La mañana se había ido. El agua de mar ya alcanzaba a mojarles los pies donde la marea estaba subiendo. El sol se estaba cayendo matizando el cielo de rayos naranjas.
—Ryu...
La respiración de su amigo le mostró que se había quedado dormido en su abrazo.
«Ryu... debes de estar muy cansado».
Shuichi acomodó a su amigo sobre sus piernas. Ryuichi solía ser un muchacho muy hiperactivo y no se imaginaba lo que debería de haber pasado para que se hubiera quedado dormido en su regazo a media tarde.
Tatsuha había mandado traer a dos de sus mejores esclavos —los que solía usar—. Un chico y una chica. Takako y Aiya.
En esos momentos se encontraba en plena orgía. Aiya estaba dándole sexo oral mientras Takako la penetraba. Esto solía excitarlo mucho pues su vena voyerista salía a flote, pero ahora había algo diferente. No se sentía igual de excitado que otras veces y no sabía porqué.
Tomó la cabeza de la chica y empezó a empujar, sabiendo que el orgasmo se acercaba y con un gemido ahogado se corrió en la boca de la chica, pero aún se sentía insatisfecho. Ni siquiera puso atención cuando la chica y el chico llegaron al clímax, pues su mente inmediatamente evocó una imagen... la de Ryuichi gimiendo bajo su cuerpo. Aclaró su mente y regresó a lo que estaba. Ahora quería tomar a Takako.
—Ven aquí Takako, ya sabes que hacer.
A Takako le gustaba "dar" tanto como le gustaba "recibir". El sabía que era uno de los favoritos de su amo. Se había dado cuenta de que su amo sí sabía usar lo que tenía. Pero últimamente ya no lo llamaba y conocía la razón a la perfección: Ryuichi Sakuma. El favorito de Noriko y ahora de su amo.
Ese muchacho le estaba quitando su lugar y no iba a permitirlo. Algo que le llamó la atención fue que su amo quería que le diera sexo oral. Sabía de antemano que los kaizokus —al menos los caídos—, sólo podían tener una erección cada cuatro a seis horas, y que después de unos minutos quisiera una segunda ronda era imposible, pero aún así no dijo nada y procedió a darle placer al pene de su amo mientras Aiya le lamía los pezones. Los minutos pasaron y su erección no regresaba a pesar de que Takako estaba utilizando sus mejores técnicas.
Viendo los esfuerzos infructuosos de sus esclavos, se los quitó de encima, se levantó de la cama y se puso una bata.
»Quédense aquí.
Takako y Aiya se dirigieron miradas de confusión e interrogación, quedándose solos en la cama.
—¿Se estará volviendo loco?
—¿Porqué lo dices?
—Quería que lo excitaras de nuevo —cuestionó la chica
—Es extraño... No lo vi como si estuviera disfrutando.
—De seguro ahora prefiere a ese tal Ryuichi —La mirada de Takako se llenó de furia—. ¿Celoso Takako? Te están reemplazando
—Por favor... ese enano nunca podrá quitarme mi lugar.
Tatsuha caminaba por el pasillo exterior. La tarde ya había llegado. Estaba impaciente, faltaban cerca de cuatro horas para que pudiera volver a tener a Ryuichi entre sus piernas. Mientras caminaba por el corredor, no pudo evitar dirigir su mirada hacia la orilla de la playa. Allí, justo donde se estaba ocultando el sol, donde antes había dos siluetas, ahora había una... ¿Y media?
Enfocó su vista y entonces lo vio claramente. El esclavo de su hermano estaba sentado en la arena de la playa y Ryuichi estaba recostado plácidamente sobre su regazo.
Se acercó un poco para tener una mejor vista. Caminó hasta estar a unos diez metros de distancia por un costado, oculto detrás de una palmera. Quien lo diría. El gran kaizoku Tatsuha Uesugi escondiéndose.
