¡Hola!
No sé qué me pasa, que todos los exámenes me caen en viernes... en fin, seré gafe o algo. Al menos he sobrevivido.
Gracias a laina1994, El Parasito, Lilypotterfever, Mede Nott y la resurgida de sus cenizas cual ave fénix Ink Alchemist. Ah, y Mara.
Y en respuesta a laina1994: ¡Lo siento, lo siento, lo siento! Jo, menuda forma he tenido de meter la pata... espero que no te hayas molestado, porque de verdad no era mi intención. Me alegro de que te gustase el capítulo. Y perdón de nuevo.
Y en respuesta a Mara: Si hubiera hecho que Eleonora dejase de hablar a Fred hubiera sido rizar demasiado el rizo...
Eikasía
I used the deadwood to make the fire rise
the blood of innocence burning in the skies.
I filled my cup with the rising of the sea
and poured it out in an ocean of debris.
Linkin Park-Burning in the skies
Jaqueline no aparece por ningún lado el primer día del tercer trimestre del curso. Tampoco lo hace Russell, lo que hace suponer a todos que el muchacho está demasiado roto por la muerte de su padre para ir a clase. Y que Jackie no quiere dejarlo solo en esos momentos en los que la necesita tanto.
Fred, sin embargo, no se da cuenta de eso. Lleva desde ayer leyendo una y otra vez el recorte del periódico que le enseñó Ellie ayer por la tarde, cuando ella, sin saber nada, le preguntó qué había pasado entre su madre y Christian Davis. Y sigue sin darle ninguna respuesta.
Uso de la maldición cruciatus. Intento de homicidio. ¿Por qué querría ese chalado matar a su madre?
No se lo ha dicho a Roxanne, pese a que tiene la impresión de que su hermana tiene tanto derecho como él a saberlo. Y tampoco se ha atrevido a escribir una carta a casa preguntándolo, porque teme pecar de falta de tacto. Después de todo, aún puede leer en las cartas de su madre la tristeza por la muerte de su abuela, y el mes de abril no es precisamente el más indicado para hablar de temas delicados con George Weasley. Supone que la única forma de averiguar la verdad es investigando por sí mismo.
Se ha propuesto pedirle a Ellie que le ayude. Y también a Rose. Su prima es una auténtica águila (para algo está en Ravenclaw) a la hora de averiguar datos y fechas. Y Eleonora tiene una intuición especial para interpretar la información fría y darle un sentido.
Pero acaban de desayunar, y Rose ha salido corriendo hacia la sala común de Ravenclaw, probablemente para seguir repasando para sus EXTASIS. A pesar de que aún falta un mes y medio para los exámenes. Esa es otra de las razones por las que Fred prefiere no decirle nada a Roxanne; su hermana también está muy agobiada con los TIMOS, y eso que aún no tiene claro a qué quiere dedicarse cuando salga del colegio.
Al menos, piensa Fred con sorna, Medimagia queda descartado. Se desmayaría al entrar en el hospital. Y, después del tirón de orejas que se ganó cuando insinuó que con su capacidad para ser mordaz y hacer daño bien podría quitar a la mítica e insoportable Rita Skeeter de su trono en el reino del cotilleo, parece que periodista tampoco.
-Esto… Ellie-dice cuando se encaminan a las mazmorras para la clase de Pociones. Eleonora se ha ido con él, Lucy y Ben porque Jackie no está, y los Gryffindors no tienen Pociones con los Hufflepuffs, así que tampoco tiene a Naira.
-Dime-Fred casi se olvida de lo que iba a pedirle cuando mira sus ojos, que ahora que McLaggen ya no está casi han recuperado su color miel original, aunque aún están algo claros, como la pintura diluida.
-Eh… Ah, sí. ¿Te acuerdas de la noticia?
Eleonora descubre el recorte arrugado en la mano de su novio.
-¿Qué noticia?-salta entonces Lucy con curiosidad. Ben también mira, interesado. Fred suelta un bufido. Sorprendiéndose a sí mismo, se encuentra deseando que sus amigos estuviesen demasiado ocupados recuperando el tiempo perdido en Pascua como para enterarse. De todas formas, no le molesta demasiado tener que contárselo: son sus mejores amigos, y tampoco quiere ocultarles nada, por no hablar de que se habrían enterado tarde o temprano. De modo que tiende el recorte a Lucy. Ben lo lee por encima de su hombro.
