Trucos de Salón
Cap. 20
-Uf, no puedo creer esto.
-Yo tampoco.
Mai y Ty Lee deambulaban por la calle llena de gente, un poco más maltratadas de lo que estaban acostumbradas.
-Un perro... ¿En serio? ¿Un perro?- Mai suspiró, poniendo los ojos en blanco.
-Era un perro muy grande- señaló Ty Lee.
-Sí… un perro muy grande que me mordió y derribó… y dejaste que los Riversiders escaparan- Ty Lee suspiró.
-Azula no va a estar feliz- murmuró en respuesta.
-Oh chicas, ¿cuándo van a aprender?
Ty Lee saltó. Mai apenas movió los ojos. Azula se había materializado, detrás de ellas, primorosamente cepillando sus hombros -Yo no soy nadie para juzgar- continuó la ligera -Además, no fue una pérdida total. Me las arreglé para poner a mi tonto tío fuera de servicio.
-¿Iroh?- dijo Ty Lee en voz baja -Oh... a mí siempre me gustó...
-Él es un idiota, Ty Lee- espetó Azula -No lo olvides. Él es nuestro enemigo tanto como Zuko y el Avatar. Y al parecer esos Riversiders y su perro.
-En realidad creo que es el perro de Avatar- agregó Mai sin cuidado.
Azula la fulminó con la mirada y ella se encogió de hombros.
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-Zuko, por favor, puedo ayudar- declaró en voz baja Katara, se acercó con cuidado mientras se arrodillaba sobre su tío.
-No necesitamos tu ayuda- espetó.
-Por favor- repitió Katara.
Aang puso una mano en su espalda y suspiró un poco. Zuko se volvió de pronto, enviando un arco de fuego a todos ellos que apenas lograron evitar.
-¡Váyanse!- rugió.
-Vamos- dijo Aang, tomándole la mano y arrastrándola por la calle tranquila.
Appa se escabulló por detrás de ellos con la cabeza baja y la cola ondeando lentamente en el suelo. Sokka y Toph los siguieron pero todos se mantuvieron en silencio en el camino de regreso a la destilería. Cuando finalmente llegaron a las puertas de territorio Riversider, se detuvieron un poco.
-Ahora no es realmente seguro para nosotros ir allá afuera- suspiró Sokka -Tenemos a Zuko y Azula detrás de nosotros, y ambos están luchando entre sí para llegar a Aang.
-Lo siento- dijo Aang bruscamente, mirando hacia abajo.
-¿Qué?- preguntó Katara como si hubiera escuchado mal. Él negó con la cabeza.
-Es mi culpa, ustedes no estarían en este tipo de problemas si no fuera por mí- confesó mientras suspiraba con pesadez. Toph se rió un poco.
-Este tipo de problemas son solo la mitad de la diversión, Pies Ligeros- bufó ella -No lo sientas por mantenernos a todos en forma.
Él no parecía convencido en lo más mínimo hasta que Katara le tomó la mano.
-Si tuviera que elegir entre ser perseguida por un grupo de Dragones enloquecidos y nunca haberte encontrado- empezó en voz baja, sonriendo -Me quedaría con la primera siempre.
-Yo también, por mucho que me duela admitirlo- suspiró Sokka, tirando la puerta abierta -Vamos, vamos a descansar un poco.
Él y Toph se abrieron paso dentro, Appa corrió después de ellos y Katara iba seguirlos, pero Aang la sujetaba todavía.
-Gracias- dijo en voz baja. Ella sonrió.
-No hay de qué.
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Toph no exigió otra lección de Tierra Control hasta el día siguiente, cosa que Aang le agradeció. Y de todos modos fue mucho mejor que la primera. En realidad, ahora podía mover las rocas gracias a su conversación con Katara y su decisión de dejar de huir de Zuko y Azula. Pero mientras Aang avanzaba, Katara descubrió un nuevo problema: no podía verlo haciendo tierra control… se esmeraba en fingir que era debido a las altas posibilidades de verlo lastimarse. Y de verdad odiaba a verlo herido. Pero ella sabía que no era toda la verdad…
Aang no llevaba camisa mientras se practicaba Tierra Control y todo lo que tenía que hacer, era mirarlo en el momento adecuado para ver todo el desarrollo de sus músculos. Claro que había sido consciente de ello cuando hacían agua control juntos, pero la Tierra Control le obligaba a utilizar los músculos, mucho más que con el agua. Eso había provocado una reacción bastante alarmante en ella que por lo general terminaba con ella tartamudeando acerca de que tenía que ir a practicar algo de Agua Control.
