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Una mañana temprano, en el exterior de la casa del lago de los Gilbert, Jeremy y Matt estaban entrenando para mejorar las habilidades del ahora Cazador. Al principio, el ejercicio consistía en dar puñetazos a unas manoplas de entrenamiento que Matt tenía puestas en sus manos, pero pronto Jeremy se aburrió de la monotonía y comenzó a lanzar patadas al aire, obligando así a su amigo a mejorar su agilidad para protegerse de los golpes.

-Venga, ahora pégame tú -le retó Jer a su compañero.

-He venido a ayudarte, no a patearte el culo -dijo este con chulería mientras volvía a tomar postura defensiva.

El chico Gilbert se tomó sus palabras como un reto, y golpeó con más fuerza. Esto provocó a Matt, quien tomó por primera vez una pose de ataque y lanzó un puñetazo que no llegó a dar a Jeremy porque este se le adelantó, le agarró por los hombros para hacerle girar y le hizo caer al suelo con dureza. No contento con derribar a su contrincante, el joven Cazador le hizo una llave a su amigo para obligarle a rendirse.

-Vale, ¡lo pillo! -se quejó Matt concediéndole la victoria-. Pocas bromas, ¿eh?

Jeremy, triunfal, miró a Damon sintiéndose orgulloso de sí mismo. Para rabia del joven, su cuñado lucía algo distraído y no les prestaba mucha atención.

-¿Lo has visto? -le preguntó a Damon buscando su aprobación.

-Cómo perdérmelo... -murmuró este irónico sin girarse siquiera para mirarle-. Ha sido a cámara lenta.

-¡Entonces, enséñame algo útil! Ya llevamos aquí varios días y lo único que has hecho es dar órdenes.

Ese comentario tan de adolescente descontento siempre con el mundo hizo que Damon rodase los ojos en respuesta, controlándose este para no decir una burrada que luego lo costara una riña con Elena.

-Vale... -dijo Damon cogiendo una estaca de madera de la mesa en la que había estado apoyado todo el tiempo-. Siéntate en el banquillo, quaterback. Karate Kid opta al título.

-Jeremy... -le advirtió Matt a este-. No estás preparado para esto.

Damon le lanzó a Jer la estaca de madera y este la cogió en el aire con cara de concentración, poniéndose muy serio. Quería hacerlo bien e impresionar a su cuñado, pues quería ganarse su respeto y demostrar que era mejor de lo que este creía.

-¿Y bien? -le retó Damon al chico, abriéndose de brazos animándole así a atacar.

Rápidamente, Jeremy corrió hacia él y este simplemente tuvo que agacharse para esquivarle. Sin apenas moverse y sin esfuerzo, atrapó al joven entre sus brazos, inmovilizó la mano que llevaba la estaca y le agarró el cuello con la otra mano.

-Ahora, tan solo tengo que presionarte un poco la garganta… -dijo Damon apretando levemente su agarre.

Jeremy se quejó porque no podía respirar muy bien e intentó librarse de su adversario, pero este era demasiado fuerte para él.

-¿De verdad? -se quejó Damon al ver llegar una furgoneta de reparto de pizzas-. ¿Otra vez?

Su cuñado le golpeó en la mano pidiéndole que le soltase, que se rindiese, y Matt le lanzó una mirada de advertencia a Damon.

-Vale... -gruñó él soltando al chico.

Por suerte para los tres, la repartidora de pizza era demasiado despistada como para darse cuenta de tal escena de lucha atípica.

-Doble de peperoni tres días seguidos -sonrió esta felizmente-. ¿Coméis algo más, chicos?

Damon rodó los ojos por segunda vez aquella mañana y de nuevo por culpa de Jeremy, y fue hacia ella.

-Incluye propina -dijo tendiéndole un fajo de billetes-. Se acabó la pizza por un par de días. Por mucho que te supliquen, no vuelvas.

-Lo siento, chicos -se disculpó la joven con Matt y Jer, mostrándoles una sonrisa y yéndose devuelta hacia su coche para irse.

En cuanto la chica se fue, Jeremy no tardó en mostrar su descontento:

-¿Ahora nos vas a matar de hambre?

-¿No quieres convertirte en un cazador? Dos vueltas al lago -le ordenó Damon con voz autoritaria-. Corriendo.

El joven apretó los puños para contener la rabia, para después obedecer cual soldado y comenzó a correr.

-Hazle compañía -le dijo Damon ahora a Matt.

