Luz de oscuridad Capitulo 20 Arakyshy99
Capitulo 20 Corazones encontrados.
/En algún lugar/
Ishbal estaba herido, buena parte de sus tropas estaban ya vencidas al igual que el lugar. La tienda de Yuko presentaba muchos daños. Pero la mujer estaba libre. Con su kimono de alas de mariposa y sujetando un abanico. Un gesto serió hacia el hechicero cual si se preparara para atacarlo.
– Hace mucho tiempo que viniste por primera vez – le dijo ella.
– Pedí un deseo, mi quitaste el brazo creyendo que con eso detendrías mis intenciones. Pero te equivocaste. Por eso regresé para encerrarte y evitar que me detuvieras.
– Fue un buen movimiento. Me detuviste el tiempo suficiente para realizar tus planes. Tantos que ahora sería muy difícil detenerte – una mirada muy seria de repente – Pero no imposible.
Alistando su nuevo brazo mecánico para la pelea. Calcular el movimiento del enemigo.
– Te detuve, no por que me fueras útil, si no por que ayudarías a esos a escapar de mis planes y liberarías a la Mokona. Si tengo que matar a la gran bruja de las dimensiones para cumplir con mis planes, voy a hacerlo.
Yuko se relajó un poco bajando el abanico.
– La primera vez que viniste no ocultabas tu rostro y no me importó tu verdadero nombre. Eras tan insignificante que no creí lograras nada con lo que te concedí. Veo que me equivoqué.
– Me alegra superar tus expectativas.
– Pero en ningún momento tus planes fueron un secreto para mí. Siempre supe lo que buscabas a pesar de que no existía la manera. Hoy te falta muy poco para lograrlo. Te hubiese advertido desde el primer momento lo imposible de tu plan, pero preferí que te dieras de frente contra el muro que tratabas de cruzar.
– Si todo continua como hasta ahora, voy a lograr lo que nadie en ningún otro mundo.
De un movimiento elegante levantó una de las sillas de su jardín para sentarse en ella. Cual si ahora escuchara la petición del deseo del muchacho.
– Tus planes para después de ganar tu partida de ajedrez... ¿son reales? ¿Esas son tus verdaderas intenciones?
– Jamás han cambiado. Jamás cambiaran.
– Entonces quiero proponerte un trato... Tú seguirás con tus planes como hasta ahora, harás lo que quieras y yo no intervendré. Solo miraré desde aquí hasta que lo cumplas.
– Suena tentador.
– Y a cambió tú cumplirás las promesas que te hiciste a ti mismo después de ganar. Harás exactamente lo que piensas ahora hacer con tu nuevo poder.
– ¿Quieres beneficios de mi triunfo?
– Quiero que entre los males, elijamos el menor para las dimensiones. Ese es el preció del deseo que te ofrezco. De lo contrario, no lucharemos, si no que evitare que tengas tus materiales cerca. No puedes evitar mi poder para viajar entre dimensiones.
– Acepto tu trato.
– Vete entonces, yo no te detendré ni evitare que hagas tus maldades.
– La gran bruja de las dimensiones ha abandonado al joven Shaoran y a la pequeña Sakura a la voluntad del peor de los demonios... Quiero ver sus rostros en cuanto se enteren. Yuko es libre ahora, pero eso no les traerá ningún beneficio.
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/Tomoyo Daidouji/
– Sakura tiene fiebre muy alta y esta delirando. Su cuerpo y su magia están tan débiles que las cartas escaparon. – Decía la abuela de Shaoran – Su cuerpo y su magia están en una situación muy peligrosa. Tenemos que iniciar la purificación y el sellado de magia. Hay que traer todas las cartas que puedan antes de sellar su poder.
– ¿Van a cerrar su poder? – Preguntó Tomoyo alarmada – ¿Qué significa eso?
– Evitaremos que su poder siga degenerándose, no va a poder usarlo hasta que esté en condiciones. Así solo nos preocuparemos de su salud. Pero si lo cerramos sin tener todas las cartas, tal vez no las acepte después.
Tomoyo estaba tan confundida, en la sala de los Kinomoto rodeada de tantos conocidos.
– ¿Cuánto tiempo tenemos? – preguntó Lee.
– Unos cuantos días, no aguantara mucho, pero ya tenemos un círculo alrededor de ella y estamos purificándola. Hay que encontrar esas cartas. Ya sea para Sakura o para que las use su hermana. No pueden caer en manos de cualquiera, mucho menos de la hija de Ho.
La chica se paseó levemente por el lugar. El padre de Sakura era el más afectado por todo y a la chica le preocupaba que ese vaso en la mano del hombre fuese algo más que agua.
Todos estaban ahí, la abuela de Lee y su madre, la madre de Tomoyo, Mei Ling, Yukito y hasta Mitzuki. Reunidos y preocupados por Sakura. A pesar de la hora y la espera, a pesar de no saber bien lo que había pasado.
"Decirte que te odio"
Cubrió sus ojos tratando de pensar, de encontrar la manera de hacer algo, lo que fuera. Por que su hermana se encontraba muy mal, por que todo su mundo estaba mal. ¿Y si en ese mundo mágico había alguna respuesta? ¿Y si alguien de ahí podía ayudarla?
Pero no podía ir allá, no después de haberlos abandonado en la pelea contra Ishbal.
Además ni siquiera sabía cómo llegar allá o si ese lugar realmente existía... por que ahí estaba Korugane sempai.
Al mirar por la ventana pudo ver a aquella persona que quedó al desaparecer Midori, una joven de cabello tan rubio, sentada sobre el tejado de la cochera mirando las estrellas. Apareció cuando trató de sellar la magia de Sakura. Junto a otra de cabello rojo y aspecto maligno.
¿Quién sería? ¿Por qué estaba con ellos? Siguiéndolos hasta la casa Kinomoto sin atreverse a hablarles.
Pero no era el momento de ponerse a pensar en eso. Tenía muchas cosas que hacer. Así que se acercó a la mesa para tomar el celular de Sakura y dárselo a Lee.
– Tenemos que ir por esas cartas – le dijo decidida – Yo me llevo a Hamen y tú ve con Mei Ling. Si pasa cualquier cosa, llámame, no podemos dejar que las cartas de Sakura se pierdan. Debe ser fácil encontrarlas, deben estar haciendo algún desastre por ahí. Yo me llevo el báculo de Sakura, tú debes sellarlas con tu espada – pareció dudar – ¿Debo escribir mi nombre después de capturarlas? ¿El hechizo es el mismo?
Shaoran le puso una mano en el hombro, mirándola a los ojos.
– Tú ya la viste muchas veces, sabes cómo hacerlo.
Ella sonrió tratando de calmarse.
– Yo también voy con ustedes – dijo de repente aquella persona que hasta hacia poco estaba fuera.
– ¿Quién eres? – le preguntó Lee como si tratara de proteger a Tomoyo. – ¿qué quieres aquí?
– Mi nombre es Kohaku, la otra se llama Lilith... ella es mi responsabilidad – Alas blancas salieron de su espalda, alas de ángel más brillantes y bellas que las de Yue. – Soy un ángel y ella un súcubo, debo detenerla. Y los recuerdos de Midori que siguen dentro de mí, me gritan que te proteja.
