Disclaimer: Las parejas oficiales nunca debieron ser, así que nosotros atentamos contra lo establecido en los últimos dos libros, porque un amor como este vivirá en el corazón de todos nosotros hoy, mañana y siempre. Los personajes le pertenecen a Jk Rowling.

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THE PERFECT GENTLEMAN

By

The Darkness Princess & Lady Muerte


Para ustedes que nos miran desde el cielo.

Siempre estarán en nuestros corazones.

D.B.M.

*º*º*º

Sorpresas.

Sirius se encuentra mejor, saldrá en un par de días. Seguimos buscando a los prófugos, tenemos algunas pistas.

*º*º*º

La pareja se encontraba arribando al hospital mágico, estaban por dirigirse a la habitación de Sirius cuando Remus los interceptó.

Potter estrechó su mano apurado, mirándolo con interrogación a través de sus lentes.

—Recibimos tu patronus —comentó Hermione, después de un breve saludo.

—¿Cuáles son las pistas?

Lupin miró alrededor, había varios familiares de pacientes en el lugar debido a que era el primer día del año y todos esperaban expresarles sus buenos deseos a sus enfermos.

Las manchas cafés debajo de los ojos del licántropo no mentían, debía estar cansado, pero siendo quién era lograba estar al pendiente de su familia y dirigir a los aurores.

—Aquí no, los espero en dos horas en el Despacho de Sirius.

—¿A dónde vas?

Lupin paró en seco sus movimientos. —Tengo que reunirme con unas personas, los veré después, ahora es mejor que visiten a Canuto... ya deben imaginarse que no esta de buen humor.

Con eso se fue, dejando a Harry un tanto insatisfecho por la falta de respuestas. Hermione a su lado no se sentía diferente, pero comprendía que por el momento debían esperar. Apoyó su mano en el hombro de su novio, sus ojos compartieron una plática silenciosa.

En pocos segundos estaban en el umbral de la habitación observando como el Merodeador discutía con un sanador y una enfermera.

—¡Debo salir de este lugar, hoy! ¿qué no entienden? —rumió exaltado removiéndose en la cama tratando de soltarse de las ataduras mágicas que lo obligaban a permanecer en ese lugar.

—Tranquilícese, señor Black.

Sus bruscos movimientos hicieron que las heridas que poseía le molestaran, el latigazo de dolor que lo envolvió lo hizo quedarse quieto.

—Señor cálmese o se lastimara más —pidió la enfermera tomándolo de los hombros mientras el sanador le aplicaba un hechizo.

Black se sintió más ligero y adormilado. El sanador se dirigió entonces a la pareja.

—¿Es usted su ahijado?

—Sí —afirmó.

No era la primera vez que Harry veía a ese hombre, ya que su equipo solía atender a los heridos que llegaban del Departamento de Aurores.

—Bien, espero que lo ayude a comprender que debe quedarse aquí, si quiere mejorar y sanar por completo.

Miró a su padrino asintiendo, poco después el sanador y la enfermera salieron de la habitación.

—No pienso quedarme aquí de ninguna forma —declaró testarudo.

—Debes hacerlo —apuntó Hermione mirándolo con agravada reprobación.

—Sirius temo que no tienes elección —señaló Harry con una sonrisa danzando en sus labios—, por ahora es mejor que descanses.

El hombre alzó su ceja con estupefacción. —¿Ahora tú eres el adulto?

—Lo soy hace un par de años —respondió agrandando su sonrisa.

—Aún así, sigo siendo tu padrino —declaró.

—Sirius tienes que quedarte, cuando estés mejor ni siquiera yo podría detenerte, pero aún no lo estás —evidenció ligeramente divertido al ver como el disgusto del Merodeador crecía.

Black soltó un bufido parecido a un gruñido animal, era claro que no iba a conseguir nada de ese hijo de Cornamenta, los miró malhumorado como si fuera la primera vez que habían entrado a la habitación, percibiendo detalles en su lenguaje corporal y esa sonrisa radiante en su ahijado, debía tener alguna razón, aunque tenía que admitir que desde que estaba con Hermione parecía estar surgiendo nuevamente su personalidad alegre dejando atrás su periodo de oscuridad y depresión, aunque comprendía que había heridas y recuerdos que llevaría para toda la vida.

Dirigió su mirada hacia Hermione, había un extraño brilló en su mirada que aumentó su curiosidad, más cuando ella le sonrió nerviosa.

—¿Cómo pasaron la noche? —Curvó su ceja, posando sus ojos agudos en su ahijado, notando como las mejillas del chico adquirían un color rosa antes inexistente.

—Como siempre —barbotó apresurado.

Una sonrisa lobuna alzó sus labios. Ella estaba tan roja que podía haber resplandecido en la oscuridad.

«Interesante.»

—Sí, seguro que les sentó bien tener la casa sola para ustedes toda la noche —soltó malicioso, mirándolos removerse incómodos, sin sostenerle la mirada. Eran tan transparentes ambos, no necesitaba que ambos trajeran un letrero de lo que habían hecho, bastaba verlos juntos, tenían esa complicidad post travesura realizada que le recordaba a Cornamenta y Lily, pero ellos no habían dejado nunca que se divirtiera tanto a sus costillas.

—Realmente no pensamos en eso, ambos estaban cansados después de la batalla y no estábamos solos, los elfos también estaban en la casa —explicó Hermione con seriedad, dejando a un lado el bochorno que sentía. Tal vez mentía pero era por una causa mayor, mantener su intimidad entre su novio y ella.

—Sí… claro, pero no en su habitación —dijo todo sonriente—. Supongo que cumpliste con nuestro trato…

Harry se adelantó un paso negando, sabía que su padrino no lo dejaría en paz, pero por qué siempre tenía que hacerlo en presencia de su novia. —Nooo.

—¿Decirme qué? ¿Por qué tanto misterio?

—¿No se lo has dicho? —Chasqueó su lengua burlón—. Harry, Harry…

Una capa de sudor perló la frente del chico, ¿por qué siempre terminaba en apuros cuando hablaba con Sirius?

—Te lo explico después Hermione, es mejor que nos vayamos y dejemos descansar a Sirius, seguramente alguna poción le esta causando alucinaciones.

—Por favor, estoy completamente bien —refutó, divertido del apuro de su ahijado.

—Lo dudo, pero seguro que Yan te hará entender que debes quedarte aquí —mencionó sin pensar que sus palabras habían sido como puñales para su padrino.

Black carraspeó tratando de guardar la compostura y no revelar lo que había sucedido entre ellos, sabía que tarde o temprano tendría que contárselo, pero por ahora prefería guardárselo para sí.

Los momentos en los que había estado despierto, había estado pensando en sus responsabilidades como auror, en lo que estaba sucediendo en el mundo mágico con esos prófugos pidiendo estupideces para liberar a sus rehenes, pero cada vez que se distraía aparecía la imagen de Cornwell dejándolo desarmado, molesto consigo mismo y con ella por ir con ese Krutov, aunque tal vez esos eran sus celos que amenazaban con volverlo más loco de lo que algunas personas ya decían que estaba.