Por suerte, nadie la seguía en estos momentos, porque verían que no iba a practicar (nueve de cada diez veces). Ella sólo se sentaba en el agua fría del río, con el rostro entre las manos, murmurando para sí misma acerca de lo estúpida que estaba siendo. Lo peor de todo era que Aang estaba tan orgulloso de sí mismo, que le pedía a Katara observarlo con más frecuencia y el pobre estaba tan emocionado… que no podía rechazar la oferta. Así que tendría que verlo diariamente, mordiéndose los labios, sentándose sobre sus manos, sonriendo cada vez que él le regalaba una miraba orgullosa… y tratando desesperadamente de evitar ruborizarse. Por supuesto, tan pronto como terminaban esas sesiones, Aang pediría una lección de Agua Control para refrescarse. Era entonces cuando realmente se daba cuenta que estaba con ella.
-Estás muy callada- señaló durante una de esas lecciones, mientras le enviaba un látigo de agua. Katara lo cogió sin mucha elegancia, deslizándolo entre sus dedos hasta dejarlo caer de nuevo en el río, luego suspiró y sacudió las manos para secarlas.
-Uh... supongo- se obligó a decir, concentrándose intensamente en el río para evitar mirarlo… allí de pie, sin camisa, con todos los músculos expuestos producto de la estúpida Tierra Control. Él frunció el ceño.
-Has estado actuando extraño desde hace un par de semanas- continuó -¿Qué está mal?
Katara por fin levantó la vista hacia él. Parecía desconcertado y ella se rió un poco, meneando la cabeza. Realmente no tenía idea de lo que le estaba haciendo a ella.
-Ah... no es nada- dijo a la ligera, de pie con la espalda recta y apoyada con las manos en las caderas -Muy bien, muéstrame tu forma de pulpo.
Aang se encogió de hombros y se instaló en su posición. Ella lo miró astutamente, una sonrisa jugueteaba en las esquinas de su boca. Dio un paso hacia él, apoderándose de sus codos y pudo sentir que se ponía rígido ante la sorpresa.
-Tus brazos están demasiado lejos- dijo en voz baja, orientando sus brazos hacia el interior -Si los mantienes más juntos, proteges tu centro.
-Oh... si- balbuceó él, para luego exhalar profundamente.
Ella sonrió. Él había estado conteniendo el aliento
-Gracias.
-¿Qué esta mal?- preguntó ella, con una sonrisa en su voz, dolorosamente obvia -Estás muy callado.
Él volvió la cabeza tan rápido que lastimó su cuello, y quedaron nariz con nariz.
-Ay- dijo sin expresión, mirándola intensamente.
Ella arqueó una ceja hacia él, sonriendo.
-Vaya, no te hagas daño Sparky- dijo humildemente, alejándose de él y caminando de regreso a su lugar.
Podía sentir sus ojos fijos en ella todo el camino. Cuando se volvió para verlo, él apenas había movido un músculo… aunque ahora su boca estaba abierta… Katara se acomodó en su posición, más que satisfecha.
-¿Listo?- él la miró fijamente.
-Uh...
Empezó a decir Aang, pero lo siguiente que supo fue que era lavado en la orilla del río. Ella apareció en su línea de visión, mirándolo y sacudiendo la cabeza.
-Vamos Sparky, concéntrate ¿de acuerdo?- dijo a la ligera, ofreciéndole una mano.
Él tomó con un profundo suspiro y dejó que lo pusiera de pie.
-Concentrarme- murmuró, mientras la miraba volver al río.
Las ondas de agua se formaban a su paso y le besaban la piel.
-Sí claro.
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-¡Buenos días a todos!
Katara, Aang y Toph estaban más que sorprendidos. Sokka estaba sonriendo mientras caminaba a la cocina.
-Buen día ¿eh?- preguntó su hermana.
-¿Sokka…?- preguntó el otro chico con suspicacia -¿Eres tú?
Katara lo observó atentamente e intercambió una mirada con Aang. De repente, una mirada de realización apareció en su cara.
-Oh- dijo simplemente.
-Sí- dijo Sokka con una sonrisa. Ella sonrió de vuelta.
-Oh- repitió en voz baja -Es un buen día.
