Señoritas, tengo el placer de informarles que al fin uno de los implicados ha caído y aceptado sus sentimientos mientras que la otra parte experimenta turbulencias denominadas como celos XD Me siento tan orgullosa de este progreso que lo he celebrado cenando pizza lol Así que disfruten y griten como fangirls ante la serie de acontecimientos que se suscitarán a lo largo del capítulo. Matta ne!
*I love Okikagu.- Jajaja aún falta para que conozcas al viejo bueno para nada que lleva mencionando desde siempre XD Y sí, Nana es media hermana de Oshin. ¿Qué pequeño es el mundo, no? Esa cría es tan peligroso como Kamui. Y sobre ese samurái, lee y lo sabrás.
*Lu89.- La pobre Oshin no tiene descanso ni al final de todo esto XD Pero al menos he avanzado un poco en su relación con el buen Kamaho :')
*Mitsuki.- Te voy a construir un ataúd de madera para que no debas pagar renta XD Solamente para eso me alcanza, recuerda que soy una autora frustrada que no gana dinero por sus obras. Oh descuida, tus dudas sobre ese hombre quedarán esclarecidas en el capítulo y también gritarás por ver la manera en que Kamui siente celos OwO9
*La Osa Roja.- Espero que con este capítulo revivas XD No tengo ganas de ir a buscar las esferas del dragón para traerlas a la vida a todas… Y sí, casi violan a nuestro sexy pelirrojo… Jajaja es inevitable no sacar tantos OC's considerando que he establecido un enemigo a derrotar, aliados y así. Sorry por eso :P
Capítulo 21
Mechanical Illusion
Reaccionó. Se obligó a hacerlo porque no podía continuar en ese estado de abstracción solamente por lo que le dijo. Debía retomar su mente al presente, a ese donde ambos estaban sobre senderos completamente diferentes.
—¿No vas a presentarme a tu amigo? —el castaño observó al Yato con interés, aguardando por una respuesta.
—Su nombre es Abuto y es un compañero de negocios —fue así como lo presentó.
—Jirou, un gusto.
—¿Viejos conocidos? —preguntaba para ambos.
—En términos simples, así es —hablaba el oji verde—. Ella es la hija adoptiva de mi maestro y practicábamos a diario, aunque a ella no le gustara demasiado.
—No tienes que estar diciendo información innecesaria como esa aquí...Y menos a él…
—Descuida, él puede contarme todo lo que quiera sobre esos días mozos que tuvieron juntos —pedía el hombre con una sonrisa burlona. Alguien quería curiosear un poco y fastidiarla de paso.
—Oh, claro, puedo contarte sobre cómo era Oshin cuando era pequeña y se encaprichaba en no querer salir de su habitación con tal de no entrenar. O esas veces cuando intentaba no ser asesinada por uno de los Yato que vivían con nosotros —ahora ella recordaba por qué motivo no había echado demasiado de menos la ausencia de ese hombre; porque era igual de molesto que Abuto cuando se lo proponía.
—En definitiva no puedo imaginarme a Oshin siendo de ese modo cuando ahora es tan temeraria y estoica.
—Bueno, ella siempre fue callada y no es como si sonriera demasiado tampoco —la boticaria simplemente se encargó de jalar la oreja de Jirou y estirarla sin compasión alguna—. ¡Auch…!¡Auch…!Eso duele y mucho. Recuerda que tienes más fuerza que el promedio.
—No te estés quejando ahora cuando tú es el que ha empezado.
—Él quería saber sobre ti —justificó.
—No, él únicamente desea encontrar cosas nuevas con las cuales importunarme.
—Lamento interrumpir su mágico reencuentro, pero hay un par de preguntas que me gustaría que me respondieras —Abuto dirigió su atención al tranquilo castaño—. ¿Te habrás encontrado por casualidad con un grupo de Yato hace unos días atrás? Porque hemos escuchado el rumor de que un samurái se encargó de dejarles en rodajas.
—De manera que sospechan de mí, ¿no? —dedujo de inmediato—. No creo tener aún la suficiente habilidad para enfrentarme a uno de ustedes y mucho menos a un grupo numeroso —bueno, sus palabras se escuchaban sinceras pero no convencían al Yato—. Yo de hecho llegué a Edo persiguiendo a uno de mi calaña.
—¿A qué te refieres con eso?