-No tengo por qué hacerte caso.

-Me lo harás si quieres comer.

Este, sabiendo que el Cazador no estaba de broma con esa amenaza, tiró de mala gana las manoplas de entrenamiento al suelo y se unió en seguida a su amigo.

Disfrutando de su poder, Damon abrió una de las cajas de pizzas y cogió una porción, comiéndosela con cierta prisa porque quería aprovechar ese momento a solas para llamar a su novia, quien tardó en coger el teléfono.

-¿Te he despertado? -preguntó él sintiéndose culpable.

-Sí, pero no importa. Me encanta escuchar tu voz al despertar por las mañanas –dijo Elena, haciendo sonreír tontamente a su chico con esa respuesta-. ¿Cómo está Jer?

-Hartándose de comer pizzas hasta en el desayuno y poniéndose cachas –bromeó Damon divertido-. Aunque acabo de cortarle el suministro de lo primero.

-¿Te da mucho trabajo?

-Tú sabes cómo son los chicos de su edad, siempre queriendo demostrar que son los más fuertes y sin querer escuchar a los mayores.

-¿No quiere oír tus consejos?

-Cree que exagero. Dice que lo tiene controlado, pero yo sé que no es así.

-¿Puedo hacer algo para ayudar? –se ofreció ella sintiéndose mal por haberle impuesto en cierto modo la carga de cuidar y entrenar a su hermano.

-Estaba pensando en empezar con el trato con vampiros.

-¿Quieres que vaya allí?

-En realidad, pensaba más bien en algo menos agresivo para empezar. Llámale esta tarde al móvil y veremos cómo reacciona.

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Tal y como habían acordado, Elena llamó por teléfono a su hermano aquella tarde. Los chicos estaban almorzando, algo que por primera vez en días no era pizza, cuando el móvil de Jeremy comenzó a sonar. El pequeño Gilbert se quedó paralizado, sin saber qué hacer, al ver que se trataba de su hermana.

-Cógelo -le animó Damon al ver que este dudaba.

Jeremy asintió no muy convencido y se levantó de su asiento para ir fuera a hablar, puesto que quería alejarse de las miradas curiosas de su cuñado y su amigo.

-Hola –murmuró él levemente al aceptar la llamada.

-Jeremy, ¿cómo estás?

-Bien, bueno… Ya sabes, teniendo en cuenta que me estoy entrenando para ser un Cazador ejemplar.

-¿Y qué tal con Damon?

-Tú novio es un capullo.

-¡Oye, esa boca! –le regañó Elena en tono amigable.

-Es verdad, no para de darme órdenes y encima ahora me quita las pizzas…

-Damon solo quiere ayudarte. Y con respecto a la comida, un poco de dieta sana no te vendría mal para variar.

-No le defiendas, ¿por qué lo defiendes siempre?

-Porque es mi novio. Y tiene razón.

-Bueno, pues yo soy tu hermano y te pido un poco de comprensión por tu parte.

-Siempre estaré de tu parte, Jer. Lo sabes, ¿verdad?

"Eres un vampiro, Elena. No eres de fiar" quiso decirle el joven Cazador a su hermana pero, solo de pensar en lo mal que se sentiría esta al oírlo, se contuvo.

-¿Qué tal todo por casa? –preguntó él queriendo cambiar de tema-. ¿Jenna y Ric aún no han quedado la cocina intentando hacer el desayuno?

-Han tirado la toalla en su idea de hacer tortitas y se han pasado a los cereales, más seguros.

Los hermanos Gilbert continuaron hablando un rato más, hasta que el chico regresó al interior de la casa y le entregó el móvil a Damon.

-Quiere hablar contigo.

Imitando a su cuñado, Damon salió de la casa para atender su llamada.

-¿Cómo ha ido? -le preguntó él a su novia.

-Creo que bien. Se ha puesto un poco a la defensiva, pero bien.

-Es un adolescente, siempre se pondrá a la defensiva.

-Sí, tienes razón.

-¿Seguimos con esto entonces?

-Sigo pensando que sería mejor que me pasara por allí, pero si tú consideras que aún no está listo…

-Poco a poco, Elena. No sabes lo peligroso que puede llegar a ser un Cazador descontrolado. Bueno, en realidad… Sí que tienes una cierta idea.

-Tú nunca has sido peligroso para mí. Me has protegido siempre, incluso de ti mismo.

"Aún sigo luchando contra mi instinto" iba a decir Damon pero, al igual que Jeremy momentos antes, se contuvo porque no quería hacerle daño a la joven.

