Disclaimer: Los personajes y el mundo son de doña J. K. Rowling


Capítulo 20

Luna Llena

—Ahora se quedarán aquí hasta que vuelva por ustedes —dijo el hombre lobo—, pero antes...

Intentó acercarse de nuevo a Rose.

—¡No dejaré que la muerdas! —gritó Scorpius.

Greyback volteó a ver a Malfoy, caminó hacia él con brusquedad y lo levantó por los cabellos.

—Te sugiero que no agotes mi paciencia muchacho, ni si quiera llevas tu varita, yo soy mucho para ti y si no dejas ya de gritar, no aguantaré hasta mañana para destrozar tu carne.

Pero Scorpius le escupió en el rostro.

Fenrir lo soltó echándose hacia atrás, hizo una mueca terrible y ladró.

—¡Crucio!

—¡NO! —vociferó la pelirroja.

Scorpius se agitó con violencia y cerró los ojos, pero no gritó.

—¿Ves como no te gusta estar en mi contra? ¡Crucio!

—¡No! ¡Por favor, basta! —siguió la Gryffindor.

—¡Qué te parece Malfoy! ¡Tú también le importas a la chica! ¡Crucio!

—¡POR FAVOR! —Rose no podía dejar de llorar.

Pero Scorpius apretaba sus labios con todas sus fuerzas, se retorcía en el suelo y de pronto, soltó un alarido de dolor.

Entonces el licántropo lo tomó por el hombro con una mano, y le enterró las filosas uñas hasta que lo hizo sangrar.

—Serás un buen secuaz, tu obstinación es admirable. Pero debes elegir el bando correcto... ¿Conoces la desventaja del Crucio? Es hora de que vayas aprendiendo. Verás, la desventaja es que el dolor es sólo momentáneo... Me parece que esas cadenas resguardan tu piel.

Una vez dicho eso, levantó a Malfoy por donde lo tenía sujeto, con la otra mano arrancó de un tirón las cadenas de hierro que envolvían al joven y lo lanzó con fuerza sobrehumana al otro lado de la habitación. El Slytherin impactó en la mesa de madera con tal violencia que ésta se partió y quedó en astillas. Greyback soltó una carcajada.

—¡¿Ves lo que puedo hacer?!

Luego se marchó, cerrando la puerta tras de sí. Lo último que Rose escuchó de él, fue un Fermaportus.

La pelirroja se apresuró a llegar al lado de Scorpius, quitó los restos de madera que tenía encima y con una mano acarició su mejilla.

—¿No te hizo nada, verdad? —preguntó el Slytherin.

—No.

—Ayúdame a levantarme —siguió el chico, intentando incorporarse con una mueca de dolor.

Rose se sentó en el suelo, lo ayudó a levantar su cabeza y la dejó sobre su regazo.

—¿Qué haces? —preguntó Scorpius.

—Aún no te levantes, espera un momento por favor. Si tienes una contusión será peor si te yergues —Las lágrimas de la chica se habían secado en su rostro y ella puso su mano suavemente en la frente de Malfoy, donde había una herida que originaba un pequeño hilo de sangre.

Scorpius hizo una mueca de dolor.

—No vuelvas a hacer algo así —pidió Rose.

—Lo haría una y otra vez con tal de que no vuelva a tocarte.

—Dijo que no haría nada hasta mañana en la noche, así que de momento no va a mordernos.

—No me refería sólo a morderte —replicó el muchacho.

Rose agachó la cabeza.

—Lo sé Scorpius... Gracias.

Malfoy puso su mano sobre la de ella.

—Juré que te protegería Rose y lo haré.

La joven Weasley comenzó a acariciar los rubios cabellos con delicadeza, provocando que Malfoy sonriera con dificultad.

—Te ves hermosa.

Rose rió y una lágrima resbaló por su mejilla.

—¿Por qué has tardado tanto en decirlo? ¿No sabes todo lo que me arreglé para el baile?

—Lo siento, perdóname Rose —Scorpius siguió y puso sus ojos grises en los azules de ella—. Perdóname.

—Entiendo lo que ha pasado —respondió la chica—, Greyback te acorraló desde hace mucho tiempo.

