-Ouhh…- Estaba tan adolorido que ni siquiera sentía ganas de abrir los ojos.
Al menos podía tener la certeza de que no había muerto. Abrió los ojos con lentitud y lo primero que vio fue a su bicolor sentado en la incómoda silla.
-Kai.- Dijo en voz baja.
El susodicho despertó y al ver a Rei sonrió. Se levantó y se acercó a él.
-¿Cómo te sientes?
-Como si me hubiera arrollado un camión.- Ni siquiera intentaría enderezarse.
-Ya pasó el efecto de la anestesia, te están poniendo analgésicos en el suero…- Señaló la bolsita a su lado.- Estas estable, los doctores dicen que es normal que duela aún con la medicina…
-¿Dónde está Goh?
-Él está en la unidad neonatal… Le dieron su primer baño y ahora está durmiendo, Mao lo vigila, no se ha despegado de él.
-¿Cuánto tiempo ha pasado? – Estaba un poco ansioso de ver a su bebé.
-Poco más de dos horas… Te desmayaste y temimos que algo hubiera salido mal.- Poniéndole un poco de atención, Kai parecía tener los ojos rojos.
El chino alcanzó la mano de su esposo y la presionó.
-Pensé que te perdería.- Dijo inclinándose sobre él y besando su frente.- Nunca tuve tanto miedo en mi vida…
-Pero todo salió bien ¿No?- Dijo devolviéndole un beso.
Miró a Rei con una sonrisa indescifrable.
-Quiero verlo…
-Los doctores quieren revisarte primero, para estar seguros, esperaban que despertaras… después traerán a Goh…
-¿A quién se parece?
Kai sonrió más y negó con la cabeza.
-Ya lo verás.- Besó su mano.- Te amo Rei…
Minutos después, los doctores entraron y revisaron a Rei, quien usó todo su equilibrio emocional para no entrar en desesperación pues deseaba ver a su hijo.
Mao se asomó por la puerta mientras los doctores estaban prácticamente sobre Rei y llamó a Kai, el ruso salió y juntos se dirigieron a la unidad neonatal. La china no se atrevía a cargar al pequeño bebé, ella no era la madre y quería que Rei fuera el primero en tenerlo en brazos –Sin contar a su otro padre o las enfermeras y doctores-.
Rei ya se encontraba sentado en la cama, con el respaldo elevado, estaba impaciente cuando Kai entró por la puerta, con un pequeño bulto en sus manos. El chino no pudo contener un gritillo de emoción.
Con extremo cuidado puso al pequeño en brazos del otro.
-Es tan pequeño…- Dijo Rei más para si mismo.
Observó su carita redonda y pequeña, su piel era clara como la de Kai pero tenía un tono rosa que le hacía ver adorable.
-No sabía que los bebés eran tan pequeños…
Kai rio, eso había pensado exactamente cuándo cargó al pequeño por primera vez. Parecía ser que ninguno de los dos había tenido un bebé cerca.
Un par de horas antes, unos minutos antes de que Rei perdiera el conocimiento, una enfermera y un doctor terminaban de revisar al bebé, después lo colocaron en el pecho de Rei, alguien le dijo "este es tu bebé", pero no supo identificar de quien era la voz, él solo balbuceaba y ni siquiera Kai era capaz de entender que decía.
El chino colocó una mano sobre el cuerpecito del bebé, estaba calientito y se sentía tremendamente confortante. Rei suspiró, sonrió, lloró.
-Hola Goh…- Dijo débilmente.- Soy tu papá…
El pequeño miró a los ojos de su padre al escuchar su voz, ambos se miraron fijamente, como si en ese momento ambos entendieran lo importante que eran el uno para el otro, Rei no podía parar de llorar y sonreír.
Nadie tampoco podía imaginar que pasaba exactamente por la cabeza de Rei pues parecía estar demasiado mareado, segundos después se desmayó y todo el pánico comenzó.
