Capítulo 21: El objetivo

Blossom abrió sus ojos cansados en la oscuridad. Lo primero que vio fue la hora en el reloj: habían pasado diez minutos de las doce de la noche. Echó un ojo a su espalda y suspiró.

—No te cansas, ¿verdad? —le dijo a la figura que se encontraba sentada al otro lado de la cama.

—¿Y tú? —respondió Brick con simpleza.

Blossom se dio la vuelta, apoyando la cabeza contra la almohada.

—No voy a ir a tus reuniones nocturnas por más que insistas —sentenció con los ojos cerrados—. En primer lugar porque es muy tarde, y en segundo lugar porque no somos amigos.

—Y ¿quién ha dicho que quiera ser tu amigo? —preguntó con sorna.

—Sea como sea, no pienso ir. Así que deja de hacerme visitas nocturnas. Necesito dormir.

—Entonces, duerme —dijo con simpleza.

La pelirroja abrió uno de sus ojos para comprobar que el RRB no tenía intención de moverse. Al contrario: se había acomodado, posando la espalda contra el cabecero y subiendo los pies a la cama.

—No puedo dormir si me estás mirando.

Brick se encogió de hombros y cerró los ojos como si quisiera dormitar en aquella postura tan incómoda. Blossom refunfuñó.

—Tampoco puedo dormir si estás aquí.

—Entonces tienes un problema, porque no pienso irme todavía.

La joven frunció el ceño y se dio la vuelta.

—No sé para qué quieres quedarte si no voy a hacerte caso.

—Me gusta saber que estás aquí.

—Y ¿no estarías mejor en tu casa? Bueno —rectificó—, "tu casa".

—No creo —fue lo único que respondió.

Blossom abrió los ojos, compadecida en cierta forma por la manera en que Brick había pronunciado esas palabras. La situación debía de estar muy mal con sus hermanos para que no quisiera dormir allí. Según la habían informado desde la base, esos días Brick había pasado más tiempo del acostumbrado fuera de su casa, dando vueltas de un lado para otro, seguramente evitando poner un pie donde tanto rencor había hacia él.

Sintió cómo se dejaba caer en el colchón. Lo miró de reojo: había acomodado la cabeza en la almohada y tenía el brazo derecho sobre sus ojos, en la manera en que ella lo hacía cuando tenía un dolor de cabeza insoportable o como cuando quería huir de la luminosidad de la mañana. Convencida de que no habría nada que lo hiciera desistir de su idea de dormir con el enemigo, se recostó ella también y cerró los ojos. Inmediatamente, los recuerdos de aquella mañana llegaron a su cabeza en forma de remordimiento.

Habían sido llamadas desde la base para una reunión de urgencia. Siguiendo el protocolo de seguridad, caminaron hasta un lugar lejano y abandonado donde fueron recogidas por un coche camuflado que las llevó hasta el lugar. Una vez dentro, el General las recibió con grandes noticias.

—Tenemos la fórmula —dijo antes de que pudieran tomar asiento, consiguiendo toda su atención.

—¿La fórmula...? —preguntó Buttercup.

—La fórmula para acabar con esos rufianes —aclaró. Las chicas perdieron todo el color de sus rostros al oír tal afirmación—. Después de mucho esfuerzo, nuestros científicos han descubierto cómo revertir la fórmula que les dio vida. Es el momento de actuar.

Bubbles tragó saliva, temiéndose lo peor.

—¿No pretenderá que nosotras...? —preguntó.

—No, por supuesto que no. Vosotras ya habéis hecho suficiente. Ahora nos toca a nosotros. La mezcla irá dentro de un proyectil teledirigido de gran envergadura que tiene dos objetivos: herirlos primero y después esparcir la fórmula con la explosión. Lo único que debéis hacer vosotras es aseguraros de que los chicos estén en el lugar adecuado a la hora indicada. Primero —señaló a Blossom—, probaremos con el líder. Una vez que caiga él, el resto será mucho más fácil.