Entonces la Gryffindor levantó su mano de la herida de Scorpius, y ésta estaba roja y caliente, pero al menos la sangre había dejado de escurrirse.

—Ahora tienes mi autorización para levantarte.

Rose puso el brazo de Malfoy sobre sus hombros para ayudarlo a erguirse y llevarlo a la esquina vecina, entonces lo acomodó sentándolo en el suelo, con la espalda reposando contra la madera de la pared.

—Ayúdame a sacarme esto, por favor —dijo Scorpius.

Rose le quitó la chaqueta del traje y se percató de la camisa blanca empapada de sangre, allí donde Greyback lo había sujetado para lanzarlo. Comenzó a desabrochar sus botones.

—Ey... estamos a solas y ya quieres desvestirme —bromeó el muchacho, intentando sonreír de nuevo.

—Me parece que con lo que ha pasado, tengo derecho a desvestirte cuando yo quiera —resopló Rose, con triste expresión en su rostro.

—¿Eso se aplica también para mí?

—Sabes muy bien que no.

La pelirroja dejó al descubierto el hombro del Slytherin e hizo una mueca.

—¿Tan mal se ve?

Tenía un orificio en la parte anterior de su hombro izquierdo, profundo, negro y con sangre a los alrededores.

—Inclínate hacia adelante un poco —pidió la joven Weasley.

Entonces pudo ver las otras cuatro perforaciones que habían dejado los dedos del licántropo en el hombro posterior de Scorpius.

—Eh... No tan mal.

El Slytherin volvió a sonreír.

—Nunca fuiste una buena mentirosa.

—Lo sé —suspiró Rose.

—Es otra de las cosas que me encantan de ti.

—¿Ah sí? ¿Y qué más?

—Tus pecas, las adoro.

—Eso es lo que menos me gusta —bufó ella.

—Son preciosas en tu rostro, te hacen ver verdadera ¿Qué estás haciendo?

Rose tiraba con todas sus fuerzas del dobladillo de su amarillo vestido, éste se rajó de pronto, y la pelirroja arrancó una gruesa y larga tira de tela.

—Es para tu hombro, inclínate otra vez.

Lo vendó lo mejor que pudo, ejerciendo suficiente presión. Scorpius arrugó la cara, pero no soltó ni un gemido.

—Ahora veo un escandaloso trozo de tu tobillo Rose —mencionó Malfoy.

—¿Te duele algo más? —preguntó la chica, haciendo caso omiso de su comentario y poniéndole de vuelta la camisa—. No me mientas.

—Mi espalda, pero no podrás hacer nada con eso, déjame así ¿Y tú?

—Ya no me duele nada, sólo me siento cansadísima.

—Imagino que Greyback no volverá hasta mañana, ven aquí.

Rose se sentó a su lado derecho y Scorpius la rodeo con el brazo que podía mover, ella se acurrucó y reposó su cabeza sobre su pecho. El muchacho besó su frente.

—¿Dónde estaremos? —preguntó la Gryffindor.

—Espero que en Inglaterra.

—Debe ser un lugar aislado, Greyback es un Mortífago muy buscado.

—Cuando salga el sol podremos orientarnos un poco.

—Ojalá ya nos estén buscando...

—No dejaré que te muerda.

—Saldremos de ésta Scorpius, y lo haremos juntos.

El chico volvió a besar la frente de Rose.

—Parece que haya sido una eternidad desde que te tenía así de cerca en un baño...

—Fue cuando de pronto te volviste amable —dijo la pelirroja.

—Eres tú, la que me hace ser mejor.

Rose sonrió y se apegó más a él.

—Dormí muy bien esa noche.

—Fue nuestra primera noche juntos —comentó el joven de ojos grises. Lo cual hizo reír a Rose.

—Y yo que no pensaba dormir con un chico hasta cuando me casara.

—Entonces tendrás que casarte conmigo, porque quisiera tenerte así por toda la eternidad.

Rose levantó la cabeza y miró al muchacho que la abrazaba. Ella vio su herida en la sien, su rostro pálido y sus ojos tristes.

—Nunca he pensado en pasar la eternidad con alguien más.

Scorpius se acercó a ella y con su otra mano limpió suciedad de la mejilla de Rose. La chica cerró sus ojos y él juntó sus labios con los suyos, mientras los primeros rayos de sol entraban por la ventana.