Ahí lo vio. Las calmada facciones de Ryuichi. Un rostro relajado que nunca había visto. Por primera vez en su vida sintió un calor incómodo en su pecho. Una sensación indescriptible que sintió al ver a Ryuichi con una sonrisa en su rostro mientras dormía en el lecho del otro esclavo.
No supo durante cuánto tiempo estuvo observando aquella faceta desconocida en su esclavo.
Alcanzó a ver como el cuerpo de Ryuichi empezaba a despertar y decidió que era hora de irse, haber como le hacía para aguantar tres horas más.
Ryuichi empezó a despertar de su tranquilo sueño. Cuando abrió sus ojos en una estrecha franja, se le figuró ver una silueta conocida detrás de una palmera, pero cuando se talló los ojos, la sombra había desaparecido. Le quitó importancia y se levantó.
—¿Descansaste?
Fue hasta ese momento en que se dio cuenta que se había quedado profundamente dormido en el regazo de su mejor amigo. Levantándose con rapidez, se disculpó con Shuichi quien sólo le sonreía.
—Ah... Lo siento, yo...
—Tranquilo, se te notaba muy cansado... ¿Te sientes mejor?
—Hai... Gracias.
—Ya son cerca de las seis, porqué no vamos a nadar un rato a la piscina y después a cenar, recuerda que tenemos hasta las nueve de "libertad" —mencionó Shuichi, dibujando unas comillas en el espacio, con una nota de sarcasmo sobre su pequeño periodo de libertad.
—Ok Vamos.
Ambos se levantaron y se sacudieron la arena para después ingresar a la mansión.
El tiempo parecía volar cuando estaban juntos. No sabían cuanto tiempo habían estado en la misma posición, pero no importaba.
—Hiro...
—¿Hmmm?
El pelirrojo dormitaba a ratos sobre el cálido pecho de su amado. Y estaba "semiconsciente"
—Debemos entrar, está empezando a refrescar y podrías enfermarte.
—Hai.
Crawd separó el cuerpo de Hiro y se levantó primero, para después ayudar al pelirrojo, a quien, después de estar varias horas en la misma posición, las piernas no le respondieron y se tambaleó, siendo atrapado por los brazos del kaizoku.
—Parece que siempre quieres terminar en mis brazos... —agregó el rubio con una sonrisa. Hiro se sonrojó, e iba a separarse, pero lo pensó y se acurrucó más. Ahora que lo tenía con él iba a recuperar todo el tiempo perdido—. Vamos, cenemos algo.
Ya recuperado, Hiro y Crawd caminaron hacia la mansión.
La noche llegó más rápido de lo que había pensado, pero aún así faltaba tiempo. Tatsuha estuvo tratando de pasar el rato leyendo, viendo el televisor, o molestando a su hermano —que ya lo había corrido de su despacho—, pero aún faltaban unos cuantos minutos para las nueve.
Cansado de esperar, regresó a su habitación, donde se dio cuenta de que les había dado la orden a sus esclavos de esperarlo ahí. También se había puesto a pensar porqué no había podido tener una segunda erección, asumiendo quizás que había sido por el enojo que su hermano le hizo pasar.
Sobre su cama estaban sus dos esclavos. Aiya estaba dormida y Takako estaba despertando por el sonido de la puerta.
—Váyanse.
Sin sentirse con ánimos de "jugar" les ordenó que se fueran. Aiya estaba cansada, así que salió de la habitación de inmediato pero Takako tenía otros planes. Al ver a su amo acostándose en la cama, decidió tentar a su suerte y actuar. Ya casi habían pasado cuatro horas, con suerte y podría lograr una mediana erección en su amo.
Tatsuha se había lanzado a la cama, acostándose boca arriba, dispuesto a esperar a que los minutos faltantes corrieran. Colocó su mano derecha sobre su rostro, nublando su vista.
Takako empezó a reptar en la cama.
»Takako... Te dije que te fueras...