-¿Qué?-exclama el muchacho, entre sorprendido e indignado-. ¿Este tío intentó matar a tu madre?
-¿Por qué lo haría?-se pregunta Lucy-. La tía Angie es un encanto.
-Eso es lo que quiero averiguar-responde Fred-. Y aquí es donde entras tú, Ellie.
-No me llames así-refunfuña ella mecánicamente, dándole un golpe en el hombro. Fred compone una expresión de falsa disculpa y Eleonora pone los ojos en blanco. En el fondo, le encanta-. Entonces quieres saber por qué el tal Davis intentó matar a tu madre-Fred asiente-. Vale. Te propongo motivos.
-¿Motivos?
-Sí, posibles explicaciones, distintas líneas de investigación-explica Eleonora-. A ver… Primer motivo: está como una cabra.
-Hombre, la cara de psicópata le viene de serie-opina Lucy, mirando la foto.
-No-replica Fred-. Eso sería lo más obvio.
-Pues es la explicación más razonable que tenemos de momento-apunta Ben.
-Vale…-suspira Eleonora-. Segundo motivo: crimen pasional.
-¿Eh?
-Quizá estaba saliendo con tu madre, ella lo dejó por otro…
-Por el tío George, obviamente-la interrumpe Lucy, incondicional del padre de su primo.
-… y quiso impedir que estuviese con cualquiera que no fuese él-concluye Eleonora, haciendo caso omiso al inciso.
-Muy melodramático-opina Fred mientras entran en el aula de Pociones-. Además, por lo que he oído, tengo entendido que a mi padre ya le gustaba mi madre con nuestra edad, así que no creo.
Sin embargo, los cuatro adolescentes se ven obligados a interrumpir su sesión de conjeturas cuando Alison Stewart entra en la clase y les habla de la poción que les toca hacer hoy (Amortentia). Fred bufa y lee y relee cada instrucción unas quince veces antes de realizarla. A su lado, Eleonora lleva trecientos gramos de polvo de cuerno de unicornio y tres vueltas en sentido contrario a las agujas del reloj de ventaja; sin embargo, el que va más adelantado de los cuatro es Ben, que si Fred no se equivoca ahora mismo no está haciendo absolutamente nada porque tiene que dejar la poción reposar diez minutos. El muchacho intenta ayudar a Lucy para que su filtro de amor sea medianamente presentable.
Cuando quedan cinco minutos para que termine la clase, Lucy tiene en el caldero algo que podría pasar por puré de patatas de no ser por el intenso olor a azufre, y las pociones de Fred y Eleonora son más o menos aceptables (aunque el tono rosa de la de Ellie es ligeramente más parecido al que describe el libro). Ben, en cambio, tiene la poción terminada, y Stewart, después de ridiculizar durante tres minutos a la pobre Lucy, hace a los alumnos agruparse alrededor de su mesa para verlo.
-Como bien sabéis, la Amortentia es el filtro de amor más poderoso que se conoce. Obviamente no produce amor, sino una obsesión extrema por alguien, hasta el punto de resultar enfermiza. ¿Alguien conoce algún caso famoso de engaños mediante esta poción?
Eleonora levanta un poco la mano, y todos, desde Fred hasta la propia Stewart, pasando por Lucy, que dirige de paso una mirada envenenada a la profesora, la miran sorprendidos. No es rara su reacción, cuando la muchacha ha pasado el trimestre pasado intentando camuflarse con las paredes de la clase. Stewart logra disimular más o menos bien su sorpresa y le hace un gesto a Ellie para que empiece a hablar:
-Dicen que la madre de Voldemort la utilizó con su padre para que se casara con ella.
Un denso silencio sigue a su declaración. Luego, los alumnos empiezan a comentar entre ellos con sorpresa, sopesando si creérselo o no.
-En efecto, señorita Black-replica Stewart-. No obstante, debería aclarar que eso no es un hecho confirmado, sino solamente un rumor, aunque que tiene muchas posibilidades de ser cierto. ¿Podría decirnos también alguna cualidad de la Amortentia?
