¡Hola a todos mis fieles lectores una semana más! Es un placer seguir compartiendo con vosotros mi historia y ver la buena respuesta que tiene. De verdad, sois los mejores. Así que nada, aquí os dejo con el antepenúltimo capítulo (sí, estáis leyendo bien). Y si sois menores... ¡mirad hacia otro lado! :D


No sé si he oído bien. Nos quedamos en silencio, digiriendo y masticando las palabras de Chris. Nos lanza una mirada de determinación. Barry está muy serio, demasiado.

-¿Qué? –logro decir cuando más o menos me he recuperado de la impresión.

-Lo he decidido –nos hace un gesto señalando el suelo -. Sentaos. Quiero hablarlo con vosotros.

Mis piernas parecen gelatina. Me cuesta un mundo sentarme entre Barry y Chris. Barry sigue con cara de no entender absolutamente nada. Europa… ¿cómo se supone que vamos a ir hasta allí? ¿Qué es lo que hay que a Chris le interesa tanto? ¿Cómo vamos a dejar todo lo que tenemos aquí?

-Creo que ha llegado el momento de dar un puñetazo sobre la mesa –nos dice Chris bastante emocionado. Vaya, creo que hace mucho que no lo veo así. Coge una carpeta azul que hay junto al ordenador y nos la enseña -. Aquí está todo lo que necesitamos para llevar a esos criminales ante la justicia… Y asestarles un golpe mortal sería la guinda a nuestro trabajo.

-Una pregunta que no crea que sea muy importante –detecto cierto deje irónico en la voz de Barry -. ¿Cómo demonios piensas ir hasta allí? ¡Nos buscan por todas partes!

-Si logramos salir de Raccoon City no será ningún problema. Además… ¿crees que se molestarán en poner controles y registrar uno por uno todos los vehículos que entran y salen? Es ridículo.

Veo a Chris muy animado con la idea. Demasiado. No sé si su entusiasmo es bueno o malo.

-¿Y dónde está la sede central de Umbrella? –le pregunto con curiosidad.

-He localizado dos: una en París, y otra en Viena. Pero creo que la de Viena es la más importante de las dos. Por lo que he podido leer, es la que se encarga de supervisar todos los movimientos de todas las sedes a nivel mundial.

-¿Y dónde has encontrado todo eso? –se interesa Barry rascándose la barbilla. Puedo ver a través de sus gestos lo nervioso que está. Desde luego que todo esto nos ha pillado helados.

-En la página de Umbrella –responde Chris con un deje de orgullo -. Viene información sobre todas sus ramas, la historia de la corporación, absolutamente todo… Es la oportunidad perfecta. ¿Qué decís?

Barry me lanza una mirada como si me pidiera ayuda. La verdad es que pillar a esos capullos con los pantalones bajados es un plato demasiado tentador. Si jugamos bien nuestras cartas podemos hacerlo. Conocemos al enemigo, lo que se propone, quiénes son sus aliados, pero siento que le debemos algo a esta ciudad.

-No podemos irnos… así como así –les confieso mirándoles alternativamente. Suspiro. Chris frunce el ceño.

-¿A qué te refieres?

-El virus G. ¿Qué pasa con él? Si es verdad que está en proceso de desarrollo no podemos dejar a todos estos ciudadanos abandonados a su suerte.

Mis compañeros guardan silencio, pensativos. Sé que mis palabras les están haciendo reflexionar. No quiero ni imaginar lo que ese nuevo virus puede llegar a hacer si llega a la ciudad. Me estremezco involuntariamente. Perder a toda la ciudad… sería catastrófico.

-Bueno… todos los informes apuntan a que es así… -responde Chris echando un vistazo a los documentos que tiene en la mano -. Convendría investigarlo más a fondo. Si os quedáis más tranquilos, que uno de nosotros se quede de enlace en la ciudad… hasta que esta situación se aclare. Yo, desde luego, pienso ir a París y a Viena.

Lo medito durante unos instantes. A pesar de que el último mes está siendo el peor de mi vida, desde que me mudé a Raccoon City me siento nueva, como si hubiera dejado atrás la persona que era antes de ingresar en los S.T.A.R.S. Sé que le debo mucho a esta ciudad, y creo que sólo hay una forma de saldar mi deuda.

-Me quedaré yo –confirmo con total convicción, sin titubear lo más mínimo. Chris y Barry me miran sorprendidos -. Alguien tiene que parar toda esta locura aquí. Quiero hacerlo como algo personal.