En definitiva lo suyo no eran las relaciones, siempre de alguna forma lograba estropearlo, de ahí que en su historial sólo contara con encuentros efímeros, pero eso no quería decir que no sabía lo que era el amor, se había enamorado un par de veces en su juventud, tal vez nada serio, en aquel tiempo él sólo había podido dedicarse a luchar con la Orden del Fénix y a proteger a sus amigos. Lamentablemente ellos habían muerto, Harry había caído en las manos de sus tíos muggles, él encarcelado injustamente en Azkaban y Lupin sufriendo en las sombras solo.

Y ahora que el gozaba de su libertad y después de haber probado nuevamente las mieles de estar con una mujer, había puesto sus ojos en ella, en Yannel Cornwell. En un principio aceptaba que sus intenciones no habían sido más que las de pasar el rato con ella, pero al conocerla y notar todo lo que ella era, había sucumbido ante su atractivo no sólo físico, era realmente una chica cálida aunque pretendiera ser dura e inalcanzable.

Se había enfrentado a muchas cosas en su vida pero no a los problemas que representaba tener una pareja estable y vivir en carne propia la impotencia de verla lastimada o muerta. De ahí que ni él mismo supiera qué hacer, tal vez si debía haber oído a Remus, él sabía bien de lo que hablaba, lastima que jamás podría ser como su amigo a la hora de enfrentar las cosas, él no contaba con la serenidad y lógica de ese hombre, aunque eso también fuese su ruina en algunas ocasiones.

—Te trajimos algunas cosas para que estés más cómodo —indicó Hermione dejando una bolsa en la pequeña mesa que se encontraba al lado de la cama.

—Volveremos después.

—Bien largo, sigan disfrutando de su amor —exclamó resistiendo el sueño que amenazaba con alcanzarlo— y Harry… aléjate de los problemas —pidió, sabía que su ahijado haría todo lo contrario, porque era lo mismo que él haría, pero era responsable por él y su novia por muy «mayorcitos» que fueran. Estaba seguro que de vivir sus amigos era lo que probablemente les dirían—. Ambos saben de lo que hablo.

La pareja se miró de reojo y asistió con una leve afirmación.

*º*º*º

Luna acababa de salir del cuarto de Ginny dejándola sola con su maraña de pensamientos. Todo era tan confuso, doloroso, no sabía si algún día podría volver a sentirse bien, su pecho dolía tanto o tal vez era su mente la que producía todo ese dolor al ser el corazón sólo un órgano del cuerpo, pero aún así prefería la idea romántica que explicaba su sentir: tenía roto el corazón en mil pedazos.

Entender, asimilar y aceptar.

Tres pasos que no eran nada sencillos, iban a estar llenos de tristeza y dolor. Todo esto se iba a llevar mucho de lo que ella era, sus sueños de infancia, sus ilusiones de quedarse con el héroe de ojos verdes.

Un sonido en la puerta alejó un poco sus tristes pensamientos, se enderezó un poco, aún se encontraba en pijama y en cama, con el cabello ligeramente desarreglado, varios mechones habían escapado de su trenza.

—Rojita, ¿puedo pasar? —preguntó Bill asomando su cabeza por una rendija de la puerta.

Ella alzó sus hombros, en señal de que le daba lo mismo. Él ingresó sintiendo que su pecho se estrujaba al ver a su única y pequeña hermana así, se sentó a su lado abrazándola con dulzura.

—Todo va estar bien.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó con los ojos aguados.

—Porque soy mayor que tú —tocó su nariz con su dedo índice—, no eres la única que ha tenido decepciones amorosas, todos en esta casa hemos pasado por eso antes de encontrar a la persona correcta.

—Él era la persona correcta para mi —murmuró sintiendo la primera lágrima deslizarse por su mejilla.

William limpió la salina gota. —A veces Ginn tenemos que aprender a dejar ir a las personas y te aseguro que ese dolor que sientes desaparecerá, tal vez no por completo —agregó al notar la mirada de estupefacción que su hermana le mandaba—, pero veras las cosas de otra manera con el tiempo y estoy seguro que encontraras a otro chico.

—¿Crees qué él no volverá conmigo?

—No te aferres a esa posibilidad, sólo te harás más daño. Él esta rehaciendo su vida y aunque lo suyo con Hermione terminara, no quiere decir que sea porque quiere regresar contigo. Debes hacerte a la idea de que él tal vez no este en tu futuro de esa forma.

Ginny se quedó en silencio, siendo consolada por su hermano.

—Encontraras a otra persona, no te faltan pretendientes, alguno valdrá la pena.

—No se si quiero encontrar a alguien más.

—Date tiempo.

Sabía que lo que le decía su hermano tenía sentido pero no para ella, no aún al menos.

—Ahora, ¿por qué no te arreglas y vas con los gemelos?

—Yo no quiero salir.

—Te hará bien, anda. —La cargó con facilidad como si fuera un costal de papas la sacó de su cama llevándola hasta la puerta del baño.

—¡Bill bájame! ¡No, espera!

—Basta de quejas, ahora métete a bañar, cuando estés arreglada yo mismo te llevare con los gemelos.

*º*º*º

Ron había tenido tiempo para arreglarse, podía haber ido al hospital para saber sobre Sirius y actualizarse sobre los últimos eventos, pero quería hablar con Luna, no había podido hacerlo el día anterior con todo lo que había pasado y de verdad quería aclarar muchas cosas.

Se encontraba en el patio esperándola mientras quitaba la nieve del tejado para evitar las goteras.

—¿Quieres ayuda?

Él bajó su varita al notar la presencia de su rubia amiga, sus labios se curvaron en una fresca sonrisa.

—Ya termine —repuso caminando lejos de la casa, obligando a Luna a seguirlo—. ¿Cómo está…?

—Mmmm estar en Hogwarts alejada de ellos los siguientes meses le hará bien y comenzará a ver todo de distinta forma —explicó con un suspiro, se llevó una mano a su bufanda de colores, echaba de menos su collar de corchos pero esa mañana lo había olvidado en su casa. Sus ojos volaron hacia Ron, observando su perfil adusto, pequeños puntos rojos y rubios a la luz adornaban su mentón, le agradaba la forma en que su cabello desordenado caía sobre su rostro, aunque la afligía verlo apagado sin esa chispa que lo caracterizaba—, ¿y tú?

Ron tomó una gran bocanada que le enfrió la garganta y lo hizo toser un poco. —Lo sobrellevo.

Ella lo miró largamente, leyendo entre sus palabras lo que él había omitido.

—No pongas esa cara… no me emborracharé más —exclamó medio en broma y medio serio, aún ese episodio de su vida lo avergonzaba, agachó su cabeza incapaz de mirarla.

—Sólo estabas aturdido por esas criaturas.

—Es una buena forma de decirlo, si te pregunta mi madre quieres decirle eso —agregó guasón, se sentía tan tonto. Neville tenía razón no debía haberla hecho pasar por eso—. No me porte muy bien —confesó e inesperadamente pensando en eso, los recuerdos de ella vistiendo aquel camisón lila llenaron su mente.