-Dependiendo de lo que atraiga a cada uno, huele de forma diferente.
Eso explicaría por qué Fred tiene la sensación de que el perfume de vainilla de Eleonora está por todos lados. El muchacho apenas ha escuchado la explicación; es como si montones de Ellies estuviesen a su alrededor. Sin embargo, también huele al champú de Duna y a lluvia. Pero sobre todo huele a vainilla.
-¿Piensas quedarte todo el día ahí?
Fred vuelve a la realidad y ve que casi todo el mundo ha salido de la clase mientras él se mareaba con el olor que la Amortentia reserva únicamente para él. Sacudiendo la cabeza, mete su ejemplar de "Elaboración de Pociones Avanzadas" en la mochila y sale de la mazmorra con Lucy, Ben y Ellie.
-¿Se puede saber por qué tenías esa cara ahí dentro?-pregunta Lucy con curiosidad.
-¿Qué cara?
-Pues la misma que Lucy cuando se fuma un porro-aclara Ben. Lucy lo mira con ceño-. ¿Qué? ¡Es verdad! Y tú también parecías colocada por un momento.
-Bah, nada-miente Fred, aunque se pega un poco a Ellie para oler su perfume de vainilla. Mientras tanto, Lucy enrojece y fulmina a Ben con la mirada.
-Por cierto, mientras tú estabas en Babia, yo he estado pensando-anuncia Lucy tras ganar la guerra de miradas, de buen talante-. Sobre lo de tu madre y el loco ése.
-Ilumínenos, oh gran sabia Ravie Lucy-ironiza Fred. Ben y Ellie ríen.
-Idiota-replica ella-. He estado haciendo cuentas, y me he dado cuenta de que Teddy y Vic ya habían nacido entonces. Y mi hermana también, pero era muy pequeña.
-Vale-asiente Fred. Se forma un silencio entre los cuatro-. ¿Y?
Lucy pone los ojos en blanco.
-Pues que ellos deben de acordarse; debían de tener cinco o seis años entonces. Podemos preguntarles.
La cara de Fred se ilumina, y el muchacho se abalanza sobre su prima para abrazarla.
-¡Lucy, eres un genio!-exclama, dándole un beso en la mejilla-. ¡Un absoluto genio!-y echa a correr hacia la lechucería-. ¡Luego os veo!
Eleonora frunce el ceño.
-¿Esto de qué va? ¿Debería ponerme celosa, o qué?
Ben y Lucy se echan a reír.
Teddy está saliendo con Harry del Ministerio cuando una lechuza parda se posa en su hombro. El joven la mira con curiosidad; ¿quién le escribe a él? Vic seguro que no; está demasiado enfrascada en las prácticas de sanadora como para detenerse a mandarle una carta; además, han quedado en dos horas. Descarta a Andrómeda, a la que ha visto antes de irse. Se queda unos segundos observando a la lechuza fijamente, extrañado.
-¿Te la quieres quedar como mascota?-bromea Harry.
Teddy sacude la cabeza y desata la carta de la pata de la lechuza. El ave echa a volar en cuanto se ve liberada de su carga y se pierde en el cielo nuboso, mientras el cabello del joven, habitualmente azul con unos cuantos mechones rosas, empieza a adquirir un tono algo anaranjado, hasta que Teddy se da cuenta y lo hace volver a la normalidad.
Teddy:
¡Hola! ¿Cómo te va? ¿Ya eres auror oficialmente? No te vi en las vacaciones porque me quedé en el colegio, pero me hubiera gustado hablar un rato contigo. Eres el primo postizo que mejor me cae de todos. Me parece que también eres el único, pero no vamos a entrar en tecnicismos.
Oye, tengo que preguntarte algo: tú en dos mil cinco, si no me fallan los cálculos, tenías unos siete años, ¿verdad? Es que he leído en El Profeta que un tal Christian Davis intentó matar a mi madre entonces. ¿Sabes algo de eso por casualidad?
Desde que murió mi abuela, a mi madre le ha cogido el gusto a hacer dulces. Si te apetece, puedes pasarte por casa, seguro que te da algo. Y probablemente mi padre también. Al único al que cobra el precio completo, de toda la familia, es al tío Ron. Nunca entenderé por qué.
