CAPÍTULO 20 Gawain Robards
Harry se aseguró una vez más que llevaba su varita en el bolsillo y observó cómo Draco se metía su petaca con la veritaserum en un bolsillo del forro de su capa.
-¿Listo?
Draco asintió, pero antes de marcharse, en un gesto rápido y seguramente inconsciente, se miró en el espejo que tenía colgado en la puerta y se dio un último e innecesario retoque al pelo. Harry se rio entre dientes.
-¿Qué es tan gracioso?-preguntó Draco.
-Tú, presumido. Vamos a secuestrar a Robards y te paras a mirarte el pelo en el espejo.
Draco arqueó una ceja.
-Con esa actitud, nunca vas a ganar el premio a "Perseguido por la justicia más guapo del año"¿sabes?
-Oh, vaya, ya sabía yo que algo me estaba quitando el sueño últimamente; debe de ser eso.
Draco abrió la boca para contestar, pero vio a Greg acercándose a él y lo examinó de arriba abajo.
-Átate bien las botas. ¿Llevas la varita?
-Sí, Draco, claro.
Cuando Greg tuvo las botas bien atadas, se encaminaron a la salida. La gente sabía que se marchaban a una misión que podía suponer un cambio importante para ellos, pero no conocían los detalles, y la mayoría les había deseado suerte más o menos directamente a lo largo de la cena. Pero cuando estaban ya cerca de la puerta, donde Blaise y Narcissa les esperaban, Victor y Altair llegaron corriendo.
-Draco, espera...
-¿Qué?
Altair se lo quedó mirando y se encogió de hombros.
-Nada.
Draco se impacientó, pero Harry se dio cuenta de que Victor también estaba pegado a su padre.
-Sólo quieren ver cómo os vais¿verdad?
Altair asintió y miró de nuevo a Draco, que pareció no saber muy bien qué hacer. Al final, con ademán un poco inseguro, le palmeó un poco la cabeza.
-Bueno, luego nos vemos. No toques mis cosas.-Miró a Narcissa-. Hasta luego.
-Tened cuidado.
Harry, Draco, Blaise y Greg salieron del monasterio y atravesaron sus muros. Todos llevaban sus escobas para poder escapar si algo salía mal y alguien lanzaba un hechizo anti-Aparición. Harry se daba cuenta de que el corazón ya había empezado a cargar su sangre de adrenalina y se sentía con los sentidos más alerta, pero apenas estaba nervioso, sólo decidido a sacar a Robards de su casa y hacerle confesar. De vez en cuando le lanzaba alguna mirada de reojo a Greg, que marchaba tan callado como los demás. La tarde anterior había vuelto a decirle a Draco que creía que llevarlo era un error, que cometería alguna distracción fatal que lo echaría todo a perder, pero eso no había hecho que Draco cambiara de idea. Aunque Zabini le caía peor, su presencia no le preocupaba; al menos era un mago competente, uno de los más poderosos del grupo.
-Es la primera vez que viene a despedirme-le dijo Draco de pronto, en voz baja. Harry, que en ese momento no sabía de qué le hablaba, lo miró inquisitivamente-. Mi hermano. Ya sabes, los niños pequeños no se dan mucha cuenta de esas cosas.
-Ya no es tan pequeño-contestó Harry.
-No, supongo que no.
Harry tuvo la impresión de que Draco lo lamentaba y supuso que se debía a todas las otras cosas que Altair podia empezar a notar, como su extraña situación en el monasterio, o cosas que podía empezar a preguntar, como qué había pasado con su padre. Pero no era un buen momento para hablar de ello. Habían llegado ya fuera del alcance del hechizo anti-Desapariciones y debían ir a la casa de los Robards.
El grupo se Apareció a unos doscientos metros de la casa; sus luces eran visibles en la oscuridad. Harry y Draco lanzaron un hechizo para comprobar que no había más gente en la zona excepto ellos cuatro y los dos ocupantes de la casa.
-No hay nadie-susurró Draco.