-¿Estás segura? –me pregunta Barry con algo de duda. Está muy preocupado; me mira seriamente. Yo asiento en silencio.

Chris sigue sin abrir la boca. Su gesto es de no, no lo hagas. Y me entran ganas de contestarle no vuelvas a lo mismo de siempre. Acepto los riesgos sin dudarlo. Sé que si ocurre alguna catástrofe las posibilidades de sobrevivir son casi inexistentes. En Europa estaría más segura, pero Umbrella seguiría actuando libremente en Raccoon. No lo puedo permitir.

-Muy bien –reafirma Chris con una leve sacudida de cabeza. Siento un pequeño alivio al oírle -. Intenta acceder a cualquier tipo de información relacionada con el virus. No estaría de más seguir advirtiendo a la población para que esté en alerta permanente.

-Antes de ir a Europa me gustaría ir a Canadá –le interrumpe Barry observándonos -. Quiero dejar a Kate y a las niñas con sus padres. Allí estarán a salvo.

-En ese caso reúnete conmigo cuando acabes. Mientras nos reunimos iré desarrollando un plan para colarnos en las sedes. Espero que en un plazo de tres meses podamos estar juntos.

-Creo que será suficiente… -murmuro antes de suspirar. Ya está. La decisión está tomada.

-Voy a comprar el billete –informa Chris volviendo a abrir su ordenador -. ¿Quieres que te saque alguno a ti, Barry?

-Sí, mi familia está en Lincoln. Me harías un gran favor.

Volvemos a quedarnos en silencio. Chris se enfrasca en el ordenador, y Barry se acerca a nuestro equipo y se pone a examinarlo. Me doy cuenta de que es algo que suele hacer mucho cuando está nervioso. Separarme de mis compañeros… embarcarme en esta travesía sola…

Sé que soy fuerte. Puedo hacer cualquier cosa que me proponga. Tengo a Umbrella entre ceja desde el momento en el que se entrometieron en nuestras vidas aquella fatídica noche. Me acerco al balcón. Corre una suave brisa de verano. Se agradece después de varios días de fuerte calor.

Necesito un plan de actuación. A partir de mañana se avecina un nuevo día, un día en el que la justicia puede empezar a impartirse. Todas esas víctimas no son más que almas que piden clemencia. Pienso en las hermanas McGee, en todos los S.T.A.R.S. que fueron sacrificados… Tengo que hacer algo por ellos.


El cadáver de Kenneth me mira de forma ausente. Su cara está cubierta de sangre. Está muerto. Alguien le ha mordido en el cuello. ¿Quién sería capaz de hacer algo así? Sus ojos están fijos en el firmamento, sin vida.

Oigo unos pasos. Me giro. Alguien camina hacia mí. Por su estatura parece un hombre. Anda de una forma un tanto extraña, arqueando los brazos y doblando los pies en un ángulo poco usual. Sus rasgos son muy familiares… ¡Forest! ¡Oh, dios mío!

¿Qué demonios está pasando aquí? ¿Dónde está el resto del equipo? Levanto mi pistola. Me tiemblan las manos. Forest sigue acercándose, y no me decido a disparar. No puedo hacerlo. ¡Es mi colega! Tiene que hablar alguna forma de detener toda esta locura.

Forest está a poco más de cinco metros. Tiene la boca abierta, de donde le sale un hilillo de saliva. Huele a podrido… y a muerte. Un gemido a mi espalda me sobresalta. Me giro… y la imponente figura de Kenneth se alza ante mí. Dios… estoy atrapado.

Aprieto el gatillo. El disparo impacta en su hombro, y continúa avanzando. Vuelvo a disparar, acertando esta vez cerca de la boca… y no se detiene. Ya casi puedo oler su descomposición. Apunto… ¡no tengo balas!

Siento una mano en el hombro…

-Chris…

Forest me sujeta con fuerza y me echa hacia atrás…

-Chris, despierta

Va a morderme…

-¡No!

Abro los ojos. Tardo un poco en acostumbrarme a la oscuridad. Cielos… ¿aún es de noche? ¿Cuánto tiempo habré dormido? Lo último que recuerdo antes de la pesadilla es estar de guardia. Oh, la pesadilla… Me estremezco involuntariamente.

-¿Estás bien? –me pregunta alguien a mi lado con un susurro. Me pone una mano en el hombro.

