21.- Las voces en el aire
Ninguno de los personajes me pertenece, todos son propiedad J.K. Rowling
.
.
-…Bellatrix.
El hombre levantó las cejas mostrándose impresionado.
-Muy mala suerte señorita Granger, que fuera justamente ella.
La muchacha asintió en silencio, su cara palidecía. El reloj de la sala, como una vena del tiempo pulsaba sus compaces, les prestaba una voz a los segundos que transcurrían. En la penumbra la joven levantó la manga de su suéter, unas manos frías y callosas tomaron su brazo y miraron, con escrutinio de médico, de hacedor de violines buscando marcas en la piel de tierna madera.
Sangresucia
La boca del hombre está fruncida, ella no le ve los ojos, sus manos le sostienen el brazo.
-Por suerte Dobby llegó a ayudarnos, quién sabe qué hubiera pasado si no fuera por él, pero murió ese mismo día.
Su rostro parece tornarse grisáceo, los labios se le han quedado blancos, los ojos enormes tienen un brillo acuoso y opaco.
-Se puede borrar, no lo he hecho porque no soy muy hábil con mi mano izquierda y se necesita mucha presición, igual que con la cicatriz de su frente.
-Dame tu varita.- La voz fluye pesada, demasiado grave.
Ella extiende la varita hasta la mano del mago, la punta está detenida en su brazo, en la S, donde empieza el nombre por el que tantos la han llamado. El nombre que la convierte en una persona indigna, no importa lo que haga. Siempre se dijo que no creía en ésas cosas, pero cuando vio la palabra tatuada en su brazo sintió que en el fondo siempre lo había creído un poco, que no se merecía estar allí, en Hogwarts, que de alguna forma, todo era demasiado bello.
-Me preguntó por qué siempre interrumpía en sus clases.
Snape alzó la cara, pudo adivinar por la voz fallida que el llanto estaba cercano.
-Porque si no era la mejor en todo, no tenía derecho de estar con los magos, yo…tenía que demostrar que no era basura.
El hombre no dijo nada, volvió los ojos a la cicatriz.
-No creo que tengas qué demostrárle nada a nadie, en el fondo los que te insultaban eran unos cobardes, supe que los Malfoy escaparon ¿Crees que eran mejores que tú?- Snape hablaba duramente, casi como la reprendiera por alguna poción arruinada.
-No.
-Entonces deja de llorar. Dime el hechizo y te quitaré la marca.
La muchacha murmuró el hechizo, pronto el hombre lo susurraba, la varita iba halando la piel hasta dejarla en su lugar, era doloroso, pero muy eficaz.
Los ojos de Snape anduvieron hasta la pared, hondos, cargados de algo que ella no lograba nombrar. Llegaron al rostro de Granger.
La marca ya no estaba, el brazo de la muchacha seguía sujeto por una de las manos del hombre.
-¿Cuánto tiempo te torturó?
-No sé, pareció muy largo, quizás algunas horas.
Él la soltó despacio. Hermione miró su brazo, ahora limpio, tal cual había sido siempre, alzó los ojos agradecida, el hombre estaba hundido en su pensamiento, con el rostro mortalmente serio, su cara en ocasiones parecía piedra o una cera muy dura y muy fría.
-Profesor Snape.
La mirada desintegrante vago hasta ella.
-Muchas gracias.
Su expresión no cambió en nada, hasta que la muchacha siguiendo un impulso le tomó le mano y le dio un beso tímido en su mejilla hundida. Piel rasposa, un ahogamiento momentáneo. De pronto tuvo miedo de lo que había hecho y murmurando un tembloroso buenas noches se fue a su cuarto sin mirar al que había sido su maestro.
El hombre tocó cómo a una herida viva el lugar en el que había nacido el beso.
Estaba horrorizado del brote de euforía que se arremolinaba en su pecho. Todo olía a vainilla, él olía a vainilla. Un aroma de empalagoso mal gusto.
Fue a asomarse por la ventana de la cocina. La fugaz caricia de los labios de Granger le erizó la piel. Tenía que asfixiar la sensación benéfica que le causaba aquél acto. Él era Severus Snape, un hombre como él no debiera ser vulnerable a tales cosas. Pero eran tan escasas las ocasiones en las que la gente se atrevía a acercársele, que bien podría enumerar las veces en las que había ocurrido, por ejemplo, una vez cuando era joven, McGonagall le había puesto la mano en el hombro cariñosamente, un gesto impropio de una mujer severa como lo era ella. No lo había olvidado nunca.
