Capítulo 21

Los Enanos, por órdenes de Thorin, organizaron un banquete que fue posible porque los conductos de agua de Erebor ya estaban funcionando como antes. Bombur se encargó de cocinar platos abundantes para todos, y en el banquete también estuvo presente Gandalf, que accedió de buena gana. Adamanta y Dís llegaron juntas, y aunque Adamanta aún lucía su atuendo de hobbit, su cabello, normalmente suelto, lucía trenzado.

-Bonitas trenzas—dijo Fili.

-Gracias, tu madre me las hizo y me gusta como se ve—respondió Adamanta sonriendo.

El grupo se sentó en una mesa rectangular enorme, siendo el único puesto vacío el de la cabecera, pero no tuvieron que esperar demasiado porque se sumó Thorin, viéndose definitivamente con un porte superior al que los demás recordaban en él. Al llegar, los demás guardaron silencio, pues él tenía que decirles algo:

-Compañeros de aventuras, hermana mía, los he reunido en este banquete porque debo hacer un anuncio importante y es preciso que sean ustedes los primeros en saberlo, por la lealtad que me han demostrado desde que se creó esta compañía y porque siguieron a pesar de todo. Bien, sin más preámbulos, les anuncio que la señorita Adamanta, aquí presente, y yo nos casaremos tan pronto como ya esté todo listo para gobernar Erebor.

Thorin le extendió una mano a Adamanta, y ella le dio la suya, poniéndose de pie al lado suyo, y la reacción espontánea de los Enanos fue la de dar gritos y aplausos de alegría por la noticia, y Gandalf también aplaudió, aunque a diferencia de los Enanos, no estaba sorprendido.

-Como saben, aún faltan cosas por hacer, pero apenas haya tiempo, llevaremos a cabo la boda, a la cual estarán invitados todos los Enanos que aún permanecen en Ered Luin y en las Colinas de Hierro, pues quiero que estén presentes en el día más importante de mi vida—dijo Thorin, mirando tiernamente a Adamanta al decir lo último.

-Y más les vale asistir, de otra forma, que se vayan al diablo—respondió Dwalin—¡Felicidades a los dos!

El resto de los Enanos también felicitó a la pareja, siendo la última Dís, que les dijo:

-Has hecho una buena elección, hermano mío, pues veo en Adamanta bondades y virtudes rarísimas de encontrar, y estoy segura de que ambos serán grandes Reyes Bajo la Montaña.

-Gracias por tu aprobación—respondió Thorin complacido.

Después del anuncio y la cena, algunos de los Enanos sacaron instrumentos antiguos, tallados en madera, y tocaron canciones que llamaban al regocijo y a tiempos mejores, y a mitad de la velada, Thorin le dio la mano a Adamanta y se la llevó hacia un pasillo cercano al salón creyendo erradamente haber pasado desapercibido.

-¿Te había dicho lo preciosa que eres?—preguntó Thorin pícaro.

-Sí—respondió Adamanta sonriendo.

-Y podría seguir todo el día y no me cansaría—dijo Thorin también sonriendo.

Adamanta acarició la larga cabellera de Thorin, consiguiendo que él se relajara por completo, y luego le dijo:

-Pretendo volver a La Comarca a buscar algunas cosas, las que sean más importantes, para poder estar totalmente instalada acá.

-¿Irás solo a eso?—quiso saber Thorin.

-Claro que sí. Todo lo que quiero en este momento es vivir contigo y ser feliz a tu lado—respondió Adamanta acariciando su rostro.

-Yo también—dijo Thorin abrazándola por la cintura—Hay muchas cosas que quiero hacer, pero sé que debo ser paciente, para no estropearlo todo. No es la idea que estés incómoda.

-Es imposible estar incómoda contigo, mi lindo Enano—respondió Adamanta.

Thorin sonrió, se sonrojó, bajó la vista y Adamanta se la levantó suavemente para decir:

-Como te dije, sacaré las cosas importantes y volveré luego para reunirme contigo.

-Está bien. Te esperaré con los brazos abiertos, linda—respondió Thorin para luego darle un beso tierno y lento que nuevamente los hizo olvidar el sitio en donde estaban, fundiéndose en un hermoso abrazo.


