Disclaimer: Los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la trama a camnz.
Rápidamente se vistieron para la cena. Draco le había comprado un vestido negro de corte recto cubierto con pedrería plateada. Era fantástico y se le deslizaba como si fuera seda, de hecho sospechó que se trataba de seda. Le quedaba justo arriba de la rodilla y la pedrería formaba un patrón concéntrico que daba un efecto casi de ilusión óptica. Prácticamente la acariciaba cuando se movía. Él de verdad tenía buen gusto, pero con este vestido se había superado a sí mismo. Ni siquiera se atrevió a pensar cuanto había costado. Se recogió el cabello. El vestido parecía exigir una imagen un poco más formal. Venía con unos tacones plateados con tiras.
Draco volvía a vestir de negro. Un traje formal que obviamente había sido hecho a su medida. Su cabello todavía estaba mojado por la ducha que había tomado y lucía peinado hacia atrás y brillante. Hacía que sus facciones se vieran un poco más afiladas. Lo observó mientras se ponía sus mancuernillas en la blanca y almidonada camisa.
La habitación estaba a oscuras, no se habían molestado en encender ninguna lámpara. Tampoco habían hablado.
Cuando estuvo listo, le indicó que era hora de salir y ella accedió. Él la observó detenidamente a la luz del salón.
–Debí haber comprado alguna joya.
–Este vestido es una gran alhaja. No necesita más.
Él no expresó su opinión, en lugar de eso le tocó ligeramente el codo para indicarle que caminara. Se veía enojado. No tenía idea de por qué estaría él enojado.
Cuando llegaron abajo la gran sala de estar se hallaba iluminada. Todos se habían esforzado en su apariencia. Había mucha ropa costosa y joyería en la sala, y perfumes caros.
Habían pasado sólo unos segundos antes que Nott se llevara a Draco. Hermione se quedó a ordenar su bebida a un mesero.
–Te ves divina –dijo Marcus Flint. No lo había visto venir. También usaba un traje muy formal y le quedaba muy bien.
–No sé si divina, pero gracias –dijo ella. No podía descifrar a Marcus. Ciertamente no sabía qué estaba haciendo él cuando la besó, pero tenía la sensación que no pretendía ser malicioso. Sospechaba que sólo le gustaba probar de todo–. Tú también te ves bien.
Ese cumplido agitó una chispa traviesa en los ojos de él. "Y te puedes ir olvidando", dijo ella en su mente esperando que su expresión lo comunicara adecuadamente. Definitivamente no iba a suceder. Aunque supuso que tenía éxito con las damas con ese aire travieso. Esta noche nadie la iba a pillar sola en ningún lado. Incluso decidió que si necesitaba ir al baño tomaría a alguna chica de rehén.
Su bebida llegó, y Pansy-perra pareció seguirla.
–¿Y dónde está tu prometida este fin de semana, Marcus?
"¿Su prometida?" pensó Hermione asombrada. Le dirigió una dura mirada a juego.
–En España, supongo –dijo él.
–Una chica encantadora –dijo Pansy–. Los Flint son muy tradicionales. Fue arreglado desde su nacimiento ¿no es así? Esos arreglos no se hacen tan a menudo en estos tiempos.
Hermione no pudo evitar sentir compasión de él. No tenía idea de cómo podría ser estar prometido a alguien desde la infancia. Particularmente si ese alguien no te entusiasmaba tanto.
–Aunque algunas veces creo que vale la pena –dijo Pansy y miró a Hermione de arriba a abajo. Por supuesto quería decir que así se aseguraban de excluir a ambiciosos indeseables. Hermione sonrió severamente. No se iba a poner a la altura de la mofa.
–Aunque algunas veces la tradición se usa para perpetuar algo completamente ilógico que no tendría manera de sostenerse por su propio mérito –dijo Hermione.
–El mérito está sobrevalorado –continuó Pansy–. Especialmente cuando se da mérito a características que no son valiosas en realidad.
–¿Cómo cuales? –la desafió Hermione.
–Cuestiones de atracción fugaz –dijo Pansy, típico, estaba volviendo esto un ataque directo a Hermione y sus "vínculos" con ciertos Slytherins.
–Bueno, si es tan fugaz ¿por qué molestarse en discutirlo? –dijo Hermione porque Pansy lo sacaba a relucir cada vez que hablaban, como si necesitara convencerse de algo. Dijo el enunciado con desdén. Esa conversación ya no le interesaba. Tener una discusión filosófica con Pansy podría ser interesante, pero Pansy siempre tornaba todo en un tedioso ataque directo.
