ATENCIÓN:
EL SIGUIENTE CAPÍTULO CONTIENE LENGUAJE FUERTE Y ESCENAS DE VIOLENCIA, EL GRADO DE LAS MISMAS DEPENDE DEL CRITERIO DE CADA QUIEN.
Queda bajo su responsabilidad la lectura de la misma.
La verdad detrás de la inocencia.
POV Bella
"Lo que me preocupa no es que me hayas mentido, sino que, de ahora en adelante, ya no podré creer en ti."
Friederich Nietzsche
Comencé a dormitar levemente amarrada a la silla, estaba cansada tras la continua posición de mi cuerpo y el dolor de mi espalda se intensificó de manera insoportable. Tenía hambre también y mucha sed. Me había negado a comer bocado alguna pero solo estaba logrando debilitarme.
Hacía más de 3 días que estaba en esa situación.
Los labios se me estaban partiendo de manera preocupante a falta de líquidos y mi ya traslúcida piel se veía peor a falta de alimentos. Mi ropa estaba desgarrada y la mayor parte del tiempo me encontraba sola, pero últimamente el hijo de puta se quedaba conmigo a 'conversar'. Lo único que hacía era bajar la mirada, ni siquiera le respondía o hacía a notar que estuviese presente y eso lo hacía enojar mucho más, solo quería era irritarlo y hacer las cosas de manera que se hartara de mí. Prácticamente vertía minúsculos bocadillos a mi boca, los mismos que solo degustaba y después tiraba.
-Si sigues así te vas a enfermar y después te irá peor, necesito que estés fuerte para mí-.
Solo levantaba la mirada para mirarlo con odio pero eso le fascinaba.
Las primeras horas fueron las peores.
Se suponía que, si estás secuestrado lo fundamental que deben hacer es vendarte los ojos, pero en esta ocasión mi raptor era totalmente diferente, pues quería que la mayor parte del tiempo lo mirara como para que, por cuestión de tiempo y costumbre me habituara a su sola presencia y me 'enamorara' cada día más de él.
Trató de besarme a la fuerza, la resistencia en mis rechazos le provocaba excitación, misma que según a sus palabras 'yo misma provocaba'.
-¿Por qué me haces esto?-.
-Siempre la misma pregunta, creo que está más que claro.
-No puedes obligarme a nada-.
-Sí y no- contestó enarcando los ojos- por eso te estoy dando la oportunidad de que te entregues por las buenas, no seas tonta, piénsalo bien. Si te portas bien, puede que llegue a ser dulce contigo-.
-YO NO QUIERO-.
-Pues aquí, te voy a enseñar a querer-.
Mi garganta me dolía de manera espantosa, mi mente solo se refugiaba en el mero recuerdo del agua y comida. Imaginé que sería lindo estar con Adam, en la Bella Italia junto con Carlo, comiendo Spaguetti y degustando agua fresca, Dios como dolía.
-Parece que estás pasando un mal rato- comentó haciéndome verlo a la cara.
Traía consigo un plato enorme de lasaña y una botella de vino. Me lamí los labios mientras me sonreía, tenía que comer si no me moriría de hambre.
-¿Quieres comer?-.
Asentí solamente, llenándome de vergüenza, no quería deberle nada, ni tomar nada de él pero era más que necesario.
-Dilo-.
No comenté nada, me limité a bajar la vista.
-¡QUE LO DIGAS CON UNA MIERDA!- gritó golpeando la mesa lo que hizo que me asustara.
-Quiero…- dije casi llorando- comer…-.
-Di: Quiero comer señor-.
Alcé la vista de golpe, ¿de eso se trataba todo? Quería que le suplicara por un bocado, apuñe las manos. Mi humillación me garantizaba que no moría deshidratada o de hambre, no tenía más opción que seguir sus estúpidos e inoportunos juegos. Temblé, me sentía realmente asqueada, ¿cómo deseaba que le tuviese respeto? No podía pero debía. Jalé aire, aire seco que bajaba lentamente por mi tráquea y que me lastimaba de manera punzante por falta de líquidos, ni siquiera tenía las suficientes fuerzas para hablar, pero aun así, me recordé que debía.
-Te estoy esperando-.
-Quiero comer…- dije muy despacio- señor-.
Sonrió victorioso, tener el poder le fascinaba, lo sabía. Desde que lo conocía le encantaba tenerlo y poseer lo que de verdad quería hasta que el capricho se le pasara. Caminó vacilante hasta mi lugar, notando que vestía unos pantalones de mezclilla y una remera blanca, muy informal como para su gusto. Se acuclillo frente a mí para tomar mi barbilla.
-Mírate hermosa, estás tan delgada, pálida y débil. Necesitas estar fuerte para mí…- dijo de manera seductora.
-Hice lo que me pediste- contesté débilmente- suéltame, quiero comer-.
Rio de manera sardónica, como si mi comentario le hubiese causado la mayor de las gracias pero no la suficiente. Se giró sobre sus talones y caminó detrás de mí, tocándome la piel de los hombros y acariciando las partes desgarradas de mi ropa.
-¿Crees que soy tan imbécil Bella? No te dejaré ir pequeña, te quedarás conmigo. Vamos nena, cumple mis fantasías, quiero darte de comer-.
Las lágrimas amenazaban con salir de manera sofocante pero me mordí el labio para causarme el dolor y reprimir las ansías que tenía de cambiarlo todo de una vez, sin embargo, me quedé en silencio.
