Capitulo 20

El sol siempre saldrá con una sonrisa

Sayaka se encontraba en el departamento de Chiaki sumamente preocupada por lo que estuviese ocurriendo con su amiga, justo después de que visitaron el templo en aquella montaña, tuvo que devolverse a Tokio para la presentación urgente de un trabajo que le salvaría la cátedra a ella y su amiga, pero desde que llegó, intentó infinidades de veces comunicarse con ella y no respondía hasta Inugami lo llamó pero tampoco contestaba sus llamadas. Se estaba volviendo loca de la desesperación cuando sorpresivamente la puerta principal del departamento se abrió permitiendo el ingreso de sus habitantes.

Chiaki dormía plácidamente cuando entre sus sueños escuchó el llanto de un bebé, poco a poco abrió sus parpados a la vez que el sollozo se hacía más fuerte, cuando se dio cuenta de que estaba en su cuarto, durmiendo en su cama, se levantó rápidamente al recordar los últimos sucesos que transcurrieron durante los dos días anteriores. Observó el despertador y eran las 7:37 Am, se incorporó buscando sus pantuflas y colocándose una bata para cubrirse del frío, salió de su cuarto hacia la sala. Afuera, detectó la figura de Zenki sentado en el sofá observando la ventana, ahora era un humano de nuevo pero en su rostro se notaba aquella mirada que tenía desde que el monte Onitori se desplomó y ella…

-Chiaki- él volteó a observarla de pie entre el pasillo de la sala y el comedor, sus facciones denotaban dolor y veía que comenzaba a llorar, se levantó y se dirigió a ella para abrazarla pero la miko dio varios pasos hacia atrás para que él no la tocara. –No voy hacerte daño…tranquila- ella se detuvo cuando escuchó su voz ronca y decaída así que permitió que la abrazara, en realidad era él quién necesitaba un abrazo que lo reconfortara.

Posó su cabeza en su pecho y él descansó su rostro en la suya, cerró sus ojos respirando su aroma de lavanda dejándose llevar por la sensación reconfortante que ella le transmitía. -¿Cómo te sientes?-

-No lo sé, creo que aún estoy en shock, todo pasó tan rápido que...-

-Lo sé, yo también estoy así- ella podía escuchar latir su corazón, era un ritmo que adoraba pero se sentía culpable de estar con él luego de lo que ocurrió, es como si se estuviese aprovechando de la muerte de Chidouki para volver a estar junto a él y eso no estaba bien para ella.

-Zenki...-

-¿Huh?-

-¿Tú la amabas?-

-No tanto como a ti- Chiaki sintió como besaba su cabeza y luego su frente para después colocarse en la posición que estaba al comienzo.

-Debes guardarle luto. Era tu esposa de todas formas-

-Lo hice hace 1300 años. Ella ya se había ido para mí hace mucho tiempo-

-Entonces… ¿Por qué volviste con ella?-

-No lo sé. Creo que quería recuperar a mi familia pero al estar de nuevo con ella, puede sentir que ya no era como antes, no sentía nada por ella, ni siquiera aprecio. Solo deseaba que los niños estuvieran vivos. Al menos eso me haría feliz-

"Sayaka tenía razón…" ese pensamiento cruzó por su mente apenas él hubo dicho esas palabras, en realidad estaba buscando rescatar lo poco que quedaba de su pasado lleno de dudas y al menos recuperó la parte que era más importante para él. –Chiaki quiero estar contigo-

-¿A qué te refieres?- ella se alejó un poco para observar su rostro, tenía ojeras y una barba incipiente comenzaba a nacer en su barbilla. Sus ojos tristes no dejaban de observarla y por ende quería sumergirse en ellos y dejarse envolver por su misticismo, ternura y pasión.