A pesar del hombre que era, a pesar de la mala opinión que tenía de casi todos los que lo rodeaban, no podía olvidar esos detalles.
Se sentó en el filo de su cama y reconstruyó la escena parte por parte, quizo mirarla desde fuera, como a una fotografía. El reloj seguía sonando, la cara del hombre siempre parecía solemne por sus tonos, la marcada y lúgubre diferencia entre el blanco lánguido y el pesado negro. Siempre parecía que iba a un funeral, siempre se le notaba casi translúcido, a veces le veía las venas, verdes y moradas en los brazos, como si apenas las cubriera una capa delgada de piel. Jamás se imaginó besando la mejilla de ése hombre en particular, bien hubiera podido besar a Remus quién parecía necesitar una atención así o a Sirius que tal vez habría sonreído y le habría guiñado un ojo, Sirius la belleza decadente. Pero a Snape era casi absurdo.
Ni siquiera había mirado su rostro después de la transgresión, de la infamia de un beso en la mejilla más hosca. Había sentido demasiada vergüenza como para atreverse a hacerlo. Ella debía empezar a contenerse y comprender de una buena vez que no todos deseaban sus abrazos o sus cariños fraternales, ya se lo había demostrado Kreacher, asqueado de su consuelo, pero su impulos de hacer algo para aliviar o para expresarse eran más fuerte que ella en muchas ocasiones. Sólo esperaba que Snape no lo tomara tan mal como el elfo.
Vivián dentro de una especie de círculo y de horarios que casualmente siempre coincidían. Uno se sentaba en el sillón y era cuestión de minutos para que el otro llegara, ya fuera a tenderse en la alfombra si era Granger o permanecer de pie junto a un estante de libros si era Snape. El que esperaba, sabía que el otro aparecería por el umbral muy pronto. Entonces fingían que iban a tomar un libro, que no estaban procurándose, cazándose de alguna manera.
Granger estuvo preocupada por la reacción del ex profesor ante el beso imprudente que le había abandonado en la mejilla, pero al día siguiente cuando lo encontró esperándola en la cocina con la mirada despejada y clara, supo que ésa expresión era lo más cercano a la simpatía que el rostro de Snape era capaz de demostrar.
Era hora de perderle el miedo al pocionista, ¿Qué podía hacerle él después de todo? Empequeñecerla con una de sus reprobatorias y aplastantes miradas, insultarla, gritarle… todo eso ya lo había hecho ¿Qué más daba si lo hacía de nuevo?
El hombre parecía estar satisfecho de que ella lo acompañara, no le gruñía, no era grosero, al menos ya no con la intención de serlo. La saludaba, le hacía algunas preguntas casuales, incluso en muy extrañas ocasiones lo había visto paseando su extraña sonrisa socarrona e irónica, como si recordara algo.
Y todo por un beso simple y fugaz. Ella empezaba a preguntarse seriamente quién había iniciado en realidad la guerra fría entre Snape y Harry ¿qué había sido? ¿Cuál de los dos sin saber había prendido la mecha? Quizás ninguno, quizás alguien en medio de ellos mucho tiempo atrás.
James Potter.-Pronunció Hermione en medio de su habitación.
Granger sonrió abiertamente, sin malicia, cara a cara. El rostro del hombre no mutó, pero los ojos se le suavizaban, de pronto parecían llenarse de algo, de una energía ebullente escondida entre la negrura.
Ella se arqueaba sobre la mesa, tapándose la boca con una mano, tratando de evitar una carcajada, pero no lo logró y su risa se liberó en medio de la cocina, se extraño de su propia voz tan sonora y vital. El hombre la miraba sorprendido, sus labios se estiraron ligeramente, sus ojos parecían pequeños como rendijas y vibraban. Hermione se detuvo poco a poco, hasta que se quedó con su primera sonrisa pegada en la cara y miró al hombre con una atención honda. Y pensó en que nunca lo había visto sonreírle a alguien.
Alargó la mano hasta la del hombre que estaba detenida a media mesa.