-Dame de comer…-.
-Dame de comer ¿qué?-.
Entorné los ojos, sabía a lo que se refería, quería doblegarme y dominarme. Solo le hacía falta un poco más de paciencia y lo soportaría, yo sería fuerte.
-Dame de comer, señor-.
-Claro hermosa- dijo acariciando mi mejilla derecha con la punta de sus nudillos.
Caminó a la mesa de centro, la misma que había estado acompañando los últimos días y en la que colocaba grandes y deliciosas cantidades de comida que, él mismo comía enfrente de mí para darme tentaciones. Tomó una vajilla muy fina, en ella vertió vaporosa lasaña que hizo que un espasmo de dolor me golpeara con violencia las paredes del estómago. Destapó la botella de vino fría, llenó un par de copas y las dejó sobre la mesa. Cortó un bocadillo y lo pincho con el tenedor para después ofrecérmelo.
Al principio lo miré con desconfianza pero después no tuve más opción que morderlo para tragarlo con prisa. Mi estómago lo recibió gustosa y comencé a comer de la mano de raptor, pero algo no me cuadraba, la comida tenía una sazón demasiado familiar pero a la vez extraño, mastiqué de manera más lenta y lo miré a los ojos con extrañeza.
-¿Pasa algo?-.
Tragué el bocado que tenía en la boca y pedí agua para pasar mi comida. Me ofreció vino, pero me negué, quería agua, solamente agua. Volvió a darme de comer cual bebé y mi cuerpo se sintió más cansado y pesado aún. Los ojos me comenzaron a pesar de manera fastidiosa, no quería dormir, pero ¿por qué lo hacía?
-¿Te pasa algo Bella?- preguntó sonriente.
-¿Qué… qué me diste?-.
-Solo un poco de agua hermosa-.
-Hijo… De puta… Me drogaste…- dije a media conciencia.
-Dulces sueños, hermosa…- dijo acariciando mí cara con una sonrisa.
Y quedé en la conciencia, sin saber que había pasado de mí.
Desperté.
Me asusté al saber que no estaba más en la silla, la misma en la que había pasado las últimas 48 horas. Moví mis brazos para soltarme y para mi sorpresa, me percaté de que estaba amarrada de las muñecas a la cama, sin la ropa con la que había llegado.
Moví los ojos asustada. Mi ropa interior era la misma, pero ahora, llevaba puesto una camisa de hombre de color blanca, que, evidentemente me quedaba grande y solo me llegaba un poco más debajo de los muslos. Traté inútilmente de remover las manos peo solo logré lastimarme.
-Te ves aún más hermosa así-.
Alcé la cabeza y noté que estaba recargado en el marco de la puerta. Miré hacia los lados y noté que la habitación era de similar color que el cuarto al que había llegado el primer día, quizás estábamos en la misma casa.
-¿Cómo llegue aquí?-.
-Yo te traje- dijo avanzando hacia mi lugar de manera vacilante para después sentarse en la cama.
-Aléjate- dije moviendo las piernas lejos de él.
Mi miedo le daba la sensación de que verdaderamente tenía en control sobre mí pero ¿cómo no iba a hacerlo? Atada a la cama, con poca ropa y con un hombre enfrente de mí, que, tenía toda la intención de abalanzarse sin el menor remordimiento, verdaderamente estaba a su merced.
-Quiero que entiendas una cosa- dijo solo limitándose a sentarse cerca de mí- me estoy poniendo de lo más lindo contigo-.
Lo miré a los ojos ¿acaso era un jodido chiste? Estar atada y secuestra, no formaba parte de mis términos de lindo. Tomó una de mis muslos mientras mi respiración se agitaba violentamente por el miedo, sonrió por mi reacción.
-Lo que haces, no está bien. Déjame ir-.
-¿Para irte con tu novio?- gruñó enojado.
-Tú no la metas a él- amenacé.
-Mira Isabella, no me colmes la paciencia. Me encantaría que fueses más linda conmigo ¿es demasiado pedir? Si quieres que las cosas vayan bien, hazme caso en lo que te ordeno, si no tendré que comenzar por amordazarte o azotarte a mi gusto-.
Las lágrimas comenzaron a desbordarse de mis ojos. Demonios, me estaba mostrando vulnerable enfrente de mi captor y eso le daba mucho más ventaja sobre mí. No pude más que girar la cara.
-Tengo mucha tentación de tocarte-.
-No, por favor-.
-No supliques, sabes que tarde o temprano llegará el momento y que tendrás que ser para mí. Solo te doy tiempo, de que al menos te guste un poco-.
-¿Cómo pretendes que eso ocurra? ¡Me tienes secuestrada!-.
-Míralo de esta forma- dijo parándose del colchón de manera vacilante- estando aquí pasaremos un buen tiempo de calidad, trataremos de, recuperar el tiempo entre los dos, conocernos más y de alguna manera, esperar a que te enamores ¿serías capaz de traicionar a tu novio?-.
-Tú no sabes ni siquiera lo que es el más mínimo respeto- escupí con odio.
-Quizás por eso estás aquí tú también, porque no supiste respetar lo que yo sentía- dijo lo más serio posible forjando los barandales de la cama.
-Solo quiero salir de aquí- dije llorando.
