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Muros y aguacates

Royal Woods, Michigan

Últimos días de enero

6:45 am

La habitación de Lori y Leni Loud

No me digas, beaner, Mr. Puñetero

Te sacaré un susto por racista y culero

No llames frijolero,

Pinche gringo puñetero...

-Micky Ruibarbo, rapero mexicano.

Era extraño, por no decir inquietante, que Lincoln diera un salto tecnológico descomunal. El viejo móvil que usaba, hasta aquella horrenda tarde, seguía en perfecto funcionamiento pese a los años. Quizás debería enviar las gracias a los finlandeses que lo ensamblaron. Una reliquia de la que, en tono de broma, se decía que podía haber causado la llamada Gran Mortandad, aquel periodo de la historia de la Tierra en el que la vida fue casi borrada en su totalidad. Se decía que pudo causar semejante cataclismo, pero ahí estaban los restos, en el cesto de la basura de la acera. Y el hombre del plan debía ajustarse a las nuevas tecnologías a marchas forzadas.

-No presiones demasiado la pantalla, tonto -señaló Lori, tan paciente como podía serlo tras lo sucedido la semana anterior. La ausencia de dos de los menores y su madre, un fin de semana con la tía Ruth, el punto más crítico de la tensión entre Luan y Luna, la primera detención de Lisa, el arresto de Luan, con sus inevitables consecuencias y la encantadora cena del domingo, con un saldo mucho peor de lo temido.

-Eso trato, pero sigo sin entender este azulejo -se quejó el peliblanco. Si en la escuela se burlaba de que poseía un ladrillo, no se imaginaba qué diría la gente de verlo tan actualizado como un cavernícola al que le dieran el mando de una central nuclear.

Tuvieron suerte de haber llegado una hora después de que su padre se llevara a su tía abuela, pensó la rubia. Tanto más, considerando que, la mañana siguiente a su regreso, quiso echar una mano a Clyde para relajarse de su primera detención. Sabe mejor que nadie del porqué aquella mujer le hizo pasar en las sesiones, pero al menos se pusieron al día.

-Lincoln, por eso están los manuales -ella tomó el aparato y lo reinició de nuevo-. Ahora, puedes hacerlo tú solo.

-Ok, ya entendí. No es como si Pacowski aceptara mi renuncia al equipo de fútbol -siguió, paso a paso, con semejante "proeza".

-Sobre eso... no renunciarás -soltó Lori

-Lo sé -confirmó mientras anotaba la contraseña de su correo electrónico-. Ya agoté todo recurso posible, y lo único que saqué es que me prometiera que vería el menor tiempo posible, lo que no me salva de los entrenamientos.

-Solo trata de no hacerlo como la última vez, o serás mi taburete en cuanto vaya a la universidad con Bobby -la mirada de la rubia alfa no dejaba de vomitar corazones al mencionar al chicano.

-¿En serio voy a ir a la universidad contigo? -él sonó entusiasmado.

-Claro que no, tonto -se burló ella, mientras comenzó a aplicarse esmalte en las uñas.

-Lo sé... ¡Lo hice! -celebró el peliblanco, pues al fin pudo operar el regalo que Lori le había comprado para Navidad, aunque dado lo sucedido, había quedado arrumbado en su lado del armario.

-Es natural... quizá Leni te ayudara, pero para ello necesitarías traducir directo del Leni.

-Gracias -quiso abrazar a Lori, aunque esta lo impidió.

-No tan rápido, tonto. Te falta, por ahora, saber bloquearlo. Eso antes de bajar a desayunar.

-Rayos -maldijo el chico.

De nuevo, puso manos a la obra para poder manejar lo que, para él, era un artilugio venido de otro mundo.

~o~

La mañana pudo ser peor, pero era la segunda vez que usaría un suspensorio ortopédico para remplazar su ropa interior habitual. Y ya era oficial. No podría entrar, aunque quisiera, al arcade de Gus.

Por un momento, creyó que publicar el diario de una de las hermanas Loud sería una estupenda idea, un mero calentamiento previo al golpe que le daría a Santiago... y, sin embargo, faltaba más. En ese momento, tenía un pequeñísimo problema que, desgraciadamente para él, se agrandó como para que le prohibieran la entrada.

Carol Pingrey, una de las chicas más populares de la preparatoria, había tenido la osadía de querer meterse con alguien tan bien parecido de primaria. Por un momento, llegó a pensar en abrir un meteórico historial para presumir en la escuela que salía con una chica linda de cursos superiores. Con lo que no contaba... era que esa chica supiera manejar a sujetos como él. Estaba sola desde la muerte de su novio, pero no era una desesperada. Mucho menos una inocente palomita con la que cabría meterse.

No encontró a sus guardaespaldas. Y de verdad los necesitaba.

Vio a Ronnie Anne entrar sola a la escuela. Por ahora, precisaba no molestarle, pues deseaba estar entero para ver la cara de aquella latina retorcerse del dolor al ver como llevan a su familia al chiquero de donde salieron. Deseaba estar en un palco, para ver el acto final de esta pantomima en el mejor lugar posible.

~o~

El regreso desde la ribera del lago Huron pudo ser peor. Había pedido un viaje a una conocida suya del santuario de mascotas Green Mile, por lo que no cabía dudas de cómo iba a devolver ese favor.

Golpeado, y ya bastante repuesto de su malhadado e inesperado viaje, había llegado a la conclusión de que necesitará un baño, atención médica y un tiempo a solas de sus amados libros. En casa, había revisado su buzón. Facturas, una infracción de tránsito, eran toda su correspondencia. Toda una cálida recepción en casa, un crudo recordatorio de lo dura que puede ser la vida de un docente de primaria.

Tras salir del baño y, con esfuerzo, haber lavado las heridas de nuevo, Armand encontró una carta bastante extraña, pues era del Departamento de Educación de Michigan. Era raro que algo así le llegue, pues rara vez presentaba problemas de cualquier tipo. Tanto más si era algo de carácter urgente.

Empezó a leer.

Estimado Armand Oscar McGrady:

Debido a las quejas presentadas por la Junta de la Sociedad de Padres de Familia de la Primaria Royal Woods, sumado a una solicitud de la psicóloga escolar de dicha unidad, se le notifica de su despido, procedentea partir de los próximos ocho días hábiles. Ello se debe a un presumible caso de negligencia académica.

De ser confirmado este acto, se le hará acreedor a una inhabilitación de por vida y una posible multa de usd.$5.000,00.

Atentamente: Helen Wahlgren, secretaria de educación del estado de Michigan.

Fue directo a su sala, buscó el teléfono y llamó al director Huggins, para discutir sobre el contenido de aquella misiva.

~o~

-Muy bien, chicos -llamó la atención de su clase-, acérquense todos y formen un círculo.

Sin excepción, Padma vio como su clase seguía dicha indicación. Algunos con más hastío que otros, pero obedecían sin chistar. Si bien su brazo seguía en recuperación, ya puede moverlo con un poco más de libertad. No obstante, no deseaba mostrar sus heridas. Hasta aquella noche, creía que una cicatriz no avergonzaba, a menos que la historia tras ella fuera causa de vergüenza. Ahora, enseñarlas era motivo suficiente de ignominia.

-Y, ¿qué quiere que hagamos? -preguntó un rollizo niño de ascendencia coreana.

-Es bueno que preguntes, Ahn -puntualizó la docente india- Esto fue idea de la doctora Schiller -mencionó a la psicóloga con una disimulada familiaridad-, quien me pidió...

-¿Usarnos como grupo de control? -interrumpió Lisa, hastiada de tratar con aquella mujer.

-¿Qué es un grupo de control? -preguntaron varios de los niños del grupo.

-Lisa, de antemano me pidieron que te abstengas de participar de esto, pero... que demonios -Shrinivas se encogió de hombros-. De todas maneras, de ella no sale mi salario. Ahora -empezó a separar niños de niñas- quiero que las niñas se pongan del lado de la puerta, y los niños del lado de los ventanales. Cuando terminen, construyan un muro con todo lo que encuentren en el centro del salón, y una puerta al centro.

Presurosos, los chiquillos hicieron tal cual les fue indicado. Las sillitas, mesas y mantas fueron utilizadas como un burdo material de construcción, por lo que dicho "muro" se terminó rápido.