«Caracoles, ¿cómo pude olvidar eso? Se veía hermosa...».

Luna le sonrió tranquilizadora. —Ya lo olvide.

—Eres una santa, deberían hacerte un cromo… no me importaría tenerlo repetido —dijo sin pensarlo, notando como Luna se sonrojaba—, se necesitan nuevas caras, digo… bueno ya sabes que los colecciono —barbotó tratando de remendar su afirmación.

Ella soltó una risita divertida. —Lo sé.

Él compartió su risa, aunque la de él sonó nerviosa. —¿Ayer estuviste con mi hermana, no?

—Sí y también con Neville.

La repuesta incomodó más de lo que había esperado a Ron. —Eh… Luna hay algo que he querido preguntarte… y no quiero molestarte o incomodarte, estas en tu derecho de no responder.

Se detuvo intrigada, una brisa helada corrió entre ellos haciéndola estremecerse.

—¿Neville y tú tienen algo? —pronunció de golpe, dejándola con los ojos muy abiertos.

Largos segundos siguieron y él comenzó a arrepentirse de haber hecho esa pregunta, estaba pensando algo para remediarlo cuando a respuesta llegó en voz de su cantarina amiga.

—No estamos saliendo.

—Menos mal... —El alivio fue notorio en Ronald, quien volvió a sonreír como si se hubiera quitado un peso de encima— porque él tiene algo con Hannah y no estaría bien que te lastimaran.

Luna escuchó atentamente, una gran sonrisa apareció adornó su pálido rostro. —Ellos hacen una linda pareja.

—Eso creo —respondió con una mueca sin pensarlo mucho, ahora aclarado eso, la duda sobre lo que le había dicho Neville crecía, aunque eso en definitiva no se atrevía a preguntárselo.

—Me tengo que ir.

—¿Tan pronto?

—Hay cosas en las que debo ayudar a mi padre —explicó risueña.

—Mmm... ¿es sobre El Quisquilloso? —cuestionó arrugando sus cejas.

—Sí... es para un nuevo artículo.

Ron asintió, aún creía que esa revista era fantasiosa, pero sabía que mantenía feliz a su amiga.

—Te debo un desayuno por lo que pasó esa vez en tu casa...

—No te preocupes.

—Quiero recompensártelo.

—Ya lo hiciste con la caja de música.

—Quiero compensártelo de otra forma, además te debo que me hayas salvado de todas esas locas en Sortilegios... ¿podemos ir a las Tres escobas o por un helado?, bueno es invierno y te podrías enfermar, un pastel y café... a menos de que quieras otra cosa.

Una risa animosa escapó de los labios rosas de Luna. —Gracias, eres muy amable... pero hoy no podré.

—Mmmm ¿mañana?

—Sí —aceptó animada.

Ronald la acompañó de regreso a la casa para que se fuera por la chimenea, ahora se sentía mejor de haber aclarado la mayoría de las cosas con su amiga, sólo le faltaba un detalle: «le importas demasiado… más de lo que crees».

Podría habérselo preguntado hoy, pero de alguna forma le huía a conocer el significado, por qué no sabía lo que haría de ser verdad.

*º*º*º

Hermione le lanzó una mirada a su amigo y era con una clara intensión.

—¿Qué es lo que Sirius quiere que me digas?

Harry agachó la cabeza pesaroso. —Te lo diré después.

—Te escucho. —Sus cejas se unieron, mientras se cruzaba de brazos esperando.

—En verdad no querrás que lo diga aquí —murmuró mirando a su alrededor, había demasiada gente ahí como para que pudiera hablar de ese asunto.

—¿Por qué? ¿Sobre qué es?

Él clavó sus ojos en ella, mirándola de forma tan intensa que la hizo temblar, haciéndole recordar los momentos que habían vivido hacía unas horas apenas. —¿Harry?

Se acercó enredando su mano en el cabello rizado de su novia. —Más tarde cuando estemos solos —prometió en un susurró a su oído, logrando que una sensación cálida la recorriera erizándole la piel, parpadeó confundida con las mejillas salpicadas de rosa.

—¿Es sobre…? —Calló recordando donde estaban.

—Mejor vamos a ver a Tonks, después nos iremos al Ministerio.

Ella entrecerró sus ojos buscando comprender, pero era más que claro que le faltaban piezas y eran las que tenía él. Resopló comprendiendo que no lo sabría hasta después, tocaron en la habitación descubriendo que Andrómeda y el pequeño Teddy se encontraban ahí también.

*º*º*º

Horas después, mientras caminaban hacia el elevador, Harry pensó en algo que le hizo sentir cosquillas en la panza. —¿Sabes de qué me he acordado ahora que te he visto con Teddy?

—¿De qué? —inquirió despistada, el olor a bebé se había quedado impregnado en su abrigo, haciéndola sonreír.

—Señora Potter —murmuró con media voz, sus labios se alzaron en una sonrisa que parecía llenar todo su rostro.

Una sensación de calidez y felicidad invadió a Hermione, sus ojos brillaron al mirarlo entre sorprendida e incrédula, la memoria del día que habían ido a buscar juguetes para el pequeño Ted la envolvió; un súbito sonrojo se adueñó de sus mejillas al recordar el bochorno que había pasado. En ese tiempo aún no le confesaba sus sentimientos y ahora estaba disfrutando de tener una relación con él y tal vez podía seguir soñando y convertirse si todos los magos querían en la «Señora Potter».

El corazón le aleteó con un regocijo de emoción.

—Como olvidarlo —musitó con una sonrisa cómplice—. Esa señora en verdad quería avergonzarnos.

Entraron al elevador vacío, riendo de aquel momento.

—Quizá tenía la mente abierta, el tercer ojo…

—Ni lo digas, soy capaz de creerlo y eso no sería racional —aseveró con la sonrisa aún bailando en sus labios.

Harry la envolvió en sus brazos, disfrutando simplemente del momento de tenerla así, porque al llegar al Ministerio las cosas se pondrían serías. Hermione enredó sus dedos en la melena azabache, mientras respiraba el aroma que despedían sus cabellos: shampoo, loción y esa fragancia natural que siempre lo acompañaba, la cual ella había aprendido a diferenciar de cualquier otro olor.

En sexto año, en clase de Pociones cuando Slughorn les había mostrado la poción de Amortentia, había dejando inconclusa su frase de lo que olía para ella, por vergüenza a descubrirse ante la clase, para todos quedaría claro que estaba perdidamente enamorada de Harry Potter.

—Hierba recién cortada, pergamino nuevo y el olor de tu cabello, es el último elemento que tiene para mí la Amortentia.

Él se desconcertó un momento, para después sonreír de oreja a oreja. —¿A qué huele mi cabello?

—No sé describirlo con exactitud —mencionó ruborizada, escondiendo su rostro en el hombro de él.

—Mientras no sea algo asqueroso.

—¡Claro que no! Se supone que debe ser una esencia atrayente, ¿recuerdas? —añadió con su tono de sabelotodo que lo hizo reír, echaba de menos eso en sus clases de la carrera. A veces él y Ron no solían dar una, extrañaba las pequeñas ayudas que les daba a regañadientes.