Golpeó repentinamente la pared de forma muy violenta, lo que me hizo cerrar los ojos de golpe y estremecerme desde mi posición agazapando las piernas casi en posición fetal. Me miró ceñudo. ¡Oh sí! Claro que le molestaba la idea de que lo quisiera dejar pero, no quería quedarme con él.
-Volveré a la hora de tu cena Isabella y espero- dijo apuntándome con el dedo- que muestres una actitud dulce cuando te venga a visitar o de lo contrario las cosas comenzarán a verse mal-.
Salió de la habitación echando humos y azotó la puerta de manera escandalosa. Después de su partida lloré como no lo había hecho en los últimos días, ¿cómo es que las cosas se habían tornado tan macabras? Extrañaba el agua fresca de mi tina, mis libros, la música, los paseos bajo el sol, como los extrañaba y de la nada, pensé en Adam. Extrañaba a Adam, extrañaba estar con él y platicar mientras íbamos por un café. Cerré los ojos, incapaz de ahogar un sollozo, quería salir de ahí, y ver a mis padres, abrazarlos y decirles que los amo y que estoy agradecida por su amor y cuidados, de verdad que lo estaba. Y de la nada, pensé en Edward, hacía tres días, o eso pensé, que no sabían nada de mí. Oficialmente, era una persona desaparecida ¿o no? Si, esos eran lo que la policía siempre decía cuando alguien desaparecía por 72 horas y él ¿cómo estará? Se supone que teníamos un almuerzo los dos, junto con Adam claro, él me había dicho que no tenía que faltar y que, él se iba a ocupar de mí.
-Mierda- dije bajito y comencé a llorar más fuerte al recordar a mi caballero, mi caballero amado.
No podía creerlo, aún, en mi desgracia, lloraba por Edward Cullen pero no por sus usuales estupideces, sino porque… Lo extrañaba.
La hora de la cena había llegado.
Estaba aprendiendo a adivinar las horas por medio de los pequeños rayos de luz que traspasaban por las rendijas de la vieja habitación.
La luz comenzaba a morir lentamente hasta que todo se tornó oscuro y él entró por la puerta de manera arrogante.
-Aun estás aquí- dijo de forma burlesca mientras se paseaba con una bandeja de color plateado.
No contesté, sus chistes de mierda no se acomodaban a la situación.
-¿Dormiste hermosa?-.
-¿Quién demonios puede dormir en esta posición?- dije enojada.
-Parece que alguien por aquí está malhumorada- dijo sonriente.
Se sentó cerca de mí y destapó la comida con elegancia ladeándolo un poco para poder ver lo que contenía el plato. Un majar de Spaguetti con albóndigas con un estofado de carne italiana, vino y fruta fresca. Miré extrañada la manera en que me lo mostraba, entendía que la comida estaba bien pero ¿fruta en la cena?
-Pensé que, podría gustarte un poco de comida Italiana-.
-Gracias- dije sin más remedio.
-Me gusta que te portes de manera linda- dijo sonriente.
-¿Y qué remedio me queda?- pensé entornando los ojos.
Pico un poco de comida con el tenedor y la enrolló de nuevo de Spaguetti para dármelo en la boca. Lo miré con desconfianza, sabiendo de antemano que, podría estar drogada o algo por el estilo.
-No tiene nada- dijo poniendo los ojos en blanco.
-¿Cómo lo sé?- dije entrecerrando la mirada.
Bufó enojado y tomó un poco más de comida para metérsela a la boca de manera que, se la tragó para comprobarme que podía tener confianza en lo que comía.
-¿Ves?- dijo bebiendo de la copa- no tiene nada-.
Suspiré abriendo los labios para que me metiera un bocadillo y mastiqué lentamente.
-Me gusta alimentarte- comentó mirándome a los ojos- es tan… Mío el momento-.
-Estás enfermo-.
-Quizás… Tal vez soy un descarado pero vale la pena-.
-¿Qué pasará cuando me busquen? Algún día me encontrarán-.
Movió los labios a manera de juego y sonrió.
-No lo creo, este lugar es muy difícil de encontrar, además, estaremos aquí solo un tiempo hasta que llegue el momento-.
-¿De qué?- pregunté con miedo.
-De que seas mía…- respondió morboso- aunque no me confiera, lo serás- y se acercó para de golpe morderme el labio y halarlo con fuerza.
Me quejé por ese beso tan violento y reprimí un sollozo para después girar la cara.
-Creo que es suficiente comida para ti- y levantó los platos para después salir de la habitación.
Sabía que no debía tardar demasiado, tal vez volvería para hacerme algo más y me estremecí pero, estaba demasiado cansada. Aunque las muñecas se comenzaban a tornar moradas por el forcejeo que le daba, sentía que no podía seguir luchando por conseguir una libertad que no llegaría de la nada. Flexioné las piernas a modo que quedé sentada muy cerca de la cabecera de la cama y moví lentamente mis manos evitando lastimarme más. Tenía poco tiempo antes de poder hacer algo respecto a mi libertad, persuadirlo parecía buena idea pero ¿de qué manera lo haría?
-Demonios, mis muñecas están muy lastimadas- dijo sollozando tan bajito que apenas sonó como un susurro.
Los pasos de una persona se escucharon a lo lejos y temblé, ese maldito regresaba a la habitación y no sabía lo que me esperaba. Traté con las piernas bajar la camisa que me descubría los muslos pero no lograba demasiado, me di por rendida en cuanto la puerta café de madera se abrió a su paso con gesto triunfante.