Blossom dejó escapar un pequeño suspiro.

—Y ¿cuándo sería eso?

—Mañana —respondió el General—. Cítalo mañana a las 19:00 en el bosque. Del resto nos ocupamos nosotros.

De repente, los recuerdos se fusionaron con un sueño de lo más real. Se veía a sí misma corriendo por el bosque descalza. Sus pisadas dejaban huellas manchadas de sangre, una sangre que no era la suya. Al parecer huía de una visión horrible que acababa de contemplar. Sus pasos la llevaron hasta un abismo donde no había escapatoria. Se dio la vuelta y allí estaba Brick, cubierto de sangre, mirándola. Sus ojos rojos no solo transmitían una profunda tristeza, también la inculpaban.

—Yo no quería —le dijo.

Entonces él bajó la mirada hasta sus manos para guiar la mirada de Blossom. La PPG se dio cuenta de que tenía las palmas ensangrentadas. La sola visión de aquella realidad le provocó un ataque de ansiedad. Volvió a mirar a Brick. Por alguna razón tenía miedo de su presencia, pero él no se movía, solo la miraba con dolor, como si quisiera llorar y no pudiera.

Habían pasado las cuatro de la madrugada cuando despertó de aquel sueño horrible. Con la respiración acelerada, se dio la vuelta para comprobar que Brick todavía siguiera allí. Efectivamente, el RRB no solo no se había movido, sino que dormía profundamente. Se incorporó y pegó la espalda al respaldo de la cama como había hecho Brick hacía unas horas. Se llevó las manos a la cara, cansada, y permaneció en esa postura mientras lo observaba con culpabilidad, evitando pensar que al día siguiente estaría muerto. No quería siquiera imaginarlo. Prefería pensar en todas esas cosas que no conseguía comprender de él, como el hecho de que fuera tan frío con sus hermanos mientras se acercaba cada vez con más frecuencia a ella. ¿Qué es lo que había en su mente?

Sus ojos bajaron hasta el colgante que sobresalía de su cuello. Acercó su mano y lo rozó con suavidad. Esta vez no sintió ningún tipo de descarga. Ese objeto solo reaccionaba cuando alguien intentaba arrancarlo, al parecer. Le resultaba algo tan extraño que Brick fuera un ser sin alma... No tenía sentido. El propio hecho de que siguiera con vida gracias a un colgante maligno era un disparate. Pero había algo aún más raro: ¿cómo podía sentir si no tenía alma? Amor, odio, tristeza... un ser sin alma no tendría sentimientos. ¿Qué ocurría entonces?

Alguna vez había leído que los sentimientos residían en la mente. Lo recordaba porque le había resultado gracioso que el amor se asociara al corazón cuando en realidad se instalaba en el cerebro. Sin embargo, también había leído que mente y alma estaban íntimamente conectadas, hasta el punto en que el alma era la propietaria de la mente. Todo aquel misticismo que en un principio no había resultado de su interés, fue de gran ayuda cuando necesitó conectar con su mente para aprender a controlar sus poderes telequinéticos, pero no creía que sus conocimientos pudieran ayudarla con Brick.

Si al menos pudiera entrar en su cabeza...

Dudosa, acercó la mano a la frente de Brick. El roce de sus dedos hizo que girara el rostro hacia ella. Por suerte, seguía dormido. Blossom colocó la palma de su mano en la frente del RRB y cerró los ojos. Siempre había pensado que sus poderes mentales podrían ir más allá si aprendía a dominarlos. Aun así, nunca había intentado leer los pensamientos de nadie, y aún menos llegar hasta su alma pasando por su mente.

Cruzó las piernas como cuando hacía cuando meditaba y se concentró en llegar hasta él. En el cuarto solo se escuchabn los grullos de la calle, la brisa mover las hojas de los árboles. De repente, escuchó una voz en su mente, pero no era la de Brick.

—Así no vas a conseguir nada, querida. No hay nada dentro de él.

