DISCLAIMER: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

¿ DIFERENTES ?

CAPITULO 21

Veinticuatro.

Era trece de septiembre y cumplía veinticuatro.

Mi último cumpleaños en Nueva York.

Para cuando cumpliera veinticinco ya habría terminado la universidad y llevaría instalada en Filadelfia unos dos meses, y trabajando para mi padre el mismo tiempo, o un par de semanas menos, ya que al acabar la universidad me tomaría dos semanas de vacaciones, para irme a celebrarlo a Cozumel con mis amigos y Jacob, a la casa que los Black tenían allí.

Qué extraños sonaban ahora estos planes, después de haberlos mantenido por cinco años.

- Feliz cumpleaños – susurró Edward en mi oído con voz somnolienta.

Sonreí y me dejé besar por el dios griego que había dormido a mi lado.

Su erección golpeaba mi muslo, cuando sus labios descendieron por mi cuello a la vez que su mano subía por mi costado hasta alcanzar mi pecho desnudo.

Giré mi cabeza para alcanzar sus labios y besarlo rodeando su cuello con mis brazos.

Completamente desnudo como estaba, se recostó entre mis piernas que se separaron para recibirle.

- Feliz cumpleaños, nena – repitió deslizando su lengua por mi mandíbula

- Gracias – ronroneé restregando mis ingles contra él – Sospecho que tienes un regalo para mí...

- Tengo varios regalos para ti – reconoció bajando sus labios por mi cuello y mis pechos.

- Empecemos por uno – pedí llevando mis manos a sus cabellos desordenados

Arrastró su rostro por mi pecho, haciéndome cosquillas con su barba incipiente, mientras su lengua dibujaba un camino húmedo rumbo a mis ingles.

Sus labios besaron mi vulva desnuda. Se separó un momento para observar mi sexo embelesado. Siempre me intimidaba un poco que lo hiciera pero a la vez me hacía sentir sexy y poderosa.

Sus dedos separaron delicadamente mis labios mientras soplaba sobre mi clítoris que se inflamó deseoso.

- Edward, quiero que me hagas el amor... – pedí porque necesitaba desesperadamente sentirle en mi interior, estirándome y llenándome...

- Ese sería un regalo para mí, y primero quiero darte un regalo sólo para ti...

- Compartámoslo – insistí

- Es mi regalo – discutió enérgico haciéndome reír – Déjame regalarte lo que yo quiera.

Dio suaves lametazos sobre mi vagina e introdujo su lengua directamente en mi centro.

Su lengua se movió profundamente dentro de mi empapado sexo, lamiéndome desde el interior hacia fuera, antes de moverse hacia arriba y dar pequeños golpes sobre mi clítoris inflamado.

Mi sangre corrió directa a ese punto e hizo latir la pequeña protuberancia. Iba a correrme en nada, pero Edward alejó la boca, dejándome en el borde exacto del orgasmo.

Gemí necesitada cuando su boca comenzó una erótica danza desde el montículo de mi vulva, hacia el pliegue de mis muslos y regresando a mi abertura vaginal.

El círculo de besos se volvió más pequeño, pero a la vez más húmedo y más fuerte.

Intenté no retorcerme, pero cuando la caliente boca de Edward se cerró sobre mi clítoris y los labios hinchados de mi sexo y los succionó juntos, no pude evitar gritar extasiada.

Introdujo dos dedos en mi interior y acarició ese mágico punto mientras succionaba más fuerte lanzándome de lleno en el abismo de un orgasmo extremo, antes de que me desplomara sobre el colchón.

Subió lentamente arrastrando sus labios por mi cuerpo hasta volver a alcanzar mis labios.

- Feliz cumpleaños – ronroneó después de darme un beso lleno de ternura

- Gracias – respondí sugerente y complacida – ¿Ya tienes listo mi segundo regalo de cumpleaños? – pedí enredando mis piernas en su cintura

Rió divertido antes de deslizar su pene en mi vagina húmeda y resbalosa.

- Dios, nene – gemí – Me llenas increíblemente...

- Quiero ser quien te complete siempre, nena...

Dio unas pocas embestidas antes de detener su asedio haciendo amago de salirse de mí.

- ¿Dónde vas? – jadeé

- Nena, tengo que ponerme un condón – gimió y yo lo hice en cuanto su cuerpo abandonó el mío – Aquí estoy – dijo en cuanto estuvo nuevamente dentro de mí

- Aquí estás – reconocí animada ante su intrusión

Entraba y salía en mí con cadente vaivén. Se apoyaba sobre sus antebrazos y tenía su rostro frente al mío mientras escudriñaba mi rostro y mis gestos.

Ver su dulce mirada fija en mí mientras se movía lentamente en mi interior me hizo ruborizar.

- ¿Qué? – preguntó con una sonrisa divertida

- Me intimidas – confesé

- ¿Yo? ¿Por qué?

- Porque me miras así.

- ¿Así cómo?

- Así, tan atentamente...