Se acercó hacia la cama y se colocó exactamente enfrente de mí, instintivamente retorcí las piernas y arquee mi cuerpo hacia atrás.
-Tenerte es un placer Bella-dijo sonriendo- créeme que, sería mejor si tuvieses la libertad en tus extremidades pero… No confió en ti-.
-Desátame- pedí.
-No es posible, amo tener el control-.
-Por favor- imploré.
-No- dijo seriamente- además- continuo caminando por el pasillo- quiero que tus manos estés desatadas cuando seas mía-.
Abrí los ojos de golpe y noté que se acercaba a mí con toda la intención de tocarme. Sin pensarlo dos veces, se apresuró hacia mi cuerpo y comenzó a besarme de manera rápida y violenta. Arquee mi cuerpo hacia atrás pero las ataduras me lo impedían, pelee un poco en el intento de alejarlo pero no lo lograba. Moví las piernas en dirección contraria a sus caderas y él las jaló con fuerza a su dirección dejándome más lastimadas las muñecas. Tocó mis muslos de manera interna y sacudí la cabeza en mero gesto de desagrado.
-¡No!- grité horrorizada.
-¡DEJA DE MOVERTE!- ordenó gritando.
Me quedé paralizada por el miedo y las lágrimas se me comenzaron a desbordar de manera descontrolada. Aprovechó mi descuido y tomo la parte inferior de la camisa para desabotonarla con fuerza y rasgarla, mi abdomen quedó al descubierto y sus ojos brillaron de lujuria.
-Eres tan bella-.
-Por favor, suéltame….-.
-Ya te dije cuando te soltaré- recordó poniendo su boca en la zona de mis pechos.
Moví mi torso y comencé a apuñar los ojos. Colocó las manos en mis senos y los masajeo con fuerza al punto de lastimarme un poco y hacerme jadear del dolor. Pasó su lengua por mi barbilla, comencé a patalear y dejé de moverme repentinamente poniendo en agudeza mis sentidos y mis pensamientos más serenos.
-No me lastimes-.
-¿por qué habría de lastimarte?- preguntó alejándose de mí levemente- te dije que si te portabas bien las cosas serían de manera amable.-
-Entonces- dije con los ojos cristalinos- si acepto estar contigo ¿me dejarás al menos libre de ataduras?-.
Los ojos le brillaron aún más y las comisuras de los labios se le elevaron aún más. Se mordió la boca ante mi propuesta y yo giré mi cabeza para evitar el contacto visual entre los dos. La habitación estaba en silencio ahora, su respiración excitada se escuchaba y mi corazón me martillaba el pecho, recordé que debía ser valiente y tener las fuerzas necesarias para soportar lo que se avecinara. Dio un paso hacia enfrente y se sentó levemente en la cama para tomarme de la barbilla y poder verlo fijamente.
-¿Es enserio lo que estás diciendo?-.
Lo miré de manera seria y suspiré.
-Si no tengo más opción creo que, lo mínimo que puedo hacer es que, llegues a ser amable conmigo-.
-Eso es lo que te prometí, amabilidad… Además, penetrarte por vez primera, será obtener lo mejor de ti. Sumisa y sin ningún movimiento, no valdría la pena en lo más mínimo.
Me retorcí al escuchar sus palabras pero debía ser fuerte, me lo recordé una vez más.
-¿Quieres que sea ahora?- preguntó dulcemente.
-Creo que, no hay que retrasar lo inevitable- dije sin ninguna expresión en mí cara.
Puso las manos en la boca en forma de emoción, quizás conteniendo una sonrisa de manera excitada. Dio un paso atrás y avanzó dos más queriendo tocarme y no atreviéndose. Mi cara no mostraba ninguna emoción y moví mi cara en dirección contraria a mi captor.
-Antes…- comentó colocando sus manos alrededor de su abdomen- quisiera cumplir alguna fantasía mía…-.
¿Qué más quieres hijo de puta?- pensé.
Me sonrió y se retiró lentamente de la habitación dejándome sola. Aproveché para tratar de mover las manos pero solo logré sangrarme las ataduras. Me quejé mientras veía correr pequeñas hileras de sangre recorriéndome los brazos. Patalee en silencio mientras los brazos se me entumecían un poco más y resignada espere a su regreso. A los pocos minutos entró con una pequeña caja de color rojo que colocó cerca de mis piernas, me miró a los ojos y sonrió. Palpó suavemente la textura del envoltorio de la misma y suspiró.
-Este, es un regalo para ti- y cayó repentinamente mientras veía los hilos de sangre de mis manos.
Dirigí mi mirada hasta el punto y centro de su atención y giré mi cara mecánicamente.
-Creo que debo atenderte las heridas-dijo acercándose a mí y tomándome lentamente del antebrazo, los verificó, suspiro y salió de nuevo.
Al volver trajo consigo un pequeño botiquín de primeros auxilios y sacó gasas y agua oxigenada para poder limpiar la sangre sin tocarme las cortaduras, las cuales, eran cubiertas por los amarres. Me removí de mi lugar con miedo mientras vigilaba casa movimiento que hacía. No dejé que me tocara demasiado pero colmando su paciencia haló de mis extremidades dejándome más adolorida.
-Si te mueves, te lastimaré más y no porque yo lo desee- dijo mirándome fijamente a lo que al final dejé de resistirme.
Limpio muy lentamente las gotas de sangre y me sonreía en cada movimiento que hacía con las gasas.