Tu primo,
Fred
PD: Si vas al funeral de Seamus Finnigan… ¿puedes echarle un ojo a su hijo? Está fatal, el pobre.
Teddy alza una ceja azul con sorna al terminar de leer la carta. Sabe de sobra por qué Fred le ha escrito a él en lugar de a Vic, que también podría acordarse de los sucesos. Victoire todavía despotrica cada vez que tiene ocasión de su primo y de cómo estrenó su mayoría de edad chamuscándole el pelo; es evidente que no se lo perdonará jamás. A Teddy no le gustaría ser Fred, para quien Vic ha organizado una auténtica mala pasada para el verano con ayuda de Minnie, James y Louis, al cual le ha venido muy bien, pues necesita algo para distraerse con lo que tiene encima.
Sin embargo, lo cierto es que le sorprende comprobar que su "primo" (Teddy ya es mayorcito y sabe de sobra que los Weasley y él no son familia, al menos cercana, pero es lo más cercano que tiene, sin contar a su abuela) puede pensar en algo que no tenga que ver con bombas fétidas y turrón sangranarices.
-¿De quién es?-pregunta Harry-. Si no es mucho preguntar-añade rápidamente. Si la carta es de Victoire, prefiere no leerla. Lo hizo una vez, y las consecuencias fueron catastróficas.
-De Freddie-responde Teddy mecánicamente-. Ha leído lo de Davis.
-Oh-Harry frunce el ceño-. Me pregunto si George y Angelina se lo habrán contado.
-No desesperes, que no-replica Teddy-. Precisamente me ha escrito preguntándome por ello.
Harry alza una ceja.
-¿Y qué le vas a contestar?
-La verdad, supongo-Teddy se encoge de hombros-. Aunque yo me acuerdo muy poco de eso. Fue antes de que naciera Al, ¿verdad?
-Sí-responde Harry-. Un poco después de nacer Louis; James ni hablaba todavía-sabiendo que va a llevarle un rato contar toda la historia a su ahijado, lo guía al interior de una cafetería y se sientan en una mesa. Mientras Teddy pide un café con leche para él y un zumo para Harry, el hombre piensa en la mejor manera de explicarlo.
-Bueno, ¿qué?-pregunta Teddy tras dar un sorbo a su taza.
-Pues… Verás, creo que fue por aquel entonces cuando George y Angelina empezaron a salir-empieza Harry-. Se estaban produciendo altercados en diversas ciudades de Reino Unido-Teddy asiente; recuerda una tarde en la que Harry y Ron tuvieron que irse precipitadamente del picnic que habían montado-. Unos días antes del que fue el último ataque, George fue al Ministerio y le dijo a… Seamus…-Harry deja de hablar por un momento, y los dos hombres apartan la vista para no dejar ver el dolor ante la pérdida de un amigo para Harry, de un… Bueno, Teddy no lo conocía mucho, pero sabe que era muy buena persona y le caía bien. Y ahora, gracias a Fred, que tenía un hijo que está en Hogwarts-. George denunció que Davis había utilizado la cruciatus contra Angelina. Huyó esa tarde y no logramos encontrarlo, pero al día siguiente… Davis fue a casa de Angelina y la atacó, sin magia, con sus propias manos-Teddy se queda boquiabierto y un escalofrío lo recorre de arriba abajo-. Según Ron, George fue allí a… creo que a darle algo, y fue una suerte, porque de no ser por él Angelina no hubiese sobrevivido. Aun así, ella estuvo casi tres semanas en coma.
Teddy se queda sin palabras. Él recuerda haber visto a Ginny inusualmente seria durante varios días, no haber recibido respuesta cuando preguntaba en la Madriguera por George y una sorpresa que les dieron a él y Angelina más tarde, pero nunca preguntó el porqué. Más tarde supo, por las conversaciones que oía, que Davis había tenido dos meses a Angelina en San Mungo, pero nunca se había imaginado nada tan horrible. Siempre dio por sentado que había sido alguna especie de accidente laboral.
-Vaya-atina a decir-. ¿Y ése es el que ha escapado?
Harry asiente.