Adamanta y Gandalf viajaron sin problemas a La Comarca; a lo largo del viaje, ella conversó de muchas cosas, entreteniendo al mago en el trayecto, en ocasiones se detuvieron en algunos poblados porque Gandalf debía conversar con gente con la que tenía asuntos pendientes, y después de pasar por su última detención antes de llegar a destino, la hobbit guardó silencio, mirando en intervalos el paisaje y a Gandalf, que dijo:

-Tienes preguntas, ¿Verdad?

-¿Quién, yo? Ah, claro que sí—respondió Adamanta tras el sobresalto.

-¿Y cuáles son?—siguió Gandalf.

-Al principio, cuando tú y los Enanos irrumpieron en mi casa esa noche, dijiste que me habías elegido porque cumplía con todos los requisitos que buscaban para la llegada a Erebor. Según tú, ¿Cuáles son exactamente esos requisitos?

-Creo que a estas alturas los dos conocemos la respuesta a esa pregunta—respondió Gandalf sonriendo.

-Solo sé que si participé en esta aventura, fue porque tú lo quisiste por razones que aún no me has dicho cuales son, y no me detendré hasta que me respondas—insistió Adamanta.

Gandalf se rió y luego respondió:

-Mi querida hobbit, eres muy lista y eso es algo de lo que me di cuenta desde el principio, y cuando conversamos a la entrada de tu casa aquella vez, vi que delante de mí había una hobbit que a pesar de haber vivido toda su vida en la tranquilidad de su hogar, en el fondo era un alma valiente, fuerte, perseverante y perfectamente capaz de vencer todos los obstáculos que se le presentaran, y el hecho de que hayas burlado la seguridad de los Elfos del Bosque, matado tú sola a cinco arañas y hayas entrado sin más armas que tu daga a Erebor así lo confirma, y alguien como tú era fundamental para que esa alma errante y melancólica llamada Thorin encontrase la calma que tanta falta le hacía, pues vivir atormentado por los fantasmas del pasado solo trae desdichas a quien lo sufre, y más importante aún, tú lograste que se sacara de encima la avaricia desmedida por el oro con el encantamiento más poderoso y eficaz que puede existir.

-¿Encantamiento? ¿Y qué vendría siendo eso?—preguntó Adamanta intrigada.

Gandalf volvió a reír y respondió:

-El amor, Addy, el amor. No esperabas semejante respuesta, ¿O sí?

Adamanta torció una sonrisa y dijo:

-Así que todo esto se reduce a que querías…

-Salvar dos almas que se necesitaban… Y vencer a un dragón y recobrar un reino—respondió Gandalf.

Adamanta soltó una risa silenciosa, movió la cabeza a ambos lados y luego dijo:

-Siempre lo tuviste todo bajo control, incluso aquellas situaciones "inesperadas", ¿O no?

Gandalf solo respondió con una risa sonora.

Ninguno de los dos se había dado cuenta de que habían llegado a La Comarca, que lucía con la misma pasividad y belleza de siempre… excepto en casa de Adamanta, de donde entraban y salían diversas personas, y en la entrada había funcionarios de Gorgo, Gorgo y Borgo, una conocida firma de abogados en La Comarca que se encontraba en la casa de Adamanta para llevar a cabo una subasta de sus bienes porque, tal y como anunciaba un cartel en la puerta, había sido declarada "presuntamente muerta", por lo que su irrupción causó conmoción entre los presentes, de los cuales la gran mayoría lamentaba saber que la presunción resultó errada. Adamanta tuvo bastantes dificultades para entrar a su propia casa, que estaba con menos cosas que como estaba cuando se fue, pero al menos nadie se había tomado la molestia de llevarse sus preciados libros, por lo que los recuperó sin problemas, así como también rescató ropa y algunas pertenencias de su madre. Al retirarse, Lobelia Sacovilla-Bolsón, una familiar que a Adamanta siempre le cayó mal, le gritó:

-¡Eres una raíz podrida, niña, y solo puedes traer locura y desgracias, todo por culpa de ese mago loco que está contigo!