No despertaron cuando el sol salía como tenían planeado, sino cuando éste estaba bajando. La habitación estaba igual que antes y nadie había entrado en ella.

Sin embargo se escuchaban gemidos de la habitación contigua, parecían ser lamentos de dolor.

—Debe ser Enguerrand —supuso Rose.

—Es muy tarde —Scorpius comenzó a ponerse de pie.

—Espera, te ayudo.

—No —la cortó el chico—. Yo puedo solo.

Rose se levantó tras él y fue a pegar su oído en la puerta.

—No oigo nada, quizás Greyback no se encuentre ahora.

—No sabemos qué tan grande es éste lugar —apuntó él, mientras revolvía entre los restos de la mesa. Recogió una astilla del porte de su antebrazo y la intentó guardar en el bolsillo de su pantalón.

—¿Qué harás con eso?

—Aún no lo he pensado, pero quizás sea útil, hasta ahora es todo lo que tengo.

Se escuchó un gemido aún más fuerte que el anterior.

—Si tenemos suerte, ese chico aún tendrá su varita.

—La puerta fue cerrada con magia —comentó Rose—, tendremos que salir por la ventana.

Entonces Malfoy tomó la única silla que había, la arrastró hasta la lumbrera y luego la azotó por la misma, quebrando el vidrio.

—¡Nos oirá! —gritó la Gryffindor.

—No hay más remedio, hay que salir pronto de aquí —Con las patas de la silla fue quitando los restos de vidrio que se habían quedados pegados en los bordes. Entonces dejó la butaca a un lado y se asomó hacia el exterior—. No distingo nada, sólo es bosque y... estamos como a tres pisos de altura.

—Rayos ¿Qué más?

—La habitación de al lado no está tan lejos, creo que podríamos pasar por el alero.

—¿Qué significa no tan lejos?

—Alrededor de dos o tres metros, yo iré primero

El chico se sentó en la ventana con incomodidad y pasó sus piernas hacia afuera. Se sujetó del alfeizar y bajó, luego se dio la vuelta y por la ventana Rose lo veía de la cintura para arriba, él la miro con detención y dijo.

—Deberías quitarte esos zapatos o nos matarás a los dos.

—Y Molly me matará a mí cuando sepa que los he perdido —respondió la joven Weasley mientras se los quitaba.

—Te compraré otros más caros ¿Si? —sonrió Scorpius.

—¡Claro, el señor millonario!

—Ya, apresúrate.

—Ya voy, ya voy.

Malfoy avanzó hacia la derecha para dejarle espacio a Rose, y la observó con cuidado.

—Sujétate de arriba ahora... baja, suéltate... pero pon tu pie ahí, no, ahí... ¿Por qué justo ahora debes andar con un vestido tan molesto?

—¡Dijiste que era hermoso!

—Hermoso y molesto, ahora voltéate, debes quedar mirando hacia la pared ¡Cuidado! —Una mano de Rose resbaló, pero pudo sostenerse con la otra—, ¡Quítate esos guantes, por Merlín!

—¡Ya deja de gritarme!

—¡Entonces haz las cosas bien!

—¡Me concentraría mejor si no fueras tan escandaloso!

—¡Que te los quites!

Rose se quitó los guantes con cuidado y los tiró hacia afuera. Cuando miró al muchacho, vio una pequeña mancha roja oscura que se distinguía sobre la sangre seca de su camisa.

—Estás sangrando otra vez.

—Ya lo he notado, ahora avanza conmigo.

Scorpius iba primero, paso a paso, poniendo ambas manos sobre la pared, que para su desgracia, era muy lisa.

—¿No habías dicho que eran solo dos metros? —inquirió la pelirroja.

—Dije dos o tres, Rose.

—Excusas —murmuró la chica.

—¡Te oí!

—Al menos no hay viento —siguió ella.

—Y tampoco nubes que escondan la Luna.

El muchacho llegó a la ventana que buscaban y estaba cerrada, como era de esperarse, entonces sacó el trozo de madera que se había guardado y golpeó una y otra vez el vidrio. Al cuarto golpe su brazo pasó de largo a través de la ventana y casi pierde el equilibrio.