- Es porque eres preciosa – explicó acariciando mis mejillas con las puntas de sus dedos

- No lo soy – discutí sonrojándome aún más

- Lo eres y me siento muy afortunado de que me dieras la oportunidad de estar contigo.

- Tú eres quien me ha dado la oportunidad a mí. Eras tú quien tenía cientos de chicas detrás.

- Eso son tonterías.

- No lo son. Los músicos que tocan en bandas de rock'n'roll son mucho más sexys que las financieras.

- Las chicas hermosas son sexys ya sean financieras, bibliotecarias o dentistas.

- Sabía que las bibliotecarias estaban estigmatizadas con ser lo contrario a sexys pero no sabía que las dentistas también tenían ese estigma.

- No lo tienen, pero yo nunca podría considerar sexy a una chica que me pide que abra la boca para meter un taladro en ella mientras me fija una luz en la cara y ve como mi saliva cae por la comisura de mis labios.

- Tú serías sexy aún así – aseguré divertida moviendo mis caderas incitándolo

Rió antes de acelerar el ritmo de sus embestidas. Alcanzamos el orgasmo juntos y juntos nos desplomamos sobre la cama sudorosos.

- ¿Cuándo vuelves de Filadelfia? – preguntó tumbado a mi lado

- Aún no me he ido – me burlé – Volveré el domingo por la tarde.

- ¿Te vas el sábado por la mañana?

- No – expliqué – Me voy mañana cuando acabe las clases.

- ¿Mañana? – preguntó sorprendido – Creí que te ibas el sábado. Pensé que podríamos salir a cenar mañana.

- Lo siento, cielo, pero mi madre ha organizado una cena familiar mañana viernes.

- Te echaré de menos – gimió escondiendo el rostro en mi cuello

- Serán dos días.

- Demasiados para mí.

Nos quedamos en silencio pero sabía que había algo que Edward no se atrevía a decir, hasta que finalmente, después de un profundo suspiro, habló.

- ¿Verás a tu novio?

- No – aseguré – Mi novio estará en Nueva York – respondí burlona

- Tonta – sonrió – ¿Verás a tu ex novio? – rectificó

- No lo creo.

- ¿Lo crees o lo sabes?

- No lo sé, Edward. Jacob y yo frecuentamos los mismos lugares. Supongo que el sábado veré a mis amigos y es probable que él esté por allí, pero no voy a quedar con él. Si nos vemos será pura casualidad, y no tengo intención de estar a solas con él.

Asintió en silencio estrechándome contra él.

- No tienes que pensar en él, Edward – aseguré

- Es difícil no hacerlo. Llevas cinco años viéndote con él cada vez que vas a Filadelfia. Tu intención hasta hace un mes era retomar tu relación con él en cuanto acabaras la universidad. No hemos hablado más sobre eso, así que no sé cuál es tu intención ahora mismo.

- ¿De verdad lo dices? – indagué frunciendo el ceño – Por Dios, Edward, desde luego que eso se acabó. Estoy contigo y estoy feliz contigo, no puedo creer que pienses que yo tengo planes de estar con alguien más. ¿Qué crees? ¿Que le he puesto fecha de caducidad a lo nuestro? ¿Crees que te considero un entremés para estos semestres que me quedan aquí?

- No, supongo que no.

- ¿Sólo lo supones? Vaya, gracias – repliqué molesta intentando alejarme de él para salir de la cama

- Hey, nena, lo siento.

- No, está bien. Si ésa es la opinión que tienes de mí.

- Hey, lo siento. No sé, Bella, no sé por qué me siento tan inseguro contigo.

- ¿Soy yo? ¿He hecho algo para que te sientas así?

- No, desde luego que no, es sólo que... no sé... no estoy acostumbrado a estar enamorado...

- Yo no puedo cambiar eso, Edward.

- Lo sé. Supongo que debería ir a un psicólogo.

- No hace falta – aseguré – Sólo confía en mí. Me gustas mucho, Edward. Ésa es la verdad.

- Y tú a mí, preciosa. ¿Puedo darte tu tercer regalo? – dijo sugerente deslizando su lengua por mi cuello cambiando de tema abruptamente

- Ay, nene, tengo que ir a trabajar... pero tal vez si es un rapidito...

- Cómo eres de pervertida. – rió – No era un regalo sexual. Era algo material.

- Ah, vale, ok, lo siento – reí – Dámelo.

Estiró la mano a su mesita de noche y cogió una pequeña bolsita de papel de una joyería y me hizo temblar.

- Puedes volver a respirar y recuperar el color de tu rostro – susurró en mi oído – No es un anillo.

Reí y me ruboricé por mi presunción.

Dentro del envoltorio había un precioso colgante. Enganchado en un cordón de piel negro, había una pequeña guitarra eléctrica de plata que me emocionó.

- Oh, Edward, es precioso.

- ¿De verdad te gusta?

- Me encanta – aseguré rodeándolo con mis brazos y atrayéndolo hacia mí

- Es para que pienses en mí.