-Oh bien… sus habilidades mágicas de telepatía entre hermanos atacan de nuevo- estalló Toph, agitando sus brazos en el aire -¿Qué hay de ti diciéndonos todo eso acerca del optimismo?
-Es nuestra semana- dijo Sokka sonriendo.
-¿Su semana?- repitió Aang.
-Todos los años, papá nos da una semana de descanso, no importa si hay muchas entregas o cosas que hacer- respondió Katara.
-A partir de hoy, podemos hacer lo que queramos durante siete días- continuó Sokka.
-Por lo general, hacemos un viaje hasta Ba Sing Se- agregó Katara.
-¿La gente llama a ese lugar la ciudad del pecado?... Ni hablar, nosotros no tenemos nada que hacer en Ba Sing Se- concluyó Sokka.
-Nunca he estado allí- suspiró Aang -Gyatso me iba a llevar cuando cumpliera diecisiete años- Katara puso una mano consoladora en la espalda del chico y no siguió con el tema.
-Bueno, creo que sabemos cómo vamos a gastar nuestra semana- dijo ella con una sonrisa.
-Genial- dijo Sokka con una sonrisa -Salgamos a la ciudad para recoger algunas cosas, ya saben para el camino… y entonces estaremos listos para partir.
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Apenas una hora después, estaban corriendo de nuevo.
-¿Estas personas nunca van a darse por vencidas?- gritó Toph con frustración mientras los cuatro cruzaban a toda prisa la calle.
Appa corría delante de ellos. Ni siquiera eran Zuko o Azula, sólo algunos gánsteres mercenarios, montados en motocicletas que se hacían llamar los Rinos cazadores. De repente, Toph tuvo un ligero tropiezo y Sokka la agarró justo antes de que chocara contra el pavimento.
-¿Qué está pasando?- preguntó él
Claramente no estaba contento de parar durante ninguna cantidad de tiempo.
-Uh... ah- empezó ella, haciendo una mueca -Estamos cerca del tranvía, hay demasiadas vibraciones... no puedo ver.
Efectivamente, el tranvía estaba plantado a lo largo de una calle perpendicular. Sokka miró a su alrededor rápidamente, evaluando la situación.
-¡Vamos!- le instó su hermana, lanzando una mirada donde calles más allá, un grupo de motocicletas rugían en dirección a ellos. Sokka suspiró y sujetó a Toph por la cintura, obligándola a gritar como la adolescente que era y sorprendiendo a todos ellos.
-Así que vas… y sólo me cargas ¿verdad?- gritó, enrojeciendo de vergüenza -No es como si yo esperaba que me agarras… quiero decir, no es como si pudiera verte ¿no?
Sokka la llevó en sus brazos sin decir una palabra más. Ella lo agarró por los hombros cuando empezó a correr.
-¿Qué estás haciendo?- se quejó él, casi perdiendo el equilibrio.
-Llévame en tu espalda, bobo… será más fácil.
Sokka la ayudó a montar en su espalda y empezó a correr de nuevo. Esta vez, Aang y Katara doblaron la esquina primero, y al frenar estuvieron cerca de enviar a Sokka y Toph volando fuera de la calle.
-Hey- les gritó Sokka, señalando más adelante.
La antigua biblioteca pública del sur, abandonada desde hace tiempo. La mayor parte del interior había quedado destruido debido a un misterioso incendio veinte años antes, el exterior se mantenía intacto pero había sido tapado y acordonado. Nadie estaba seguro de por qué nunca fue derribado, pero había rumores de que un espíritu se hallaba vivo en su interior. Los chicos sabían de esos rumores por supuesto, sin embargo no se molestaron en pensar al respecto mientras corrían hacia el edificio antiguo. Aang derribó la puerta sin dudarlo un segundo y los cuatro se hundieron en la más triste penumbra. Katara se volvió y congeló la puerta en su lugar tan pronto como Appa estuvo dentro. Sokka inmediatamente cayó al suelo, casi arrojando a Toph.
-Hey, dale alguna advertencia a la chica ¿no?- gruñó ella, empujándose a sí misma lejos de él y levantándose vacilante sobre sus pies.
Los cuatro se volvieron hacia el lugar en el que habían caído. El lugar no era como nada de lo que hubieran visto en su vida… estaba oscuro, para empezar. La única luz provenía de un único ventanal desgastado y sucio en la parte superior del techo, misma que se perdía en la oscuridad pues el edificio era inmenso. Las paredes estaban cubiertas con el carbón, incluso había un poco impregnado en las estanterías. Había un par de escaleras de caracol que conectaban las diferentes plantas de la biblioteca.