—No vine a hacer turismo, sino más bien estoy aquí con la tarea de encontrarlo —el corrugado papel que guardaba entre sus ropajes fue extendido y mostrado a ese par—. Es un viejo samurái al que admiré desde el momento en que supe de él. Pero ahora es un criminal que está siendo buscado y perseguido por todo el país… Deseo encontrar y saber qué es lo que está pasando en realidad.
—Oh, he visto esos carteles por toda la ciudad —agregó Abuto tras examinar el rostro de ese hombre—. ¿Quién se supone que es y por qué se le persigue?
—Él fue uno de los Cuatro Generales que sirvieron al Bakufu durante la guerra que vivió el país contra los Amanto… Cada uno de ellos eran espadachines talentosos y temidos a lo largo de todo el país —especificó—. Pero al final fueron traicionados por el mismo país que defendieron…
—Vaya cabronada les hicieron.
—Ninguno de ellos usó nunca su nombre real, por lo que se valieron de un mote clave para identificarse —continuaba hablando el castaño—. Este era Seiryu y era un maestro en el uso de las dos espadas.
—Justo como tu estilo —susurraba la boticaria—. Fue de ahí de donde sacaste tu estilo.
—Y si dicen que fue un espadachín con dos katanas el que se encargó de un grupo de Yato. No se me podría ocurrir nadie más que este hombre —alguien parecía motivado e impresionado—. Después de haber estado protegiendo su país, no creo que le haga mucha gracia toparse con una panda de Amanto tan peligrosos.
—Si lo que dices es cierto, estamos frente a un pez gordo… Un veterano de guerra que nos dará muchos problemas…pero bastante diversión —Abuto también mostraba los mismos ánimos que ese samurái—. Mi capitán se volvería loco si estuviera frente a un adversario digno como este.
—No discuto un hecho como ese… Pero él no sería el único que se pondría de esa manera —ella miró a Jirou, ese que sonreía tan entusiasta; fue entonces cuando el Yato se percató a lo que se refería.
—No me digas que es como ese idiota…—ya con uno tenía, no quería otro obsesionado con las peleas.
—Jirou aspira a enfrentarse a los mejores samuráis…Es por eso que no me sorprende que esté detrás de ese veterano… Y siempre se motiva cuando ve que quien le enfrenta es más fuerte que él. En parte es culpa por el viejo bueno para nada de su maestro —¿cómo había podido olvidar ese aspecto tan vital de su personalidad?¿Será acaso que el motivo por el que odia tanto esa conducta en Kamui era justamente porque alguien ya la había hartado con esa actitud?
—¿Todavía sigues llamándole de ese modo?
—¿De qué otro modo puedo dirigirme a un hombre como él que se la vive haciendo apuestas, flirteando con mujeres mientras va de bar en bar y es un mentiroso embaucador? No sé cómo permitiste que fuera tu guía, si ni siquiera puede consigo mismo.
—V-Veo que todavía lo aborreces por haberte dejado en esa casa de apuestas para pagar la deuda que tenía…—mencionaba viendo que esa chica tenía una mirada que daba mucho miedo.
—Lo hizo tres veces…¡Tres veces! —reclamó sulfurada.
—Te dije que los encontraríamos si seguíamos este camino —esa dulce y engañosa vocecilla se percibía claramente entre el grupo de cadáveres que habían quedado tras el combate del samurái. Y lo peor es que no venía sola.
—Esto se va a poner feo…
—Más que eso, Abuto.
—Mira qué cortes tan limpios y bonitos —Nana parecía fascinaba mientras picoteaba con una barita lo que quedaba de esos Amanto—. Esa espada realmente tiene que tener un excelente filo.
—Parece que he encontrado al dueño de ese juguete tan peligroso —los peores temores de Oshin y Abuto se concretaron en cuanto vieron al pelirrojo a un par de metros del autor de esa masacre nocturna; es que ya sabían lo que pasaría.
—Parece que alguien siente suficiente calor como para andar por las calles sin camisa encima —Jirou sonrío de soslayo llevando su mano hasta la empuñadora de una de sus katanas—. Aun con ese rostro tan calmado, es fácil leer lo que quieres.
—¿Es que todos los de tu tipo son tan perceptivos? Porque he conocido a un par que todavía me deben una contienda —se mantuvo de pie, examinando con cuidado al joven que tenía en frente—. Ustedes los samurái son en verdad interesantes.
—Escuchar un elogio de una bestia sedienta de sangre como tú, es algo digno de celebrarse —ya había desenfundado y solamente parecía estar aguardando a que ambos establecieran el inicio del encuentro.