Como era una ventana de dos hojas sólo rompió una de sus partes, pero parecía lo suficientemente ancha para pasar por ella.

Lo primero que vio al otro lado, fue a Enguerrand Bonnet, recostado en una cama con un mustio colchón y una marquesa de hierro. Estaba sin camisa y tenía tres cortes gruesos en su torso, no estaba vendado. Además, sus heridas no sangraban, sino que burbujeaban.

El Beauxbatons no parecía haber notado nada, seguía gimiendo y no aparentaba ver hacia ningún lugar específico.

Scorpius colocó una rodilla sobre la base de la ventana y se afirmó de arriba con cuidado, ya que había muchos trozos de vidrio que no se habían soltado para nada. Pero el brazo izquierdo del Slytherin le falló y cayó abruptamente dentro de la habitación.

—¡Scorpius! ¿Estás bien?

—Si... —respondió mientras se levantaba—. Apresúrate, el tiempo corre.

Rose tuvo que levantar su vestido hasta las rodillas para poder alcanzar el alfeizar, se sujetó con las manos desnudas del marco y Malfoy la pudo tomar por la cintura desde adentro para bajarla lo mejor que podía. La pelirroja no pudo evitar los cortes en las rodillas y en los brazos, pero disimuló el dolor lo mejor que pudo.

—¡Oh, Merlín! ¿Eso es parte de la maldición que usaste? —preguntó Rose.

—No lo sé. No creo —Scorpius inspeccionó la habitación, que era mucho más pequeña que la anterior, sólo estaba la cama y un mueble pequeño a su lado, encima de éste había un mortero con una mezcla en su interior.

Rose se acercó y olisqueó el contenido.

—Es una poción... pero no sé cual.

—Seguro para que no se desangre, hasta cuando pueda morderle —el Slytherin lo miró con asco y se acercó a él para registrarlo.

—¡Auch!

—¿Qué estás haciendo ,Rose?

—Quema.

—¡No toques la poción!

—Me la llevaré, quizás podamos tenderle una trampa a...

Escucharon claramente unos pasos a la distancia, a ritmo sereno, como si subieran una escalera.

—Ah... agu... aa... —gimió el muchacho que estaba tendido en la cama.

Malfoy registró sus pantalones y encontró lo que buscaba. Recogió su astilla del suelo con prisa y tomó la mano de Rose.

—Hay que irnos.

—No podemos dejarlo aquí.

—Rose no hay de otra, toma esto.

Los pasos no dejaban de sonar, cada vez eran más fuertes y la luz que entraba por la ventana se tornó anaranjada. El sol se estaba poniendo.

La puerta no estaba cerrada, Malfoy la abrió despacio y se encontró al comienzo de un pasillo de madera que terminaba en unas escaleras que subían a cierta distancia de ellos. A su derecha había otra puerta, y a su izquierda otro pasillo, donde estaba la entrada de la habitación de la cual habían escapado y la salida de una escalera que venía del piso inferior.

Los muchachos salieron con cuidado y cerraron la puerta tras de sí, se dirigieron despacio al pasillo que tenían delante, alejándose del sonido de esos pasos.

Escucharon de pronto un "click" y una voz rasposa que dijo.

—¿Qué? ¿Con que han tenido el coraje de escaparse, niños? Y yo que me venía a transformar con ustedes.

—Entró a nuestra habitación, rápido subamos por esa escalera —susurró Scorpius a Rose.

—Espera... fermaportus —dijo la Gryffindor a la puerta de Enguerrand.

—No lo detendrá.

—Pero quizás lo retrase.

—Los oigo —rezongó Greyback.

Scorpius y Rose se pusieron tensos, ella retrocedió un paso con cuidado y la madera crujió.

Los pasos volvieron a escucharse, pero no hacia ellos como tenían pensado, si no hacia la habitación en la que estaban presos.

—¡Vámonos! —murmuró Malfoy.

Siguieron avanzando hasta la escalera con sigilo y comenzaron a subir peldaño a peldaño. Al final había una puerta.

—Está cerrada, espera —cuchicheó Rose—, Alohomora.