Harry sacó la Capa de Invisibilidad, cuidadosamente doblada, que se había metido por dentro de la camisa.
-Cuando queráis.
Draco miró a Blaise y a Greg y asintió.
-Estamos listos.
Harry también asintió.
-De acuerdo. Buena suerte.
Draco le detuvo sujetándole del brazo y acercó la boca a su oreja.
-Si el dementor te pillara y te dementorizara aún podríamos follar, pero no sería lo mismo.-Harry soltó una risita y Draco se apartó un poco para mirarlo a los ojos-. Ten cuidado.
Harry cedió al impulso de besarlo con pasión inesperada.
-Oh, por favor...-exclamó Blaise, asqueado-. Mátame, Greg.
Pero Harry miró a Draco a los ojos.
-Tú también.
Entonces se cubrió con la Capa para no ser visto por cualquier testigo inesperado y, montándose en su escoba, se elevó en el aire. Con una última mirada a Draco, emprendió el vuelto hacia casa de Robards. Sus palabras resonaban aún en sus oídos e impedían que la sonrisa desapareciera del todo de su rostro, pero sus ojos estaban más llenos de determinación que antes.
Había recorrido más de la mitad del camino cuando tuvo la sensación de que el frío aumentaba y su alegría se rebajaba un poco. Todos sus sentidos se pusieron alerta; era el dementor, que se acercaba. En la oscuridad de la noche, el sudario negro de la criatura lo volvía casi invisible también, pero consiguió distinguirlo a unos treinta metros de distancia de él, acercándose a toda velocidad. Los dementores eran ciegos, pero percibían las emociones felices de la gente.
Cuando lo tuvo a veinte metros, dio la vuelta a la escoba y salió huyendo. El dementor le persiguió. Harry sentía como la depresión le invadía poco a poco y se concentró en pensamientos felices. La criatura seguía tras él, alejándose cada vez más de la casa que debía proteger. Harry aumentó la velocidad y siguió pensando en Draco para no dejarse abatir por la tristeza y para que el dementor no abandonara la persecución. Cuando calculó que estaba al menos a dos kilómetros de la casa, sacó una chocolatina del bolsillo, la desenvolvió con la ayuda de los dientes y se tragó un buen bocado. Después sacó su varita y aminoró un poco la velocidad para dejar que el dementor se acercara a él. Podía notar cómo le alcanzaba gracias a la sensación de hielo en sus huesos, al miedo y la desesperación que crecía en su interior, pero conocía bien esos efectos y no se dejó influir por ellos. Cuando supo que lo tenía a seis o siete metros hizo una maniobra brusca, haciendo que la escoba cayera en picado. El dementor, desprevenido, no pudo alterar su trayectoria con tanta rapidez y Harry, con otra maniobra, se colocó entre la casa de Robards y él. La criatura, que ya se había dado la vuelta, se dirigió velozmente hacia él y Harry lo apuntó con la varita.
-¡Expecto patronum!
Un rayo blanco y poderoso salió de su varita y se transformó en la brillante silueta de un imponente ciervo. El animal embistió al dementor y lo hizo huir en dirección opuesta a la casa. Harry no se esperó a ver cómo el ciervo lo perseguía; se moría de impaciencia por saber qué estaba pasando con Robards. Entonces hizo volar la escoba a toda velocidad hacia allí mientras se comía el resto de la chocolatina.
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Cuando Harry estuvo cerca de la casa, usó la varita y se aseguró de que Draco y los demás habían conseguido romper los hechizos de protección que rodeaban la casa del auror. En el jardín, inconscientes, estaban los crups. Un flash de luz azul en la ventana le hizo saber que la pelea aún no había terminado. Harry descendió de su escoba frente a la puerta principal y mientras se guardaba la Capa bajo la camisa,oyó un ruido sordo. Con cautela, abrió la puerta y asomó la cabeza.
-¡Cómo le hagáis daño os mataré!-oyó gritar a Robards.
-Nosotros no somos unos asesinos como tú y tus amigos-replicó Draco.