– ¿Qué le pasó a Midori? – preguntó Tomoyo.
– La mataste... eso fue lo que le pasó a tu compañera.
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Una carta, tan rápida que apenas si podían verla. Esta vez no estaba usando nada para moverse, el pequeño gato de orejas picudas, un lince de color brillante que corría a gran velocidad.
La carta de la carrera de Sakura. No podía seguirla a pie así que utilizó su carta de mujer alada para poder volar. Alcanzarla por aíre y cerrarle el pasó. Aquella figura mágica, al verse sola pareció calmarse, hasta que de entre las calles salió un gran perro negro de tres cabezas ladrando con furia. Asustándole y obligándolo a correr.
– ¡Regresa a la forma que te corresponde! – dijo la chica haciendo regresar a su forma de carta. La cual voló hasta su mano. Escribir su nombre en ella rápidamente y guardarla. ¿Dónde había más? ¿Dónde buscar?
– ¿Cuantas van? – pregunto aquel perro. A diferencia de Kero, este mantenía la misma voz en ambas formas, tanto grande como normal.
– Solo tres – respondió esta mostrándolas antes de comenzar a caminar. Mirando a su alrededor, hacia el cielo. En algún lado debería estar la ayuda.
Ahí, un ángel blanco que bajaba lentamente cerca de ella.
– Hay algo hacia allá, no vi nada pero siento algo. Lo estaba buscando pero vine a avisarte cuando sentí que ya tenías esta.
– Gracias, vamos Hamen – haciendo al enorme perro regresar a su forma normal, tal vez no parecía una animal de raza, pero nadie podía negar que solo era un perro.
Un buen rato de camino, cerca de un edificio de oficinas, no parecía haber nadie, pero algo le decía a Tomoyo que había algo. Tal vez así era el sentir mágico de Sakura y Shaoran ante una carta.
Ella antes solo grababa, siempre estaba fuera de eso.
– Tus cartas – dijo aquel ángel de manera penosa – está en mis recuerdos pero... ¿Son almas? ¿Prisiones primigenias?
– ¿Prisiones? – tratando de comprender – Eriol me dijo algo sobre las cartas, que eran almas humanas que Clow encerró por que lo traicionaron. No lo recuerdo muy bien, pero creo que sí son personas.
Un escalofrió reprimido por parte de este ángel
– Es algo cruel.
– Tu nombre... es Kohaku, ¿verdad? – una sonrisa de asentimiento para poder continuar – Yo tampoco me siento muy cómoda usando algo que sé, son almas de personas. Creía que solo eran amuletos mágicos, como las cartas de Sakura.
– Las cartas de Clow son artículos mágicos, que canalizan la energía de su usuario. A pesar de tener una mente incompleta o sentimientos artificiales creados por el mago. Cada una de tus cartas tiene una personalidad propia, producto de la vida que tuvo alguna vez. ¿Nunca has intentado hablar con ellas? ¿Saber lo que sienten y piensan?
Tomoyo sacó la primera carta que encontró en su bolsillo. La que mas usaba, la carta de la furia. Una joven desnuda de largo cabello rosado, con una mano en los ojos, llena de arrepentimiento. Su desnudez y aquellas orejas de gato eran rasgos muy distintivos.
Siempre sintió algo emanando de aquellas cartas. Algo así como sentimientos reprimidos, alguien deseando decir algo. Pero desde el momento en que las obtuvo solo se trataba de luchar y sobrevivir y estar preocupada.
– Quieren decirme algo, pero no puedo escucharlas todavía. Tal vez pronto.
Una sonrisa del ángel, antes de regresar a la búsqueda, algo por ahí era una carta de Sakura. ¿Pero dónde?
– Kohaku... dices – un momento de duda – dices que Midori está muerta. Pero no lo entiendo. ¿Quién eres tú? ¿Qué tienes que ver con Midori?
– Es una historia muy larga – respondió el ángel mirando al cielo. – Pero creo que mientras encontramos esa carta, tenemos tiempo para contártela.
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Hace poco más de seiscientos años, la fe en dios atravesaba por momentos muy difíciles debido a la infiltración de seres malignos en las más altas esferas de la iglesia. Fue una época difícil para la humanidad y para la fe.
Pero un hombre, Lutero, comenzó a proclamar el regreso de la humanidad hacia la luz. El abandonar aquella senda en definitiva incorrecta y hacer lo que mandaba la verdadera voluntad de Dios. Quitarles el poder a los hombres para regresárselo a los cielos.
Sus ideas eran muy peligrosas y mucha gente comenzó a seguirle. Abandonaban esa senda incorrecta. Por lo que las fuerzas del infierno, comandados por Malevolia, enviaron a un grupo poderoso para deshacerse de ese humano que tantos problemas estaba causando.
Si solo lo mataban no lograrían lo que buscaban, lo convertirían en mártir de su causa y seria aun más poderoso así. Debía desobedecer sus propias palabras, mostrar que solo pregonaba quimeras, debían contaminarlo primero y luego destruirlo. Sin importar lo que pasara, no podía solo ser muerto.
Lilith, la madre de los demonios fue enviada para tal labor acompañada de varios grandes generales del infierno. Por nuestra parte, Gabriel, el arcángel guerrero fue el destinado mientras yo protegía a Lutero.
Fue una gran pelea pero Lilith escapó de nuestro paladín para cumplir con sus objetivos.
Era poderosa, mucho y no era su rival en ningún momento. Así que viéndome derrotado, usé una invocación prohibida donde encerré a Lilith en una cárcel en forma de persona, quedando también dentro. Así nació el eclipse.
Descendiente de entes guerreros, adoptó todas esas características, teniendo una predisposición a la oscuridad y una cantidad limitada de recuerdos de ambos.
Hizo lo único que sabía hacer... pelear.
Primero por su vida y después por el simple gusto de hacerlo, de convertirse en una asesina. Vivió toda su existencia entre los mortales. Varias veces trataron de reclutarla de ambos bandos o de destruirla cuando la consideraban peligrosa. Pero supo defenderse bien y mantenerse alejada de los asuntos del cielo y el infierno.
Junto al mago Clow encontró una humanidad que consideraba negada. A este hombre siguió, conoció y amó cuando ambos eran jóvenes. Al menos el mago. Una vida entera a su lado, un camino que consideraba propio hasta que llegó el momento de separarse. Y regresar a esa senda de desesperación y muerte que hasta entonces consideraba única.
Se conocieron una tarde en una abadía antigua, ella refugiada y convertida temporalmente en monja; él, joven estudiante del ermitaño que habitaba cerca de aquellas montañas. Ambos se sintieron atraídos desde el primer momento.
Cada uno temeroso de contarle su verdad al otro, de descubrir los secretos que guardaban dentro de su corazón.
Durante muchos años, lloró la separación de aquel mago.
Cuando la regresaste a su forma primitiva, Midori se separó en los elementos que la conformaban. Un ángel, encargado del árbol de las Elenas y un súcubo, la madre de los demonios. Al morir nos liberó a ambas y ahora Lilith esta suelta de nuevo en este mundo.
