Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer
EL DUQUE Y LA CORTESANA
CAPITULO 21
- Isabella, querida! – dijo aprensivo acercándose a mí para acariciar mi espalda – Querida mía, qué sucede?
Me volteé a verle nerviosa. No quería explicarle lo que había sucedido con su madre. Sabía que generaría una discusión y no quería que Edward discutiese con su familia, así que decidí ocultar todo.
Tenía que ser fuerte. Sabía que podría serlo. No en vano había sido cortesana, había lidiado con todo tipo de hombres, y lo había hecho desde un sitio tan vulnerable como el lecho mismo.
Si había sido capaz de enfrentarme a hombres lascivos, mujeres celosas y envidiosas, y todo tipo de insultos y vejaciones, para llevar comida a mi mesa, qué no sería capaz de hacer por defender mi amor por Edward y la familia que formaríamos juntos.
No sería la duquesa de Masen la que arruinaría esto.
- Edward, no esperaba que volvieseis tan pronto.
- Me temo que no debí haberme ido. Qué sucedió, Isabella? Ha sido mi madre? Te ha ofendido de alguna forma?
- Oh, no, en absoluto – aseguré – Todo lo contrario, ha sido encantadora conmigo.
Me observó especulativo.
- Me mentís, Isabella?
- No, desde luego que no – aseveré sentándome en la cama para quedar frente a él
- Y entonces por qué lloráis?
- Tonterías.
- Explicadme qué tonterías.
- En realidad estaba pensando en mi propia madre y cómo hubiese deseado que se pareciera más a la vuestra.
Edward me observó con los ojos entrecerrados dudando de mis palabras.
- Estáis segura?
- Completamente. Vos conocéis a mi madre, Edward.
- Sí, pero también conozco a la mía.
- De verdad que se mostró muy atenta conmigo.
Después de dedicarme una nueva ojeada me rodeó con sus brazos.
- No sé si creeros – murmuró besando mi pelo
- Creedme.
- Quiero que me digáis si alguien os incomoda de alguna forma, Isabella, aunque ese alguien sea parte de mi familia.
- De acuerdo, pero no hay necesidad.
- Hoy cenaremos con mi familia, os sentís con fuerzas para ello? Puedo dispensarnos si lo preferís.
- No, en absoluto, milord. Ahora son mi familia también. En algún momento tendremos que enfrentar al duque y creo que lo mejor será hacerlo cuanto antes.
- Sois sabia, mi amor – murmuró acariciando mi mejilla húmeda
- Edward... – llamé su atención – Puedo preguntaros si el asunto que os ha requerido ha sido la cancelación de vuestro compromiso matrimonial con lady Denali?
- Mi madre os lo ha dicho
Asentí.
- No debéis preocuparos por eso, querida mía.
- Es lo que habéis tenido que enfrentar?
- Sí. Ya está solucionado.
- De verdad? Qué habéis tenido que hacer?
- He tenido que entregar una compensación a la familia.
- Lo siento mucho.
- Yo no – aseguró – Ha sido un error de mi padre, pero no lamento que la razón para compensarles haya sido evitar mi matrimonio con Tanya.
- Estoy segura de que sería la esposa adecuada para vos
- Tal vez de cara al exterior, pero para mí, aquí, en nuestros aposentos, en nuestra casa, vos sois la esposa adecuada. Ahora olvidaros las preocupaciones y descansad.
Edward dejó la habitación y no volví a verle hasta que esa tarde nos reunimos para dirigirnos a la residencia Masen.
- Isabella, estáis preciosa – dijo sonriéndome con aprobación
Bree se había esmerado y había recogido mis cabellos, dejando unos suaves tirabuzones enmarcando mi rostro.
Había elegido un vestido morado que se ceñía hasta mi cintura con un escote bastante recatado en comparación con los que había estado acostumbrada a llevar hasta entonces.
Rodeaba mi cuello un camafeo de marfil sobre una cinta de terciopelo morado que Edward me había regalado en nuestra luna de miel.