La puerta del elevador se abrió, obligándolos a separarse ante las miradas curiosas y a salir, dejando que otras personas lo llenaran.

—Nunca me has dicho a qué huele para ti —señaló, mirándolo con curiosidad.

—Mmm no lo sé.

—Deberías saberlo —acusó mientras cruzaban el hall—, más con todos esos regalos que llegan a la casa de tus fans, Romilda Vane estoy segura que no será la última que intentara darte una filtro de amor.

Harry realizó una mueca al recordar toda su correspondencia, afortunadamente Ron había aprendido a no comer nada que fuera dirigido a él, por su propia salud.

—No podría enamorarme de ninguna de ellas, no se por qué insisten, no las conozco y no me conocen verdaderamente… —Una oscuridad se posó en sus rostro haciéndolo ver con más años de los que en realidad tenía.

Hermione lamentó haber mencionado aquello, él pareció darse cuenta de la aprensión que abrumaba a su novia, relajó su gesto recordándose que estaba ahí en el presente, el pasado debía quedarse donde estaba.

—Estoy bien, investigare lo de la Amortentia.

—No es necesario…

—Pero quieres saberlo, y yo quiero saciar tu curiosidad.

—No debí preguntártelo, creo que eso es algo que sólo tu debes saber.

—Eres mi mejor amiga creo que puedo contarte ese secreto, ya que tú me has confesado el último ingrediente para ti de la poción —aseveró guiñándole un ojo.

—Sí. —No sonó nada convencida, pero prefirió dejar el tema, mientras sentía como el temor se iba apoderando de su ser, llegando hasta su corazón.

«¿Y si ninguno de los aromas que él perciba tiene qué ver conmigo?».

*º*º*º

En Sortilegios Weasley, Ginny se entretenía acomodando los productos en los estantes, hasta que llegó a donde se encontraban las pociones de amor.

—Ni siquiera lo consideres —indicó a su espalda Ron, quien había adivinado las intenciones de su hermanita.

—No lo estaba haciendo —reprochó girándose a mirarlo con molestia.

—Si, claro…

—Ron… ¿cómo..?

—Son mis amigos —respondió llevando varias cajas a otro estante.

La pelirroja exhaló lastimosamente, pero aún así guardó una de las botellas en su abrigo aún sabiendo que no era lo correcto. Realmente toda esa situación la estaba volviendo loca.

—Ahora vuelvo —gritó apresurada y salió de la tienda, sintiendo la brisa helada. No quería ser descubierta y menos expuesta frente a los clientes. Estaba segura que Ron sería capaz de revisarla de pies a cabeza si tan sólo pensaba que no había hecho caso a su advertencia.

«¿En qué estoy pensando? ¿De verdad usaría eso?».

—Justamente la pobretona que quería encontrar —siseó Draco con su exquisita sonrisa torcida.

Ginny no podía creer su suerte, ¡vaya día! Torció su rostro en una expresión de total desagrado. Lo último que necesitaba era ser acosada por ese tipo mimado desagradable, lo intentó pasar pero él se impuso.

—Vamos Weasley, ni siquiera me has saludado como merezco, ayer te abalanzaste sobre mi sin pudor y hoy este recibimiento tan frío, eso no esta bien —señaló fingiendo indignación—, mucho menos después de lo noble que fui contigo al dejarte ir con mi varita de mi casa sin castigo alguno.

—¿Qué…? ¡Es mi varita! Ni siquiera me la ganaste en un duelo sólo me la robaste, que ahora tengas esas mañas no me extraña, me importa un bledo si no tienes amigos o qué hacer, sólo déjame en paz. —Tal vez estaba desquitando su mal humor con él, pero en verdad nunca lo había soportado y no pensaba hacerlo ahora.

Draco la tomó del brazo haciendo regresar los pasos que había dado, dejándola frente a él. —Esa no es la respuesta que esperaba pero es algo. Te lo explicare para que entiendas, verás esa que llamas tu varita, esta sellada por mi con un hechizo, así que… sí me pertenece en igual cantidad que a ti y la puedo inutilizar para que ni una sola chispa salga ella.

Ginevra pasó del enojo al asombro y nuevamente a una furia que la hizo enrojecer. —¿En verdad piensas que voy a creer eso? ¿Acaso tienes un gusarajo por cerebro? ¡En verdad estás dañado! —Se jaloneo con fuerza.

—La que parece tenerlo eres tú, aparte de ser testaruda y una salvaje, ¿qué no te enseñaron cómo debe comportarse una bruja sangre pura? Deja de sacudirte como bestia, contrólate estás dando todo un espectáculo.

Ginny sintió que había entrado a la dimensión desconocida. —Pues no lo haría si tú no me sostuvieras contra mi voluntad.

Draco la soltó, notando que ella lo miraba con resentimiento mientras sobaba su brazo. — Vas a tener que empezar a comportarte más ahora que pasaremos «tiempo juntos».

—¿Qué? —Si antes creía que el tipo se había vuelto loco, ahora estaba segura de eso. Malfoy estaba para enviarlo al ala de pacientes mentales de St. Mungo.

—No debemos hablar de esos detalles en la calle, ¿te parece que busquemos un lugar donde podamos tomar algo mientras te pongo al tanto de tus actividades a futuro?

Ginny casi se cae de espalda. «¿Qué le pasa? ¿En verdad me esta diciendo eso? Primero lo de tiempo juntos y ahora ¿me está invitando a salir?».

—¿Estás bajo un imperio?

Draco entornó sus ojos con exasperación. —Weasley, Weasley, eres más piedra de lo que pensé.

—No sé ni qué hago perdiendo mi tiempo contigo —murmuró y comenzó a alejarse.

—Realiza un hechizo y comprobaras que no podrás hacerlo —pronunció con suficiencia.

—No lo haré, lo único que quieres es que te lance algún hechizo para después ir a quejarte con tu papi —prorrumpió con las manos en su cintura.

—No seas infantil Weasley, de ti me puedo encargar yo solo.

—Corta el rollo Malfoy, y vete con Parkinson, quizás ella si te haga caso y te consuele por esas pesadillas que tienes por las noches…

Él avanzó furioso, sus ojos se achicaron atravesándola. —¡Cállate! —gritó sin importar llamar la atención de las personas que pasaban por ahí— ¡Harás lo que yo diga o no retirare mi hechizo de tú estúpida varita!

—Mi varita no tiene nada.

—¿Quieres comprobarlo? ¡Expelliarmus!

Ginevra se hizo hacia atrás por autoreflejo, alzó su varita dispuesta a defenderse. —¡Protego! —Nada ocurrió, apenas y unas chispas rosadas salieron de su punta. El ataque la golpeó haciéndola caer, no había sido demasiado fuerte o ella estaría convertida en papilla contra el escaparate del negocio próximo.

«No, no es posible.».

*º*º*º

En el Ministerio, más específicamente en el Despacho del Jefe del Departamento de aurores, Remus cerraba la puerta observando a sus dos visitantes.