Al abrirla, se encontraron en una casilla de madera pequeña con otra puerta, y rodeada de dos ventanas, que dejaban ver una azotea triste y sucia. Pero a través de los vidrios veían otra cosa, el cielo pasaba de naranjo a violeta, y la primera estrella se dejaba ver... y una luna. Una luna enorme y blanca comenzó a alzarse entre los árboles.

—Es tarde —masculló Scorpius.

Un rugido grave y poderoso cruzó sus oídos, provenía de la casa, al darse vuelta Rose vio con horror como una bestia enorme y encorvada rompía sin dificultad la puerta que ella misma había sellado.

Los dificultosos quejidos de Enguerrand se convirtieron en un solo aullido de dolor.

—¡Rose no hay tiempo! ¡Abre ésta puerta! —gritó Malfoy.

La chica la abrió y Scorpius volteó hacia atrás. Su mirada se cruzó con la de Greyback, sus ojos azules estilaban odio y de sus colmillos escurría una sangre muy negra. Gruñó y corrió a toda velocidad hacia ellos.

Ambos jóvenes salieron atropelladamente por la puerta. Rose, quien salió primero, dobló bruscamente hacia la izquierda pegándose a la pared, para luego tirar de Malfoy hacia ella, justo en el momento en que el hombre lobo saltaba detrás de él, rompiendo todo el marco de la puerta a su paso.

Ese fue el instante en que la Gryffindor le lanzó el mortero con la poción, impactándole en el costado. El licántropo gimió y luego volvió a rugir.

—¡Salta!

Scorpius tomó la mano de Rose y juntos se tiraron fuera de la azotea, resbalando sobre las tejas con violencia.

El hombre lobo no dudo en saltar tras ellos.

—¡Incendio! —gritó Rose, pero el fuego que prendió en la piel del licántropo no parecía llegar a su piel y pronto se extinguió.

Scorpius se sujetó con los pies del borde del techo, y tirando de Rose corrieron por las tejas hacia la izquierda.

Greyback resbaló en su desenfreno y cayó al tejado del segundo piso. Con sus garras se afirmó para saltar a dónde estaban los muchachos sin dejar de lanzar mordiscos.

—¡Scorpius, ten! —Rose le pasó la varita al chico, y sin dudar si quiera, saltó hacia el pino que tenía en frente. Se tomó con ambas manos de una rama, pero ésta se quebró bajo su peso.

—¡Rose!

La pelirroja consiguió agarrarse de otra rama, luego de golpearse con otras.

Scorpius iba a saltar detrás de ella, cuando de la azotea salió otro hombre lobo, mucho más pequeño que el anterior... y por lo mismo, más rápido.

Enguerrand Bonnet convertido saltó sobre Malfoy.

—¡Levicorpus! —El hechizo no cumplió su objetivo, pero elevó a la bestia lo suficiente para que el muchacho se agachara y el animal pasara sobre él, directamente al suelo.

Entonces Greyback saltó lo necesario para alcanzar un pie del chico, haciéndolo caer a dónde él estaba. Ambos cayeron rodando al techo del primer piso, y la varita de Bonnet había llegado al césped del suelo.

—¡NO! —La Gryffindor volvió a saltar, ésta vez con dirección a Greyback.

Rose Weasley llegó a la espalda del licántropo, cerró sus manos en forma de puño sobre el pelo negro del hombre lobo, y con la fuerza de la caída, se tiró ella misma hacia su costado derecho, para caer sobre su espalda en las tejas, llevándose a Greyback consigo, quien siguió rodando. Pero éste se detuvo con sus enormes garras.

—¡Al suelo! —gritó Scorpius, tomando a la chica de la mano y tirándose del primer piso. Rose impactó sobre él, y a ambos se les corto el aire, antes de que pudieran levantarse Greyback llegó de un salto ante ellos—, ¡Toma la varita Rose!

Rose la tomó, apuntó hacia la Luna mientras gritaba.

—¡EXPECTO PATRONUM!

Lo único que salió de la varita de Rose fue un humo plateado, pero eso era lo que necesitaba.

La luna desapareció detrás del espeso humo y Greyback se detuvo un momento, los pelos comenzaron a caer de su deforme rostro, el cual tomó una apariencia casi humana.

