de separarse y ayudarle a Roger a mover el cuerpo del rubio, dejándole tiempo a solas al "héroe" con su doncella.

- Gracias por salvarme – se apresuró a decir Matt.

- ¿Bromeas? Tú eres el único héroe aquí. Si tu no llegabas seguramente yo estaría…bueno…nada – soltó una risita nerviosa y unas cuantas lágrimas más.

Sin suficientes palabras de agradecimiento, rodeó a Matt con fuerza y le plantó un enorme beso en la mejilla. Las mejillas del pelirrojo ardieron hasta adquirir el color de su cabello y sus piernas temblaron.

- Abrázame fuerte, Matt – éste le rodeó con toda su fuerza.

- ¿Así?

- Perfecto…Buenas noches, Matt – fue lo último que le dijo, antes de caer desmayada en sus brazos.


En serio no saben lo MUUUCHO que lo lamento. He tardado tanto que ya ni desearles felices fiestas puedo, porque ahorita ya es demasiado tarde T_T de todos modos espero que se la hayan pasado genial.

En serio perdónenme. Este capi ni siquiera quedó al final como quería u_u tuve MUCHOS problemas de inspiración y de tiempo porque entré a la escuela y todo eso. Ya las extrañaba muchísimo (L)

Para aclarar, no hay Matt x Hanni. Matt tiene un crush en ella y ella sólo lo quiere porque...¿Pues como no amarlo, ush? D: tenía que escribir este capi para poner a Matt pelando por ella aunque le duela (? pobrecita, en la calle o en su hogar sufre de amenaza de violación, pero nada pasa porque Roger tiene sus armas escondidas (? XD

También me inspiré de último momento en la última parte porque el otro día rentamos una película de terror y así me sentía en la noche XD

En fin. Les prometo no volver a tardarme. Perdón infinito.

Las adoro (: abrazotes!