-Tengo que colgar ya –dijo el Cazador esquivo-. Hablamos luego.

Cuando Damon regresó con los chicos, estos habían dejado los platos sucios sobre la mesa del salón y estaban jugando a la Xbox como si nada.

-¿Esperáis que yo limpie todo esto? –se quejó él-. No soy vuestro asistente.

-Lo recogemos en seguida –le dijo Matt sin apartar la vista del televisor-, después de terminar esta partida.

Damon conocía muy bien esas promesas de "en seguida", puesto que él también era igual cuando sus padres le mandaban a hacer algo de pequeño. Por lo que, sabiendo que los chicos no tenían intenciones de recoger la mesa, desenchufó la regleta a la que estaban conectados el televisor y la consola.

-¡Hey! –gritaron cabreados los chicos.

-Ya habéis terminado la partida. Ahora, a fregar los platos.

Ambos odiaban recibir órdenes de Damon, pero les intimidaba demasiado como para ignorarlas, así que obedecieron su petición, aunque sin dejar de protestar en todo momento.

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Por la noche, Damon llevó a los chicos al bosque para entrenar la agilidad visual de Jeremy en la oscuridad. Cansado de las quejas de estos, Damon se alejó de estos un momento para realizar una llamada.

-Es la tercera vez que me llamas hoy -dijo Elena con voz juguetona al otro lado de la línea telefónica-, ¿es que me echas de menos?

-Necesitaba un buen descanso. No sabes lo duro que es pasar todo el día con este par de cabezas huecas.

-¡Oye, que uno de ellos es mi hermano! -le regañó ella divertida.

-Por eso he sido más light al decirlo.

El comentario del chico provocó la risa de ambos, quienes estaban muy felices al oír ese dulce sonido de alegría del otro.

-Quiero verte -dijo la vampira y Damon supo que estaría haciendo pucheritos con la boca.

-Yo también a ti, babe.

-¿Por qué no te escaqueas aunque solo sean un par de horas y vienes a mi casa?

-No me fío de dejar a Donovan vigilando a Jeremy, no es que sea el mejor ayudante del mundo…

-Pues entonces, iré yo allí. Con mi súper oído, podré tenerle controlado. Y si se descontrola, somos tres para pararle.

-¿Me estás sugiriendo montárnoslo en la casa mientras tu hermano y tu ex están presentes?

-No nos oirán, no tienen por qué saber qué estamos haciendo.

-Con las ganas que tengo de tenerte en mi cama, créeme, nos oirán bien alto.

Como respuesta, Elena se mordió el labio inferior de deseo.

-Bueno, lo mío con Matt terminó hace mucho –le aseguró la chica-. Y Jer ya es lo bastante mayor para asumir que yo tengo una vida sexual.

El deseo de la joven por estar con él hizo que este sonriese de forma espectacular.

-Sí que tienes ganas de mí, ¿eh?

-No lo sabes tú bien...

Justo cuando Damon iba a decir algo, Matt fue a buscarle y le hizo señas con la mano para que fuese con él a seguir entrenando.

-Tengo que dejarte, Elena -lamentó el chico Salvatore-. Te prometo que nos veremos pronto.

-Más te vale.

-Te quiero, babe.

-Yo también te quiero, Damon.

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Al día siguiente en el exterior de la casa junto al lago, Jeremy recargó con mucha tranquilidad un cargador de una pistola con balas de madera. Montó el arma y se la entregó a Damon.

-Bien... -murmuró este nada contento con el trabajo del chico, desmontando de nuevo el arma para vaciar el cargador-. Ahora hazlo como si te fuera la vida en ello, porque así es.

-No finjas que te importa mi vida, solo estás aquí conmigo porque temes que le haga daño a Elena –le echó en cara Jeremy, harto de lo mal que le trataba su cuñado.

-A ella tampoco le haría mucha gracia que te matasen por ser un Cazador inútil, por lo que he actualizado el estado de nuestro relación a "complicado".

-Vaya, vaya… -sonrió maliciosamente Klaus, apareciendo de la nada-. Pero, ¿qué tenemos aquí? ¿Estás de acampada?

-No es un buen momento, Mikaelson –le gruñó Damon, no tratando siquiera de disimular su desagrado al verle allí.

-Sé que soy inmortal y todo eso, pero... Mi paciencia tiene un límite y no veo que este plan de encontrar la cura esté avanzando mucho.