—Oh, esa espada es muy extraña —no es que fuera un gran conocedor, pero no se parecía ni a la de Takasugi o Sakata.
—Kusanagi, una espada recta de doble filo, perfecta para atacar desde cualquier dirección…—la sonrisa del pelirrojo se ensanchó aún más—. ¿Piensas enfrentarme con tus manos desnudas?
—Puedo encargarme de esto sin necesidad de usar otra cosa.
—Te oyes bastante confiado, niño —decía ya con la postura lista para atacar. Sí, ambos intercambiaron miradas por última vez antes de sumirse en lo que prometía ser una batalla encarnizada y sin cuartel; y eso parecía motivarles en exceso.
Cierto era que Kamui podía encargarse de evadir las estocadas de ese ronin. Pero también era una verdad que no era en lo más mínimo lento por lo que si cometía un error al reaccionar lo menos que tendría sería una bonita cicatriz en el abdomen. Y percatarse de eso solamente incrementó la emoción que ya había invadido al Yato.
Admiraría la resistencia de aquel pedazo de metal por soportar de frente el golpe que había sido dirigido hacia el rostro del castaño. Aunque tal vez lo mejor era que ese samurái no cedía ante la presión que estaba ejerciendo con su descomunal fuerza; parecía que ese guerrero y su mortífera arma fueron maleados por algo más que excelentes materiales.
El ambiente a su alrededor se convertía en un páramo plagado de escombros, de gritos cargados de pánico y de una serie de asaltos donde por momentos uno de ellos se limitaba a defenderse mientras el otro arremetía con vehemencia. Eran al fin y al cabo, dos bestias a las que se les había roto la cadena y ahora pastaban a sus anchas.
—Estoy contemplando un patrón en todo esto —su comentario recibió un codazo por parte de la pelinegra—. ¿Vas a negarme que no tienen su parecido? Ninguno se ha hecho nada y se ve que quieren cargarse mutuamente.
—No sé cómo haya sido concretamente el caso de Kamui, pero Jirou siempre estuvo rodeado de monstruos que le superaban en fuerza y habilidades —dijo sin desatender a lo que estaba ocurriendo en la calle y establecimientos colindantes—. Aunque a diferencia de ese idiota, no asesinará a menos que sea explícitamente necesario.
—Pero eso no quita que se está divirtiendo peleando con ese idiota —ya hasta se habían movilizado hacia un tejado cercano y en el cual no pudieran ser alcanzados por esos dos que no dejaban de crear destrozos—. Bueno, tampoco es como si pudiéramos detenerlos o terminarán matándonos.
—Sí, este es el hombre que yo vi —Nana también estaba con ellos y se había adueñado de uno de esos carteles—. No me sorprende que lo busquen siendo él así de temible.
—Oshin, ¿quién crees que gane? Considera que conoces las estadísticas de ambos jugadores.
—Los dos son demasiado obstinados y competitivos. Y sus aptitudes están bastante disparejas, pero eso no significa que por eso alguien tenga la victoria completamente asegurada —no estaba completamente clara con su veredicto.
—Debes apoyar a tu hombre. Tienes que inclinarte ante su victoria —alegaba Nana haciendo sus manos un par de puñitos—. Como su mujer es tu deber creer en él.
—Abuto, te dije que dejaras de meterle esas ideas en la cabeza. Es una esponja a su edad.
—Deberías hacerle caso a esta niña, es muy sabia para su edad.
—Ya que no quiero estar toda la noche con estos problemáticos, me encargaré de hacer que paren quieran o no —su día había sido la locura desde temprano y ya no estaba para estar soportando a nadie. Solamente quería irse a dormir y no saber nada de nadie—. Además, estoy segura de que no demorarán en aparecer más molestias…Como la nueva policía.
—¿Tienes suficiente para dejarlos fuera de combate? —Abuto había visto lo que esa mujer sacó de la bola delantera de su pantalón. Él las había usado con ellos anteriormente.
—Después de ese día, hice más… Y estas son mucho más potentes; hasta tienen efecto somnífero. Ya se han vuelto necesarias cuando ese idiota se pone de ese modo.
—Nana las lanzará hasta donde están —esa pequeña bribona tomó esas especies de canicas con el impulso y la precisión exactos para que dieran en el blanco; aunque era una pena que uno de ellos se moviera lo suficiente rápido como para no quedar atrapado en ese humo—. Ese samurái tiene buenos reflejos.
—Sinceramente con que te hayas encargado de uno es suficiente.