Embry nos ayudó con los abrigos y Edward me asistió cuando subimos a su coche.
- Quiénes estarán presentes? – pregunté retorciendo mis dedos sobre mi regazo
- Será sólo la familia – explicó estirando sus manos hacia mí y obligándome a relajar las mías – Los duques, mis hermanas y Emmett y Jasper.
- Lord Hale estará allí? – gemí
- No tenéis que preocuparos por él, Isabella. Sois mi esposa ahora. Jasper no os hará nada que pueda incomodaros.
- Por Dios, Edward, Lord Hale, Lord McCarthy y los duques, tienen conocimiento de lo que sucedió entre nosotros.
- Y también saben que no dudaré en volver a retarle si os faltase de alguna manera.
- No lo penséis siquiera, os lo suplico – rogué cubriendo sus labios con mis dedos enguantados – No puedo ni tan sólo imaginar que algo os sucediese.
- Nada va a sucederme, pero no quiero que os preocupéis por él.
- Lo intentaré. Entiendo que ni Rosalie ni Alice son sabedoras de lo que sucediera.
- No. Aunque no dudo que en algún momento acabarán sabiéndolo.
- Alice me odiará.
- No os preocupéis por ello – repitió y prometí que intentaría al menos no transmitir mis miedos a Edward.
La familia nos esperaba en el salón ya que fuimos los últimos en llegar.
Emmett y Rosalie estaban sentados juntos, escuchando el monólogo de Lady Cullen, sin dejar de mirarse con una ternura que me recordó la forma en que Edward solía mirarme.
Alice estaba junto al piano, mientras Jasper y el duque hablaban más alejados.
Todos se voltearon hacia nosotros en cuanto el mayordomo nos abrió la puerta para que entráramos.
- Buenas noches – saludó Edward con informalidad.
Emmett se puso de pie y Alice corrió hacia nosotros.
- Buenas noches, Edward – dijo antes de pararse en seco y hacerme una reverencia – Isabella.
- Buenas noches, Alice – saludé a mi vez
Edward me acercó a su padre ya que debía ser el primero a quien saludar.
- Milord – saludó con formalidad
El duque hizo una inclinación hacia Edward y volvió su dura mirada hacia mí.
- Déjeme presentaros a mi esposa, Lady Isabella Cullen. Isabella, éste es mi padre, Lord Carlisle Cullen, duque de Masen.
- Milord – saludé bajando la mirada a la vez que le hacía una profunda reverencia.
- Milady – respondió con dureza
- Jasper – saludó Edward y Lord Hale le sonrió con ironía
- Edward. Veo que finalmente has decidido volver de Italia.
- Sí. Mis negocios allí están encaminados. Podré pasar una temporada aquí antes de verme obligado a volver. Jasper, ya conocéis a mi esposa.
- Sí – sonrió mirándome con burla – Aunque no era vuestra esposa la última vez que nos vimos. Milady – me saludó inclinando la cabeza
- Lord Hale.
- Es un placer volver a veros, como siempre.
- Gracias, milord – contesté odiando su tono condescendiente.
Sentí en mi brazo endurecerse el agarre de la mano de Edward.
Tiró de mí para llevarme hasta el resto de los presentes.
- Madre.
- Buenas noches, Edward. Isabella.
- Milady – saludé inclinándome una vez más
- Isabella, seguro recuerdas a Emmett.
- Milady, estoy encantado de volver a veros.
- Muchas gracias, milord.
- Rose – saludó Edward finalmente y Rose se acercó a mí.
- Milady – se inclinó y le correspondí – Espero que estéis disfrutando vuestra estadía en Londres.
- Oh, sin dudas, milady. Gracias.
- Deberíamos pasar al comedor – dijo la duquesa levantándose de su asiento y asiendo el brazo de Edward.
El duque se puso a mi lado y me ofreció su brazo, que me vi obligada a asir.
