Declame
Esta obra es un Crossover entre algunos personajes de la saga de Harry Potter de la autora JKR con el libro Peligro Tentador de Eileen Wilks.
Ni el trama, ni la historia me pertenecen, si no a sus respectivas autoras. Yo solamente adapte el libro con ambos personajes.
El sol de la mañana se colaba por la única ventana del apartamento y caía sobre la cama, formando delgadas líneas. El dormitorio de Hermione no era mucho más grande que la celda en la que se había quedado Draco el día anterior, y estaba igual de vacío. Además de la cama, había una cómoda con cajones puesta de tal manera que se pudiera ver la televisión colocada encima desde la cama. Eso era todo el mobiliario, aunque había un gran póster sin enmarcar colgado encima de la cama... algún motivo oriental, pensó Draco. Sin embargo, no había sido la luz lo que lo había despertado. Fue el peso de un gato de siete kilos y medio sobre su pecho.
— No te gusta, ¿verdad? —murmuro Draco. No cometió el error de mover un solo dedo. Crookshanks estaba disfrutando mucho de su posición dominante. Enseguida se apresuraría a castigar cualquier idea de independencia por parte de Draco—. Te acostumbraras —le dijo al gato.
Como también tendría que hacerlo él. Su vida sufriría cambios enormes y era incapaz de entrever como acabaría todo. Aunque esos cambios implicaban grandes ventajas para él, dudaba que Crookshanks viera alguna en la intrusión de Draco en su vida.
Hermione emitió un sonido en sueños y se acurruco más contra Draco.
Cuando era niño, había oído historias de elegidos que habían matado, o muerto, el uno por el otro. Eran historias emocionantes y fascinantes para un niño. Pero también eran cuentos que aconsejaban prudencia cuando trataban de elegidos que habían sido incapaces de aceptar el vínculo, que habían sido incapaces de aceptarse mutuamente. Historias de suicidios y locura. Y ahí estaba el ejemplo de Theo. Draco no conocía toda la historia, pero sabía cómo había terminado. Había visto las sombras de las heridas que no podían sanar.
Pero a pesar de esas tristes historias, se suponía que ser un elegido era digno de celebrarse. Ser elegido te hacía especial y te alejaba del resto de los lupi. Y Draco ya estaba en esa situación por nacimiento y por su posición dentro del clan. Y tampoco quería tener a su lado a una persona que significara tanto para él. ¿Acaso merecía la pena el peligro?
Hermione se movió y se puso boca abajo. Le dio a Draco un pequeño codazo en las costillas. El corazón de Draco empezó a latir con fuerza.
Ahora si lo tenía claro.
— Hermione —murmuro— creo que Crookshanks tiene hambre. Y espero que este pensando en comida para gatos y no en carne fresca.
— ¿Qué? —Hermione levanto la cabeza y frunció el ceño mirándolo a través de una cortina de pelo enredado—. Dios mío. No ha sido un sueño.
— No —Draco alargo la mano para quitarle el pelo de la cara. Crook gruño—. Eh... ¿normalmente duerme contigo?
— ¿Quién? —Hermione se recogió el pelo y giro la cabeza—. Oh. —Una sonrisa apareció en sus labios—. Tiene un aspecto particularmente malvado esta mañana, ¿eh?
— Creo que espera que me dé por aludido y me vaya.
— Mmm.
— ¿Y tú —pregunto temerosamente—, tú también lo esperas?
Los ojos de Hermione se encontraron con los suyos. Ella negó con la cabeza, pero no dijo nada.
— ¿O quizás desees que lo de anoche no hubiera ocurrido?
Hermione se tomó su tiempo para responder.
— No se puede volver a meter el genio en la lámpara una vez ha salido. Y sería difícil —por fin, una sonrisa— si no imposible que desaparezca la noche de ayer. Pero esta mañana va a ser complicada.
Crookshanks decidió que ya lo habían dejado fuera de la conversación durante tiempo suficiente. Se levantó, se estiro y planto sus patas delanteras en el hombro de Hermione, mirándola intensamente.
Hermione se hizo a un lado.
— Está bien, Crook. Quítate de ahí y me levantare.
El gato salto y bajo de la cama, y Draco pensó que entretener a Hermione unos treinta minutos más. Pero ella tenía razón. La mañana iba a ser complicada.
Hermione rodó por la cama y finalmente se levantó.
— Vamos Crook. Comida para ti, una ducha para mí. Y para ti... —miro a Draco— preguntas. Algunas de las cuales tenía que habértelas hecho ayer.
Draco suspiro.
— Por supuesto. Tú siempre tienes preguntas.
— Así es como trabajo yo. El truco esta en dar con las preguntas apropiadas. —Se volvió, abrió un armario y saco una bata. Era bonita, de seda azul, pero no tan bonita como su piel.
— Creo que tengo café molido —dijo mientras entraba en el minúsculo cuarto de baño—. La cafetera está en la cocina. Dale de comer a Crook, ¿quieres? —La puerta se cerró. El gato se paró junto a Draco, ofendido.