-Ahora, cada grupo elegirá a dos miembros que van a asegurarse de que nadie del otro lado pase por ningún lado que no sea la puerta. El resto, pueden hacer lo que quieran, siempre que no necesiten salir del salón, y terminaremos esto en hora y media. Comiencen.

Por espacio de media hora, no pasó nada relevante. Por las niñas, votaron a Lynnette, una chiquilla de cabello cobrizo, y Rochelle, de ascendencia francoargelina. Los niños eligieron a Ahn y a Joey, un chico nuevo de tez blanca con una actitud que al resto de docentes de preescolar dejaba mucho qué desear.

Pasada la barrera de los treinta y cinco minutos, cayó el primer niño. El propio Joey fue a buscar, en el guardarropa, una cajita de jugo. Había eludido su responsabilidad, por lo que él fue el primer "detenido" enviado al "corral" que las niñas habían formado. No tardó mucho tiempo para que otro cayera, Stan White, por ir y buscar su almuerzo.

Sorprendentemente, Lisa solo estaba enmedio. No era como que este extraño juego no le incomodara, pero detestaba ser el conejillo de Indias de aquella bruja. Al menos, ya no tendría que preocuparse por ver a la doctora después de la escuela.

Pensativa, la propia docente se percató de algo relativamente inusual. Los "detenidos" del grupo de los niños solo eran devueltos, mientras que a las niñas les pasaban a empujar por la pierta para que no cruzaran de nuevo. Todo ello en relativa calma, hasta que el propio Joey usó una cuerda para jalar a Lisa y obligarle a cruzar.

-¡Suelta eso, Homo sapiens testarudo! -protestó la castaña-. ¡Eso es ilegal!

-Como tú, nerd -soltó el moreno.

-¿Y porqué alegas que soy ilegal?

-Porque los nerds son tontos, y tu apestas.

-¡Sueltame, simio sin vello!

-¡Suficiente! -Padma detuvo la dinámica, al ver esto- Joey Barnabas Hicks, ¡Ése no es motivo para que trates así a tus compañeros!

-¡Usted no es nadie para decirme qué hacer, Maestra Mono!

-¡A la oficina del director Huggins! -tomó a Joey por el brazo y salieron del salón rumbo a la dirección.

Avanzando, la propia docente estaba realmente ofendida. No era la primera vez que la insultaban, pero ello siempre era en base a que la tildaban de ser una tirana con tantas emociones como una piedra. El chico, empero, cruzó la línea al usar un insulto racial. Peor aún: la comparación con los monos le parecía realmente obscena, pese a que el panteón hindú contemplaba a los monos como encarnaciones vivientes de algunas divinidades.

Definitivamente, era la última vez que haría caso de la psicóloga escolar.

~o~

La mañana fue todo un suplicio para Lynn. Desayunó separada del resto, se bañó última, los murciélagos de Lucy habían llenado de guano sus libros de estadísticas deportivas y, justo cuando pensaba que le habían dejado el asiento vomitástico (el otrora Punto Dulce), Lori la dejó atrás intencionalmente. Y eso fue solo el principio.

En la escuela, Halberg sometió al grupo de Lynn a un examen sorpresa, el cual reprobó. El "almuerzo" que le prepararon fue un sandwich de lechuga orejona con quinoa y germinado de trigo, y alguien propagó a los cuatro vientos el rumor de que ella golpeó salvajemente a sus hermanas la única vez que perdió un partido de hockey sobre pasto. Ello llevó a Pacowski a obligarla a tener que ingresar a Lynn de la única forma que le fue posible admitirle en algún equipo.

Sería la mascota de varios equipos. Y, lo que era peor, las botargas de gallo, ardilla, y halcón apenas y eran poco menos que asfixiantes hornos en cualquier época del año.

Veía con envidia a sus ex-compañeros corriendo, alineándose, ejercitándose, incluso bromeando entre sí durante la práctica del lunes. A todos, menos a la causa de, según ella, todas sus desgracias.

Por ningún lado apareció ese tipo, Racimo o como quiera que se llame. Y hacía bien. El sujeto no se veía por ninguna parte. En parte, lo agradece, pues de verdad no quería verle a la cara. Por él, sus problemas iniciaron, y llegaron a un punto crítico dos veces. La pasada víspera de Navidad, donde le rompió algunas costillas; y la cena de la noche anterior.

Los últimos equipos que le quedaban, los de tenis, balonmano, karate (que le admitió bajo reservas) y softbol, aún tienen cierto tiempo de espera. El sensei Takeshi había avisado que, por molestias de una vieja lesión, no podría asistir a las prácticas por un mes. Entró con el tiempo justo al registro de la nueva temporada de tenis y softbol aunque debiera esperar otras dos. Y ni hablar por la temporada de balonmano. El registro tardío le costó un castigo de dos semanas, lo que, sumado a la derrota en el primer juego en el que no tomó parte, suman tres.

En otras palabras, necesitará buscar culpables. Eso, o tragarse su orgullo y aceptar el hecho de hacerse cargo de sus propias acciones.

Durante la sesión de esa mañana, la doctora Schiller le había sugerido, y eso era demasiado raro hasta para la anciana, que dejara pasar un tiempo para que todo se asentara y tomara curso. Una soberana estupidez, pero ella, concluyó, usa la bata, y no hay que cuestionar a quien use la bata en un consultorio.

Toda la tarde quiso evadirse de su familia, mas Lori debía mantenerla vigilada. Apenas Lincoln le dirigía la palabra, e incluso Leni, la siempre amable y gentil Leni Loud, le dedicaba fuertes miradas de reproche. Y ella era de aquellas personas que perdonan y olvidan en cuanto a los cambios.

Lo único que deseaba en ese momento fueron un submarino de carnes frías y un poco de paz. Con algo de suerte, tuvo el primero, pero la segunda apenas y no supo conservarla.

¡Quita tus sucias manos de mi hermano, terrorista!

Esas palabras, una por una, acudieron a su mente como si el destino le jugase una mala broma. El tono con el que sonó en su cabeza fue distinto a como lo profirió aquella noche de otoño. Y un timbre muy distinto se dejó escuchar en aquellos oscuros recovecos de su mente.

Guardó el bocadillo y fue directo a casa, con una sola pregunta en mente.

¿Quién era realmente el terrorista en casa?

~o~

Una de las pocas cosas que los hermanos Santiago disfrutaban de los lunes por la noche eran las cenas en familia. Bobby había renunciado a su trabajo en la pizzería, aduciendo problemas familiares, y su antiguo empleador le pagó una compensación por las quejas que recibieran de él por el tiempo transcurrido desde su llegada, y la antipatía que despertó en algunos vecindarios el ver a un repartidor latinoamericano.

Por el otro lado, Ronnie Anne se había visto obligada a hacer un pequeño ajuste, pues con Bobby y sus tíos y prima en casa, era inevitable que Carlota hiciera algo de verdad estúpido como botar sus sudaderas en su ausencia. Al menos sus piernas estaban recuperando la fina capa de vello que la diva depredó con cera.

Saliendo de la escuela, había parado a hacer unas cuantas compras para la semana. Tomates, cebolla, ajos, un par de latas de jalapeños y otra de chipotle (algo caras, pero se lo podían permitir una vez al mes), un galón de leche, dos cajas de cereal, una bolsa de harina, fruta, aguacate, algunos embutidos, pan de caja... no es que fuera una derrochadora, pero de vez en cuando su familia agradece esos detalles.

Buscó como loca en el anaquel, mientras la gente pasaba. Quiso llamar la atención de un empleado de la tienda, pero este le señaló un letrero sobre la caja.

Esto es América

Se le atiende solo en inglés

-Soy ciudadana americana -espetó la chicana.

-Disculpe usted, pero creí que era turista guatemalteca o algo por el estilo -se excusó el susodicho, un tipo de cabello largo y perilla de tez morena clara-. Si gusta, puede llevar...

-Gracias, pero busco aguacate.

-¡Ah, si! Eso -el sujeto parecía algo lerdo, pero captó la idea-. No tenemos aguacate por ahora.

-¿Por qué?