—¡¿Crees que con eso vas a detenerme?! —aulló el licántropo, que estirando una mano apuntó hacia la chica y como si apretara algo invisible, hizo fuerza y los escombros que estaban a un lado volaron veloces a impactar contra ella.

Scorpius se tiró contra Rose para llevarla al suelo, pero cuando lo hizo, el Patronus de la chica se desvaneció y el mago que tenían al frente comenzó a retorcerse y volvió a tomar forma de lobo. Éste se irguió en todo su tamaño sobre sus patas traseras.

El Slytherin aprovechó el momento para darle la mano a Rose y echar a correr al bosque, pero otro hombre lobo los esperaba ahí atrás, les cortó el paso y de un manotazo tiró a Scorpius a un lado.

Luego Enguerrand Bonnet se quedó quieto, respetando el espacio de Greyback que avanzaba con lentitud hacia Rose Weasley.

Con una garra el hombre lobo más grande del mundo mágico, encerró el pequeño cuello de la pelirroja, llevándola al suelo y colocándose sobre ella. Una gota de sangre cayó de la boca del licántropo al rostro de Rose. Con sus patas delanteras pisó los brazos de la chica. Rose giró su cabeza a un lado hundiéndose en la tierra, en un intento inútil de alejarse y gritó de terror.

Scorpius se levantó de pronto y antes de que lo detuvieran se lanzó contra Greyback, hundiendo la gruesa astilla lo más que pudo dentro de su ojo azul. Con la presión que ejercía, sintió el globo ocular reventar.

El hombre lobo retrocedió aullando bajo el alero de aquella casa, Rose tomó la única varita que poseía y apuntando al techo del lugar gritó:

—¡Reducto!

Todas las tejas y tablas saltaron en una sonora explosión y sepultaron al hombre lobo que yacía debajo.

Entonces ambos chicos voltearon a ver al licántropo de Enguerrand Bonnet, que aulló a la luna. Momento que utilizaron Rose y Scorpius para retroceder con lentitud.

—Corre, yo lo distraigo —dijo el Slytherin.

—Corre tú, yo tengo la varita.

—Corre Rose, ahora.

—Será mejor que corran ambos —una voz diferente sonó detrás de ellos—, ¡Confringo!

El hombre lobo gruñó al generarse una explosión en él, entonces se dio vuelta para irse corriendo.

—¡Incarcerous! —gritó una segunda voz, y unas gruesas cadenas de plata rodearon las patas traseras de Enguerrand Bonnet, haciéndolo tropezar. Pero licántropo arañaba el suelo para escapar.

—¡Incarcerous! —una tercera voz apareció.

Pero a pesar de ambas cadenas, el hombre lobo logró levantarse.

—¡Incarcerous! —la primera voz se unió a las otras, y por fin, redujeron a Enguerrand. Harry Potter continuó—, ¡Lo tenemos! ¡No desistan!

Draco y Ron continuaron con el encantamiento.

—Harry no podremos mantener esto por siempre —masculló Ron.

—Hay que encerrarlo ahora —resopló Draco.

Los tres magos arrastraron al licántropo hacia ellos, Harry soltó su encantamiento rápidamente y gritó.

—¡Defodio!

Comenzó a formarse un agujero en el suelo a gran velocidad. Ron y Draco llevaron rápidamente al licántropo ahí y soltaron sus cadenas, para ayudar a Harry a hacer el agujero cada vez más profundo. Cuando llegaron a al menos a cinco metros de profundidad, se detuvieron.

—¡Uf! Por un momento creí que no podríamos contra Greyback —dijo Ron.

—Ese no era Greyback —contestó Scorpius.

—¿Qué dices, hijo? —preguntó Draco.

—Greyback está ahí abajo —apuntó Rose.

Todos miraron hacia el lugar y comenzaron a ver como la madera se levantaba. Fenrir Greyback alzó su cabeza rabiosa y sangrante.

—¡Reducto! —vociferó Draco hacia la enorme casa de madera. Harry y Ron se le unieron en seguida, hasta desplomarla por completo sobre el licántropo.

Todos soltaron la respiración contenida, aliviados.

—¡Rosie, estás viva! —saltó su padre contento.