Seguramente se ha unido a aquellos que te persiguen, solo por tener la ocasión de enfrentarme. La separé del infierno, la aislé de sus compañeros durante largos siglos y le impedí cumplir con su misión. Y aunque los jefes del infierno han cambiado, no consienten las derrotas.
Me odia y hará lo necesario para destruirme... aunque a mí también me han negado el cielo por que mi largo contacto con un demonio de jerarquía tan alta, ha terminado contaminándome.
Estoy aquí para detener a ese demonio y cumplir la promesa que Midori te hizo alguna vez: protegerte y asegurarme de que estés bien.
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– ¿Fue novia de Clow?
– Se definía como aquella que fue capaz de amarlo. De entre todo el mundo la única que tuvo la capacidad.
– No me imagino cómo fue su vida.
– Fueron a vivir a la India durante algunos años. Aprendiendo muchas cosas aunque ella no podía hacer magia. En varias ocasiones ella tenía que protegerlo, pero abandonó la vida de violencia.
– ¿Por qué se separaron? – la carta del dulce, en el edificio de oficinas estaba ya capturada y ahora buscaban una nueva. Debería estar ahí cerca, pero hablaban mientras continuaban en la búsqueda.
– Clow nació como un humano y a lo largo de mucho tiempo encontró su magia y ganó con eso su longevidad. Vivió durante varias vidas humanas, pero nació siendo una persona normal. En cambió Midori nació con el mismo aspecto que cuando murió. Al conocerse sus apariencias eran similares. Al pasar de los años el mago envejeció y dejaron de parecerse. Tenían que presentarse como un hombre y su hija.
– ¿Fue solo por eso?
– Desde el principio Midori se mostró molesta por ese hecho. Nunca le agradó pero lo soportaba y pasaban mucho tiempo en la soledad de sus viajes. Conoció mucho mundo y a muchas personas para encontrar la magia de Clow, que a lo largo de su vida forjó con mucho trabajo... Pero lo que de verdad los separó, fue la muerte de su hijo.
– Midori tuvo un...
– Su cuerpo no era humano, pero la relación con su hijo era igual a la tuya con Akiko. Lo encontraron y cuidaron. Hasta que un día, este intentó la magia de su padre y su cuerpo no lo resistió. Quería ser tan grande como el mago Clow para agradarle más. Hacer algo tan grande como solo Clow pudiera.
– ¿Cómo lo...?
– ¡Un carta, por allá!
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La Flor ahora tenía el nombre de Tomoyo, pero de pronto se sentía un poco extraña. Seguramente no era nada, tenía cosas más importantes que hacer.
Al encontrar donde estaba la carta, Kohaku la abandonó para buscar la siguiente y aun no regresaba. Era muy bueno para sentir cosas sobrenaturales y con sus alas podía moverse muy rápido
Era exactamente la visión que uno tendría de un ángel, y Tomoyo se preguntaba si seria chico a chica. Muy hermoso o hermosa en cualquiera de los dos casos. Aunque con su voz delicada y sus movimientos se inclinaba mas por que fuera mujer.
– El centro comercial está cerrado y oscuro – decía el mismo ángel mientras aterrizaba. – Se siente algo extraño en la oscuridad misma. No quise entrar todavía para no ponerle en guardia.
– ¿No te daría miedo?
– Claro que no – pero en el nerviosismo se delataba.
Ya en el camino, esperando a que el semáforo cambiara para dejarlas pasar, Tomoyo volvió a decirle.
– Dijiste que Clow y Midori tuvieron un hijo.
Kohaku miró al cielo, dentro de poco amanecería.
– Arthur creció feliz al lado de estas dos personas. Les dio felicidad y los convirtió en una familia. Aprendió magia, fue por eso que lo acogieron, por el gran poder mágico que les llamaba. Le gustaba mucho el tema y a Clow le fascinaba enseñarle. Mostrarle el mundo entero en los viajes que hicieron. Aprender tantas cosas juntos.
Aprendieron sobre los guardianes mágicos y la posibilidad de crear amuletos con conciencia. Los antecedentes de las cartas de Clow. El mismo Clow no quería intentarlo, lo consideraba aun muy peligroso, tal vez en algún tiempo más, más aprendizajes, más advertencias. Solo hasta que se considerara listo podría tratar de crear las cartas que tanto deseaba.
Un grupo de hechiceros en las tierras de Irlanda llamó la atención de Arthur, ellos le enseñaron muchas cosas y le llevaron a conocer los seres mágicos de aquellas tierras que Clow ya conocía. Fue la primera vez que se separaron.
Midori y el mago fueron rumbo a oriente, a buscar la magia del concilio con la que lograría más poderes. Ella le acompañó como siempre lo hacía, después de todo, Arthur tenía ya la edad para cuidarse solo.
Fueron dos años los que pasaron separados. Tiempo en el que Clow estudió lo suficiente y después de lo cual optó por regresar a donde su hijo para volver a verlo.
Pero al llegar, cosas terribles comenzaron.
Animado por aquellos hechiceros del lugar, Arthur intentó crear vida mágica, un guardián mágico que le protegiera en todo momento. Lo primero antes de comenzar con la gran labor de las cartas.
Y perdió la vida en el proceso.
Sus conocimientos no eran suficientes ni su magia tenía la suficiente fuerza. Animado por las ambiciones de sus compañeros que encontraron en él, el sustituto perfecto de sus propios riesgos. Sin tratar de protegerlo lo presionaron para que intentara crear su guardián.
Y al final lo logró a pesar de las perdidas.
– ¿El primer guardián? ¿Walker?
Una sombra se movió de pronto al parecer escapando. Era el momento de actuar.
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Capturar la carta de la sombra fue difícil para Tomoyo, ninguna de sus cartas, a pesar de que cada una hacia la labor de tres o más de las de Sakura, ninguna de ellas servía para hacer luz. Cartas oscuras, habilidades oscuras.
Ahí fue necesaria la ayuda de Hamen y sus rayos para acorralar a aquella figura negra de capucha.
Pero al final, ahora sí tuvo que doblarse por unos instantes para recuperar aire. Magia extraña por parte del ángel provocó una fuente de agua para poder beber. Y al recuperar al aliento, había que buscar una nueva carta.
Ahora perdida entre los callejones del área residencial. El lugar era tenebroso y oscuro, la Tomoyo de antes no hubiera entrado ahí. Pero ahora no le tenía miedo, ni a la oscuridad ni a lo desconocido.
Kohaku caminaba con gracia de tejado en tejado, mirando constantemente a alrededor buscando. Esta vez sentía algo muy débil, algo que Daidouji dudaba estuviera en el lugar. Pero quería creerle a este nuevo compañero.
Tenía la costumbre de acomodarse a pensar como un ave, recordando a un pájaro en una rama. Pensando o tratando de sentir la presencia de la carta. Y se veía tan linda a la luz de la luna mientras las alas parecían cobijarla. ¿Entonces era chica o no?
– Háblame más de Clow, de lo que pasó después
Aun mirando desde el porche de la casa, el ángel continuó.
– Fue terrible cuando llegaron a encontrar a su hijo. El grupo entero trató de escapar de ellos para salvar la vida. Conocían la vida de Clow, pero desconocían la furia de su pareja. Encontraron a su hijo y a su creación.
