Fandom: Voltron: Legendary Defender

Personaje: Hunk

Clasificación: T (Adolescentes y Adultos)


Un crujido de madera, un par de golpes leves y silencio de una risa terminada a medias, y Hunk sabía que mirar a sus espaldas significaría aceptar que dudaba de la presencia de su amiga en el corredor.

—¿P-pidge?—titubeó encogiéndose en hombros, el miedo haciendo temblar su cuerpo entero más que el frío mordiéndole la piel—Ya no es gracioso, Pidge, por favor.

La oscuridad del pasillo lo rodeaban por completo, casi tragándolo como si de una bestia hambrienta se tratara, y el seguir caminando hacia el fondo, donde la puerta vieja y rota parecía burlarse de él le causaba más ansiedad que el resto.

—Pidge, por favor enciende la linterna—pidió, su voz rompiéndose a las orillas—. Admito que soy un cobarde, lo dije incluso antes de entrar, ¿qué más quieres de mí? ¿Que muera de un infarto?

Silencio.

Y el escalofrío que lo recorrió desde la punta de sus pies hasta el inicio de su cuello lo hizo jadear, intentando no sollozar.

— ¿P-pidge?

Su voz hizo eco en el pasillo y bajó la mirada, viendo sus puños apretarse y relajarse un par de veces antes de respirar hondo.

—N-no es gracioso, Pidge...

Tragó, ni siquiera preparado mentalmente para ver detrás de él, pero aun así se giró con lentitud, la oscuridad y soledad del pasillo recibiéndolo de manera silenciosa. El corazón se le hizo un puño.

— ¿P-p-p-pidge...?—tartamudeó, girándose por completo y tratando de hacerse pequeño, sintiendo que cualquier movimiento llamaría la atención de algo indeseable— ¿D-dónde... dónde estás...?

Dio un paso y su pie golpeó algo, haciéndolo bajar la vista con lentitud y encontrando la pequeña linterna que su amiga traía. Jadeó y alzó la mirada, desesperadamente viendo alrededor a todas las puertas cerradas.

— ¿Pidge?—dijo más alto, aunque su voz seguía temblando— ¡Pidge!

No hubo respuesta y dio un paso hacia donde se suponía que la entrada estaba, esperando que saliendo del maldito edificio abandonado pudiera encontrarla riéndose de él a la luz de la luna. Pisó algo que de inmediato se rompió bajo su peso y retrocedió para ver qué era aquello, encontrando en el suelo las gafas características de su amiga, rotas y abandonadas.

— ¡Pidge!—gritó esta vez lágrimas brotándole de los ojos, más asustado por el bien de ella que por el propio, y su respiración se detuvo al oír una de las puertas abrirse con el murmullo de un rechinido.

Boqueó antes de mirar y en la oscuridad no pudo distinguir más que una silueta en el suelo.

— ¿P-pidge?—susurró temblorosamente, reconociéndola a pesar del juego cruel de sombras, y en vez de inteligentemente tomar la linterna y alumbrar la habitación, entró en ella con lentitud, ladeando la cabeza al tratar de ver con más claridad en la oscuridad— Pidge...

La puerta se cerró con un viento inexistente.