Desafortunadamente no había ningún lugar hacía el que pudiera dirigirse. No había ningún grupo de gente al cual ella prefiriera hablarle y no había nada más con que distraerse, así que estaba atascada ahí.
Draco aún estaba platicando con Nott. Tenía la bebida colgando de las puntas de los dedos, y con la otra mano se ajustaba la hebilla del cinturón. Miró hacia donde estaba ella y la sorprendió viéndolo. No sonrió, sólo se quedó ahí viéndola.
Entonces se le ocurrió, podía ir a donde estaba él. Era la excusa perfecta para escapar de esta horrible discusión con Pansy.
–Me disculpan –dijo sin ver ni a Marcus ni a Pansy. Los rodeó y caminó hacia Draco. Incluso esbozó una sonrisa para quien estuviera observando. No estaba segura si alguien observaba, además de Draco. No le correspondió la sonrisa, pero tampoco frunció el ceño. Sólo aceptó que se le uniera.
–La conversación se estaba tornando tediosa –dijo ella.
–Oh –dijo él evasivamente.
–Tan divertida como si me estuvieran arrancando la piel, hay un límite de lo que puedo tolerar en una sentada.
–Ella puede ser muy firme –dijo él con una sonrisa.
Nott estaba escuchando, así que tenían que ser cuidadosos. Draco serpenteó su mano alrededor de su cintura y Hermione hizo un esfuerzo por mostrar el frente de su cuerpo abierto hacia él, aun cuando quería alejarse y poner algo de espacio de por medio. No tanto porque lo encontrara repugnante como antes, más bien porque ya no lo encontraba precisamente repugnante.
No había duda que ahí había atracción. Una que ella no había reconocido hasta esa tarde. Su cuerpo reaccionaba a él, se puso tensa, probablemente era notorio justo debajo del nivel de vista de Nott. En una forma que difícilmente un hombre observador no se daría cuenta.
Que Draco Malfoy le atrajera era la cima de la demencia, pero de alguna manera había sucedido. Estar parada junto a él, jugando con la idea, iba más allá de la demencia.
–Tal vez vaya a sentarme un momento –dijo ella–. Mis pantorrillas están un poco tensas de la caminata de esta tarde.
No quería alejarse y estar sola, pero necesitaba un poco de espacio. Se iba a ruborizar si no lo hacía. Quedaría como un blanco fácil para la práctica de puntería de los otros Slytherins, pero no le importó.
Se sentó en un sofá y apuró el resto de su bebida. Después de un rato, Daphne Greengrass se le unió, lo cual era el mejor resultado posible en lo que a Hermione concernía. Daphne no la atacaba directamente, tendía a ser curiosa acerca del estilo de vida "alternativo" de Hermione.
–¿Te divertiste hoy? –dijo Daphne, como una anfitriona consumada.
–Fue un día encantador –dijo Hermione. "Y pertubador", no pudo añadir–. ¿Jugaste?
–Sí –dijo Daphne–. No soy tan buena como mi hermana, pero me defiendo. Deberías intentarlo alguna vez.
"Cuando el infierno se congele", pensó Hermione, pero sólo sonrió.
–Esta casa es muy bonita –dijo Hermione. No era del todo veraz ya que consideraba la decoración un poco exagerada, pero quería cambiar de tema.
–Gracias –dijo Daphne–. Entiendo que no vives con tus padres –agregó Daphne–. Eso debe ser todo un reto.
–En realidad no –dijo ella–. No es una casa grande, así que no es difícil hacerme cargo.
–Mis padres nunca estarían de acuerdo con eso ¿Los tuyos no dicen nada?
–No, apoyan mucho mi independencia.
–Que extraño –dijo Daphne. Hermione se percató que se esperaba que las chicas de sangre limpia permanecieran en casa hasta que se casaran. En algunos sentidos no eran mojigatas, tenían novios e intimidad física, pero había límites y la independencia estaba fuera de ellos.
–¿Y no tienes elfos?
–No –dijo Hermione. Supuso que parte de hacer dependientes a las hijas era omitir las habilidades necesarias para dejar de serlo. No sabían hacer cosas como cocinar o limpiar, comprar víveres e incluso pagar cuentas.
Draco se sentó al otro lado de ella. Apropiadamente cerca para su supuesta relación, lo cual significaba cerca.
Él tenía una bebida nueva en la mano.
–La cena se servirá pronto –dijo Daphne lo suficientemente alto para que la mayoría oyera–, pero hay tiempo suficiente para un trago más –hizo una seña al mesero para que tomara órdenes. Luego se volvió hacia Draco y Hermione–. Debo ir a revisar que todo esté en orden.