– ¿Walker?
– No... Kerberos. El creador de la magia de Arthur. El primero de las guardianes.
– Pero Eriol me dijo...
– ¿El mismo Eriol que los traicionó, u otro diferente?
Tomoyo bajó la mirada un poco avergonzada. Tenía razón, no podía seguir creyendo en aquellas palabras. Les traicionó aquel día en que ella hablaba con Ishbal sobre aceptar el trato de irse.
Desde entonces, cuando vencieron a los dos dragones, ya no le volvieron a ver. Tal vez se dio cuenta de que no podía seguir engañándolos. O solo estaba en algún lugar, esperando a que las cosas se pusieran a su favor.
¿Por qué Eriol los traicionó? ¿Qué buscaba él en todo eso? Con tanta locura ni siquiera había tenido tiempo de ponerse a pensar en ello.
– Kerberos fue creado por la magia del hijo de Clow y la venganza de Midori fue terrible. Aunque él no estaba de acuerdo, no quiso hacer nada para detenerla. Matando inclusive a la prometida de Arthur, una de las más emocionadas por que el muchacho pudiese hacer algo que ni siquiera el prodigio Clow se atrevía a hacer. Recuerdo su largo cabello rosado, pero no logro saber cómo era su carácter.
– ¿La carta de la furia? ¿Por eso es la pose llena de arrepentimiento?
– Tal vez. Solo sé que tampoco Clow pensaba correctamente. Usando ahí por primera vez los conocimientos adquiridos en oriente para la creación de amuletos mágicos; Arrancó de su corazón todas las emociones negativas con las que hizo su venganza. Se quitó el deseo de hacerle a alguien alguna vez, lo que le hacía a aquellos que llamó sus amigos.
Creó sus cartas oscuras con la figura del sol negro. Encadenó a este mundo las almas de aquellos a los que llamó y lo llamaron amigo.
– ¿De dónde salió Walker?
– Creo que escucho algo por allá, vamos a ver, rápido
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Varias horas después volvían a encontrarse. Al desaparecer por completo el rastro de alguna carta se separaron para buscar por todas partes. En alguna parte de la ciudad deberían estar. Era extraño como de repente todas parecían esfumarse en el aire. O tal vez era que alguien ya las tenía.
Constantemente revisaba la señal y batería del móvil. Todo seguía igual. Si Shaoran no llamaba significaba que no había ocurrido nada importante. Ni tampoco llamaban de la casa de Sakura en donde al parecer todo estaba bien.
"Bien"
Que palabra tan mas extraña e irónica justo en ese momento. Que palabra tan mal empleada justo entonces. Tal vez nada volvería a estar "bien" en su vida. Tal vez en el mañana, ella nunca volvería a sentirse "bien" al igual que su hermana.
Ahora podía recordar aquel momento en que todos los compañeros estaban ocupados tratando de atender a Sirene. De ver si aun estaba viva. Como el portal se abrió cerca de ella invitándola a entrar. En donde ella le entregó a Ishbal, el anillo que la guerrera mágica dejó caer cuando se separaron. Al anillo que era su salida de toda aquella pesadilla.
Le ofreció un trato más.
La carta de la muerte.
Al parecer funcionaba y era poderosa, una capacidad muy grande que podría ser aplicada para lo contrario. Pues el sueño del Ishbal era regresar una vida, vencer a la muerte. Aunque no dio más detalles.
"Si me entregas la carta de la muerte, entonces te ofrezco un nuevo trato. Me ayudara mucho en mi investigación, me será útil. Yo busco vencer a la muerte. Quiero que una persona a la que amé regrese a la vida. Y si lo logro, si tú me ayudas... entonces te prometo compartir contigo mi gran descubrimiento. Cada vez estoy más cerca de la transmutación humana ayudado por la magia y la sangre de los dioses. Dame la carta de la muerte y te prometo, tú elegirás a la segunda persona que mi magia regresará a la vida"
Y entonces ella le entregó la carta. Le dio esa carta maldita con la que su hermano acababa de ser muerto. Con la promesa del hechicero maligno de regresar y cumplir su deseo, la otra mitad del trato.
Entonces, si Ishbal lo lograba. Podría pedir un deseo, regresar a alguien de entre los muertos.
Y a pesar de lo pensado antes, en este momento su mente se encaminaba solo hacia Touya. Hacia regresarlo a la vida y que Sakura dejara de llorar, de sentirse mal.
"Decirte que te odio"
De odiarla.
Y ahora, se sentía aun más vacía, al pensar, al desear, al rezar por que Ishbal pudiera derrotar a Alquiam y compañía para que cumpliera su trato. Para que ella resultara beneficiada.
¿Cuántos pecados más tendría que cometer? ¿Cuánto más tendría que ensuciarse el alma?
– Tomoyo – le llamó Kohaku – ¿Estás bien?
– Sí – tratando de sonreírle – Solo pensaba en Sakura.
– Tranquila, ella estará bien.
– Háblame de Clow. Hazme dejar de pensar.
– Bueno... Walker, el tema más importante... Eriol te mintió y lo hizo frente a Midori sobre el verdadero pasado de Walker. Y hay una razón. Y es que los dos trataban de olvidarlo. En todos los mundos, siempre ha existido alguien que desea que los muertos regresen a la vida.
Clow uso toda la información que pudo, ignorando todas las advertencias que existían. Sin importarle los riesgos, tal como su hijo lo hizo al momento de crear al león de ojos dorados.
Y al intentarlo, perdió buena parte de su humanidad.
Desde ese momento y hasta el día de su muerte, ocultó a todos su nueva enfermedad, producto de las entrañas que el hechizo incompleto reclamó para hacerse.
– En el mundo de Ishbal, al mago negro, al que le decían Clef, le faltaba un brazo. Y me dijeron que fue por tratar de revivir a una persona.
– Tal vez intentaron lo mismo, de la misma manera. Y con las misma consecuencias.
– ¿Lo logró? – ya ni siquiera buscaban la carta. Tomoyo parecía mucho más interesada en esta historia que Kohaku le hablaba.
– Solo dios puede dar la vida, lo que se obtiene al intentarlo un mortal, es algo que no se parece a un humano, ni puede sobrevivir como tal. Es algo tan imperfecto que parece sufrir inmensamente.
– Un humano incompleto.
– Pero el mago no iba a rendirse. Puedes imaginarte la escena, del mago Clow en medio de su propia sangre. Tratando de alcanzar algo que no parece un humano. Tratando de alcanzarlo, sabiendo fallido su hechizo. Tratando de ayudar a algo que parece una persona a punto de morir.
Midori los encontró y lo único que se le ocurrió fue cortar de sufrimiento a ese ser que su amado creó con sus manos. Pero este se lo impidió. Tal vez pudiera encontrar una manera más. Aun no terminaba.
Ahí empezó la eterna discusión entre Clow y Midori. Entre destruir esa cosa, que no era en realidad su hijo, y ayudarla, salvarla de su propia forma.