-¿No ves las noticias, niña? -preguntó el hombre, a lo que ella negó- Dicen que no dejaron entrar un cargamento pesado de aguacate en la frontera, porque había ilegales embarcados. Era eso... o que venían contaminados por el agua de riego -añadió.

Maldiciendo, tomó sus cosas y fue directo a la caja. La mujer que le atendió apenas y parece interesada en lo que hacía, por lo que no se molestó siquiera en señalarle aquel letrero. Pagó y fue al estacionamiento, donde su hermano ya la esperaba.

Le costaba creer que, de todas las tiendas existentes en toda Royal Woods, la única que distribuye aguacate mexicano no esté surtida. No negaba que el nacional fuera grande, pero sabía, abuela Rosa mediante, que un aguacate perfecto era pequeño o mediano, no importando el tamaño sino el olor que desprende y la consistencia de la cremosa pulpa que rodea la semilla. Firme, consistente... si estaba aguado o demasiado duro, debía botarlo y esperar a que se ablandara, para saber si estaba ya en su perfecto punto de maduración.

-¿Que tal la escuela?

-Algo pesada -responde ella-. Algún tonto robó las ranas del salón de ciencias, y el director Huggins preguntó sobre quién fue el héroe de las ranas.

-Es raro que lo digas, porque ví al Pequeño Loud y a Lana correr con algo de moco en la camisa hace rato.

-¿Y exactamente qué rayos hacías allí?

-Este... -el latino se puso nervioso, pues no quería darle la sorpresa a su hermana de que trabajará en el arcade- ¿saltando... clases con Lori? -sonrió nervioso.

-Un momento -Ronalda marcó un número en particular-... ¿Lori? -puso el altavoz.

-Literalmente, estoy ocupada -rugió la rubia por el altavoz-. ¡No encuentro a Bobby desde que lo ví en el estacionamiento de la preparatoria!

-Estoy con él, y me dijo que se saltó el día estando contigo -declaró la chicana, ante la mirada aterrada de su hermano.

-Luego ajusto cuentas contigo, Bobby.

-Gracias, te debo una.

-Cómo sea -colgó molesta.

-¿Saltando clases?

-Bueno... ¡Es algo que no te incumbe! -se descargó golpeando el claxon y frenando.

-Ok... creo que mejor me voy caminando -tomó su mochila y bajó del auto, dejando a su hermano con las compras.

.

Durante la cena, los cuatro Santiago parecían algo callados. No era para menos, pues los lunes eran, generalmente, noches de guacamole. No el aguacate aplastado que en distintas series vendían como tal, sino una salsa pastosa con base de aguacate. Y, si hay algo que Rosa Casagrande enseña con dureza a su estirpe, es a preparar, de menos, un guacamole decente. Cebolla, sal, chile serrano y cilantro. Todo tan proporcionado como para no profanarlo agregando algo más. Esa noche, sin embargo, estaba destacando por su ausencia.

Roberto sr. apenas y tocaba su pechuga empanizada. Para él, era una verdadera herejía que faltara algún aderezo picante sobre su cena, y los lunes no perdonaba el tazón. En cuanto a María, podía tomarlo con más calma. En cuanto a su prole, al menos era algo que no les preocupaba mucho.

-¿Pasó algo nuevo? -Bobby rompió el silencio.

-Nada serio, si a eso te refieres -respondió su padre.

-No querrán que cuente lo que pasó en Urgencias -confesósu madre.

-Su madre tiene razón, chicos -confirmó el propio Roberto sr-. Cuando su madre me dijo, no pude parar de reir.

-¿Tiene que ver con alguien cayendo de una camilla? -la sonrisa de Ronnie Anne se hizo un tanto inquisitiva.

-No voy a soltar nada -María se resiste a contar sobre lo visto por ella.

-¡Vamos, solo cuenta...! -Roberto se detuvo, colocando su brazo derecho sobre la mesa.

-No, no, no. No voy a... ¿Roberto?

El cabeza de familia solo se levantó de la silla en que estaba sentado, avanzando en dirección al cuarto de baño, buscando el botiquín. Su mirada estaba perdida, como la vez que se trató aquella hernia.

-¿Estás bien? -Bobby sonó afectado.

-No es nada, m'ijo. Solo... no siento... mi... brazo izq...

La caída fue dura. Nadie en casa esperaba eso, pues pese a estar en su cuarta década, apenas y tuvo problemas más allá de una hernia y dos bajas en la presión, la última de ellas cuando se enteró de que sería padre de una niña.

Ronnie Anne se sentía de verdad impotente. Mientras su madre trataba de reanimarlo y Bobby marcaba al 911, ella no tenía la más remota idea de qué hacer frente a algo así.

~o~

El que hayan acordado mantener a Lynn como una paria por un tiempo apenas y fue el principio, mas no así fue señal de una pronta reconciliación, y el que Luan durmiera en el bunker de Lisa hasta nuevo aviso no ayuda mucho. De hecho, todo lo contrario, como una vez que dejó una máquina de niebla junto al Sr. Cocos y Lori se ausentó por ir a comprar zapatos con Leni. Ambas le habían exigido al chico que intercediera por ambas, aunque terminó saltando por la ventana, incapaz de tomar una resolución coherente. El resultado: que el traje del títere estaba dañado y uno de los brazos se le encogiera lo suficiente como para recurrir a un "transplante" de emergencia, siendo el Coronel Galleta el donante.

Por ahora, tenía que acostumbrarse a usar jeans. Las secuelas del castigo impuesto por la tía Ruth seguían visibles, y las costras en sus rodillas tomaron mal aspecto. No podía ocultar completamente la venda que rodeaba su cabeza, producto del golpe que Luan le había propinado, a menos que usara un gorro, y casi ninguno de los que tenía combinaba completamente.

Una cosa era segura. En cuanto tuviera a Lynn dos dedos de frente, y estuvieran a solas, ajustaría cuentas con ella. No la culpaba de nada, en realidad, pero ella misma no era capaz de perdonar a nadie que lastimara siquiera un pelo de Lincoln. A menos, claro, que fueran ella o sus demás hermanas, y solo si estas tengan un motivo lo suficientemente bueno para ello.

El día fue bastante raro. Primero, no vio a Leni pegada a Layla, y eso que la egipcia le empezó a agradar. De hecho, no la había visto desde el jueves. Y eso inquietó bastante a su hermana mayor inmediata. Parecía que Leni no era tan despistada junto a ella, llegando a sugerirle incluso trabajar en el Jean Juan o el Aloha Camarada, aquel anto de fusión ruso-hawaiano que recién abrió.

Segundo, y esto bastante más serio, al grupo que se reunía en la cafetería escolar para tocar de vez en cuando se les sumaron dos personas más. Un chico de cabello corto, castaño, vestía chaqueta de cuero, jeans, playera camiseta blanca y botas como para ir a un concierto de metal, y una chica delgada, rubia, que vestía chaqueta de mezclilla, blusa blanca con el logo de la Real Fuerza Aérea, leggins morados y botas de cuero. El estilo de ambos le agradó, pues a legua se veía que Robert Plant y Mick Swagger dejaron en ambos su impronta.

No dejó de pensar en una pequeña lista que tenía en su billetera, por lo que la revisó por enésima vez. "Besar a un chico en un concierto de Mick", "llevar a la cama a Hugh", "ir a un juego de soccer en Inglaterra", "tocar en el Hyde Park junto a Mick", esas eran algunas de las metas que Luna se había fijado a largo plazo. Otras, como "hacer que mis hermanas gocen su primer concierto" y "lavarle la boca con jabón a Lincoln" estaban por demás tachadas. A estas alturas era imposible que Luan le permitiera acercarse a ella siquiera, a menos que precisara algún material.

Otras metas eran ya de por sí ridículas. "Salir con alguien que me doble la edad" estaba fuera de discusión, "saltar por la ventana" se la arrebató Lincoln, aunque él tuvo suerte de que Lana dejara esa ventana abierta. Ni hablar de "probar chucrut con crema de maní". Los gases que esa mezcla le provocaron noquearon a Lana, y la "Princesa de lo apestoso" era toda una autoridad a la hora de apestar.

-Fui una entusiasta, una soñadora, ¿verdad? -se preguntó en voz alta, sin esperar respuesta alguna.