El moreno se acercó hasta estar a la altura de la cintura de su amo. Tatsuha seguía usando la misma bata con la que había salido, así que detrás de esa delgada capa de tela estaba el miembro dormido de su amo.
Tatsuha estaba ya pensando en Ryuichi. En que faltaba muy poco tiempo para que viniera a su habitación. Takako, viendo que su amo se relajaba en la cama, se movió rápidamente, pero sin perder la sutileza. Removió la tela que cubría el miembro de su amo y empezó a darle una felación.
»Ahh...
Tatsuha ahogó un gemido, su mente divagaba en cierto castaño que le pertenecía. Y sin quererlo, su entrepierna comenzó a reaccionar.
»Vete Takako.
El moreno se sorprendió de que su amo se rehusara a que le diera sexo oral.
—Pero amo...
—Que te vayas... no me hagas repetirlo.
—Sí... amo...
—Bueno... creo que es hora de regresar.
—Sí... gracias por la cena Shu... y por acompañarme...
—Ryu...
Shuichi había notado un comportamiento raro en su amigo durante la tarde. Sobre todo cuando se había enterado por medio de unos sirvientes que Tatsuha, su amo, había mandado a pedir dos esclavos a su mansión. El semblante le había cambiado, oscureciéndose. Al preguntarle, Ryuichi simplemente le había contestado que estaba bien, que no pasaba nada.
Cuando llegaron al tercer piso de la casa de playa, se separaron en el primer pasillo.
»Bueno Ryu... Nos vemos mañana
—Hai...
Shuichi abrazó a Ryuichi tratando de subirle el ánimo y finalmente cada uno partió a la habitación de sus respectivos amos.
Shuichi hacia la izquierda y Ryuichi a la derecha.
Ryuichi iba caminando lentamente hasta la única puerta que alcanzaba a ver. En ese tercer piso sólo había tres habitaciones correspondientes a cada uno de los miembros de la familia Uesugi.
Al llegar tocó la puerta. Tres simples toques lo suficientemente audibles para quien estuviera en el interior. Esperó unos minutos y no obtuvo respuesta. Volvió a tocar. En esta ocasión infringiéndole un poco más de fuerza. Nadie contestó.
—"Esto es extraño"
Dirigió su mano a la manija dorada y la giró, dándose cuenta de que la puerta estaba abierta.
Dio un profundo suspiro, y armándose de valor, empujó la puerta con lentitud.
La primera sección de la habitación estaba a oscuras. Ahora que se ponía a pensar, no tenía idea de adonde ir. Cuando llegó, inmediatamente se había ido con Shuichi. Sólo sabía dónde estaba esa la habitación.
Avanzando con cuidado en penumbras, alcanzó a tocar unas figuras que supuso eran muebles, y casi tropieza con una mesa enana. Alcanzó a ver un atisbo de luz por un pasillo y lo siguió. Al final había una puerta. Cuando se acercó a abrirla, esta fue estrepitosamente abierta y de ella salió Takako casi echando chispas.
El moreno al ver al castaño, le dirigió una mirada de odio.
—Vaya... hasta que llegó el "esclavo favorito" —La cara de confusión de Ryuichi hizo enojar más a Takako—. No entiendo que tienes de especial. Es cierto que tienes buen cuerpo, pero de ti a mí...
Juntando el orgullo que le quedaba, Takako abandonó la habitación con paso apresurado.
Ryuichi dio una profunda inhalación antes de empujar la puerta y adentrarse a la habitación.
Hiro y Crawd estaban cenando en la habitación del primero. El kaizoku lo había decidido así para tener un ambiente más íntimo, para poder estar más juntos uno del otro.
Sentados juntos en la cama, con una mesa frente a ellos. Un poco de fruta y yogurt con miel era la cena, algo sencillo para dormir bien.
Sus miradas que en ocasiones se conectaban destilaban amor puro. Mientras Hiro comía un trozo de melón con miel, Crawd no podía apartar la mirada de aquellos rosados labios que engullían la fruta con placer.