-Wow- se asombró Katara, sin dejar de rascar a Appa por detrás de las orejas.
-Sí- murmuró Aang, buscando con la mirada otras posibles fuentes de luz -Hey... mira eso.
Katara dirigió su mirada hacia donde él le indicó. Había algo que colgaba del techo, cerca de una pirámide de vidrio también colgada en la parte superior del edificio.
-Parece que hay alguna cosa vieja ahí- dijo Sokka con desgano.
-Se parecen a las alas de los tytos- comentó Katara.
-Sí tienes razón, son como alas- se quejó Toph con sarcasmo.
Todavía podían oír el lejano rumor del tranvía, lo que distorsiona su visión y la ponía más irritable de lo normal.
-Voy a echar un vistazo- dijo Aang.
Y en cuanto lo dijo, saltó en el aire con una fuerza suficiente para hacer a los otros tres tambalearse. Cuando llegó a su objetivo, alcanzó a sujetarse de un par de cadenas y se quedó unos momentos sopesando su siguiente movimiento.
-Aliento de hielo- dijo Katara.
-Oh sí, gracias- gritó de vuelta.
Él se giró hacia arriba y exhaló hielo sobre las cadenas hasta que se volvieron frágiles y se rompieron, un momento después, aterrizó a su lado con suavidad y sosteniendo un extraño artefacto en sus manos.
-¿Qué es?- preguntó Katara, mientras se acercaba a él. Eso, efectivamente, se parecía a las alas de aquellas lechuzas tyto que vagan por los bosques de vez en cuando, sólo que ésta era más compacta.
-No sé- respondió Aang encogiéndose de hombros -Pero me resulta familiar…
Él se alejó unos pasos y sus manos se movieron como por instinto. Las alas se plegaron y el artefacto se convirtió en una sencilla vara de madera, misma que el joven manipuló con destreza en una serie de movimientos extraños y fluidos, como si estuviera peleando con ella. Cuando terminó, le lanzó una mirada sonriente a la chica.
-Oh… eso es lo que es- murmuró ella con emoción.
-Un planeador de los nómadas- confirmó el joven impresionado.
-Sólo he visto de esos en los libros- agregó Sokka.
-Sí, yo también- respondió Aang -Los antiguos Maestros Aire usaban estas cosas todo el tiempo… pero nadie lo ha hecho en cientos de años.
Estrechó con más fuerza el planeador entre sus manos y lo miró con cariño.
-Éstos deben haber sido prestados al museo como exhibición, antes de que la biblioteca se quemara.
-¿Para qué sirven?- preguntó Toph con curiosidad, a pesar de sí misma.
-Para volar- dijo Aang con entusiasmo.
Los tres de ellos dieron un respingo cuando un estruendoso golpe rompió el silencio, se dieron media vuelta sorprendidos y confirmaron con pesar sus sospechas. Pequeñas grietas que se expandían y multiplicaban como las raíces de un árbol, estaban debilitando el hielo que Katara había creado en lugar de la puerta.
-Están tratando de entrar- murmuró Sokka.
-Bueno… tú nos trajiste aquí- señaló Toph irritada -¡Sácanos, Ronquidos!- Sokka suspiró profundamente.
-Bien- murmuró. Él miró a Toph con cautela -¿Puedes ver?- ella golpeó su pie en el suelo un par de veces y desvió la mirada.
-No mucho- admitió de mala gana.
Sokka le sujetó las manos y tiró de ella sobre su espalda sin decir una palabra más, provocando otro grito de sorpresa por parte de la bandida ciega. Todos tuvieron el tacto de ignorarlo y comenzaron a correr de nuevo.
-Escaleras- gritó Sokka, virando a la izquierda al mismo tiempo que el hielo colapsaba detrás de ellos y una lluvia de bolas de fuego chisporroteante volaba en su dirección. Aang empujó a Katara detrás de él y utilizó el viejo planeador como escudo delante de ambos, desviando las llamas.
-Bueno, estoy impresionada- dijo Katara con una sonrisa.