-Ríase profesor Snape.
Los ojos negros vagaron atónitos alrededor de su semblante, ablandados todavía.
-Con sus risas basta para dos.
Hermione supo que eso no era un insulto, por el tono de levedad con el que lo dijo. Entonces apretó la mano echa un puño dentro de la suya.
Me gusta verlo caminar por la casa, usted me recuerda muchas cosas. Me recuerda a Hogwarts que parece construirse alrededor del suelo que usted pisa, como si lo llevara grabado en la planta de sus pies, usted huele como Hogwarts, como las mazmorras, exhala frio, exhala esa luz estancada y verdosa que había allí.
Cuando lo veo subir las escaleras pienso en la torre de astronomía, en el cielo gris y rumoroso de relámpagos, en las velas flotantes del comedor. Usted anda por el mundo como un soldado, camina como si desde dentro de usted las trompetas llamaran a la guerra.
Y me gusta sonreírle, por que parece que en alguna parte alguien encendiera una luciérnaga para usted. Un botón brillante y azul
Usted tan pálido, usted y su elegancia que de algún modo no termina de empatar con su cara de enemigo. Usted es lo desconocido, usted es una intrigante que no entiendo como empezar a contestar. Usted el misterio del príncipe, el secreto de las serpientes.
Ahora que lo conozco…no, que empiezo a conocerlo, me maravillo y me entristezco y me pregunto.
¿Cuándo me lo va a decir? ¿Lo hará alguna vez? ¿Qué fue? ¿Qué gota oscura manchó su vida? ¿Qué error tan grave cometió?
¿Estás feliz aquí?
Sonríes muchas veces al día, sales a la calle a comprar cosas para comer y vuelves, con tu olor a vainilla que no abandona la casa del todo. Incluso esos estúpidos cuadros empiezan a parecerme suficiente, la mesa redonda, la ventana, las escaleras,son suficiente. No tengo que ir a ninguna otra parte, no me importa si estoy en arraigo, esto no es una prisión para mí. No quiero salir.
¿Tú quieres irte? Nunca lo has dicho.¿Por qué el mundo tiene qué empezar de nuevo?
Me es suficiente con lo que hay aquí, me es suficiente contigo. Esta espera transitoria, es la última de mis posesiones. No hay nada más allá de ella.
Hermione
¡Escríbeme maldita sea! ¿Qué es lo que pasa contigo? ¡Ya basta, escribe! ¿Qué quieres que haga? ¿Qué vaya allá? ¡Tengo que estar con George y te lo dije! No puedes estar enojada por eso, tú estás con Snape ¿O ya se te olvido que preferiste estar con ése grasiento que conmigo? No te lo dije, es cierto, pero te lo digo ahora: quiero que estés conmigo, quiero verte todos los días, no entiendes lo de la esfera de luz ¿no lo has entendido? Tú me traspasaste ese día. Tú eres esa esfera de luz. No puedo dejar de oír tu voz, de desear oírla de verdad.
Hermione, por favor, sólo escribe.
Ron W.
Un día más sin una carta tuya y no entiendo por qué.
Ya no sé de que otra forma pedirte que me escribas aunque sea unas líneas. Quiero pensar que algo te lo está impidiendo, pero no encuentro qué.
Ronald, te amo, ¿ya no me quieres?
Tuya Herminoe J. Granger
La muchacha encendió una grabadora muggle que había encontrado en un viejo armario. El hombre espera sentado en el sofá, simula leer, la mira, escruta el tono cambiante de su cabello helicoidal. La música se disipa, acalla al reloj, una voz gruesa de mujer, densa, lenta, se desplaza, fluctua sensual, toma la habitación, absorbe los silencios. La joven greñuda se mueve de un lado a otro torpemente, de pronto al hombre le parece demasiado joven, le causan gracia sus pies imprecisos y su maraña en la cabeza. Ella se gira a mirarlo, cómplice, un coro interviene y se alza, se impone. Hermione es más bonita enredada en una canción, a él le gusta, la música pareciera salir de ella. Si no fuera quién es, quizás ya no estaría sentado en el sillón, limitándose a mirarla. Ella sonríe y sigue el compás, observándolo, se siente en el umbral de dos mundos al mirarlo a él rodeado de ruidos de saxofón y voces de mujeres negras. No puede no sonreír. Se lo imagina en todos lados y piensa que siempre que lo vea fuera de Hogwarts tendrá la misma sensación de que está en un universo alterno.