—¿Cómo dejaron a Sirius?

—Pues no muy tranquilo, en cuanto este mejor y sin los efectos de las pociones seguro que se escapara —opinó Harry, conociendo el historial de su padrino para burlar la seguridad y huir, era lo más probable que sucediera.

—Es demasiado obstinado.

—Lo sé —declaró con una sonrisa conocedora—. Siéntense, ¿quieren un poco de té?

Ambos negaron mientras ocupaban las sillas frente al escritorio, ansiosos por escuchar la información que tenía su ex profesor.

—Bien —Estaba claro que debía ir al grano sin más preámbulos—. En la última operación de rastreo de los prófugos, logramos recuperar a una pequeña con vida.

—¿Una niña? ¿Cómo? ¿Está bien? —inquirió Hermione presurosa, no podía creer la crueldad de esos magos para llevarse incluso a los niños.

—Sí, esta bien... en lo que cabe, no ha querido decir mucho.

—¿Dónde se encuentra? —cuestionó Harry, en su voz se notaba su preocupación—. ¿De cuánto es la posibilidad de que sus padres sigan con vida?

—Es alta, estos hombres quieren negociar, será la última opción que consideraremos, hasta ahora estamos rastreando todas las pistas que nos llegan y hay especialista en Legemerencia que esta trabajando con la niña.

—Merlín, me gustaría tratar de conversar con ella.

—Hermione por ahora no será posible, ya han llegado algunos de sus familiares y serán los siguientes en verla, por su seguridad la queremos mantener aquí o en su defecto varios agentes estarán cuidando la casa donde se quede.

—Entiendo, tal vez después.

—Veré lo que puedo hacer, ahora hay una junta con algunos escuadrones, para analizar pistas y posibles rutas de estos hombres.

—Quiero estar —declaró Harry, levántandose de un brinco.

—Lo sé, por eso estaba esperándolos.

*º*º*º

En el Callejón, Malfoy se acercó a Ginevra aún absorta por la impresión de haber perdido ante él, su varita en verdad no le respondía.

—Pero mira qué tenemos aquí —recogió la botella que había caído del abrigo.

La pequeña Weasley reaccionó queriendo arrebatársela de las manos. —Devuélvemela.

Él leyó la etiqueta del frasco, abriendo sus ojos con malicia. —¿A quién quieres enamorar? ¿A San Potter? —Se rió con ganas, burlándose de ella.

—Eres un imbécil —Lo empujó rabiosa.

Draco le obsequió una mirada desdeñosa. —Deja de ser una vulgar agresiva, te la devolveré, pero debes portarte bien.

—¿Qué es lo que quieres? ¿Qué le hiciste a mi varita?

—Si quieres que te devuelva esto —Agitó la botella frente a sus ojos—, y negociemos lo de tu varita, tendrás que acompañarme.

—De ninguna forma iré contigo a ningún lado.

—Como quieras, suerte en conseguir otra varita —comentó guardándose la poción e iniciando su camino—. Seguro que Potter te querrá ayudar cuando se entere de que querías darle esto en las noticias vespertinas de El Profeta.

Ginny golpeó con fuerza su pie en la nieve. —Rayos Malfoy, espera.

Él crispó sus labios en una exquisita sonrisa, llena de victoria. —¿Si? —Se giró fingiendo desinterés.

—Iré contigo, pero te juro…

—Sin amenazas Weasley, los dos podemos salir beneficiados de esto —Alzó sus cejas divertido, fase 1 casi completada—. ¿Nos vamos?

—Bien, pero te tendré todo el tiempo vigilado.

—Como quieras, pero si vas a caminar a mi lado tienes que estar más presentable.

Le lanzó un simple hechizo para sacudirle la nieve que había parado en su ropa cuando se había caído. Avanzaron apenas unas calles hasta llegar a un salón de té Red Moon, Ginny se dio cuenta que él era conocido por la forma en que los recibieron, caminó hasta la mesa que les había indicado el mesero y se sentó sin más.

—Weasley levántate.

—¿Por qué?

—¿Qué nunca has salido con un caballero? —concluyó al recordar los tipos con los que había salido—. No se ni para qué te pregunto, ¿puedes levantarte?

Ginny soltó un gruñido y se incorporó de mala forma.

—De ahora en adelante cuando estemos juntos en un lugar publico, esperaras hasta que te abra la silla Weasley —manifestó al momento que realiza la acción.

Ella parpadeó confundida, la actitud del hurón en verdad comenzaba a darle miedo. —Quieres dejar de hablar de cuando estemos juntos, ¿por qué querría yo gastar mi tiempo contigo?

Ignoró su pregunta y tomó la carta. —¿Qué es lo que quieres? Espero que tus gustos y tus modales en la mesa sean mejores que lo que ya he visto de ti.

—Eres odioso.

—Yo tomare un café solo y para la señorita un café escocés…

Ginny quiso desfallecer, en que momento había terminado envuelta en todo ese lío, donde se encontraba en medio de un extraño encuentro con el nefasto de Malfoy. ¿Acaso había cambiado de dimensión? Porque definitivamente quería volver a donde su amor con Harry era posible y ese horrible momento con el hurón botador sólo fuese una pesadilla.

—Esto es lo que harás…

*º*º*º

Tiempo después en St. Mungo, la tarde había caído. Sirius había despertado hacia un rato, le habían llevado una bandeja de comida pero apestaba.

Y aparte la enfermera que lo atendía era una mujer gruñona, nada atractiva y que se la pasaba amenazándolo, al parecer se la habían otorgado por ser considerado un paciente difícil, pero con eso sólo lo estaban obligando a querer salir más pronto de ese lugar, ya encontraría la forma.

Resopló frustrado y ciertamente aburrido, necesitaba noticias, ponerse al día sobre lo que sucedía en el exterior. Escuchó el clic de la puerta, dirigió su atención a la entrada esperando ver otra vez a esa enfermera cruel, pero era alguien completamente diferente y que no esperaba ver ahí.

—Yannel. —El corazón se le agitó en el pecho.

—Vine a ver a Nym. —Eso no era del todo cierto, pero era una mentira que él creería con facilidad—, y… quise ver cómo estabas.

Se quedó en la puerta, incapaz de acercarse más él, seguía molesta por cómo había terminado con ella y más por haberse arriesgado de esa forma.

—No muerdo, puedes acercarte… claro si quieres —repuso con cuidado, no quería cometer el mismo error con ella, los consejos de su mejor amigo brincaban en su cabeza.

—Eh… no quiero incomodarte.

—No lo haces, estoy aquí solo con las cuatro paredes, comprenderás que incluso para alguien que ha perdido la cabeza como yo… es una tortura.

Cornwell dudo, los nervios la recorrían desenfrenadamente. No podía negar que quería hacerlo y aunque aún se sentía herida, lo que sentía por él ardía intensamente dentro de ella, doblegando su voluntad y todas las ordenes racionales que dictaba su cerebro.