- Vos y yo tendremos que hablar de algunos puntos importantes, milady – me dijo en voz baja cuando encabezó la salida
- Estaré encantada, milord.
- Estoy seguro de que la duquesa ya os habrá explicado el comportamiento que esperamos de vos.
- Os aseguro que no hace falta, milord. Sé exactamente el comportamiento que se espera.
- Estoy seguro de que sabéis cómo utilizar vuestras armas de mujer. De hecho, lo habéis logrado con mi hijo.
- Creo que no estoy entendiendo lo que queréis decir, milord.
- Estoy seguro de que lo entendéis – sentenció deteniéndose junto a la silla que movió para que me sentara.
Edward se sentó frente a mí y Lord McCarthy a mi lado. Junto a éste, Alice y frente a ella, Lord Hale, al costado de Rosalie.
Los duques regían ambos cabezales de la mesa.
La conversación versó especialmente sobre negocios, y las mercancías que Edward esperaba recibir desde Italia en el correr de los próximos meses.
También se habló sobre el duque de Volterra y el próximo nacimiento de su sexto hijo, y sobre la notoria esterilidad de la mujer de su hermano, Cayo, quien no había sido capaz de concebir en los seis años que llevaba su matrimonio.
- La culpa ha sido de Aro – declaró el duque – No debió permitir ese matrimonio sin antes obligar a esa chica a que le hicieran el reconocimiento.
- Qué reconocimiento? – indagó Alice
- Sobre sus posibilidades de concebir.
- Pueden hacer eso?
- Solía ser una práctica habitual años atrás.
- Es un práctica vejatoria – intervino Edward – Se trata a las mujeres como yeguas de cría. Y tampoco es algo totalmente confiable.
- Tu madre la pasó – le respondió con rudeza
- Tal vez la imposibilidad de concebir no sea de Heidi sino de Cayo.
- Eso es imposible.
- No lo es – discutió
- Por favor, señores – intervino la duquesa – Creo que esta no es una conversación para ser escuchada por señoritas.
- Por qué no? – contradijo Edward – Al fin y al cabo, ambas serán desposadas en breve, tal vez sus prometidos deseen solicitar que se les realice un reconocimiento.
- Oh, por Dios – gimió su madre – Son chicas sanas, de buena familia. Su madre ha dado a luz tres hijos sanos y fuertes.
- Aún así.
- Se hará si es solicitado – sentenció el duque – Tal como tú debiste haberlo hecho con tu ahora esposa. Un matrimonio se puede anular si la esposa es incapaz de concebir para asegurar la continuidad del ducado.
- No me importa si no tenemos hijos. Los deseo pero podré vivir sin esa bendición.
- Desde luego. Y qué sucederá con el ducado, entonces?
- Irá a parar a manos de algún primo lejano. – respondió Edward burlón e, incluso yo, pude notar que se gestaba una importante confrontación.
- El primo Peter estaría feliz – acotó Alice ganándose miradas con diferentes grados de incomodidad
- El primo Peter es un bebedor y jugador – me explicó Emmett en voz baja
- Dilapidó la fortuna familiar en casas de juego – agregó Edward que había escuchado a Emmett – Y es el siguiente en la línea sucesoria.
- Siempre y cuando Isabella no esté ya embarazada – sonrió Rosalie y mi mirada se cruzó con la de mi esposo que me sonrió con dulzura.
Él y yo sabíamos que no lo estaba, ya que sólo dos días atrás había dejado de utilizar las esponjas que impedían la concepción, pero ambos sabíamos también que era nuestro mayor deseo y haríamos todo para convertirlo en realidad cuanto antes.
- Creéis que podamos dejar a una lado este tema de conversación? – pidió la duquesa y la conversación siguió por otros derroteros.
Bienvenidas a las/los nuevas/os lectoras/es.
Gracias por los reviews, alertas, favoritos y gracias por leer.
Y sobre todas las cosas gracias por la paciencia, y disculpas por la larga espera.