Por las tardes se sentaban a escuchar la música muggle que Hermione había encontrado, sonaba a vitrales, a callejones de ladrillos rosas, a tapices, al movimiento de una ciudad lejana, sonaba a mujeres frente al espejo, a días y a recuerdos que ellos no tenían.
Granger puso un cassete y se sentó a escuchar en el brazo del sillón, en el que también estaba Snape, él le miraba la espalda y el pelo retorcido, pensaba en que pronto llegaría el día del juicio y la casa en silencio y los discos acompañantes y Granger ya no estarían más.
La música daba vueltas encima de sus ojos como un listón y un jugueteo cambiante. Le gustaba incluso a él que casi nada le había gustado en la vida.
Cerró los ojos, todo estaba negro detrás de sus párpados.
Negro y suave. Un resplandor rojizo y lineas coloridas se removían en su visión oculta, la música seguía andando, bailando sola, inundando los rincones de las estanterías y los recovecos de los libros. Granger era y estaba, a sólo unos centímetros, no la veía, pero su olor vagabundo le hacía palpar su presencia.
Cada vez olía más a vainilla, un aroma casi material, un perfume que de pronto ya no era sólo eso, había calor, había un peso suave y hebras que se le metían en la nariz cuando aspiraba.
Abrió los ojos, muy despacio como si fuera a perturbar el agua de un estanque si se movía, si respiraba. Los saxofones seguían sonando como botones de luz echado chispas. El peso en su hombro, era un tejido de azarosos cabellos de trigo, una cabeza juvenil con una pequeña sonrisa en medio.
Estaba escindido entre la muchacha afectuosa y la normalidad y la coherencia y todas esas cosas que tienen que ver con el orden y el sentido común. ¿Y cuando le había importado eso a él? En realidad si bien le gustaba pavonearse de su buen uso de la lógica nunca había sido precisamente una persona muy racional. Entonces respiró apenas debatiéndose ante la idea de recargar su cabeza también o de apartarse o de fingir que estaba dormido y no sabía nada. Ninguna de las opciones sonaba a él mismo, gritarle y mandarla a su cuarto sería quizás lo más prudente y lo más correcto.
-¿Quién habrá vivido aquí antes que nosotros?
Sus ojos muy grandes lo retuvieron en una mirada. Él sólo negó con la cabeza ¿por qué ella estaba tan tranquila?
-Perdón, suelo recargarme en Ron y en Harry no me puse a pensar en que a usted podría molestarle.-Hizo el amago de apartarse.
-Déjalo, puedes quedarte como estás ¿piensas que una niña va a intimidarme?
Hermione se encogió de hombros y regresó con rígida incomodidad a la posición en la que había estado.
-Pensé que simplemente no le gusta que lo toquen.
El hombre no dijo nada. Granger sintió como con el transcurrir de las canciones y de la lluvia de afuera el hombro en un inicio tieso empezó a relajarse. Snape debía tenerle algo de estima, si no fuera así, él no permitiría tal acercamiento. Sonrió pensando en todo lo que había tenido que pasar para que se diera ése momento tan sencillo. Tuvo que lavar gasas sucias, curar heridas, soportar neuróticos convalecientes y ataques de mortífagos, dormir debajo de una cama y empaparse en el patio. Snape no era una amigo sencillo, sin embargo Harry tampoco lo había sido. Se rió levemente el hombre la miró de soslayo.
-Estaba pensando en el día en que me dejó en el patio con una sábana. ¿Por qué hizo eso?
La muchacha no parecía movida por una curiosidad rencorosa.
- Me gustaba molestarte, quería que te enojaras y perdieras los estribos.
-¿Para qué?-Le preguntó Jean volteándose a mirarlo, la nariz enorme aspiró un mechón de pelo y luego el hombre lo apartó con una mano, la muchacha pareció cercana a reírse.
-Me reventaba tu aparente madurez, quería que hicieras una rabieta para poder reirme en tu cara y burlarme de tu orgullo.
-Eso es un poco enfermizo ¿no le parece?