Pero la chica se había volteado hacia Scorpius y se lanzó sobre su cuello. El rubio chico ya no aguantaba mucho más y cayó al suelo con ella, riendo.

—¡Se acabó! —gritó Rose radiante, lo sujetó del cuello de la camisa y le plantó un beso en los labios.

Los tres adultos quedaron petrificados.

Harry fue el primero en recuperar la compostura.

—Bien, Rosie... Dejemos que el joven Malfoy respire ¿Sí? —Harry ayudó a Rose a levantarse, separándola del Slytherin con cuidado.

—¡Tío Harry! —La chica lo abrazó feliz—, ¡Gracias por venir!

—Me alegra que estés a salvo, linda —respondió el auror.

Entonces Rose corrió a abrazar a Ron, que aún impactado abrazó a su hija torpemente.

Scorpius se levantó despacio y miró a su padre. Draco caminó hacia él, le sonrió y lo abrazó con fuerza. El joven Malfoy correspondió a su abrazo.

—Si sólo hubiera estado más cerca de ti —susurró Draco.

—Esto ya ha terminado, papá.

Entonces Malfoy sujetó a su hijo por los hombros.

—Estoy orgulloso de ti.

Fue ese el momento en que Ron miró a Scorpius y abrió la boca para hablar, pero Harry fue más rápido.

—¿Por qué hay dos hombres lobos, Scorpius?

—El pequeño es Enguerrand Bonnet, del colegio Beauxbatons.

—Intenté que no lo mordiera —se lamentó Rose.

—De todas formas han llegado a tiempo —siguió el Slytherin.

—No como yo hubiera querido —contradijo Harry—, ustedes ya habían hecho casi todo el trabajo. Greyback fue uno de los seguidores de Voldemort más fuertes, era un hombre lobo terrible, podía hacer magia sin varita y además dominaba la magia no verbal, mejor ni hablemos de maldiciones imperdonables... Lo hemos buscado por mucho tiempo. Así que, se podría decir que estoy en deuda con ustedes.

Draco comenzó a sentir escurrir algo en el hombro de su hijo.

—¿Qué es esto?

—Heridas de guerra —suspiró Scorpius.

—¿Puedes sostenerte? Llevémoslos a San Mungo ahora.

—Esperen un momento, la luna está casi por ocultarse —comentó Harry—. En cuanto lo haga, podremos llevarnos a éste par.

—¿Estás bien Scorpius? —preguntó Rose con interés.

—Claro que sí ¿Y tú? ¿No te ha alcanzado verdad?

—No, llegaste justo a tiempo.

Ambos se sonrieron entre sí y Ron explotó.

—¡Exijo saber qué está pasando aquí! ¿¡Desde cuándo...?! ¡¿Cómo ustedes...?!

—Scorpius salvó mi vida, papá —interrumpió la pelirroja—, si no fuera por él, me habrían mordido.

—Tú también me salvaste, cuando te lanzaste de ese pino.

—¡Pero no pue...!

—Me parece que las cuentas están claras, Weasley —interrumpió de pronto Draco, con voz serena—. No necesitan más estrés en éste momento.

—Tiene razón Ron —saltó Harry—. Debemos tomar las cosas con calma.

Ron se mordió la lengua. Esta vez.


Rose se escapó de su habitación en San Mungo para llegar a hurtadillas a la de Scorpius. Mientras Harry, Ron, Hermione, Draco y McGonnagall conversaban un poco más allá.

—¿Pero qué haces aquí? —preguntó Malfoy.

—¿Tú qué crees? Te vengo a ver ¿Cómo van tus hombros?

—Pues, el del arañazo de Bonnet va mucho mejor, pero lo que hizo Greyback... No me han querido decir si recuperaré la movilidad por completo.

—Ya veo.

—¿Y tú, Rose?

—Yo estoy bien, sólo tengo heridas menores.

—Y cardenales muy feos —terminó Scorpius.

—Los tuyos son mucho peores, y con esa cara blanca que tienes, hacen que te veas aún más... muerto.

El joven rió complacido.

—¿Cuándo te dejarán salir de aquí, Rose?

—Creo que hoy mismo, por eso he venido. Dudo que tengamos otra ocasión para despedirnos. Además quería... quería...