Al fin esos tres se aproximaron hasta el punto en que permanecía el inconsciente Yato y el castaño que todavía continuaba con la nariz cubierta.
—La última vez que usaste una de esas cosas conmigo no pude dejar de rascarme por días —tal vez el que hubiera escapado de quedarse dormido se debía a su experiencia con alguien que por lo visto lo usó de conejillo de indias—. En verdad que es peligroso —no halagaba porque sí, esa herida en su costado lo decía todo.
—Pues tampoco lo dejaste limpio —Nana hacía referencia al corte que el pelirrojo tenía en su hombro izquierdo.
—Los dos se emocionaron de más —Oshin desgarró una parte de su blusa para proceder a vendar esa herida superficial y evitar que continuara perdiendo sangre.
—Vayamos a mi casa. De esa manera podrás atender su herida adecuadamente —recomendaba el castaño.
Aquel pequeño estanque rebosante de coloridos peces, esos rosales que tenían albos botones aguardando a abrirse y esos solemnes árboles cuyas verdes copas se movían al son de viento, eran una de las tantas cosas que podían ser apreciadas desde la entrada de ese dojo y que pasaban a segundo plano para quienes permanecían dentro de tan espacioso sitio.
—Te dije que si te movías iba a ser mucho más doloroso, pero no me haces caso —fue el comentario de la pelinegra tras haber terminado de vendar el costado del castaño.
—Eres tú la que no posee delicadeza alguna… Si ese chico no se quejó fue porque está totalmente dormido y no siente molestia alguna —Kamui se encontraba recostado a una distancia prudente de donde estaban ellos dos sentados.
—No deberás hacer movimientos bruscos o de nada servirá que te haya atendido —había terminado así que tenía que guardar todos esos aditamentos médicos básicos dentro del maletín que le había proporcionado Jirou.
—Ahora sabes hacer mejores puntos.
—Antes no tenía tanta práctica como ahora —el pelirrojo era uno de esos motivos por el cual ahora a ella se le daba tan bien una tarea como esa—. Pero igual mi trabajo es de una simple amateur.
—No lo dudo si estás rodeaba de un chico como él.
—Sí, en verdad que es un dolor de cabeza —hasta la fecha no existía momento en que ese sujeto le diera un instante de paz.
—Si ese es el caso, ¿entonces por qué continúas a su lado? —la misma pregunta que se había hecho en numerosas ocasiones ahora emergiendo de la boca de alguien que la conocía demasiado bien.
—Momentáneamente estoy trabajando para ese tonto —Oshin sentía que no era más que una verdad a medias justamente ahora—. Podría decirse que requiere de mi ayuda.
—¿Segura que no te sientes atraída por él y por eso no te has marchado de su lado? —ella detuvo sus acciones y se quedó totalmente en silencio. No daba crédito que hasta Jirou la abordara con un cuestionamiento sobre ese; ¿por qué estaba un tanto aterrada de que se diera cuenta de que podía existir otro motivo que la orillaba a quedarse?
—¿Por qué me preguntas algo como eso? ¿Por qué tienes que ser justamente tú? —lo miró con expectación y él no hizo más que desconcertarla en el instante en que llevó su mano hasta su mejilla derecha.
—Tengo curiosidad.
—¿Y por qué habrías de experimentarla con un tema como ese? —¿por qué no se apartaba y marcaba distancia?¿Qué había en esas esmeraldas que la tenían totalmente atrapada?
—Quiero saber si tengo que preocuparme o no —esa sinceridad que siempre le agradeció, hoy podría convertirse en un tormento—. Sé que ha pasado mucho tiempo desde que nos vimos… Y que nunca me perdonaste el que me habuiera ido solamente por mero capricho; incluso cuando tú me pediste que me quedara.
—Es un tema que quedo en el pasado. Además, era una niña egoísta que solamente veía por mis propios intereses —no quería hablar sobre ese acontecimiento, pero pareciera como si no existiera más salida que esa.
—¿Habría algo de malo si te dijera que quisiera que volvieras a ser así de egoísta? —algo tan simple le estaba causando un nudo en la garganta porque involucraba demasiadas cosas; esos sentimientos que sin querer nacieron con el paso del tiempo.
—Yo…ya no soy de esa manera… Crecí, maduré y comprendí lo que me rodeaba —ella ya no era esa chiquilla de catorce años que se sintió sola y desanimada tras su partida—. Hemos crecido y ninguno de los dos es como solía ser en el pasado.