Harry llegó entonces al comedor. Robards estaba tirado en el suelo, inmovilizado con un Incarcerus y tan rabioso que sólo le faltaba echar espuma por la boca. Goyle estaba dejando a su inconsciente mujer sobre un sofá. La expresión de Robards cuando lo vio aparecer fue de auténtico estupor.
-Potter...
Draco se giró hacia él.
-Ah, ya estás aquí.
Robards miró a Harry con nerviosismo.
-¿Qué haces con ellos¿Qué... qué quieres de mí?
Harry no recordaba haber sentido tanto odio hacia nadie desde Voldemort.
-¿Cuánto tiempo tardaste en planear el asesinato de mi mujer, Robards?-preguntó, con ira apenas contenida-. ¿Mataste tú mismo a Ian Tennant?
El auror abrió los ojos, claramente asustado.
-¿Qué¿Te has vuelto loco¡Yo no he hecho nada!
Draco se interpuso entre ambos y miró a Harry con fría determinación.
-Este no es el momento, Potter. No seas estúpido y cálmate.
-Tenemos que irnos de aquí-dijo Blaise, tenso.
-Sí, vámonos.
Harry vio cómo Draco sujetaba a Robards y se Desaparecía con él. Blaise y Goyle le siguieron y Harry hizo lo mismo poco después. Narcissa les aguardaba ya en la cabaña de la que les había hablado Zabini, y ella y Draco estaban atando a un agitado Robards a una silla. El auror miraba a Narcissa como si dudara de sus propios ojos. Mientras tanto, Harry usó su varita para activar el Traslador que debía hacer acudir a Ron.
-¡Potter!¡Harry¡Tienes que escucharme¡No sé lo que te ha dicho esta gente de mí, pero no debes creerlos¡Son unos mortífagos!
Si las miradas pudieran matar, aquellas habrían sido las últimas palabras de Robards. Harry apenas podía mantener el control cerca de él y que le estuviera hablando como si fuera inocente no ayudaba en nada.
-Si vuelves a abrir la boca sin que te hayan preguntado te crucio-le advirtió Draco.
Tal y como habían planeado, Blaise se Desapareció y volvió al monasterio, que no podía arriesgar a sus tres líderes. Narcissa se colocó delante del auror y lo apuntó con la varita.
-Legeremens.
Desde fuera, el hechizo no resultaba impresionante. Sólo eran dos personas mirándose fijamente a los ojos. Pero Harry pudo ver la tensión en el rostro de ambos, el brillo de la transpiración que empezaba a cubrir la frente de ambos. Robards era bastante bueno en Oclumancia, pero, aunque pudiera presentar batalla, Harry conocía demasiado bien la maestría de Narcissa con la Legeremancia como para dudar de que acabaría por imponerse; el único problema es que no sabían de cuánto tiempo disponían.
Un brusco ruido a su espalda indicó que alguien acababa de llegar. Tres varitas, incluidas la de Harry, apuntaron al recién llegado. En cuanto vieron que se trataba de Ron, las bajaron.
-Hola, Harry¿ha ido todo bien?-Él asintió mientras le hacía una señal para que no hablara tan alto. Ron asintió también, pero luego descubrió a Narcissa y se quedó tan atónito como Robards-. ¡Es Narcissa Malfoy!
Harry le volvió a pedir silencio, pero la madre de Draco rompió el encantamiento y se giró hacia Ron con cara de pocos amigos.
-¿Hay algún Weasley que no sea estúpido?
-¿Qué has averiguado?-le preguntó Harry bruscamente, con una dura mirada.
-He llegado a ver sus reuniones con Lestrange. Tal y como suponías, su plan es resucitar a sus propios muertos.
-¿Qué está diciendo¡Esa mujer es una mentirosa! Harry¡no la escuches¡Weasley!
Draco lo apuntó con la varita.
-Último aviso, desgraciado.
Harry ignoró deliberadamente al auror y se dirigió a Narcissa.
-Puedes contarnos lo que has visto en su mente más tarde. Es mejor que le demos ya el veritaserum.