De repente se vio mentalmente trasladada a un espacio alternativo en el que solo había estado antes en sueños, cuando Him había tratado de asustarlas con sus mayores miedos.

—Him.

—Buenas noches, preciosa. Me alegro de verte —dijo el demonio con su voz zalamera, agarrándola de la mano con su pinza y dándole una vuelta para admirarla—. ¡Cuánto has crecido! Recuerdo todavía cuando tus hermanas y tú no erais más que unas mocosas entrometidas —comentó cambiando su tono de voz a uno de ultratumba—. Y mírate ahora.

Blossom se soltó.

—¿Solo me has traído aquí para recordar viejos tiempos?

—No, te he traído porque te veo bastante perdida.

—Hay cosas que no entiendo —reconoció, cruzándose de brazos.

—Lo sé, pero intentando buscar en Brick no hallarás nada. Como ya te ha contado él mismo, su alma la tengo yo —admitió, señalando una luz blanca que brillaba dentro de una pequeña vasija de cristal.

—No terminaba de creerme lo del alma —murmuró ella, acercándose a la vasija—. Entonces es verdad. Si se quita el colgante, morirá.

—Tal y como te lo ha contado.

—Pero no puede ser —contestó con poca rotundidad—. Si no tiene alma, ¿cómo siente?

—¿Sentir? —repitió Him, haciendo aparecer en el aire una butaca en la que tomó asiento de forma acomodada—. La respuesta es sencilla: Brick no siente.

—¡Pero...!

—Todo lo que estás pensando tiene una explicación, querida —se adelantó—: Brick siente algo por ti porque tú ibas incluida en el trato. Ni más ni menos. Sí, te odia, te desea e incluso se puede decir que te quiere, todo por el trato. ¿De qué le serviría cederme su alma para encontrarte si con ello perdería todo su interés por ti? Y sobre todo, ¿cómo podría tenerlo yo atado a mí si esos sentimientos no existieran?

—Eres horrible —masculló la PPG.

—¡Gracias! He estado practicando.

—Pero él está triste. ¡Lo noto! Está triste porque sus hermanos...

—Está triste —volvió a cortarla—porque sabe que de alguna forma ha traicionado a sus hermanos, pero no puede estar triste. Ni siquiera es tristeza. Llámalo melancolía. Sabe que debería estar triste, pero no puede.

—Por eso no está cómodo en su casa... —murmuró para sí, entristecida—. ¿Por qué me cuentas todo esto?

Him se encogió de hombros con una sonrisa.

—¿Qué puedo decir? Me gusta compartir el resultado de mis planes magistrales.

Blossom suspiró y se volvió hacia la luz brillante que desprendía aquella vasija.

—Sabes lo de los rebeldes, ¿verdad? —Pretendía ser una pregunta, pero solo necesitaba una confirmación de una respuesta que ya sabía.

—Yo lo sé todo, Blossom. Puedo ver todo lo que ocurre en cualquier parte del mundo.

—Y ¿no piensas actuar? —preguntó, extrañada.

—Prefiero ver cómo se desarrollan los acontecimientos como espectador.

La chica dejó escapar una risa nasalizada con cierta rabia contenida.

—Causas el caos y después te dedicas a mirar.

—Es más divertido así.

—Y ¿qué pasará con Brick? No puede vivir así para siempre.

—No sé por qué te preocupas por eso. Ambos sabemos que no le queda mucho tiempo —le susurró al oído.

Blossom apretó la mandíbula al sentir que le temblaban los labios. Se giró para darle la cara, pero Him ya había desaparecido. Solo quedaban ella y la vasija en la que se encontraba el alma de Brick.

Por un momento pensó en cogerla, pero segundos más tarde se burlaba de sí misma al pensar que podría transportar un objeto como ese de una dimensión a otra. Se acercó a él y lo miró de cerca, sintiéndose cada vez peor por no poder ayudar a Brick. De hecho, no solo no podía ayudarlo; el General estaba preparando su próxima destrucción y ella no pensaba hacer nada para impedirlo, tal y como había dicho Him.