—Por favor, te has lanzado como dos pisos sobre un hombre lobo, anda dilo.

—¡Estúpido! ¡Esto es diferente!

—¡Vamos! ¡Dime ya lo que me quieres decir!

—¡No, eres un idiota!

—¡Te salvé la vida! No soy un idiota, ahora dímelo.

—¡Y yo te salvé a ti, Scorpius!

De pronto el Slytherin soltó un alarido de dolor y con una mano se sujetó el hombro izquierdo.

—¡¿Qué sucede?! ¡¿Estás bien!?

—Mi hombro... —pudo decir el chico—. Las heridas de hombre lobo son espantosas... ¡Ah!

Rose corrió a su lado y se inclinó sobre él.

—¡Llamaré a alguien!

Pero Scorpius se repuso de pronto, con una mano tomó la barbilla de la pelirroja y se acercó para besarla.

—¡Ey! No hagan eso ahora —Albus Potter había entrado en la habitación.

—¡Déjalos que se besen! —exclamó de pronto Lily.

—Por supuesto que no pueden besarse, deben estar sus padres para poder hacer eso —terminó Tom Zabini.

Los colores se encendieron en el rostro de Rose.

—¿Quién los dejó entrar? —inquirió Scorpius molesto.

—Nadie, claro está —James Potter apareció de la mano de Sabrina—. Nos hemos colado como todo el mundo aquí.

—¡Pero sólo ésta vez! No son cosas que haga una señorita —Molly también estaba allí, provocando que Rose se asustara de pronto.

—Molly, lo que sucede aquí es...

—Tranquila Rosie —le dijo su prima—. Comprendo perfectamente, ustedes son adorables ¡Me encantan!

Molly corrió y los abrazó a ambos con sincero afecto.

—Sólo faltan...

—¿Nosotros? —preguntó Fred sonriendo, detrás de él apareció Roxanne también muy contenta.

—Por favor... dime que no caben más Potters y Weasleys en esta habitación, Rose —rogó Scorpius.

—¡Y Zabinis! —señaló Tom.

—¡Sí caben más Weasleys! —Louis entró en la habitación junto con Hugo.

—¡Es una bienvenida Malfoy! Es decir, Scorpius... Ahora eres como de la familia —respondió Albus contento.

—Es un alivio que todo saliera bien —comentó Sabrina.

—Rose, me has dado el susto de mi vida —siguió Lily—. Si lo vuelves a hacer, te mataré ¿Comprendes?

—Es verdad, todos estuvimos muy preocupados —mencionó Fred

—Además, nos sacaron a todos de Hogwarts al día siguiente ¡Fue una locura! —saltó Hugo.

—¡Oye Rose! —gritó Lilly—, ¿Supiste que Mandy halló uno de esos regalos para Malfoy y lo usó para la poción que te dio, hace tiempo?

—¡Con que eso era! —exclamó Roxanne.

—Nosotros debemos volver mañana —continuó James—, ahora que todo está resuelto, supongo que ustedes deben descansar un poco más.

—A mi no me parece que estuvieran descansando ¿Eh, Rose? —saltó Tom.

—¡De acuerdo! —sentenció Scorpius—. Les agradezco a todos su desagradable compañía, pero ahora ¿Podrían dejarnos un momento?

Todos comenzaron a hablar al mismo tiempo. Unos reían, otros gritaban y todo fue una confusión... Al final, de a poco y con confianza, todos fueron dejando la habitación, dándoles sus mejores deseos para que se recuperaran y deseando volver a verlos en Hogwarts pronto. Malfoy se vio ahogado en un mar de abrazos y buenos deseos, mientras Rose observaba contenta le escena.

—¡Por fin solos! —resopló el Slytherin.

—Pero ya debo irme.

—¡No! Debes decirme lo que no querías.

Rose volvió a ruborizarse.

—Sólo era... ¿Te gustaría venir a mi casa a pasar un día, en el verano?

Scorpius sonrió.

—Sólo si tu vienes a la mía a cenar después.

La prefecta prometió que lo haría.

—Es mejor que me beses pronto Rose, porque si no lo haces no tardaré mucho en explotar.

—¿De amor, Scorpius? —preguntó la chica con una sonrisa traviesa.

—No me hagas decir eso.