-Creo que, debería asearte-.
Sostuvo muy cerca de si mi cuerpo y quitó al completo la desgarrada camisa que tenía. Me sentía extraña así, prácticamente estaba desnuda y era la primera vez que se portaba amable conmigo. Cerré las piernas de forma instintiva. Parecía su muñeca de carne y hueso, me peino la larga cabellera con mucha paciencia y lavó mi cara con agua fresca que, agradecí infinitamente. Tomó la caja roja y la abrió, de ahí sacó un pintalabios de color rojo que comenzó a usarlo sobre mi boca.
-¡Dios mío! Este hombre está enfermo- pensé.
-Te ves tan hermosa- dijo cepillando mi melena- tu cabello siempre me gustó…- comentó deteniéndose un momento- siempre pensé en la forma que se sentiría bajo mis manos cuando te penetrara-.
Cerré los ojos instintivamente y suspiré horrorizada.
-Creo que, es tiempo de quitarte esto- comentó señalando los amarres.
Lentamente, los deshizo de mis muñecas dándome una enorme sensación de comodidad. Al intentar moverlas un punzante dolor me abatió la piel y entrecerré los ojos. Tomó mi mano y la comenzó a curar muy despacio y después hizo los mismo con la otra. Vendo las partes lastimadas con mucha delicadeza y me sonrió. La fascinación en su rostro era evidente y sus expectativas muy altas, de verdad él estaba emocionado.
-¿Por qué haces esto?- pregunté curiosa mientras me seguía curando.
-¿Hacer qué?-.
-Curarme, limpiarme y lo demás…-.
-No me gusta verte lastimada, aunque tu sola te lo buscaste- contestó rígido.
Alce una ceja expectante, no entendía porque de alguna manera me lo había buscado. Sin precedentes ni siquiera le había causado el más mínimo de los males pero, tan rencoroso como su corazón o lo que fuese que tuviese, se lo permitía, mi rechazo ante sus proposiciones y juegos.
-¿Qué quieres de mí?-.
-Todo-.
-No es comprensible, después de hagas lo que deseas- dije entrecortadamente- ¿qué pasará conmigo?-.
-No hagas planes aún, porque ni siquiera yo los he visualizado. No te precipite, las cosas irán a su curso. Cada cosa tiene su hora y momento y se harán cuando YO lo diga-.
No dije nada más y bajé la vista.
Dejó mis manos a mis costados y en ese momento mis músculos atrofiados comenzaron a dolerme tan pesadamente. Las extremidades me pesaban, como si contuviera en cada brazo 50 kilos cargados por más de 3 horas, o después de un día de extremo ejercicio. Cabecee un poco y me quedé tumbada más abajo en la cama, dejando a su suerte mi bienestar.
Tenía frío.
Supe que me encontraba en Francia por la temperatura a la cual ya me había habituado. Las mañanas en París eran frescas y por lo general me gustaba bajar a la gran sala principal y beber una taza de café recién hecho. Me decidí a hacer huevos con tocino, una buena porción ya que el estómago me rugía violentamente. Batí los ingredientes y los puse en el sartén mientras ponía mi Ipod con la canción de Sex on fire de Kings of leon. Bailotee sobre mis pies mientras giraba la comida para que terminara de cocerse y fui al frigorífico por un poco de mantequilla de maní. El olor del tocino abrazador, que tuve la tentación de mordisquear una pieza, aunque estuviese muy caliente.
Subí un poco más el volumen hasta lograr que las baldosas de la cocina retumbaran levemente por el ruido de la música. Me sentía muy plácida y feliz.
Degusté mi desayuno muy a gusto y al terminar fregué los platos, recogí utensilios y ordené la cocina. Tenía que ducharme antes de ir a trabajar y encontrarme con aquel gruñón prepotente de Edward Cullen.
Me enjaboné el cuerpo muy lentamente y lavé mi cabello con un shampoo de fresas que recientemente había comprado en un pequeño super, cerca de casa. Salí envuelta en una toalla y me paré frente al gran closet, aunque sabía que solo encontraría ropa informal pero esta vez quería atreverme.
Hice a un lado todos aquellos trajes de oficina de colores grisáceos y aburridos que usualmente usaba y opté por usar una falda color beige strech de color pastel y una blusa de botones, zapatillas negras de punta infinita y maquillaje sexy. Me ondulé más el cabello y coloqué una gafas gruesas que me daban el aspecto de ejecutiva sexy y rompe reglas, mi aspecto rudo me encantaba.
Mi perfume favorito no podía faltar y puse un poco sobre mí para después tomar mi bolso y mis útiles de trabajo.
Salí de cada con una gabardina que me llegaba un poco más debajo de los muslos y caminé rumbo a la parada de taxis que me llevaba cerca de las oficinas de International. La mirada de quienes pasaba a su lado se situaba solo en mí, me sentí poderosa y galante, esa sensación que no me había atrevido a sentir por mis miedos e inseguridades, agradecía a mi madre por enseñarme a atreverme.
-Lléveme a International- ordené al chofer, quien, sonriente asintió comprendiéndome del todo.
No hacía falta que le dijera la dirección, de antemano, todo mundo sabía de la empresa ya que su poder ocupaba la mayor parte de Francia.
Al arribar le tendí el dinero y me bajé con las manos en los bolsillos de la gabardina. Miré al enorme monstruo de concreto que se mostraba impotente ante mis ojos y suspiré cansada por la rutina que me esperaba dentro de cuatro paredes. Saludé a la tonta recepcionista que siempre me ignoraba, no sabía porque lo seguía haciendo pero de igual forma jamás me mostré grosera.