Avanzó hasta la silla cerca de la cama, sonriendo con melancolía al recordar que habían pasado más tiempo en ese lugar que en cualquier otro, parecía que estaban destinados a reunirse en esos cuartos de hospital, pero ahora la situación era distinta, ellos no eran nada en lo que se refería a su vida personal, porque en lo profesional seguía estando bajo sus ordenes.

—Estas más callada que de costumbre, ¿pasó algo en el cuartel?, ¿hay noticias de los prófugos? —Trató de enderezarse pero un dolor le atravesó el costado, bufó adolorido llevando su mano a la zona—. ¡En este maldito lugar me van a matar!

—Tranquilo, ¿quieres qué le hable a una enfermera? —Se levantó de golpe asustada por el quejido del Merodeador, incapaz de saber si debía tocarlo o no.

—¡Nooo! No es nada. —Apretó su mandíbula y exhaló el aire lentamente, dejando que el resquicio de esa espinosa sensación se fuera desvaneciendo.

—¿En verdad…?

—No —zanjó.

Yan volvió a sentarse, en sus ojos se veía la preocupación sincera que la embargaba. Sin saber cómo tocar el tema de su relación y sin querer seguir en ese silencio lastimoso, comenzó a hablar de lo que acontecía en el mundo mágico.

—Remus esta haciendo un gran trabajo, la búsqueda sigue y no han sucedido más eventos violentos. Por otra parte el Ministerio ha recibido quejas de las familias que ha asistieron a la Gala.

—Era de esperarse con todo lo que esta sucediendo —profirió hosco.

—Kingsley esta buscando estabilizar la situación, ha dado varios mensajes a la población.

—No será suficiente, quieren resultados.

—Y los tendrán, creo que no debí hablarte de esto.

—No, está bien —Buscó serenarla, pero al parecer no lo estaba logrando—. Necesitaba un poco de información, estar acostado solamente en este lugar es exasperante... estoy considerando volverme perro y salir corriendo.

—Eso sería peligroso en tu condición —repuso, mirándolo con severidad.

Él chasqueó su lengua, restándole importancia. —He salido de peores. —Sonrió de forma lobuna, haciendo que ella negara con su cabeza.

—Ese no es el punto.

Sirius la miró largamente, esperando el regaño pero eso no sucedió, en cambio se encontró admirándola. Entendiendo que debía haber pasado más tiempo con ella cuando había tenido oportunidad, llevarla a una cita real, no a encuentros en el hospital que estaban lejos de ser íntimos y románticos, así como hablar menos de los problemas del mundo mágico.

En verdad no servía para las relaciones, lo había echado a perder por segunda vez, claro si no contaba las veces que la había decepcionado, que eran más de las que podía contar con los dedos de sus manos.

—¿Por qué estás aquí? La verdad Yannel —demandó, resintiendo un poco su tono brusco.

Ella se tensó, su expresión se volvió una mascara de indiferencia. —Sólo quería saber cómo estabas, no creas que vengo a que hablemos de lo que hubo entre nosotros.

«Soy una tonta, no debí venir.»

Impulsada por un resorte se incorporó, dispuesta a salir de esa habitación.

—No me permitiste que te explicara, simplemente asumiste erradamente que lo hacía por otra mujer y preferiste correr con Krutov —explotó dejando salir el monstruo de los celos que había estado carcomiéndolo.

—Yo no corrí con Krutov, de cualquier forma tú terminaste conmigo —le gritó con los ojos cristalizados.

—¡Diablos Yannel!

—¡Eso me pasa por tonta! ¡Espero que te recuperes, no volveré por aquí de nuevo! —azotó la puerta, quedándose parada afuera de ella, mientras dejaba caer un par de lagrimas.

—¡Yannel! ¡Rayos, vuelve! —rugió tratando de incorporarse— ¡Maldición!

¿Por qué tenía que haber abiertó su bocota? Podría haberle sólo dicho las cosas con calma, pero no…

*º*º*º

Hermione se encontraba esperando en la sala, tenía una manta para cubrirse del frío y una buena taza de café. Miraba la televisión para distraerse, había desistido de leer un libro después de que no lograra pasar del mismo párrafo.

Tras la junta, Harry se había unido a un escuadrón de búsqueda y ella se había quedado para analizar los recuerdos que habían logrado obtener de la pequeña con el equipo especializado, había sido un tanto difícil por el trauma que había sufrido, pero era lo más cercano a una pista real que tenían.

Los mensajes de extorsión seguían llegando al Ministerio, inútil había resultado tratar de rastrearlos. Afortunadamente el ministro se mantenía esperanzado en poder darle un resultado positivo a esa situación.

No sabía a qué hora llegaría su novio, pero pensaba esperarlo despierta. No sólo porque quería verlo llegar sano y salvo, también quería enterarse si tenía nueva información. Por otra parte tenían dos conversaciones pendientes: sus pesadillas y el secreto que compartía con Sirius.

No podía negar que se moría de curiosidad por averiguar de que se trataba, sobretodo después de la forma en que se había comportado en St. Mungo. Un cosquilleo la invadió, al recordar todo lo que había vivido con él en esos días, sus mejillas se incendiaron al pensar la forma tan atrevida en que en que él la había tocado, haciéndola alcanzar un pedacito de cielo.

Era consciente de que él tenía más experiencia en todo lo que se refería a relaciones, pero no podía evitar ese gusanito de celos que dejaba una sensación de desazón a su paso. ¿Con quién él había estado antes? Ni siquiera quería imaginarse que hubiera sido con Ginevra, la sola idea podía enloquecerla y entristecerla a la vez.

Por el momento sus sentimientos por la pelirroja eran demasiado contradictorios y después de ese «beso» que le había plantado a su novio no era para menos. Ella siempre había respetado su relación cuando se encontraba con Harry, era lógico que esperara la misma clase de actitud, pero suponía que le tocaba entenderla nuevamente, estaba herida, recelosa y deseosa de recuperarlo.

¡Vaya conflicto!

Hermione exhaló largamente, las cosas quizás empeorarían antes de mejorar.

Su atención volvió a la película que miraba al momento que los actores compartían un beso apasionado.

La chimenea llameó al tiempo que Harry aparecía. Desabrochó su túnica, notando la presencia de ella en la sala.

Los ojos de Hermione volaron de inmediato hacia él, su cansancio era evidente, pero por lo demás estaba bien y agradeció el que así fuera.

—¿Cómo te fue? —indagó veloz, deseando correr hasta él.

—Pensé que estarías dormida.

Negó sacudiendo su cabeza, rizos rebeldes se movieron alrededor de su rostro. —Preferí esperarte.

Él le brindó una sonrisa cansada, se dejó caer en el sillón, mirando hacia el televisor.

—No hallamos nada, seguiremos buscando por la mañana —informó sobándose el cuello—, Remus me mandó a descansar —Tocó su pies, haciéndole cosquillas—. ¿Y a ti?

Aún con una sonrisita, recogió sus pies, protegiéndolos bajo la manta. —No pudimos hacer mucho con los recuerdos de la niña, pero siguen tratando.