-No me gustan las personas que se creen las buenas de la historia, los cánones de perfección.
Hermione se encogió de hombros, en realidad a ella tampoco le gustaban.
-Hablaba en clase no por que me sintiera perfecta si no todo lo contrario y eso me causaba un frenesí por hacer que todos vieran que no era una inútil.
-Ya lo sé.
La muchacha inhaló fuerte, su coronilla rozó el mentón puntiagudo de Snape.
La cinta del cassete daba vueltas en la grabadora, el susurro rasposo de la voz llamaba a una mujer una vez tras otra. Hermione pensó en Ron y dejándose llevar hizo la pregunta más terrible que podría hacersele al hombre de luto.
-¿Alguna vez se enamoró?
El hombro hospitalario se volvió rígido de nuevo, Hermione no tuvo que percibir más para darse cuenta de que había cometido una tontería.
-No tiene qué responderme.
-Una.-Dijo con la voz ronca, estrangulada y hasta un poco agresiva.
Granger respiró de nuevo liberando el aire con cierto alivio. Al menos había salido airada de su desliz.
-¿Dónde está?
-No está.
La cabeza greñuda se internó con más insistencia en la concavidad entre el hombro y la barbilla del hombre. No tenía ninguna palabra que darle y lo tocaba para atravesar el momento después de aquella respuesta, para hacerlo pasar pronto. La voz en el cassete se expandía como un coágulo.
Vine arrodillado
Junto a tu corazón
Ojalá decirle que lo sentía sirvera de algo, pero no. Le pasó la mano por debajo del brazo y lo apretó, Snape estaba completamente inmóvil, callado y duro. Era eso lo que se había ido, era eso lo que estaba muy lejos y que esperaba cuando se asomaba por las ventanas. En sus ojos se formó un líquido tibio que trató de retener.
Incienso de besos te doy
Escucha mi rezo de amor
No quería mirarlo, era como si lo hubiera abofeteado nuevamente. Quiso hablar, pero no salía nada de su boca usualmente feliz de soltar palabrerías emocionadas por todas partes. Sólo acertó a frotar el brazo vestido de tela negra, a frotarlo con su mano como si limpiara una vajilla o quisiera devolverle el calor al cuerpo. Fue un gesto torpe, atropellado, más un rascar extraño que una caricia, pero igual lo hizo varias veces. Snape movió un brazo, como diciéndole que no era necesario, que parara.
-Perdón.-Dejó salir para luego hundir fuertemente la cabeza en el espacio libre que había en el cuello del mestizo.
Virgen de medianoche
Virgen, eso eres tú
-Apaga ya eso, hace frio yes de noche, deja de llorar por cualquier tontería.
Granger se apartó mientras el hombre se incorporaba y picaba los botones de la cassetera con frustración violenta por que no encontraba el indicado y quería quedarse sólo en ése preciso instante. La muchacha se envolvió bien en su abrigo, moqueando un poco.
-Soy muy sentimental, no es mi intención.-Se levantó del brazo del sofá, acomodándose un mechón terco detrás de la oreja, pero volvió a su frente un instante después.-Es el botón azul.
El hombre murmuraba palabrotas.
Bajaré las estrellas para alumbrar tus pies
Luego silencio, luego el reverente tic tac y una mirada estremecida entre la joven y el mestizo.
-Vete a dormir Hermione.- Una frase final, apagada, amable pero casi impaciente. Quiso abrazarlo, dio unos pasos, pero él la miraba y su expresión de metálica dureza le desinfló el valor. Retrocedió disimulando sus intenciones iniciales.
-Que pase buenas noches.
Dejó atrás al viudo pálido, al mestizo despojado. Quería dormir y no pensar en nada.
Hola! He vuelto con un nuevo capítulo.
Gracias por sus comentarios a :
Dulceysnape, Paladium, Mama Shmi, Alexza Snape, Pandora 0000 y meliz de snape (en realidad no tengo facebook, pero puedo darte mi correo de hotmail.)
La canción que usé es virgen de medianoche, interpretada por Daniel Santos y es muuuy vieja, aunque no está emparentada con el jazz, le gustaba a mi maestro y la puse pensando en él.
Saludos, hasta dentro de una semana. Por favor dejen review son el motor de éste fic y ¡sólo tienen que apretar un botón!