El rubio no pudo detener el impulso de probar esos labios y los reclamó con los suyos, sacándole al pelirrojo un pequeño gemido. Recorrió aquella cavidad con hambre queriendo captar hasta el último resquicio de aquel sabor.
—K-sama... ah...
El beso continuo, lento y asfixiante hasta que tuvieron que separarse. Hiro tenía la respiración acelerada y sus mejillas arreboladas, mientras Crawd sonreía de manera satisfecha. En realidad había extrañado aquellos besos llenos de amor y dulzura.
Cuando terminaron de cenar, Crawd llamó a uno de los sirvientes de la mansión para que retirara los platos y demás.
—Es hora de dormir.
Cuando estas palabras llegaron a oídos de Hiro, no pudo evitar mostrar un furioso sonrojo. Crawd inmediatamente comprendió el contexto que le había dado a sus palabras. Se acercó lentamente al rostro del pelirrojo y le dio un suave beso en la mejilla y se levantó de la cama.
»Buenas noches mí amado Hiro...
Hiro no tuvo palabras al ver a su amado salir de la habitación y dirigirse a la que los sirvientes le habían arreglado. Entendía que le estaba dando su espacio y lo agradecía mucho. Se levantó también de la cama para cambiarse y ponerse el pijama.
—Aaaaahhhh... aaahhh...
—Dime... ¡¿Te divertiste con el enano ese verdad?
—Aaahhhh... amo... onegai... matte...
Tatsuha embestía con furia el pobre cuerpo de Ryuichi.
Al verlo llegar a la habitación, lo había llamado al lecho e inmediatamente lo había colocado de espaldas a la cama y empezó a embestirlo sin piedad. Había recordado la escena que había visto en la playa y ese incómodo calor en su pecho había regresado. No razonaba bien. Enceguecido por un sentimiento desconocido, sin darse cuenta de sus actos, hacía daño a una persona inocente.
—Te hubiera gustado revolcarte con él. ¡Cierto!
—No... Amo... eso no... Aaaaaahhh...
Con una mano tenía fuertemente agarradas las muñecas del castaño, mientras que la otra tenía un agarre de acero en su cadera. De seguro volvería a dejar marcado y mancillado el cuerpo de aquel inocente.
Ryuichi derramaba mares de lágrimas de dolor y tristeza. A su mente llegaba la pregunta constante "¿Porqué?"
«¿Porqué está tan enojado? ¿Qué fue lo que hice?... Habla de Shuichi... estará... ¿Celoso?... No lo creo... los kaizokus no conocen esos sentimientos... todo esto... es mi culpa...»
Tatsuha estaba perdido. Ese "sentimiento desconocido" le nublaba el pensamiento. No se daba cuenta de los gritos de dolor y sufrimiento que daba su esclavo, ni siquiera de los hilos de sangre que empezaban a manchar su miembro. Sólo quería marcar a su esclavo. Demostrarle que le pertenecía. Que era suyo y de nadie más. Esa vena de posesividad que Tatsuha tenía con las cosas que le pertenecían estaba haciendo mella en esta situación.
—Aaahhh... aaaahhhh...
Con una fuerte embestida, Tatsuha liberó su esencia dentro de la lastimada cavidad del castaño, causándole escozor a instante. Ryuichi en ningún momento tuvo placer. Todo fue dolor. Las lágrimas inundaban su rostro. Sintió a su amo quitársele de encima rápidamente y recostarse a su lado para inmediatamente quedarse dormido.
«¿Porqué?... ¿Nunca podrás sentir por mí algo más que deseo?... Me usas a tu antojo... y aún así... te amo tanto... »
Shuichi llegó a la habitación de su amo y tocó la puerta.
—Adelante.
Dando un profundo suspiro, giró la manija y empujó la puerta. Ahora sí venia la prueba de fuego... alejar las manos de su amo de su cuerpo...