Tomó los restos de su guitarra acústica. No era un mal instrumento, pensó, pero ahora era un montón de astillas, metal, cuerdas y sangre. Sabía de algún guitarrista que armó su propia guitarra desde cero, usando piezas extrañas. Una caja y el brazo de caoba salida del marco de una chimenea, trastes hechos con botones y desechos sacados de una vieja motocicleta, una conexión de una vieja Telecaster y una moneda de cinco peniques fueron todo su materia disponible.

Desde luego, ni loca se atrevería a ir al deshuesadero por materiales. Mucho menos ahora, con la tensión que en ese momento se respiraba en casa. Sabía que era bienvenida en casa de Tabby y con Chunk en el centro, pero necesitaba compensar tres cosas.

Desde luego, sabía que su hermano estaba para ella cuando menos una décima parte de su tiempo peae a su cercanía. Y quizás lo necesitara ahora. Necesitaba compensar de alguna forma el que tomara sus ahorros para sacar a Luan de su visita al Departamento de policía.

Necesitará compensar a Luan por haber arruinado su carrera, aún si eso implicara salir de su zona de confort y humillarse al más puro estilo de un payaso. Después de todo, ella misma conocía otras formas de llegar al corazón de las personas, y tal vez algunas canciones que suenen bastante divertidas surtirían efecto para sacar adelante a Negocios Graciosos.

Y, sobre todo, necesitaba compensar a cierta persona que merece una disculpa.

~o~

No sabía que odiaba más. Si haber sido obligada a tomar consulta, la fama de esa mujer como una retrógrada con menos emociones que el vacío existente en la oscuridad o el que su decoración se destaque por dos nuevos cuadros de gatos con vestiditos tiernos y corbata, contrario al librero que dominaba la vista.

En verdad, si fuera mayor de edad, le arrancaría la cabeza a McGrady por haberle ofrecido esa mujer.

Henrietta, por su lado, sostiene entre manos el expediente de Lucy y lo lee antes de hablar.

La estudiante revela una completa capacidad como escritora, pese a su corta edad. Sin embargo, su natural propensión al aislamiento y la eventual compañía de estudiantes con ideología o gustos similares solo terminarán por atrofiar su capacidad social y cognitiva.

Como es de esperarse, la influencia de uno de los padres, en este caso su madre, la inhabilita para establecer un vínculo duradero con dichas entidades o incluso con su círculo social más íntimo. Y su nucleo fraternal no ayuda mucho que digamos. Con seis hermanos mayores y cuatro menores a los que, me atrevo a decir, suele intimidar con sus súbitas apariciones, me atrevo a sugerir que se acercara, de forma paulatina, a entablar una convivencia social más abierta.

En lo personal, sus gustos por un serial de romanticismo vampírico denota una necesidad patológica de un amor duradero, aunque dudo mucho que no encuentre a alguien que la comprenda.

-Así que... Lucianne, ¿cierto?

-En realidad, es Lucy -salmodió la gótica-. Lucy Loud.

-Veo que, según su expediente -observó la foto actualizada anexa, donde ella sujeta un libro de un tal Bela Le Ghosty.

-¿Y por qué se empeña en aislarse de las demás personas?

-Parafraseando a una escritora cínica, no es que tenga baja autoestima -arrastró su respuesta-. Solo la tengo por el resto de los mortales.

-Cinismo y sarcasmo -Schiller meditó un poco sus palabras-. Dos principios que se contraponen y complementan como armas destructoras de relaciones. ¿Puede decirme a quién o quiénes puede atribuir esa cita?

-Puede ahorrarse la búsqueda de esa información, doctora -la poetisa se mantenía estoica-. Dudo mucho que goce sabiendo la respuesta... suspiro.

-El reemplazar con palabras algunas acciones corporales es algo incorrecto, Lucy. Tanto más si consideras que muchas de las "subculturas urbanas" surgieron debido a perversiones en sí mismas de un... tronco originario, si quieres verlo así.

-No es necesario que esgrima lo evidente.

-¿Sabías que -dio un sorbo a su taza, servida en ese momento con té de jazmín- la denominada cultura gótica surgió a inicios de 1981 como una refinación al movimiento oscurantista de mediados de los años setenta?

-¿Refinación?

-El... movimiento oscurantista... -prosigue la terapeuta-... era una corrupción satírica de todo lo que el rock representaba, como una natural oposición al movimiento Punk de 1976. El punk busca un matiz político, material mientras que aquellos opuestos aprovecharon los rumores que etiquetaron a la música rock como" satánica a priori", venerando incluso aquello a lo que quisieron ridiculizar. El movimiento gótico... solo asimiló y veneró dicho camino, obviando toda suerte de... aberraciones. Desecharon lo grotesco y refinaron ese supuesto amor por las sombras.

Por Armand, sabía que esa chiquilla sería un hueso muy duro de roer, y tenía razón. Si el docente no pudo lograr que se cortara el flequillo, ¿qué logrará ella con semejante piedra?

-Sus argumentos no me convencen. Por cierto que sea ello, ni siquiera puede compararse a...

-No estamos hablando de una quimera a la que le concedieran un don maldito, Lucy -espetó la psicóloga-. Es sobre usted y sus... tendencias misántropas.

-No desprecio por completo a la humanidad. Solo a aquellos que abrazan la luz y a los relucientes objetos que ello trae consigo.

-¿Y no son los libros que lees uno de tantos objetos que trae la oscuridad que tanto adoras?

-No quiera torcer mis palabras, doctora.

-Solo brindas la idea, niña. Y tarde o temprano la idea se vuelve palabram antes de ser acción.

-Sinceramente, usted y mi quinta hermana mayor se parecen demasiado -escupió Lucy-. De verdad creen que lo que aman es aquello que impulsa las olas de un mar negro en medio de un huracán -mientras observa a la pelinegra dirigirse a la salida, decidió jugar su últina carta.

-El viernes durante el almuerzo, por favor. Y, de ser posible, traiga a su hermano.

Desde hace tiempo, Henrietta quería comprobar si las personas más cercanas a Clyde eran la llave para quebrarlo. Y, para su consternación, dicha teoría fue imposible de debatir con hechos. Hasta ahora, nada funciona como debiera funcionar, pensó moentras bebía otro sorbo de su té.

~o~

Las clases habían finalizado, y Lincoln recién regresaba a la escuela tras ejecutar, junto a Lana, un rescate descabellado como era salvar a dos docenas de patos de ser relleno de enchiladas. El chico con nieve en el tejado no se sorprendía, pues no era la primera ocasión que terminaba en detención.

Salon 4-c a las tres. Ya el director Huggins se había encargado de hacer saber a Lori que llegará tarde gracias a su "heroico" acto de salvamento batracio. Una o dos horas, pues sabía que esa semana corresponde al profesor McGrady. No era un docente al que, absolutamente, convenía sobornar de algún modo.

Apenas llegando al salón de detención, vio salir a Clyde. El crespo, algo afectado, apenas y saludó a Lincoln y se fue.

-Ya era hora -espetó el encargado, que exhibe de forma discreta los últimos rastros de su inesperado encuentro de la semana pasada-. Lyndon Loud, ¿cierto?

-Es "Lincoln" -corrigió el peliblanco.

-Tome asiento en la segunda fila, tercera columna -indicó el castaño calvo.

Se sentó en dicho sitio, estando prácticamente solo. Junto a él, se sorprendió de ver a Haiku (ocupada con sus versos) y Lisa, centrada en perfeccionar un aparato de rastreo.

-¿Lisa? -se sorprendió Lincoln- ¿Qué rayos haces aquí?

-No alzes la voz, Lincoln -chistó ella a su hermano-. Ya estaba harta de tener que lavar suspensorios.

-Por suerte para ustedes, niños -habló McGrady-, los que permanezcan en detención esta semana no van a tener servicio comunitario que implique preparar equipos para la temporada de fútbol. Los lineamientos -señaló a la pizarra- están escritos.

El docente, al igual que Schiller, había escrito en la pizarra los lineamientos de su régumen de detención.

Salida a las 17:00 hrs

Silencio si hay trabajo, pero el ruido debe ser mínimo

Dispositivos en la puerta. De sonar, avisen su situación. En caso de emergencia REAL, se autoriza su salida, siempre y cuando entreguen pruebas.