Aproximó su mano a la vasija y sintió calidez. Posó la mano en el cristal y el alma de Brick se desbordó para rodearla. Blossom cerró los ojos y dejó que todos los sentimientos que tenía el RRB contenidos la inundaran. De repente, sintió una opresión en el pecho y un nudo en la garganta. Se llevó las manos a la boca, y comenzó a sollozar mientras un manantial salía de sus ojos. Sintió miedo, odio, amor, tristeza, rabia... todo a la vez. Y no pudo soportarlo.


Brick abrió los ojos cuando todavía era de noche. Lo despertó el hecho de dejar de sentir el cuerpo cálido de Blossom a su lado. A su izquierda, las mantas estaban hechas un revoltijo y no había ni rastro de la joven pelirroja. Se restregó los ojos, somnoliento, y se levantó para seguir un sonido tenue que provenía del baño. Ya en la puerta, vio a Blossom sentada en el suelo, junto a la bañera, tapando su cara con una toalla. Por los sollozos y los espasmos de sus hombros, pudo adivinar que lloraba. Se acercó a ella y la tomó por los hombros. Ella lo miró con los ojos enrojecidos y las mejillas mojadas.

—¿Qué ocurre?

Ella negó con la cabeza, intentando explicar que el nudo de su garganta le impedía hablar.

—¿Por qué lloras? —lo volvió a intentar.

—No... —hipó—. No lloro yo... Eres tú... quien... lloras —logró articular con el pecho encogido.

Brick frunció el ceño, extrañado.

—Him... me mostró... tu alma... y... —soltó antes de romper a llorar con amargura. Su pecho subía y bajaba violentamente—. Estás llorando... a través de mí...

Volvió a cubrirse la cara con la toalla. No quería que sus hermanas la oyeran. No podría explicarlo. No sabría cómo hacerlo.

El joven permaneció unos instantes observándola mientras asimilaba aquello que acababa de contarle. Debería haber sentido lástima, debería haberse sentido mal, pero como bien había dicho la PPG, no era ella quien lloraba, era él mismo. Su alma estaba utilizándola a ella como vía de desahogo. Esa tristeza no le pertenecía a ella, sino a él. Y aunque la situación era de lo más extraña, no podía dejar de sentir cierto alivio al saber que todavía quedaba algo de lo que alguna vez le había hecho parecerse a los humanos. Aunque estuvieran fuera de su cuerpo, esos sentimientos seguían latentes en algún lugar. No era ningún monstruo por no sentir un ápice de misericordia o lástima por sus hermanos o por cualquiera que no fuera Blossom.

Le tendió la mano. Blossom alzó la mirada y dio con una pequeña sonrisa que asomaba en el rostro del pelirrojo. Dejó la toalla en el suelo y dejó que él la ayudara a levantarse. Acto seguido, Brick la abrazó con fuerza, hundiendo su rostro en el hueco entre el cuello y el hombro.

—Gracias —le susurró.

La expresión de la joven volvió a resquebrajarse y volvió a llorar, pero esta vez eran sus lágrimas la que salían por sus ojos rosados. Llevó sus manos al cuello de Brick y acarició su pelo. Por fin comprendía a l RRB. Por fin entendía aquella maldición en la que él mismo se había metido por su desesperada búsqueda. Y ahora que lo comprendía, la barrera de odio que había interpuesto entre ambos se había derrumbado por completo. Porque ¿cómo podría odiar a alguien que había hecho un sacrificio tan grande por ella?

—Tengo... Tengo que contarte algo —dijo tras tragar saliva, intentando contener el llanto.

—¿Qué? —preguntó Brick sin dejar de abrazarla.

—Quieren matarte —confesó—. Me han pedido que te cite mañana a las 19:00 en el bosque. Van a disparar un arma contra ti. Un arma letal.