Narcissa miró a su hijo, quien asintió, y sacó un vial de poción de un bolsillo de su túnica. Robards intentó evitar por todos los medios posibles que el líquido llegara a su estómago, pero la cruciatus le había dejado algo débil y Narcissa no se andaba con chiquitas.
-Sólo tardará un par de minutos.
Draco le dijo a Greg que se fuera a vigilar el exterior. Harry y Ron se acercaron a él.
-¿Cómo han ido las cosas¿Habéis tenido muchos problemas?
-No. Sabiendo el estilo de hechizo de protección que usaba, pudimos saltárnoslo enseguida. Los crups se nos echaron encima a los cinco segundos, pero Blaise y Greg se encargaron de ellos mientras yo lanzaba el hechizo anti-Desaparición para que los Robards no pudieran escapar. Después entramos en la casa. Greg y yo fuimos a por Robards; el muy cabrón no se lo pensó dos veces a la hora de usar el Avada Kedavra contra nosotros, pero al final conseguí alcanzarlo con un buen Expelliarmus. Su mujer intentó huir por la Red Flú; Blaise la atrapó cuando ya estaba a punto de desaparecer por la chimenea.
-Genial.
Harry observó a Ron y se dio cuenta de que, a pesar de la seriedad con la que miraba a Robards, también estaba un poco conmocionado por haberse encontrado con Narcissa y Greg. Seguramente ya había pensando más de una vez que podían estar con Draco, pero una cosa era pensarlo y otra cosa, verlos en carne y hueso. Entonces le envió una pequeña sonrisa tranquilizadora y Ron hizo una mueca con la que parecía decir que jamás hubiera creído que llegaría el día en el que participaría en el secuestro del jefe de los aurores con un puñado de ex mortífagos.
-Ya está listo-anunció Narcissa.
Greg se quedó vigilando y Ron, Harry y Draco se plantaron frente al maniatado auror, que ahora tenía una expresión nerviosa y acorralada. No podía parecer más culpable. Harry empezó a hacerle la media docena de preguntas de control y después comenzó sin más.
-¿Quién mató a Ginny Weasley?
-No lo sé.
-¿Avisaste a alguien para que la matara?
El auror hizo un pequeño gesto de dolor, como si estuviera luchando contra la necesidad de ser sincero.
-Sí.
Ron le dio a Robards tal puñetazo que lo hizo caer al suelo arrastrando la silla con él. Harry le dirigió una ligera mirada de desaprobación por haber interrumpido el interrogatorio y levantó a la silla y al auror del suelo.
-¿Sabías que yo era inocente?
-Sí.
-¿Por qué la matasteis?
-Queríamos tenderte una trampa.
-¿Por qué?
-Porque necesitábamos tu sangre para un hechizo. No íbamos a ir a por ti todavía, pero cuando me contaste que habías encontrado un testigo del asesinato de los Wallace, comprendí que no podíamos arriesgarnos a que averiguaras lo que estábamos haciendo.
-Si lo arreglasteis todo en menos de seis horas, es que ya estaba previsto. ¿Me equivoco?
Robards negó con la cabeza y le confesó que lo llevaban vigilando mucho tiempo. Los mortífagos habían descubierto que Ginny tenía una aventura con Schdmit y el plan de emergencia era tenderle una trampa y conseguir su dementorización; de ese modo, se aseguraban de que no descubría nada y habrían podido usar su sangre cuando hubiera llegado el momento. Al recibir el aviso de Robards, los mortífagos habían reaccionado rápidamente y, además, se habían visto favorecidos por la suerte. Uno de ellos siguió a Harry desde el gimnasio y lo vio hablar con Hermione; resultó ser lo bastante listo como para comprender que tenerla a ella de testigo contra él sería una ventaja extra y consiguió pillarla por sorpresa y secuestrarla; después de llevarla a un lugar seguro, había llamado a uno de sus compañeros, bueno en esa clase de hechizos, y le habían modificado la memoria.