En medio de la confusión y el miedo, envolvieron a Goh en una mantita y se lo entregaron a Kai. El ruso estaba dividido en dos, no quería restarle atención a su bebé, pero su esposo estaba ahí inconsciente y en medio de una cirugía.
Tardaron unos segundos en calmar la situación. "Es el estrés en el cuerpo del paciente" dijo la doctora, después intentó calmar a Kai explicándole que rara vez sucedía pero no era una situación peligrosa para Rei.
Segundos después, la habitación regresó a los sonidos normales de una cirugía, solo necesitaban suturar y terminar de una vez por todas aquello. El monitor mostraba un ritmo estable en Rei y eso calmó a Kai.
Ahora se concentraba en la criatura que tenía en manos, no estaba llorando pero parecía desorientado –o eso le pareció a Kai- si no fuera porque momentos antes lo escuchó llorar mientras le hacían el chequeo, también estaría preocupado.
Observó los detalles en él, definitivamente era pequeño, sus ojos no estaban completamente abiertos, quizá las luces lo lastimaban, pero cuando dijo "Goh", el pequeño abrió ligeramente sus ojos y giró su mirada hacia él. Kai sonrió, una felicidad que solo experimentaba cuando estaba con Rei invadió su cuerpo, si era posible, toda esa sensación se había multiplicado al mil, ese bebé era su hijo y de Rei, de nadie más, no podía imaginar algo más perfecto que aquello.
No quería tocarlo ni moverlo mucho, tenía miedo de que con solo mirarlo pudiera romperlo.
-L-Lo siento.- Dijo cuándo la enfermera se acercó.- No sé qué hacer…
-No se preocupe.- Respondió con amabilidad la mujer y le explicó el procedimiento.
Por ahora debían mantenerlo calientito pues todavía no era capaz de regular su temperatura por si solo.
- Voy a ponerle una pulsera con su nombre y lo llevaré a la unidad neonatal, ahí le daremos un baño y dormirá en una incubadora por unas horas, solo para mantenerlo caliente, después lo traeremos con usted mientras mamá… es decir, mientras papá despierta…
Kai asintió, no quería decir ninguna otra palabra, porque en primera no sabía que decir y segundo, no quería romperse ahí en ese momento.
Pasadas esas dos horas y con Rei ahora despierto y el bebé en brazos, sentía que todo estaba bien.
El chino se mordía el labio, tenía tantas emociones dentro. Observó la pulserita que portaba el pequeño –quien no despegaba los ojos de sus padres-, decía Goh Hiwatari-Kon.
Goh tenía el poco cabello de bebé -"pelusita" como decía Kai- de dos tonos justo como su padre ruso, la parte de atrás negra y la parte de adelante gris azulado, su piel también era blanca y algo rosa, como era natural. Casi podría haber sido una versión miniatura de Kai, pero sus ojos, esos ojos definitivamente eran del chino, a pesar de ser grandes tenían esa forma felina característica de Rei, y el color, simplemente era el dorado más hermoso que existía, justo como su padre.
-Creí que no lograría vivir esto…- Dijo con la voz quebrada y Goh le regresó una sonrisa. Ambos sonreían y se miraban con curiosidad y ternura, finalmente el bebé bostezó y se acomodó mejor en los brazos de su padre.
Rei levantó la mirada a su esposo que se había sentado a su lado.
-Gracias por no dejarme solo en mi aldea.- Le dijo sonriéndole y los ojos llenos de lágrimas.- Te amo…
Kai se inclinó para besar su frente y con su mano libre Rei acarició su cabello.
-Los amo a los dos.- Siguió, mirando al pequeño que llevaba en brazos.
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A veces me preocupa que escriba cosas tan cursis ._. las leo y me empalaga lo que acabo de escribir y me preocupa ponerlas a ustedes en esta misma situación ;_; si es así, me disculpo!