-Lo cierto es que lo había intentado ya varias veces, pero nunca lo había conseguido. Hasta antes de anoche. En el juicio juró vengarse de Angelina.
Se produce un tenso silencio.
-Creo que no le contaré esa parte-decide Teddy. Nunca ha tenido que pasar por ello, básicamente porque sus padres murieron cuando él tenía menos de un mes de vida, pero supone que temer que maten a tu madre no debe de ser la mejor de las experiencias. Por un momento, compadece a Fred por la preocupación que le causa el asunto, pero luego recuerda que él daría su habilidad para cambiar de aspecto por tener un asunto del que preocuparse-. ¿Por qué lo hizo?-pregunta tras unos instantes, percatándose de que su padrino no lo ha dicho.
Harry se encoge de hombros.
-Se negó a dar un motivo. Entonces, él era el jefe del Departamento de Deportes y Juegos Mágicos, y al parecer disfrutaba viendo cómo sus subordinados le temían. Parece ser que no le sentó bien que Angelina no lo hiciera.
Teddy trata, sin éxito, de imaginarse a su negra, alta e imponente tía postiza con la cabeza gacha ante el loco cuya cara ha visto ya varias veces en los periódicos, y coincide con su padrino en que Angelina Weasley no es una persona muy dispuesta a rebajarse a temer a un superior.
-Vale. Ahora sólo tengo que decidir qué le cuento a Fred y qué no-dice Teddy, levantándose de la mesa-. Harry, luego vendréis a cenar a casa de mi abuela, ¿verdad?-Harry asiente-. Bien. ¡Hasta luego!
Harry observa a su ahijado salir de la cafetería y se pregunta cómo se tomará su sobrino la información. Tras unos segundos, decide que es más productivo preocuparse por cómo lo van a matar George y Angelina por, indirectamente, habérsela proporcionado a Freddie.
Pero no puede tenerlo siempre en el País de Nunca Jamás, piensa tras unos minutos. George tiene que darse cuenta de que ya no puede proteger a Fred del mundo.
Harry siente un pinchazo de dolor al percatarse de que ya son dos los Freds a los que George no puede cuidar.
-No puedo creerlo.
-Fred…
-¡Es que no me lo puedo creer!
-Fred, cálmate…
-¿Que me calme?-repite Fred, enfadado, volviéndose a Eleonora-. Un psicópata que dejó a mi madre en coma hace dieciocho años está por ahí suelto, ¡y pretendes que me calme!
Un suspiro colectivo sale de las gargantas de Ben, Lucy y Eleonora. Definitivamente, no ha sido una buena idea escribir a Teddy. En cuanto ha recibido la carta, durante el desayuno, Fred ha dado tal puñetazo en la mesa que ha volcado dos jarras de leche y ha salido echando humos del Gran Comedor gritando improperios. Eleonora ha decidido ir a hablar con él para tranquilizarlo, y Lucy y Ben se han unido a ella, pero no están teniendo mucho éxito. Deberían estar en la clase doble de Herbología (Defensa Contra las Artes Oscuras, en el caso de Lucy), pero en su lugar están en un aula vacía, sentados en los pupitres, porque consideran más importante evitar que Fred hunda el castillo a pisotones con sus constantes idas y venidas.
Finalmente, Eleonora se levanta de la mesa y coge a Fred de un brazo con decisión. Al principio, el muchacho trata de seguir caminando furiosamente, y casi la arrastra tras él, pero luego se da cuenta y frena. Se queda unos instantes mirándola a los ojos.
-Ellie, suéltame-le pide.
-No.
-Suéltame, Ellie-vuelve a decir, como si cambiando el orden de las palabras fuese a convencerla.
-No hasta que nos escuches.
-Bien-Fred mira a Lucy y Ben y se cruza de brazos-. Hala. Os escucho. Decid lo que queráis.
Los tres se miran. Finalmente, Lucy toma la palabra:
-Sabemos que estás disgustado por la carta de Teddy…-empieza.
-Pero piensa un poco antes de hacer nada-termina Ben.
Fred entorna los ojos.
-Ese tío…
-Sí, casi mata a tu madre, ya lo sabemos-lo corta Eleonora-. Pero lo van a acabar atrapando, y entonces dará con sus asquerosos huesos en Azkaban de nuevo-le asegura.