-¡Amigos, vecinos, familiares... excepto tú, Lobelia, solo vine a buscar algunas cosas y a despedirme, pues ahora me voy a un sitio en donde me siento más en casa que en cualquier otra parte. Desde luego que guardaré buenos recuerdos de mi vida en la hermosa Comarca, pero no puedo quedarme estancada en estos sitios tan pacíficos cuando las ganas de vivir me llaman desde más allá de nuestras fronteras!-dijo Adamanta-¡Encontré una nueva razón para ser feliz, y sucedió de la forma menos pensada para mí, que me había pasado la vida entera perdiéndome la oportunidad maravillosa de conocer lo bueno y lo malo del mundo al que pertenecemos, y aunque a veces parezca difícil, vale la pena correr algunos riesgos, más aún si al final del camino está la felicidad, así que antes de marcharme, les aconsejo que no se dejen vencer por sus temores y que luchen por lo que quieren, luchen por aquellos que aman y disfruten los momentos maravillosos que la vida les entrega, pues solo tendrán una oportunidad para vivirlos! ¡Hasta luego, amigos... y Lobelia, espero que mis cucharas y tenedores te sean útiles algún día!

Dicho esto, Adamanta y Gandalf emprendieron retirada, dejando a la gente boquiabierta, y dándoles un tema de conversación que duraría años, pero Adamanta nunca lo sabría, y Gandalf esperó hasta estar lejos para decir:

-Bonitas palabras, Adamanta.

-¿Tú crees?-preguntó Adamanta-La verdad es que nada de eso estuvo preparado, simplemente salió.

-Mi querida hobbit, tan solo espero que jamás cambies para mal-dijo Gandalf riéndose.

-¡Claro que no cambiaré! Al menos en las cosas buenas-respondió Adamanta con la sencillez que la caracterizaba.

-Eso está muy bien, pues la aventura sigue para ti, ahora como la Reina Bajo la Montaña-dijo Gandalf-Y eso es una responsabilidad mayor a lo que te imaginas.

-Lo sé, pero no temo, porque lo peor ya quedó atrás-respondió Adamanta sonriendo.


A su regreso a Erebor, Adamanta supo que los zorzales esparcieron por las Colinas de Hierro y ciudades aledañas la noticia de que el Rey Bajo la Montaña ascendería al trono junto a su futura esposa, la nueva Reina Bajo la Montaña, una hobbit procedente de La Comarca, y nadie pudo quedar indiferente a aquello, especialmente porque por años, nadie esperaba que llegara el día en que el dragón estuviera muerto y los Enanos de vuelta en sus tierras, pero las cosas habían cambiado de un modo inesperado para todos.

Tiempo después, los Enanos de Ered Luin y los de las Colinas de Hierro llegaron hasta Erebor, reuniéndose con Thorin, quien les confirmó que la mujer con la que se casaría era, en efecto, una hobbit, y no una Enana como era de esperarse; el anuncio causó opiniones divididas entre ellos, pero Thorin zanjó toda discusión diciendo que era SU decisión, que él era feliz con esa hobbit y que sus más leales seguidores la aceptaban porque entendían que era lo mejor para él, que a partir de ese momento las cosas serían diferentes, y si de verdad lo apoyaban, entonces debían respetar su decisión. Finalmente, todos entendieron sus palabras y acordaron asistir a la boda en señal de apoyo.


Pasó más de un año desde que comenzó la aventura de los Enanos, Gandalf y Adamanta por recuperar Erebor, y en ese tiempo pasaron muchas cosas: los Enanos que alguna vez se tuvieron que refugiar en Ered Luin y en otros poblados volvieron, los salones del reino se restauraron por completo, volviendo a lucir con la majestuosidad de los días antiguos, Adamanta se ganaba poco a poco la aprobación y el respeto de los Enanos en la medida en que llegaban a Erebor... y llegó el tan ansiado día de la boda. Los salones estaban, por primera vez en años, repletos de Enanos de los poblados aledaños y otros más lejanos, y tan pronto como Adamanta apareció, se hizo el silencio.

Adamanta lucía un vestido de novia hermosísimo, que según le había dicho Dís, lo usó su madre en su boda, con bordados blancos y adornados con joyas de plata, y además, llevaba como accesorios anillos de plata, y aros que hacían juego con el colgante, del que se desprendían siete eslabones que terminaban en lágrimas, reflejo del buen trabajo de orfebrería de los Enanos, y su cabello estaba peinado con un gran moño adornado con trenzas; al entrar, todos quedaron impactados con su presencia, y más aún Thorin, cuya mirada le brillaba por ver a su hermosa hobbit. A ninguno de los presentes les cupo dudas: Adamanta se había hecho toda una Enana.

