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Sherlock Holmes:

Sinfonía

XXI

Sustancias


Opening: Lazy Lies de Capital Cities


Enfermo y cansado, y tú quieres ver un cambio,
pero tú no quieres cambiar por mí
Sé tan amable de explicar lo que está en tu mente:
el enigma del siglo.
Me temo que había un león echado en la sombra,
en una hamaca, colgada de mi árbol.

Capital Cities "Lazy Lies"


Dedicado con mucho cariño a Marpesa Fane-Li y Saya de la Rosa,

que siempre me inspiran a seguir escribiendo…


Rememorar el pasado era imposible de evitarse cuando John se asomaba por la ventana. Veía con absoluta diligencia a los coches de los adinerados pasar de aquí allá, con un caballo fuerte, bien cepillado y con un corte preciso.

Aquellas calles, mismas que ahora estaban lodosas y que almacenaban pequeños lagos de agua, habían atestiguado tantas aventuras.

John tomó asiento en el sofá para pensar de Sherlock, el mismo que estaba frente a esa ventana. Sintió su suavidad extraña, agradable, y después comenzó a preguntarse que se sentiría ser "el mejor detective de todos los tiempos." No había, sin embargo, envidia o avaricia en sus pensamientos, sólo una sincera mezcla de curiosidad y temor. A veces John había llegado a pensar que para Sherlock sus capacidades eran un arma de doble filo: eran una maravillosa bendición porque podía ayudar a mucha gente, y al mismo tiempo eran una terrible maldición porque estas habilidades no procuraban, en ningún sentido, la felicidad del detective.

Así, un día en el pasado, una pregunta extraña cruzó la mente de John: ¿Sherlock es capaz de amar?

Y con esa pregunta tuvo para no poder dormir durante casi una semana entera; de repente, cuando estaba adormilado o apenas había cerrado los ojos, lo despertaba el incesante miedo de que su compañero y entonces mejor amigo se quedara solo. Para siempre. Y que muriera solo.

A John siempre se le había hecho un retorcijón en el estómago cuando lo imaginaba solitario, ya anciano, sin absolutamente a nadie a quien amar.

Entonces sintió la presencia del detective detrás de él, como una sombra vigilante, silenciosa. Más de una vez John se había despertado antes de lo que Sherlock creía, y había sentido la mirada curiosa del detective, que según lo veía dormir.

—¿Te agrada mi sofá? —preguntó Sherlock con tranquilidad. En sus manos llevaba su pipa favorita, ya preparada para ser encendida. Al parecer el detective buscaba en sus bolsillos el encendedor.

John se adelantó, recogió el encendedor que había en la mesita de enfrente (donde también reposaban los instrumentos adictivos de Sherlock), y se ofreció a encender la pipa del detective. Sherlock se arrodilló sobre una pierna para ponerse a la altura de John y que éste no tuviera que levantarse.

—Gracias, Johnny —dijo, exhalando una bocanada de humo—. Tabaco sudamericano; lo extrañaba.

John miró de reojo el resto de los artículos en la mesa, pero prefirió no pensar en ellos.

—Tienes bonita vista desde aquí —dijo el doctor.

—Oh, por supuesto. Me sirve mucho cuando necesito distraer mi mente.

—Creí que venías aquí a pensar.

—Pienso en cualquier lugar, en cualquier momento y bajo cualquier circunstancia. Es, amigo mío, lo mismo que respirar.

John arqueó las cejas mientras Sherlock se ponía de pie de nuevo.

—¿Estas cosas te ayudan a pensar? —preguntó John, sin poder contenerse más; estaba señalando las cosas sobre la mesa. Por supuesto que conocía bien los efectos alucinógenos de esto y aquello, los embriagantes excesos de que eran capaces y el profundo adormecimiento que podían provocar, pero no era esa la intención de su pregunta, y esperaba que Sherlock lo hubiera leído entre líneas.

El detective se rascó la parte trasera de la cabeza. Después se sentó en el suelo, y siguió fumando unos momentos más antes de responder.

—Me ayudan, sí, pero a otras cosas —fue su respuesta.

John sujetó el tabique de su nariz con su índice y pulgar, enfadado.

—Sherlock, no me hagas imaginarme para qué necesitas esto.

—Entonces no lo imagines.

—No me refería a esto.

—¿Entonces?

John casi se pone de pie, pero se contuvo.

—¿Cómo pretendes resolver este caso con todo esto?

Sherlock sonrió, confundido.

—¿Acaso me has visto usándolo estos últimos minutos desde que llegamos aquí?

El doctor se echó hacia atrás.

—No —admitió.