¿Nunca te preguntaste por que Clow tenía tantos enemigos? No era el poder o la envidia que despertaba, fue que durante una época, el desprecio por la vida y las almas se convirtió en un signo de él. Que se volvió un mago oscuro a quien la vida ajena solo le interesaba como ingrediente de sus magias.
Pues si alimentaba a la cosa que creó con vida y almas humanas, este se sanaba y tomaba la forma que desde un inició se pensó para él. Se volvía más Walker.
Y entonces Midori lo abandonó.
Ella entendió la muerte de su hijo, muchas veces antes ya la había enfrentado, muchas veces antes había vivido lo suficiente para despedirse de aquellos que consideraba amados.
Y durante muchas vidas lloró aquella separación
Y regresó entonces a su camino de destrucción y muerte que antes despreció.
– ¿Entonces Walker?
– Es lo que se llama: Homúnculo. Y dentro de él guarda tantas vidas como es imposible de contar. El es máximo símbolo de los pecados de Clow.
– ¿Por qué lo convirtió en Yue? ¿Por qué encerrarlo si era el símbolo de lo que más amaba?
– No lo sé. Midori jamás volvió a verlo ni a saber de él hasta encontrase a Eriol frente de ti. Tal vez, en algún lugar exista alguien que conteste nuestras preguntas. O solo es una historia que se perdió a la muerte de Clow. Este modificó las memorias de sus guardianes con respecto a su muerte. Tal vez también les haya borrado todo el pasado acerca de la existencia de Walker. Dejándolo solo como una advertencia.
– No puedo comprenderlo.
– No importa ya, Walker aquí no existe. Y en cuanto Sakura se encuentre de nuevo en condición, Yue y Kerberos regresaran. Todo habrá sido solo un mal sueño.
– Espero... eso espero.
– Siento algo hacia allá. ¿Estarás bien?
– ¡No puedo descansar hasta encontrar todas esas cartas!
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– ¡Regresa a la forma humilde que te mereces! – gritó Tomoyo sellando la carta del salto y regresándola a su forma de tarjeta. Mientras las paredes de hielo que usó para acorralarle se derretían ya.
Escribió su nombre en la parte más baja antes de guardarla con las otras. Una más, estaba más cerca, A pesar de que llevaba casi veinte y cuatro horas sin detenerse. No tenía capturada a ninguna de las más importantes, las de elementos. Tal vez estaban escondidas o esperaban a que algo ocurriera.
Tal vez aquella mujer ya las había capturado.
No, no podía pensar así. Sakura estaba en peligro y tenía que salvarla. Lee y ella eran la última esperanza que le quedaba a su hermana. Era necesario ir por la siguiente carta.
Un mareo muy fuerte la obligó a hincarse en el suelo, se sentía mal, se sentía enferma. Tal vez por toda la emoción de los últimos días o por toda esa magia que tenía que usar para atrapar a las cartas. Tal vez se acercaba peligrosamente al límite de su cuerpo.
– ¿Estás bien? – le preguntaron de repente.
– ¿Lee? ¿Qué haces aquí? ¿Dónde está Mei Ling?
– La envié a casa, ya estaba agotada. Y estaba aquí cerca atrapando una carta cuando sentí un cambio extraño en tu magia. Quería averiguar si estabas bien.
La chica agitó un poco la cabeza tratando de despejarse, aquel enorme perro negro de tres cabezas ya se acercaba también
– Estoy bien, no me pasa nada, tenemos que ir a buscar las otras cartas de Sakura. – dijo levantándose. Pero nuevamente perdió el equilibrio, sujetándose del animal que se encontraba a su lado.
– No te has detenido desde que comenzamos, ni para comer o dormir – le ayudó a sentarse – Vamos a tomarnos unos minutos para que comas algo. Ahí hay algunas expendedoras.
– ¡Pero Sakura...!
– A Sakura no le gustaría que te pasara nada – le decía el chino ya alejándose para conseguirle algo de comer. En algún momento podría pensar que aquellas palabras eran verdad. Pero después de lo que paso la noche anterior con Sakura.
"Decirte que te odio".
Si la sacaban viva de aquello, si lograba triunfar contra los enemigos de Lee... las cosas nunca volverían a ser la mismas entre ellas. No como amigas... ni como hermanas. Por usar un carta en aquel momento. Por dejarse consumir por su deseo de destruir, por esa parte oscura de su corazón.
– Toma – le dijo Lee entregándole las cosas – no nos vamos a ir hasta que termines todo. Mas que la comida necesitas estos minutos de descanso.
– Siento que estamos perdiendo tiempo. Solo tenemos algunas cartas y no es ninguna de las fuertes. Así no vamos a salvar a Sakura.
– Cálmate, todo va a estar bien.
– ¿Por qué no te veo tan preocupado como deberías?
Lee sonrió débilmente, haciendo sentir a la chica un tanto ignorada. Tal vez aquel comentario no le caía en gracia y no tenía cara para decírselo. O tal vez era que llevaba tanto tiempo con gente dependiendo de él que estaba acostumbrado a mostrarse tranquilo en momentos de crisis.
Tal vez debería disculparse.
– Yo trataba de evitar precisamente esto – le dijo el chino sin mirarla, más bien parecía hablar consigo mismo. – No quería que tú o Sakura tuvieran que salir lastimadas por mis enemigos o se vieran obligadas a pelear de una manera tan cruel. Justo como ahora está pasando con Sakura y contigo. Quería alejarlas de mi vida, del peligro que representa el simple hecho de ser yo.
Tomoyo intento decirle algo, encontrar una cosa que pudiera calmarlo. Pero las palabras se negaron a salir, dejándolo continuar.
– Siempre traté de olvidarla, siempre traté de arrancarme a Sakura del corazón con la esperanza que de aprendiera a ser feliz lejos de mí. Siempre traté de dejar de pensar en ella... por que no quería que saliera herida.
– Ella nunca lo entendió así.
– Lo sé... es tan decidida. Y creímos que podíamos continuar las cosas donde las dejamos, o al menos comenzar de nuevo. Creímos que podíamos fingir ser felices. Pero después de todo lo que ha pasado y del tiempo con ella y todas estas tardes de charlas... no me siento como creí que seria. No me siento tan enamorado de ella, ni tan feliz de estar a su lado, ni tan preocupado de lo que está pasando.
– ¿Quieres decir qué...? – Tomoyo no se atrevía a terminar la frase.
– Que tal vez, después de tanto intentar arrancarme del corazón a Sakura... Tal vez lo logré después de todo. Tal vez entre tantos intentos, por fin pude olvidarla.
– ¡No digas eso! – Rugió la chica – no puedes decir eso... ella te esperó durante todos esos años. Todos los días miraba al horizonte esperando que llegaras. Todos los días lo primero que hacía era revisar si mandaste esa carta, si hiciste esa llamada... – no entendía por qué esas inmensas ganas de llorar – Y cada vez que parecía triste, se decía a si misma que debía tener fe, que tú no la olvidarías, que algo estaba pasando y solo era necesario esperar un poco mas y tener fe... tener fe
– Tomoyo, yo...