—De eso no puedo quejarme… Los años te sentaron de maravilla y estoy seguro de que no soy el único hombre que no puede evitar mirarte —¿alguna vez le habló con ese tono tan seductor y provocativo? Lo único que era seguro era que él tenía ese poder de hacerla sonrojar bastándose de acciones tan simples como no apartar su mirada de ella.
—No eres más que un pervertido entonces —mascullaba. Y él simplemente la jaló hacia un poco más hasta su posición—. Uno al que golpearé si continúa de gracioso.
—¿Y cuál es la respuesta a lo que te he preguntado?
—No sé de qué hablas ahora. Yo ya respondí.
—¿Qué es ese sujeto para ti?¿Cuál es la relación que tienen? —¿cómo se supone que pudiera atender a sus cuestionamientos cuando ahora unos míseros centímetros les separaban? Hasta su tibia respiración podía sentirla sin dificultad.
—No tenemos ninguna relación —claramente era de ese modo—. Y no es más que un idiota problemático que…me atrae y ni siquiera yo sé por qué razón —su orgullo fue herido en el instante en que se vio en la necesidad de hablar con la verdad. Pero ya no podía seguir negándolo, no por las insistencias de los demás, sino porque ella ya no podía hallar una razón más lógica que justificara todo lo que había estado haciendo por ese Yato.
—Lamento haberte obligado a admitirlo.
—No has sido el único que ha estado insistiendo con eso —había un peso menos sobre su pecho, pero todavía quedaba otro que le molestaba.
—Antes tenías mejores gustos.
—Gracioso —ese hombre y sus acciones impredecibles. Si continuaba de ese modo iba a meterle un buen susto—. ¡¿J-Jirou…?! —había acortado la distancia que les separaba en un abrazo, en ese estrechamiento que la tenía pegada a él—. ¡¿Q-Qué estás haciendo?!
—Lo mencioné antes…Te eché mucho de menos, aunque pienses que soy un mentiroso…
—Nunca dije que no te creyera…Me tomaste totalmente con la baja guardia. ¿Cómo esperas que reaccioné tras tanto tiempo sin vernos? Eres injusto. Siempre lo fuiste.
—Te pido disculpas por eso también —le susurró.
—Ahora dime, ¿qué es lo que pretendes? —se apartó del castaño, viéndolo con desconfianza. Sabía que él podía ser un maldoso.
—Descuida, no escuchó lo verdaderamente importante —ella quedó totalmente a cuadros mientras veía a ese hombre pararse y dirigirse muy quitado de la pena a la salida del dojo—. Antes de que se me olvide…—dijo sin despegar su atención de ella. Pareciera que deseaba ver cómo reaccionaría ante lo que iba a decirle—. No he olvidado la promesa que te hice antes de que me fuera —esa fue su carta de despedida; una de las tantas oraciones que habían dejado anonadada a la pelinegra.
—¿Qué no ha olvidado…nuestra promesa?¿Eso significa que él…? —¿es que importaba sumergirse en esas dudas ahora que escuchó esos pasos detrás suyo?¿Es que alguien se había despertado ya?—. No me digas que por eso mencionó que no había oído lo verdaderamente importante…—se giró con lentitud, deseando que todo fueran meras alucinaciones causadas por el alcohol remanente en su cuerpo—…Se despertó…Hoy sí que te la has vivido durmiendo.
—¿Y el samurái? —era de esperarse que fuera lo primero que cuestionara tras despertar. Aunque podía jurar que percibía cierto malhumor en sus palabras.
—Seguramente se acaba de largar de aquí —y ojalá que fuera de ese modo porque no estaba para otra riña.
—Parece que se llevan bien —Kamui había tomado asiento a un lado, dejando descansar sus codos sobre su flexionadas rodillas.
—Nos conocemos de hace unos años atrás —por alguna razón estaba empezando a sentirse incómoda por su presencia.
—Pelea bastante decente.
—Ciertamente tiene habilidades dignas de un samurái —estaba muy consciente del futuro que Jirou poseía y estaba orgullosa por ello.
—Mmm… Veo que te emociona hablar sobre ese hombre —añadió en un tono plano. Como si en verdad le aburriera conversar sobre ese ronin.
—Esas son imaginaciones tuyas —era extraño pero quería que Abuto apareciera con sus usuales quejas y bromas. Nunca antes deseó sacarle la vuelta a ese Yato como en ese instante—. Solamente reconozco sus méritos como hago con cualquier persona que así lo merezca.