Estoy sudando, con la respiración agitada. Joder, una y otra vez se repite la misma historia. Veo que es Jill la que está a mi lado. Casi lo olvidaba; está de guardia. Hace el último turno. Me ha relevado.

Barry sigue dormido. Parece que no se ha dado cuenta de nada.

-¿Quieres agua? –me pregunta Jill con dulzura.

Niego lentamente. No, lo que necesito ahora es tiempo para tranquilizarme. Mi compañera se aparta de mí, y la verdad es que lo agradezco. Ahora mismo sólo quiero estar solo, relajarme e intentar volver a coger el sueño… Si es que puedo. Mi vuelo sale mañana a las doce rumbo a Nueva York, y desde allí cojo otro avión hacia París. Serán aproximadamente unas ocho horas de vuelo.

Jill se sienta cerca de la terraza, de donde viene una suave brisa. Me incorporo con lentitud. El pijama se me queda pegado al cuerpo. Me quito la parte de arriba sin importarme que Jill me esté observando. Me dejo caer contra la pared, a su lado.

En la calle no se escucha absolutamente nada. Algún que otro coche, pero poca cosa.

-¿A qué hora sale tu vuelo?

-A las doce –respondo tras unos segundos en los que me he quedado mirando al limbo. La pesadilla sigue muy fresca en mi memoria. Creo que empiezo a entender a Jill cuando decía que no podía dormir.

-Parece increíble que vayamos a separarnos…

No presto demasiada atención a sus palabras al principio. Pero sí, parece mentira que por fin vayamos a empezar a mover ficha. Pienso en Claire, en lo preocupada que debe estar. Llevo más de dos semanas sin hablar con ella. Es evidente que se estará preguntando dónde demonios estoy metido.

Tal vez… debería llamarla mañana desde el aeropuerto, antes de salir hacia Nueva York. Voy a estar tan cerca de ella durante unos instantes… y luego tan lejos.

-¿En qué estás pensando? –me interrumpe Jill casi con un susurro. Barry sigue sin inmutarse.

-En lo mucho que ha cambiado nuestras vidas en el último mes –le confieso observándola detenidamente. Sus ojos grises están muy pendientes de mí -. En lo mucho que echo de menos a Claire, y en quiero que todo esto salga bien.

-Saldrá bien… Estoy segura –no sé si es su tono de voz o su derroche de confianza, pero ha servido para espabilarme por completo. Jill se sitúa a mi lado y me abraza. Yo le paso el brazo por los hombros y le atraigo hacia mí. Su aroma es realmente cautivador -. Sé cuánto echas de menos a Claire. Debe ser horrible para ti estar tanto tiempo sin hablar con ella…

Cierro los ojos y asiento con lentitud. ¿Por qué me cuesta tanto hablar? Tengo miedo… miedo de que nos pillen justo cuando vamos a poner rumbo. Y Jill aquí sola… ¿Cómo se me ha ocurrido abandonarla de esta forma? Sé que fue ella la que propuso la idea y aceptó permanecer aquí sin ningún tipo de apoyo…

-Jill… -le doy un corto beso en los labios, sin pensarlo. Le cojo la cara con las manos -. Si te pasa algo… no me lo perdonaré jamás…

-Tranquilo… -me acaricia mi barba de un par de días -. No pienso ir a ninguna parte sin ti.

Y esta vez es ella la que me besa. Saboreo con ganas su contacto, ése que me vuelve loco. Dios, ¿por qué no hacemos esto más a menudo? Es cierto que en este último mes hemos estado más cercanos que nunca, pero estoy tan centrado en Umbrella, en acabar con ellos que a veces me olvido de pequeñas cosas que te alegran el día.

Jill me agarra del pelo y me echa la cabeza hacia atrás. Gimo débilmente mientras empieza a besarme por el cuello. Se me erizan todos los pelos.

-Ven –murmuro completamente excitado. Compruebo que Barry sigue dormido y conduzco a Jill a una de las habitaciones más retiradas.

Cierro la puerta con suavidad, y Jill me echa contra la pared mordisqueándome el lóbulo. Me dejo llevar por el placer. ¿Por qué deseo tanto a esta mujer? Nunca me había sentido así. Todo lo que hago con ella es maravilloso.

Le quito la camiseta del pijama, que cae suavemente al suelo. Jill pasa los dedos por mi pecho haciéndome cosquillas. Se detiene hasta llegar a mi pantalón. Pasa la mano con suavidad a través de la tela. Desabrocho su sujetador sin demasiados problemas dejando al descubierto sus hermosos pechos.