Pensó que él reaccionaría de alguna forma, ya fuera apartándola o fulminándola con la mirada. Sin embargo, el joven no movió un músculo, por lo que la PPG tuvo que dar un paso atrás para mirarlo a los ojos, esos ojos que ni siquiera parecían preocupados.

—¿Me has oído? —le espetó, secándose las lágrimas con la mano—. Es muy importante. Mañana no debes salir de casa por nada del mundo. De hecho, sería prudente que no salieras en unos días, hasta que encuentre la forma de solucionarlo.—Brick permanecía impasible. Su rostro no reflejaba ningún tipo de sentimiento: ni odio ni miedo. Nada. Solo una leve seriedad que se entreveía a través del suave arqueo de sus cejas. Y eso hacía que Blossom empezara a perder los nervios—. ¿Me has entendido? ¡Brick!

Finalmente, el RRB asintió con la cabeza.

—Sí. Gracias por contármelo.


Al día siguiente, las tres hermanas acudieron como almas en pena a la base a las 18:30. Ninguna de ellas había mencionado una palabra desde hacía un buen rato. No hacían más que mirar cómo las agujas del reloj avanzaban hacia un desenlace que ninguna de las tres quería presenciar. Blossom estaba especialmente nerviosa. Cuando Brick no se presentara a la cita, sería el momento para actuar. Tenía que intentar convencer al General de que aquello no era una buena idea. No solo eso; debía aclararle que le parecía algo cruel, sádico y totalmente impropio de ellas, y que si en algún momento habían decidido colaborar había sido arrastradas por las circunstancias. Tenía que haber otra forma. A Brick ni siquiera le importaba ya el destino de Townsville. Podían luchar directamente con los villanos que invadían la ciudad. Sin un líder al que seguir, sin un plan de defensa, estarían fuera de combate en poco tiempo. Brick no actuaría, o eso creía. Y seguramente Bucth y Boomer no tendrían ánimos para pelear después de todo lo que había ocurrido. La pregunta era: ¿qué haría Him? Sin duda, él era el verdadero enemigo, pero eso nadie lo sabía más que ella. No había querido contarle la verdad a sus hermanas hasta que no tuviera claro todos los detalles del asunto. Pero sabía que tarde o temprano tendría que hacerlo. Ellas merecían saber la verdad.

—¡Profesor! —exclamó Bubbles cuando vio a su padre en la sala de operaciones. El profesor la acogió con un fuerte abrazo. No había que ser adivino para saber que a él tampoco le agradaba la idea que estaban llevando a cabo en ese momento, en primer lugar porque no le parecía ético, y en segundo lugar porque, de alguna forma, sabía que aquello estaba afectando a sus hijas.

Buttercup se paró junto a ellos, evitando mirarlos a los ojos, y Blossom agarró a su padre del brazo de forma afectuosa.

—¿Ya está todo listo? —preguntó Bubbles.

El profesor asintió.

—Solo están esperando a que llegue... el objetivo.

Blossom apretó la mandíbula. "El objetivo". Qué forma tan fría de llamarlo.

Miró su reloj. Faltaban quince minutos para la supuesta cita. Un agente camuflado avisaría cuando Brick saliese de su casa, y otro más cuando estuviera llegando al bosque, donde no habían cámaras de seguridad que poder hackear. Una vez allí, un sensor de movimiento indicaría el sitio junto donde se encontraba el RRB para asegurar que no hubiera fallos.

—Todos atentos —pidió el General a su equipo—. Ya no debe tardar mucho en llegar.

Blossom tragó saliva y volvió a mirar su reloj, inquieta. Quedaban apenas cinco minutos, y todavía nadie había dado ningún aviso. Su corazón empezó a palpitar con fuerza ante la inminente prueba que se le venía encima. No esperaría, en cuanto el reloj tocara las 19:00 pediría estar a solas con el General para exponerle sus razones.

Quedaban 3 minutos... 2 minutos... 1 minuto... Las 19:00. Suspiró de alivio y se acercó despacio al militar.

—General, ¿podríamos hablar...?