El trabajo asignado debe ser entregado antes del cierre

De ser terminado antes de las 16:00, se pueden retirar después de firmar

Dos rondas a la semana de servicio comunitario en el santuario de mascotas Green Mile

Ingesta de alimentos. Intolerable antes de las 16:30

Se prohibe la goma de mascar

De llover o nevar con intensidad, deben retirarse lo más probto posible.

La regla aplica de ser emitida alguna contingencia.

Mientras leía, otras tantas personas entraron. Reconoció a Tabby, Zack, Lasky, Jackson y, cosa extraña, a una chica del grupo de Cristina. Rubia oscura, nariz un poco chata, cabello a los hombros, blusa amarilla de tirantes, ojos como chocolates en una caja, sandalias azules con tiras amarillas... si ella era Paige, definitivamente el cambio le hizo demasiado bien.

-Si algunos de los presentes han terminado de navegar por los ríos de Babalonia -McGrady rió con disimulo sobre ese chiste, a lo que Lincoln se percató de que había un hilo de saliva cayendo por la comisura de sus labios-, voy a pedirles un ensayo de doscientas palabras sobre alguna cosa que les guste -tomó una pausa antes de seguir hablando-. No aceptaré películas, héroes de historietas, videojuegos, cosas asquerosas ni poesía. Tienen hasta las cuatro si quieren irse temprano a casa.

"¿Doscientas palabras? Pan comido", pensó Lincoln. Y, para él, realmente sería sencillo. Podía hablar de su colección de monedas. Algo aburrido para mucha gente, pero no necesariamente aburrido si se tiene el interés para conseguir y conservar monedas de todo el mundo.

-Disculpa, Armand -llamó Henrietta a la puerta-, ¿puedes venir un momento, por favor?

Resignado, el docente fue al pasillo.

-¿Ahora qué quieres, Schiller? ¿No ves que estoy ocupado? -escupió McGrady.

-De eso quería hablar, idiota -la psicóloga estaba molesta-. ¿Sabías que el chico McBride tiene mes y medio en detención?

-Fue a petición de Wilbur -respondió lacónico-. Y ha detectado otras anomalías sobre tu régimen. Anomalías que, me pidió, corrija de inmediato.

-Una cosa es perdonar a un estudiante que insulte a un profesor o a algún empleado, y una muy distinta exculpar a una ladrona.

-Vamos, ¡adelante, Henrietta! Sigue con tu caza de brujas, porque yo mismo voy a cazar una muy anciana.

-¿Insinúas que soy una anciana? -protestó la pelirroja de tinte.

-¡Tú solo pones las palabras a la idea, Henrietta! -bramó el profesor- ¡Te crees demasiado superior cuando una niña de ocho años te puso contra las cuerdas!

-¿Cómo demonios supiste que esa estúpida mocosa me puso en jaque?

-Si supieras interpretar gestos, habrás tenido una clara idea de lo que esa niña hizo.

-Veo -quiso cambiar de tema- que tienes a cierto chico.

-No se te ocurra arrastrarlo contigo, Matilda -el calvo trató de tomar las riendas.

-Mucha suerte con eso.

La psicóloga entró al salón, esperando a encontrar a cierto chico afroamericano, sin éxito. Empero, tuvo suerte al encontrar a alguien que le onteresaba para quebrar a McBride.

-Lo espero el viernes en mi despacho, Lincoln- anunció Henrietta.

El principal interesado apenas e hizo caso del anuncio.

~o~

Había pasado mediodía y ambos estaban consternados. No era nada halagador saber que el hombre que consagró su vida para dar lo mejor de sí a la siguiente generación estuviera postrado en una cama de hospital. Tanto peor, si se considera que el único cardiólogo disponible en el nocturno se negaba a atender al marido de una de las enfermeras del hospital. Tuvieron que esperar hasta que un interno lo aceptara.

Por una semana, la cabeza de la familia Santiago debería guardar reposo. Dieta blanda, grasas al mínimo y bastantes líquidos, eran el complemento de semejante rutina. El infarto, por suerte, no era de los grandes, pero deberán tener cuidado de no agitarle demasiado.

-¿Qué no fueron a la escuela? -cuestionó Roberto sr, al ver a Bobby dormido en el sillón de la pieza que compartía con un herido de bala.

-Solo Ronalda -contestó María, más aliviada pero no por ello más descansada-. Bobby no quiso separarse en toda la noche-. Está algo... afectada.

-¿Y quien no? -rió secamente el mayor- Papá no era el hombre más delgado que conocí, y hasta que se enteró de que sería abuelo por segunda vez, no padecía ningún mal del corazón.

-¿Estuviste a punto de morir y bromeas con mi suegro de ello? -la morena expresó incrédula- De verdad eres perverso.

-No más que tú, mujer. No más que la enfermera con la que me casé.

-De todos modos, no es como si Ronalda lo hubiera matado.

-María, el hombre era un macho. ¿Por qué crees que a Lourdes no la contempló en su testamento?

-Creí que no ibas a sacarme eso nunca -la mirada de la mujer se ensombreció-. Sigo sin entender lo que hizo.

-Solo se sentía incómoda, por eso... el viejo la repudió. No le csbía en la cabeza que una mujer quiso cambiar se sexo.

Mientras María acomoda la almohada de su cónyuge, Bobby no pudo evitar escucharlo todo. El adolescente había escuchado toda la conversación, y de verdad quiso no haber escuchado que su abuelo paterno, a quien recordaba como un hombre bastante severo, no deseaba a una niña por nieta, ni a una tía, con la que perdieron contacto, que cometiera el "error" de ser hombre.

~o~

De ningún modo Clyde se perdería una clásica tarde en casa. Los martes por la tarde tenía casa sola hasta las cinco, y anhelaba disfrutar de una tarde con su "hermano de otra familia". Anhelaba, porque en ese instante no estaba disponible para nada hasta que saliera de detención. Tuvo suerte de que McGrady le permitiera salir. Sabía por Lucy que el individuo era bastante pesado, y el tono diplomático que solía usar era prueba de ello. Amable, muchas veces dispuesto a negociar, pocas veces perdedor en la mesa.

Había otras personas, desde luego. Rusty y Rocky, su hermano, tenían la tarde libre en cuanto terminaran de echar una mano a su padre. Liam solo podía estar por media hora, a causa de que la distancia entre ambas casas es larga. Zack está en detención por haber vomitado por accidente su pizza de palomitas de maíz sobre el nuevo hábitat de las ranas del laboratorio, y Lincoln por el robo de las ranas que ahora estaban en dicho hábitat.

Le habría causado gracia. Por recomendación del médico, no se le tenía permitido diseccionar nada, y las ranas no le agradaban demasiado. Ni siquiera cuando Seymour vivía o cuando llegó Hops a casa de los Loud le agradaban. De hecho, la última vez que sus padres lo llevaron a cenar ancas de rana, el pobre tuvo que ser hospitalizado porque, creyendo que eran piernas de pollo, nadie le dijo hasta que encontró una anca que estaba a medio cocinar, y tenía un sospechoso aroma de charca lodosa. A partir de entonces, era raro que estuviera cerca de alguna rana.

Decidió dar cuenta de las sobras del desayuno. Últimamente no había podido comer tranquilo, en parte por la detención y sus efectos, en parte por culpa de la psicóloga escolar, en parte, y más reciente, por que Lincoln no estuvo para brindarle apoyo moral. Entendía perfectamente que tuvo un asunto pendiente por atender desde el miércoles pasado, aunque agradeció que lo pusiera al día.

Volvió a ver las fotos que el "cadete Crema" tomó en DC, y notó que en varias había una chica morena de cabello verde. En una de las fotos, estaba a lo lejos, vistiendo un conjunto azul claro estando en un complejo militar. En otra, durante lo que parecía ser el desayuno del jueves, esta quiso abrazarle, y nadie le había dicho.

Era oficial. De todas las personas que su mejor amigo ha conocido, aquella chica merecía el distintivo de ser la más rara. Y por mucho. Se le hacía raro que Tabby aísle las paredes con cartones de huevo como su cita ideal, de igual modo que a Penélope le guste la Princesa Pony o a Giggles le preocupa saber cuantos payasos puede meter en un auto compacto. Incluso Cristina tenía sus fallas, como su alergia a los gatos o su visceral terror a los vampiros. Pero aquella peliverde, de todas, era la más rara. Robarle la ropa interior, tomarle fotos desde el conducto de ventilación, tratar de alimentarlo como a un bebé...