Draco lo miro.
— Creo que quiere que nos llevemos bien.
Crookshanks lo miro intensamente y agito su cola.
— Cierto. Pero te daré de comer igualmente.
—
Hermione se tomó su tiempo para ducharse, como si el agua pudiera aportar algo de claridad a su mente. Nada estaba bien esa mañana. Tenía que concentrarse en cómo defenderse, pensó mientras se enjabonaba el pelo. Pero todavía no conocía los cargos que se le imputaban. Estaba suspendida de empleo a la espera de conocer los cargos, pero no sabía a qué se tendría que enfrentar.
Ya se preocuparía por eso después, decidió, y se aclaró el cabello y el cuerpo.
De todas maneras, maldito Moody. Se sentía profundamente traicionara. Pero iba a ser mejor que se vistiera ya y fuera al trabajo. Tenía algunas pistas. Tenía que hablar con ese arzobispo de los azá. Y luego estaban Lavender y Ronald. Lavender había mentido sobre haber visto a Draco la noche del asesinato de Diggory. Y Ronald había estado demasiado ansioso de arrestar a Draco. Definitivamente era parte de todo aquello.
Y ella no. Los federales se encargarían de Lavender y Ronald, no ella. Al menos, no debería...
Cuando salió del baño, supo enseguida que Draco había encontrado el café.
El aroma la animo a darse prisa en ponerse algo de ropa. Draco también había encontrado el estéreo que guardaba en una caja en el armario de los abrigos. Y sus CD. Algunos de ellos estaban ya tirados por el suelo.
Pero Draco no había puesto la música de Hermione. Estaba escuchando opera en la radio. Y ahí estaba, totalmente desnudo en medio del salón, escuchando el trino de una soprano en medio de un aria.
— Draco —dijo horrorizada—. Son las siete y media de la mañana.
Draco miro a Hermione divertido y bajo el volumen.
— Deduzco que no eres aficionada de la ópera.
— No. —Frunció el ceño ante el desorden—. ¿Y no crees que deberías vestirte o algo así?
— Si te hace sentir más cómoda. —Draco se giró para quedar cara a cara con Hermione. Su cuerpo expreso claramente su interés en ella y sonrió.
— Necesito una taza de café —dijo Hermione, y se retiró a la cocina— ¿Dónde está Crook?
— Ha comido y se ha largado. Espero que este bien que lo haya dejado salir.
— No puedo tenerlo dentro mucho tiempo. Vivió demasiado tiempo en la calle como para ser feliz entre cuatro paredes veinticuatro horas todos los días. —Se dio cuenta de que el plato de Crook estaba casi lleno. Draco había puesto mucha más comida de la que se suponía tenía que comer el gato.
Hermione lleno una taza de café y se quedó dónde estaba, dando sorbos. Dado el tamaño de su apartamiento, la cocina era solo una aproximación a la idea de intimidad. Pero necesitaba esa aproximación.
Había pasado mucho tiempo desde la última vez que había despertado junto a un hombre. Y mucho más desde que eso había ocurrido aquí, en su espacio, en su casa. No podía decidir cómo se sentía. Confundida, sobre todo. Le gustaba tener a Draco en su casa... O quizá no fuera ella, sino ese asunto del vínculo entre los dos que estaba jugando con su mente.
Ya se encargaría más tarde de descubrir cómo se sentía. Por ahora... ¿Cómo funcionaba esto de los elegidos? ¿Cómo podía averiguarlo? Aunque Draco estuviera siendo completamente honesto con ella, quizá no lo supiera todo, quizá estuviera equivocado. Parecía que para él tenía connotaciones religiosas, y la religión a veces empuja a que la gente no haga las preguntas que tiene que hacer. Si crees que tienes todas las respuestas, no te hace falta preguntar nada.
Pero todo lo que tenía Hermione eran preguntas. Y ya era el momento de hacer alguna de ellas. Dio un último trago de café y salió a la sala de estar.
Draco se había puesto los pantalones y estaba recogiendo los CD que había sacado. Lo que estaba bien, pero...
— Están organizados por género, y por orden alfabético de artistas dentro de cada género.
Draco la miro con las cejas arqueadas.
— Por favor, dime que no organizas tus especias por orden alfabético.
— Lo haría, si cocinara.
Draco volvió a ordenar los CD.
— Esto va a ser un auténtico desafío para nosotros.
— ¿Qué quieres decir?
— Lo sabrás cuando veas mi apartamento.
Hermione se tocó el pecho donde la piel se había vuelto extrañamente tirante. Y volvía a estar nerviosa.
— Estas asumiendo cosas según tus creencias. Yo estoy más dispuesta a actuar por la evidencia que por la creencia.
— Es normal en un policía. —Draco coloco el último CD en su sitio y se volvió hacia Hermione—. Aunque pensé que te gustaría la opera. Tienes un montón de música clásica.