–A ella le da curiosidad el que yo viva en forma independiente –dijo Hermione a Draco cuando Daphne se hubo ido.
–Es un poco controvertido en esta sociedad.
–No me había percatado –dijo Hermione.
–A veces es evidente lo poco que sabes de nosotros.
No dijo nada. Era verdad, ella tomaba lo que quería y lo que no, a menudo lo desestimaba. Si continuaba con esta conversación lo más probable entraran en una confrontación y ella no quería eso. Aparentemente tampoco él.
Adrian y Miles Bletchley se unieron al grupo en el área de los asientos.
Hablaron por un rato de la logística del próximo Mundial de Quidditch en Polonia.
–¿Tienes boletos? –le preguntó Miles.
–No –dijo ella–. No podré ir esta vez.
Los chicos parecieron sorprendidos.
–Tenemos un boleto extra, si quieres –dijo Adrian. Era algo muy dulce y Hermione se sintió halagada.
–Gracias, pero tengo un viaje planeado en esas fechas.
–¿Ah sí? –preguntó Draco.
–Tengo que completar el proceso legal del tratado de comercio con las Islas Orkney –dijo ella, extrañada de que a él le hubiera sorprendido o incluso que le importara. Aunque se dio cuenta que era parte del espectáculo que estaban montando.
–¿Quién sería tan cruel como para hacer trabajar a otros durante el Mundial de Quidditch? Eso es inhumano –dijo Adrian.
–No soy tan fanática del quidditch, así que mejor yo que alguien que se muera por estar ahí.
–Recuerdo que estuviste en algunos juegos en la escuela –dijo Draco.
–Harry era mi mejor amigo, así que tenía que estar ahí.
–¿Pero al Mundial de Quidditch no irás?
–Si tú jugaras, cariño, ahí estaría apoyándote –dijo con coquetería y le dio un beso rápido en la mejilla. De nuevo no quedó duda de que ahí había electricidad, incluso en un beso rápido.
Él sonrió con esa sonrisa que estaba segura significaba problemas.
–Eres tan dulce –dijo él y le puso la mano en el muslo.
Adrian y Miles habían perdido el interés en su conversación de pareja.
Por un segundo, Hermione temió que Draco haría un escándalo porque ella no iría al Mundial de Quidditch, pero se sintió aliviada cuando no lo hizo. Era unas semanas después y ellos terminarían al final del día siguiente. Su relación terminaría discretamente y él tendría una chica nueva del brazo para el siguiente fin de semana, para cualquiera que fuera el próximo evento que los Slytherins hubieran planeado para entretenerse.
Su mano en el muslo quemaba. La falda se le había alzado un poco al sentarse y la piel del muslo quedaba expuesta. Se veía como una caricia típica entre amantes. Él pasó su mano un poco más arriba del muslo. No tan arriba como para ser grosero, sólo un poco más arriba. Sentía cada milímetro de la fricción y la sensación irradiaba hacia arriba, prendiéndole fuego otra vez.
Ella se aclaró la garganta, pero él no se detuvo. Nadie en particular les prestaba atención. Lo miró a los ojos tratando de entender la vibra que captaba de él, el porqué estaba haciendo esto. Tenía la cara completamente serena, pero sus ojos estaban vivos. Deslizó los dedos lentamente hacia dentro desde la parte superior del muslo, ligeramente hacia la parte interna donde dibujó pequeños círculos en su sensible piel.
La respiración se le dificultó. Miró a su alrededor pero nadie parecía notar nada indecoroso. Sólo un tipo descansando la mano en el muslo de su novia. Buscó de nuevo sus ojos. La estaba desafiando. Para el mundo, sólo eran una pareja con familiaridad típica, pero lo que en realidad sucedía era seducción.
Draco había cruzado la línea y ella no sabía cómo responder. No podía alejarlo, podía amenazarlo, pero no lo hacía. Sus dedos trazaron una línea de su muslo interno a su rodilla. Prácticamente quería sacudirse con la intensa sensación. Juntó los muslos apretando para que parara, pero no detuvo el calor que estallaba en ella.
Sonó una campana. –La cena está servida –dijo Daphne con orgullo.
Él apartó su mano y Hermione trató de controlar la respiración, y su mente, porque una parte de ella sólo quería montarlo a horcajadas ahí y ahora. Desde luego no era su parte más lógica.
No sabía qué hacer. Jugar este juego con Malfoy era malo con tintes de espeluznante.
Se puso de pie y le extendió la mano para que la tomara.
–¿Te vienes? –preguntó. No estaba segura si lo decía con un doble sentido, pero a su cuerpo no le pareció una pregunta poco razonable.
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