Entré al elevador que daba acceso al piso tecleando la clave que se me había asignado para dar a la oficina de mi jefe.
-55-23-567-10- repetí internamente mientras en la pantalla de acceso mi nombre junto con mis huellas digitales se mostraban.
Entorné los ojos sabiendo que parecía cárcel de máxima seguridad.
Las puertas se abrieron y noté que Alice trabajaba arduamente sobre su laptop.
-Buen día- saludé sonriente.
-¡Hola Bella!- contestó un poco absorta en sus labores- que bueno que llegaste-.
-¿Pasa algo?- pregunté revisando mi stand de correspondencia.
-Algo así, te recomiendo que entres en silencio y directo al escritorio, señor "enojón Cullen" está más que ofuscado con algunos proyectos, no ha dejado de hablar por teléfono hace más de una hora-.
-Que mañana más difícil tendremos, bueno me voy ¿quedamos para almorzar?-.
-Claro, si es que podemos- dijo divertida.
Caminé en dirección del tan conocido pasillo y mantuve las manos fijas al pomo de la puerta con la decisión de entrar de una vez por toda al imperio de cristal de Edward Anthony Cullen. Cerré los ojos y entré elegantemente.
-Me preocupa un poco la recesión de este año… No… Si… ¿Qué quieres decir con el 40%? Lo entiendo, creo que deberías llamar a Maxwell… No. No me importa solo hazlo- decía concentrado en la llamada mientras yo me quedaba parada a sus espaldas.
-Buen día- saludé.
Colgó el teléfono violentamente y se giró sobre la silla. Me miró expectante de arriba abajo mientras los ojos se situaban más en mi cintura.
-Buen día- contestó a media sonrisa- ¿lista para trabajar?-.
-Así es señor Cullen-.
-Me alegro, hoy saldremos hasta tarde-.
-¿Más de lo normal?- pensé.
-¿Y qué hay que hacer hoy?- pregunté sentándome frente a él con cierto desgane, odiaba compartir mi escritorio, bueno, el suyo.
-Llegaron las cuentas de Berlín y la recesión nos afecta un poco así que, quiero que me haga un análisis de los resultados de ganancias de este cuatrimestre-.
-Ok- contesté suspirando y me comencé a quitar la gabardina.
Los ojos se le fueron en cada movimiento que hice al quitármela y en un intento por disimular, colocó los papeles frente a su cara mientras me quitaba la prenda. Sentí arder mis mejillas de manera intenta y cruce las piernas para comenzar a trabajar.
Comencé a sentir más calor, ¿acaso era su cuerpo el que lo expiraba? Miré hacia enfrente y noté que me veía fijamente y desvió la mirada hacia los papeles una vez más. Mordí el lápiz en señal de concentración y comencé a encerrar cifras y sumar números mientras que, de vez en vez, pasaba las manos por mi cabello y suspiraba lentamente.
-Se ve diferente esta mañana- dijo rompiendo mi concentración.
-¿Eh?-.
-¿Usa algo distinto?- preguntó mirando mí atuendo.
-¿De qué…?- y mecánicamente reaccioné y noté que hablaba de mí ropa.
-Se ve mucho más juvenil-.
-Gracias, quería venir diferente- dije encogiéndome de hombros.
-Eso es bueno- contestó- es decir, todas las mujeres que vienen a trabajar a esta empresa generalmente le desluce la ropa de oficina formal pero a usted…- y cayó a media frase.
- ¿Pero a mí qué?-pregunté bajando los lentes de la puente de mí nariz.
-Se ve muy linda- dijo y se concentró de nuevo en sus hojas.
¡Pero qué comentario más inapropiado! Edward Cullen ¿me estaba alagando? Me sonrojé de solo pensarlo y moví mí cabeza de manera lenta mientras sonreía. Las horas transcurrieron sin ningún otro percance que estuviese mal visto hasta que Jasper Harris entró de manera escandalosa a la oficina.
-¡Buen día América! ¿Qué tal el trabajo?- saludó con mucho entusiasmo hiendo directamente hacia mi lugar.
-Hola- saludé tímidamente mientras trataba en vano de huir de los besos en la mejilla de Jasper.
Edward o fulminó con la mirada mientras apretaba fuertemente un lápiz entre sus manos y las cejas se le juntaban de manera extraña.
-Te ves muy guapa hoy Bella ¿nuevo look? Creo que te estás revelando en Paris ¡oh la la!- dijo entre risas.
-Gracias- dije apenada por su comentario desvergonzado.
-Buen día Harris- interrumpió Edward aun con la mirada crispada- ¿a qué vienes tan temprano?-.
-Hola Cullen- contestó soltando mis manos y caminando en dirección más cercana al presidente de International- vine por unos papeles que Alice me dijo que necesitaría para un traslado de mercancía en España-.
-Alice está afuera, no aquí- inquirió Cullen en manera grosera.
Abrí los ojos de golpe ¡Mierda, lo estaba corriendo!
-Tranquilo, solo pasé a saludar- dijo sonriendo sardónicamente.
-Pues si no te importa tenemos trabajo y la señorita Swan no está en horarios de descanso-.
-Ya pasaré de nuevo Cullen- dijo en tono de desafió-.