Dando cuenta del tocino, escuchó sonar su móvil.

-¿Hola?

-¿Clyde? -se escuchó la voz de Lincoln al teléfono, un poco más tranquilo que cuando entró al salón 4-c- ¿Estás en casa?

-Si, no tengo nada que hacer.

-¡Que alívio! Creí que no terminaría ese ensayo -celebró el peliblanco.

-¿Qué ensayo?

-Uno que dejó McGrady para salir antes de tiempo -se escuchaba aliviado-, pero tengo un... pequeño problema.

-¿Qué clase de problema? ¿Alguien más robó tu ropa interior?

-Iré al grano, hermano -escucha al peliblanco tomar aire-. El viernes tengo que ver a esa bruja antes del entrenamiento con Pakowski.

El afroamericano jadeó tan súbitamente que, por la impresión, comenzó a hiperventilar. "¿Enfrentar a esa mujer? ¡Lo van a hacer polvo!" pensaba el moreno. Si estuvo a un paso de hacerlo con él hasta esa mañana, no quería imaginarse lo que a él le esperaría.

-¿Estás bien? -preguntó Lincoln al otro lado de la línea- ¿Clyde?

Sin pensarlo dos veces, colgó y salió corriendo, sin importarle que casi arrollara a algunos peatones que iban caminando. Por un momento, olvidó que no traía el repuesto para su inhalador. Pese a ello, siguió en su demencial avance al 1216 de la Avenida Franklin.

.

-¿Estás bien? ¿Clyde?

Oyó que le colgaban, luego de un minuto completo de escuchar jadeos. Pese a que Clyde se negaba, sabe que si eso pasaba una cosa estaba segura.

-¡Lincoln! ¡¿Estás ahí?! ¡Abre la puerta! -escuchó vocear a Clyde desde el patio del frente.

El ver a su mejor amigo desfallecer por una hiperventilación, una carrera prolongada y un verdadero diluvio de sudoración le hicieron saber que tenía algo gordo que contar.

-¿Estás bien? -la pregunta de Lincoln era más que innecesaria, aunque no lo fuera.

-Dame... un minuto... -Clyde jadeaba con fuerza, pues se negaba a creer que pudo hacer semejante trayecto en tiempo record.

-Todo el tiempo que requieras.

Tratando de refrescar al chico, no se dio cuenta de que Lori salía para su empleo de medio tiempo en el arcade. Cosa que, por desgracia, el moreno pudo ver. Ello le causó, por primera vez en mucho tiempo, un "colapso de sistemas".

Todo un buen tiempo sin esas reacciones tirado a la basura.

~o~

Phoenix, Arizona

Cinco días bastaron para llegar desde la población de Maricopa, a media hora del "Infierno Arpaio", a Phoenix. Había tenido que cambiar de convoy y ropa en Picacho hace tres día, pues el tren que tomó iba para El Paso, directo a las aduanas... y a los federales.

Scott no hizo mucho en la escala de Picacho. Era la primera vez que golpeaba a alguien hasta la muerte solo para quitarle la ropa a uno de los empleados de la línea. El pobre infeliz, al parecer, estaba bastante bien pagado, pues en su billetera había poco menos de novecientos dólares. No lamentaba para nada que el sujeto tuviera bocas qué alimentar. El mundo, pensaba, debería pertenecer a los fuertes, a los duros.

Glenn Sandoval, rezaba en su licencia de manejo. No eran muy parecidos, pero algo es algo, en especial cuando de regresar a la vieja Michigan se refería. Alegaría que se hizo cirugía, por si planeaban detenerle. Extrañarían en casa al desgraciado, no lo negaba. Pero en lo que a él respecta, solo fue un estorbo necesario.

El tren que le llevará al norte daba por no pocas escalas. Gallup y Belen en Nuevo México, Pecos, Odessa antes de tomar otro tren en Sweetwater, en Texas, e ir al norte rumbo a Wichita, seguir a Kansas City, tomar un autobús que le lleve a Chicago y, si era necesario, robaría allí un auto hasta Detroit, antes de tomar otro autobús que lo lleve a la frontera. Mucho más elaborado que ir y tomar el tren a San Diego o a El Paso y cruzar a Tijuana o a Ciudad Juarez.

Le alegró ver un cartel pegado en la zona, tras dejar a su víctima.

SE BUSCA

Scott Aguilar

Raza: mestizo latino-caucásico

Estatura: 5' 7"/169 cm

Peso: 116 lbs/53 kg

Cabello: negro natural, teñido rubio, rizado

Ojos: café oscuro, avellanados

Piel: morena clara

Fugado de la prisión del condado Maricopa. Visto por última vez en un tren de carga con destino a Ciudad Juárez, México. Se presume que pueda cruzar la frontera.

Tuvo que reprimir una carcajada. El no quería ir a México. El no deseaba saber del lugar del que vino su padre, un sujeto que fue deportado cuando fuera niño que decidiera casarse con su madre, una neurótica y alcohólica mujer blanca que rompió todo lazo con ellos y entregarse a las piernas de la primera mujer que se le cruzara en Veracruz.

Mientras el tren a Sweetwater avanzaba, dio una mordida al trozo de pollo frito que consiguió media hora atrás. El viaje a Michigan sería muy largo, y necesitará toda su fuerza para cruzar rumbo a Canadá.

~o~

Algo de verdad andaba mal con Ronnie Anne. No hubo martes de hamburguesa, por lo que no tuvo que sacar ajonjolí de su trasero. Nada de basura en su casillero, ni un calzón chino, mucho menos una solitaria goma de mascar en el cabello. No obstante, no extrañaba eso.

Vio a su bravucona, sola y cabizbaja, en el comedor. Apenas y picoteaba su almuerzo, ya de por sí, pensó, bastante miserable. Una especie de fritura de maiz con un relleno de algo que pareciera carne seca y adobada con cilantro y cebolla por aderezo, fruta picada de forma tosca y una botella de soda de cola. La fritura, le pareció, se estaba empezando a quemar cuando la sacaron del fuego, y la cebolla se veía como si en vez de picarla la hubieran mordido. Y del cilantro, ni hablar.

-¿Puedo sentarme? -pidió cortés el peliblanco.

-Meh... -apenas gesticuló ella, dejando que se sentara a su lado.

La actitud de la latina se vio reflejada en las acciones de algunas personas. Algunos, como Cristina, Mollie y Cookie, pasaron de largo y cuchicheando al respecto. Clyde, Liam, Rusty y Zack, por su lado, le hicieron compañía, pese al desdén con que ésta los trataba generalmente. Otros, como Tabby, solo pasaban de largo. La punk se fue de largo, pues ella y la latina apenas y se conocen. Pasando al lado de Lincoln, ésta dejó, sin que él lo supiera, una notita en la bandeja de su almuerzo.

Hubo alguien, sin embargo, a quien le complacía el cuadro.

-Mmm... nada como perdedora -enfatizó Chandler al atravesar hacia la barra- fresca por la mañana.

Nadie respondió. El acaudalado chico se acercó a donde Santiago estaba sentada con una sonrisa de lado a lado.

-Dime, Ronalda -el tono de su voz era bastante melifluo como para no pasar desapercibido ante nadie-. ¿Algún familiar tuyo no ha sido expulsado del país? ¿No has sufrido nada?

-¿Ahora qué quieres con ella, Chad? -Lincoln se levantó molesto.

-Ah, si... el fenómeno albino -sonrió despreocupado el aludido-. ¿Viste la joya que hay en mi canal de videos?

-¿Fuiste tú? -el peliblanco, furioso, le lanzó una mirada asesina al chico, preguntando por aquellos videos que cierta pelirroja le mostró hace casi una semana.

-Tranquilo, viejo. Solo me trajo medio millón de visitas... en todo el mundo. ¡Nada como humillar -susurró entre ambos, para que Ronnie Anne le escuchara- a un fenómeno antinatural y a una mojada!