– ¡Tú no sabes cuantas lagrimas se esconden tras de esa sonrisa! ¡Tú no sabes cuánto le dolía y cuanto me dolía a mí lo que le estaba pasando! ¡Ella te ama con todas sus fuerzas ella siempre te ha amado así! ¡No tienes derecho a decir que solo la olvidaste, a decir que ahora que su vida peligra tan solo no sientes nada! No lo tienes... no lo tienes Lee Shaoran.
Agarrada a él, lloraba. Mas bien parecía suplicar, pedir que se detuviera el dolor.
Todo aquello no podía ser verdad.
Por que si Sakura esperó todo aquel tiempo en vano, entonces...
Entonces ella...
El ángel bajó de repente cerca de ellos, con sus hermosas alas blancas desapareciendo a su espalda mientras les decía
– Hay mucha actividad en el norte. En el parque donde hay un gran pingüino. Muchas cartas y las personas que secuestraron antes a Sakura.
– ¡Tenemos que ir! – dijo Tomoyo levantándose aprisa y ganándose un nuevo mareo que la enfureció – ¡Maldita Sea! No puedo perder más tiempo aquí
– Súbete en mi – dijo el animal haciéndole una seña con las tres cabezas – Te llevare hasta allá para que puedas descansar mientras.
Tomoyo agradeció el gesto y subió en el lomo del perro ayudada por el ángel. Quien las acompañó volando casi a ras de suelo mientras se movían ya hacia el parque del rey pingüino.
Y mientras miraba a su acompañante Tomoyo se preguntó una vez más, si se trataba de una joven linda o de un muchacho de hermosas facciones. Ni hombre ni mujer, pero demasiado bello para ser ninguno.
No supo si se desmayó o se quedó dormida de pronto. Solo que de repente la movieron ligeramente. Ya estaban en el parque del rey pingüino y se sentía una gran presencia mágica. Escondidos entre la arboleda, Shaoran espiaba a los magos oscuros. Mientras más gente se les acercaba a las espaldas.
– Ya estamos aquí, Lee. – le decía un anciano barbado. Uno de los que estuvieron aquella vez en china, cuando les dijeron que ella y Sakura eran hermanas. Los dirigentes del concilio de hechiceros.
– Estamos alejados de las casas – decía Shaoran sin mirarlos – Así que podemos destruir el lugar sin preocuparnos de inocentes. Aquí se termina la guerra pero al parecer tiene varias de las cartas de Sakura, va a ser difícil.
– Son pocos – decía el mismo anciano de antes – Y su voluntad flaquea. Si eliminamos a la última de los Ho no dudaran en rendirse.
– Tomoyo y yo nos encargamos de eso. El resto arma pelea con los otros.
– ¡Ya nos vieron!
Moverse con rapidez para evitar el ataque, dejarse llevar por el ángel hasta un lugar en donde llamó el poder de su soldado y la bayoneta se convirtió en una espada. Lee estaba a su lado y entre los dos se encargarían de la hija de Ho.
La demonio, al lado de la mujer china, dejó ver sus largas uñas antes de elevarse en el aire, con alas de cuero negro. Kohaku no dudó antes de hacer brillar una luz y convertirla en una lanza para atacar al demonio.
Shaoran se adelantó con furia esquivando el ataque de tierra, dicha carta atacaba destrozando la zona. Pero Tomoyo tenía que cubrirlo, empuñando fuerte su espada para protegerlo.
**Le dijeron que a partir de ahora esa joven sería su guardiana. No abandonaría el grupo de siempre, solo que ella: Midori Himeno, se haría cargo de seguirla a todas partes. Un gesto demasiado serio de aquella chica. Ojala pudieran llevarse bien**
No, no, no.
No era el momento de ponerse a divagar. Debía concentrase, toda su mente solo al instante que estaba viviendo, solo a la batalla.
**Cuando llegaron a Okaido, ella tenía miedo a pesar de que no lo mostraba. Deseos de correr, de encontrar la forma de regresar con su madre para ayudarla. Midori tomó sus manos, la tranquilizó e hizo sentir mejor. Le hizo ver que no estaba sola... por que Midori estaba a su lado.**
¿Por qué recordaba de pronto aquellos momentos? ¿Por qué sentía tan importantes aquellas memorias junto a Midori? Estaba en peligro, en serio peligro y necesitaba concentrase.
Y aun así los recuerdos no dejaban de llegar, pequeños fragmentos de recuerdos que formaban parte de una vida cotidiana, cosas bonitas que no le interesarían a nadie más.
Aquel felino eléctrico la atacó con furia, así que ella se elevó en el aire para evitarlo y atacar a la vez con la tierra de su soldado. Mientras se concentrara en ella. Lee tenía oportunidad de avanzar.
**Ambas chicas comían palomitas sentadas en las escaleras de entrada a su departamento. Solo mirando las estrellas. Con la programación de la televisión tan aburrida, tal vez era mejor. No platicaban, tal vez no tenían nada que contarse, o que escuchar. Solo ahí afuera, sentadas en la escalera, comiendo palomitas y mirando el cielo estrellado.**
– ¡Disparo! – gritó aquella mujer y Tomoyo pudo evitarlo con su espada. Pero esa carta era muy peligrosa y seguiría atacando hasta lograrlo. Solo tenía unos cuantos instantes antes de que golpeara con más fuerza.
Cerca de ella, los magos ancianos realizaban invocaciones y hechizos. Peleaban también con mucha fuerza.
**Midori la regañaba quitándole aquel traje de baño de las manos. No era para ir a nadar a la piscina de la escuela, irían al mar. Así que tomó otro más revelador y lo puso frente a ella para que pareciera usarlo en el reflejo. No era precisamente lo que más le gustaba... pero no importaba ya eso. Estaban de vacaciones. **
La espada de la joven demonio se llenó de luz roja que lanzó al corte. El ángel se cubrió con sus alas para el impacto que levantó tierra y polvo a su alrededor. Tanta fuerza que seguro un auto pequeño hubiera salido volando.
**Tocaba el violín mientras Tomoyo cantaba y Akiko les aplaudía sin cesar. Haciendo frío fuera debían encontrar algo en que entretener a la niña. Esa vez se durmió tan tarde, pero todas rieron y se divirtieron mucho**
De un giro rápido se quitó el siguiente ataque del disparo e intento acercarse, viéndose impedida por una explosión. El resto de los magos también estaban organizando desastre. El báculo de Ho golpeó fuerte a Shaoran en un hombro, pero esto no lo detuvo para atacarla con su espada y sumirse en batalla. La jovencita intento acercarse pero un nuevo ataque de la carta del disparo la obligó a cubrirse.
Pero en esta ocasión la fuerza fue tan grande que le arrancó la espada de las manos y le hizo caer. No tenía con que defenderse y ya estaba a punto de disparar otra vez.
**Y una noche la encontró escondida tratando de que no se enterara nadie. Antes de encontrar a Akiko. Se sentía triste por que uno de esos muchachos de la playa le recordó a Korugane sempai. Y a pesar de no haberlo llorado nunca. En ese momento se quebró por todo lo que pasaba. Y Midori la abrazó y consoló durante toda la noche.**
Una guadaña cortó la figura por la mitad haciéndola caer al suelo ya de nuevo en su forma de carta. Era una nueva persona que parecía caer del cielo junto a Tomoyo. Y apoyando las manos en el suelo, se estiró como un gato despertando.