Él exhaló profusamente, se quito sus lentes aplicando un poco de presión con los dedos sobre el puente de la nariz.

—Todo se resolverá con bien.

—Eso espero, vamos a la cama, ¿o prefieres la compañía del televisor?

—¡Claro que no! —Deshizo su posición—. Además tenemos una platica pendiente ¿recuerdas?

—No… ¿de qué? —preguntó en un bostezo.

—Tu secreto con Sirius —le recordó al oído, logrando que él se despabilara por la oleada de calor que lo recorrió.

—Oh… eso… —Tragó saliva con nerviosismo, hundiéndose en el sillón.

—Sí eso —Se cruzó de brazos, pasando sus ojos por él cómo si fuera rayos "X", en un intento por entender qué era lo que le causaba tanto dilema y vergüenza—. Dijiste que me lo contarías, ni pienses que te dejare ir a dormir sin decírmelo.

—Bien… —Pequeñas gotas de sudor perlaban su frente.

Resultados de confesarle lo del babydoll: a) todo resultaba catastrófico, b) podía tomarlo bien y quizás… considerar usarlo para él un día, c) lo mandaba dormir a su cuarto y mataba a Sirius por el regalo, d) ninguna de las anteriores.

Después de todo no podía predecir cuál sería la reacción de su novia.

—¿Y…? —dijo instándolo a hablar.

—Te veo en tu cuarto y hablamos de eso.

—¿Seguro?

«No».

—Sí —acotó resignado.

*º*º*º

Ginevra era incapaz de dar crédito a lo que había vivido con el arrogante, mimado y sobre todo cretino, manipulador de Draco Malfoy. Se había metido a su vida de forma brusca, violenta y desagradable; pretendiendo controlarla y utilizarla como si fuera una de esas cosas que podía pagar con su dinero.

Se sentó en su cama bufando. —¡Lo odio, lo odio!

No importaba que él hubiese endulzado la situación tratando de comportarse como un perfecto caballero ingles.

—¿Salir con él? Definitivamente Voldemort le coció el cerebro… ¡esto es el infierno! —chilló.

Se dejó caer hacia atrás, su espalda tocó su mullido colchón, sus ojos se perdieron en el viejo techo.

«No tienes opción Weasley, podemos hacer esto a mi manera o estoy seguro que más de uno se interesara por saber que la pequeña hija de una de las famosas familias de la resistencia trataba de atrapar de forma sucia al Salvador del mundo mágico y no dejemos de lado el asunto de tu varita. Acepta y te libraras de mi, después del tiempo convenido…».

—Luna tenía razón, debí haberle dicho a mis padres desde el inicio —musitó sufrida—, pero si se los digo ahora, tendré que decirles lo de la poción multijugos… y lo de la otra poción de amor, pero si lo omito Ron me echara de cabeza por lo que vio, más si notó el faltante… ¿cómo lo pondré de mi lado?

Todo esto se había salido de control.

—¿Qué debo hacer? ¿Aceptar el trato del hurón? ¿Morir en el intento? —gimió llena de frustración, se quedó callada repasando sus posibilidades.

Se sentó de golpe al encontrar una esperanza en todo ese abismo negro. —Buscaré un hechizo que contrarreste el sello de Malfoy... —Sus ojos se estrecharon con la dulce promesa de una venganza— y de paso planeare cómo poner en su lugar a ese hurón.

—¡Ginny, ya duérmete! —gritó su madre desde el pasillo.

—Sí, mamá...

*º*º*º

Sentada en un sillón cerca de la ventana, estaba Hermione observando la nieve caer, un pequeño radio amenizaba su espera con suaves notas.

De repente las tonadas de una canción conocida la hicieron enderezarse y mirar hacia el aparato.

*O children. Forgive us now for what we've done… It started out as a bit of fun. Here, take these before we run Hawai…

Potter había estado repasando la forma en qué le confesaría todo, pero por más que trataba el único pensamiento que prevalecía en su mente era Hermione usando esa prenda provocativa para él y lo demás sólo sería un poco de lo que habían vivido en la mañana.

«Estoy perdido.»

Aceptó con resignación y una sonrisita culpable, entró a la habitación, notando la expresión ensoñadora de su novia, por un momento no comprendió lo que sucedía hasta que puso atención en la música.

—¿Recuerdas? —murmuró con los ojos nublados.

Él avanzó hacia ella entre las estrofas de la canción, tomó sus manos obligándola a levantarse, la estrechó dejando que sus cuerpos se unieran.

Hermione dejó sus manos en los hombros de su novio, mientras escondía su rostro en el hueco de su cuello, aspirando su aroma. Él comenzó a mecerlos suavemente, mientras pasaba sus dedos por la espalda de ella, haciéndole pequeñas caricias.

—Muchas veces quise decirte lo que sentía por ti…

—Lo hubieras hecho, no hubiéramos pasado frío —bromeó coqueto, la sintió sonreír contra su piel, enviándole una sensación de escalofríos por su cuerpo.

—Harry… —Se apenó ante la insinuación— dudo que eso hubiera pasado, no con Ron ahí.

—Pero estábamos hablando de cuando estuvimos solos.

—Era difícil pensar en eso con todo lo que estaba ocurriendo.

—Lo sé, pero hubiera sido más soportable todo —comentó inundándose de esos recuerdos llenos de oscuridad, ahora que lo pensaba el horrocrux tenía razón al mostrarle esa imagen a Ron, tal vez Voldemort había percibido sus sentimientos por Hermione y los temores de su amigo, sólo los habían confirmado.

—Esa noche que bailamos, fui feliz…

Harry siguió la voz de su novia alejándose de aquel pasado tormentoso. —Voy a empezar a creer que en verdad quieres que vivamos en el Bosque de Dean en una casa de campaña, porque dudo que nos dejen construir.

—¿Estás diciendo que si te gustaría? —cuestionó divertida y asombrada por esa respuesta tan espontánea y sincera.

—Bueno… ahora ya sabemos cómo sobrellevar las condiciones extremas del lugar.

—¿Y cómo sería? —Nunca había sido muy buena en el arte del coqueteo pero él bien valía el esfuerzo, levantó su rostro batiendo sus pestañas, encontrando sus ojos centellando detrás de sus lentes.

Y mientras los últimos acordes inundaban la habitación, él sonreía ante la clara invitación, sin perder tiempo dejó caer sus labios sobre los de ella, acariciándolos con lentitud disfrutando de su textura y sabor en cada roce, mientras sus manos se perdían en la curva de su cintura.

Hermione sintió como sus rodillas se iban debilitando con el paso de los segundos, el beso se extendió volviéndola una masa gelatinosa. Él invadió su boca con maestría arrancándole un jadeo, sus manos tiraron de los hombros de él, buscando tenerlo más cerca sin ninguna advertencia.

Harry sonrió divertido ante el ímpetu de su novia, se separó un instante ante la reticencia de su novia, sólo para volver a besarla desde otro ángulo, saboreando su boca como si se tratara del dulce más delicioso.

Ella zumbó al sentir las manos traviesas de su novio colarse bajó su playera, era sorprendente la manera en que sólo con un beso la hacia sentir fuera de este mundo, su piel se erizó al paso de sus dedos.