-Me siento solo…durante todos estos meses me he sentido así, entendí que era el mismo sentimiento que tenía desde que me hice shikigami y quería llenar ese vacío llamando la atención de todos, pero tú fuiste la única que lo ocupó por completo y necesito volver estar así…- lentamente sus rostros se acercaron hasta unirse en un tierno beso, el roce de labios lo hizo sentir el deseo de estar de nuevo juntos pero un grito peculiar los hizo detenerse.

-Creo que es hora de que conozcas a los dos nuevos integrantes de esta casa- él tomó su mano y la llevó a su habitación, al abrir la puerta, Chiaki observó a un bebé llorar y a un pequeño envuelto en sabanas dejando ver su diminuta cabeza blanca por fuera. Zenki se acercó aún con la miko tomados de la mano hasta donde estaba el chiquillo llorando. –Él es Kidou, es el último que tuve y ella es Kitsugu la penúltima y única niña de mis hijos-

La pequeña se despertó perezosamente ante los llantos de su hermano, luego de estirarse se volteó para seguir durmiendo pero se percató de la presencia de alguien conocido, despacio giró la cara y pudo notar quien era. Chiaki estaba quieta al lado de Zenki observando a los dos pequeños acostados en la cama, el bebé era un precioso niño de cabello rojo igual que su padre, en cambio la niña tenía el cabello blanco como el de su mamá y los ojos vinotintos de Zenki. -el…el niño creo que tiene hambre- al ver como se retorcía en la cama, un instinto peculiar se despertó en ella así que tomó al bebé entre sus manos. Mientras lo mecía delicadamente, le acercó uno de sus nudillos para ver si tenía hambre y en efecto, comenzó a succionarlo desesperadamente.

-Sí pero no se que darle, no come nada de lo que le doy-

-Yo sí, tengo hambre- la pequeña habló acercándose hasta Zenki jalándolo del pantalón, Chiaki no pudo evitar reírse al ver la misma expresión de su guerrero en su hija cuando pasaba hambre en Shikigami-sho.

-pásame un papel y lápiz, necesito anotarte lo que vas a comprar ahora-

-¿Comprar? ¿Ahora? ¿Ya?-

-Si Zenki, los niños tienen hambre y yo también, pero creo que no me va a dar chance de preparar la comida a esta hora así que tienes que ir a comprarla-

-pero-

-nada…toma, esto lo consigues en la farmacia, esto en el mercado y esto en el restaurant casero donde comemos que está cerca de aquí. De todas formas ahí esta anotado todo y si tienes dudas llámame- la miko le señalaba cada una de las instrucciones anotadas en el papel, Zenki no pudo negarse así que solo afirmó con la cabeza y salió en búsqueda del alimento de su nueva familia.

-¿Quién eres?- Chiaki volteó a ver a la niña que estaba sentada cerca de ella, no paraba de mirarla y notaba que estaba un poco asustada por la forma en que observaba la habitación.

-Hola me llamo Chiaki, soy…amiga de tu papá-

-Yo soy Kitsugu. ¿Dónde estamos?-

-Esta es mi casa, aquí vive tu papá también-

-ahhh- ella miraba hacia los lados intentando entender por qué esa casa era tan extraña. -¿Por qué mi papá es humano?-

-Lo que pasa es que nadie debe saber que tu papá es un demon-

-¿Por qué lo pueden casar y asesinar, verdad? A mis hermanos mayores los asesinaron los humanos por qué mamá y papá estaban haciendo cosas malas. Un señor de blanco nos salvó y nos dijo que debíamos dormir para que nadie nos viera- la sacerdotisa estaba impresionada por lo que escuchaba, esa niña pequeña hablaba con tanta soltura que no se percataba que estaba relatándole lo que había pasado con ellos.

-¿y sabes cómo se llama el señor de blanco, pequeña?-

-Ozono…Uzunu…Osaaa…algo así- ella deletreaba con sus dedos el nombre de su salvador que no recordaba muy bien pero Chiaki la entendía perfectamente, su ancestro fue el que salvó los dos últimos hijos de Zenki de una masacre.