—Creo que es otra cosa la que te está perturbando. Si fueras tan amable de ponerme al tanto quizás podamos resolver esto.

John se mordió el labio.

—No me gusta que consumas estas porquerías —dijo con desdén.

—Lo sé —tuvo que admitir Sherlock. El tabaco de su pipa se había agotado, así que vació los restos sobre la mesa y dejó ahí la pipa también. Recargó su cabeza sobre ambas manos y miró a John con fijeza.

»Pero tú no has estado aquí, así que no tenía por qué complacerte en la completa ignorancia de los kilómetros que nos separaban, ¿o sí?

Las palabras provocaron que John arrugara el ceño, un tanto confundido y al mismo tiempo perturbado. Era cierto, no podía exigir que Sherlock hiciera lo que él quisiera cuando él ni siquiera estaba cerca para verlo acatar sus peticiones.

—Sin embargo es dañino para tu salud —dijo el doctor.

—Me harías un gran favor si dejamos este tema aquí. No tenemos que discutir nada, si te parece bien. Preferiría avanzar en el caso.

John se molestó un poco, pero no opuso resistencia en el cambio de tema.

—Adelante.

—Bueno, creo que lo mejor será que vayamos a Scotland Yard para ver qué puede averiguar Lestrade; estarás de acuerdo conmigo en que sería útil saber cómo están las cosas en Cheste. Quizás las acusaciones en tu contra se hayan resuelto o tal vez haya uno que otro avance en el caso de la desaparición de la señora Watson —las últimas palabras las dijo con un poco de sarcasmo.

—De acuerdo —convino John.

—Entonces, si te parece bien, podemos ir a comer algo primero y después podemos ir a Scotland Yard.

—No —dijo John, cortante—. Lo que quiero es sacar a Mary de este infierno lo antes posible, así que preferiría ir a hablar con Lestrade cuanto antes.

—Bueno, si quieres puedo hacer que un coche vaya por él en este momento.

—Eso me parece mejor.

—De acuerdo, ahora vuelvo.

Sherlock se puso de pie de un brinco e inmediatamente salió despedido del piso. John escuchó sus pasos rápidos cuando bajaba las escaleras (probablemente de tres en tres). El doctor suspiró; por un momento se sintió más cerca de Mary y de terminar con toda aquella pesadilla.

Pero, ¿volvería todo a ser como era antes?

La pregunta lo sacudió un poco. Se levantó del sofá y comenzó a dar vueltas como un león enjaulado en el cuarto recibidor. Después se fue hacia el que era su cuarto, por inercia, porque sabía que el cuarto ya no estaba ahí; sorprendentemente el cuerpo seguía respondiéndole tal como antes de marcharse. Desvió sus pasos cuando se percató de ello y se fue al cuarto de Holmes.

La recámara estaba impecable, tanto como el resto del piso. El suelo parecía haber sido pulido recientemente, y no por manos expertas en esa tarea; la cama estaba bien hecha y el buró carecía de migajas, hojas, lápices y ésa cuantiosa suma de objetos que Sherlock solía dejar por cualquier lado.

John se sintió de pronto tan estúpido por haber pensado si quiera que Sherlock seguiría siendo el mismo incluso cuando él no estuviera.

El doctor se dejó caer sobre la cama, rendido.

Al cabo de unos minutos se sorprendió a si mismo ensoñando.

No obstante, le fue imposible dormirse del todo, porque poco después sintió cómo alguien le quitaba las botas y después los calcetines.

"Mary", pensó, aún entre sueños. "Ya llegué a casa."

Aunque por supuesto era tontería que lo hubiera pensado, ya que Mary jamás había hecho algo así por él. Era muy considerada, sí, podía ser muy amable, también, cálida y tierna. Pero esos pequeños detalles no iban tanto con ella; sí, le había demostrado a John su amor en más de una ocasión, pero no así, no con algo tan sencillo como masajearle las plantas de los pies.

John seguía adormecido.

Si algo podía decirse de la vida marital de John Watson es que no había sido la vida soñada que el propio John había imaginado. Por momentos resultaba imposible imaginarla, por momentos resultaba difícil pensar en no estar con Mary.

Y es que todo inició de forma bastante peculiar.


Ending: Payphone de Maroon 5


Sígueme: Gyllenhaal1


¡Muchas gracias por sus reviews! La verdad es que me motivan mucho. Es siempre agradable encontrar que hay más personas que leen mi fic.

¡Saludos! Espero les guste este capítulo. Probablemente suba otro hoy mismo, más tarde, pero me gustaría que mientras tanto (o aunque ya lo haya subido) me digan qué les parece este, porque el otro viene algo fuerte (según yo).

:)

Abrazos