-Que sea en otro día o año de preferencia- contestó sin la más mínima pizca de vergüenza.
Jasper Harris abrió los ojos por tal atrevimiento y suspiró resignado, sabiendo de antemano que lo habían ofendido. Me sonrió amablemente y tomó mi mano para besarla.
-Nos veremos pronto Bella-.
-Por supuesto- contesté con pena ajena.
-Adiós- me dijo.
-Adiós Harris- se despidió Edward sin mirarlo.
Asintió con la cabeza, molesto y al girarse su semblante se dulcifico y se marchó.
Suspiré enojada, ¿cómo era capaz de mostrarse de ese modo? Hasta sentía coraje dentro por el simple hecho de tratar mal a los demás.
Alice enseguida tocó la puerta y pidió permiso para entrar incluso antes de que yo pudiese reclamarle algo a Edward. Llevaba consigo una pequeña caja roja con un moño plateado y rosas rojas.
-Disculpe la interrupción señor Cullen, llegó este paquete para la señorita Swan-.
Entornó los ojos en dirección de la delgada chica quien batallaba con los dos paquetes, que en realidad, habían llegado.
Me levante rápidamente a auxiliarla con todo aquel desorden que provocaba y sorprendida tomé las flores de manera delicada.
-¿Quién las envía pregunté atónita.
-No sé, creo que viene una pequeña tarjeta ahí-.
Caminé hacia el escritorio y coloqué las flores en el escritorio, Alice colocó la caja en el mismo lugar y en una sonrisa cómplice que pude entender al completo que deseaba saber la procedencia del paquete, y se retiró de la oficina. Le sonreí amablemente y me dispuse a abrir la tarjeta.
"Espero que te gusten los chocolates y las flores. Puse unas pequeñas prendas para ti, discúlpame si se ve atrevido pero no pude evitar hacerlo, ¿Cuándo dirás que si?
Jabob Black".
Abrí la caja y en efecto los chocolates, además de un perfume y ropa interior demasiado provocadora, que, no me atreví a sacar, se situaban dentro de la misma. Las mejillas me quemaban de manera sofocante y cerré de golpe la caja. Jacob de verdad estaba enfermo.
-Parece que tiene muchos pretendientes- dijo Edward sacándome de mis pensamientos asesinos.
-¿Disculpe?-.
-Harris ¿se lo mandó?-.
Negué con la cabeza.
-¿Por qué me habría de mandar algo Jasper?- pregunté confundida.
Se sorprendió por el modo informal de llamarlo, pero lo pasó de largo.
-¿No es evidente? Ese tipejo babea por usted Bella-.
-Creo que está confundiendo las cosas señor Cullen, Jasper no…-.
-No lo quiere ver que es distinto-.
-De cualquier forma- dije cruzándome de piernas- él no ha sido-.
Mi respuesta le ha sorprendido pero no lo hecho a notar demasiado y bajo las cosas para volver a trabajar, me siento incómoda ahora.
Su respiración se nota irregular y suspira.
Me muerdo el labio pero soy incapaz de mirarlo a los ojos. Escucho como su silla se mueve de lugar pero no me atrevo a levantar la vista. Noté como su cuerpo se movía en dirección hacia el bar, a beber como usualmente lo hacía cuando se encontraba enojado o tenso.
Y el silencio reinó en la oficina.
Me giró rápidamente la silla enfrente de él y me besó los labios con fuerza, me sujetó la cara para poder tomarme de la cintura y pararme. Tamborilee los pies en el piso y abrí los ojos en cuanto sentí el sabor del brandi sobre la lengua, estaba fría y me estremecí. Enrollo sus manos a mi cuerpo y tomó mi barbilla para que lo mirara a los ojos.
-No quiero, Isabella Marie Swan, que vuelva alguien a mandarte algo, me enferma pensar que recibas flores o presentes de otro hombre-.
Volvió a besarme apasionadamente evitando poder responderle. El aire me faltaba pero no pude reprimir las ganas de besarle la boca, le mordí el labio inferior y sujetó mis piernas para alzarlas. Tiró los objetos del escritorio y me sentó sobre él abriendo las piernas, se situó en medio de ellas y sentí su erección tocarme, gemí levemente y suspiré.
Enredé mis manos alrededor de su cuello y comencé a jalarlo de las solapas de la camisa. Sus brazos me cargaron una vez más y un gruñido salió de su garganta haciéndome temblar por el rocé.
-¿Por qué haces esto?- pregunté a medio beso.
-Porque me enferma de celos que los demás te deseen como yo, pero…- dijo besando mi cuello- no hay nadie que te desee más que yo Bella, quiero quitarte la ropa, desde que entraste a la oficina, eres la culpable de que me desquicie sin poder tocarte-.
Lo miré fijamente a los ojos y me mordí la boca, Edward gruñó muy bajo cerca de mi piel y comenzó a masajear mis senos. Me quejé abriendo los labios y besé su cuello con desesperación. Me quitó la blusa dejándome en sostén y beso con pasión la piel de mi pecho. Abrí las piernas mecánicamente y metió su mano entre mis muslos provocándome placer.
-Te amo Bella, te amo-.
-Edward…- dije entre suspiros.
-Eso es hermosa, di mi nombre… Dilo una vez más…-.
Abrí los labios y clamé su boca y nos besamos de nuevo. Movió sus manos aún más entre mis muslos y lo miré a los ojos. Sus ojos llameaban en un verde más intenso, lo deseaba.