¡Atención, atención, Brick está saliendo de la casa! —sonó en el telecomunicador de la sala, helando el corazón de la PPG.

No puede ser, se dijo.

—¡Vamos, vamos, todos a sus puestos! —exclamó el General, haciendo aspavientos—. Cuando termine el día, estaremos un paso más cerca de la libertad.

¡Atención, Brick está entrando en el bosque! —sonó una voz diferente.

Blossom dio un paso atrás con el rostro blanco y las manos temblorosas. Miró a su padre y a sus hermanas. Buttercup seguía con la mirada fija en el suelo y Bubbles abrazaba con fuerza al Profesor. Todo aquello no podía ser. Sentía como si estuviera viviendo un sueño horrible. Aquello simplemente no podía estar pasando.

En el monitor empezó a sonar un pitido constante que indicaba que el objetivo se acercaba a la diana.

No, no, por favor.

—Atentos —indicó el General—. A mi señal, disparen el misil.

Quiso impedirlo. Su mente le gritaba que hiciera algo, que se moviera, que gritara, que reaccionara de alguna forma, pero su cuerpo simplemente no podía asimilar aquella situación, e hizo caso omiso a las ordenes que le mandaba su cerebro. Estaba congelada, aterrada.

—¡Ahora!

¡NO! , gritó en su interior.

El monitor indicó la salida del cohete, su recorrido se dibujó en el panel, dirigiéndose hacía el RRB, y unos segundos más tarde, ambos desaparecieron del monitor. De repente, todo fueron gritos de júbilo tras la afirmación del General Harris de que el cohete había cumplido su cometido. Todos gritaban, todos celebraban, menos su familia y ella, que no podía articular una sola sílaba.

—No puede ser —murmuró mientras una lágrima resbalaba por su mejilla. Claro que no podía ser. No tenía sentido. Ella había avisado a Brick. Le había dicho la hora y el lugar exactos donde intentarían acabar con él. ¿Por qué iba a acudir sabiendo que le esperaba la muerte? No, definitivamente, aquello con lo que el cohete había impactado no podía ser Brick. Tenía que ser un truco...

Retrocedió y salió de la sala a paso rápido bajo la atenta mirada a Buttercup, la única que se había dado cuenta de que su hermana salía corriendo.


Entró al bosque como alma que llevaba el diablo. Se adentró entre las frondosas ramas y buscó desesperada el rastro que había dejado el misil. Halló una columna de humo y voló hacia allí. Poco a poco, encontró las partes del cohete que había quedado destrozado. Divisó también una serie de árboles que habían caído ante lo que parecía un gran golpe y se acercó a mirar. Allí, en el fondo de un gran agujero, se encontraba lo que ella tanto temía hallar: Brick.

—¡Brick! —exclamó, lanzándose al agujero—. ¡Dios, Brick! ¡Brick, ¿me escuchas?! —le gritó, palmeándolo en la cara. Su abdomen estaba cubierto de sangre. Recordó con horror la pesadilla que había tenido la noche anterior—. No, no, por favor—. Rogó mientras le buscaba el pulso. Gracias a Dios, todavía quedaba algo de vida en su cuerpo.

Lo agarró como pudo y lo sacó del agujero. El simple movimiento hizo que el joven gruñera de dolor. Blossom lo posó contra el tronco de un árbol para examinar su herida. Vio cómo abría los ojos levemente y respiraba con dificultad.

—¡¿Por qué has hecho esto?! ¡¿Por qué has venido?! —le gritaba a la vez que intentaba parar la hemorragia con su jersey, pero él no le contestaba, solo la miraba—. Tengo que sacarte de aquí.

Y eso intentaba hacer cuando escuchó otra voz.

—¡Blossom!

Buttercup y Bubbles se encontraban a unos metros de distancia, observando la escena, una con seriedad y otra con lástima. La hermana mayor se quedó sin palabras durante unos segundos, preguntándose qué debía decir, pero al recordar que no podía perder un solo segundo, decidió dejar las explicaciones para más tarde.