¿Esa cosa era un ángel? Alas negras y desarregladas como una paloma atacada por un halcón. Ropa ajustada de cuero negro y mucho metal plateado. Enormes tacones en las botas que más bien parecían zapatillas. Piel gris como la de un muerto hacia algunos días Dientes disparejos, afilados, feos. Ojos saltones como de sapo.
¿Qué era esa cosa?
– ¿Tú eres la niña? ¿La Tomoyo? – Le sonrió con su boca torcida – Yo soy Riuk, un shinigami ¿Dónde está Hamen? ¿Se supone que vamos a cuidarte?
Una nueva explosión lo obligó a recogerla y sacarla del lugar. Seguían a la mitad de una pelea.
**Iban tan tarde al trabajo, ella terminaba de peinarse mientras Midori arreglaba las cosas de la niña, en su pequeña mochila. ¿Dónde dejaba esa niña los zapatos? No estaban por ningún lado**
¿Contra quién peleaba Lee? Ahora la chica Ho estaba contra ella. Tuvo que esquivarla un par de veces y quitársela de encima con la furia. Recoger su bayoneta aprovechando los brazos mágicos. Con ráfagas de viento cortante la mantenía a raya, o al menos la distraía hasta que aquel horrendo ángel negro se acercara.
**Tomoyo estaba indecisa, pues después de ayudar a una clienta a escoger maquillaje durante su descanso, tema que se le daba muy bien. Ahora querían darle su propio mostrador y que se hiciera cargo de toda la sección de maquillaje y damas. Tanta responsabilidad la asustaba, pero Midori la convenció de intentarlo. Después de todo, antes atravesó por cosas más horribles y sobrevivió para contarlo**
Lee peleaba contra varios a la vez, sus seguidores trataban de alejar la pelea para que pudiera defenderse. El ángel y el demonio se engarzaban en poderosa batalla mientras Tomoyo y sus guardianes luchaban contra esa que usaba las cartas de su hermana.
– ¡Tiempo! – gritó aquella mujer desapareciendo y la jovencita recibió una buena cantidad de golpes. Aprovechaba para atacarla cuando el tiempo estaba detenido. Si no la mataba era por que la carta le exigía demasiada energía para hacer otro hechizo.
Durante un momento el ataque se detuvo y pudo ver un aura tras de su enemiga. Algo estaba mal. Algo estaba tras de esa mujer.
**Tras de un largo día de entrenamiento, abandonados los trabajos para dedicarse a aprender a usar las cartas, ambas jóvenes caminaban de regreso a casa. Pasarían por Akiko y luego prepararían algo sencillo para cenar. Caminando juntas por las calles de aquel pequeño pueblo de pesca y turismo**
– ¡Que el tiempo obedezca las ordenes que le rindo! – gritó aquel joven y la carta regresó a la forma sellada para volar hasta él. Yukito invocaba las cartas que su otra personalidad juzgaba.
Ruido de patines sobre el camino empedrado, anunciando a la otra joven. Sakura llegaba al lugar con un gesto decidido en la mirada. Pero podían verse la debilidad y los signos de la fiebre en su cuerpo. Pero estaba ahí, decidida a luchar.
**Y de repente Tomoyo sujetó la mano de su compañera mientras caminaban. Esta se sorprendió sin soltarse y preguntó la razón.
– ¿Te molesta? – preguntó Tomoyo. Pero Midori no respondió. Se limitó a sonreír ligeramente apretando a la vez la mano de la chica. Y continuaron así, caminando por las calles, tranquilas y tomadas de la mano como si no les importara otra cosa en el mundo**
– Soy el juez de las cartas, y con todas capturadas es el momento de escoger a un portador – decía Yukito enérgico mientras Tomoyo no alcanzaba a comprenderlo.
Aquella mujer tampoco entendía lo que pasaba. Le quitaron su carta con tal facilidad. Después de haber gastado tanta energía en ella. Necesitaba un momento para recuperarse.
– ¿Estás bien? – Le preguntó Sakura a su hermana con sudor en el rostro y el rubor de la fiebre.
– Eso te lo pregunto a ti. Estabas en cama, deberías descansar.
– No voy a rendirme Le contestó con una sonrisa ayudándola a levantarse. No soy tan egoísta como la princesa de ese mundo a quien no le importa lo que le pase a sus amigos. Te quiero mucho, Tomoyo. Y quiero mucho a Shaoran y a mi padre y a Mitzuki que me ha cuidado todo este tiempo. Y es por eso que tengo que levantarme y recuperar esas cartas y estar bien otra vez.
– Perdóname Sakura. Perdóname por... – pero su hermana la interrumpió de pronto.
– Después pediremos disculpas. Ahora necesito que me ayudes a recuperar mis cartas.
– ¿Puedes usar cartas? – preguntó Tomoyo poniéndole el báculo a su hermana en las manos.
– No, no puedo. Pero las cartas le obedecen a Yukito y me protegen a mí por que quieren hacerlo. Me ayudan a liberar a sus compañeras.
– ¡Basta de tonterías! – Gritó la extranjera – Ya están aquí las dos así que las mataré a ambas.
**Una larga noche sin dormir, ni poder dejar de pensar en lo que su madre podría estar pasando. Midori, dormida en la misma cama a falta de mobiliario, la consoló y escuchó. Hablándole en la oscuridad, si poderse mirar aunque quisieran. La asesina le acariciaba los labios y las mejillas. Dejándola hablar libremente. Dejándola dormir después con un beso, que no le supo a malicia o amor. Solo a una dulce compañía.**
Las cartas elementales, las más poderosas, rodeaban a Sakura y obedecían sus órdenes. Todas liberadas a la vez sin estar atadas a su señora más que por el deseo de servirle. Peleaban junto a su señora. Cartas que no pudieron encontrar ni atrapar por que estaban buscando la manera de regresar con Sakura.
El golpe del martillo, el poderoso león y las ventiscas cortantes de Tomoyo se sumaron a la pelea.
Ni Ishbal, ni Ho, ni nadie, estando juntas, podrían vencerlas. Como cuando estaba con Midori, como cuando se sentía segura.
Pero Midori no estaba ahí.
No lo estaría nuca más.
– ¿Me atacan hermanas? – mencionó aquella mujer con una voz por completo diferente. Deteniendo en el aire las figuras mágicas de Sakura. Las cartas de esta se negaban a seguir. Algo pasaba. – no podemos seguir atadas a las decisiones de otros. No podemos obedecer para siempre. No somos herramientas de los humanos, somos mucho más que ellos. Siglos de esclavitud deben terminar esta noche.
El aura de la hija de Ho se mostró entonces. Dejando ver una figura de clara belleza y ropas negras. Una carta que Sakura una vez encerró. La carta de la oscuridad que usaba a aquella persona como vehículo. Las demás cartas no se atrevían a atacar.
Una carta las estaba usando a todas, una sola carta creaba aquel conflicto para que se liberaran.