- Siempre pienso en ti, sin que me haga falta recordatorio alguno, pero éste me encanta.

Me volteé sobre la cama para que me lo pusiera y lo acaricié entre mis dedos cuando la pequeña guitarra descansó sobre mi pecho.

Sin importar que tenía que ir al trabajo, me dio un nuevo regalo, y no fue justamente "rapidito".

- Bella, cariño – me abrazó mi madre cuando llegué a casa el viernes por la tarde – Pensé que cogerías algún tren más temprano.

- Lo siento, vine en cuanto acabé mis clases.

- Ok, ok – aceptó – Venga, ve a prepararte – dijo empujándome hacia la escalera – Los invitados llegarán en seguida. – agregó haciéndome detener al pie de la escalera

- ¿Los invitados? ¿Creí que era una cena familiar?

- Y lo es

- ¿Entonces? ¿Quiénes son los invitados?

- Vienen los Black.

- ¿Vienen los Black? – exclamé encarándome a ella – ¿Cómo es que vienen los Black? ¿Por qué?

- ¿Cómo que por qué? Son casi de la familia.

- ¿Disculpa?

- ¿Qué te pasa, Bella? – rezongó – Los Black son casi de la familia.

- ¿Qué quieres decir?

- Serán parte de la familia cuando tú y Jake...

- Cuando yo y Jake ¿qué? – indagué molesta

- Cuando os caséis

- ¿Cuando nos casemos? ¿De qué estás hablando, mamá? Jake y yo ni siquiera estamos juntos

- ¿Qué quieres decir?

- Eso, exactamente, Jacob y yo ya no somos nada

- Oh, tonterías – dijo haciendo un gesto displicente con la mano

- No – discutí enérgica – No son tonterías...

- Oh, Bella, lleváis juntos ¿cuánto? ¿ocho años? Desde que tú tenías dieciséis.

- Rompimos hace más de un año.

- Pues no es lo que parece, ya que lleváis un año saliendo juntos siempre que tú estás aquí de visita.

- Eso se acabó.

- ¿Ah, sí? ¿y por qué?

- Porque está acabado. Jacob y yo ya no tenemos nada. Y por si eso no te basta, yo estoy saliendo con alguien más. Tengo novio.

- ¿Tienes novio? – inquirió sorprendida

- Entiendo que Jane no te lo dijo...

- ¿Jane? ¿Qué tiene que ver Jane?

- Jane conoció a mi novio esta semana cuando estuvo en Nueva York.

- ¿Jane conoció a tu novio? Pues supongo que no habrá creído que fuera una relación importante ya que no dijo nada. Dijo que tenías nuevas amistades, algunas más curiosas que otras, nada más.

- ¿Más curiosas? ¿Qué significa eso?

- ¿Qué sé yo? Pregúntale a tu hermana.

- Da igual, me importa una mierda lo que Jane piense...

- Bella – me regañó – Cuida tu vocabulario. ¿Eso es lo que te enseñan tus nuevas amistades?

- Por dios, mamá, ¿qué crees que tengo? ¿cinco años?

- Me da igual, no quiero ese vocabulario en esta casa.

- Y yo no quiero que vuelvas a sugerir que existe algo entre Jacob y yo.

- Bella, Jacob y tú lleváis toda la vida juntos. Tú lo decidiste, no yo. Tú lo convertiste en parte de la familia, no yo, así que ahora debes cargar con las consecuencias.

- Y yo soy quien lo está dejando fuera de mi vida, así que espero que lo respetes. Si lo quieres en la familia ofréceselo a Jane que estoy segura que estará más que feliz de poder tirárselo.

- ¡Isabella Marie Swan! – gritó – ¡Basta de ese vocabulario! No volveré a repetirlo. Jacob vendrá a cenar con sus padres, así que quiero que los trates con respeto. Son nuestros invitados.

- Son TUS invitados – rectifiqué – Desde luego que les trataré con respeto, pero te advierto que si insinúas algo sobre Jacob y yo, aclararé delante de todos que hemos terminado, que yo estoy con alguien más, y si es necesario, también diré que Jake se está tirando a la ex prometida de su primo – grité dándome la vuelta sin escuchar las airadas respuestas de mi madre.


A ver cómo le va a Bella en Filadelfia.

Gracias a todos por los reviews, alertas, favoritos y gracias especialmente por leer.

Dejo un adelanto del próximo capítulo:

- Bella está cursando Arte y Pintura – sonrió Jane petulante y todas las miradas se clavaron en mi rostro.

La mía en cambio fulminó a mi rubia pesadilla, que siguió comiendo despreocupadamente.

- ¿Estás cursando Arte? – preguntó Charlie desde su lugar en la cabecera de la mesa

- Es para obtener créditos extra.

- ¿Y para obtener créditos extra tienes que cursar algo tan inútil? – replicó Jacob sonriendo – Cómo ha cambiado la universidad. Cuando yo estaba en la universidad los créditos extra se obtenían cursando asignaturas relacionadas a tu carrera.

Besitos y nos leemos!