Disclaimer: ehem… Si tuviera a Harry Potter me habría ido con él de vacaciones a las Seychelles. Así que podéis imaginaros el resto.

Notas: me encanta dejar notas, por si alguien no se ha dado cuenta. Así que, como aquí no tengo nada que decir, sólo os desearé suerte, leyendo esto. ¡Por cierto!, en Azkabán no admiten a autoras de fics, así que no os molestéis en inscribirme. Ya lo han intentado.


Beso (Narcissa)

Es raro. Es raro, para un primer beso. Narcissa se lo imaginaba distinto, más elegante, menos húmedo. Pero está bien, supone. Es un beso, ciertamente, y eso es lo que importa. Ahora podrá volver a la habitación de Andy, y contarle -entre risas- que besar a un chico no es tan bonito como dicen, y que sigue sin saber cómo puede ella aguantarlo, todo el tiempo. Aunque, a lo mejor, el misterioso novio de Andy besa mejor que su primo Sirius.

Para ser justos, tampoco lo ha hecho tan mal, él, teniendo en cuenta que sólo es un niño. La propia Cissy le saca año y medio, casi dos; por favor, Sirius ni siquiera ha entrado en Hogwarts. Así que puede que sea eso, lo que falle. La edad. Puede que el tal Ted –como lo llama Andy, y a Cissy no le hace falta saber más- tenga mucha más experiencia, y lo haga más interesante. Que consiga que el estómago de Andrómeda Black dé vueltas, que ella cierre los ojos y se deje llevar, perdiendo toda esa compostura que viene con el apellido. Como en esas novelas que Narcissa lee, de cuando en cuando y siempre a escondidas. Sí. Puede que sea algo de eso.

De vuelta a la habitación de su hermana, Narcissa Black titubea. Titubea, pero entra; al fin y al cabo, tiene doce años, y es una Black, y Andy es su hermana mayor preferida, aunque Bella también le gusta mucho. Así que no lo piensa más de dos segundos, y se encuentra con la chica –mujer, casi- tirada en la cama, apretando en la mano una especie de pergamino, pero más blanco. Tiene los ojos cerrados, y una sonrisa estúpida, parecida a la de Bella cuando vino ese hombre a casa, Lestrange, y se la llevó a dar un paseo. Y Narcissa frunce el ceño, y se preocupa. ¿Besa bien, tu Ted?, querría preguntar, pero le sale ¿Vas a irte con él? Y Andy abre los ojos, la mira –mirada gris de Black de pura cepa-, y la sonrisa se le borra.

Asiente despacio, con la cabeza, aunque no dice nada. Y Cissy querría tener ocho años, como el primo Reg, y poder llorar. Los chicos tampoco besan tan bien, se le escapa, en cambio. Y Andy sonríe. Eso es que no has encontrado al adecuado, dice, y es mentira. Cissy lo sabe, sabe que miente; ningún chico la alejaría de sus hermanas. Ningún beso, tampoco. Por muy elegante y seco que sea. Ni aunque se lo diera Lucius Malfoy, piensa.

Por ejemplo.


Danny