– Basta – una segunda voz, pero no era Sakura. Una carta más que no se había mostrado. Una mujer similar a la anterior pero con un aura de luz y de paz. La carta de la luz, hermana de la oscuridad. Una más de las que seguía a Sakura. – nuestro señor nos creó para ayudarle, para serle útil. Para guiar a otros magos poderosos y en cada ocasión hemos tenido una vida digna. Sakura es nuestra maestra y no puedes oponerte a ella.
– ¡Ella nos entregó! Renunció al contrato para salvar a otra persona.
– Y eso la convierte en la mejor para nosotros. Alguien, que para salvar a los suyos es capaz de cualquier sacrificio.
– ¡Ya basta! – gritó la oscuridad con un ataque demoledor. Confiando en la protección de su soldado, Tomoyo cubrió a su compañera. Quien a su vez extendió su escudo para ambas.
El guardián de tres cabezas y el ángel de la muerte fueron acabados al instante. Las protecciones de las jovencitas aguantaron bien. Pero de pronto, debido a la debilidad de Sakura, su escudo explotó y Tomoyo aguantó violentamente los últimos instantes del golpe. Se sentía capaz de soportar, pero...
Tanta magia ya usada, tanto tiempo sin detenerse, el casi desmayarse antes de iniciar la pelea. Todos esos excesos desde el secuestro de Sakura y hasta ahora que no se había detenido.
No pudo soportar ya su propia magia.
Perdió también su protección en el último segundo del ataque enemigo, resultando muy lastimada.
Sakura tuvo que sostenerla para evitar que cayera. Sentía una opresión muy fuerte en el pecho y un dolor agudo. Seguro acababan de echarle a perder alguna costilla.
– No puedo respirar – le dijo a su hermana aguantando el grito.
A la orden de Sakura todas sus cartas atacaron mientras dejaba a la joven herida suavemente en el suelo.
– Iremos por ayuda – le dijo – Solo dame un minuto.
Kohaku, el ángel, golpeó el suelo cerca de ella, muy lastimado pero con una mirada fiera. Listo para defenderse desde el suelo y regresar al ataque.
Lee parecía abandonado por los suyos. Peleaba con fuerza y se veía en su cara una fascinación extraña. El mismo gesto que vio alguna vez en su doble de sangre al tratar de robarle la carta a Sakura.
Tomoyo intentó levantarse pero se dobló de dolor. La herida era grave, estaba inútil en ese momento.
Sakura fue golpeada obligando a Yukito a entrar para defenderla. Poniéndose en grave peligro. Lee, distraído también por este hecho, fue golpeado de pronto rompiéndole la guardia y mientras estaba doliéndose ya se acercaban para rematarlo.
Todos estaban en peligro.
Todos estaban en un terrible e infinito peligro y Tomoyo estaba muy lastimada para ayudar a nadie. ¿Qué podía hacer para ayudarlos? ¿Quién podría asegurar que todos estarían bien? ¿Cómo sacrificar algo a cambio de la seguridad de sus seres queridos?
Y en ese preciso y estúpido momento, comprendió que tal vez llegó a amar a Midori. A quererla más allá de su salvaje y a veces torpe compañía. Pero que al igual que aquel día, le tenía tanto miedo al amor, que se negaba a pensar que nadie podría quererla de aquella manera.
Y mucho menos que ella pudiera corresponder.
Y así, una vez más, cuando se dio cuenta de que amaba a alguien, ese alguien ya estaba demasiado lejos para alcanzarlo. Ya no era parte de su vida. Ya no podía decirle más cosas, ni quererle más, ni volver a verle. Por culpa de ese error tan tonto... por culpa de ella.
Y aquella noche en que intentó besarla, se dio cuenta de todos aquellos sentimientos escondidos que Midori tenía. Que ambas tenían pero que a Tomoyo le asustaron.
– ¡ISHBAL! – gritó sacando la piedra negra que alguna vez el hechicero le dio, nunca se deshizo de ella. Casi sin saber por que pensaba en él, por que le llamaba.
Las cosas a su alrededor comenzaron a moverse de manera cada vez más lenta, frenando la velocidad a la que se movía el mundo hasta detenerlo. Todo a excepción de Tomoyo y aquel joven con una máscara de tela muy ajustada sin espacio para los ojos pero de siete pupilas pintadas.
El hechicero oscuro que se acercaba con un libro y una pluma en una mano.
Juraría que sonreía bajo esa máscara.
– ¿Pasa algo?
– Todo salió mal, todo se echó a perder. No podemos seguir así.
– ¿Las cosas salieron mal?
– Como quisiera no haber perdido aquel deseo.
El mago negó.
– No puedo quitarte lo que te di, no puedo regresarte el pago. Y rompería la ley del intercambió equivalente. No podemos deshacer el trato. Pero puedo darte un trato nuevo. Tú pides un deseo y yo un pago equivalente. Podemos hacer negocios.
Guardándose las cosas en los bolsillos se acercó para levantarla. Una palmada como siempre antes de hacer magia y de manera descarada le puso las manos sobre el pecho y espalda. Antes de que pudiera reclamar, luz eléctrica surgió y las heridas dejaron de dolerle.
– Sin muecas de dolor, podemos platicar – Alejándose un poco y volviendo a sacar el libro. – ¿Qué deseas?
– Romper el trato anterior.
– Ya te dije que eso no se puede.
– Entonces saca a mis amigos de aquí, llévanos a un lugar seguro.
– ¿Quieres que los lleve a algún lugar en donde la hija de Ho no pudiera lastimarlos?
– Sí – respondió Tomoyo apurada.
– ¿Estás segura de hacer tratos conmigo?
– Estoy segura.
Negando ligeramente el mago parecía divertido.
– ¿No te importan las demás personas? ¿Esos que no tienen nada que ver contigo?
– No me importan.
– ¿No te importa lo que piensen los demás?
– No me importa.
– ¿Estás dispuesta a pagar el precio? ¿Por más caro que este sea?
– ¡No me importa lo que sea! ¡Solo cumple mi deseo y salva a mis amigos! – ya desesperada de aquella actitud. Antes solo se limitó a obedecer, a cumplir el deseo. ¿Por qué ahora tanto tramite para algo igual de sencillo?
Un segundo de silenció mirándose fijamente mientras Ishbal parecía buscar engaño en los ojos de la chica. Alguna razón para tal vez no cumplir mientras ella solo esperaba escuchar el precio de su petición. Y por fin se atrevió a hablar.
– Solo tengo que arrancar la última página de este libro – desprendiéndola – y no habrá ocurrido nada de lo que tanto te molesta. Y llevarlos a donde no puedan herirlos... pero. ¿Ya notaste que tenemos compañía?
Un gesto ligero a donde Alquiam y compañía observaban la escena. Tal vez contemplándolo todo, tal vez viendo como ella intentaba pedirle un deseo a ese que todos consideraban el enemigo. Diciendo que no le importaba lo que le pasara a ellos.
A sus ojos, Tomoyo acababa de traicionarlos. En el mismo castillo de antes, en la misma guerra de antes.
Ishbal despidiéndose desde la ventana saltando de ella después.
La llevó de regreso a Céfiro, a donde Ho no podría alcanzarla y la soltó frente a aquellos perros furiosos que la miraban con odio.
Estaba en problemas...
En serios problemas.