— Música instrumental. Antes tocaba el violín. —Hermione descubrió que estaba acercándose a él de manera inconsciente. Se detuvo y se enfadó—. El vínculo me atrae hacia ti, ¿no es eso? Me hace desear tocarte.
— Tenemos que tocarnos, sí. —Draco llego hasta ella y puso sus manos en los brazos de Hermione—. ¿Es tan terrible?
— No me gusta que me obliguen. No me gusta que algo me haga sentir que necesito esto. —Pero cuando Draco la abrazo, Hermione se apoyó en él, dejando caer la cabeza sobre su pecho.
Draco era demasiado alto. A Hermione nunca le habían gustado los hombres tan altos... Pero el latido del corazón de Draco la tranquilizo, haciendo que desapareciera su nerviosismo, y dejándolos a los dos calmados y listos para ponerse en marcha.
— Ni siquiera es el sexo. Quiero decir, el sexo está ahí, pero no es todo lo que hay.
— No. —Draco acaricio la espalda de Hermione—. Durante las primeras semanas, sobre todo, tendremos la necesidad de sentirnos el uno al otro, el contacto físico.
— Como un adicto que necesita su droga. —Hermione se retiró—. Bueno, yo ya he tenido el mío, por ahora.
Draco no estaba contento.
— ¿No te has dado cuenta de que somos dos en esta situación? ¿Qué pasa si yo no he tenido suficiente con mi droga?
— Yo... —¿Qué se suponía que tenía que hacer ella? ¿Hacerlo sufrir? ¿Hacerlos sufrir a los dos? Pero si cedía ahora, si se permitía dejarse llevar por el ansia de ganar, ya no sería ella nunca más. Su vida se convertiría en otra cosa—. Tengo miedo.
— Lo sé. Pero esto no es una adicción de la que te puedes desenganchar con un programa de doce pasos. Cuanto antes lo aceptes, será más fácil.
— Ya veremos —dios, estaba nerviosa de nuevo. En cuanto dejaba de tocar a Draco, volvía a sentirse inquieta—. ¿Hasta dónde podemos alejarnos el uno del otro sin que nos ocurra nada?
— Depende, pero... pero no mucho —admitió—. La atracción no será siempre tan fuerte. A veces, una pareja elegida puede separarse varios kilómetros durante un tiempo. No es cómodo, pero llega a ser posible para algunos. El apareamiento habrá estrechado nuestro vínculo, así que tendremos que permanecer muy cerca el uno del otro durante unas semanas. Después de eso...
— Espera un minuto. No dijiste nada de que el sexo estrecharía el vínculo. —Hermione empezaba a sentir pánico—. ¿Quieres decir que ahora va a ser peor?
— Lo será, durante un tiempo. Hermione, no teníamos elección. Somos libres de elegir como queremos enfrentarnos a nuestra unión. Pero no somos libres de rechazarla.
— Esa es tu creencia.
— Es un hecho. —Draco la miro como si sintiera deseos de sacudirla—. Si luchas contra la atracción durante demasiado tiempo, te volverás loca.
— Creo que ya estoy loca. —Hermione hizo frente a su deseo y se alejó de Draco. Empezó a caminar por la estancia—. Ya hablaremos de esto más tarde. —Su lista de asuntos pendientes se estaba haciendo cada vez más larga—. Por ahora —añadió con una nota de humor negro— parece ser que vas a ser una parte muy importante en mi investigación.
— Creía que te habían excluido de la investigación.
— Eso hará las cosas más difíciles.
— Hermione... —Draco se detuvo y miro hacia la puerta. Dos segundos después sonó el timbre.
Ella no había oído nada antes. Obviamente, él sí.
— Es difícil acostumbrarse a estas cosas tuyas —murmuro mientras se dirigía hacia la puerta.
La mirilla le mostró la cara de Sirius. Estupendo. ¿Debería pedir a Draco que se escondiera? No, qué tontería. Habría sido muy fácil probar que había pasado la noche allí. Y, de todas maneras, sería contraproducente empezara ocultar cosas.
Hermione suspiro y abrió la puerta.
— Les gusta madrugar, ¿Eh?
— Necesitamos hablar con usted —dijo Sirius. Remus estaba detrás de él, frunciendo el ceño—. ¿Podemos entrar?
— ¿Por qué no? Hay café.
El rostro de Remus se ilumino ligeramente.
— ¿Con nata?
— Tengo leche. —Hermione se hizo a un lado y les dejo pasar.
¿Qué puedo decir? Gracias a todas las chicas que siguen la historia, a las que le dieron Follower, a los que la tienen entre sus favoritos y a los Reviews.
Bueno espero les haya gustado, como verán, ya he vuelto de mis merecidas vacaciones (aun que aún tengo una semana más de descanso) ¿Dudas? ¿Comentarios? ¿Cruciatus?
Solo diré que me despido por el momento. Nos leeremos dentro de poco... o en alguna otra historia...
¡Saludos!
Con amor...
Lumione