-Edward, hazme el amor- le pedí.
-Sí, Bella. No sabes cuantas ansías tengo de hacértelo sobre este escritorio si es precioso, no puedo esperar más, porque eres mía, TÚ ME PERTENECES-.
Abrí levemente los ojos, incómoda por el movimiento que había en la cama. La oscuridad se avecinaba por las rendijas de la habitación y pestañee para poder ajustar mis ojos a la poca claridad que había. Los objetos que apenas distinguía se notaban borrosos y otro movimiento y sensación llamarón mi atención.
Estaba sobre mí, besándome el cuello y relamiéndolo con la lengua. Su torso estaba desnudo y masajeaba mis senos de manera lenta, me di cuenta de que su notable erección estaba evidente y sus manos masajeaban entre mis piernas con ritmo y morbosidad. Grité horrorizada al notar que estaba tratando de penetrarme, moví las piernas con la poca fuerza que tenía y comencé a llorar con desespero.
-Pensé que nunca despertarías hermosa- dijo besándome el abdomen- eres tan divina-.
-¡NO!- respondí llorando.
-¡DIJISTE QUE SERÍA HOY!- gritó enojado- ahora serás mía Isabella-.
-No, por favor. Déjame en paz-.
-Me gustabas un poco más cuando gemías dormida ¿soñabas conmigo?- dijo sonriendo sardónico.
Abrí los ojos de golpe ¿de verdad me estaba quejando dormida?
Se me abrió de piernas de golpe al grado de lastimarme y jaló mis bragas para poder quitármelas pero no lo logró debido a la fuerza que use.
-¡POR LAS BUENAS O MALAS SERÁS MÍA!-.
-No, Jasper no por favor- rogué llorando.
Se fue encima de mí y me besó de nuevo el cuello mientras lo golpeaba del pecho con violencia. Mordió mis labios al grado de lastimarme y gemí de dolor, lo que le fascinó escuchar. Pensé en todo lo malo que estaba ocurriendo y patee su estómago, me senté en la cama y traté de pararme pero la debilidad de mis piernas me ganó y caía de rodillas en el piso. Traté de levantarme de nuevo y no logré nada.
Se paró con el aire sofocado y me haló del cabello con fuerza haciéndome gritar de dolor y tumbarme de nuevo en la cama.
-¡MIA!- gritó reclamándome.
Y lloré amargamente.
Pensé que las cosas serían mejor si pensaba en cosas lindas. Recordaba el día en que había conocido a Edward, siempre me había deslumbrado pero decidí olvidarlo, él solo era un sueño, sabía que debía pensar en alguien más dulce aún… Como Adam ¿cómo estaría sin mí? Lloré amargamente una vez más y cerré los ojos sintiendo la cercanía de Jasper Harris contra mi piel.
-¡SUELTALA HIJO DE PUTA! ¡Ella es mía!- gritó alguien a sus espaldas y este se removió de su lugar.
Lo haló con fuerza de la camisa y dejó mi cuerpo al descubierto, solo con ropa interior. No me digné a abrir los ojos y escuché como el cuerpo de alguien era sofocado por los golpes.
Pasaron alrededor de 5 minutos y por fin los abrí. Jasper Harris yacía inconsciente en el suelo de la habitación. Miré las manos de mi salvador las cuales estaban ensangrentadas por los golpes, y lloré de felicidad al ver ese rostro tan conocido. Me paré con las piernas débiles en su dirección y lo abracé con fuerza.
-Adam, ¿cómo… cómo…?-.
-Esto no tenía que ser así, este hijo de puta se merece la muerte. Solo tenía que cuidarte porque tú me perteneces Isabella – dijo con los ojos delirantes.
-¿De qué hablas?-.
-Ahora no habrá nada que nos separe… Mía para siempre…-.
-Adam, llévame a casa….-.
-Esta es tu casa-.
-Pensé que venias a salvarme…- dije llorando.
-Te salvé de ese malnacido porque quería quitarme lo que me pertenece…. Te traje aquí para mí, no para él- dijo apretándome entre sus brazos.
-¡SUELTAME! ¿Estás loco?- pregunté con miedo.
-No te vas a ir, así tenga que matar a golpes a quien trate de tocarte u oponerse-.
-Adam por favor… Déjame ir-.
-Te quedarás conmigo Bella, eres mía desde el día en que nos encontramos en el café, mía desde que cuide de ti, mía desde que me besaste, mía desde que llegaste a mi vida…-.
Con terror corrí a la puerta tratando de que las piernas no me fallasen en el intento. Cruce la primera habitación con increíble agilidad mientras Adam me seguía casi pisándome los talones y comencé a gritar rompiéndome las cuerdas vocales.
Me alcanzó a tomar por la cintura y me alzó por el aire intentando meterme en otra habitación. Le propiné un codazo en las costillas que lo hicieron detenerse y soltarme. Volví a correr en dirección a la puerta cuando las piernas me fallaron y caí de boca al suelo.
-TÚ NO TE VAS BELLA-.
Me sujetó por la espalda y tomó un pequeño pañuelo blanco con un líquido que desprendía un olor fuerte sobre mi nariz, mis extremidades se pusieron flácidas y caí en la inconciencia sin saber más de mí.
¿ACERTARON EN QUIÉN ERA EL VERDADERO MALEANTE EN LA HISTORIA? MUAJAJA!
¿Alguna adivinó?
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