Aang puso los ojos en blanco y agarró su mano, tirando de ella mientras corría para ponerse al día con Sokka y Toph. Los cuatro chicos (dirigidos por Appa), bajaron un primer nivel de escaleras, cruzaron un amplio terreno que antiguamente había servido de recepción, y no detuvieron su carrera hasta que estuvieron convencidos de haber perdido a sus perseguidores en algún punto del laberíntico y oscuro pasillo, mismo que ahora recorrían con menos prisa. Sin embargo les preocupaba perderse ellos también puesto que dicho pasillo, era enorme, conectaba con algunos otros más angostos y oscuros, tenía un gran número de curvas y desviaciones, y por si eso fuera poco… había una gran cantidad de tramos tremendamente desgastados por el tiempo, de modo que varias veces estuvieron a punto de caer en un agujero o tropezar con algún obstáculo.
Luego de unos momentos andando en completa oscuridad, dieron con una salida lateral y terminaron en la base de otras escaleras que conectaban con el piso de arriba. Empezaron a subir con cautela y en silencio pero, por desgracia, los Rinos fueron más rápidos de lo que Sokka había esperado. Ellos, de algún modo ya estaban en la parte superior de la escalera, y justo en el momento en que los cuatro estaban a la mitad del recorrido, algunas bolas de fuego comenzaron a llover sobre ellos con una frecuencia avasallante. El ataque los tomó por sorpresa y sólo Aang reaccionó de inmediato, dando un paso al frente y presentando su mejor defensa para dar tiempo a sus amigos de buscar otra salida, pues era consciente que a pesar de sus esfuerzos, no podría protegerlos por siempre con su planeador. Sokka intentó incorporarse y apoyarlo, pero falló un paso e hizo que los cuatro se derrumbaran escalera abajo. Appa se agazapó junto a ellos sin dejar de gruñir y el ataque se detuvo al tiempo que los mercenarios bajaban lentamente los escalones, avanzando directo hacia ellos y dispuestos a capturarlos o acabarlos.
-Rayos- murmuró Aang, cuando aterrizaron sin ninguna elegancia en el extremo del pasillo por el que habían llegado, junto a un montón de ramas enredadas.
Él se puso en pie lo más rápido que pudo, y estaba buscando el modo de crear una vía de escape o al menos evitar que sus atacantes los tomaran por sorpresa de nuevo, cuando la voz de Toph desvió su atención a otra parte.
-Chicos, esta escalera es de madera…
Y efectivamente… las escaleras estaban alimentando el fuego, haciendo que éste avanzara con inquietante rapidez. A pesar de ello los Rinos permanecían firmes, avanzando hacia ellos sin hacer caso a nada más, ni siquiera al hecho de que el lugar, lentamente estaba llenándose de humo.
-Tenemos que pasar- gritó Sokka, sobre el rugido de las llamas.
Los gritos de los Rinos y los ladridos incesantes Appa no ayudaban mucho, pero aun así, todos parecieron captar el mensaje y corrieron hacia la única vía de escape, el oscuro pasillo a su derecha.
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Ninguno había corrido tanto en su vida, pero al menos estaban a salvo. Una puerta se cerró y el único sonido que se escuchó después, era de ellos mismos tosiendo. Aang abrió los ojos lentamente… al parecer, había traído con él a Sokka y Katara, quienes estaban expulsando el humo de sus pulmones.
-¿Dónde estamos?- le preguntó la chica con voz débil.
-¿Dónde está Toph?- agregó Sokka.
Aang miró a su alrededor con preocupación y segundos después se percató de otra importante falta.
-¿Dónde está Appa?
Los tres se apartaron de la puerta y se quedaron sin aliento al mismo tiempo. Estaban en una sala casi idéntica a la de la recepción, pero ésta no se reducía a despojos de ventanas, escritorios y montones de cenizas.
-¿Una biblioteca subterránea?- dijo Katara incrédula.
-Correcto.
Los tres dieron un respingo y miraron a su alrededor buscando la fuente de la voz. Un fuerte ruido de aleteo rompió el silencio al tiempo que un búho enorme, aterrizaba delante de ellos en medio de una ráfaga de viento y un inquietante chasquido de garras.
-Una biblioteca subterránea… que estaba destinada a permanecer en la clandestinidad- dijo el búho en voz baja y melódica.
-Eres… - comenzó Aang con incertidumbre, albergando cierta sensación de familiaridad con el búho.
-Wan Shi Tong, el Espíritu del conocimiento- anunció el búho -Y yo protejo esta biblioteca de la maldad de su especie.
Y al mismo tiempo, Aang, Sokka y Katara soltaron de golpe el aire que habían estado reteniendo.
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