Mientras tanto, el propio Lestrange y dos mortífagos más habían ido a por Schdmit y, poniéndolo bajo la Imperius, lo habían obligado a ir a casa de Harry, donde sabían que estaba Ginny, hacerle también la Imperius y obligarla a levantar los hechizos de protección. Después habían entrado ellos. Harry le ordenó con rabia contenida que se ahorrara los detalles.
-¿Mataste a Marcus Belby?
-No.
-¿Diste instrucciones para que lo mataran?
-Sí.
-¿Por qué?
-No paraba de hacer preguntas sobre ti. No entendía por qué Malfoy y los suyos no habían liberado a los mortífagos de Azkaban.
-¿Mataste a Ian Tennant?
Robards tuvo la decencia de bajar la cabeza, avergonzado.
-Sí.
Draco intervino, impaciente.
-¿Estás en contacto con Rodolphus Lestrange y su gente?
-Sí.
-¿Sabes que están buscando la Puerta de Estigia?
-Sí.
-¿Dónde está el refugio de los mortífagos?
-No lo sé.
-¿Cómo te pones en contacto con ellos?
-Les envió un mensaje por lechuza.
-¿Tienes alguna pista o sospecha del lugar en el que se esconden?
-Las lechuzas siempre vienen del norte.
Aquello no era una gran noticia. Entre los aurores se daba por sentado que los mortífagos se refugiaban al norte del país.
-¿Algo más?-insistió Draco. Robards apretó los labios con fuerza, como si quisiera detener una respuesta-. ¿Qué más sabes sobre el escondite de Lestrange y los suyos?
-Creo que viven en una casa abandonada, una casa muggle cerca de Middlesbrough.
Harry intercambió una mirada rápida con Ron, que estaba escuchando al auror con una mezcla de asco e incredulidad. Draco continuó preguntando.
-¿Cuánto tiempo llevas trabajando con ellos?
Robards lo miró con airada frustración.
-¡Yo no trabajo con ellos¡Iba a engañarlos! -Se dirigió a Harry con expresión desesperada-. Harry... Harry, tienes que entenderlo. Yo iba a engañarlos. Ella misma lo ha dicho: iba a resucitar a la gente que no debería haber muerto. ¿No lo ves? Mi familia... La tuya.
-Y daba igual a quien mataras para conseguirlo porque después los resucitarías¿no?-dijo Narcissa, con desprecio.
-¡Sí!¡Sí!
Harry meneó la cabeza.
-La Puerta no funciona así-dijo, con una calma letal. Casi podría compadecerlo. Casi. Porque no se olvidaba de Ginny ni de Ian Tennant. Ni siquiera de Marcus Schdmit, el amante de su mujer-. Si esa Puerta se abre, desaparecerán las barreras entre los vivos y los muertos y esto será un infierno.
Robards negó con la cabeza de un modo casi infantil, negándose a oir, negándose a creer.
-No. No es verdad. La Puerta puede controlarse.
-¿Quién te ha dicho eso?-dijo Draco-. ¿Ellos?
-¡Sí! La quieren usar para resucitar a Quien-ya-sabéis y los demás.
-Entre todos no suman ni medio cerebro-replicó Narcissa, aún más despectiva.
-¿Qué más saben de esa Puerta?-preguntó Draco-. Has hablado de un hechizo. ¿De qué se trata?
-Es el encantamiento que abre la Puerta-contestó el auror.
-¿Cómo es ese encantamiento?
-Sé cómo es su traducción, pero el encantamiento debe pronunciarse en su idioma original, y yo no he conseguido averiguar qué idioma es.
-¿Qué dice?
-"La sangre del primero me da la fuerza. La sangre y la magia abren la Puerta de Estigia. Yo invoco a las almas perdidas y reclamo mi poder sobre la Muerte."
Harry vio cómo los labios de Draco repetían rápidamente las palabras de Robards para grabarlas en su memoria.
-¿Quién conoce el encantamiento original?¿Lestrange?