Sin previo aviso, Lincoln y Ronnie Anne se lanzaron sobre Chandler. Los brutos que tenía por amigos y guardaespaldas hicieron el amago por separarlos, ocasionando que el centro de la cafetería se volviera una batalla campal a dos bandos. Chandler y sus camaradas de un lado, Lincoln, Ronnie Anne, Clyde, Zack, Liam y Rusty por el otro, dando tumbos y golpes a diestra y siniestra.

La gresca habría pasado a mayores de no ser porque el entrenador Pacowski hizo sonar su silbato, dando fin a las hostilidades.

-¿Puede decirme alguien qué demonios sucede aquí? -gritó el rollizo entrenador a todo mundo.

-¡Esos dos -Chandler señaló al peliblanco y a la latina, entre protestas- me atacaron sin razón válida!

-¡Razones válidas mi trasero! -Rusty quiso intervenir.

-¡Eres un mentiroso! -bramó Liam, quien tenía la camisa verde a rayas rasgada.

-¡Si es cierto eso, yo soy un renacuajo! -Zack añadió con ironía, abusando del seseo porque se mordió la lengua.

-¡Lincoln solo quería...! -el afroamericano fue interrumpido desde la mesa pegajosa

-El... miente, entrenador -Rashid habló con calma, aparentemente ajeno a lo que pasaba-. No sé que les dijo para que actuaran como fieras, pero llegó insultandolos a ambos, y le dejo algo a Lyndon sobre unos videos.

-¿Es cierto eso, Abbas? -Pacowski se mostró molesto.

-Dijo... -jadeó Lincoln-... que yo era un fenómeno, y que Ronnie Anne era una mojada.

-Todos a la oficina de Huggins al terminar las clases -espetó el entrenador-. Retrasaré el entrenamiento una hora. Chandler, de una vez, para ahorrar problemas de fuga.

Luego de que Pacowski se llevara al acaudalado fuera de la cafetería, sus compinches, prudentes, salieron de allí. El resto trató de volver a sus almuerzos, o lo que quedaba de ellos, o decidió que no tenía tanto apetito luego de ver tan indigesto plato.

Lincoln vio con pena los almuerzos de sus amigos. Pedazos de jamón, pan blanco y verdura que eran los sándwiches de Rusty y Zack habían volado junto con la fritura de Ronnie Anne, que terminaron pisoteadas junto a una pasta extraña que trajo Liam y sus propios sándwiches de salchicha asada con chucrut.

-Nos vemos al rato... Patético -suspiró Ronnie Anne, mientras salía del lugar. La sudadera morada estaba cubierta de restos de comida y sangre.

-Ahora sí -Liam se lamentó-, lo echamos a perder.

-Eso no es nada que no haya visto -rió Zack-. Es como la vez que Renee y yo peleamos por un ejemplar de Ace Savvy... no recuerdo cual era.

-Vamos -intervino Rusty, siguiendo la corriente-. No puede estar...

Como si la charla fuese a tener un giro de mal gusto, Haiku caminaba hacia la barra por un postre, resbalando al pasar por el grupo. En su caída, arrastró a Lincoln, sujetando al peliblanco del cuello de la polera.

-¡L-lo siento! ¡No era mi intención! -el hombre del plan se deshizo en excusas, pues por la caída terminó besando a la oriental.

-No te preocupes -soltó la gótica, con toda la calma del mundo-. Quizás alguna ley tuvo su demostración, como el hecho de que terminaremos como el rey y el peón en el ajedrez -ambos se levantaron, limpiando ella un poco el desastre-. No suelo comer cosas de Medio Oriente, pero ese hummus estaba bueno. Disculpen -reanudó su camino y tomó una natilla, dirigiéndose de nuevo a su lugar.

-Rusty, acaso ibas a decir... ¡¿Peor?! -Lincoln estaba avergonzado.

El larguirucho solo se encogió de hombros, tomando sus cosas y regresando al salón. El resto, fastidiado por lo sucedido, siguió sus pasos.

Tras ellos, Rashid seguía atento al grupo. No era un chismoso, ni mucho menos un fisgón, pero escuchó a aquella rara la palabra "hummus". Solo conocía una persona que, hasta hace poco, le ponía por almuerzo hummus, jocoque con aceite de oliva y menta picada, y trozos de pan tostado cortado en triángulos.

Se guardaría sus sospechas, en parte porque no había ningún lacteo en el suelo, y en parte porque, pensaba, la madre de Liam quizás decidiera experimentar con comida extranjera. De todos modos, no era su asunto, por lo que volvió a poner su atención a su tabouli. La segunda parte de la jornada será bastante pesada.

~o~

-¡No, no, no, Jackson! ¡Se supone que debes estar al pendiente del campo! -maldecía el grueso entrenador Pacowski, al ver que su ahora primer mariscal de campo no seguía indicaciones.

-¡No es mi culpa que Lincoln sea muy rápido! -se quejó el moreno, pues durante sus ejercicios de precisión, el peliblanco era un objetivo casi inalcanzable, acertando solo una de trece veces.

-Gracias por hacerles arrastrar llantas, Rudy -salpicó de saliva al mariscal-. ¿Qué esperan a su madre con chocolate caliente y su osito de peluche? ¡Las llantas, ya! -se dirigió por igual a mariscales, corredores y receptores.

La sesión de entrenamiento ahora era mucho más dura. Con la baja definitiva de Rudy Lasky por su mudanza a Crystal Lake, al noroeste del estado, y la deserción de dos esquineros, aunado al asunto que lo llevó por primera vez a la oficina del director Huggins en su vida, Rashid estaba lo bastante nervioso como para tratar de mantenerse en su puesto como tackle defensivo. Las amenazas de su madre siempre dieron marcha atrás, con la condición de que debía demostrar que aquel (para ella) extraño deporte vale la pena

La sanción para aquél sujeto, Chandler, había sido bastante ejemplar. Con tantos testigos y testimonios en contra, al infeliz le dieron dos semanas en detención, una en terapia y una carta de aviso fueron suficientes para amedrentarlo y saber que, no importando qué trabajo tenga su padre, no era ni más ni menos que cualquier otro estudiante. Al menos, eso parecía.

-¡En formación! -exigió a voces el entrenador- ¡Listos! ¡Carguen!

Lo extraño para el egipcio era que, no importando la posición que juegue, todos por igual debían someterse a una aparente crueldad. Al otro lado del campo, pudo apreciar que los dos corredores restantes, los esquineros y los receptores estaban recibiendo una cátedra de lo que el agotamiento representaba, arrastrando llantas de camión por buena parte de la zona de anotación. De su propio lado, veía a Ronnie Anne desquitando su furia con los balones que pateaba. La latina ya había roto, a patadas, dos balones, y el entrenador no se lo discutió, pues sabía de primera mano lo que sucediera en la mañana durante el almuerzo.

Media hora después, durante el juego de práctica, a los tres los colocaron del mismo lado, vistiendo el uniforme de la visita. De hecho, jugar en blanco no le incomodaba en lo absoluto, pues el color le agradaba.

Dos mitades, esta vez de quince minutos. Ahora, a diferencia del primer juego de práctica, era más para enfriar, y estaba más parejo. Por ahora, vio que Jackson había sufrido dos intercepciones, ambas a manos de Lincoln, y habían logrado un par de goles de campo de cuarenta yardas, todo un record escolar infantil. A contraposición, la defensa estaba dejando mucho que desear, pues salvo Rashid y Vickers estaban llevando al grupo al desastre, lo que les costó un par de anotaciones y otras tantas conversiones. El marcador final (24-27, a favor de los "locales") era prueba de que tendrán que hacer del propio estadio una verdadera fortaleza en una semana, pues abrirán la temporada de visita en Hazeltucky.

En las duchas, el ambiente no pudo estar más relajado. Si bien tuvieron que esperar diez minutos para que Ronnie Anne, ello no quiso decir que ella no estuviera exenta de las charlas y pronósticos de lo que sucederá el sábado. No faltó el idiota que escupió su pronóstico sobre Lincoln, alegando que no durará ni dos minutos contra la línea de golpeo. Ello le ganó sus burlas por parte de la mayoría, aunque el aludido ni siquiera prestó atención.

Finalmente, antes de que pudieran salir, el propio entrenador les comunicó que mañana no habrá entrenamiento, bajo la premisa de que los necesitaba realmente frescos para abordar el autobús el sábado por la mañana. La noticia fue rwcibida con júbilo por la gran mayoría.