—Yo soy mucho más fuerte y habilidoso que él. No es difícil darse cuenta de la diferencia que existe entre ambos.
—Eres un Yato…Por sí solo tienes capacidades que están muy por encima de todos los demás —le indicó a quien no se dignaba a mirarle y tenía una cara de fastidio ejemplar—. Pero igual te la puso difícil, ¿no?
—Hubiera sabido si realmente valía la pena si alguien no hubiera intervenido —para él no existía otra persona que metiera sus narices en sus peleas cada vez que podía más que ella—. Tendré que averiguarlo en la próxima vez que lo vea.
—Con lo escurridizo que es dudo que lo veas pronto.
—¿Acaso te preocupa que tu amigo muera por no ser lo suficientemente fuerte? —ella sabía que saldría con una declaración como esa.
—Para que ese escenario pudiera presentarse, primero tendrías que encontrarlo; después hacerlo pelear y ya conforme a eso ver si lograrías derrotarle —tampoco es como si le agradara la idea de que Kamui quisiera terminar con la vida de alguien a quien estimaba tanto.
—Entonces, en una batalla entre él y yo, ¿quién de los dos ganaría? —genial, ahora era él quien estaba preguntando por una cosa tan estúpida. ¿Era por su ego de hombre y guerrero?¿Por qué quería fanfarronear como era usual?¿De verdad se sintió atraída por un espécimen como ese?
—En verdad pienso que pude haber puesto mi atención en otra clase de persona. A este punto hasta Abuto hubiera resultado una opción más prudente…—suspiró tendidamente. Ya había dicho lo peor, podía con esa pregunta—….Con esa mentalidad suicida que tienes y tu sed de sangre, probablemente…la victoria sería tuya.
—No sólo tus conocidos son particulares. Hasta tienes a una media hermana que parece amar estar dentro de los campos de batalla.
—No creo que tenga que decírtelo, pero lo haré de todos modos… No toques ni un cabello de su blanca cabecita —Kamui sonrió burlesco ante su petición nada amistosa. Incluso le veía de reojo—. Aun con lo fuerte que es, no deja de ser una niña.
—¿Te has encariñado de un monstruo que podría cortarte la cabeza cuando menos te lo esperes? —esa pregunta parecía no aplicarse solamente a Nana, sino también al modo en que ella lo contemplaba a él.
—…Sí, podría decirse que le he cogido afecto a un peligroso y maldito monstruo que podría matarme cuando le plazca —mencionó, sintiéndose totalmente ridícula de que fuera justamente él quien se lo dijera; parecía no notar que en realidad se trataba de dos monstruos y no únicamente uno.
—A veces pienso que el más suicida de los dos, eres tú —ciertamente eso ya estaba quedándole bastante claro y no tenía modo de discutirlo.
—No es mi culpa que quiera cuidar de un monstruo y éste intente morderme cada vez que tenga oportunidad —sonrió, como si fuera el modo en que estuviera riéndose de su patética situación sentimental.
—Qué mujer tan extraña eres.
—Cuando un fenómeno te lo dice no tiene mucho peso —estableció con burla.
—Si sabes que no voy a pagarte nada por tus servicios, ¿verdad? —decía cantarinamente, con esa dulce voz tan jodidamente engañosa como su cara de crío.
—Eres tan pobre que ni siquiera podrías comprarte una miserable piruleta —no iba a agradecerle por destrozarle las esperanzas de tener un pago—. Pero igual tienes que retribuirme de algún modo.
—Podemos tener una pelea.
—Eso solamente te daría felicidad a ti, imbécil —si no fuera porque la jaqueca le estaba regresando lo golpearía tan fuerte para dejarlo inconsciente—. Con que no desobedezcas lo que te digo por un solo día, es más que suficiente para pagarme por mis servicios —ni todo el dinero que debían darle podría costear un milagro como ese.
—Mmm…Eso suena bastante tedioso —ahora estaba recostado, dando un gran bostezo—. Pero si no lo hago no habrá quien se encargue de analizar esa droga —torció el entrecejo de manera infantil—. Y tampoco podré seguir comiendo cosas deliciosas.
—No me sorprende que lo que tenga más peso sea la comida.
—…Además, ahora que eres mi presa no puedo permitir que escapes tan fácilmente de mí.
¿Por qué aun sabiendo que el significado de tal declaración no era más que el producto de su arrogancia y sed por tener enfrentamientos interesantes, era incapaz de controlar esa tímida satisfacción que le producía el saber que él no quitaría la mirada de encima?