-Él, seguro. Pero no sé si lo conoce alguien más. Está escrito en un pergamino, uno que guardaba vuestro amo.
Aquello fue una mala elección de palabra. Draco le clavó a Robards la punta de su varita en la garganta y se acercó tanto a él que parecía que fuera a besarlo.
-Yo no tengo amo, basura. ¡Yo no tengo amo!
Harry lo agarró del brazo, intentando alejarlo del auror.
-Déjalo, Draco. Déjalo.
Entonces Greg dio un grito de alarma.
-¡Draco, nos han encontrado!
Durante una fracción de segundo, todos se quedaron helados por la noticia. Entonces un rayo verde hizo saltar en añicos el cristal de la ventana y pasó sólo a unos centímetros de Narcissa.
-¡Mierda!-exclamó Draco.
Harry sacó la Capa de Invisibilidad y se la lanzó a Ron.
-¡Póntela y vete!
Los Avada Kedavras estaban empezando a llover sobre ellos. Harry, que estaba contraatacando con Incendios y Desmaius, oyó cómo Draco le gritaba a Greg que se cargara al auror al hombro y se Desapareciera, pero la maldición siguiente le hizo comprender que habían lanzado un hechizo anti-Desaparición sobre la cabaña.
-¡A las escobas!-ordenó Draco, abriendo un boquete en el techo con la varita.
Los hechizos entraban y salían de la cabaña, haciendo saltar chispas verdes de las paredes. Harry se dio cuenta de que Narcissa estaba lanzando Avadas Kedavras también. ¿Estaba segura de que no eran aurores o le daba lo mismo? Draco le tiró una escoba a su madre, que se montó en ella, se echó un Confundus y salió disparada hacia el cielo a través del agujero.
-¡Vamos, Greg!-le gritó Draco.
Casi a cámara lenta, Harry vio un Avada Kedrava dirigiéndose directamente hacia Greg. Alzó la mano, intentó avisarle, pero sabía que no iba a tener tiempo. Gritó su nombre, y mientras lo hacía, el mortal rayo verde se estrelló en su espalda. Greg cayó al suelo sin vida, dejando caer con él al jefe de los aurores. Un conmocionado Draco miró el cuerpo sin vida de su amigo con los ojos muy abiertos.
-No...
Harry lo empujó sin miramientos y le puso una escoba en la mano.
-¡Vámonos!¡Vámonos!-Draco parecía incapaz de reaccionar y seguía mirando a Greg con expresión aturdida. Harry lo zarandeó, desesperado-. ¡Draco, tenemos que irnos!
Por fin, Draco reaccionó, se colocó a horcajadas sobre la escoba y salió por el agujero del techo. Harry lanzó dos Avada Kedavras en dirección a la puerta y salió volando tras Draco, dejando atrás a Robards. Una vez fuera de la casa, se dio cuenta de que seguían con problemas. Dos mortífagos montados en escobas estaban casi encima de ellos; él y Draco habían salido de la casa segundos antes de que ellos se colaran por el agujero. Harry no se lo pensó dos veces y atacó a uno de ellos con un Avada Kedavra. El rayo verde le dio en el hombro, pero fue suficiente para hacerlo caer de su escoba, muerto. Otros dos mortífagos aparecieron por el agujero.
-¡Es Potter¡Cuidado!
-¡Malfoy, maldito perro traidor, vamos a descuartizarte vivo!
Harry miró hacia atrás para ver a qué distancia los tenían; no podían ser más de quince metros. Uno de los mortífagos, creyó identificar al padre de Theo Nott, le lanzó un Avada Kedavra, e hizo un movimiento brusco con la escoba para evitarlo. Otro Avada Kedrava cruzó a un par de metros de él en dirección opuesta; provenía de la varita de Draco. Nott se apartó, pero chocó contra su compañero y lo desequilibró, dándoles unos segundos más de ventaja. El tercer mortífago, sin embargo, aún mantenía la distancia de antes.