—Habría mucho como eso… —soltó cuando sus bocas se alejaron, las respiraciones vacilantes chocaban entre sí, con las pupilas inundadas de emociones a flor de piel, que eran incapaces de nombrar.

—Supongo que si podríamos considerar pasar una temporada ahí… —repuso al poco rato, uniendo sus frentes.

Ambos sonrieron, disfrutando del momento.

—Lo de menos sería el lugar… —agregó alejándose ligeramente de ella, encaminándola hacia la cama.

Harry se sentó dejándola frente a él, mientras ella acomodaba sus mechones indomables.

—Me dirás…

—Puedo hacer eso o podemos simplemente seguir en lo que estábamos —Tiró de ella por la cintura acercándola, levantó su playera revelando su estómago, cepilló su aliento sobre su piel.

Hermione cerró sus ojos y mordió su labio inferior, al sentir los dientes de su novio raspaban su abdomen antes de aliviar la sensación con pequeños besos juguetones que se extendieron hasta llegar a sus costillas, ella echó su cabeza hacía atrás dejando escapar un par de unos ruiditos de aprobación, enterrando sus dedos en la cabeza de él buscando acercarlo.

Él bebió con avidez cada extensión de piel que probaba, no bastaba con haberla disfrutado hacia unas horas, el calor se extendió por su cuerpo, aunado a lo enardecido que ya estaba al darle vueltas al asunto de su novia con ese camisón. La tomó del costado, cargándola ligeramente hasta dejarla sobre el colchón para después colocarse sobre ella, dispuesto a seguir con su tarea.

—Harry espera —pidió colocando sus manos en su torso.

Gruñó en respuesta, buscó sus ojos encontrando su rostro sonrosado y su expresión divertida.

—No me distraerás, quedaste en decírmelo.

Él resopló desanimado, recostándose a un lado de ella. —¿Y si mañana hablamos de eso?

—Harry…

—Bien, bien… pero recuerda que tu insististe.

Se movió interesada, quedando de costado, apoyó su codo en la cama y su cabeza en su palma extendida. Algunas líneas de tensión aparecieron en la frente de Harry, se había tomado un momento para volver a poner en orden sus ideas.

«¿Por qué no tengo un trago de la poción Felix Felicis, al menos así tendría la seguridad de que esto iba a salir bien.»

—Eh… —Carraspeó sintiendo la presión de la mirada de su novia— ¿recuerdas… ese regalo de navidad que te dio Sirius?

El cuerpo de Hermione se tensó de inmediato, desvió sus ojos hacia el diseño del cobertor, demasiado azorada como para seguir mirándolo.

—Tiene que ver con eso…

—¿Con eso? —preguntó confundida, regresando su mirada a él.

—¿Quieres qué siga? —indagó dudoso.

—Sí —aceptó, ahora más interesada que antes, aunque eso no reducía su incomodidad.

Se removió agarrando valor, cerró sus ojos, encomendándose a los viejos magos, seguro que ellos también habían pasado por una situación así con alguna chica.

Quiero vértelo puesto —habló tan rápido que en un primer momento ella no comprendió, hasta que las palabras se repitieron en su mente, fue entonces que sus mejillas ardieron y sus ojos se abrieron sin comparación.

Harry rodó su rostro para poder ver su reacción, encontrando que no podía descifrar exactamente qué era lo que su amiga estaba pensando.

«Seguramente creerá que soy un pervertido, que sólo piensa en sexo.»

Esto era humillante, ya se arreglaría con Sirius por hacerlo pasar por esto.

Hermione deshizo su postura sentándose en la cama, aun procesando la información. Por más que quería decir algo para calmar a su novio que tenía cara de susto y vergüenza, no podía.

Ok, de repente su cuarto se le hacía sofocante. Jamás pensó que tendría que volver a recordar ese pequeño obsequio; de sólo pensar que Sirius lo había escogido pensando en ella —no así en lo estricto—, en ellos, sufría más bochorno. Sería fácil de comprender si fuera únicamente eso, pero eso se trataba de Harry pensando en ella de esa manera y la halagaba puesto que no creía que él pudiera encontrarla atractiva con aquella prenda. Ella se sentirá tonta y expuesta usándolo, ¡por Merlín no tenía el gran cuerpo!

Aunque darse cuenta que de repente él la deseaba y quería de esa manera, era un tanto sorprendente y fascinante a la vez, demasiadas emociones contrastantes.

—Her…

Ella lo detuvo, pidiéndole con su mano que callara. —Es que… ¿en verdad…? —pausó sintiendo que ya había pasado por varios colores.

—Sé como suena, no quiero que te molestes… es que Sirius, él… no, bueno yo… —balbuceó incapaz de hilar una sola frase para aclarar, apretó sus labios un tanto molesto. Se sentó manteniendo el espacio entre ellos—. No quiero que pienses que yo… sólo quiero eso de ti —añadió apesadumbrado.

—Harry… —Acarició su mejilla, sintiendo su barba incipiente. Él verlo así de apenado la enternecía, para ambos esta conversación era embarazosa, pero no tendría por qué, después de todo eran pareja y debían ser sinceros con lo que se refería a su intimidad.

—Lo siento.

Ella negó y le sonrió con timidez para calmarlo. —Tal vez tengamos que darle una pequeña cucharada a Sirius de su propio juego, ¿no crees?

Él frunció y desfrunció su ceño, no esperaba esa clase de reacción, pero era Hermione, la chica madura que siempre le sacaba el mejor partido a todo, al final siempre lo sorprendía. Respiró aliviado, aunque esto lo dejaba un tanto perdido con respeto al camisón. ¿Cuál era su postura? ¿Era un no definitivo o mejor no toquemos el tema?

—Estoy de acuerdo —respondió alzando la comisura de sus labios.

—Bien, tengo un par de ideas en mente. —Se incorporó, caminando hacia el radio.

—¿Y… no dirás nada del…?

Volteó a mirarlo, nuevamente ese color sonrosado estaba en su rostro. —Eh… tal vez.

Harry supo que por esa noche no iba a conseguir sacarle más, era mejor dejar las cosas en ese terreno neutral. Se levantó y fue hacia ella. —¿No crees qué deberíamos estar en la cama ya?

—Schhh. —Lo abrazó por el cuello, pegándose a él, mientras lo obligaba a moverse.

Él la complació, estrechándola con suavidad. No había terminado durmiendo en su cuarto, ni tampoco en una escena hot, por ahora… pero la puerta estaba abierta y tenían todo el tiempo para cruzarla, hundió su rostro en la melena de rizos.

Hermione prefirió no decir más, aunque aún tenían muchas cosas que decirse, pero algo le indicaba que tocar el tema de las pesadillas en ese momento, arruinaría la noche. Sabía que posponerlo no ayudaría, tenía que poder hablarlo con él sin que estropeara las cosas entre ellos.

*º*º*º

Continuará…

*º*º*º

*Fragmento de O' Children de NICK CAVE & THE BAD SEEDS.