La ceremonia fue llevada a cabo por un Enano de las Colinas de Hierro, de la confianza de Dain, que tenía la potestad para casar parejas. Tras la ceremonia matrimonial, en la que Thorin y Adamanta juraron amarse, cuidarse, protegerse y respetarse hasta el fin de los días, se llevó a cabo la ceremonia que los investía como Reyes Bajo la Montaña, a partir de ese momento, las máximas autoridades, a quienes los Enanos juraron obediencia y respeto, y en su nombre lucharían ante el enemigo. Thorin recibió la misma corona que alguna vez usó Thror, y Adamanta recibió una diadema similar a la corona del rey, pero más pequeña, y de la mano, se pararon ante los tronos dispuestos en el salón.

-¡Salve, Rey Bajo la Montaña. Salve, Reina Bajo la Montaña!-gritaron a coro todos los Enanos al terminar la ceremonia.

Tras las ceremonias, se llevó a cabo el banquete en el que se tocaron canciones alegres, y casi todos los Enanos hicieron bailes graciosos, y Thorin no soltaba la mano de su flamante esposa, a la que miraba con ternura y de la que hablaba con orgullo. Al escucharse una melodía más bien lenta y hermosa, Thorin y Adamanta se fundieron en uno solo para bailar. Ambos, especialmente Thorin, querían hablar con Gandalf, pero al buscarlo, no lo vieron por ningún sitio.

-¿Y en qué momento se fue?-preguntó Adamanta perpleja.

-No lo sé, pero así es él, llega y se va en momentos impensados-respondió Thorin.

Adamanta asintió en silencio, y luego le preguntó a Thorin:

-¿Qué querías hablar con él? Si se puede saber, por supuesto.

-Claro que lo puedes saber, pues no te guardo secretos, esposa mía-respondió Thorin sonriendo-Quería agradecerle por haberme animado a llevar a cabo la aventura que iniciamos hace tiempo, pues de no haber sido por eso, este día jamás habría sido posible.

-Qué coincidencia, yo quería decirle lo mismo-dijo Adamanta-De otra forma, no nos hubiéramos conocido.

-Y mi vida estaría vacía sin ti, mi amor-respondió Thorin-Me siento privilegiado por tener el amor de la mujer más hermosa que jamás haya existido.

-No, soy yo quien se siente privilegiada, por ser amada por un hombre noble, bueno y maravilloso que todos los días me hace sentir linda, valiosa y más importante que todos los tesoros de este mundo-dijo Adamanta en las nubes.

-Es porque lo eres-respondió Thorin embelesado-Ahora no solo eres la reina de Erebor, sino que también eres la reina de mi corazón.

-¡Hey! Creí que ya lo era desde antes de este día-dijo Adamanta en un divertido y falso tono de reproche.

-Es verdad, te apoderaste por completo de mi corazón cuando llegué a tu casa aquella vez pensando que todo era una broma-respondió Thorin.

-Y tú del mío-dijo Adamanta sonriendo.

-¿Alguna vez te dije que me gusta que seas alegre y relajada?-preguntó Thorin.

-Mmmhhh, no lo sé, pero si ya lo hiciste, no me molesta que lo repitas-respondió Adamanta riendo.

-Podría pasarme todo el día destacando tus innumerables virtudes, mi amor-dijo Thorin obnubilado.

-Ay Thorin por favor, no me hagas sonrojar-respondió Adamanta con una falsa timidez bajando la cabeza.

-Esa es justamente la idea, mi amor. Me gusta ver que te sonrojes-dijo Thorin pícaro.

-Eres malo-respondió Adamanta igualmente pícara.

-No, no podría ser malo con la mujer que logró quitarme el interés y la codicia por el oro-dijo Thorin-¿Sabes por qué? Porque te amo, y el hecho de que me ames no solo me hace increíblemente feliz, sino que también me hace amarte más.

Ambos se acariciaron suavemente sus rostros, y como siempre sucedía cada vez que se abrazaban, sentían sin problemas el cuerpo del otro, pese a los ropajes puestos.