Draco y él llevaban mejores escobas, pero tenían que volar todo el rato mirando hacia atrás para esquivar las maldiciones y lanzar sus propios hechizos. Entonces un rayo rojo proveniente del suelo golpeó a uno de los mortífagos más retrasados y lo hizo caer de la escoba, al parecer inconsciente. Harry intercambió una fugaz mirada de extrañeza con Draco y trató de distinguir si había alguien abajo, pero no vio a nadie. Demasiado ocupado para ocuparse del misterio, lanzó un Expelliarmus que obligó al mortífago más cercano a virar bruscamente a la izquierda. Entonces tuvo una idea y le apuntó con su varita.
-¡Avis¡Oppugno!
Un centenar de pájaros salieron de la punta de su varita y se lanzaron con hostilidad contra los mortífagos que les perseguían.
-¡Harry!-le gritó Draco-. ¡Desaparécete!
Harry comprendió que debían de haberse alejado ya de la zona de influencia del hechizo Anti-Desaparición.
-¡Tú primero!
-¡Vete!
-¡Tú primero!
-¡Tengo que encontrar a mi madre!
Los mortífagos se habían retrasado, pero eso no quería decir que estuvieran fuera de peligro. Harry distinguió a otros dos acercándose para incorporarse a la persecución. Entonces miró a Draco y alcanzó a ver cómo se apuntaba a sí mismo con la varita y su silueta se desvanecía en la oscuridad. Se había echado un hechizo desilusionador.
-¡Draco!
-¡DESAPARÉCETE!
Harry estaba más nervioso ahora de lo que había estado en toda la noche. Todo se había descontrolado. No sabían dónde estaba Narcissa, ahora no sabía dónde estaba Draco, Greg había muerto y seguía teniendo a cuatro mortífagos pisándole los talones. Lo único que se le ocurrió para poder ayudar fue mantenerlos ocupados y, desechando la idea de seguir huyendo, empezó a lanzarles todos los hechizos que se le pasaban por la cabeza. Su magia era poderosa, más aún que la de Voldemort, y durante varios minutos consiguió detener su avance. Después, un Avada Kedavra pasó rozándole el brazo izquierdo, tan cerca que rasgó su capa y le hizo lanzar un grito ahogado de dolor. Los mortífagos aprovecharon la pausa en su ataque para avanzar. Harry, consciente de que ya no podía seguir volando y atacando a la vez, apeló a su entrenamiento de auror para mantener la calma, se concentró y se Desapareció.
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NdA: La sexinez es lo que hace que quieras comerte a Draco de postre y repetir tres veces.
Lireve, hola. La verdad es que los dos estaban deseando que el otro se lo pasara bien, pero era un poco una cita al gusto de Harry. En cuanto al McDonalds... no es el mejor sitio para un Malfoy, pero cuando los Dursley llevaban a Dudley allí, seguro que al pobre Harry lo dejaban metido en la alacena, y él pensaba que algún día iría con sus amigos... ya sabes. Es una cosa normal que no pudo tener de niños, por eso quiere compartirla con Draco. Ah, y Draco ya irá hablando de sus sentimientos poco a poco, no lo presiones, que el muchacho se me estressa XD
María, hola. Me alegra que te haya gustado. Y sí, era un capi de ir conociéndose más.
Drakitap, hola. Mira, justo eso es lo que quiere Harry, hacer algo que sea normal en una pareja, algo cotidiano. Lo echa de menos. Y era importante que se viera que se lo pasan bien haciendo cosas cotidianas y normales. Tienes toda la razón al pensar que Draco no le contaría lo de Lucius a Harry si no sintiera realmente algo por él. En cuanto a la cita... bueno, Draquito en el mundo muggle siempre da mucho juego, jaja. Lo de los Weasley ha sido un bonito detalle. Gracias por todo y hasta el miércoles.
Tefi, hola. A mí me gusta ir al McDonalds alguna que otra vez, pero bueno, es más que comprensible que haya gente a la que no le guste. Y Draco menos aún, claro, jaja. Lo de trago o reto habría sido divertido de escribir XD