-Como lo coja…
-No, Fred-lo interrumpe Lucy, y en sus ojos aparece un brillo alarmado-. Si ese tío fue capaz de hacerle daño a tu madre, es que es realmente peligroso. Además, ha matado él solito a dos aurores. A ti te quitaría de en medio sin despeinarse, y lo sabes.
-¡Oye, que a ti se te dé mejor Transformaciones no significa…!
-¡No digo eso!-exclama Lucy, levantándose-. ¡Merlín, Fred, tienes diecisiete años! ¡Davis es más poderoso, más listo y tiene más experiencia que tú! ¡No tiene nada que ver con las notas!
Fred suelta un bufido. Se suelta del agarre de Ellie con una sacudida y se deja caer en uno de los pupitres. Eleonora, Lucy y Ben se quedan mirándolo unos segundos, sin saber muy bien qué esperar.
-¿Qué miráis?-les espeta, malhumorado-. Ya podéis iros-los tres dudan-. No voy a escaparme del colegio para matarlo-les asegura-. Simplemente no quiero ir a clase.
Lucy asiente, y ella y Ben salen del aula. En cambio, Eleonora se acerca a él. Fred aparta los ojos de ella, porque ahora se siente realmente ridículo y lamenta haberle gritado.
-Fred, voy a Herbología-empieza Ellie-. Que sepas que para cuando vuelva te quiero tranquilo, entero y de buen humor-añade, enumerando las tres condiciones con los dedos-. Y que no vayas a hacer ninguna estupidez-agrega, levantando también el meñique.
-¡Mira quién habla! La sirenita-bufa Fred. Eleonora sabe que no quiere molestarla, sólo evitar admitir que no tiene razón, pero también es consciente de que como siga intentando hablar con él acabarán diciéndose algo más hiriente, de modo que le da un beso en los labios y sale del aula.
-Señorita Weasley, ¿podría decírnoslo usted?
-¿Eh?
La clase ríe. Roxanne mira alrededor, confundida, y de repente cae en la cuenta de que está en Pociones con los Hufflepuffs, que Stewart le acaba de preguntar algo y que no tiene ni idea de lo que es.
-Diez puntos menos para Slytherin, por su falta de atención-sentencia la profesora, y procede a repetir la pregunta que hace diez segundos le ha hecho a Rox.
La muchacha suelta un bufido. Dan toma su mano por debajo de la mesa y le sonríe para animarla.
-La odio-dice Rox, pero con gestos, para que nadie salvo Dan la entienda-. ¡Es una arpía!
-Rox, estabas en Babia-razona el muchacho, sacudiendo la cabeza para apartarse el flequillo castaño claro de los ojos-. Yo también te hubiese quitado puntos.
-Gracias por tu apoyo-refunfuña Roxanne. Durante unos minutos, se dedica a atender a Stewart, o al menos a fingir que lo hace, como muestra de desaprobación ante el punto de vista de su novio. Sin embargo, su cabeza está lejos de Pociones, aunque también tiene algo que ver con la profesora-. Dan, ¿qué voy a hacer?
El muchacho sabe a lo que se refiere.
-Mira, Stewart te tiene manía, pero no es mala persona-empieza. Rox arquea las cejas con escepticismo-. Sabes que es verdad-insiste Dan-. Seguro que te ayuda a elegir una carrera adecuada.
-¡Pero si ni siquiera yo sé lo que quiero hacer!-protesta Roxanne.
-Señor Nott, ¿podría decirnos a todos el error más común en la preparación de una solución fortificante?
Dan frunce el ceño, pero tras unos segundos coge un pedazo de pergamino y empieza a escribir la respuesta. Se levanta y se la da a la profesora. Tanto Roxanne como Dan saben que Stewart iba a pillarlo porque sabe que estaba distraído, pero como la respuesta de Dan es correcta, la profesora se limita a leerla en voz alta, alzar una ceja para demostrar su sorpresa y proseguir con la explicación.
Ésa es una de las cosas que a Rox le maravillan de Dan. Es capaz de estar en varias cosas a la vez, y no perder detalle de ninguna. Desde que se conocieron, ningún profesor ha reñido jamás a Dan por no estar atento en clase. A diferencia de a Rox, que se distrae con una mosca.