-Te amo, mi hermosa Addy-dijo Thorin obnubilado.

-Y yo también te amo, mi bellísimo Thorin-respondió Adamanta más enamorada que nunca.

Thorin y Adamanta se besaron, y el entorno alrededor de ambos se fue alejando hasta que desapareció por completo. La aventura que había empezado hace ya mucho tiempo en realidad cumplía un doble propósito, en el que fue fundamental que dos almas solitarias se encontraran y se complementaran hasta ser una sola entidad, y aunque muchas veces se vieron envueltos en un espiral de situaciones complicadas, finalmente el amor verdadero se impuso a todos los predicamentos y logró que un Enano orgulloso se diera cuenta de sus errores para remediarlos a tiempo, y que una hobbit cuyo espíritu aventurero permaneció en la más absoluta quietud por años esperando el momento adecuado para aflorar llegara hasta él, para darle las lecciones que ninguna batalla le hubiera enseñado nunca. Thorin en Erebor, y Adamanta en La Comarca, esperaron silenciosamente a que les llegara la prueba irrefutable de que, sin importar qué tan corrupto, voluble e impredecible pudiera ser el mundo, no todo estaba perdido, y que en los momentos y circunstancias más inesperados, el destino les enseñaba, cuando era preciso, que siempre había esperanza, y que en las acciones más sencillas y en las personas más valiosas, se encontraba el mensaje de que valía la pena vivir por algo, vivir por alguien. Thorin y Adamanta se encontraron en una instancia fundamental, y aquel tan solo era el primer día del resto de sus vidas.

Fin


¡Uuuuufff! Y se terminó esta historia, la cual me encantó escribir. Antes había hecho otros fanfics, pero abandoné la práctica por años hasta que se me ocurrió escribir este, en el que, a diferencia de la historia original, Grumpy Thorin llegara hacia el final vivo y gobernando en Erebor junto a su familia y los Enanos, más una mujer que le rompiera los esquemas como (creo) lo hizo la pequeña y adorable Addy.

Mis agradecimientos más sinceros hacia quienes se dieron el tiempo de leer cada capítulo y dejar sus respectivos reviews. Runa, Merenwen, VY2, gracias por seguir las aventuras de la simpática hobbit y el enano gruñón con el que inevitablemente se desarrolló una relación de amodio, y no las culpo, también me pasaba. Si omito algún otro nombre entre quienes me hayan dejado reviews, mis disculpas.

Ahora me puedo dar el gusto de contar detalles que no había mencionado antes, pero creo que algunos eran un tanto notorios, o tal vez no:

1. La figura femenina que reemplaza a Bilbo recibe su nombre de Adamanta Chubb (o Redondo en español), la esposa del Viejo Tuk, y a la postre, abuela materna de Bilbo. Así es, el nombre debía salir de alguna familiar suya, y aunque en un principio no me convencía del todo, después me gustó (el nombre, claro está)

2. Siempre tuve claro que Thorin y Addy debían llegar al final de la historia juntos, pero antes de que llegara a su feliz matrimonio, castigué a Thorin con situaciones como cuando Addy le lanzó la espada en respuesta a su pésima forma de entrenarla y lo vivido en la Puerta Principal. Sí, el influjo de la enfermedad del dragón no fue algo que Thorin se buscara, pero no por eso debía maltratar a Addy, aunque bueno, ya aprendió la lección y recibió una nueva oportunidad, si a fin de cuentas, no es malo. Un poco tonto para algunas cosas, pero no es malo :)

3. Si no incluí todos los episodios del libro fue para no alargar tanto el relato.

4. El diálogo entre Adamanta y Dís en el capítulo 19 originalmente no estaba previsto, pero mientras escribí ese capítulo, las palabras salieron solas y el resultado me agradó, aunque para ello tuve que retrasar el primer beso de Thorin y Addy hasta el 20.

5. Tal vez me demore un tiempo antes de volver a escribir otro fic, pero créanme que este no será el último. Si la inspiración me acompaña, haré otro intento, junto con retomar una historia original en la que estoy trabajando hace tiempo.

Con esto me despido por el momento. Nuevamente gracias por leer, nos estaremos leyendo en otra ocasión :D