—Tenéis que ayudarme a sacarlo de aquí.

Buttercup frunció el ceño.

—¿Qué dices? No vamos a ayudarlo, y tú tampoco —aclaró.

—No podemos hacer esto, Buttercup.

—¿Cómo que no? ¡Llevamos semanas haciéndolo! Solo un paso más y Townsville será libre. No puedes echar por la borda todo lo que hemos trabajado.

—Pero no ha estado bien. ¡Nosotras no somos así! —exclamó, poniéndose en pie y acercándose a ella.

—¿A estas alturas ya qué importa? —dijo con un tono inflexible pero que dejaba entrever algo de dolor.

—Buttercup, el siguiente será Butch.

La morena relajó el ceño y apretó los labios. Los ojos le brillaron por un momento, pero enseguida se recompuso apretando los puños.

—¿A estas alturas qué importa? —repitió, haciendo hincapié en cada sílaba de forma dolorosa.

Blossom dejó escapar el aire que había en sus pulmones. Buscó la mirada de Bubbles, esperando un poco de ayuda o comprensión por su parte, pero ella ni siquiera se atrevió a mirarla a la cara. Comprendiendo que estaba sola en aquello, se dio la vuelta.

—Sí que importa. A mí me importa —dijo con la voz rota.

Buttercup la agarró y ella se soltó de un movimiento brusco. Entonces la morena se interpuso entre ambos.

—No vas a ayudarle, Blossom. Es el enemigo.

—Ya no. Eso se acabó.

—¿Cómo puedes decir eso?

—Y tú, ¿cómo puedes actuar así?

—Yo solo hago lo que es mejor para la ciudad.

—¡Esto no beneficia a Townsville, Buttercup! ¡No beneficia a nadie! ¡Y nosotras nos estamos convirtiendo en algo que no somos! ¡Así que, si no vas a ayudar, apártate!

Buttercup se cruzó de brazos y negó con la cabeza. Blossom intentó acercarse, pero por más rápida que fue, Buttercup siempre se le interponía.

—¡Ya está bien! —gritó abalanzándose sobre ella y tirándola al suelo. La morena, sorprendida de la reacción de su hermana, no pudo esquivarla y cayó con un ruido sordo.

—Ah, ¿quieres pelea? ¡Perfecto!

A partir de ese momento, se formó una lucha entre hermanas que, como tantas veces, se lanzaban ataques y golpes con furia y rabia. Bubbles gritaba a ambas para que cesaran la pelea, pero ellas hacían caso omiso, y Blossom cada vez estaba más nerviosa. Los segundos, los minutos pasaban, y Brick seguía perdiendo sangre. Si no actuaba de inmediato, moriría delante de ella.

—¡Buttercup, basta ya! —gritó, agarrándola por los brazos con fuerza.

—¿Te das cuenta de lo que estás haciendo? ¡Estás luchando con tu hermana por él!

—¡Lo siento! —volvió a gritar—. ¡Lo siento, pero no puedo dejar que muera! No quiero que muera —dijo con algo más de calma. Entonces sintió cómo las lágrimas caían de sus ojos como en una fuente—. No quiero que muera —repitió más suave, cerrando los ojos y bajando la cabeza—. Por favor, hermana—le pidió, abrazándola.

Buttercup quedó estupefacta ante tal cambio. Ni siquiera sabía si debía abrazarla o no.

—Pero, Blossom, ¿por qué?

Ella respondió encogiendo los hombros y soltando un profundo sollozo.

—Porque lo quiere —respondió Bubbles—. No es así, ¿Blossom?

La pelirroja se llevó una mano a la cara mientras aseguraba que no sabía lo que sentía y rogaba que la ayudaran a salvarle la vida a Brick. Buttercup y Bubbles se miraron, miraron a su hermana mayor, y entonces supieron que ya no había marcha atrás. A partir de esa tarde, cambiarían las reglas del juego.

CONTINUARÁ...