-¡Oye, Laud! -llamó el egipcio, al ver salir a Lincoln.

-Por cuarta vez, es Loud, no Laud -corrigió el peliblanco.

-Este... quiero disculparme... por todo -Rashid se puso nervioso, puesto que tenía bastantes cosas en mente.

-Solo una persona debe pedirte disculpas -externó el peliblanco, cansado-, y lo está pagando muy caro.

Tras decir eso, Lincoln abandonó los vestidores. Perplejo, tenía un par de preguntas que hacer... y eso tendrá que esperar.

~o~

Antes que nada, una MUUUUUY mala noticia.

Ok, tengo ya tres capítulos acabados contando éste, pero mientras salía del baño, en plan de "a leer y dormir" luego de bañarme, surgieron... dificultades técnicas. Es decir, se me cayó el móvil al suelo y el display de la pantalla se blanqueó como Lucy bañada en blanqueador. No tendría problema con ello, de no ser por una cosa...

ALLÍ... ESTÁ... TODO... MI PINCHE TRABAJO. Y lo peor... cuando subo, lo debo hacer desde un cibercafé. Algo que debo hacer a contrarreloj, pues pago antes de iniciar. No por jodido, sino porque me estoy quedando solo con una sobrina.

Por ello, al menos hasta que se me terminen los capítulos o lo lleve a arreglar, me voy a hiatus. Si, otra vez. Por fallas técnicas, si me entienden, ¿no? Así que, hasta que no se solucione esto, no voy a poder seguir.

En otras noticias, estoy evaluando cambiar la clasificación, porque en serio. Tengo ideas bastante oscuras en mente para dos arcos en particular. Ojalá no me linchen por ello. Igual, aplica para la subida. No es por la cantidad, sino por cierta necesidad. Así que, si tienen una idea de qué día sea mejor, envíen directo PM. Los que no, ok, es válido. Redes sociales, en mi perfil, por favor.

Ok, no me cabe duda. Si Henrietta es despreciable, no quiero imaginar a donde quiero llegar con el arco que abrí para joder a... ¿esto suena a spoiler?

Bien, no mucha calma, más bien Guerra Fría... Cascos Azules entre los Loud, una ofensiva que salió de tiro por la culata, otra que acabó en un Stalingrado, una más que de verdad no se dónde va a parar y una posible redención al estilo Ptolomeo Sóter... si no saben de él, creo que El Incendio de Alejandría (del astrónomo Jean-Pierre Luminet) es para ustedes. Una pequeña condensación de la historia de Alejandría desde la muerte de Alejandro (ni tan) Magno hasta la conquista hecha por Amr ibn Al- en 642... si, es el libro que mencioné capítulos atrás.

¿Saben? Había pensado dónde terminar el canon. Cierto episodio centrado en las gemelas iba a ser el punto final, pero me vino a la mente Free frogs (si... lo de los patos fue bizarro en el sentido CASTELLANO de la palabra). Nada como una Lanita impune por su acto de generosidad batracia. Otros puntos que consideré (no escritos) fueron No Such Luck (tentador, pero no, y además no quise tocarlo de nuevo), Making the grade (Muy tentador empezar desde la Lisa relax), Pets peeved (hasta que recordé que ya manejaba una línea de tiempo escindida de ahí) e, incluso, The Loudest mission: Relative chaos (nada como hacer absoluto un caos relativo... hasta que naciera Scott). Pero... no hallaría momentos para sincronizar, así que como dijo el chef Sergei, NIET... que es no. Si acaso, Shell shock podría ocupar ese sitio.

Fun facts: la descripción del almuerzo de Ronnie Anne se ajusta para un antojito que .a este lado del Usumascinta conocemos como gordita, si está frita. Si es asada en comal y es rellena de chipilín (una hierba común de Centroamérica), ayocotes o es sola, si mal no recuerdo, se llama pupusa.

El almuerzo de Liam es, ciertamente, hummus. Una pasta hecha a base de garbanzo cocidas que suele acompañarse de pan pita tostado o falafel, croquetas de garbanzo. Comunes en la llamada Media Luna del Mediterráneo.

Frijolero (letra por Micky Huidrobo, Paco Ayala y Randy Ebright) ha sido usado como canción de protesta desde 2010, año que, en Arizona, se quiso implementar la SB-1070 Act, ley considerada por muchos como anti-inmigrante.

Hora de las reviews, gente, ya se la saben:

Cartman6x61, si no fuera tan lento, creo que tratas de construir una historia mediante sondeos. Algo poco cuestionable pero valido. Ahora, si hiciera un primer contacto, dudo que la Wonderfun fuese la primera nave en visitar cualquier mundo, a menos que sea ofrecida como un soborno. En este orden, sería New Horizon-Eden (misión conjunta de estudio-salvamento), Lightspeed, Invader y Pacific. Nada como un primer contacto desastroso que termine en carnicería religiosa.

Mi estimado Un Guest Mas, mis disculpas si te hice sentir mal, pero eso, sin querer, me vino como si de Regular Show se tratara. Y, para equilibrar la balanza, debo confesar que algunos viejos por aquí me pasaron a cambiar el seudónimo. Los que más he gozado fueron ...the Stormbrighter y ...the Stormbird. Y no es tan dable dejar de pensar en tonterías, porque es preferible pensar eb una idiotez a no pensar.

Dudas... ok. Katrina, dejé claro, no volverá. En cuanto a Roman y Anwar... sigo viendo eso, pero si nos ponemos a revisar, las groupies de bandas como The Beatles y Led Zeppelin hicieron merito con lo justo para perturbar a las buenas conciencias de América, a. k. a. los Guerreros de Justicia Social... creo que voy a tomarte la palabra. Si acaso, la data no relevante (ejemplos: Lana alérgica al ruibarbo, el amor oculto de Pacowski, las flatulencias de yoga de Lori, el refinado gusto de Lisa) puede y será tomada en cuenta. Gracias.

Julex93, ahora sí, como bien dices, ése fue un buen hundimiento. ¿Recuerdas que había mencionado que para Pingrey tenía algo especial? Pues... de arco complementario a a pasar a ser un arco relevante, una vez que me digne a cerrar un arco de manera definitiva. Y por Layla, no te preocupes, que el bajito cobrizo no hará nada... aún. Dios, vaya forma de incluirlo y darle algo de relevancia. Esto me pasa por ver La Batalla de los Cinco Ejércitos antes de irme a dormir.

Arokham, eso fue bastante profundo. Mejor lección para un paria no pudo haber llegado de manera más vil, y menos tratándose de personas que, simplemente, eligen car un paso en falso a la peor hora y en el peor lugar posible.

J. Nagera, antes que, no recomiendo casi nada al azar. Ahora, al grano, paisano.

Aun veremos a futuro algo de Anwar, pero no ahora. Dobre el pasado de cierta loca, irá fragmentado, pero una cosa es segura de donde me colgué. Durante la IIGM, en los días previos a la caída del III Reich, episodios como el descrito (Y aún más espeluznantes) han ocurrido. Crímenes sexuales en la guerra, no han faltado de ambos lados. Sobra citar el caso de Zoya Kosmodemyanskaya, partisana de la que los nazis afirmaron, con lujo de detalles, cosas que hasta a Banghg le causarían repulsión. Y, en cuanto a Lynn... solo queda subir.

Sir Crocodile222, digamos que al bueno de Armand le fue bien. Hay otros que les va peor. Y, muchas veces, es en el pasado que uno suele tener sus supuestos (o no) justificantes sobre su conducta. Por ejemplo, tienes a los nacidos del tiempo de la IIGM en Noruega. A ellos, los suelen tratar de apestados.

Ok, hay OCs que desprecio desde su concepción, y creo que Katrina se ganó a pulso su "sáquese". Otros... ok, no merecen ni la forma en que los eche a patadas. Pero una cosa es segura. Schiller va a sufrir de severos dolores de cabeza. Unos muy ruidosos.

ACTUALIZACIÓN al 29/08/17: Me lleva el cuerno. Se perdieron dos capítulos completos. Por lo pronto, solo me queda uno y medio. Y apenas puedo avanzar algo.

Con afecto, Sam the Stormbringer.