Roxanne sale de sus ensoñaciones cuando Dan le sacude el hombro para atraer su atención.
-A ver, Rox-empieza-. Para saber qué quieres hacer, primero tienes que saber qué te gusta.
-¿Y a mí qué me gusta?-pregunta Roxanne. Dan le dirige una mirada que significa: "Si no lo sabes tú…"-. Vale. Quidditch, no-decide-. Eso es para mi hermano. Um… me gustan mucho Transformaciones y Encantamientos.
-¿Por qué no te metes a inefable?-propone Dan-. Debe de ser interesante-Roxanne alza una ceja.
-Ni de coña. Todos acaban mal-es cierto, la mayoría de los inefables a los que Rox ha visto, cuando su abuelo la llevaba con él al Ministerio, han acabado sin memoria, muertos o locos.
Se quedan sin mover las manos durante unos segundos. Luego Dan sugiere con gestos lentos:
-¿Y la música? Tocas la guitarra genial.
-Ya, ¿pero eso para qué me sirve? A no ser que quieras que forme un grupo y me vaya por ahí de gira-replica Roxanne.
-No, eso no-admite Dan-pero podrías estudiar en la Academia Mágica de Artes Dramáticas.
-¿Francia?-replica Roxanne. Aunque lo cierto es que la idea no le parece del todo descabellada-. Sí, claro, a mis padres les encantaría mandarme al quinto pino, y puedo aparecerme cuando termine las clases aquí para que quedemos.
Un pesado silencio cae entre ellos. Dan no había pensado en ese detalle: si Rox está estudiando en Francia, ellos no podrán verse, porque él tiene que quedarse en Inglaterra para completar su entrenamiento como auror. Se muerde el labio.
-Bueno, seguro que nos la apañaríamos-replica finalmente, aunque sin mucha convicción.
Rox no responde.
Cuando Eleonora llega al aula de Encantamientos, descubre, para su alivio, que Fred está ahí, y que nada en su aspecto parece indicar que se haya escapado del castillo para matar a Christian Davis. Se siente tentada de sentarse con él, pero entonces ve a Jaqueline unos pupitres más adelante y decide que su amiga la necesita más. Le da un beso a Fred cuando pasa por su lado y se deja caer en el banco junto a Jackie.
-Hola.
Jackie la mira.
-Hola-replica, y baja la vista. Eleonora no necesita preguntar el motivo.
-¿Cómo está Russell?-pregunta en voz baja.
-Mal, sigue sin querer venir a clase-responde la rubia. Entierra la cara en las manos-. Hemos discutido.
-Bueno, no te preocupes. Es sólo porque está disgustado, pero ya haréis…
-Hemos roto.
-¿Otra vez?-se le escapa a Eleonora. Jackie la fulmina con la mirada, asomando los ojos entre sus dedos-. Lo siento. Pero es que siempre estáis igual; ya verás como os acabáis reconciliando.
-Eleonora, nunca lo había visto tan deprimido-entonces Eleonora comprende que lo que duele a su amiga no es sólo haber roto por enésima vez con Russell, sino ser incapaz de hacer nada para evitar el sufrimiento del muchacho.
-Su padre ha muerto, es normal que esté así. Se le acabará pasando-asegura-. Y cuando esté bien podréis volver.
Jackie sacude la cabeza, sin creérselo mucho, pero decide no discutir.
-Además, creo que quiere hacer algo.
Eleonora entorna los ojos con sospecha.
-¿Algo como qué?
-Pues ir a por Davis, supongo. Nunca creí que Russell podría odiar tanto-entonces Jackie observa la expresión alarmada de Eleonora-. ¿Pasa algo?
-No… todavía-responde ella-. Pero creo que sería buena idea no dejar que Russell y Fred pasen mucho tiempo hablando.
Notas de la autora: [Inicio de la 5ª Sinfonía de Beethoven. Silencio aplastante] Bueno, ahí tenéis una idea de por qué Davis es malo. Si seguís sin odiarlo, leed "Cabos sueltos". Y si ni por esas lográis que os caiga mal, entonces decídmelo, porque he hecho algo mal.
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