Los masajeo con suavidad. Me muerdo el labio. Cuánto me gustaría follárselos. Mi erección queda liberada. Jill la agarra con la mano derecha sin dejar de mirarme con puro deseo. Puf, esa mirada me vuelve loco.

-Parece que te alegras mucho de verme… -murmura cerca de mi oído. Dios, el calor empieza a ser insoportable.

Le bajo los pantalones de un tirón e introduzco dos dedos en su húmedo sexo. Sonrío. Oh, cómo me encanta tenerla deseosa y preparada para mí. Muevo la mano lentamente al principio, y voy aumentando el ritmo. Nuestros gemidos de placer se funden. Es todo tan morboso. Noto cómo mi miembro crece con los mimos de Jill. Es sencillamente espectacular.

-Súbete encima de mí… -susurro antes de apartarme y sentarme en el suelo. Apoyo la espalda contra la pared. Jill se encaja en mí sin problemas.

Creo que voy a morir de gusto. Es allí donde quiero estar. Unido a ella. Jill apoya los pies en mis hombros y la penetración es más profunda.

-Joder… -exclamo sintiendo llegar hasta el fondo.

Empiezo a penetrarla con fuerza, siguiendo el ritmo de sus caderas. Nuestros gemidos se funden. Le pongo una mano en la boca para amortiguar el sonido. Aunque creo que a estas alturas Barry ya se habrá enterado de todo. Sigo penetrándola con fuerza, sintiendo que si sigo a este ritmo me correré pronto.

-Chris… -murmura Jill cuando le retiro un poco la mano para aminorar un poco la marcha. Su voz sensual me derrite.

Jill arquea su cuerpo y vuelve a tomar la dirección. Mi pene entra y sale a buen ritmo. Cinco, seis, siete veces, y Jill se deja ir susurrando de nuevo mi nombre. Se abraza a mí y yo sonrío muy satisfecho. Le dejo unos segundos para que recupere el aliento.

-Incorpórate –le ordeno con una necesidad imperiosa de terminar la faena -. Ofréceme tus tetas.

Acaricio sus pechos apretando los dientes e introduzco mi miembro entre ellos. Jill me mira sorprendida, pero inmediatamente entiende lo que quiero hacer. Sus pechos se mueven a buen ritmo con mis sacudidas. Dios, esto es realmente espectacular.

Tras cinco o seis intentos siento que el clímax me llega.

-Oh, Jill… -y me corro sobre sus tetas.

Me siento liberado, nuevo. Todo lo que hago con esta mujer es sencillamente espectacular… salvo que vamos a estar separados mucho tiempo a partir de ahora, y quien sabe si…

Niego en silencio. No, todo va a salir bien, tal y como Jill dijo.

-¿Estás bien? –me pregunta mi compañera cuando me separo. Parte de mi semen cae al suelo, y otro recorre su cuerpo hasta casi llegar a su ombligo.

-Sí, claro… ¿cómo no iba a estarlo? –me apresuro a responder. No quiero que piense que estoy arrepentido o algo de eso.

-Voy a ir al servicio. Te traeré algo de papel.

Asiento distraído. Suspiro mirando a mi alrededor. Ojalá tuviera tiempo para aclarar mis sentimientos verdaderos hacia Jill. Pero ahora… Umbrella espera.


Vaya, vaya... ¡Si es que estos dos no pueden parar! ¿Qué va a pasar ahora que posiblemente se van a separar?

Xaori: Sí, amiga, a mí me ha pasado también igual. FF últimamente parece que está de huelga, porque otra cosa no entiendo... Menos mal que de vez en cuando entramos para comprobar si hay actualizaciones y demás... Y sí, ya empiezan a tomar cartas en el asunto (que ya era hora por fin), y bueno... esto no va a acabar aquí. Ya lo sabes ;) (secreto a voces!)

Kim Redfield: hola amiga! Se te echa mucho de menos. Espero que te vaya todo muy bien. Yo entre el trabajo y los estudios ando bastante liada, pero bueno, siempre intento pasar para continuar .historia jeje. Me alegra ver que te ha gustado. La verdad es que yo también lo he disfrutado mucho, y por eso lo estoy haciendo que puedo. Y tranquila... que hay mas! Y seguro que este capitulo te ha encantado también jajajaj Espero que ahora puedas pasar por aqui mas veces. Cuidate!

Tal y como os dije, ¡SÓLO NOS QUEDAN DOS CAPÍTULOS!